Hola chicas como están. Espero que estén todas bien. Bueno antes que nada me disculpo por la tardanza. No me he sentido con ánimo y no me pareció justo publicar a la ligera. Ustedes merecen que yo de lo mejor de mí y más cuando han apoyado tanto esta historia. Por eso espero que me disculpen.

Espero que les guste el capitulo.


Un demonio con cara de ángel

Por

The Ladycat69

Capitulo 20

-No te dejare caer—murmuro cerca de sus labios.

-Lo sé—

Aquellas simples palabras provocaron en el rubio una lucha interna. Porque por primera vez en su vida se sentía dividido entre el odio y el amor. Esas simples palabras significaban una oportunidad. Una oportunidad de ser feliz. Una felicidad que se le había negado por tanto tiempo y lo había remplazado con placer. Un placer tan hueco y vacio como su alma.

Ahora tenía en sus brazos a un hermoso ángel de ojos verdes. Un ángel que estaría condenada a estar en su infierno. Un infierno que solo su amor podría liberarlo y salvarlo.

-Confías en mi—dijo dándole un beso en la frente.

-Quiero hacerlo—respondió escondiendo su rostro en su pecho.

-Aunque en el fondo desees romperme la crisma en mil pedazos—

-¡Albert!—

-Pero es la verdad preciosa—

Como por arte de magia ambos comenzaron a reírse de forma espontanea y natural. El rubio se quedo mirando tan hermosa risa. Para el rubio no había duda que esa mujer era su perdición y no podía evitar sentir como la culpa lo azotaba. Porque sentía que estaba a punto de mandar todo al diablo por esa mujer.

Para cuando Candy lo miro lo vio pensativo. Sus ojos azules estaban fijos en ella. Como si deseara decir tantas cosas y al mismo tiempo no decir nada. Solo se quedaron en silencio mirándose mientras solo se escuchaba el agua correr.

-¿Que suceda?—pregunto la chica.

-Nada…no sucede nada—

-Entonces porque me miras así—pregunto la chica.

-Eres muy hermosa…es imposible no mirarte—dijo sacándola de sus pensamientos.

Había algo en ese hombre misterioso y peligroso. Un enigma tan profundo que era difícil descifrar. Su forma de mirarla a veces daba miedo, como si la odiara el solo mirarla a los ojos. Pero otras veces, había algo que no entendía, como si tuviera una lucha interna día tras día.

Era como ver a dos hombres en un solo cuerpo. Un ángel y un demonio. Lo peor de todo era que estaba casada con ambos y lo más seguro destinada a estar en el cielo como en el infierno.

-Sera mejor que salga—

-Si será mejor o no respondo—

Sin decir nada más el rubio agarro la toalla y envolvió a la rubia en ella ayudándola a salir. Con una sonrisa la chica le agradeció saliendo del baño. Mientras el solo se quedo mirándola pensando en que momento la hija de Damián White se había impregnado a su piel como un maldito tatuaje. Porque eso era Candy White un tatuaje que no podría jamás sacar de su alma.

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Después de haber tomado uno de los primeros largos baños que tendría de ahora en adelante. La rubia fue la primera en salir mientras que Albert terminaba de bañarse. Rápidamente busco un conjunto de ropa interior. Para luego mirar lo que Rose le había comprado para ese viaje. Luego de observar por varios minutos, opto por ponerse un pantalón corto, un suéter blanco y tenis. Haciéndola ver hermosa, fresca y natural. Con un toque de sensualidad.

Una vez vestida y arreglada se dispuso a arreglar la cama. No porque fuera ahora la señora Andrew o tuviera quien le hiciera las cosas dejaría ciertas costumbres enseñadas desde que era una niña.

Estaba a punto de cambiar el conjunto de sabanas cuando algo llamo su atención. Ahí en las hermosas sabanas blancas estaba la muestra de la pérdida de su virginidad. Sabía que eso podía sucederle a una mujer que tenía su primera experiencia sexual. Pero una cosa era saberlo y otra era verlo.

La rubia sentía como los colores se le subían al rostro. No tenia que mirarse en un espejo para saber que estaba más que sonrojada que en otras ocasiones. Por un momento no supo qué hacer. Solo se le ocurría quitarlas antes de que Albert saliera del baño.

-¡Candy!—la chica al escuchar su nombre se asusto girándose hacia el rubio que estaba parado en la puerta del baño con una toalla en su cintura y esa sonrisa endemoniadamente sexy.

-Me asustarte…no te escuche salir—dijo poniendo su mano en su pecho.

-Si ya me di cuenta…te vez muy hermosa—dijo mirándola de arriba abajo.

-Gracias—

-De nada…. ¿Qué pasa?—pregunto el rubio mirándola fijamente.

-Nada…no pasa nada—tratando de ocultar la mancha.

-En serio…y si no pasa nada porque estas así—dijo acercándose a la cama.

-Así como—

-Tan sonrojada—

-Por nada…más bien por lo que paso hace un rato—

-¡Aja!—el rubio no dijo nada más.

Con una sonrisa de esas que hacia rabiar a la rubia de sola mirarla. Se fue acercando al otro extremo de la cama jalando la sabana. Albert miro lo que trataba de ocultar para luego mirar a su esposa con una sonrisa que se podría interpretar como algo juguetona.

Ahí estaba, la muestra de la pérdida de su virginidad. La prueba de que esa mujer no había conocido hombre. Que desde esa maravillosa noche ella le pertenecía a un solo hombre y ese hombre era el mismo.

El rubio la miro con una sonrisa en los labios soltando la sabana. Candy lo miraba con el seño fruncido y los brazos cruzados. No solo se sentía avergonzada por todo. Sino que podía sentir un calor abrazador en su cuerpo por la forma en que ese demonio la miraba.

-No tienes que avergonzarte mi hermosa felina…es normal—dijo con voz aterciopelada, que hizo que los vellos de la rubia se erizaran.

-Eso lo sé…dime donde hay sabanas limpias—dijo tratando con todas sus fuerzas de mantener la compostura ante el rubio.

Pero por más que se resistiera aceptarlo. El solo verlo, oírlo o el tenerlo cerca, la perturbaba mucho. En especial si estaba parada frente a ella mojado y con tan solo una toalla en su cintura mirándola como un depredador dispuesto a devorarla otra vez.

-No te preocupe Camila cambiara todo felina—

-Pero puedo hacerlo yo…solo necesito que me digas donde…—pero el rubio la interrumpió.

-Mi hermosa felina, Camila lo hará…no te mortifiques—

-¿Porque me llamas así?—pregunto la rubia cansada del dichoso apodo.

-¿Como felina?—pregunto el rubio con tono de inocencia que ni el mismo creía.

-De esa forma… ¿Porque me llamas felina?—

-Es lo que eres…una hermosa felina—lo dijo en un tono tan sensual que la rubia sintió un cosquilleo en el estomago y más abajo.

-¿Porque dices que lo soy?—pregunto la chica algo enfadada por la sonrisa maliciosa que había en los labios del rubio.

-¡Por esto!—dijo con una sonrisa.

Albert se giro muy despacio mostrando desde los hombros hasta la parte baja de la espalda varios arañazos. Candy abrió los ojos como plato al ver lo que ella había hecho, llevándose las manos a la boca. Era lo que faltaba para que ahora si se pudiera freír un huevo en la cara de la chica y lo peor de todo es que el maldito cretino parecía estar disfrutando de lo sucedido.

-Al…Albert yo…lo siento—

-Descuida. Me gusto que quisieras despellejarme vivo anoche—dijo girándose hacia ella.

-En verdad lo siento…yo no sé—

-No te disculpes…disfrute sacar la fiera en ti—dijo en un tono sensual que hizo que la rubia se sintiera algo acalorada y eso no paso desapercibido por el rubio que le echaba más leña al fuego, solo para ver su hermoso rostro sonrojado por el…-No hay duda que eres una fiera a la que quiero domar día y noche—dijo con un brillo en sus ojos.

-Mira tú malnac…—la chica iba a soltar un montón de palabrotas cuando el rubio la interrumpió.

-SSSsss tranquila mi hermosa fiera. Por lo de la sabana descuida…cuando salga le diré a Camila que arregle la habitación…estará perfecta para esta noche o para dentro de unos minutos—dijo con una sonrisa picara.

Candy lo miro con los ojos tan grandes que sintió unos deseos inmensos de darle al creído de su esposo un buen pescozón y borrarle esa sonrisita de sínico que tenia dibujada en el rostro. Pero eso podía esperar. Lo malo era que Camila vería las sabanas y eso la hacía sentir avergonzada.

-Comooo…ella vera estooo. Hay por Dios que pensara—dijo lo último en un murmuro.

-Pensara lo más lógico. Que nuestro matrimonio se consumió y que ya eres una mujer—dijo acercándose a la chica como felino…-Mi Mujer—dijo tomándola por la cintura besando sus labios.

-Al…Albert—dijo separándose un poco.

-Te deseo tanto—murmuro cerca de sus labios.

-Pero si acabamos de…—la chica no pudo terminar la oración, ya que sus labios estaban siendo devorados en un beso apasionado.

-Ya te lo dije felina…nunca será suficiente—murmuro sobre sus labios, bajando suavemente hacia su cuello.

Candy cerró sus ojos al sentir los labios hábiles de su esposo en su cuello. Albert besaba y mordía cada parte de aquel delicado cuello como todo un maestro. En especial el lugar en donde tenía una pequeña cicatriz.

Quería hacerla gemir de placer con cada caricia y cada beso. Mientras sus manos inquietas se colaban por debajo del suéter acariciando su delicada piel.

Candy enredaba sus dedos en los cabellos húmedos del rubio. Podía escucharlo gemir y respirar agitadamente. Así como sentir una parte de su anatomía endurecida rosando su vientre. En cuanto sintió como el rubio la hacía caminar hacia la cama, supo que tenía que detenerlo.

-Albert espera—dijo deteniendo el paso y poniendo sus manos en su pecho.

-No…no quiero esperar—dijo excitado.

-Tengo hambre mi amor—

-Y yo tengo hambre de ti…espera que dijiste—dijo buscando su mirada.

-Que tengo hambre…iré a preparar el desayuno—dijo tratando de soltarse, pero el rubio no cedía.

-No eso no…como me llamaste—

-Lo siento yo no quería…—

-Solo dilo…como me llamaste—dijo mirándola fijamente.

-Te llame…mi amor—dijo regalándole una sonrisa.

Albert sonrió perdiéndose en aquellas dos esmeralda que lo miraban. Tomando su rostro con sus manos beso sus labios con dulzura.

-Me gusto oírlo…se oye muy hermoso en tus labios—dijo con una sonrisa, mientras rosaba su nariz contra suya.

-Ahora amor voy a preparar un buen desayuno—

-Lo más seguro Camila ya lo preparo—dijo rosando sus labios.

-Entonces iré ayudarla…mientras te vistes—

-Vas a ser malita conmigo y me dejaras así—dijo con picardía sobre sus labios.

-Me temo que si—

-Podría convencerte a que me ayudaras con este problemita—dijo señalando la leve erección que tenia.

-Tu problemita lo puedes solucionar con un baño de agua fría—

-Oh con solo estar dentro de ti—

-¡Albert!—grito la chica.

-Que dije—dijo tomándola por la cintura acercándola a su cuerpo caliente de deseo.

-Eres insaciable—

-No es mi culpa que tú seas tan apetecible y me pongas a mil. Además te dije que jamás sería suficiente—

-Albert desayunamos y…—

-Dime que no me deseas como hombre…que no deseas mis besos…mis caricias o mi cuerpo pegado al tuyo—dijo en un susurro cerca de su oído.

-Yo…yo…pu…pues…—la chica no podía creer que estuviera tartamudeando por ese maldito hombre.

Albert la miraba fijamente a los ojos. El verla tartamudear por los nervios le fascinaba. Sin importar que tan dura o indomable fuera esa mujer. Seguía teniendo esa aura de inocencia que lo enloquecía de deseos.

-Tienes razón hay que alimentarse. Además tengo una vida entera para hacerte el amor día y noche—dijo soltando su cintura.

-Entonces te espero en la mesa—dijo dirigiéndose a la puerta pero la mano del rubio la detuvo dejándola entre la puerta y el cuerpo desnudo y excitado de su esposo.

-Esta noche no te escaparas de mí—dijo muy cerca de sus labios…-Mejor te dejo salir antes de que opte por tenerte encerrada en esta habitación todo el mes—dijo con un brillo en sus ojos que se veían mas azules que nunca.

Albert soltó su mano despacio retrocediendo. Casi se arrepiente al verla sonreír antes de salir por la puerta. El efecto que esa mujer causaba en el era incontrolable. Soltando un suspiro y con una leve sonrisa no le quedo de otra que irse al baño.

-Maldición esa mujer va acabar conmigo—dijo mientras el agua fría caía sobre su cuerpo.

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De una forma casi milagrosa la rubia logro escabullirse de las intensiones de su esposo. No era fácil librarse de un hombre tan activo y endemoniadamente atractivo. Iba pensando en cierto rubio que casi se lleva a la pobre Camila por el medio.

-Buenos días señora—dijo la mujer con una sonrisa.

-Lo siento. Buenos días…pero por favor no me llame señora—

-Como guste…desea desayunar en la terraza o en la habitación—

-En la terraza estará bien—

-Y el señor Andrew—

-Vendrá en unos minutos—

-Bueno entonces póngase cómoda—

-Puedo ayudarla a servir o preparar la mesa—

-Pero mi niña usted es la señora de esta casa—

-Por favor solo llámeme Candy y deseo ayudarla…si me lo permite—

Camila sonrió aceptado lo que la muchacha le pedía. Algo le decía que no serviría de nada negarse a esa muchacha y como podría negarse a tan encantadora joven. Así que con gran animo la rubia arreglaba la mesa que tenia la más hermosa vista del aquel inmenso mar azul. Mientras Camila terminaba de preparar el desayuno.

-Sabes sen…Candy usted es el alma de esta isla. Estamos felices de que el señor Andrew se haya casado…nunca lo habíamos visto tan feliz, es como un milagro—

-Gracias. En serio nunca—

-Aja…nunca—

-Pero supongo que debió traer muchas amiguitas a este paraíso…así que…—dijo con algo de curiosidad.

-Oh no mi niña…solo la señora Rose ha venido a visitarnos. Usted es la primera dama que el señor trae—

-Ohhh…entonces nunca ha venido con otra mujer—

-No…las veces que nos visita viene solo o que el joven George. Para serle sincera llegamos a pensar que nunca se casaría…por eso estamos tan felices—

Candy sonrió feliz de saber que ella era la primera en visitar la isla. Iba a preguntar algo más pero el sonido de un carraspeo que provenía de la puerta llamo la atención de ambas mujeres. Ahí estaba el demonio con sus cabellos cayendo encima de sus hombros, vestido con unos vaqueros, tenis y un suéter blanco que marcaba sus músculos. (wow se imaginan)

Candy se le quedo mirando pensando porque demonios ese hombre tenía que verse de esa forma tan... Bueno no importaba como se veía el cretino. Sino más bien lo que le hacía sentir con su sola presencia.

Mientras él se acercaba a ella como felino con esa sonrisa maliciosa, que podía crisparle los nervios a cualquiera. La rubia solo se quedo parada en el mismo lugar recibiendo en los labios un beso.

-Buenos días…veo que se están conociendo—

-Buenos días señor…así es. Su esposa es encantadora—dijo muy alegre.

-Gracias—esta vez fue la rubia.

-Que bueno que se lleven bien…tengo un hambre feroz—dijo chasqueando la lengua para continuar hablando…-Lástima que tendré que conformarme solo con el desayuno para saciar mi hambre—dijo mirando a la rubia con una sonrisa maliciosa.

La rubia solo rodo los ojos ignorando la indirecta de su esposo. A caso ese maldito hombre no perdía tiempo para insinuársele o cada palabra dicha fuera en doble sentido.

Candy sentía como la furia se le subía al rostro. Como se atrevía a tirarle semejante indirecta delante de Camila. Ese condenado hombre no sabía que tan cerca estaba que ella le brincara encima para sacarle los ojos y borrarle de una buena vez esa risita.

Albert imaginaba lo que estaba pensando la rubia con solo mirarla. La expresión de rabia que tenia aquella mujer era de lo mas cómica. Tenía que admitir que le divertía verla rabiar. Se estaba volviendo uno de los pasatiempos más divertidos.

Aunque corría el riesgo de que esa fiera le brincara en encima en cualquier momento para despellejarlo. Maldijo para sí mismo por sentir que perdía el control cada vez que estaba cerca de su mujer. Si Camila no hubiera estado de seguro le hubiera brincado encima para hacerla suya otra vez.

Camila por su parte se había quedado callada mirando a los recién casados. No tenía que ser síquica para entender el lenguaje de miradas de los rubios. Tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para no reírse de algo que se veía tan cómico. Para ella no había duda que esos dos estaban totalmente enamorados. Lo único que faltaba para que fuera perfecto era que ambos aceptaran de una buena vez lo que sentían.

-Mmmm bueno porque no toman asiento…les serviré el desayuno—dijo la buena mujer atrayendo la mirada de los dos rubios.

-Buena idea—dijo ofreciéndole una silla a la chica.

Camila enseguida empezó a servir el desayuno. Albert no le quitaba los ojos de encima a la rubia cada vez que saboreaba alguna fruta. Sabía que era cuestión de tiempo para que ella estallara. Así que en cuanto vio que su hermosa esposa iba a explotar hablo.

-Camila por favor podrías ordenar la habitación…quedo desarreglada como te podrás imaginar—dijo con una sonrisa que provoco que todos los colores se le subieran al rostro a la rubia.

-Por supuesto señor…enseguida—dijo retirándose.

-Porque tenía que decir eso—dijo la chica con la respiración agitada.

-Decirle que cosa—dijo con voz de inocencia.

-Pues lo de la habitación—

-Porque es la verdad…la dejamos algo desordenada anoche preciosa—

~Dios mío que vergüenza…como quisiera que me tragara la tierra~ pensaba la rubia.

-No tienes que avergonzarte ni desea que la tierra te trague viva—la chica se le quedo mirando con la boca abierta pensando si ese demonio era síquico.

-Acaso lees la mente—

-No…pero tu expresión habla por ti—dijo tratando de controlar las ganas de reírse.

La rubia miraba cada minuto al pasillo esperando que Camila saliera. Trataba de seguir desayunando pero los nervios la traicionaban y más cuando tenía a un hombre que no le quitaba los ojos de encima.

-Que te gustaría que hiciéramos hoy—comento mientras tomaba jugo.

-Lo que tú desees—dijo inconscientemente esas palabras.

-MMmmm en serio…lo que desee—dijo con una risita echándose hacia el frente.

Candy lo miro con los ojos enormes. Ahí estaba otra vez esa mirada de depredador. Dios acaso ese hombre no se cansa. Solo piensa en sexo.

-Es en lo único que piensas…en el sexo—

-Bueno no era lo que tenía en mente…pero ya que traes el tema sexual—

-Que yo que…no quise…hay por Dios—

Albert no le quedo de otra que echarse a reír. En verdad esa mujer le fascinaba y mucho más por la forma en que ella lo miraba. Si las miradas mataran el no estaría sentado en la mesa.

-Lo hiciste apropósito para que yo…bueno yo…tú sabes—

-Yooo…como crees…yo no sé nada—

-Eres tan…—

-SSss no te enfades. Mira después de desayunar te llevare a conocer la isla, las playas, flores, todo…te parece preciosa—dijo tomando su mano depositándole un beso.

-Muy bien…eso me gustaría—dijo la chica en el momento que escuchaba pasos.

-Perfecto—

Candy sonrió pero en cuanto vio a Camila casi le da algo. La mujer paso con una canasta en cual en su interior estaban las sabanas. La mujer le sonrió a la rubia en forma gentil. Pero eso no quitaba que se le callera la cara de vergüenza.

La rubia no podía evitar sentirse como se sentía. Sentía la cara arder de vergüenza pero eso cambio en un segundo. Ya que al girar la cabeza para mirar otra vez al rubio. Casi estalla cuando lo vio haciendo gesto con la boca tratando a toda costa de no reírse.

-De que te ríes cretino…que es tan gracioso—dijo roja de ira.

-De ti…de lo realmente hermosa que te ves cuando te pones así—

-Eres imposible…eres un grrgrr—dijo poniéndose en pie para marcharse, pero no llego lejos porque una mano detuvo su andar.

-¡Vamos no te enojes conmigo!—

-¡Suéltame Albert!—dijo sonando muy pero muy firme.

-¡No!—dijo muy serio…-Escúchame bien Candy…creo que es normal que te sientas avergonzada. Pero también es muy normal todo—

-¡Albert!—

-Candy…Camila es una mujer como de la edad de tu abuela…que estoy seguro que también tuvo su noche de bodas. Así que no tienes que sentirse así con ella o lo que ella pueda ver…es de mi entera confianza y es muy discreta—

-Lose…es solo que—

-¿Es solo que Candy?—el rubio la atrajo hacia su cuerpo.

-Todos es tan diferente ahora—

-No olvides que tu vida comienza de ahora en adelante a mi lado…como mi señora, mi esposa y Mi Mujer—antes aquellas últimas palabras el rubio atrapo sus labios en un beso apasionado.

Bueno chicas hasta aquí el capitulo 20

Espero que les haya agradado y me hayan disculpado por la tardanza. Quiero agradecerles a todas desde lo más profundo de mi corazón cada comentario. No tienen idea lo que esas palabras significan para mí. Mil gracias a todas.

Un abrazo bien fuerte

Ladycat