Otro fic de Brave 10, bastante más suave que los otros. Si alguna vez te has imaginado que pasaría si los chicos de Brave 10 perdieran 10 años en apariencia, aquí te presento un posible escenario.

Para motivos del fic debo especificar cuáles son las edades que les doy a los personajes que estoy usando en el fic en el momento del anime:

Jinpachi = 29 años (es capitán de un barco, debe ser mayor que todos los otros Braves, salvo por Kakei)

Rokuro = 27 años (debe ir por ahí. Es una impresión)

Saizou = 25 años (no sé que dirán en otros sitios pero se necesita tiempo para conseguir la reputación que se labró. No puede ser un chiquillo)

Seikai = 23 años (siendo el manganzón que es, no parece; pero le calculo esa edad en comparación a la de Izanami)

Sasuke = 21 años (cara de bebé, pero por varios motivos le doy más edad. Conozco gente así -_-)

Kamanosuke =19 años (tiene todos los síntomas de un adolescente hormonal XD así que le considero el más joven)


"Yukimura-sama!"

"Saizou!"

"Váyanse de una vez! Nosotros los detendremos lo más que podamos!" gritó Saizou enérgicamente mientras repelía el ataque de dos enemigos. Sus compañeros y Yukimura, al otro lado del muro de fuego los miraron contrariados pero al final fue Anastasia quien se encargó de poner a resguardo al Lord, escoltándolo hacia el barco.

"Capitán!"

"No esperen por nosotros! Regresen a Ueda. Veremos la forma de volver. Kakei estará a cargo hasta que lleguen allá. Él les dirá que hacer después" el hombre afirmó con la cabeza y se fue indicando elevar anclas. Una flota de 3 barcos se aproximaba a la costa cuando el barco pirata zarpó por fin para dirigirse a toda velocidad hacia el sur, hacia tierras más pacíficas, disparando sus cañones en su retirada.

La batalla en tierra era cruenta. Saizou, Jinpachi, Kamanosuke, Sasuke, Seikai y Rokuro se quedaron en tierra deteniendo al ejército que habían enviado los aliados de Leyesu sobre ellos. Uno de los más fuertes de todos había creado una barrera de fuego que les imposibilitó llegar al barco de Jinpachi; sólo Yukimura, Ana, Kakei, Izanami y Benmaru lograron abordar y ponerse a resguardo.

Cuando el barco se perdió de vista, seguidos de lejos por las embarcaciones enemigas, los braves restantes ya estaban acabando con los últimos guerreros más fuertes, mientras el resto huía. Visiblemente agotados, voltearon hacia el mar, sólo para ver como los 3 barcos enemigos volvían a la costa. Si bien esto quería decir que no habían conseguido alcanzar a sus compañeros, constituía un verdadero problema pues cada barco traería cientos de guerreros con ellos.

"Vamos a las montañas, pronto" indicó Saizou a la vez que todos seguían sus instrucciones sin chistar, ni siquiera Kamanosuke. Sin embargo, antes de que pudieran alejarse 200 metros del campo de batalla, un hombre esbelto, de apariencia desaliñada y ojos morados les salió al encuentro. Sin decir nada, arrojó una botella frente a ellos, que despidió un humo morado que los envolvió a todos.

"Qué demonios!"

Cuando el humo se disipó, el hombre ya no se encontraba allí. Rokuro lo identificó como hermano de uno de los comandantes del ejército pero no sabía nada más de él. En vista de que los barcos estaban acercándose cada vez más a la costa, continuaron su camino hacia la montaña. Corrieron a través de árboles, riscos y peñascos hasta llegar a una cueva oculta en las profundidades de la montaña donde acordaron pasar la noche.

Kamanosuke salió a cazar algunas serpientes para comer; Sasuke le acompañó para hacer de vigía por si los siguieron hasta allí; Seikai y Saizou fueron por el agua, mientras que Jinpachi fue a traer leña. Rokuro se quedó en la cueva a esperar por el regreso de todos, pensado. No entendía como todo se había complicado tanto para terminar de esa manera.

Recordaba que sólo hace cinco días habían recibido noticias de que un reino en el norte de Japón quería aliárseles, uno muy fuerte, pero que primero querían ver en persona el despliegue de poder de los Braves de Sanada. Aunque Rokuro se mostró receloso al respecto, Sanada no vio inconveniente en ello (de verdad necesitaban todo el apoyo posible). Acordaron ir en barco para hacer el viaje más rápido, así que Jinpachi ofreció llevarles. El viaje fue tranquilo y sin problemas, o por lo menos no más problemas que de costumbre, claro que nada que el pirata no pudiera manejar.

Rokuro había hablado con sus informantes y todos le habían confirmado que la propuesta era legítima; sin embargo, los reportes de esa región eran perturbadores. La gente no vivían tranquila por miedo de lo que pudiera pasarles día a día. En los alrededores de los pueblos había toda clase de delincuentes, desde los ladrones más comunes hasta los traficantes de personas. Niños y mujeres e incluso hombres jóvenes estaban desapareciendo; los pueblos eran asaltados, y el ejército no ayudaba mucho. El castillo parecía ser el único lugar defendido. Incluso había reportes de que algunas compañías del ejército hacían lo que querían con los ciudadanos.

Todo se desmoronó cuando pisaron tierra. El ejército los escoltó al castillo; algunos soldados buscaban crearles problemas y casi lo consiguen con Kamanosuke a quien molestaron principalmente por su apariencia. Si no fuera por Jinpachi y Saizou, la trifulca hubiera comenzado allí… aunque tal vez hubiera sido mejor considerando lo que pasó luego.

Una vez en el castillo, el señor del lugar sacó a lucir sus verdaderas intenciones. Los había traído hasta ahí para matarlos y llevar la cabeza de Sanada en un estaca a Leyesu y así mostrarle su lealtad absoluta. Salir del castillo fue toda una odisea, casi no lo consiguen. Cuando ya estaban cerca a la costa, uno de los guerreros enemigos creó un muro de fuego muy alto que dividió el grupo en 2 y el resto, ya es historia.

Rokuro suspira pesadamente rememorando estos eventos. No valía la pena pensar en que debieron haber hecho, sino en qué harían ahora para volver a Ueda. La distancia era tremenda pero se podía recorrer, el verdadero problema era los obstáculos en el camino. No sólo deberían enfrentarse con el ejército apostado ahí, sino también con cualquier delincuente que decidiera atacarles o ir tras la recompensa que de seguro habían puesto sobre sus cabezas.

Uno a uno empezaron a regresar a la cueva, con lo que habían ido a buscar. Comieron, bebieron y se calentaron antes de irse a dormir. Sasuke informó que no había nadie a 2 kilómetros a la redonda así que estaban relativamente seguros. Todos se acomodaron lo mejor que pudieron en la estrecha cueva y se fueron a dormir. Sólo reinaba silencio esa noche.

A la mañana siguiente se despertaron con el grito de un niño. Saizou fue el primero en localizar al niño, sentado a la entrada de la cueva, de espaldas a él, para amonestarle.

"Quién demonios es este crío? Oye tú, da la ca-" Saizou, ya más despierto se detuvo a media oración al escuchar su propia voz. Sonaba como menos grave, más juvenil…. "Pero qué demonios?"

El niño se voltea a verle, con ojos grandes y asustados. Viéndolo bien ahora, este niño era la viva imagen de Sasuke, con la misma ropa y todo. El niño no podía pronunciar palabra.

"Quién carajos me despierta tan temprano? Aún no sale el sol" dijo otra voz desde el interior de la cueva. Era el de uno niño más pequeño, una voz infantil bastante molesta. Con los primeros rayos de sol entrando por la cueva, los individuos ahí sentados se vieron por primera vez en el día a la cara… y se dieron cuenta de que no eran las mismas personas que ayer. Saizou cogió su espala para verse en el reflejo de la hoja y se espantó. En la hoja se reflejaba su cara pero como había lucido cuando tenía 15 años.

"MIERDA" todos voltearon a verle, compartiendo el mismo pensamiento.