Antes que nada, una disculpa por haberme demorado más de la cuenta en actualizar el fic, pero aunque ya tenía bastante claro lo que quería escribir, al final resultó más complicado de lo que esperaba. ¡Y creo que es el más extenso que he hecho!

Es muy tarde y espero que no tenga demasiados errores, porque estoy escribiendo en modo zombie xD apenas consciente de mis actos :P jaja.

Espero que el capítulo les guste y que me den sus comentarios, como siempre, ya saben que se aceptan críticas constructivas :D

Muchas gracias por seguir la historia, los dejo con el cap.

Batallas.

Rei se acomodó sobre el tronco del árbol en el que estaba sentada con las piernas cruzadas, y respiró profundamente, aspirando el aroma nocturno de la vegetación de la selva, un olor al que todavía no se acostumbraba, pero que no era desagradable. Era la primera noche que pasaba en una selva, montando una guardia que habían designado por dos turnos, y a ella le correspondía el segundo. Makoto había sido la anterior. A Rei todavía le costaba un poco de trabajo identificar los sonidos de la selva, de manera que se encontraba ligeramente nerviosa porque constantemente escuchaba ruidos extraños y desconocidos, pero trataba de recordarse una y otra vez que las posibilidades de un ataque eran todavía mínimas.

El resto de sus compañeras estaban durmiendo a un par de metros de ella, aunque no las podía apreciar con claridad porque habían apagado la fogata y la oscuridad era prácticamente total. Era una suerte que el cielo fuera tan claro en Venus porque las estrellas eran la única fuente de luz natural en ese planeta. Artemis y Luna no las habían acompañado, porque necesitaban permanecer en el Palacio en caso de alguna emergencia y también porque argumentaron que todas ellas tenían que acostumbrarse a no depender siempre de las decisiones de ambos.

Rei escuchó un sonido parecido al que hacía un animal cuando caminaba sobre la maleza, y dirigió la mirada hacia el lugar donde creyó que provenía, pero no pudo observar nada… sin embargo aquello le dio un mal presentimiento, porque si hubiera tenido que determinar el tamaño del animal por la magnitud del ruido, tendría que llegar a la conclusión de que sería uno muy grande. Con cuidado tomó una flecha de su aljaba, sin apartar la vista del mismo sitio oscuro, y entonces algo definitivamente llamó su atención: un bulto oscuro se movió rápidamente de un árbol a otro y Rei no tuvo la más mínima duda de que se trataba de una persona. Se puso de pie como si hubiera sido impulsada por un resorte y disparó la flecha tan rápido como le fue posible, pero ésta terminó incrustada en el tronco de un árbol y perdiendo el objetivo. Rei lanzó una maldición y corrió sin saber exactamente a dónde dirigirse, siguiendo únicamente su instinto porque había perdido de vista a su objetivo.

"¡Intruso!" gritó, alertando a las demás, y lo repitió una segunda vez porque sus compañeras se despertaron confundidas y adormiladas sin saber muy bien lo que estaba sucediendo.

Rei se detuvo cuando se dio cuenta de que corría a ciegas y generó una esfera de fuego sobre la palma de su mano para observar a su alrededor… y entonces lo volvió a ver, un hombre corrió nuevamente entre los árboles y el follaje, saltando todos los obstáculos que encontraba en el camino y alejándose de ella.

"¡Lo vi!" le dijo Haruka, que de alguna manera ya se encontraba a su lado y corrió con una rapidez que Rei tuvo que admirarle, mientras ella se fue detrás de ella.

Rei tomó otra flecha y justo antes de dispararla, Makoto salió desde algún lugar entre los arbustos y derribó al hombre de manera efectiva, tomándolo por la cintura. Rei, al igual que Haruka, aminoraron el paso cuando se dieron cuenta de que lo habían atrapado, y la heredera de Marte bajó el arco, pero entonces casi no tuvo tiempo de pensar cuando el hombre extrajo una especie de daga y se dispuso a atacar a la heredera de Júpiter, que definitivamente no podría hacer mucho para defenderse en la posición en la que estaba. Por una milésima de segundo Rei supo que su flecha no sería lo suficientemente rápida para detener el ataque, pero aún así levantó el arco y respiró con un alivio inmenso cuando Minako se le adelantó y sostuvo la muñeca del hombre con su cadena, apretándola hasta lograr que el hombre dejara caer el arma.

"¡Mako-chan!" gritó Ami, que corrió hacia ella y se detuvo a un metro sin saber exactamente qué hacer. "¿Estás bien?" preguntó, observándola con angustia.

Makoto asintió, pero no soltó al hombre a quien tenía totalmente inmovilizado debajo de ella, a pesar de que forcejeaba constantemente.

"No vas a ir a ningún lado, así que no desperdicies tu energía." Le dijo Haruka al desconocido, que pareció entender la situación en la que se encontraba y dejó de moverse para intentar liberarse, fue entonces cuando Makoto se puso de pie, y el intruso, haciendo gala de su poca inteligencia en aquel momento, intentó escapar nuevamente, algo que Haruka impidió tomándolo de ambos brazos y doblándoselos en un ángulo anormal, consiguiendo que se encorvara gritando de dolor. Rei no hubiera querido estar en el lugar del pobre hombre.

Para entonces todas, incluyendo a Usagi, se encontraban alrededor de él.

"¿Quién eres? ¿Qué hacías espiándonos?" le preguntó Minako.

El hombre la observó y luego cerró los ojos con fuerza, cayendo de rodillas frente a ella e inclinando la cabeza.

"Princesa… por favor, suplico su perdón."

"Además del hecho de que estuvieras espiándonos y de que intentaras asesinar a la Princesa de Júpiter… ¿qué más es lo que tengo que perdonarte?" le preguntó Minako, ladeando ligeramente la cabeza para intentar observar su rostro.

"Trabajo en el Palacio… ayudo en trabajos de mantenimiento y limpieza… una persona me ofreció un cofre repleto de diamantes si le proporcionaba información útil acerca de dónde se encontraban… ¡lo siento!"

"¿Qué persona?" le preguntó la rubia.

"No lo sé, era una mujer, nunca lo había visto, no me dijo su nombre… ¡por favor! Tengo esposa, tres hijos pequeños… que mi castigo no sea severo, se lo suplico."

Rei observó a Minako con atención, que parecía más preocupada por la situación en general que por el estado del hombre tembloroso y suplicante a sus pies. No sabía mucho de las sanciones para ese tipo de delitos en Venus, pero en Marte seguramente lo hubieran condenado a muerte.

Minako ató las manos del hombre con un fragmento de su propia cadena que se "regeneró" enseguida, recuperando su extensión habitual.

"Tendré que ponerme en contacto con gente en el Palacio, para que envíen a alguien por ti… tendrás que ir ante un tribunal, y ellos decidirán tu castigo…" le dijo finalmente, y aquello pareció no tranquilizarlo demasiado, porque se puso a sollozar con amargura.

"¿Van a matarlo?" preguntó Rei con curiosidad, y Minako abrió los ojos en señal de sorpresa.

"No, claro que no…" respondió.

"Pero lo que hizo es traición… e intento de asesinato, ¿qué hubiera pasado si la daga hubiera herido a Makoto?"

"Rei, En Venus no hay pena de muerte." aclaró Minako, y Rei prefirió no entrar en detalles.

"Seguramente no entendía las implicaciones de lo que estaba a punto de hacer, y creo que decía la verdad cuando dijo que no conocía a la mujer que le había ofrecido las joyas." Dijo Michiru, observando a las demás, mientras Minako asentía.

"El enemigo sabe que no estamos en la Luna y ahora nos está buscando en los demás planetas…" intervino Ami, que no se había separado de Makoto desde que ésta había estado a punto de ser atacada. "Lo que me preocupa es no saber si saben específicamente que estamos en Venus o sólo están utilizando una estrategia de prueba y error en todos los planetas."

"No estuvimos más de dos días en el Palacio, es poco probable que toda la gente que trabaja ahí nos hubiera visto y reconocido." Observó Makoto.

"No. Saben que estamos en Venus." Les dijo Michiru. "Si ese hombre nos siguió fue porque sabía quiénes éramos, así que seguramente la persona que le ofreció una recompensa ahora sabe que estamos aquí, sólo quería nuestra ubicación específica."

Se hizo un silencio incómodo y finalmente Minako habló.

"Tenemos que cambiar de ubicación el campamento, internarnos más en la selva… y debemos empezar ahora."

Rei suspiró. Habían caminado durante horas enteras, descansando periódicamente, y ahora resultaba que tenían que seguir caminando. No es que se sintiera agotada, simplemente se sentía un poco incómoda en ese ambiente con tanta vegetación y humedad, y conforme se internaban más en la selva había lugares en donde incluso tenían que caminar prácticamente "sumergidas" en arbustos, plantas y vegetación.

"¿Cómo van a encontrarnos las personas que vengan por él?" preguntó Usagi, señalando a su prisionero.

"Ami tiene un truco, ¿no es así?" dijo Minako, observando a la chica de Mercurio, que asintió sonriendo tímidamente.

"Artemis me entregó un localizador, él tiene el otro… sólo necesitamos activarlo y sabrán cómo encontrarnos. Me indicó que lo usara en un caso estrictamente necesario, y creo que la situación lo amerita."

Todas regresaron en caravana al campamento y comenzaron a recoger las tiendas y las pocas pertenencias que cada una llevaba consigo, de manera que cuando las primeras luces del amanecer comenzaron a iluminar el ambiente, ellas habían terminado de empacar.

"No me gusta esto." Murmuró Minako.

Rei observó a la rubia, que tenía el ceño ligeramente fruncido mientras acomodaba su ropa en un saco de cuero de tamaño mediano que luego se colgó en la espalda.

"Bueno… tu elegiste ser senshi." Le dijo Rei, haciendo lo propio con sus pertenecias.

"No me refiero a eso." Aclaró Minako. "Me refiero al hecho de ir de un lado a otro como si fuéramos nosotras quienes estamos haciendo daño, ¿por qué tenemos que huir y escondernos en lugar de enfrentar a quien quiera que sea nuestro enemigo?"

"Porque no sabemos quién es nuestro enemigo, atacar ahora nos conduciría al desastre." Le dijo Rei. "Mi padre suele decir que para ganar una batalla tienes que conocer a tu enemigo incluso mejor que a tus aliados." Concluyó Rei, cerrando su bolso y acomodándolo en su espalda junto con su arco.

"Tal vez tienes razón… ni siquiera sabemos en donde pueden estar, o quien los dirige."

Rei asintió, observando que Haruka se aproximaba a ellas.

"Hey, Mina, tu eres la experta aquí, ¿hacia dónde nos dirigimos ahora?" le preguntó la heredera de Urano.

"Al sur." Respondió Minako. "Es una región montañosa de difícil acceso, la vegetación ahí es muy espesa y hay algunos ríos que bajan de las montañas en donde será fácil conseguir agua si la necesitamos."

"Lo que daría por sumergirme en uno de esos ríos." Les dijo Haruka. "Este calor infernal está acabando conmigo."

"Tendrás que acostumbrarte." Le dijo Rei.

"Es fácil para ti porque Marte es un enorme desierto con arena por aquí y por allá y un calor tan insoportable como el de Venus."

"Es diferente." Respondió Rei. "No hay tanta humedad y por las noches hace tanto frío que una persona que no esté acostumbrada se congelaría, son temperaturas extremas… aquí en Venus todo el tiempo, incluso por la noche, está haciendo calor, casi no hay viento y el bochorno es incesante."

"Pueden discutir el clima después, vamos." Las interrumpió Minako, caminando entre las dos con dirección al sur.

Haruka se encogió de hombros y se fue caminando detrás de Minako, mientras Rei las siguió.


No estaba del todo agotada, pero de alguna manera comenzaba a resentir el cansancio después de tres o quizá cuatro horas de camino.

"Minako, si me dices que tenemos que seguir caminando un minuto más, ¡renuncio!" le dijo Haruka, que caminaba al lado de Michiru con alguna dificultad.

"Falta poco." Respondió Minako, secándose el sudor de la frente y pasando por encima de una roca sin proporcionar más detalles.

"Eso dijiste hace dos horas." Murmuró Haruka, que a pesar de todo, continuó caminando, subió a la misma roca que Minako y se resbaló estrepitosamente al descender. Michiru la ayudó a ponerse de pie.

Rei apresuró un poco el paso para alcanzar a Minako. La muchacha rubia llevaba el cabello recogido en una coleta, aunque varios mechones se adherían a su piel a causa del calor y la humedad.

"¿No crees que sería bueno detenernos un momento para descansar?" le preguntó Rei.

"Tenemos que aprovechar las primeras horas de la mañana, antes de que el calor aumente." Le respondió Minako, sin observarla.

"No hemos probado bocado, Ami y Haruka ya no tienen agua y si seguimos a este ritmo alguien puede lastimarse. Y Usagi y el prisionero están a punto de colapsar." Comentó Rei, que estaba segura de que Ami y Haruka eran las más afectadas por el calor, después de todo una veía de un lugar gélido y la otra de un terreno de planicies en donde la mayor parte del año había mucho viento. Ni que decir de Usagi que seguramente en su vida había caminado tanto como ahora. "¿Y bien?"

Minako observó a Rei y suspiró, suavizando sus facciones, entonces se detuvo súbitamente y se dio media vuelta para observar a sus compañeras.

"Vamos a descansar unos minutos." Les dijo Minako, y después de esas palabras Usagi se desplomó enseguida, masajeándose los pies.

El resto de las viajeras buscaron el mejor lugar para sentarse, o en el caso de Haruka, tenderse sobre la maleza sin importarle el hecho de que pudieran existir insectos o animales que la pudieran atacar. Rei se acomodó en una roca cercana y observó a Minako con una sonrisa.

"Veré si encuentro algún arroyo para conseguir un poco de agua." Les dijo la rubia, dejando el resto de sus pertenencias en el piso y tomando sólo las cantimploras que estaban vacías.

Rei la observó alejarse y luego volteó la mirada hacia su izquierda, donde Usagi se acercaba a ella con el rostro enrojecido por el calor.

"Gracias Rei-chan, ¡estaba a punto de desmayarme!" le dijo, y ella sólo se limitó a sonreírle. "No te ves muy cansada, igual que Mako-chan, ¿cómo lo haces?"

"No es que haga algo… supongo que sólo estoy acostumbrada, en Marte solemos recorrer grandes distancias en busca de agua, por ejemplo."

"Sabes Rei-chan, me gustaría conocer tu planeta, creo que puede ser un lugar muy interesante."

Rei no pudo evitar esbozar una sonrisa, e ignorar el hecho de que le llamara Rei-chan, después de todo empezaba a acostumbrarse.

"No sé si sería interesante para una persona como tú."

"Hmm… ¿sabes una cosa? Estaba pensando que si tuviera que elegir un lugar para vivir el resto de mi vida, no sería la Luna, Marte, o Venus… sería la Tierra."

"¿Porque Endymion vive ahí?" le preguntó Rei, alzando las cejas, y el rostro de Usagi, ya de por sí enrojecido, se tornó de un color carmesí intenso.

"¡No es sólo por eso!, es un lugar hermoso… hay desiertos, selvas, bosques, todo lo que puedes encontrar en los demás planetas está reunido sólo ahí. Y en primavera los árboles florecen con tantos colores diferentes que ni siquiera puedes encontrar palabras para describirlo, aunque mis favoritos son los árboles de flores de cerezo, tienes que verlo alguna vez."

"¿Y se puede saber cómo es que tú has visto todo eso? ¿Has estado en la Tierra alguna vez?"

"Eh… los árboles de cerezo tienen unas flores de un color rosado que-"

"Usagi…" le dijo Rei, en tono de advertencia.

"Bueno, sí, un par de veces… ¡Por favor no se lo digas a nadie!"

"¡Has estado en la Tierra tú sola! ¿Te das cuenta de lo peligroso que es eso?"

"¡Rei-chan! Por favor no lo digas tan alto, van a escucharte. Además Endymion está ahí para protegerme. Lo extraño… ahora está tan lejos…"

Rei se llevó una mano a la frente sabiendo que sería inútil reprimirla en ese momento.

"En verdad espero que esa obsesión tuya con Endymion no nos traiga problemas en el futuro." Le dijo Rei.

"¿Obsesión? No seas cruel Rei-chan, es amor. ¿Vas a decirme que en Marte no dejaste a alguien especial?"

"A nadie." Respondió simplemente.

"No te creo." Refutó Usagi.

"¡Es verdad!" protestó Rei, y el resto de sus compañeras levantaron la mirada para observar lo que causaba su sobresalto, por lo que Rei bajó el tono de voz. "No tendría por qué mentir."

"Hmm… pues me parece algo difícil de creer." Insistió Usagi, llevándose el dedo pulgar a los labios con aire pensativo. "¿Hablas en serio Rei? ¿En verdad nunca te has visto en esa situación de no poder dejar de pensar en alguien más, o de mirar a esa persona y olvidarte de todo lo demás, de que te sonría y no puedas apartar los ojos de esa sonrisa?"

Rei observó a Usagi con asombro, dispuesta a negarlo todo y sin embargo confundida porque sólo podía pensar en una persona que se ajustara a esa descripción, y la revelación la tomó por sorpresa. Rei negó un par de veces con la cabeza y bajo la mirada, tratando de controlar los latidos de su corazón.

"Hay un arroyo en dirección recta, no lejos de aquí."

Rei levantó la cabeza rápidamente, observando que Minako había regresado con las cantimploras llenas de agua, y sonreía relajadamente mientras se acercaba a ella y Usagi. Aquello fue suficiente para que su intento de controlar su corazón fracasara, y Rei no vio otra salida más que ponerse de pie abruptamente y alejarse de la rubia entre tropezones y titubeos.

La heredera de Marte sólo tuvo que caminar un par de minutos para llegar al arroyo que Minako había mencionado, arrodillándose enseguida en la orilla del río y tomando un poco de agua entre sus manos para mojarse el rostro y la nuca en un par de ocasiones. Se mantuvo hincada con las manos sobre las rodillas, observando el agua cristalina correr entre las pequeñas rocas depositadas en el fondo.

"No puede ser…" murmuró la chica de cabello oscuro, respirando profundamente, notando apenas que sus pulsaciones recuperaban un ritmo normal.

Rei cerró los ojos y se recriminó el hecho de que se hallara en esa situación. Tenía que estar confundida, ¿cierto? Ella no podía estar sintiendo todas esas cosas que Usagi había mencionado, y mucho menos por Minako. Era una reverenda tontería pensar siquiera que alguien como ella fuera capaz de enamorarse de alguien como la heredera de Venus. Y no es que fuera presuntuosa o engreída… simplemente estaba asustada.

"Es una locura." Murmuró Rei, levantando la cabeza y observando el cielo azul parcialmente oculto por las copas de los árboles.

"¿Todo bien Rei?"

Rei bajó la cabeza para observar a Haruka que acababa de llegar, mientras se ponía en cuclillas a su lado y llenaba una de las cantimploras con el agua del arroyo. Rei asintió y se puso de pie, dispuesta a retirarse en ese instante.

"¿Qué cosa es una locura, Princesita?" le preguntó Haruka casualmente, mientras se lavaba las manos en el arroyo y mojaba su rostro para refrescarse un poco.

"Nada importante." Respondió ella, sin la menor intención de compartir lo que le estaba angustiando. Después de todo, ¿Haruka cómo iba a entenderlo?

"Así que no vas a decirme nada. Eso es malo porque soy una persona muy curiosa. Sabes, a veces me recuerdas un poco a mí, cuando era un poco más joven." Le dijo Haruka, poniéndose de pie y sacudiendo el exceso de agua de sus manos.

"¿Por qué?" preguntó Rei, sin poder evitarlo.

"Aunque suelo ser mucho más sociable que tú, eso no significa que comparta mis sentimientos con todo el mundo." Respondió la otra chica, secándose las manos en la ropa que llevaba puesta, y continuó "Generalmente andaba por ahí intentando resolver mis problemas sola, porque pedirle ayuda a alguien más significaba que yo no era lo suficientemente fuerte, capaz o inteligente para hacerlo."

Rei se quedó en silencio y se sintió incómoda cuando Haruka la observó fijamente más tiempo del necesario, aunque si tenía que ser sincera consigo misma, eso que le había dicho Haruka era precisamente lo que ella pensaba.

"¿Y sabes que me ocurría a veces?" le preguntó la heredera de Urano, a lo que Rei negó con la cabeza. "Pues que en algunas ocasiones ni siquiera era capaz de entender lo que estaba sintiendo. Ya sabes… crees que tienes todas las respuestas y de repente ¡bam! Te topas con una situación que no entiendes o que no puedes manejar, y eres incapaz de pedir ayuda."

Haruka emprendió el camino de regreso y Rei se fue detrás de ella.

"Afortunadamente después conocí a Michiru, y aprendí que confiar en alguien de esa manera no tenía por qué ser algo malo."

"¿Cómo?" le preguntó Rei.

"¿Cómo qué?" devolvió Haruka, volteando para observarla.

"¿Cómo aprendiste a confiar en ella? ¿Cómo aprendiste a aceptar que la necesitabas?"

Haruka la observó como lo hubiera hecho un miembro del consejo de los ancianos de su planeta a un niño de cinco años. Rei pensó que quizá había preguntado demasiado.

"Eso es muy complicado Rei. Supongo que… sólo tienes que aprender a conquistar tus miedos. Pero todos tememos a cosas diferentes, ¿no es así?"

Rei asintió, observando el piso. Estaba metida en un gran lío, así que decidió arriesgarse para poder desenredar un poco la maraña de sentimientos que estaba experimentando.

"Haruka… la verdad es que nunca he formado grandes lazos de amistad con nadie…" le dijo, y la muchacha de Urano aminoró un poco el paso hasta detenerse para escucharla con atención. "Cuando mi madre murió… de alguna manera, aunque era apenas una niña… decidí no hacerlo… porque si querer a alguien significaba sufrir de esa manera cuando se fueran… no quería eso… no quería volver a experimentarlo."

"Vaya Rei… dime una cosa, hubieras preferido, por ejemplo, ¿no conocer a tu madre?"

Rei abrió un poco los ojos en señal de sorpresa, y negó con la cabeza. En realidad una idea así nunca había pasado por su mente.

"Pues ahí tienes tu respuesta, supongo que la situación de tu madre debió haber sido muy dolorosa, y que quizá no tengas muchos recuerdos de ella… pero me atrevería a decir que estar a su lado aunque hubiera sido poco tiempo, valió la pena aunque después hubieras tenido que soportar el dolor de perderla. Así que deja de alimentar tus fantasías de tragedia, respira profundo, y lánzate al vacío por tu Princesita de Venus."

"¡Ella no es-!, ¿D-de qué estás hablando?, ¡M-Minako no t-tiene nada que ver en esto!" tartamudeó Rei, pero pudo sentir que el rostro se le incendió tanto como una de esas flechas que lanzaba con fuego.

"Sabes Rei, eres misteriosa y parece que ocultas muchas cosas, pero en algunas ocasiones es tan fácil sacarte de balance que también eres un libro abierto. Si aún estás en el proceso de negación no hay mucho que pueda hacer al respecto, pero todo es tan obvio que hasta las rocas ya lo deben de haber notado."

Rei frunció el ceño y se cruzó de brazos sin decir nada. ¿A quién estaba tratando de engañar? Haruka tenía razón… pero claro que no se lo iba a decir. La muchacha de Urano le sonrió, como si supiera lo que estaba pensando, y Rei suspiró de manera discreta, alejándose de ella.

"Si no se lo dices tú, ¡se lo diré yo!" le gritó Haruka.

"Ni siquiera lo pienses, o te atravieso con una flecha." Le respondió Rei, con el tono más frío que pudo conseguir.

Rei sólo escuchó reír a la heredera de Urano, y finalmente regresó con el resto de sus compañeras. Usagi estaba durmiendo plácidamente bajo la sombra de un árbol, mientras Minako observaba distraídamente la piedra preciosa que Artemis les había entregado y que funcionaba como una especie de comunicador. Makoto recolectaba flores y le explicaba algo a Ami, que tomaba notas diligentemente en una libreta pequeña mientras asentía y sonreía ocasionalmente, guardando algunas muestras en pequeñas bolsas. Michiru, por otro lado, se había sentado junto a Usagi y mantenía los ojos cerrados mientras una sonrisa relajada adornaba su rostro.

Cuando Minako levantó la mirada y observó que Rei había regresado, sonrió y se puso de pie.

"Minako, tengo algo muy importante que decirte." le dijo Haruka a la rubia, y Rei volteó a observar a Haruka de manera tan repentina que le dolió un poco el cuello.

"¿Qué cosa?" le preguntó Minako, observándola con curiosidad.

Rei apretó la mandíbula y consideró lanzarse encima de Haruka para detener cualquier locura que la otra chica estuviera planeando, sin embargo, Usagi saltando desde donde se encontraba durmiendo hasta ella, se lo impidió.

"¡Rei-chan una serpiente!"

La rubia Princesa se colgó del cuello de Rei con tanta fuerza, que ella tuvo que esforzarse para mantener el equilibrio. Efectivamente, una serpiente de un llamativo color verde se deslizaba entre las plantas cerca de donde Usagi había estado durmiendo hasta hace un par de segundos.

"No es venenosa." Les dijo Minako despreocupadamente.

Usagi aún lloriqueaba aferrada al cuello de Rei, que se limitaba a querer liberarse de ella lo más rápido posible. Al menos parecía que Haruka había olvidado aquello tan "importante" que quería decirle a Minako.

De repente, Rei sintió sacudirse el suelo debajo de ella. Fue un movimiento casi imperceptible que hubiera pasado desapercibido de no ser porque Makoto levantó la mirada y observó a su alrededor, y luego a Rei, como si supiera exactamente lo que estaba pensando.

"¿Sintieron eso?" preguntó Makoto, y todas la observaron un poco confundidas, con excepción de Rei.

"¿Qué cosa?" preguntó Michiru, que se hallaba sentada exactamente en el mismo lugar desde hacía varios minutos.

"Sí." Intervino Rei. "El suelo se sacudió, un poco…"

Minako frunció el ceño y observó a su alrededor, y luego al cielo, como si buscara una respuesta.

"Yo no noté nada." Les dijo, encogiéndose de hombros.

"Creo que valdría la pena investigar." Le dijo Ami. "¿Hay alguna montaña cerca? ¿Algún volcán?"

Minako negó con la cabeza.

"Sólo montañas, ningún volcán."

"Entonces no sé que pudo haber sido…" respondió Ami, y Minako se llevó un par de dedos a los labios, con aire pensativo, después, empezó a observar los árboles que se encontraban a su alrededor como si estuviera tomando una decisión.

Se acercó a uno y tocó el tronco, y luego, para sorpresa de Rei y del resto de las presentes, empezó a trepar con bastante rapidez.

"¿Qué estás-? ¡Minako!" exclamó Rei, liberándose de Usagi y acercándose al árbol, esperando que se detuviera.

"Si logro llegar a la copa del árbol podré ver a varios kilómetros a la redonda, quizá haya algo que valga la pena ver, o es posible que identifique lo que causó esa sacudida en la tierra."

"Estás loca…" murmuró Rei, observando como Minako ya había logrado ascender unos cinco metros en tan sólo unos segundos, y rogando internamente para que no colocara un pie o una mano en el lugar equivocado, ocasionando con eso una caída.

Durante algunos minutos observaron a Minako ascender, hasta que casi no podían distinguir su figura entre el follaje del árbol.

"Bueno… esta chica está llena de sorpresas." Dijo Haruka, observando un punto indeterminado en donde se suponía estaba Minako. "Un resbalón y definitivamente no quisiera estar en su lugar…"

Rei observó a Haruka con seriedad, deseando que guardara silencio, porque ya estaba lo suficientemente nerviosa. Al cabo de uno o dos minutos más, pudieron observar a Minako descender del árbol, y con ello a Rei se le quitaba un pequeño peso de encima con cada centímetro que la rubia se hallaba más cerca del suelo.

"¿Viste algo?" le preguntó Michiru, y Minako saltó del árbol al suelo, de manera repentina, tambaleándose ligeramente.

"Tenemos que regresar." Les dijo Minako, y unas a otras se observaron con desconcierto.

Incluso su prisionero la observó con confusión.

"¿Cómo que regresar?" preguntó Makoto, mientras Minako levantaba sus pertenencias y se preparaba para, aparentemente, emprender el viaje de vuelta al Palacio.

"Hay una enorme columna de humo que puede provenir de la ciudad o del Palacio."

"¿Qué? ¿Estás segura Minako?" le preguntó Rei.

"¡Por supuesto!" exclamó la chica. "¡Conozco este lugar!"

"Minako," le dijo Haruka. "Caminamos durante no sé cuantas horas, y después seguimos caminando durante horas hasta llegar a este lugar, no llegaremos de inmediato así que deberías calmarte."

"Sí lo que sintieron Rei y Makoto fue producto de lo que está pasando en la ciudad o el Palacio, tiene que ser algo terrible." Respondió Minako, observando a Haruka.

"¿Te das cuenta de que puede ser una trampa?" le preguntó Michiru, que se encontraba detrás de ella, y Minako se dio media vuelta para observarla con algo parecido a la furia.

"¡Mis padres están allá!" le gritó sin contenerse un poco, pero sorprendentemente Michiru ni siquiera parpadeó.

"Llevar a Usagi y al Cristal Plateado a ese lugar es justo lo que están esperando, no podemos arriesgarla."

Rei observó a Minako mantener un debate interno, sin saber que hacer durante varios segundos.

"Está bien… regresaré yo, el resto puede permanecer aquí y-"

"¡No!" exclamó Rei, casi como un acto reflejo. "Ni siquiera sabes lo que vas a encontrar allá, no puedes ir sola. Te acompañaré."

"Entonces también iré yo."

"¡Haruka!" exclamó Michiru, observando a la muchacha de cabello corto que de pronto se había ofrecido como voluntaria.

"De acuerdo, ¡silencio!" les dijo Minako, levantando las manos, intentando poner un poco de orden. "Sólo dos pueden acompañarme, no podemos dejar a Usagi sola… Rei, Haruka, agradezco que se hayan ofrecido… si hay algún problema grave podemos utilizar los comunicadores que nos dio Artemis, ¿entendido?"

Todas asintieron, mientras Minako, Rei y Haruka se alistaron para regresar.

"Tardarán mucho tiempo en llegar a menos que…" les dijo Ami, que observó a Minako como si le estuviera dando una sugerencia.

"Lo sé." Dijo Minako, acomodándose una de las cantimploras con agua sobre el hombro. "Si utilizamos un poco del poder que tenemos como senshis, podemos resistir horas enteras caminando sin detenernos. Quizá logremos llegar en menos de diez horas si mantenemos un ritmo más o menos veloz."

"Pero eso tiene un riesgo, pueden agotarse innecesariamente." Le dijo Michiru, observando a Haruka con preocupación.

"Supongo que lo tendremos que correr si queremos llegar lo más rápido posible, antes de que causen más destrozos." Comentó Rei, acomodándose el arco en la espalda y observando a Minako.

"Vamos."

Minako dio un par de pasos alejándose de sus compañeras, y cuando Haruka se disponía a irse detrás de ella, Michiru la detuvo y le dio un suave beso en los labios, que consiguió una sonrisa de la otra chica y miradas entre curiosas y sorprendidas del resto, excepto de Rei, a quien definitivamente ya no sorprendió ese intercambio. Sin hacer ningún otro comentario, las tres chicas emprendieron el camino de regreso al Palacio.


Minako sabía que estaban cerca del Palacio. De alguna manera podía identificar los terrenos cercanos al lugar que durante años había sido su hogar.

"Parece que hay incendios cercanos…" murmuró Haruka, y Minako asintió pero no pronunció palabra alguna.

La realidad era que no quería especular demasiado acerca de lo que podía estar sucediendo en la ciudad, o en el Palacio. Suficientes catástrofes había estado ideando durante todo el tiempo que había durado su recorrido, y ahora solo quería encontrarse ahí para asegurarse de lo que estaba sucediendo. Había perdido un poco la noción del tiempo pero suponía que era cerca de media noche.

Minako dirigió la mirada a su derecha, donde se encontraba Rei, caminando junto a ella y con la mirada fija al frente.

"¿Pasa algo?" le preguntó Minako a Rei.

"Creo que hay más de un youma cerca." Le respondió Rei, y Minako observó a su alrededor como si esperara encontrarlos.

"Estamos cerca, sólo quiero que estén atentas conforme avancemos."

Haruka y Rei asintieron, y continuaron caminando durante algunos minutos hasta que Minako tuvo que detenerse porque Rei la sostuvo del brazo de manera súbita.

"Están muy cerca. De hecho, parece que nos encontraron. Todo está en silencio de repente." Le dijo Rei, con un gesto que parecía indicar que estaba lista para recibir un ataque en cualquier momento. La chica tenía razón, un extraño silencio se había apoderado del ambiente, como si los animales hubieran desaparecido o callado de manera sorpresiva.

Minako y Haruka observaron a Rei con un poco de aprehensión.

"¿Puedes saber cuántos son?" le preguntó Haruka, y Rei negó con la cabeza.

"Sólo sé que nos están rodeando."

Haruka suspiró y tomó la daga que tenía acomodada en la cintura.

"Entonces esto está a punto de ponerse interesante." Murmuró, observando alrededor.

De inmediato Minako hizo aparecer la cadena que le serviría como arma. No quería usar la espada que la reina Serenity le había entregado, no cuando había entrenado tan poco y ahora estaba en una situación que iba a requerir más que un simple esfuerzo. Necesitaba sentirse segura de lo que estaba haciendo, y aunque notaba cierto cansancio se dijo que sería capaz de enfrentar lo que fuera necesario para asegurarse de que sus padres, Artemis y Luna, se encontraban a salvo. Casi no tuvo tiempo de pensar cuando el sonido de la flecha de Rei viajando por el aire interrumpió el silencio inusual de la selva, y finalmente terminó incrustándose en el cuerpo de un youma, justo en el centro del pecho. Minako apenas alcanzó a percatarse de que esos demonios no eran nada parecidos al que habían enfrentado en la Luna, sino simplemente una especie de sombras con forma humanoide, sin un rostro definido, largos brazos con garras descomunales y piernas que parecían simplemente no tocar el suelo, sin embargo parecían moverse con una rapidez inusual. Uno se le fue encima sin la menor advertencia y ella se hizo a un lado, atándolo con su cadena y logrando, con un poco de presión, desbaratarlo en una especie de polvareda que lo dejó reducido a cenizas. No hubo tregua para regocijarse con su pequeño triunfo, porque de inmediato otro youma se le fue encima y logró hacerle un pequeño rasguño en la frente, cosa que molestó a Minako y repitió la táctica anterior para deshacerse de él de igual manera. Cuando el tercero la atacó, Minako se dio cuenta de la gravedad del asunto, ¿cuántos eran? Quizá decenas, o más, pero de un momento a otro la heredera de Venus todo lo que podía hacer era mover, girar y lanzar la cadena de un lado a otro, intentando protegerse de sus enemigos, y aunque hubiera querido asegurarse de que Rei y Haruka estaban a salvo, le resultaba casi imposible apartar la vista de sus atacantes, sin que eso significara perder valiosos segundos que le podían costar la vida.

De manera repentina, Haruka cayó a sus pies y ella fue capaz de tenderle una mano para ayudarla a levantarse, sin apartar la mirada del frente.

"Parecen venir de todos lados." Jadeó la muchacha de Urano, tomando un respiro, pero al mismo tiempo preparándose para lo que se le venía encima: un grupo de unos seis youmas.

Afortunadamente una bola de fuego acabó con los seis en un parpadeo, y Haruka le agradeció con la mirada a Rei, que se hallaba frente a ella.

Minako sentía que las piernas le temblaban de manera incontrolable, pero se obligó a permanecer de pie, mientras arrojaba su cadena para terminar con una pareja de youmas que estaba dispuesta a atacarla. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la cantidad de demonios se había reducido considerablemente, enfrente de ella había solo dos, Haruka luchaba con uno más y Rei estaba terminando con otro justo en ese momento. De un momento a otro, quedaron solamente ellas tres en medio de la oscuridad. Minako dio un paso al frente, pero las piernas se le doblaron y terminó cayendo de rodillas sobre el piso.

"¿Estás bien?" le preguntó Haruka, ayudándola a ponerse de pie.

"Sí…" respondió la rubia, no queriendo decir que en realidad estaba más agotada de lo que en un principio hubiera creído. "Sólo… es que… ¿eso fue muy intenso no?" les preguntó, sonriendo de la manera más honesta que pudo, topándose con la mirada preocupada de Rei. "Será mejor darnos prisa. Este es el plan: en este tipo de situaciones los guardias del Palacio deben estar más que alertas, pero al verme seguramente nos reconocerán y nos darán acceso sin problemas, cuando estemos en el Palacio buscaremos de inmediato a Artemis, Luna, y mis padres. Si algo pasara en el proceso, el campo de entrenamiento será el punto de reunión ¿de acuerdo?"

Haruka y Rei asintieron, y continuaron caminando hacia el Palacio. Era obvio que se encontraban cerca, pues la vegetación ya no era tan espesa en ese punto de la selva. Pronto se encontraron de frente a una de las entradas del Palacio, pero lo que vio Minako no le agradó en absoluto. La enorme puerta de madera de más de cinco metros de altura estaba completamente destrozada, y alrededor no se veía ningún guardia. El humo y el olor a quemado provocado por los incendios, era casi intolerable.

"Supongo que eso modifica el plan por completo…" murmuró Haruka, y el trío se acercó con cautela.

"Sólo… busquemos a mis padres, a Artemis… deben estar en algún lugar." Les dijo Minako, no muy convencida de sus propias palabras.

Avanzaron en silencio a través de la puerta, y lo que encontraron dentro sólo contribuyó a que Minako perdiera la poca esperanza de que la situación no fuera tan grave. Había señales claras de batalla, con destrozos por todos lados e incluso pudo observar los cuerpos de algunos guardias tendidos en el piso.

"¿Dónde crees que puedan estar?" le preguntó Haruka, observando el panorama e intentando ignorar el caos ante el que se encontraban.

Minako lo pensó por algunos segundos pero no supo que responder. Ver el lugar que durante años había sido su hogar en esas condiciones la dejaba con la mente en blanco.

"Minako…" Rei se acercó a ella con cautela, como si no quisiera hacerlo, pero finalmente le dijo lo que no quería escuchar. "No creo que… no creo que hayan dejado a alguien con vida en este lugar."

"Quizá escaparon, podrían estar en la selva." Le respondió ella, pero su voz le sonó ajena y la frase sin sentido.

"Si lograron ingresar al Palacio… Minako, eso no es buena señal, ¿cómo es posible que hayan burlado toda la seguridad?"

"¡Quizá están en la ciudad!" exclamó Minako, pero pronto supo que todo eso era absurdo y que Rei tenía razón. El Palacio era el último lugar que hubiera tenido que ser atacado, y el hecho de que estuviera desierto y destrozado era más que una mala señal…

"Quizá podamos dividirnos para saber si… si hay sobrevivientes…" les dijo Haruka, y Rei observó a Minako, buscando su aprobación.

"De acuerdo." Les dijo. "Yo me encargaré del ala norte y oeste, son las más extensas y las que conozco mejor. Rei irá al sur, y Haruka al ala este. Háganlo lo más rápido posible, nos veremos aquí en cuanto hayan terminado. Si hay algún problema tenemos los comunicadores."

Haruka y Rei asintieron y salieron corriendo hacia los lugares que Minako había designado, y ella, tal como lo había dicho, caminó hacia el ala norte del Palacio, encontrándose en el camino con un escenario horrible. Los cuerpos de varios guardias estaban tendidos en el piso y en más de una ocasión tuvo que pasar por encima de ellos. El corazón le latía tan fuerte que apenas si era capaz de escuchar sus propias suplicas intentando convencerse de que sus padres estarían sanos y salvos.

"¡Minako!"

La voz de Artemis la sobresaltó tanto que soltó un grito de sorpresa al momento de escucharlo, pero al mismo tiempo corrió hacía él, sintiendo un alivio indescriptible.

"¡Artemis! ¿Estás bien? ¿En dónde está Luna? ¿Mis padres?"

"Están a salvo… tu padre fue herido pero no es algo grave, estábamos a punto de dirigirnos a la Luna para que recibiera atención. Pero ustedes… lo hemos estado discutiendo, y aunque lo más rápido sería que se dirigieran en este momento a la Tierra, me temo que esa no es una opción."

"¿A qué te refieres?"

"Beryl."

Minako frunció el ceño ligeramente, sin entender.

"Beryl es quien causó estos destrozos, junto con sus youmas claro está…"

"¿Quién es Beryl?" preguntó Minako, sin entender demasiado.

"Una habitante de la Tierra, al parecer bastante cercana a Endymion… aún estoy tratando de entender sus razones, pero me temo que puede haber más de una como para que quiera causar tanto daño a Usagi, y a ustedes. Además de querer apoderarse del Cristal Plateado, claro."

"Artemis, descubrimos que un hombre nos estaba espiando para informar de nuestro paradero, seguramente a Beryl… lo tenemos prisionero, pero dadas las circunstancias no podemos ir a la Tierra… porque básicamente ahora ellos son nuestros enemigos"

Artemis asintió con aire derrotado, y continuó hablando.

"Tenemos que irnos ahora. Tenemos dos naves listas-"

En ese instante Minako tuvo que interrumpir a Artemis: un grupo de youmas se acercaba a ellos, dispuestos a atacarlos. Minako no tuvo mucho tiempo para reaccionar, así que todo lo que pudo hacer fue correr junto con Artemis para ocultarse parcialmente detrás de una de las columnas, y elaborar un plan para salir de esa situación, pero cuando la rubia levantó la mirada, se dio cuenta de que era demasiado tarde. Uno de los youmas la atacó, ella se defendió pero con poco éxito, escuchó un grito de Artemis y luego una voz que parecía ser la de su padre, quien había aparecido repentinamente. Ella había terminado tendida en el suelo, e intentó ponerse de pie, pero hasta ese momento fue consciente de lo agotada que se encontraba, porque en otro tipo de circunstancias lo hubiera hecho sin mayor esfuerzo. Quizá era el hecho de que al caer se había golpeado la cabeza, o que de alguna manera el youma había logrado herirla en una pierna. Como pudo se arrastró para protegerse detrás de otra de las columnas que se hallaban cerca, y enseguida maldijo su mala suerte porque otro demonio se aproximaba a ella con tal velocidad, que ella tomó desesperadamente su cadena para defenderse, y no hubiera logrado evadir el ataque de no haber sido porque milagrosamente su padre se interpuso entre su atacante y ella, consiguiendo contener, con algo de dificultad, el embate del youma. Iba armado con una especie de sable y Minako se dio cuenta de que tenía una herida en el hombro izquierdo.

"¡Ve al salón principal!" le dijo su padre, que en ese momento luchaba con el youma, intentando ganar un poco de tiempo.

"No voy a dejarte solo…" le dijo Minako, tomando la cadena y disponiéndose a atacar.

"Por una vez en tu vida, ¡obedece! Yo me hago cargo."

Pero Minako no obedeció. Se acercaban más youmas y sabía que era prácticamente imposible que una sola persona los derrotara a todos. Artemis estaba ocupado defendiéndose de otro demonio, y Minako no podía pensar en abandonarlos sólo para ponerse a salvo. En ese momento, y para su alivio, Rei y Haruka entraron corriendo, reaccionando de inmediato y acabando con la existencia de cuanto youma se atravesaba en su camino. Minako no podía creer que tuviera tan buena suerte… si seguían así, pronto acabarían con todos.

"Un placer conocerte, debes ser Minako."

La voz desconocida y fría de una mujer a menos de diez pasos de distancia de ella, la hizo voltear para saber de quién se trataba. Sin duda era mayor que ella, alta, de piel blanca y cabello negro y ondulado. Minako dejó de preocuparse por los youmas porque de pronto su intuición le dijo que la mujer frente a ella era mucho más peligrosa.

"¿Beryl?" preguntó, aunque no tenía duda de que era ella.

La mujer le sonrió gélidamente y se abalanzó contra ella sin decir una palabra. Ella pudo reaccionar y desenfundar la espada que llevaba para defenderse, no para atacarla sino simplemente para evitar ser alcanzada por lo que parecía ser una especie de daga que había salido de la nada. Después se arrepentiría de no haberle propinado el golpe final.

"¿Hija de Afrodita?" le preguntó Beryl en un murmullo que logró sonar como amenaza, y Minako rogaba a todos los dioses y fuerzas superiores que existieran que sus brazos no cedieran ante la fuerza que Beryl parecía tener en ese momento. Con la pierna que no tenía lastimada, logró lanzarle una patada y quitársela de encima. Minako ignoró el dolor y el cansancio que estaba sintiendo y se puso de pie tan rápidamente como pudo, dando un par de pasos para alejarse de ella, jadeando por el esfuerzo.

"Cuando era joven, casi una adolescente, me cansé de escuchar las historias de los gobernantes, los reyes y las reinas de los distantes planetas, vecinos de la Tierra." Le dijo Beryl, y Minako supo que se estaba preparando para atacarla nuevamente. La rubia observó de manera fugaz a su alrededor. Todos estaban ocupados librando alguna batalla con uno o más youmas, de manera que no podían ayudarla en ese momento. "¿Sabes que era lo que más me molestaba?" le preguntó, y Minako sólo se limitó a observarla fijamente y apretar con fuerza la empuñadura de la espada. "Lo maravillosas, perfectas e inalcanzables que parecían ser todas ustedes… las Princesas, protectoras de la Galaxia." Aquellas últimas palabras las pronunció con tanto desprecio que Minako no pudo evitar sentir cierto escalofrío. "Todo el mundo hablaba de ustedes, aún cuando seguramente eran apenas unas niñas, incluso Endymion… ¿por qué yo no podía ni siquiera intentar compararme con ustedes? ¿por qué Endymion ni siquiera me prestaba una fracción de atención de la que le dedica a Usagi? Así que me propuse complicarles un poco la existencia… pero las cosas se salieron un poco de control cuando la madre de la chica de Marte fue asesinada." La heredera de Venus dio un paso hacia atrás de manera inconsciente, ¿qué tenía que ver Beryl con la muerte de la madre de Rei? "Quizá tendría que aceptar que me excedí un poco, pero es tarde para eso, ¿no es así?".

Nuevamente, Beryl la atacó, y esta vez Minako supo que no podría hacer mucho. Se lanzó en su dirección con tanta fuerza y velocidad que ella sólo rogó para que sus disminuidos reflejos a causa del agotamiento, fueran suficientes para desviar la trayectoria del arma de Beryl, pero entonces vio pasar frente a ella una flecha de fuego, y supo sin temor a equivocarse, que Rei había intervenido. La flecha no dio en el blanco, pero fue suficiente para distraer un segundo a Beryl, ocasionando que ella no pudiera percatarse de que la muchacha de Marte le saltó encima con más agilidad que inteligencia.

"¡Rei no!" gritó Minako, cuando se dio cuenta de que ese movimiento era peligroso para la chica de cabello oscuro.

En efecto, Beryl tuvo tiempo de reaccionar y hacer un movimiento con la mano que sostenía la daga y herir a Rei en el hombro, un corte lo suficientemente grande como para que la chica se doblara de dolor y cayera a los pies de su atacante, inconsciente. Beryl sonrió y se dispuso a asestar el golpe definitivo, Minako lanzó su cadena intentando detenerla, pero su padre fue más rápido y estaba más cerca, de manera que se lanzó apresuradamente para desviar la daga, pero desgraciadamente resbaló en el intento, lo que tuvo como consecuencia que no alcanzara a sujetar la mano de Beryl firmemente, y entonces, la daga terminó hundiéndose en su estómago. Minako gritó y Beryl observó a Adonis con frustración, quizá maldiciendo el hecho de que alguien se hubiera interpuesto en su camino, pero en ningún momento mostró arrepentimiento. La chica rubia corrió, en un intento desesperado de por lo menos atrapar a Beryl con sus propias manos, pero en un segundo, la mujer desapareció en medio de un torbellino de polvo y sombras. La heredera de Venus hubiera querido gritar, pero todo lo que pudo hacer fue acercarse a su padre y a Rei, sin la más mínima idea de qué hacer. Rei estaba inconsciente, pero sangraba demasiado, y su padre quizá sangraba más y parecía esforzarse por mantenerse despierto.

"Tranquilo papá, vas a estar bien… los dos, Rei y tú… no se preocupen…"

Minako extendió una mano para examinar la herida de su padre, y por un momento estuvo a punto de cometer el error de extraer la daga.

"No." Haruka, que se hallaba a su lado en ese momento, sostuvo su mano. "Si la extraes vas a empeorar la hemorragia."

Artemis llegó en ese momento, arrodillándose a un lado de Rei, verificando su pulso, observando su herida.

"¿Cómo está?" preguntó Minako.

"No es normal que sangre tanto… la herida no es profunda pero-"

"Está envenenada."

Minako observó a su padre, con horror, y el apretó los ojos y los dientes, soportando el dolor.

"No tiene caso… Artemis… llévense a Rei, quizá… hay tiempo para ella…"

Adonis observó a Minako y le sonrió tanto como le fue posible. Ella simplemente no quería creerlo, ¿cómo era posible que las cosas se salieran de control de esa manera? Su padre no podía estar tan mal si le estaba sonriendo… simplemente no podía.

"Necesitamos llevarte con un médico, la enfermería-"

"Minako, escúchame." Su padre sujetó su mano y ella negó con la cabeza. No quería escucharlo. "No hay nadie en la enfermería, cuando atacaron el Palacio ordenamos que la gente se pusiera a salvo, ¿entiendes?"

Minako cerró los ojos y negó con la cabeza. Por supuesto que no entendía.

"Tu padre tiene razón, vayan ahora a la nave junto con Rei, estoy seguro de que Ami podrá atenderla mientras lleguen a Marte-"

"¡No vamos a ir a ningún lado hasta que atiendan a mi padre!"

Quizá Artemis nunca la había escuchado gritar de esa manera, porque se quedó inmóvil mientras la observaba.

"Mina…" la voz de su padre sonaba cansada, débil y distante. "Escúchame… deben irse ahora… Rei puede tener poco tiempo… todo va a estar bien aquí…"

"Rei es fuerte… y tú eres un mentiroso, nada va a estar bien."

Minako acarició el rostro de su padre y fracasó en su intento de contener las lágrimas.

"Lamento no haber sido un mejor padre, pero debo tener mucha suerte porque tengo una gran hija…"

Minako lo abrazó con fuerza, durante algunos segundos. Esto no podía estar sucediendo.

"Vete ahora…" le dijo su padre, empujándola con más decisión que fuerza, y ella se apartó poco a poco, percatándose que la mano de su padre perdía fuerza a cada segundo, hasta que finalmente el hombre cerró los ojos. Unos ojos azules que Minako entendió que no volvería a ver brillar. Se quedó con la mirada fija en el cuerpo inerte de su padre, hasta que Haruka la sacó del trance.

"Vamos Mina… Rei necesita atención."

Minako observó a Rei, que se hallaba tendida a poca distancia de su padre, con los ojos cerrados y la herida en el hombro abierta... pero estaba respirando… sabía que se recuperaría, tenía que hacerlo o ella jamás se perdonaría por haberla conducido hasta ese lugar. Haruka dijo algo acerca de que ella la cargaría, Artemis sujetó a Minako de los hombros y la puso de pie casi a la fuerza, hablando acerca del viaje a Marte y algunas otras indicaciones a las que ella no prestó atención, y luego la heredera de Venus pudo notar preocupación en la mirada de Artemis, pero la realidad era que no le importaba lo que su tutor estuviera pensando en ese momento. Su padre no podía estar muerto, sencillamente no terminaba de entenderlo, ¿cómo podía ser posible si hace apenas unos segundos estaba hablando con él?

"Mina, escúchame." Le dijo Artemis, y Minako levantó la mirada. "Por favor, tienes que ser fuerte, deben ir a Marte, estoy seguro de que Ami podrá hacer algo por Rei en el trayecto… pero no te puedo asegurar que va a sobrevivir. Tienen que darse prisa, no sabemos si Beryl puede regresar y si atacara ahora sería un muy mal momento."

Ella se quedó en silencio. La situación entera parecía una pesadilla, su padre, Rei…

"¿No crees que esta estrategia de estar huyendo del enemigo es un fracaso?"

"Mina…"

"¡Mi padre está muerto! Y Rei… Rei…" Minako dirigió la mirada hacia Rei. Haruka estaba atando la herida de Rei con un trozo de su propia vestimenta, para detener la hemorragia. "Si algo le sucede…"

"Minako…" le dijo Haruka. "Rei necesita atención urgente, de Ami o de quien sea."

La muchacha rubia asintió y sin pensarlo demasiado hizo un gesto para que Haruka la siguiera. La muchacha de Urano levantó a Rei, y en el proceso la rubia pudo observar que una pequeña bolsa de cuero que al parecer la heredera de Marte llevaba atada a la cintura, cayó al suelo, así que se apresuró a recogerla. Dirigió una mirada al cuerpo de su padre y se despidió en silencio de él. Se limpió las lágrimas de manera inútil, porque simplemente no dejaban de caer. No quería pensar en su madre y en la manera en la que reaccionaría cuando se enterara de la muerte de su esposo, o en la posibilidad de que Rei no sobreviviera. Hubiera querido despertar de ese mal sueño, o quizá dormir hasta olvidarlo todo, cualquier otra cosa que no fuera enfrentarse con la realidad. Intentó bloquear su mente por un instante, sabiendo que no era lo mejor pero importándole poco. Si no lo hacía dudaba que fuera capaz incluso de caminar, de mantenerse en pie.

Haruka y ella caminaron lo más rápido que pudieron rumbo al lugar en donde se encontraba la nave que había mencionado Artemis.

"Haruka, por favor lleva a Rei, buscaré a las demás."

La otra muchacha asintió y Minako corrió tan rápido como su pierna lastimada se lo permitió, descubriendo que si se concentraba lo suficiente en el dolor físico, podía olvidar un poco todo lo demás.

"¡Minako!"

La muchacha se detuvo bruscamente, manteniendo apenas el equilibrio, observando a su izquierda en donde Michiru se encontraba oculta detrás del grueso tronco de un árbol.

"¿Todo está bien?" le preguntó la heredera de Neptuno.

"Se los explicaré después, pero ahora partimos con rumbo a Marte. Rei está herida y necesita atención, ¿en dónde está Ami? ¿Y por qué estás aquí, acaso nos siguieron?"

"Sí, creímos que si algo grave estaba sucediendo lo mejor sería que tuvieran nuestro apoyo… decidí acercarme un poco para asegurarme de que no estaban en problemas. Aún tenemos al prisionero…"

"Eso no importa ahora." Le dijo Minako, y Michiru la observó un poco confundida.

Minako se quedó un segundo observando a Michiru, y luego le pidió que fuera por el resto de las chicas y las condujera a la nave que las transportaría a Marte. Ella regresó corriendo y abordó la nave, que era la misma que las había transportado de la Luna a Venus. Encontró a Rei recostada, inconsciente y pálida en una de las camas de las habitaciones que tenía la nave, mientras Haruka revisaba la herida con un gesto que parecía indicar lo grave de la situación. Minako se acercó y se arrodilló a un lado, tomando la mano de Rei, que estaba ligeramente fría.

"Vamos Rei." Le dijo. "Por favor…"

Decidió que intentaría hacer uso de su energía y tratar de sanarla… aunque sabía que no tendría mucho caso. Se sentía agotada después de caminar durante tantas horas para llegar al Palacio, después de la batalla, sin mencionar la herida en su pierna y lo de su padre… pero no podía dejar de intentarlo. Cerró los ojos y los apretó con fuerza, concentrándose tanto como pudo para, al menos, ayudar un poco. Pasaron varios segundos durante los cuales ella no supo si estaba haciendo alguna diferencia, o ayudando en algo, pero cuando abrió los ojos pudo notar que Rei parecía recobrar parcialmente el conocimiento. El sólo hecho de observarla entreabrir los ojos la llenó de alegría.

"Rei, ¿me escuchas?"

Rei ladeó ligeramente la cabeza y pareció observarla, pero no dijo nada.

"No te preocupes, vas a estar bien… sólo… ¿esto tiene que ser un rasguño para ti verdad? No me hagas pensar que una herida tan pequeña puede acabar contigo, sé que no es así…"

"Mina… ¿qué pasó?"

Minako soltó la mano de Rei y se puso de pie para observar que el resto de sus compañeras se encontraban en la habitación.

"Nos atacaron, las cosas se complicaron… por favor Ami, tienes que hacer algo para ayudar a Rei, la daga con la que la hirieron estaba envenenada."

"Denme unos minutos ¿de acuerdo? Necesito que esperen afuera."

Minako la observó con aprehensión y quizá se hubiera negado a la petición de Ami, si Makoto no la hubiera tomado de un brazo para conducirla al exterior de la habitación, y ella estaba lo suficientemente débil como para no oponer resistencia. Cuando se encontraron todas afuera, la rubia recargó su peso contra una de las paredes y cerró los ojos momentáneamente. Estaba absolutamente exhausta, quizá se había excedido intentando sanar a Rei y se había forzado demasiado, pero no podía rendirse hasta que Ami no le informara del estado en el que se encontraba Rei.

"¿En dónde están Artemis, Luna y tus padres Mina-chan?"

Ella abrió los ojos, y observó a Usagi con pesar. Por alguna razón aquella pregunta consiguió derrumbarla. Apenas si podía mantenerse en pie, así que se deslizó hasta el suelo y se sentó, deseando no tener que responder.

"Beryl nos atacó… es la responsable de todos estos ataques… viene de la Tierra, y por razones que todavía no entiendo quiere acabar con nosotras… mató a mi padre."

Más de una soltó una exclamación de sorpresa y espanto, pero a Minako no le importó.

"Mina… lo lamento. En verdad."

La rubia levantó la cabeza y observó a Michiru, que se había puesto en cuclillas frente a ella y la observaba realmente afligida. Ella esbozó una sonrisa amarga y volvió a bajar la mirada. No tenía intención de iniciar una conversación. En ese momento Ami salió de la habitación y Minako se puso de pie rápidamente, perdiendo ligeramente el equilibrio y sosteniéndose de Michiru, más por instinto que por buenos reflejos.

"¿Está bien?" preguntó Minako, y para su desgracia, la muchacha de cabello azul negó con la cabeza.

"No… no tengo muchos recursos aquí para hacer algo por ella, pero… si tenemos un poco de suerte, quizá…"

"¿¡Suerte!?" exclamó Minako. "¡Estamos hablando de la vida de Rei!"

"Solo quise decir que-"

"¡Tienes que hacer algo!" le gritó Minako. "¡No voy a dejar que la dejes morir!"

"¡Minako! ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?" le preguntó Makoto, que se veía realmente disgustada. "Si estás pensando que Ami no está haciendo todo lo que está en su poder para salvar a Rei, me decepcionas."

Minako bajó la mirada y luego se acercó a Ami, suplicante.

"Ami… lo siento… por favor… tienes que ayudarla, por favor…"

La chica de Mercurio asintió, y Minako se alejó de ella, entrando nuevamente en la habitación sin decir una palabra. Dejó sobre una mesa pequeña la espada y la bolsa de cuero que se le había caído a Rei, se sentó sobre el piso, a un costado de la cama sobre la que se encontraba la chica de Marte, y volvió a tomarla de la mano. Ahora podía llorar y tratar de soportar el dolor de haber perdido a su padre, de estar a punto de perder a Rei, de ver su hogar destrozado, de tener que dejar a su madre en medio de ese caos y de no entender por qué de repente las cosas se habían salido de control de una manera tan desastrosa. Lo único de lo que estaba segura era de que no se separaría de Rei hasta que la muchacha volviera a abrir los ojos y la observara con esa media sonrisa que aparentemente no le regalaba a nadie que no fuera ella, o al menos eso era lo que quería pensar.

Cerró los ojos y rompió en llanto, pero algún tiempo después, no supo exactamente cuánto, el cansancio la venció y cayó en un profundo, sombrío y poco placentero sueño, aferrándose a la mano de Rei como si fuera una especie de ancla que la mantenía aferrada a la realidad, por dolorosa que esta fuera.