Capitulo 14

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El sábado por la noche, Serena se dijo que no importaba que Darién no estuviera en la fiesta de bienvenida de Andrew. Había hecho el trabajo que le había encargado y su hermano estaba de vuelta en casa. Eso era lo único que importaba.

Bueno, de acuerdo, a lo mejor ahora tenía un agujero en el pecho, en el mismo sitio donde antes estaba el corazón, pero eso se curaría con el tiempo; en unos cien años o así. Mientras tanto, había algo que celebrar.

La señora H y Peruru estaban allí, también Berjerite y Kelvin, incluso Rei, a quien había invitado por considerarla una amiga y porque sabía que esa mujer podía animar cualquier fiesta. Todos estaban fuera, en el jardín trasero, disfrutando del aire fresco y de una temperatura agradable y pasando un buen rato.

Darién era el único que no había respondido a su invitación. A pesar de haber intentado contactar con él en su despacho, en su casa y en el móvil, no lo había logrado, de modo que había tenido que dejarle un mensaje en el contestador. Y allí parecía seguir.

Miro el reloj. Ya eran más de las siete y había prometido a los invitados que serviría la cena a las siete en punto. No esperaría un minuto más por una persona que no iba a presentarse.

- ¡Qué bien huele! – dijo Andrew con unos cuencos vacios en las manos.

- Quesadillas de pollo con salsa de judías negras y la lasaña mexicana de mamá.

- Mis platos favoritos

- Y de postre enchiladas de manzana y canela.

Andrew la abrazo y la beso en la frente.

- ¿Qué he hecho para merecer una hermana así?

- Supongo que has tenido suerte.

- El tipo más afortunado del mundo.

Ella sonrió.

- ¿Por qué no le dices a los niños que se laven las manos? Voy a llevar la cena a la mesa.

- Pero Chiba no ha llegado todavía.

- No importa – dijo – no es su fiesta.

- Pero no habría fiesta si no fuera por él – la rodeo con los brazos – y cuando pienso en lo que podría haber pasado en el circuito con Richards…

- No pienses en eso.

- ¿Esperas que crea que tú no piensas en ello?

- Todo ha acabado y tu estas en casa. Eso es lo único en lo que pienso.

- Supongo que tampoco piensas en Chiba.

Le parto los brazos.

- Te quiero Andrew, pero no insistas con ese tema.

Andrew le coloco un mechón de cabello detrás de la oreja.

- Admito que al principio tenía mis dudas, pero es un buen hombre Sere. Hasta puede que sea lo suficientemente bueno para mi hermana pequeña.

Ella suspiro.

- No pienso hablar contigo de esto porque no hay nada de qué hablar. Ahora dile a todo el mundo que vamos a cenar.

Pero antes de que pudiera hacerlo, Rini entro corriendo a la casa.

- Darién está aquí y ha traído un coche muy feo.

Y el corazón de Serena, el mismo que le habían arrancado tres días antes, pareció volver a su pecho.

Andrew sonrió.

- Vamos Rini. Creo que aún nos quedan unos minutos hasta que la cena esté en la mesa.

Serena se concentro en respirar mientras sacaba las quesadillas del horno. No iba a permitir que la presencia de Darién la afectara.

Lo oyó hablar con su hermano y su sobrina en el porche trasero. Después sintió como la puerta se abría y se cerraba y se propuso ignorar los nervios que danzaban sobre su piel.

- Hola Serena.

Su traicionero corazón estaba latiendo con tanta fuerza que le extrañaba que no resonara por toda la cocina, pero aún así logró darse la vuelta despacio y hablar con naturalidad.

- No creía que fueras a venir.

- Yo tampoco – admitió él.

- ¿Entonces por qué has venido?

Tardó un minuto en responder.

- Me he comprado un Z28 Camaro del 68

- ¿Has venido para contármelo?

- Lo he traído para que lo veas.

- Rini dice que es feo – le dolía mirarlo y seguir deseándolo tanto, desear que las cosas hubieran marchado de otro modo. Por eso se dio la vuelta y se entretuvo cortando las quesadillas y colocándolas en un plato.

- Tengo que trabajar mucho en él. Probablemente más que con el Corvette.

- Así estarás ocupado – dijo a pesar de no saber cuánto tiempo podría seguir con esa estúpida conversación sin derrumbarse.

- Cuando compre el Corvette podía imaginarme perfectamente cómo quería que quedara. Pero todo el tiempo que estuve trabajando en él estuve dudando si tendría la perseverancia y la paciencia para hacerlo. Cuando terminé, creo que me sorprendí más que nadie. Parece que cuando se trata de algo que me gusta tengo mucha fortaleza y le pongo mucho interés.

Serena no estaba segura de adónde conducía esa conversación y no se atrevía a hacerse ilusiones. Sus emociones ya habías sido pisoteadas demasiadas veces para volver a correr ese riesgo.

- Si quieres hablar de coches, ve a ver a mi hermano, Andrew podría…

- No estoy hablando de coches – la interrumpió.

Ella enarco las cejas mientras llevaba el plato a la mesa.

- Vale, sí. Pero no se trata sólo de coches. Se trata de nosotros.

- ¿De nosotros? – su corazón dio un extraño vuelco.

- En muchos aspectos nuestra relación es como el Camaro que esta afuera.

- ¿Cómo dices? – sacó la salsa de la nevera y la puso en la mesa junto a las quesadillas.

- Estoy complicando esto, ¿verdad?

- No lo sé, pero me está costando seguirte.

- ¿Podrías dejar de moverte y de hacer cosas y mirarme un minuto?

- Voy retrasada con la cena. Tengo que…

Sus palabras quedaron el aire cuando Darién le puso las manos en los hombros.

Con suavidad, pero con firmeza, la giró para que lo mirara. ¡Y qué sensación tan agradable fue volver a sentir sus manos!

- Un vehículo clásico como ése es un compromiso – le dijo –, no puedes comprarlo y olvidarte de él, alejarte de él. Como tampoco puedes decirle a una persona que la amas y luego alejarte de ella.

- No puedo creer que estés comparando el amor con un Camaro.

- Los dos suponen un compromiso.

- ¿Y comprar este coche te ha convertido en un experto en compromisos?

Darién la soltó y metió las manos en los bolsillos.

- He venido para decirte algo, pero una vez que lo diga ya no habrá vuelta atrás ni se podrá ignorar.

- Entonces dilo.

Pero se quedo callado un momento y después habló con cierto tono acusatorio.

- Me dejaste alejarte de ti.

- Fue tu decisión.

- Pero dijiste que me amabas.

- Y te amo. Demasiado como para intentar obligarte a estar en un sitio donde no querías estar.

- ¿Y qué pasa si he decidido que quiero estar contigo?

Ella tragó saliva.

- ¿Eso has decidido?

Darién sonrió con ironía.

- Debería haber imaginado que no ibas a ponerme las cosas fáciles.

- ¿Quieres que sea fácil?

- Te quiero a ti.

El corazón le dio otro vuelco.

- Y si me quedo – continuo –, si decidieras darme otra oportunidad, tendrás que entender que no tengo una actitud tan abierta como la tuya.

- ¿Qué significa eso?

Le tomo las manos.

- Que yo nunca te permitiré que te alejes de mí.

Los labios de Serena comenzaron a curvarse en una sonrisa, y su corazón comenzó a sanar.

- ¿Vas a decirlo o vas a seguir dando rodeos toda la noche?

Ella esperó.

- No pensaba que pudiera amar a nadie – le besó las manos, primero una y luego la otra –; no quería amar a nadie. Pero no puedo imaginar no amarte – bajo la cabeza y la besó en los labios, suave y dulcemente –. Te amo, Serena.

- ¿Y te costaba tanto admitirlo? – le pregunto con una sonrisa más amplia.

- No después de haberme dado cuenta de que la alternativa que me quedaba era vivir sin ti – volvió a besarla, pero en esa ocasión el beso fue más largo y más profundo – ¿Cómo es que supiste lo que sentía antes de yo mismo me diera cuenta?

- Por tu coche.

Él se apartó ligeramente para mirarla.

- Por el Corvette. Esperaba que te hubieras puesto furioso cuando estalló, pero cuando te pregunté por él, dijiste que no era más que cuatro ruedas. Sabía cuánto significaba ese coche para tí, pero le quitaste importancia, no porque el coche no te importara en realidad, sino porque yo te importaba más.

- Eres muy perspicaz, ¿lo sabes verdad?

- ¿Me equivoco?

- No, tienes toda la razón. Cuando te vi en el suelo, inconsciente y sangrando… sólo de pensarlo siento pánico. Sí, es cierto, tú me importas más que nada. Más de lo que jamás podría haberme imaginado.

- ¿Significa eso que quieres quedarte conmigo y ver hasta dónde llega lo nuestro?

La abrazó.

- Ya sé adónde quiero que llegue lo nuestro.

- ¿Sí?

- ¿Todavía me quieres a tu lado, aunque haya sido un idiota?

- No puedo negar lo que siento, así que, sí. Todavía te quiero a mi lado.

- No puedo prometerte un «para siempre», pero sí te prometo que te amaré mientras el corazón me lata, porque ese corazón te pertenece a ti. ¿Quieres casarte conmigo?

¡Y eso que pensaba que Darién ya no podría sorprenderla más!

- ¿Lo dices en serio?

- Sí.

- En ese caso… sí – lo besó.

- Y como éste es un día de revelaciones, hay algo más que quiero decirte.

- ¿Qué?

- Quiero tener hijos.

Y su corazón, que ya estaba completamente recuperado y lleno, simplemente se desbordó.

- ¿Qué quieres hijos?

- Tantos como crea que podemos cuidar…, pero esperaremos a que termines tus estudios, si quieres.

- ¿Quieres que termine la carrera?

- Amo la persona que eres ahora mismo, pero sé que ser medico ha sido tu gran sueño y quiero que hagas todo lo que te haga feliz.

- Doctora Tsukino – Serena susurró ese nombre como había hecho durante tantos años –. No sé, aún me queda mucho camino por…

- Ningún camino es demasiado largo si te lleva a donde tú quieres.

- ¿Vas a seguir ese camino conmigo?

- A cada paso – le prometió –, pero me gustaría que pensaras en llamarte Doctora Chiba en lugar de Doctora Tsukino.

- ¿No hay ya suficientes doctores en tu familia? – pregunto bromeando.

- A lo mejor sí, pero quiero uno que sea sólo para mí.

- Pues a ver qué podemos hacer al respecto.

Volvió a besarla y más que un beso, fue una promesa, un compromiso que los unió. Y ella lo besó a él, con todo el amor y la esperanza que tenía en el corazón.

Cuando finalmente se separaron, sin apenas aliento, el sol estaba empezando a ponerse. Pero para ellos aquello no supuso el final de un día…

Fue el comienzo de una vida juntos.

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Y bueno aqui el capitulo final, ya empece a adaptar otra historia, bueno en realidad dos, pero una la voy a usar con Mina & Yaten xp, asi que el proximo lunes estare subiendo las nuevas historias

Muchas gracias por leer esta historia, espero lean las proximas, saluditos =)