Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece, todos los derechos son de Masami Kurumada y de la TOEI.

Aclaración: La descripción física de Palas Athena la tomé de la autora Mouxe, me pareció una agradable descripción y quise usarla. También el nombre de Panthea. Todos los derechos en cuestión a eso, dénselos a ella.


Mi vida pasada y yo

Capítulo 1: Palas Athena.

Era una noche tranquila en Atenas, Grecia. Esa noche los Dioses habían sido benevolentes con los humanos, y les permitieron ver con la mayor claridad posible las estrellas que hacía mucho tiempo no veían junto con una hermosa Luna llena.

Todos contemplaban con admiración tal espectáculo, eso incluía a los santos Caballeros de la Diosa Athena y a la misma reencarnación de la deidad.

Más parecía que los pensamientos de la Diosa no eran precisamente sobre la bella vista que esa noche les mostraba.

— ¿Cuándo? —se preguntó la joven de ojos azul marino—. ¿Cuándo seré capaz de estar a su lado para siempre? No como la Diosa de la Guerra Athena, sino… como la humana Saori Kiddo… —cuestionó la mujer de larga cabellera color lila, la cual se encontraba en sus aposentos en el santuario, viendo fijamente hacia la luna.

¿Tanto amas a ese hombre, Saori Kiddo?

Aquella voz logró sobresaltar a la siempre cautelosa heredera de los Kiddo. Cuando despegó los ojos de la hermosa luna, se dio cuenta de que ya no se encontraba precisamente en el santuario… Ese lugar era completamente distinto a sus aposentos.

La habitación en la que se encontraba era por lo menos lo mismo de grande que la cámara del patriarca; además de eso, la vista que tenía era maravillosa. Sólo que aquel paisaje sorprendió al actual Diosa Athena; aquello que ella veía era…

— ¿En dónde…? —se preguntó Saori en susurro.

— Te encuentras en mis aposentos, en el Monte Olimpo, mi querida Saori Kiddo —respondió alguien por detrás. La joven heredera se giró completamente para ver a quien había hecho tal comentario.

Cuando la vio no tuvo duda, era ella…

— Palas… Athena… —susurró la joven de ahora 20 años. La mujer simplemente le dedico una leve sonrisa.

— Finalmente podemos vernos cara a cara, pequeña —dijo Athena, levantándose de la enorme cama.

Saori estaba no sólo sorprendida por su presencia, sino que de igual forma estaba cautivada por la gran belleza que aquella mujer poseía. Sus largos cabellos negros poseían un magnifico brillo. Sus ojos eran de un profundo color gris, los que permitían ver una gran estabilidad en ella, pero sobre todo… generosidad.

Su vestimenta de igual forma constaba de un largo vestido blanco y de una larga capa cayendo por sus hombros. Ese vestido simulaba mucho al que Saori vistió cuando estuvo en el templo de Abel.

Tan centrada había estado en lo hermosa que era aquella Diosa griega, que cuando Saori se dio cuenta, Athena ya se encontraba frente a ella. Tal acto la alarmó y la joven no hizo más que hacer una reverencia.

Aquello hizo que la Diosa riera levemente y tomara su rostro.

— Alza la vista, Saori Kiddo… —dijo ella mientras hacía que la joven se enderezara—. No es necesario que hagas una reverencia —le comentó, soltando el rostro de la muchacha de 20 años de edad, la cual después de unos cuantos momentos de duda le sonrió a la mujer que se encontraba frente a ella, lo que alegró a la Diosa—. Así me gusta.

— Le agradezco tales palabras, Diosa Athena —habló Saori, viendo cómo Athena se alejaba un poco de ella y con la mirada le daba a entender que la siguiera, para que así pudiera tomar asiento con ella en unos cojines que había a lado de su cama. La de cabellos lila no pudo más que seguir su indicación.

Ya estando ambas sentadas, hubo un momento de silencio.

Saori se sentía un poco avergonzada; si, Athena le había dicho que eran prácticamente la misma persona, pero… aún así no era igual. El porte que esa hermosa mujer tenía pondría nervioso a cualquiera. Más aun así se armó de valor y habló.

— Disculpe, pero a qué debo tal visita… —preguntó la muchacha, llamando la atención de la Diosa—. Pido disculpas por la pregunta, pero es sólo que…

— Lo sé, es algo que regularmente no ocurre —comentó Athena, interrumpiendo lo más educadamente posible a su reencarnación—. Lo que sucede, es que me llamó mucho la atención la gran preocupación que tienes hacia cierto Caballero… —ante la mención de tal detalle, Saori no pudo evitar sonrojarse. Así que esa era la razón por la que la Diosa que habitaba dentro de ella había decidido salir.

Athena vió de reojo a la pequeña joven que tenía a su lado, la cual estaba completamente sonrojada ante la mención de aquel tema, y sonrió con calidez.

— Veo que mis suposiciones eran ciertas, realmente amas a ese Caballero —afirmó la Diosa. Saori posó sus manos sobre su regazo, y apretó con delicadeza su vestimenta.

— Discúlpeme… soy la reencarnación de Athena, y aun así… —comenzó Saori avergonzada, más se detuvo al sentir la mano de la Diosa sobre las suyas.

— No tienes nada de qué disculparte, pequeña Saori… —comenzó la Diosa.

— Pero, se supone que soy su reencarnación en el siglo 20-21… —dijo Saori.

— Así es, lo eres —respondió Athena—. ¿Y qué sucede con eso? —preguntó ella con seriedad, captando la atención de la confundida y avergonzada dama de la época actual.

— Pu-Pues… según dice la mitología griega, Athena es una Diosa virgen… alguien a quien jamás se le ha conocido un amante —explicó Saori un tanto avergonzada, queriendo evadir la mirada de la bella mujer griega.

Palas Athena escuchó con cuidado lo que su reencarnación más reciente había dicho. No podía negar que la muchacha era muy fiel a su posición, a pesar de no haber elegido nacer de esa forma; pero también se daba cuenta de lo duro que era para ella tener tal responsabilidad, no por el hecho de tener que cargar con el peso de ver por la Tierra; sino porque su corazón humano, el de la mujer que ahora veía, estaba sufriendo mucho por no poder estar al lado del ser que ama con intensidad. Los ojos de la muchacha de cabellos púrpura, la delataban totalmente, denotaban un fuerte rastro de dolor.

Athena sonrió gentilmente y acercó a la dama de sociedad más a ella, capturándola en un maternal abrazo, lo que causó que Saori se sorprendiese.

— Athena… —susurró ella, mientras su rostro se apoyaba con delicadeza en el pecho de la hermosa mujer.

— Saori, comprendo la situación por la que estás pasando, y es por eso que no debes temer… —dijo la Diosa, acariciando los cabellos color lila de Saori.

— Pero, ¿qué dice…?

— Escucha… —comenzó Athena, separando un poco a Saori de ella—. No tiene nada de malo que ames al Caballero de Pegaso tal y como lo haces ahora…

— ¿Có-Cómo supo…?

— Recuerda Saori, yo soy tú… y sé bien quién es el dueño de tu corazón —explicó Athena con tranquilidad—. Además de que ese amor que sientes por él no es algo realmente nuevo…

Saori parpadeó un momento, no entendía bien qué es lo que la Diosa le quería decir.

— ¿A qué se refiere? —preguntó Saori, separándose por completo de la Diosa.

Athena la miró unos instantes de desviar su mirada y sonreír con melancolía.

— Me refiero, a que el amor que ustedes dos se tienen es un amor milenario… —empezó Athena—. Ese sentimiento ha traspasado las barreras del tiempo una y otra vez…

— Un amor… ¿milenario? —se preguntó Saori un momento—. Eso… Eso quiere decir —comenzó, creyendo finalmente entender—, ¿que este amor nació desde la era del mito?

Athena no pudo más que asentir, al mismo tiempo que sus ojos se cerraban, su expresión denotaba tristeza y sufrimiento.

— Así es… ese amor nació junto conmigo y el primer Caballero de Pegaso, Panthea…

— Pan… thea… —susurró la joven Kiddo—, el primer Caballero de Pegaso.

Athena no pudo evitar sonreír al escuchar el nombre del humano al que ella más había amado. Lo extrañaba mucho.

— Como bien dice la mitología, la Diosa Athena siempre ha sido una deidad virgen, a la cual, como bien has dicho, tampoco se le ha conocido algún amante —explicó Athena—; pero eso no quiere decir que no lo haya tenido… —paró un momento para ver cómo Saori le prestaba atención—. Panthea, como ya dije, fue el primer Caballero de Pegaso de toda era… Él era un simple humano, pero a pesar de eso fue capaz de cautivar mi corazón con aquella devoción que siempre me profesó desde pequeño.

La expresión de Saori ya no era de asombro, sino que de completa comprensión, ella más que nadie sabía lo difícil que podía ser hablar de tu ser más querido como si fuera algo prohibido. Algo similar le sucedía con Seiya.

— No te mentiré Saori, Panthea y yo tuvimos muchos encuentros en mis aposentos —explicó la Diosa, sorprendiendo un poco a Saori, la cual se sonrojo un poco ante tal declaración. Athena, al ver la sorprendida mirada de la joven rió levemente—. Tranquila, jamás sucedió algo más allá de lo que se podría permitir. Panthea sabía que, por más fuerte que fuera nuestro amor, no podíamos cruzar más la línea que ya habíamos roto —explicó la Diosa, mientras un leve tono carmín adornaba su pálida piel.

Lo que la Diosa le estaba compartiendo era algo realmente sorprendente; jamás se imaginó que la misma deidad griega hubiera tenido un ser querido como el que ella tenía ahora.

Pero más que sorpresa, lo que ella sentía al escuchar tal declaración era envidia; ella nunca sería capaz de traspasar esa línea que ella misma marcó entre Seiya y su persona, porque en sus adentros algo muy fuerte se lo impedía.

— ¿Qué me quiere decir con todo esto, Diosa Athena? —preguntó Saori, captando la tención de Athena.

La Diosa la vió con seriedad un momento, para después dejar salir un leve suspiro y sonreír nuevamente.

— Saori, tú y yo seremos la misma persona, pero a comparación mía… tú tienes más libertad, más oportunidad de ser feliz —concluyó la Diosa.

— Disculpe, pero no comprendo del todo… —expresó la muchacha antes de volver a sonrojarse, ya que, a pesar de que se estrujaba la cabeza para poder entender a lo que la Diosa Athena se refería, sólo lograba crear más confusión dentro de sí gracias a todo lo que ya había escuchado por parte de la deidad.

En primera instancia, su corazón desmenuzaba las palabras de Athena para traducírselas, pero después de eso estaba su mente, la cual iba totalmente para otro lado.

No quería malinterpretar nada de lo que estaba escuchando, prefería que fuese la gran Athena quien se lo aclarase todo; ahora se sentía en más confianza para preguntar.

— ¿No logras entender algo tan sencillo, pequeña Saori? —preguntó Athena, antes de que siquiera Saori pudiera hacer una nueva pregunta.

La joven de mirada azul marino negó con delicadeza. Athena no podía entender cómo es que la muchacha había hecho tanto lío en su cabeza con algo relativamente sencillo. Ante ello, suspiró nuevamente y volvió a hablar.

— Saori, debes recordar que tú… no eres una Diosa en su totalidad —expresó la deidad, haciendo que la joven Kiddo abriera lo más que pudiera sus orbes azul marino—. Digamos que tú sólo juegas el papel de la deidad de la guerra en esta nueva era, pero en realidad no eres más que un simple humano con una gran responsabilidad.

Vaya, ahora todo parecía claro, o al menos eso parecía para Saori. No sabía realmente si sonreír por la emoción, o mantenerse serena y permitir que la Diosa continuase hablando.

— Entonces, yo…

— Así es, eres libre de amar y ser amada como cualquier otro ser humano de este planeta —completó Athena—. Es por eso que te digo que no debes preocuparte de más; tú puedes ser feliz a lado de Pegaso en el momento que sea —comentó—. Es cierto que el amor de Athena debe ser para todos y cada uno de sus Caballeros, pero no se refiere a que los ames como hombres, sino como personas importantes, valiosas a las que debes tener siempre en tu mente y corazón. Eso es todo lo que implica la frase "El amor de Athena no es para una sola persona" que Mu de Aries te ha dicho hace tiempo ya.

Un gran peso se alejó de los hombros de Saori al escuchar tales palabras; ahora… podía ser realmente feliz. No es que no lo fuera ya, pues amaba estar con todos y cada uno de sus valientes Caballeros, más siempre había un pero que hacía que su felicidad disminuyera un poco.

Más ahora sería diferente, ya que… sería capaz de decirle a Seiya como es que realmente se sentía; podría finalmente soltar todo lo que había dentro de su corazón con respecto a él. Le diría al fin que… ya no había nada de qué preocuparse, que podían expresarse con la libertad que antes no sabían que tenían.

Y es que ella sabía, Saori estaba consciente de los sentimientos que Seiya guardaba para con ella, pero su condición de Diosa hacía que el joven retrajera aquellos sentimientos tan profundos que sentía por su protegida para no ser egoísta y desear que ella lo amase única y expresamente a él.

— Es tan noble… —susurró Saori mientras continuaba posando su mirada sobre sus manos.

— Así es —dijo Athena—. Esa es una cualidad que todos los Caballeros de Pegaso han tenido en cada una de sus vidas. Panthea, Tenma y Seiya, a pesar de ser tan diferentes en sus temperamentos… han compartido la misma virtud, la nobleza. Y es eso lo que a mí, y a ustedes, mis reencarnaciones, nos ha cautivado.

Saori asintió levemente, era verdad, ese era un hecho innegable. Cerró sus ojos por un momento, y fue en ese instante en el que sintió un brusco cambio de temperatura.

Cuando finalmente abrió sus ojos, se dio cuenta de que se encontraba nuevamente en sus aposentos en el santuario.

— ¿Qué pasó…? —se preguntó Saori viendo a su alrededor un poco confundida—. ¿Me habré quedado dormida? —preguntó con confusión.

Estaba a punto de regresar al interior de su alcoba, cuando sintió una leve caricia en su cabeza, además de eso, un enorme y cálido cosmo muy similar al suyo.

Ármate de valor, y exprésate como deseas hacerlo, Saori.

Fueron las palabras que la joven de sociedad, y ahora Diosa Athena, escuchó detrás suyo.

Y realmente no fueron necesarias más palabras para poder comprender que no había sido un sueño; que todo fue real, tan verdadero como lo era el hecho de que amaba a Seiya más de lo que ella alguna vez imaginó.

Muchas gracias, Athena —expresó Saori mentalmente, antes de dirigirse finalmente hacia sus aposentos y descansar. Le esperaban muchas cosas por hacer al día siguiente.

Continuará…


Suki: Y bueno, aquí les dejo esta pequeña entrega de mi nuevo two-shot. Últimamente me ha venido mucha inspiración para esta parejita… ¿por qué será? En fin, quiero agradecerla a Princesa Saiyajin por revisarme el capítulo y corregir mis horrores de horrorografía nivel avanzado xD. ¿Qué haría yo sin ti pequeña mangosta? ¡Nada!

Como ya dije, la descripción física de Palas Athena y el nombre de Panthea los tomé de la autora Mouxe, todos lo que tenga que ver con su creación o investigación se lo deben a ella.

Espero que me digan que les pareció. ¡Nos vemos!

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Suki90, presentó.

Y tú, ¿has sentido el poder del cosmos?