Por supuesto, Sailor Moon no me pertenece.

Esta es una historia Rei/Minako, y digamos que, como "advertencia", si no les gusta el yuri, absténganse de leerla. Aunque supongo que si han llegado hasta aquí, no es precisamente porque les desagrade xD

Agradecería infinitamente sus comentarios, sobre todo porque es la primera historia que escribo de este género. Me pueden llamar novata.

Si han visto el anime, películas, live action, y leído el manga de Sailor Moon, el fic es una combinación de elementos presentes ahí, pero seguramente muchos más inventados por mi imaginación, así que no esperen que siga el argumento de cualquiera de esas cosas, muy probablemente me desvíe demasiado. Sólo espero conservar la esencia de los personajes, ¡y se aceptan sugerencias!. Quisiera escribir esta historia con ustedes, así que sus opiniones serán tomadas muy en cuenta, si tienen alguna petición, ¡adelante!, la escribiré en la medida de lo posible, porque tampoco me quiero desviar demasiado de lo que ya tengo planeado.

Sin más que decir, y antes de comenzar a aburrirlos, las dejo con la historia.

CONQUISTAS

Noches.

Venus Minako se revolvió inquieta en su lugar. La próxima vez que Artemis le aconsejara ser previsora, ella se aseguraría de echarle en cara este momento. Algo parecido al aullido de un lobo se escuchó en medio de la oscuridad, y a ella le dieron ganas de llorar. Suspiró nerviosamente, mientras encogía los ojos intentando ver un poco más allá del manto negro de la noche marciana. No podía negar que el paisaje era hermoso El cielo estaba adornado con miles de estrellas y las dos lunas de Marte, una más pequeña que la otra, no dejaban de causarle asombro, sobre todo considerando que Venus no contaba con ningún satélite natural.

Pero la realidad era que hacía un frío del demonio y los pies se les estaban congelando. ¿Quién había hecho los cálculos y ocasionado que ella llegara una hora antes de lo planeado? ¿De quién había sido la idea de mandarla en medio de la noche a buscar a la heredera al Trono marciano? Suya no, y en aquel momento no pudo más que lamentarse de lo que en algunas ocasiones implicaba ser líder de las senshis, encargadas de la seguridad de la Princesa de la Luna.

Suficiente. Estaba cansada de esperar en el exterior de la nave que la había transportado hasta el planeta rojo, en medio del frío, el viento helado, y el conjunto de sonidos que ya le habían puesto los cabellos de punta en varias ocasiones. Llevaba un traje térmico diseñado por mercurianos, pero era más bien experimental y en cuanto regresara a la Luna tendría que comunicarle a Ami que no servía de mucho. Se había colocado una capa (regalo de Makoto) para cubrirse del viento, pero aún así sentía bastante frío. Además tenía hambre.

Artemis le había mencionado que su llegada a Marte debía ser lo más diplomática posible, siendo éste un planeta en donde la guerra era su forma de vida, no se podían permitir malinterpretaciones que pudieran llevar a algún tipo de batalla innecesaria. A ella le había parecido más que suficiente la misiva enviada por el gobierno lunar informando que acudirían por Mars Rei, heredera del planeta rojo, para llevarla a la Luna a cumplir sus obligaciones como senshi. ¿No era eso suficiente? Sería absurdo pensar que iban en son de guerra.

Aun así, Minako había sido enviada sola, sin ningún tipo de escolta ("para acentuar nuestras intenciones pacíficas", había dicho Artemis). Estaba bien, estaba perfecto. Pero seguía haciendo un frío infernal, y ahora Minako dudaba que los marcianos fueran tan pacíficos como el resto de los habitantes de la galaxia, así que, aunque ella no fuera en son de guerra, no podía decir lo mismo de los nativos de Marte.

El crujir de una rama seca y el sonido de algo deslizándose cerca de ella, obligó a Minako a llevar la mano derecha a su cintura, en donde una cadena acomodada a manera de cinturón le serviría como arma. También Artemis le había prohibido transformarse en Venus, a menos que las cosas se salieran de control, así que suponía que cuando algún animal salvaje se le estuviera lanzando a la yugular era la ocasión adecuada, ¿Cierto?

Minako contuvo la respiración e intentó escudriñar en la oscuridad. Apenas distinguía las siluetas de la escasa vegetación consistente en arbustos secos y alguna que otra planta característica de los desiertos marcianos. Las conocía por los jardines botánicos venusinos que albergaban especies de toda la galaxia. Las especies marcianas eran especialmente difíciles de mantener, parecía que cuando eran cuidadas con dedicación tendían a marchitarse y morir, estando a acostumbradas a ambientes extremos. Al menos eso le había dicho Makoto-chan, que pasaba más tiempo del necesario estudiando las plantas.

Un nuevo crujido la hizo girar la cabeza bruscamente hacia la izquierda, y estuvo a punto de dar un grito cuando los ojos de un enorme perro negro brillaron en la oscuridad como los de un espíritu maligno acechándola.

"Quieto…" susurró, tomando el extremo de su cadena con lentitud para no alterar más al animal. "No quiero hacer esto… así que mejor… vete…"

Si bien había evidencia de algunos animales en diferentes planetas que eran capaces de entender hasta cierto punto el lenguaje de las personas, no estaba segura de que este fuera uno de ellos. Sin embargo, no perdía nada con intentarlo. El perro gruñó y se acercó lentamente a ella, mientras le mostraba los afilados y blancos colmillos que resplandecían en la noche como si tuvieran brillo propio. Minako pasó saliva con dificultad, apretando con fuerza su cadena. Ahora no estaba segura de que fuera un perro… tal vez un lobo… aunque nunca había visto uno tan grande, el tamaño era lo de menor importancia. ¿Sería sólo uno o una manada? Casi de inmediato tuvo la respuesta a su pregunta, cuando prácticamente de la nada surgió otro animal, este de color gris.

"Genial…"

A Minako casi se le escapa una risa desesperada. No sería lo suficientemente rápida para entrar a la nave sin avivar la conducta salvaje de los lobos y provocar que se le fueran encima. Tendría que atacarlos, rápido y con precisión si quería sobrevivir. Tensó la cadena y contuvo la respiración, sólo tendría una oportunidad.

De inmediato escuchó un sonido detrás de ella. ¿Otro lobo? Que tonta había sido, ¿era así como terminarían sus días? Algo tiró de ella, tomándola por el cuello y la cintura, ocasionando que se fuera de espalda y cerrara los ojos como reflejo al impacto inminente que vendría al golpear el suelo. Definitivamente le dolió. Su cabeza rebotó en el suelo y soltó la cadena que un momento antes iba a significar su salvación. Ahora si estaba perdida.

Pero entonces nada pasó. Podía sentir un peso encima de ella y algo que le apretaba el cuello, no lo suficientemente fuerte como para asfixiarla, pero sí para inmovilizarla. Abrió los ojos lentamente y se encontró con la mirada amatista de una chica más o menos de su edad. La estaba observando seriamente, pero su expresión le recordó a la del lobo a punto de saltar sobre ella.

"Rei."

Al sonido de la voz, la muchacha apretó los labios y se puso de pie, liberando a Minako, que apenas se estaba recuperando de la conmoción.

"Lamento la brusquedad de nuestra bienvenida."

¿Brusquedad? ¿Bienvenida?, pensó Minako, mientras se ponía de pie y se sacudía la arena de la ropa y del cabello. Entonces pudo observar el panorama. Había un hombre vestido con ropas de piel, pantalón ligero y una especie de peto en cuyo centro lucía una llama de color rojo y que dejaba al descubierto sus brazos. Llevaba una capa del mismo color sujeta al peto con un par de anillos de un material que parecía bronce. El hombre era mucho más alto que ella, fornido, moreno, de cabello negro y mirada decidida.

"¿Princesa de Venus, cierto?"

Minako todavía no recuperaba el habla y tan sólo fue capaz de asentir con la cabeza. El hombre hizo una leve reverencia, suficiente como para mostrar respeto pero no sumisión.

"Permítame presentarme, soy Ares, gobernante de este planeta. La esperábamos hasta la media noche, es por eso que al ver una nave extranjera en nuestros terrenos, temimos una invasión. De ahí nuestra conducta."

Minako dejó escapar una risa. No pasó desapercibido el hecho de que aún habiéndola arrojado al suelo y golpeado, no le ofrecieron una disculpa más formal. El hecho de calificar eso como "una brusca bienvenida" no contaba demasiado como una disculpa.

"Llegué antes de lo previsto, fue un fallo en el protocolo, lo lamento."

Ares asintió con la cabeza, como si estuviera satisfecho con las palabras de Minako. ¡Ahora resultaba que era ella la que tenía que pedir disculpas luego de ser maltratada de esa manera!

"La persona que la derribó de manera tan espectacular es mi hija, Mars Reiko."

A Minako por poco se le escapa un sonido de desdén de la garganta, pero supo contenerse. La razón fue que el tono utilizado por Ares fue orgulloso y hasta engreído. Así que la misma heredera marciana la había derribado. ¿Nadie había notado cómo su cabeza rebotó contra el suelo?

"Pude haber salido seriamente lastimada." observó Minako, haciendo un esfuerzo por no gritarlo.

Cuando dirigió su mirada hacia la otra chica, Mars estaba sonriendo con autosuficiencia. ¡Sonriendo!. De pronto el frío la abandonó y sintió que la sangre poco a poco se le calentaba. Diplomacia, escuchó una voz interior que se parecía mucho a la de Artemis. Así que intentó calmarse y le devolvió la sonrisa a Mars. No supo muy bien que fue lo que la otra chica vio en su rostro, pero se sintió satisfecha, porque de inmediato la sonrisa de Mars se desvaneció y volvió a adoptar el gesto huraño que empezaba a incomodar a Minako.

"En la misiva del gobierno lunar me informan que el traslado debe ser rápido, así que no tenemos tiempo para ceremonias de bienvenida, a pesar de lo mucho que me hubiera gustado demostrarle nuestra hospitalidad."

Minako sonrió, esta vez de manera auténtica.

"Creo que me llevo un buen recuerdo." Le dijo, llevándose una mano a la parte trasera de su cabeza en donde un pequeño y doloroso bulto no le permitiría olvidar el golpe en algún tiempo.

Ares soltó una carcajada. Su voz grave y ronca resonó en el silencio del desierto marciano. ¿Qué estaba mal con esta gente que parecía alegrarse con el dolor ajeno? Todo lo que Mina quería era regresar a la Luna y decirle a Ami que le diera algo para el dolor de cabeza que empezaba a sentir.

"Rei." Dijo Ares.

La seriedad en su tono le indicó a Mina que quizá no se suponía que ella escuchara lo que estaba a punto de decir Ares. La muchacha se acercó a su padre y se colocó frente a él, observándolo directamente a los ojos.

"Demuéstrales de que está hecho nuestro pueblo."

Rei asintió. El intercambio cautivó a Minako. Había tanta decisión en las miradas de ambos que de pronto se le vinieron a la mente todas las leyendas que había escuchado del pueblo marciano. Su valentía, su lealtad, su sentido del honor, su voluntad de acero. A juzgar por lo que podía ver en la actitud de las dos personas frente a ella, era más una realidad que una leyenda.

No hubo palabras de despedida. Ares apenas colocó una mano sobre el hombro de Rei y esbozó una sonrisa que parecía más bien de orgullo que de nostalgia. Y eso fue todo. Rei fue a acariciar a los lobos que se hallaban echados a unos metros de ahí, ahora como mansos corderitos y no como las bestias que Mina había pensado le arrancarían la cabeza en dos segundos.

Rei no llevaba ningún tipo de equipaje, sólo un pequeño bolso de piel amarrado a su cintura con una correa, y del que Mina tuvo curiosidad acerca de su contenido. El otro objeto que llevaba era un arco de madera, colgado de uno de sus hombros.

Ares no espero a que despegara la nave, se despidió con una inclinación de cabeza y un puño cerrado sobre el corazón, para después desaparecer entre la oscuridad, escoltado por los dos animales salvajes.

"Hace tanto frío. ¿Cómo puede soportarlo con tan poca ropa?" preguntó Mina, dirigiéndose a Rei, con la intención de romper un poco el hielo.

"Es primavera." Le respondió la muchacha.

Mina alzó las cejas.

"No hablas en serio." Le dijo Minako

"Siempre hablo en serio."

Mina frunció el ceño. Iba a ser un viaje muy largo si Mars continuaba con esa actitud.

"Durante el día la temperatura es tan alta que una persona como tú no sobreviviría mucho tiempo en el desierto sin agua, pero por la noche la temperatura desciende tanto como ahora. Si tienes frío, deberías estar aquí en invierno."

"No puede ser tan frio como en Mercurio." Replicó Minako.

"No. Pero aquí carecemos de las comodidades mercurianas."

"Eso es obvio…"

Rei fingió no escucharla, caminó hacia la nave y la observó con curiosidad, buscando la manera de abrirla. Minako le ahorró tiempo y abrió con un control pequeño la cubierta de la cabina. Extendió una mano haciendo un gesto para que Rei entrara primero. La muchacha la observó con algo parecido a desconfianza, pero de un movimiento ágil literalmente saltó dentro.

El viaje, como Minako lo había pronosticado, fue en extremo tedioso. Hablar con la heredera de Marte resultaba una tarea tan engorrosa que al cabo de un rato, Venus Minako desistió en sus intentos de entablar una animada charla con ella. Agradeció a todos los dioses que el trayecto estuviera a punto de terminar, cuando inició el descenso en la superficie lunar.

"Puedes descansar durante algunas horas, dormir, comer. Por la tarde nos reuniremos con las demás."

"No estoy cansada, y tampoco tengo hambre." Le respondió Rei, observando a su alrededor el paisaje lunar, su mirada denotaba alerta. Una precaución que Mina consideraba innecesaria.

"Pues yo sí. De hecho en este momento tengo un debate interno acerca de que hacer primero: comer o dormir." Minako sonrió y luego observó a Rei. "¿Qué estás buscando? Nadie va a saltarte encima en este lugar. ¿Toda la gente en Marte es así de desconfiada?"

Rei frunció el ceño.

"No lo sé. ¿A toda la gente en Venus le resulta tan difícil guardar silencio?"

Minako abrió la boca para responder, pero fue interrumpida por una ligera sacudida que le indico que finalmente, habían aterrizado.

"Bien. Llegamos."

Ambas descendieron de la nave, Minako no quiso averiguar exactamente qué hora era, sabiendo que seguramente no le quedarían más de cinco horas de descanso antes de reunirse con el resto de las senshis. Le dolía la cabeza, pero ya había decidido no acudir a Ami para solicitarle un remedio, considerando que con un poco de descanso se sentiría mejor.

"No es una hora adecuada para que un comité nos reciba, pero está todo programado para que hoy a medio día se realice el protocolo de bienvenida…"

Minako caminó alejándose de la nave, y recorrió un largo y angosto pasillo, de paredes blancas y que era apenas de la altura suficiente para que ella pudiera caminar erguida. No podía escuchar los pasos de su acompañante detrás de ella, pero el aura de Rei era tan poderosa que lograba inquietarla de alguna manera. No recordaba que hubiera sido así con las demás, es decir, no de esa manera. La presencia de Ami era siempre serena y convincente, una innegable energía que destilaba la confianza derivada de la sabiduría. Makoto, por el contrario, era chispeante e inquieta, pero tranquilizante a su manera, como cuando se está en medio de una tormenta con la persona adecuada para protegerte. Sin embargo, Rei era como una muralla: fuerte, decidida, e impenetrable. Algo en ella despertaba tanta curiosidad en Minako, que sin proponérselo se encontró dando media vuelta y observando a la heredera del fuego que apenas iba tres pasos detrás de ella.

Era de noche y el pasillo estaba iluminado por algunos cristales mágicos colocados en el techo, que resplandecían con luz amarillenta y tenue, dándole a Rei un aspecto místico que le recordaba esos libros de leyendas de héroes y galaxias lejanas que su padre solía leerle durante su infancia. Minako observó a Rei con una media sonrisa y se encontró con que la otra chica no le respondió el gesto, pero a ella no le importó.

"Es poco probable que alguien te ataque aquí, así que deshazte de ese gesto defensivo." Minako se lo dijo en tono tranquilo. No deseaba incomodarla, al menos, no demasiado.

Rei la observó sin mostrar ninguna emoción en su semblante, salvo una especie de gesto como si estuviera valorando su respuesta.

"Es el gesto que estoy acostumbrada a utilizar, si no es de tu agrado creo que no puedo hacer demasiado para cambiarlo."

Minako puso los ojos en blanco, no era exactamente la respuesta que esperaba, pero tampoco era que le hubiera sorprendido. Se dio media vuelta, bostezando.

"Será mejor que nos demos prisa, cada minuto que pierdo aquí es uno menos de un plácido sueño que debo disfrutar, ¿nunca has escuchado que hay que dormir para mantenerse bella?"

Minako escuchó a Rei soltar una especie de exclamación incrédula, y pudo imaginar su gesto de burla.

"Te acompañaré a lo que será tu habitación de ahora en adelante."

Salieron finalmente del pasillo hacia un jardín rodeado de blancas columnas, lo atravesaron y luego descendieron por unas escaleras hacia un vestíbulo amplio, adornado con estatuas y esculturas de guerreros de aspecto milenario. Para entonces Minako había procurado caminar a la par de Rei, como una acompañante y guía al mismo tiempo. Pese al hermetismo de la marciana, Minako pudo notar la mirada curiosa de Rei posándose en las figuras acomodadas alrededor del salón. Por fin algo que parece capturar su atención, pensó Minako, viendo de reojo a Rei y sonriendo al mismo tiempo.

"Son los ancestros de los habitantes de la Luna. No es que sean un pueblo guerrero, pero para efectos conmemorativos, decidieron construirlos de esa manera."

Rei no respondió, sino que continuó caminando al lado de Minako, dejándose guiar hacia la salida del salón.

Siguieron por una vereda flanqueada por árboles y que parecía conducir a una puerta de madera grande.

"Por fin." Susurró Minako, cuando al cabo de un minuto se hallaron frente a la puerta. "Acércate Rei."

Era la primera vez que la llamaba por su nombre, y Rei (para no variar) la observó con un poco de recelo.

"Para poder entrar en este lugar, tu energía tiene que ser reconocida." Explicó Minako, señalando la puerta.

Rei no se movió, sino que se quedó de pie observando la puerta y luego a Minako de manera alternativa, hasta que la heredera de Venus tuvo suficiente y la tomó de la muñeca, tirando de ella para que se acercara.

"Aquí." Le indicó Minako, tomando la mano de Rei y poniéndola sobre un relieve plateado con forma de estrella que sobresalía de la puerta. "Cierra los ojos."

Rei se removió un poco inquieta en su lugar, mientras observaba la mano de Minako sobre la suya.

"Vamos." La apuró Minako, alzando las cejas. Rei obedeció, aunque el gesto inconforme que puso casi le arranca una carcajada a Mina. Como es que la Princesa de Marte podía ser tan hermética y transparente al mismo tiempo, resultaba un enigma para la otra chica. Uno bastante interesante.

Minako retiró su mano y dejó que Rei se concentrara. Casi de inmediato un resplandor debajo de la mano de Rei apareció, y luego cuatro hilos de luz se deslizaron por la superficie de la puerta, trazando después el contorno de la misma, para finalmente desaparecer. La puerta se abrió.

Minako no pudo evitar sonreír y soltó un gritito de felicidad que le valió una mirada hostil por parte de Rei. A Minako, como era de esperarse, no le importó.

"Ahora todo lo que basta para que puedas entrar a este lugar, es colocarte frente a la puerta y luego poner tu mano justo como lo has hecho ahora. Sólo Makoto, Ami, tú y yo podemos entrar en este lugar. Ah, y la Reina Serenity y Usagi por supuesto."

Rei asintió, comprendiendo.

Caminaron por un corredor que desembocaba en un jardín lleno de vegetación, con una fuente en el centro. Si uno ponía suficiente atención, podía darse cuenta de que la mirada de Rei era de fascinación. Minako imaginaba que se debía a que en Marte no se podían ver tantas especies diferentes de plantas juntas, así que esto resultaba un paisaje totalmente ajeno a lo que ella estaba acostumbrada a ver.

"Ahora puedes darte un baño, dormir, o lo que quieras… te veré aquí dentro de cinco horas. Si sigues por ese pasillo llegarás a la puerta de tu dormitorio." Le dijo, señalando un angosto corredor con forma de arco, a la izquierda.

Rei observó y antes de que pudiera pronunciar palabra, fue interrumpida por Minako.

"¡Por supuesto que te acompañaré! Sería una falta de educación de mi parte dejarte ir sola."

La chica de Venus empujó a Rei por la espalda, que murmuraba un inaudible "No es necesario" mientras se veía conducida a su habitación.

Cruzaron el pasillo, llegando a una puerta de madera que Minako abrió. Casi enseguida el gesto de Rei fue de alivio. El lugar se veía acogedor y amplio, aunque no con demasiados lujos. Había un comedor pequeño, de madera (era caoba, si Minako recordaba bien sus lecciones de tipos de árboles terrícolas), cinco sillas del mismo material, y en un extremo un mullido sofá acomodado junto a un ventanal con vista a nada más y nada menos, que Marte.

"Tu dormitorio está allá." Le dijo Minako a Rei, señalando otra puerta al fondo.

Rei asintió y caminó hacia el lugar señalado. Minako se fue detrás de ella, presa de la curiosidad por conocer el lugar donde dormiría Rei. Desde su punto de vista, consideraba que el lugar estaba poco iluminado, a comparación de su dormitorio, y uno que otro mueble extra como una silla de descanso o un sofá más amplio no hubiera estado mal. La cama era del mismo tamaño que la de ella, así que no tenía ninguna objeción con eso. Había solo una ventana con vista a uno de los jardines lunares, y el baño, aunque un poco más pequeño que el de ella, tenía una amplia tina.

"Bien. Si necesitas algo no dudes en llamarme. No te lo traeré yo pero llamaremos a algún sirviente del Palacio para que nos ayude."

"Ya de por sí tengo demasiados lujos aquí, ¿qué otra cosa podría necesitar?" preguntó Rei.

"¿Bromeas? No quisiera que lo malinterpretaras, pero la tuya es la habitación menos iluminada y con menos muebles que he visto hasta ahora."

Rei alzó las cejas.

"En Marte dormimos en tiendas de campaña la mayor parte del año. No tenemos agua caliente, sofás, mesas o camas. Utilizamos ese tipo de comodidades sólo para ocasiones muy especiales. Así que todo esto resulta fastuoso para mí." Le respondió, observando a su alrededor.

Minako no pudo evitar poner cara de horror.

"No lo puedo creer."

"Créelo. He escuchado que en Venus se permiten demasiadas cosas."

"¿Qué sentido tendría todo si no te puedes permitir de vez en cuando eso que tu llamas comodidades?"

Rei sonrió ligeramente.

"Podríamos discutirlo todo el día, pero tú tienes sueño y yo tengo que darme un baño, ¿cierto?"

"Te veré en la fuente dentro de unas horas, ¡Adiós Mars!"

La rubia salió apresuradamente por donde entró, dejando a Rei en la soledad de su habitación, preguntándose de dónde había sacado Venus Minako la idea de llamarle "Mars" sin siquiera preguntarle si le parecía correcto. Era una manera peculiar de dirigirse a ella, hasta donde recordaba nadie más la llamaba así. Suspiró y dejó su arco apoyado en la pared, luego comenzó a quitarse la ropa. Lo primero que hizo fue revisar el contenido de la pequeña bolsa de cuero que llevaba atada a la cintura: un pequeño dije plateado con la forma de una llama, en cuyo centro tenía un rubí. Su padre le había dicho que había sido de su madre, y siendo el único objeto que conservaba y que había pertenecido a ella, lo guardaba y protegía con recelo. La gente de Marte generalmente no contaba con muchas pertenencias materiales, es por eso que un simple objeto podía significar un lazo importante con su pasado. Eso explicaba que no llevara ningún tipo de equipaje, más que su arco y esa pequeña joya. Una vez que hubo comprobado que todo estaba en orden, se fue directo a la ducha. Quizá podría meditar un par de horas para relajarse, antes de la reunión con el resto de las senshis.