Hermione:

Me encontraba en casa de Ron, recogiendo mis cosas, me iba, pero para no volver.

Había pasado un año desde que Harry había vencido a Voldemort, por fin, llegó la paz para el mundo de los magos.

Harry había comenzado una relación con Ginny, que iba viento en popa.

Yo también comencé una relación, con Ron, uno de mis amigos desde que tenía once años. Empezamos a salir momentos antes de que Voldemort fuera vencido. Yo realmente había estado enamorada de Ron, pero, poco a poco, la llama se fue apagando, él no era como yo creía, había cambiado mucho desde que dejamos Hogwarts.

Cuando empezamos a salir, todo iba muy bien, estupendamente diría yo, pero discutía constantemente con Ron, hasta por cosas insignificantes. Por eso, lo dejamos.

Estuvimos unos tres meses sin ni tan siquiera hablar. Sólo nos encontrábamos cuando estábamos con Harry y Ginny, mejores amigos de ambos.

Pronto, volvimos a hablar, y nos llevábamos muy bien, por lo que decidimos retomar nuestra relación.

Grave error.

Sí, tenía razón, Ron había cambiado mucho. Llegaba a altas horas de la noche de trabajar. Pero nunca me decía de dónde venía cuando yo le preguntaba. A veces, me ignoraba, otras, que no fuera desconfiada, y, cuando estaba de mal humor, sencillamente me decía que a mí no me importaba.

En más de una ocasión regresó a casa borracho, y, cuando lo hacía, intentaba forzarme para que hiciera el amor con él. Lo intentó en dos ocasiones, pero no lo consiguió, pero yo, como estaba asustada, me encerraba en la habitación de invitados, como venía borracho, ni se daba cuenta de mi ausencia.

No hablábamos, él salía por la puerta de casa por la mañana temprano y volvía tarde, muy tarde.

Un día fuimos a visitar a Ginny y Harry, que decían que nos tenían que dar una noticia.

Mientras íbamos en el coche, debajo de mi asiento pude un trozo de tela negra, lo cogí, era un tanga. Le pregunté, nada de nada, ni siquiera una mirada.

Llegamos a casa de nuestros amigos. Se iban a casar. Estaban muy felices, enamorados.

La verdad, me daban envidia, yo quería una relación así, más o menos.

Siempre la había querido con Ron, pero ya no.

Regresamos a casa. Ron fue a ducharse. Se vistió de traje. Me miró de arriba abajo, con una cara inexpresiva.

Llegó a casa a media madrugada. Olía a perfume de mujer. Cuando se acostó en nuestra cama, yo me fui a dormir a la habitación de invitados.

Pero, al día siguiente, tuvo el descaro de decirme que qué me pasaba. Que me comportaba de una manera muy extraña. Que ya ni le dirigía la palabra.

Exploté. Lo solté todo. Le dije que era un sinvergüenza. Que volvía a casa siempre tarde. Unas veces, borracho, otras, con olor a perfume de mujer.

Le dije que lo odiaba, que no quería volver a verlo más. Me dijo que ya no me quería que era insoportable y muy celosa, sin motivos.

Así que estaba recogiendo mis cosas. Guardando mi ropa y todas mis pertenencias en un par de maletas. Esta noche, cuando regresara de trabajar, no me iba a encontrar, pero ni aquí ni en otro lugar de este mundo.

SÍ, pensaba irme a vivir al mundo muggle.

Sólo le escribí una nota, estaba tan furiosa que me salió una letra horrible. Pero legible.

Me voy, no me busques. No pienso volver. Sé que no me quieres. También que me engañas, así que ya puedes disfrutar de la vida, sin mis celos, como dices.

Hermione.

Le dejé la nota pegada en la nevera, ahí la vería, siempre que volvía a casa, lo primero que hacía era atacarla.

A las pocas horas, me encontraba en el mudo muggle. Lo primero que hice, fue visitar a mis padres. A su trabajo, ambos son dentistas.

-Perdone- dije a la recepcionista- soy Hermione Granger, me gustaría que le dijera a mis padres que cuando tengan un hueco salgan un momento, estaré en la sala de espera.

-De acuerdo, señorita.

-Me senté, estaba realmente agotada, menos mal que mis padres no tardaron mucho en aparecer, apenas quince minutos, porque estaba muerta.

-¡Hermione!- me llamó mi madre.

Me dirigí a ellos y los abracé fuertemente.

-¿Dónde está Ron?- preguntó mi padre.

-Lo hemos dejado. Me vengo a vivir aquí. Quiero comenzar una nueva vida.

-¿Hija qué ha…?

-Mamá, no preguntes- la interrumpí- no quiero hablar del tema.

-Está bien- me beso en la mejilla.

-Bueno, me voy y os dejo trabajar, necesito descansar, estoy agotada.

-Claro hija, ¿te vienes a casa, no?- preguntó mi padre.

-No, voy a una habitación de hotel, me apetece estar sola.

-Pero hija… bueno, como desees, pero mañana prométeme que vas a venir a cenar a casa. ¿Prometido?

-Claro, mamá.

Me despedí de ellos. Llegué a un hotel y pedí una habitación. Subí rápidamente por el ascensor, desenado tomar un baño.

Dejé las maletas por el suelo y me encaminé a darme un baño, con mi neceser.

Llené la barriga hasta arriba y me senté, estaba en la gloria. Hasta que escuché un ruido, habían abierto la puerta. Salí de la bañera, asustada, me envolví con la toalla.

¡Mierda! Era muy pequeña, apenas cubría mis muslos. Entonces, me armé de valor y abrí la puerta.

No me podía creer lo que veían mis ojos.