¡Fiu!

Aquí está el nuevo capítulo, agradezco su paciencia, últimamente había estado ocupada y bla bla bla… en fin, sé que me entienden.

¡Espero que les guste! La última parte fue excepcionalmente difícil de escribir, demos paso a la cursilería xD


Sentimientos.

Makoto se acomodó sobre la silla y colocó los codos sobre la mesa en la que trabajaba Ami, observándola atentamente.

"Estás poniéndome nerviosa." Le dijo Ami, observándola fugazmente y regresando enseguida su atención a los múltiples recipientes que tenía frente a ella.

"Lo siento… pero allá afuera hay demasiada tensión, así que prefiero estar aquí." Le respondió Makoto.

Ami suspiró, pero Makoto sabía que era verdad. Michiru y Haruka se habían encargado de averiguar cómo conducir la nave y ahora eran oficialmente las encargadas de llevarlas a Marte, mientras que Usagi no había dejado de caminar de un lugar a otro, con aire nervioso. A pesar de todo, nadie había dicho una sola palabra desde que Minako había entrado a la habitación en donde se encontraba Rei, y el silencio incomodaba a Makoto. La realidad era que todas estaban todavía en estado de shock después de lo sucedido, y habían tenido que salir de Venus de manera más que apresurada, dejando al prisionero en manos de Artemis y nada más. Ni siquiera hubo tiempo de recolectar las pocas pertenencias que habían quedado después del ataque al Palacio.

"¿Crees que eso funcione?" preguntó Makoto a Ami, observando que la chica mezclaba cuidadosamente algunas de las muestras de las plantas que habían recolectado en la selva de Venus, y que ahora eran los únicos recursos con los que contaba Ami para preparar algún remedio para Rei.

"La verdad es que… no puedo asegurarlo." Respondió Ami, colocando las palmas de las manos extendidas sobre la mesa. "Estoy tratando de recordar todo lo que mis padres me enseñaron acerca de plantas medicinales, pero la realidad es que no puedo preparar el antídoto para lo que está envenenando a Rei, por lo tanto todo lo que puedo hacer es tratar de contrarrestar un poco los síntomas, o retardar los efectos, y espero que esto ayude. Tan pronto como lleguemos a Marte, estoy segura de que contaré con más recursos para sanar a Rei…"

Makoto tuvo que resistir el impulso de decirle a Ami que llegar a Marte era cuestión de muchas horas, y que nada aseguraba que Rei pudiera soportar todo ese tiempo. No se lo dijo porque sabía que Ami estaba consciente de eso, y no quería añadir más presión a la situación. Ami no necesitaba sentirse agobiada, no más de lo que ya lo estaba.

"Iré a buscar a Minako, tenía una herida en la pierna…"

Ami asintió y luego observó a Makoto.

"¿Crees que vamos a poder separarla de Rei en este momento?" le preguntó la muchacha de Mercurio, y Makoto alzó las cejas ligeramente, encogiéndose de hombros.

"Podemos obligarla… yo puedo hacerlo, lo que menos necesitamos en este momento es que Minako también caiga en un estado delicado, y aunque su herida no es grave, requiere al menos un poco de atención."

"De acuerdo… encárgate de eso, iré a conseguir algunas cosas para atenderla, me parece que Artemis me mencionó algo acerca de que contaban con los elementos básicos en esta nave para atender heridas no muy graves… deben estar en algún lugar."

"Es una suerte tenerte aquí Ami." Le dijo Makoto, sonriendo ligeramente, algo que ocasionó que la otra chica se sonrojara de manera notable.

"No sé por qué lo dices." Respondió Ami, regresando su atención a los recipientes sobre la mesa y evitando por todos los medios posibles levantar la mirada.

"¿No lo sabes?" preguntó Makoto, cruzándose de brazos. "En verdad no creo que alguien fuera capaz de al menos tener una vaga idea de cómo tratar a Rei… yo al menos estaría completamente perdida."

"Realmente no estoy haciendo gran cosa…" murmuró Ami, examinando una hoja con atención y frunciendo el ceño ligeramente. "Mako-chan, no sé si sea capaz de-"

"No lo digas, ¿de acuerdo?" la interrumpió Makoto. "Sé que estás haciendo todo lo que puedes con lo que tienes ahora, incluso más, así que no tienes que sentirte culpable. Ya te lo dije, cualquier otra persona en tu lugar estaría más que desesperada, o ni siquiera lo intentaría."

Ami la observó y sonrió de manera casi imperceptible, y entonces Makoto se sintió satisfecha al haberla tranquilizado un poco. Después se dirigió hacia la habitación en donde se encontraban Rei y Minako, topándose en el camino con una Usagi ansiosa que inusualmente no se encontraba durmiendo en ese momento. Una Usagi inquieta y preocupada era algo extraño de ver, independientemente de la situación por la que estaban atravesando, Makoto tenía la sensación de que algo más estaba pasando por la mente de la Princesa de la Luna, así que decidió preguntarle.

"¿Pasa algo Usagi? Es decir… además de todo este desastre en el que estamos involucradas." Le dijo Makoto, observándola de la manera más tranquilizadora que pudo.

Usagi dejó escapar un suspiro y bajó la mirada, apretándose los dedos con nerviosismo.

"Mako-chan… ¿Crees que Endymion se encuentre a salvo? Después de lo que pasó con Beryl… no he podido dejar de pensar que quizá intente hacerle daño…"

Makoto la observó con seriedad, porque la realidad era que no se le había ocurrido pensar en Endymion y su seguridad en ese momento.

"Usagi… después de todo este tiempo no creo que Beryl intente hacerle daño, si lo piensas con cuidado, Endymion ha estado al alcance de Beryl siempre, así que no creo que tengas de que preocuparte… aunque sería una buena idea hablar con él de la situación, en cuanto lleguemos a Marte seguramente lo podremos contactar de alguna manera."

Aunque no se veía del todo convencida, Usagi asintió con la cabeza y luego dirigió la mirada hacia la puerta de la habitación a donde se dirigía Makoto.

"Crees que Rei…"

"Sí." Respondió Makoto sin dudarlo. "Escucha, no quiero pensar en cosas negativas ahora, ¿de acuerdo?"

Makoto no estaba tratando de evadir la situación, sino sólo de tomar cartas en el asunto e intentar no pensar en las consecuencias que todo eso podría desencadenar. Usagi sonrió, aunque de manera un tanto triste, y luego se sentó en un lugar cercano y suspiró, observando la oscuridad insondable del universo.

"Yo tampoco quiero pensar en cosas negativas." Le dijo. "Es sólo que me pregunto cómo es que hace algunas semanas todas llevábamos una vida normal y ahora… todo lo que está sucediendo."

Makoto suspiró, y se sentó junto a Usagi, luego se inclinó y apoyó los codos sobre sus rodillas, sosteniendo su rostro entre sus manos y pensando en lo que diría.

"Todo saldrá bien, estoy segura… pero eso no significa que no tengamos que pasar por este tipo de situaciones. Lo que le pasó a Rei y lo del padre de Minako… son cosas que tenemos que superar. Rei va a estar bien, ¿de acuerdo? Es fuerte… y confío en Ami."

Usagi sonrió de manera más auténtica, y Makoto no pudo más que devolverle el gesto. Luego se puso de pie y se dirigió a la habitación en donde se encontraba Minako.

Abrió la puerta con lentitud sin saber exactamente lo que encontraría. Minako estaba despierta y levantó la mirada para observarla. Tenía un semblante más que preocupado y los ojos enrojecidos a causa de las lágrimas, y cuando ella entró la observó con tanta intensidad que Makoto estuvo a punto de dar media vuelta y salir, pero se obligó a no hacerlo.

"Ami va a traer algo para tu herida."

Minako bajó la mirada y observó a Rei.

"Yo estoy bien… ¿qué hay de Rei?"

"Ami está por traer algo…"

Minako se puso de pie y para Makoto no pasó desapercibido el gesto de dolor que esbozó al incorporarse.

"¿No crees que deberías descansar un poco?" le preguntó Makoto, aunque ya sabía la respuesta que obtendría.

"No… de cualquier manera… no podría descansar."

Minako caminó alrededor de la cama de Rei y se sentó en una silla que se encontraba en un costado, encogiendo el rostro por el dolor cuando flexionó la pierna.

"Minako… lamento lo de tu padre… de verdad."

La muchacha de cabello rubio levantó la mirada y Makoto sintió verdadera pena por ella. Nunca la había visto tan triste y derrotada, apenas si podía imaginarse lo que estaba sintiendo, y ahora definitivamente se encontraba falta de palabras para consolarla. Afortunadamente, en ese momento Ami entró a la habitación con dos recipientes pequeños y observó de manera expectante a Minako.

"Este es para ti." Le dijo a la rubia, extendiéndole uno de los recipientes con un líquido de aspecto turbio y color verdoso, que Minako observó con desagrado.

"¿Se supone que lo tengo que beber?" preguntó Minako, observando el contenido del recipiente con desconfianza.

"Sí." Le dijo Ami. "Te ayudará a reponerte un poco, y claro que tenemos que revisar esa herida." Agregó, señalando la pierna de Minako, que suspiró y luego se bebió el contenido de un sorbo y prácticamente sin respirar. Hizo un gesto de asco cuando el líquido se deslizó por su garganta, pero finalmente lo soportó.

"No es muy grave… seguramente si me quejara Rei estaría riéndose de mí diciendo que es apenas un rasguño... Ami… ¿tienes algo para ella?"

Ami asintió y le mostró el otro recipiente a Minako. Makoto notó que el color era similar, aunque un poco más oscuro.

"Tendrá que beberlo también… así que ayúdenme a despertarla."

Makoto no tenía idea de qué tan difícil sería despertar a Rei, pues no la había visto abrir los ojos desde que estaba ahí, así que se acercó y la sacudió ligeramente del hombro que no tenía lastimado, llamándola por su nombre. Pero Rei no se movió, respiraba con algo de dificultad y al parecer tenía fiebre, pero sus ojos permanecieron cerrados. Minako se aproximó a Rei e hizo lo mismo que Makoto, obteniendo los mismos resultados: Rei continuó con los ojos cerrados.

"Creo que será un poco complicado…" murmuró Makoto, y Minako se cruzó de brazos, analizando la situación.

Finalmente la rubia se inclinó y tomó el rostro de Rei entre sus dos manos, hablando en voz alta.

"Rei… despierta… ¡Rei!... ¡MARS REI!"

Justo cuando Makoto estaba a punto de decirle a Minako que no creía que gritar el nombre de la heredera de Marte fuera la solución, la chica en cuestión entreabrió los ojos y observó a Minako con semblante confundido.

"Ahora Ami." Le dijo Minako, incorporándose y dejando pasar a Ami, que aprovechó el estado de semiinconsciencia de Rei para darle de beber el líquido del recipiente. Quizá la prueba del grave estado en el que se encontraba fue que la chica bebió el contenido del frasco sin chistar. Milagrosamente Rei se mantuvo con los ojos abiertos y la infusión pareció tener cierto efecto positivo en ella, porque observó a su alrededor, posando sus ojos oscuros en Minako y humedeciéndose los labios para hablar, aunque daba la impresión de no tener idea de qué decir. Minako se le adelantó y colocó una mano sobre su frente.

"No te preocupes… vas a estar bien. Sólo tienes que descansar, no te rindas, ¿de acuerdo?"

Rei mantuvo los ojos abiertos, pero Makoto supo que se estaba esforzando para hacerlo.

"¿Estás bien?" preguntó Rei.

El hecho de que Rei le preguntara eso a Minako casi hizo que Makoto pusiera los ojos en blanco. ¿Acaso no se daba cuenta de que la persona mal herida era ella y no la chica venusina? No hubiera podido decir si aquello era nobleza extrema, o simplemente los efectos de la fiebre. Minako observó a Rei de una manera que le hizo pensar a Makoto que la rubia compartía su punto de vista.

"Claro que estoy bien..." le dijo, y Makoto pensó que si ella hubiera estado en su lugar hubiera tenido que contenerse para no decirle a Rei lo tonto que encontraba estarse preocupando por alguien más cuando la persona en peligro era ella.

Rei cerró los ojos por un instante y luego volvió a abrirlos, frunciendo ligeramente el ceño, como si acabara de recordar algo.

"Tu padre..." murmuró, observando a la heredera de Venus con atención.

Minako se mordió el labio inferior y desvió la mirada.

"No sobrevivió..." le dijo en voz baja, sin poder evitar que se le escaparan un par de lágrimas. "Pero eso no importa ahora, tienes que recuperarte..."

Sin duda Minako estaba exagerando al decir que la muerte de su padre no importaba, y aún en el estado en el que Rei se encontraba, la chica pareció entender que no era el momento para discutir con ella, que quizá lo que necesitaba era simplemente que alguien entendiera que cuando tu mundo se viene abajo, sólo quieres escuchar que todo va a estar bien. Rei levantó una mano y secó las lágrimas de Minako.

"No te preocupes... una pequeña herida no va a terminar conmigo, ¿o si?"

Minako fue capaz de sonreír y negó rápidamente con la cabeza. La rubia la abrazó con suavidad, asegurándose de no lastimarla, y Rei cerró los ojos como si haber estado manteniéndose consciente durante ese par de minutos hubiera significado un esfuerzo descomunal. Parecía estar cayendo nuevamente en un sueño profundo, y Minako no la soltó hasta asegurarse de que se hallaba completamente dormida. Rei no se veía tranquila, su respiración era irregular y tenía el rostro ligeramente contraído, como si aún en su sueño estuviera experimentando cierto dolor.

"Lo mejor es que permanezca dormida." les dijo Ami. "Perdió mucha sangre y si en condiciones normales eso es grave, si le añadimos que la daga contenía veneno, eso complica mucho la recuperación... confío en que lo que preparé retardará los efectos del veneno el tiempo suficiente como para que reciba una atención adecuada en Marte. Sólo nos queda esperar."

Las tres chicas se observaron y Minako volvió a sentarse en la silla que se hallaba a un costado de la cama en donde yacía Rei. Makoto quiso decirle que tenía que descansar, que lo más conveniente era que durmiera un par de horas... pero sabía que era en vano.

"Iré por algo para tratar tu herida." comentó Ami, señalando la pierna de Minako, que asintió con indiferencia.

La chica de Mercurio salió de la habitación, y Makoto se fue detrás de ella, observándola con atención cuando se dio cuenta del aire cabizbajo de Ami.

"¿Estás bien?"

La otra chica asintió, pero no cambió el gesto.

"No sabes mentir. ¿Qué sucede?" insistió Makoto.

"Es sólo que... si Rei no se recupera... no me lo voy a perdonar."

Makoto se detuvo y tomó a Ami de la muñeca, obligándola a dar media vuelta.

"Esto no es tu culpa. Si Rei está así es por culpa de Beryl, y de nadie más."

"Pero yo…" titubeó Ami.

"Lo que tú estás haciendo por Rei es mucho más de lo que cualquier persona que yo conozco podría siquiera intentar. Confío en ti, y confío en que Rei no se va a rendir tan fácilmente. Así que no tienes por qué sentirte culpable Ami."

Ami se balanceó, inquieta, en su lugar, pero pareció aceptar las palabras de Makoto.

"Gracias." Le dijo finalmente, y Makoto tuvo el impulso de abrazarla porque Ami siempre despertaba ese tipo de sentimiento en ella, así que no dudó un segundo en hacerlo.

"No siempre puedes controlarlo todo, ¿de acuerdo? Eres la persona más inteligente que conozco, pero eso no significa que tienes todas las respuestas del universo, y tampoco significa que estás obligada a obtener excelentes resultados en todo lo que intentas."

"Pero estamos hablando de la vida de Rei…" respondió Ami, hundiendo el rostro en el hombro de Makoto y aferrándola con fuerza.

"Ella va a estar bien." Le dijo, acariciando suavemente el cabello de Ami.

"¿De dónde sacas tanto optimismo?"

Makoto suspiró y se separó ligeramente de ella.

"¡Alguien tiene que hacerlo!" exclamó, consiguiendo una sonrisa de Ami. "No voy a dejar que todo el mundo se venga abajo, porque evidentemente, Minako en este momento no puede pensar en otra cosa que no sea Rei." Concluyó, separándose finalmente de Ami y observando que la otra chica meditaba sus palabras.

"Realmente creo que Minako… siente algo por Rei… es decir… ya sabes a lo que me refiero, ¿verdad?"

Makoto le sonrió y asintió con la cabeza. Si incluso Ami lo había notado, entonces era un asunto más que indiscutible.

"Lo único que me preocupa es que Rei parece ser una muralla impenetrable. Aunque no voy a negar que nuestra resplandeciente líder tiene un efecto en ella que nadie más conseguiría."

"¿Crees que Rei sienta lo mismo?" preguntó Ami, extrañada, y Makoto se quedó pensativa mientras abrían un pequeño estante de donde Ami extrajo algunos aditamentos médicos.

"Es muy probable…" respondió la chica de cabello castaño, ayudando a Ami a sostener un par de gasas.

"Resulta curioso… son tan diferentes… no estoy segura de que yo podría… ya sabes, fijarme en alguien como Minako. ¡Por supuesto que no quiero decir que alguna vez lo haya considerado!" Le dijo, sonrojándose ligeramente.

Makoto soltó una carcajada, algo que incluso a ella misma le sorprendió, pero la sola idea de imaginar a Minako con Ami… le resultaba hilarante. La muchacha de cabello azul levantó la mirada y observó con el ceño fruncido a Makoto, que se quedó un poco descolocada mientras observaba a Ami.

"Lo siento… es sólo que…" titubeó Makoto.

"Ya sé, crees que nadie se podría fijar en mí-"

"¡Por supuesto que no!" exclamó Makoto, poco menos que escandalizada. "No es eso… sólo… me resultó gracioso imaginar esa situación. Ami, no vuelvas a decir eso… cualquier persona podría fijarse en ti."

Ami observó a Makoto con seriedad, y la heredera de Júpiter le sonrió.

"Yo, por ejemplo." Le dijo Makoto, y se inclinó para darle un rápido y suave beso en los labios.

Ami se sonrojó, abrió mucho los ojos y se quedó como un pez fuera del agua, abriendo y cerrando la boca sin saber qué decir. Makoto tuvo que esforzarse para no reír ante esa imagen, Ami siempre lograba arrancarle una sonrisa con su ingenuidad.

"¿Q- que estás-?"

"Lo siento… quiero decir… no, no lo siento… no me arrepiento."

"Si estás jugando no me parece correcto que-"

"Ami… no sería capaz de burlarme de ti, ¿de acuerdo? Lo siento Ami… no por haberlo hecho, si no sólo porque no quiero asustarte."

La muchacha de cabello azulado se quedó en silencio observándola, y Makoto rogó para que lo que acababa de hacer no se convirtiera en un error que condujera todo al desastre. Decir que ese beso había sido un simple impulso hubiera sido una mentira, porque en realidad en muchas ocasiones había tenido que poner un freno a sus impulsos para no ser arrastrada a un territorio desconocido, del que no estaba segura si después podría encontrar un camino de regreso. Ahora eso ya no le importaba, y sólo podía esperar que Ami entendiera que no estaba tratando de jugarle una broma pesada.

"Yo no sé…"

"Lo sé." Intervino Makoto, sonriéndole de manera cálida. "Voy a esperar. Pero no demasiado, ¿de acuerdo? Y ahora vamos con Minako antes de que esa herida empeore."

Ami sonrió sintiéndose más tranquila y se fue detrás de Makoto, que no pudo evitar tocarse los labios con la yema de los dedos y sonreír. Definitivamente eso había sido mucho mejor de lo que en incontables ocasiones se hubiera imaginado.


Quizá había sido una mala persona sin quererlo. Era probable que el cosmos le estuviera cobrando aquella ocasión en que se había robado la espada de su padre para cortar manzanas de uno de los árboles que estaban en el invernadero del Palacio, o tal vez esa vez que había golpeado de un puñetazo al hijo de uno de los guardias porque se atrevió a robarle un beso, o posiblemente la ocasión en que se escondió durante horas enteras en una de las cajas del almacén de granos, deseando que todo el mundo se volviera loco al no encontrarla y se imaginaran lo peor, tan sólo porque ella estaba molesta porque Ares no le había dado permiso de partir en una excursión al desierto junto con el resto de los guardias. Y entonces, ahora, por todo eso, estaba en el infierno. La habían enviado a un lugar en donde le dolía tanto todo que difícilmente podía pensar en otra cosa. Estaba mareada, desorientada y no podía abrir los ojos. Y cuando podía abrirlos era solo para observar imágenes confusas y una luz deslumbrante que le lastimaba los ojos y le embotaba los sentidos. Tenía tanta sed que hubiera querido pedir a gritos un poco de agua, pero por alguna razón desconocida no era capaz de articular palabra alguna.

"¿Está seguro de que eso funcionará?"

"Lo siento, no puede permanecer aquí, ¿quién la dejó entrar?"

"¡No voy a irme!"

"Sáquenla de aquí por favor."

Rei escuchaba voces pero no podía identificarlas con claridad. Solo quería que le dejara de doler… quería un poco de agua… quería hundirse en la inconsciencia para no tener que soportar todo eso. Abrió los ojos y la luz le lastimó la vista, pero se obligó a no cerrarlos. Un hombre de tez morena y que nunca había visto, la observó.

"¿Puedes decirme tu nombre?" le dijo, mientras Rei lo observaba moverse de un lado a otro.

"Agua…"

"Eso no es un nombre… o es uno muy peculiar. Necesito que me ayudes, no cierres los ojos. Dime tu nombre."

"Rei…"

"De acuerdo Rei, no cierres los ojos. No creas que no conozco tu nombre, después de todo eres nuestra Princesa, sólo necesito que te mantengas así durante un momento más. No puedo darte agua ahora, pero dame unos minutos. Esto no te va a doler."

Rei sintió una punzada en el brazo, fue casi imposible identificarla porque en realidad todo le estaba doliendo, pero pudo diferenciar el dolor agudo del resto. Le habían dicho que no cerrara los ojos pero ahora estaba, si es que eso era posible, más mareada y confundida.

"Minako…"

"¿Te refieres a la chica rubia con actitud histérica? Tuvimos que traer a dos guardias para sacarla de aquí."

Chica rubia con actitud histérica… sí, seguramente era ella. De repente un sopor pesado cayó sobre ella, y le fue imposible permanecer con los ojos abiertos.

"Está bien Rei… vas a estar bien, puedes dormir."

Rei dejó de resistirse y se hundió en la oscuridad.


"¡Van a moverse de ahí o voy a-!"

"Minako, tranquilízate." Le dijo Haruka, que la tomó de un brazo e intentó alejarla un poco de los dos guardias que se encontraban en la entrada de la enfermería del Palacio de Marte, que al menos tenían el mérito de no inmutarse ante los gritos de Minako.

La heredera de Venus se desprendió de Haruka, y se puso a merodear la entrada como una especie de fiera enjaulada que atacaría a la menor provocación.

"Sabes que no puedes entrar ahora, así que será mejor que estés tranquila. Todas estamos preocupadas, pero tenemos que esperar." Le dijo Michiru, que la observó con ese semblante tranquilo y perfecto que en ese momento Minako encontró exasperante.

"Sólo quiero…"

Michiru la observó con compasión y colocó una mano sobre su espalda, empujándola ligeramente para que caminaran a través del pasillo en el que se encontraban, alejándose un poco de la enfermería y llegando hasta una intersección en donde confluían varios pasillos en una bóveda amplia y adornada con algunas estatuas de guerreros marcianos talladas en mármol.

"Eres nuestra líder." Le dijo Michiru, y Minako levantó la mirada. "Tienes que mantenerte tranquila."

"Lo intento… "

"Minako, tienes que confiar en Rei. Tienes que confiar en todas nosotras, en que somos lo suficientemente capaces de cuidarnos a nosotras mismas."

"Seguro que son capaces de cuidarse, mira a Rei. ¡Está en perfectas condiciones!" respondió Minako con sarcasmo.

"Lo hizo para protegerte, y estoy segura de que lo volvería a hacer si se le presentara la ocasión."

"Pues se lo voy a prohibir, y se los voy a prohibir a todas ustedes también. A partir de hoy nadie está autorizada a arriesgar la vida por mí."

Michiru sonrió y cerró los ojos por un instante. A Minako le dieron ganas de gritarle.

"Sabes que no puedes hacer eso… sabes que tú harías lo mismo por ella, o por cualquiera de nosotras. ¿O al menos eso espero?"

Minako asintió, y se sentó al pie de una de las blancas estatuas que se encontraban a un costado.

"Tengo miedo. No quiero perderla como perdí a mi padre, ni siquiera le dije a Rei lo que siento… porque también tenía miedo… lo cual ahora me parece estúpido porque eso no pudo haber sido miedo… no se compara con esta angustia y esta desesperación, sólo quiero que me dejen de decir que va a estar bien, y verla abrir los ojos y que me sonría y que me diga que soy una niña por haber estado llorando todo este tiempo, quiero que me diga que soy una tonta por haberme preocupado por ella de esta manera. Y ahora no me importa que me diga que no le intereso de la misma manera que ella me interesa, que no siente lo mismo… en verdad Michiru, se me va a romper el corazón y después no sé cómo voy a reponerme, pero sólo quiero que Rei esté bien."

Minako soltó una risa amarga cuando se dio cuenta de lo absurdo de la situación, y luego levantó la mirada para observar a Michiru, que la observaba de manera serena y en silencio, lo cual estaba perfecto, porque ella no quería escuchar más de lo mismo. El sonido de pasos acercándose logró sacarla del estado en el que se encontraba, y ella volteó para observar que el padre de Rei se aproximaba con un gesto serio pero sereno a pesar de todo.

Minako se puso de pie y esperó a que llegara hasta donde se encontraban ellas. Por alguna razón la presencia de Ares la ponía nerviosa. La última vez que lo había visto había sido en la oscuridad del desierto marciano, despidiéndose de Rei… quizá era que aquí había más luz, pero de pronto le pareció más alto.

"¿Qué pasa? ¿Ya están atendiendo a Rei?" preguntó. "Si no es así alguien se las tendrá que ver conmigo, porque di la orden estricta de-"

"La están atendiendo." Interrumpió Minako.

Ares suspiró y asintió gravemente con la cabeza. Michiru dijo algo que Minako no entendió y se retiró del lugar, dejando a la rubia con el dilema de irse detrás de ella o permanecer en el lugar.

"¿Estás bien? Lamento lo de Adonis, en verdad… los venusinos son gente extraña, pero tu padre no era un cobarde, y estoy seguro de que debió sentirse tranquilo al irse, porque dio la vida por ti. Así que no estés triste."

Minako se relajó un poco al escuchar esas palabras, y asintió ligeramente con la cabeza.

"¿Majestad?"

El hombre que había estado atendiendo a Rei se encontraba frente a ellos, y detrás de él el resto de las chicas estaban de pie.

"¿Qué noticias me tienes?" preguntó Ares, y Minako apenas pudo detectar un dejo de ansiedad en el tono de su voz. ¿Cómo era posible que pudiera controlarse de esa manera cuando su hija estaba a punto de morir?

"La Princesa va a estar bien, administramos el antídoto con éxito, y llegaron justo a tiempo para que pudiéramos hacer algo por ella. Afortunadamente lo que le administraron logró retardar el efecto lo suficiente como para atenderla. Ahora está durmiendo y quizá tarde varias horas en despertar, pueden pasar a verla pero les recomiendo no agobiarla demasiado."

Ares esbozó una sonrisa de satisfacción y le agradeció al hombre, y Minako no pudo evitar lanzársele encima para darle un abrazo tan efusivo que casi consigue derribarlo.

"¡Gracias, gracias!"

Cuando se separó de él, el individuo en cuestión estaba completamente confundido y la estaba observando de manera muy parecida a como lo hacía Rei cuando Minako la abrazaba. No dijo nada y se retiró de ahí observándola de manera extraña, pero a Minako no le importó. Salió prácticamente corriendo a la habitación en donde se encontraba Rei, y antes de abrir la puerta respiró profundo. Sabía que Rei estaba durmiendo, pero no quería hacer nada que pudiera molestarla. Ingresó a la habitación con la sensación de que se derrumbaría al entrar, pero cuando observó a Rei durmiendo tranquilamente y sin ese gesto permanente de dolor en su rostro, supo que todo estaría bien. Se acercó a ella y la tomó de la mano, luego se inclinó y besó su frente, justo en el momento en el que entraba Ares.

Minako se incorporó rápidamente, se aclaró la garganta y se acomodó el cabello de manera nerviosa. Ares esbozó una sonrisa discreta y se sentó en una silla cercana, pero al menos, y para alivio de Minako, no hizo ningún comentario.

"Así que… esa mujer, Beryl, es la culpable de todo." Le dijo Ares, y Minako asintió. "¿Están seguros de eso?"

"No creo que necesitemos más pruebas, después de lo que sucedió."

"Lo que quiero decir es… que me parece extraño que un simple habitante de la Tierra pueda tener tanto poder. Me atrevería a pensar que hay alguien más detrás de esto, algo o alguien más poderoso."

"Supongo que en ese caso, lo descubriremos pronto."

Ares asintió, y luego se volvió para observar a su hija que se hallaba durmiendo tranquilamente en la cama.

"Y… ¿cómo lo ha hecho Rei?" preguntó el hombre, observando de reojo a Minako, que sonrió, pensando en decirle que su hija era una persona necia, solitaria, en ocasiones fría e impenetrable… pero que a pesar de todo lo había hecho muy bien.

"Muy bien… es genial." Comentó Minako.

"En realidad no estaba tan seguro de qué manera se comportaría mi hija con todas ustedes." Le dijo Ares, con tono serio y monótono. "Siempre ha sido una persona solitaria. Quizá yo sea responsable de eso, en parte."

"Bueno… quizá al principio le costó un poco de trabajo, pero puedo asegurarle que ha mejorado bastante."

"Me alegro. Cuando murió su madre en realidad no supe manejar la situación, y cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo creo que ya era demasiado tarde."

En ese momento Minako recordó algo y sintió que palidecía. Beryl había dicho que ella tenía algo que ver en la muerte de la madre de Rei. Abrió la boca para decírselo a Ares, pero se contuvo. No sabía si era lo correcto, no sabía cómo reaccionaría.

"Puedo preguntar… ¿qué fue lo que le pasó a la madre de Rei?"

Ares tensó la mandíbula, y Minako supo que aún después de tanto tiempo, aquello le afectaba demasiado.

"La atacó un grupo de rebeldes mientras se dirigía a una de nuestras comunidades." Respondió parcamente.

"¿Los atraparon?"

"No. Ni rastro de ellos. Y quizá eso es lo peor de todo. Hubiera terminado con ellos yo mismo, con mis propias manos."

Minako se movió inquieta en su lugar. Quizá no tenía caso decírselo a Ares, después de todo, su objetivo ahora era Beryl… ¿pero acaso no merecía saber la verdad? La muchacha rubia suspiró y tomó una decisión.

"Cuando luchábamos con Beryl… ella… mencionó algo acerca de la madre de Rei."

Ares la observó de una manera tan intensa que Minako tuvo que contenerse para no temblar de nerviosismo, ¿Qué tenían las miradas de los habitantes de Marte que lograban inquietarla tanto?

"Creo que ella… ella tuvo que ver algo con la muerte de su esposa… mencionó algo acerca de eso. Lo hizo sólo como una especie de venganza… sólo quiere hacernos daño."

Ares se quedó en silencio pero Minako nunca había visto tanta furia reunida en tan sólo una mirada. Se puso de pie y caminó un par de pasos alrededor de la habitación, mientras Minako lo observaba con aprehensión. Tenía la cabeza agachada y los puños apretados, y el silencio definitivamente estaba poniendo muy nerviosa a Minako, así que pasó saliva con un poco de dificultad y habló.

"Pero vamos a derrotarla, de eso no tengo ninguna duda. Se lo prometo."

Ares la observó con seriedad y de pronto la furia pareció desvanecerse de manera parcial.

"Gracias Minako. Sabes, me estaba preguntando qué era lo que mi hija había visto en ti como para arriesgar su vida de esa manera, porque tienes que saber que en Marte sólo hacemos ese tipo de cosas por personas que realmente valgan la pena. Así que ahora, creo que la entiendo."

Minako intentó que su sonrisa no fuera demasiado amplia. No quería quedar como una niña a la que le han hecho un cumplido y cuyo ego ha alcanzado una altura estratosférica, así que sólo se limitó a sonreír discretamente, aunque lo que no pudo evitar fue el sonrojo que cubrió sus mejillas de manera repentina.

"Tengo que atender algunos asuntos, así que debo irme. Tu deberías descansar un poco, Rei no despertará hasta dentro de varias horas."

Minako asintió y observó a Ares salir de la habitación. Se puso de pie y se dispuso a salir… ahora que sabía que Rei se estaba recuperando, podía separarse de ella (al menos un par de horas) para ir a descansar. No había sentido el cansancio hasta ese momento, y ahora el simple hecho de caminar implicaba un esfuerzo bastante grande. Se encamino a la habitación que le habían preparado, observando apenas la majestuosidad del Palacio de Marte…

Llegó a la habitación apenas consciente de sus actos, y se derrumbó en la cama sin miramientos, pero decidió meterse a la tina antes de quedarse dormida. Alguien le había explicado que en Marte tener una tina en una habitación era un verdadero lujo que prácticamente sólo se podía permitir en el Palacio, así que ella no iba a desperdiciarlo. A pesar de que se encontraban en medio del desierto, la temperatura por las noches descendía tanto que no parecía que aquel fuera un lugar que durante el día era un verdadero infierno, así que Minako se quitó la ropa y llenó la tina con agua caliente, sumergiéndose en el agua y soltando un largo suspiro cuando el agua caliente relajó sus adoloridos músculos y la reconfortó. No pasaron más de dos minutos antes de que se quedara dormida, pero afortunadamente despertó algún tiempo después (porque el agua se había enfriado), se envolvió en una toalla, se vistió con la ropa limpia que le habían dejado sobre la cama, y se recostó, exhausta, sobre la cama, cayendo en un profundo sueño del que no despertaría hasta muchas horas después.


Rei cerró la puerta de la habitación de la enfermería y caminó por el pasillo que la conduciría a lo que era su habitación en el Palacio. Aunque todo el mundo le había recomendado permanecer en la enfermería, ella no estaba dispuesta a quedarse ahí un minuto más. La cama era incómoda y a todo parecía invadirlo un ambiente deprimente. Quizá habían transcurrido unas diez horas desde que le habían suministrado el antídoto para el veneno, e incluso ella misma estaba sorprendida de su rápida recuperación. Claro que tenía el hombro adolorido y se sentía algo cansada, pero suponía que no era para menos. Lo primero que había hecho al despertar fue beberse todo un recipiente con agua que le habían entregado, y luego devorar los alimentos que le dieron. Ami, Makoto y Usagi la habían visitado al poco tiempo, diciéndole que cuando Minako se enterara que ella había recobrado el conocimiento y no había estado presente para presenciarlo, seguramente montaría un drama. Pero Rei creía que Minako debía descansar, después de todo acababa de perder a su padre y ese sólo hecho era suficiente como para terminar mental y físicamente agotada. Su padre no lo había visitado, al menos no desde que ella había estado consciente, pero varias personas le comentaron que durante varias horas estuvo vigilando su sueño, con un aire taciturno y serio, y que un par de horas antes de que ella despertara, había salido de la enfermería y desde entonces no lo habían visto. Rei sabía que Ares no era un hombre de muchas palabras, pero siempre resultaba gratificante saber que al menos, había estado pendiente de ella. Después lo buscaría para hablar con él.

Finalmente, y luego de recorrer algunos pasillos, Rei llegó a su habitación y entró en ella. Estaba justo como la recordaba desde la última vez que había estado ahí: con una cama sencilla, una pequeña mesa en el centro y un sofá en un extremo. En Marte no requerían de muchas comodidades. Quizá lo único que resaltaba en aquel lugar eran las flores sobre la mesita, una variedad de orquídea color rojo de la que Rei no conocía el nombre pero que seguramente Makoto se lo hubiera podido decir.

La heredera de Marte se sentó en el borde de la cama y observó a su alrededor, recordando cuando su madre le contaba historias de tierras lejanas para que ella se durmiera. Rei se llevó una mano a la cintura, buscando la pequeña bolsa de cuero que contenía el dije de su madre… pero no la encontró. Contuvo la respiración y se preguntó cómo es que había sido tan descuidada para no recordar en dónde la había dejado. Se llevó una mano a la frente y observó el piso de la habitación, sabiendo que no la encontraría ahí. ¿Y ahora que iba a hacer? Ese pequeño dije era prácticamente el único objeto personal que tenía de su madre, y lo había perdido. Durante años, prácticamente toda su vida, lo había guardado celosamente y ahora… ¡había desaparecido! ¿cómo es que no lo había notado antes? No le gustaba apegarse demasiado a cosas materiales, pero había cuidado esa pequeña joya durante tanto tiempo que resultaba inevitable no sentir que había perdido algo invaluable.

Se puso de pie y decidió ir a la enfermería, teniendo poca esperanza de encontrar ahí el dije, pero dispuesta a intentar por todos los medios localizar el objeto. Justo cuando se aproximaba a la salida, la puerta se abrió y Minako entró apresuradamente.

"¿Qué estás haciendo aquí?" le preguntó la rubia, y Rei puso cara de confusión.

"Es mi habitación, ¿qué estás haciendo tú aquí?"

"Se supone que tienes que estar en la enfermería, Ami me dijo que habías venido a tu habitación, tienes que estar en observación, ¿por qué nadie me dijo que habías despertado? Me quedé dormida en la tina y sólo desperté cuando me dio frío, pero después volví a dormirme sobre la cama, Rei, ¿estás segura de que te sientes bien? ¿Por qué no me acompañas a la enfermería para que te revisen la herida? No quiero que tengas una recaída y después tengamos que-"

"Minako." Le dijo Rei, colocando las manos sobre los hombros de la rubia. "Respira."

Minako la observó en silencio, con el ceño ligeramente fruncido.

"Estoy bien, en serio. La herida me duele poco, y sólo estoy algo cansada. No quería estar más tiempo en la enfermería, eso es todo. Aunque… iba a regresar a buscar algo."

"Hablando de buscar algo… creo que esto es tuyo."

Minako extendió la mano y le entregó a Rei la pequeña bolsa de cuero que había estado buscando.

"¿Dónde lo encontraste?" le preguntó Rei, sintiéndose tremendamente aliviada, abriéndola enseguida para asegurarse de que todavía contenía el dije.

"Lo perdiste después de que Beryl te atacó." Comentó Minako, bajando la mirada y observando con curiosidad la pequeña joya. "Es muy bonito, ¿fue un regalo de tu padre?"

"Era de mi madre." Respondió Rei, levantando la mirada y observando a Minako con seriedad, que pareció entender todo lo que Rei no le dijo, y que tan sólo se limitó a hacer un gesto de comprensión.

"Rei… tuve mucho miedo… de que no te recuperaras."

"Pero estoy bien, así que ya no tienes de qué preocuparte." Respondió la chica marciana, encogiéndose de hombros.

Minako negó con la cabeza y levantó la mirada. Estaba llorando, y la imagen removió algo en los sentimientos de Rei. Le dolía verla así, pero le lastimaba más saber que ella era la causa.

"Pero esto no ha terminado, y ahora tengo miedo porque no quiero perderte, como a mi padre." Continuó Minako, derramando más lágrimas.

Rei suspiró y secó las lágrimas de Minako con la yema de sus dedos. No hubiera podido decir cuando se había registrado el cambio, pero el contacto físico con ella ya no le resultaba tan complicado.

"Bueno… la verdad es que a mí tampoco me gustaría perderme." Bromeó Rei, pero la rubia quizá no entendió o no le pareció gracioso, porque se mantuvo seria, y Rei se sintió un poco ridícula cuando entendió que no era un buen momento para hacer bromas. "Te prometo que no vas a perderme." Le dijo suavemente.

"¿Cómo vas a prometerme eso si hace unas horas estabas a punto de morir?"

"Supongamos que muero."

"¡No digas eso!" exclamó la rubia, angustiada.

"Dije supongamos… y ahora supongamos que encuentro una manera de regresar."

"Rei… somos senshis y princesas, pero no somos inmortales. Lo que estás diciendo es una tontería, ni siquiera quiero pensar en esa posibilidad, así que no lo vuelvas a mencionar."

Rei sonrió.

"Minako, sólo estoy tratando de decir que no puedo controlar todo lo que pasa en este universo, pero no quiero que te preocupes porque te prometo que haré todo lo que está en mis manos para mantenerme a tu lado… quiero decir… al lado de ustedes… de todas." Corrigió Rei enseguida, deseando que para Minako hubiera pasado desapercibido la frase 'A tu lado'. Realmente no quería entrar en detalles incómodos.

La rubia pareció quedar conforme con esa respuesta, y la abrazó. Esta vez Rei no se sobresaltó ni se sorprendió. Dejó que Minako apoyara la cabeza sobre su hombro y le acarició suavemente el cabello para que se relajara. Hubiera querido decirle muchas cosas, tener preparado algún discurso para animarla, para asegurarle que todo estaría bien y que las cosas mejorarían… pero las palabras rara vez eran su punto fuerte, así que sólo se limitó a quedarse en silencio e intentar transmitirle esa paz que sabía que necesitaba tanto en aquel momento. El único problema fue que Minako empezó a hacer movimientos con las manos que no la estaban dejando en una posición muy cómoda. La rubia le acarició la cintura y luego subió con una mano por su espalda, siguió hasta su cuello y ahí se detuvo unos segundos trazando pequeños círculos con su pulgar. Rei tuvo que morderse el labio inferior para controlar lo que fuera que esos movimientos le estaban provocando.

"Rei… tengo que decirte algo…" le dijo Minako, y Rei no pudo contener el escalofrío que sintió cuando la voz de la venusina tan cerca de su oído le acarició los sentidos. "Esto puede ser una tontería para ti… pero…"

Minako se separó ligeramente de ella, lo suficiente como para que Rei pudiera observar sus ojos como nunca lo había hecho. ¿Siempre habían sido tan azules y brillantes?

"Mina…"

"Es la primera vez que me llamas así…"

¿Y eso era relevante? ¿Por qué la estaba observando de esa manera? ¿Qué podía ser tan importante como para estarle dando tantos rodeos? Rei no sabía por qué era incapaz de desviar la mirada de esos ojos azules. Y sí, era la primera vez que le decía Mina

"Qué es… lo que tienes que decirme…" logró articular Rei.

La otra muchacha se humedeció los labios. A Rei casi se le escapa un gemido al observar eso. Tenía que respirar, estaba empezando a sentirse mareada y dudaba que fueran los efectos del antídoto o las medicinas que le habían dado.

"Yo sólo…" murmuró Minako, y se acercó aún más a ella.

Rei sabía que estaba perdida. No podía creer que esa muchacha rubia que ella había logrado derribar hacía varias semanas en el desierto de Marte, ahora fuera capaz de tenerla en una situación tan vulnerable… tan sólo sujetándole la cintura con una mano y el cuello con la otra. Aún podía escapar de la situación. La cuestión era que no estaba segura de querer hacerlo.

Al final Minako no dijo nada. Terminó por desaparecer la distancia entre las dos, y la besó. Rei no pudo evitar dar un pequeño paso hacia atrás, entre asustada, confundida, pero Minako estaba tan cerca de ella que no se tuvo que esforzar demasiado para mantener su posición. El contacto fue algo tan suave que para Rei fue inevitable cerrar los ojos, y pronto se rindió a la sensación de los labios húmedos y cálidos de la rubia. En la mente de Rei, nada tenía sentido… ¿cómo era posible que Minako la estuviera besando? El asunto era que la chica de Marte, en ese momento, no quería, y mucho menos podía ponerse a analizar las cosas. No cuando Minako la aferraba con tanta seguridad y la besaba con esa convicción digna de quien ha estado contemplando largo tiempo un objetivo, y de repente Rei se descubrió correspondiéndole, aumentando la presión de sus labios sobre los de ella, recorriéndolos con lentitud, deseando que aquello durara indefinidamente. No le importaba que aquello no fuera congruente, apropiado o por lo menos lógico, porque sólo importaba Minako y sus labios delicados, y esa cautivadora manera de besarla que tenía, y que hacía que las rodillas le temblaran y el corazón la latiera descontroladamente. Ahora tendría que creer todas esas historias acerca de lo fascinantemente seductores que podían llegar a ser los habitantes de Venus, pero no tenía intención de investigar si era algo propio de todos ellos, porque con Minako le bastaba.

Estaba irremediablemente extraviada en sus labios, y lo mejor de todo era que no había rastro de temor en su corazón.


Ares se acomodó en el asiento de la nave y observó con seriedad el planeta azul que se hallaba a varios millones de kilómetros de distancia frente a él. No estaba dispuesto a dejar escapar a Beryl ahora, sabiendo que ella había sido la culpable de la muerte de una de las dos personas que más quería en el universo, su esposa.

Si sus cálculos no fallaban y a la velocidad a la que estaba viajando, tardaría sólo una hora más en aterrizar en ese planeta.

"Señor… quiero decir… Majestad."

Que Ares se sobresaltara era algo difícil de conseguir, pero en aquel momento dio un salto tan grande en su lugar que incluso se sintió ridículo. Luego soltó una maldición cuando observó al intruso que se hallaba detrás de él.

"¿Princesa Usagi?" preguntó, aunque en realidad no era necesario hacerlo.

"¡Lamento haberlo asustado!"

"¿Qué diablos estás haciendo aquí niña?"

Usagi frunció el ceño. Quizá no estaba acostumbrada a que le llamaran niña muy a menudo, por mucho que se lo mereciera.

"Escuché cuando le dijo a uno de los guardias que viajaría a la Tierra… decidí esconderme en la nave, porque hay alguien a quien quiero ver para asegurarme de que está bien."

"Lo que estás haciendo es irresponsable y estúpido, ¿te das cuenta del riesgo que estás corriendo? ¿Te das cuenta de las consecuencias que puede tener esto? No eres la única que puede salir afectada, ¡el universo entero se puede ir al carajo por tus acciones!"

Usagi ignoró la furia del gobernante de Marte, y protestó.

"¡Pero necesito ver a Endymion!"

"¡No me importa!… ¡Dios! Es demasiado tarde para regresar, en cuanto esté en la Tierra contactaré a Artemis… y al resto de las chicas, tienen que venir por ti. Se supone que tienen que protegerte."

Usagi se cruzó de brazos y se sentó en el asiento más cercano. Sólo quería asegurarse de que Endymion estaba a salvo, y nadie se lo impediría ¿Además quién era Ares para hablarle de responsabilidad? Saliendo casi a hurtadillas de su planeta para cobrar venganza, en una conducta tan propia de un habitante de Marte…

En aquel momento sólo deseaba encontrarse con Endymion, y tenía la certeza de que nada malo le sucedería estando a su lado.