Disclaimer: los personajes usados en este fic son propiedad de S. Meyer, aclarando que solo tomo como referencia un libro para realizar esta adaptación, esto lo hago sin fines de lucro solo el saber que les gusta con sus reviews es suficiente pago para mi, gracias…

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En el Capitulo Anterior:

Un entumecimiento tomó su cuerpo cuando tuvo que aguantar el ritual de preparación para ser entregada a otro hombre otra vez. Cuando el eunuco masajeaba el aceite perfumado en su piel, sólo podía pensar en el toque de Edward, en sus manos deslizándose sobre ella, tentándola y despertándola. Las lágrimas quemaban en sus ojos, aunque no hubiera nada que pudiera hacer para evitar lo que le esperaba.

Las horas se alejaban demasiado rápido, hasta que por fin fue el momento de encontrarse con el sultán. Vestida con costosa seda y joyas siguió al eunuco jefe mientras la guiaba a los aposentos del sultán. Su corazón se puso más pesado con cada paso.

No puedo hacer esto, pensaba desesperadamente, incluso la idea de aguantar el toque de otro hombre era imposible llevar ¿No sería mejor morir? El sultán nunca la dejaría ir, de eso estaba segura.

Capitulo 8: Felices por Siempre…

Antes de que alcanzaran las habitaciones privadas del sultán, ella oyó el sonido de un grito y ruidosas voces. Fuera, el olor pesado de humo impregnó el aire, en la distancia logró divisar los edificios exteriores de madera ardiendo. Los esclavos se precipitaban por el patio, luchando con los cubos de agua para lograr sofocar las llamas. El eunuco jefe comenzó a correr.

—Venga… Debemos asegurarnos que el sultán esté a salvo –

Ella tropezó, pero el eunuco la arrastró avanzado. La muchedumbre luchaba para evacuar y los soldadostrataban de mantener el orden mientras el pesado humo rezumaba entre los muros. Bella vio su posibilidad para escapar entre todo el caos, desenganchó su brazo del eunuco y corrió hacia afuera. El aire era grueso por el humo, oscureciendo su visibilidad. Bella casi había alcanzado el jardín cuando una voz la llamó por su nombre, siguió su instinto y vio a un soldadoque corría hacia ella, con su espada curva en el cinturón. Aunque ella corrió con todas sus fuerzas él llegó hasta ella, cogiéndola por la cintura.

—No luches contra mí — advirtió él. La voz baja llamo su atención y ella reconoció los familiares ojos verdes del Príncipe Edward, disfrazado como un guardia real, él había enmascarado la parte inferior de su cara.

Bella se lanzó a sus brazos, agradecida porque había vuelto. Sin más discusión, lo siguió por los jardines, hacia el segundo patio donde el fuego estaba ardiendo. Corrieron el uno junto al otro hacia la puerta interior y casi lo habían alcanzado cuando oyeron los sonidos de alguien que se acercaba a caballo. El incendio se había extendido a las caballerizas y los esclavos trataban de evacuar los animales. Bella oyó los gritos de un semental que retrocedía ante el azote. Aunque Amir hubiera mejorado en los días que ella había estado con él, era todavía demasiado impulsivo y podría causar serio daño. Galopando con furia, él se liberó del esclavo, incapaz de contener su terror.

Edward tomó su mano y comenzaron a correr hacia el animal asustado. Amir galopaba hacia un grupo de las mujeres que se habían juntado fuera del harén, se habían agrupado juntas lejos de los hombres. La mayoría de ellas tenían la cara cubierta por el velo. Bella llamaba a Amir y sus piernas quemaban cuando ella corría, era como ver una pesadilla desde fuera, observando como el caballo cargaba contra ellas sin nadie que pudiera detenerlo. La princesa Rosalie estaba entre las mujeres, demasiado aterrorizada como para moverse. Bella llegó al lado de la princesa y la empujó fuera del camino, justo cuando Amir se encabritó con sus cascos en alto. Aunque su poder pudiera aplastarla, ella se quedó en su sitio.

No tengas miedo, ella le susurro al animal. Oye mi voz y obedece.

A pesar de los gritos y el humo, su atención estaba totalmente enfocada en el semental, él bajo sus cascos cuando la vio y Bella quitó su velo presentándose para que así él pudiera recordar su olor. Le habló y los tonos familiares de su voz parecieron aliviarlo, sus manos se movían a través de su cuello sensible, acariciándolo hasta que él recuperó el control. Edward la levantó sobre el caballo, mientras ella siguió tocando la melena del semental aliviándolo. El caballo no continuó negándose, ya que la obligación de obedecer Bella era demasiado fuerte. Despacio, entre los habitantes del palacio que escapaban, retomaron su camino hacia la puerta imperial, pero una fila de soldados estaban apostados en la salida con manos serenas sobre sus armas.

—Descubre tu cara— dijo una voz de mando detrás de ellos.

El sultán tenía a la princesa Rosalie a su lado. Temblando, Rosalie se aferró a su padre, Edward bajó la tela que ocultaba su rostro, se encontró con la mirada de su padre, y vio las escondidas emociones: la primera ira, y luego lamento, mezclada con tristeza.

—Has protegido a mi hija— dijo el sultán a Bella — a riesgo de tu propia vida, por eso te recompensare con tu libertad –

Bella se inclinó sobre el caballo, una sonrisa de agradecimiento sobre el rostro. Edward montaba detrás de ella, el don de la libertad de Bella era todo para él; entonces inclinó la cabeza en silencioso respeto hacia su padre.

— ¿Ella significa mucho para ti?— Preguntó Carlisle mientras Edward abrazaba a Bella entre sus brazos, asintiendo con la cabeza a su padre.

—Más que nada en mi provincia— Él sabía el riesgo de admitir la verdad, pero no podía dejarla ir. Su apretón fue más fuerte alrededor de la cintura de ella, como si pudiera protegerla de todo peligro.

Bella lo había apoyado en sus peores momentos, aun sabiendo que podría perder su propia vida, cuando habían sido amantes lo había tratado como a un hombre, no como a un príncipe. Sólo esperaba que quisiera quedarse con él, ahora que tenía la opción. Por un último momento él se inclinó ante su padre, parecía que los años pasaron entre ellos en un instante agridulce y cuando él levantó la cabeza una vez más, vio el perdón en los ojos de su padre. El sultán alzó la mano en señal de despedida y los guardias se separaron ante ellos. Edward mantuvo su mirada en su padre, sabiendo que era la última vez que volvería a ver a Carlisle, sin embargo, estaba agradecido por haber perdonado sus vidas.

Viajaron por varios kilómetros en la oscuridad hasta que llegaron a la posada donde Edward había dejado sus escoltas y sus pertenencias con anterioridad. A pesar de que Amir no era el caballo más fácil de controlar, el tacto de Bella lo había mantenido en calma durante el viaje. El jefe del establo prometió peinar al caballo y darle la mejor atención. Una vez que llegaron a la privacidad de su habitación, Edward extendió la mano y quitó la ropa exterior que le habían dado a Bella para que se cubriera, ella se apretó contra él apoyando su cara contra su pecho.

—Tenía miedo de que nunca volvería a verte –

—No iba a dejarte a merced de mi padre — Él le tomó la cara entre las manos, apoyando la frente sobre la de ella. No podía decir lo que estaba sintiendo en este momento, pero todo lo que quería era tenerla en sus brazos.

—Causaste el fuego, ¿verdad? – La expresión de él se volvió culpable.

—Uno de mis siervos lo hizo, no estaba previsto que se extendiera tan lejos — Antes de que pudiera recriminarle por ello agregó —Le dejé a mi padre un cofre de joyas en indemnización, no había demasiado daño — Él le tomó el rostro entre sus manos -Pero hubiera quemado el palacio si eso significaba conseguir sacarte –

Ella se levantó de puntillas y lo besó. Su boca sabía a toda la bondad en su interior, la valentía que admiraba en él.

—Tienes la libertad ahora— le susurró él contra la suave piel de su garganta —Puedes hacer lo que quieras –

Las manos de ella se movían debajo de su negro uniforme, levantándolo hasta que su pecho se mostró descubierto al contacto de ella.

—Lo que más deseaba, ya me lo concediste esta noche— ella se libró de su ropa, quitándose la túnicay la ropa interior hasta quedar desnuda delante de él.

Las manos de él se deslizaron por su piel pálida —Si quieres que te lleve con los beduinos, lo haré –

Bella llevó sus manos para desenredar su pelo, hasta que se derramó sobre sus hombros —No. Ya no pertenezco a ellos –

Durante mucho tiempo, había soñado con volver a las tiendas negras de su pueblo, había sufrido por la pérdida de su familia y seres queridos, pero ahora ella tenía a Edward. De alguna manera, él se había metido en sus sentimientos, en su corazón, y aunque él era un príncipe, no quería separarse de su lado. En el fondo, vio a un hombre de bien que valoraba las necesidades de los demás, por encima de la suya. Un hombre que la entendía, como nadie lo había hecho. Ella le tomó la mano y comenzó a llevarlo a la cama; tenía que estar con él, para demostrarle sus sentimientos y perderse en sus brazos.

—Espera— Edward caminó hasta abrir un pequeño cofre en el extremo de la habitación —Tengo algo para ti— Los ojos de él se volvieron perversos ocultando algo en su palma. Bella no podía ver lo que era al principio, pero cuando vio el collar de perlas se relajó. Él en una ocasión le pidió disculpas por no haberle dado sus rubíes o joyas.

—Tú no necesitas darme eso— murmuró ella guiándolo hacia abajo por un beso.

—Me estoy entregando a ti libremente, porque me preocupo por ti –

A la luz de solo una lámpara de aceite, él se quitó el resto de su ropa. Su piel era broncínea, sus ojos verdes brillaban cuando la guió a la cama. Con la mano, él hizo rodar el collar de perlas en el pezón, excitándola. Ella sonrió contra la boca de él, guiando sus caderas sobre las de ella. Ahora mismo, necesitaba reafirmar el vínculo que había entre ellos, entregándose a él. Pero Edward sustituyó las perlas por su boca, besando su pezón mientras dejaba las perlas ir todavía más abajo, pasando por el estómago, por encima de su monte de venus, a los pliegues íntimos que ya estaban mojados por él.

—Te extrañé— susurró ella pasando sus manos sobre los hombros de él, como si su cuerpo tuviera que aprender una vez más. A pesar de que ahora tenía su libertad, significaba todo compartirlo con él.

—Te necesito conmigo, Bella— dijo él —Quédate conmigo –

A pesar de que sus palabras fueron solemnes, por debajo de ellas sintió que se trataba de algo más que ser su concubina. Habló como si fuera su igual, como si ella fuera necesaria para su felicidad. Las palabras no eran una orden, sino una pregunta.

— No quiero estar con nadie más— susurró ella, inclinándose para besarlo otra vez.

Su mano se extendió entre sus piernas, y antes de que ella entendiera lo que él estaba haciendo, sus dedos fueron dentro de ella, guiando el collar de perlas en su interior. La sensación erótica de las bolas redondas y lisas fue impactante, más aún cuando él retiró sólo una parte de la cadena y utilizo una sola perla para dar masajes a su nudo de carne.

— ¿Qué estás haciendo, Edward?— Suspiró ella, su cuerpo cada vez más caliente mientras él la acariciaba. Las paredes de su vientre se agarraron a las perlas y ella alargó la mano a su pene caliente, para tomar aquella carne de seda con fuerza en su mano.

—No son perlas para ponerse, mi princesasusurró él con la boca caliente contra su garganta —Son perlas con la intención de darte placer— Él las sacó y ella contuvo el aliento ante la sensación —Voy a prepararte— dijo él —Preferiría que estés mojada cuando una mi cuerpo con el tuyo –

Mientras él la estimuló con la perla, ella trazó sus dedos alrededor de su erección, acariciando su longitud de terciopelo. Con ritmo, ella lo acarició, deleitándose cuando sus ojos se abrieron y él aumentó la presión de la perla contra su centro íntimo.

—Hay tantas cosas que quiero mostrarte— murmuró él a su oído —Esto es sólo el principio del placer que voy a darte cada noche –

Las palabras de él fueron un poderoso estimulante y junto con la presión de las perlas contra su carne sensible, fue demasiado de soportar. Abrió la boca cuando la ola de liberación se estrelló a través de ella, su núcleo en erupción por el éxtasis. Edward lentamente retiró el collar de perlas de su cuerpo. Él lo puso de nuevo en sus pechos, llevando su longitud caliente contra su sexo. Ella podía sentir la humedad de su excitación en las joyas frías provocando un dolor que hizo eco en su vientre. Mientras él jugó en sus pechos con las perlas, ella se quejaba por la necesidad. Su longitud, que presionaba tan cerca de su apertura, era gruesa y dura, y ella la quería más que nada dentro de ella. De repente Edward arrojó las perlas al suelo y se empujó dentro de ella. El movimiento la condujo a otro frenesí, su cuerpo lo apretaba, al igual que cuando ella tenía las perlas.

—Bella— dijo mientras la llenaba, levantando las caderas de ella —Ningún otro hombre te reclamará, excepto yo –

Ella no pudo detener el grito de asombro cuando él se retiró y entró en ella de nuevo —Nadie— prometió ella envolviendo sus piernas alrededor de su cintura con fuerza para reunirse con él en cada embestida.

A medida que la llenaba, usando el cuerpo de él para contener una respuesta febril, ella se entregó al placer embriagador, respondiendo a gritos cuando el calor líquido de un espasmo la llenó. Edward continuó haciendo el amor con ella, acelerando el ritmo en contra de su calor húmedo hasta que su cuerpo se estremeció con su propia liberación. Después, él la abrazó, sus manos moviéndose sobre su piel como si fuera a marcarla como suya. Con su carne todavía dentro de ella, le susurró:

—No eres como ninguna otra mujer que haya conocido— sus labios rozaron su garganta y ella lo abrazó con fuerza, con su cuerpo pegado al suyo —Mi reino no te importa ¿verdad? –

El aliento de él calentaba su piel y ella acarició su mejilla, mirándole a los ojos —Mi corazón es tuyo, Edward, ya sea que vivamos en un palacio o una tienda de campaña negra— lo único que le importaba era estar con él.

—Quédate conmigo, Bella. No como mi concubina, sino como mí amada esposa – él la besó de nuevo y su corazón se llenó de amor por sus palabras —Voy a cuidar de ti y te amo –

—Donde quiera que vayas, así lo haré — prometió ella y mientras ella yacía en sus brazos, no podía dejar de sonreír.

FIN

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Bueno chicas esta historia llegó a su final, decidí hacerlo largo ya que varias chicas me hicieron saber su preferencia mediante reviews y mensajes privados y así solo me quedo con mi otra historia que es bastante larga, en este fic no tendrá epilogo como se habrán dado cuenta…. Una vez más les agradezco un montón a aquellas chicas que me apoyaron y me animaron a seguir subiendo los capítulos con sus alertas, sus favoritos y sus reviews de verdad los aprecio mucho mucho y son muy importantes para mí…. Me gustaría que se dieran una vueltica por mi otro fic "Pecados Inconfesables" que apenas está comenzando solo llevo un cap y esta semana espero poder subir el otro, ya como les había comentado al principio de esta historia, este es un fic basado en una novela llamada igualmente "inocente en el harén" escrita por Michelle Willingham, espero les haya gustado mucho así como a mí, bueno sin más me despido por el momento y nos leemos próximamente en mi otro fic… besos cuídense