¡Hola!

Espero que hayan pasado unas felices fiestas decembrinas, falsos apocalipsis, año nuevo y etcétera jaja. Yo, por otro lado, sinceramente no había tenido mucho tiempo para escribir (pero creo que ya regresé al ritmo normal de mi vida jeje), es por eso que esta actualización tardó bastante en llegar… espero que les guste…

Como siempre, agradecería sus comentarios acerca de esta historia. El final está… más o menos cerca, y la verdad es que pensar en eso me manda directo a un conflicto existencial que tarde o temprano tendré que resolver xD

L s dejo con el capítulo, y gracias por seguir la historia :)


Intrusos.

Las personas tenían que aprender a tocar la puerta antes de entrar, y Minako tenía que aprender a contenerse cuando estaba besando a Rei. No sabía que era más difícil de lograr. Apenas si había tenido tiempo de separarse de Rei cuando Haruka abrió la puerta, diciendo que estaban en graves problemas y quedándose con la boca ligeramente entreabierta en el momento en el que se percató de la situación en la que se encontraban.

Quizá fue la expresión azorada de Rei, o el rostro sonrojado que Minako sabía que tenía en ese momento, o su respiración irregular y el cabello ligeramente alborotado de la heredera de Marte, o tal vez fue todo junto, lo que hizo que Haruka las observara de manera alternativa, como si esperara que alguna de las dos justificara lo que muy seguramente, era más una certeza que una sospecha para la heredera de Urano.

Minako decidió abrir la boca para decir algo, porque el silencio se estaba volviendo insostenible.

"Haru... ka..."

Quizá hubiera valido más quedarse callada, porque la voz le salió entrecortada, pero con un tono de recriminación que no pudo evitar pronunciar. Después de todo, ¿por qué demonios había tenido que ser tan inoportuna? Había sido casi doloroso tener que dejar de sentir los labios de Rei...

"Lamento la interrupción..."

"No es lo que..." titubeó la heredera de Marte.

Minako observó a Rei y tuvo que desviar la mirada para no reírse... ¿no iba a tratar de negarlo todo, o si? No cuando, al menos ella (y esperaba que Rei también), aún tenía esa sensación de cosquilleo en los labios, deseando continuar el beso y tratando de contener el impulso de hacerlo.

"Está bien... quiero decir... no hay problema." les dijo Haruka, sonriendo satisfecha, como si de pronto le hubieran dado un premio.

La chica marciana resopló, algo molesta, y encontró el momento perfecto para dejar el tema a un lado.

"¿Qué es lo que pasa? ¿Qué graves problemas son los que tenemos?" le preguntó, y la expresión de Haruka se ensombreció visiblemente.

"Usagi no está por ningún lado... y Ares tampoco... así que creemos que es posible que estén en el mismo lugar, sólo que nadie nos quiere decir a dónde fue Ares. Rei, seguramente si tú se los preguntas tendrás más éxito que nosotras."

Por un momento Minako pudo dejar de lado la situación en la que se encontraban y concentrarse en lo que les acababa de decir Haruka... estaban en graves problemas, ni siquiera quería ponerse a pensar en las consecuencias que la desaparición de Usagi traería para todos. Si Artemis se enteraba... si la Reina Serenity se enteraba... si Usagi o el Cristal Plateado caían en las manos equivocadas…

"Denme unos minutos..." les dijo Rei, y salió de la habitación con paso apresurado, dejando a las otras dos chicas solas.

Haruka movió un pie de manera nerviosa y observó el techo de la habitación, mientras Minako observaba el piso.

"Así que..." comenzó Haruka.

"No digas nada, ¿no es obvio?" le respondió la rubia, sin querer entrar en detalles. Ahora estaba realmente molesta por la desaparición de Usagi y... en verdad, ¿por qué Haruka había tenido que entrar justo en ese momento? "Lo importante ahora es encontrar a Usagi... ¡no puedo creer que haya desaparecido!"

"Si está con Ares, me quedaría un poco más tranquila... de lo contrario creo que podríamos empezar a orar para que esto no termine en un apocalipsis."

Minako frunció el ceño y comenzó a dar vueltas alrededor de la habitación de Rei. Haruka tenía razón. Tuvieron que pasar varios minutos antes de que la chica marciana regresara, con rostro serio pero aparentemente tranquilo.

"Mi padre fue a la Tierra, pero nadie sabe nada de Usagi." les dijo apenas entró a la habitación.

En ese momento entraron el resto de las chicas. Ami iba al frente de todas y llevaba el comunicador que Artemis les había entregado en las manos.

"Ares acaba de comunicarse con Artemis, está en la Tierra y Usagi está con él."

Todas, incluyendo Minako, hicieron una exclamación de alivio, y en ese momento Rei intervino.

"Puedo entender que Usagi hiciera algo tan irresponsable como viajar a la Tierra sin avisarle a nadie, pero no entiendo qué es lo que hace mi padre allá."

Todas asintieron, dándole la razón a Rei, pero Minako sabía que seguramente la razón había sido esa conversación que había tenido con él en la habitación de la enfermería. Si no lo hubiera hecho seguramente ahora no estarían metidas en ese problema...

"Yo..." titubeó Minako, y se arrepintió de haber abierto la boca en el mismo instante.

Rei la observó con curiosidad y Minako esquivó su mirada con nerviosismo, pero sabía que no había marcha atrás.

"Yo... hablé con tu padre hace unas horas, quizá eso tenga algo que ver con que él haya decidido ir a la Tierra."

"¿Por qué?" le preguntó Rei confundida, y todas observaron a Minako.

"Ahora que lo pienso quizá fue un error, pero... bueno... Beryl... cuando nos atacó en Venus, mencionó algo y..."

"Deja de darle vueltas al asunto y dilo, ¿qué puede ser tan malo?" interrumpió con impaciencia Haruka, y Rei arqueó un poco las cejas, haciendo un gesto para que Minako continuara.

"Rei, lo lamento, pero al parecer no fue sólo un grupo de rebeldes quienes asesinaron a tu madre... Beryl estuvo involucrada. Es por eso que creo que tu padre fue a buscarla a la Tierra."

Rei la observó fijamente, y ella tuvo que esforzarse para no desviar la mirada. El resto de las chicas estaban casi igual de sorprendidas tanto con la revelación de que la madre de Rei había sido asesinada, como con el hecho de que Beryl hubiera sido la culpable.

"Supongo que tenemos que salir rumbo a la Tierra lo antes posible, Usagi no puede estar sola." intervino Ami, y Minako asintió, sin saber qué decir.

"Por favor prepárense, saldremos en unos minutos." les dijo, y todas salieron de la habitación, siendo Rei la última en reaccionar ante sus palabras.

Minako dio un par de pasos rápidos para alcanzarla cerca de la puerta, y la sostuvo del brazo firmemente.

"Rei, lamento lo de tu madre... siento que hayas tenido que enterarte así... y me siento culpable de que tu padre esté ahora en la Tierra por lo que dije..."

La chica de ojos color amatista se dio media vuelta para observarla, y al contrario de lo que ella hubiera esperado, le habló con suavidad.

"No tienes por qué disculparte. No es tu culpa que mi madre haya sido asesinada, e hiciste bien al contárselo a mi padre. Hiciste bien al decírmelo a mí, ocultarlo habría sido el equivalente a mentir."

Minako esbozó una leve sonrisa, pero enseguida se puso seria cuando consideró las consecuencias de sus actos.

"No quiero que hagas ninguna locura con Beryl... ¿de acuerdo? Suficientes problemas tenemos ahora con lo de tu padre, pero estamos en esto juntas... y si la derrotamos será porque vamos a trabajar en equipo... prométemelo."

Rei puso los ojos en blanco y se mostró inconforme.

"Rei..." le dijo ella en tono de advertencia.

"Mató a mi madre, mató a tu padre... estuvo a punto de asesinarte, y a mí también, ¿crees que merece compasión?"

"Sólo estoy diciendo que no quiero que cometas alguna imprudencia como ir a buscarla tú sola, o algo por el estilo... vamos a atraparla todas juntas, ¿entendido? Así que quiero que me prometas que si las cosas se complican en la Tierra, vas a obedecerme. Que no harás nada sin mi autorización."

Rei apretó la mandíbula y la rubia supo que se estaba frenando para no decirle todo lo que pensaba. Imaginaba que el sólo hecho de prometerle que no haría nada sin su autorización, era suficiente para ponerla en ese estado de rabia contenida. Ella se mantuvo firme, sin ceder voluntad ni espacio ante la heredera de Marte.

"Te lo prometo." aceptó Rei a regañadientes, y ella no pudo más que sonreír y acercarse lo suficiente como para besarla fugazmente en los labios, un beso breve que sin embargo Rei prolongó más de lo que ella hubiera esperado, y de repente se encontró nuevamente enredada en sus brazos y sin la más mínima intención de separarse de ella, hasta que la otra chica pareció recobrar la sensatez y se apartó, pero apoyando su frente sobre la de ella.

"¿Y ahora qué?" le preguntó Rei en un suspiro, con los ojos cerrados, mientras Minako aspiraba suavemente ese delicado perfume de Rei, un aroma que lograba relajarla tanto que estaba segura de poder olvidar con facilidad todo lo demás, si se concentraba sólo un poco.

"Ahora me gustaría que te quedaras aquí..." le respondió Minako, hundiendo el rostro en su cuello y aferrándola con más fuerza, al mismo tiempo que la empujaba suave pero decididamente contra la pared.

"Mina... no me refiero a eso..." le dijo la otra Princesa.

"No sé a qué te refieres... ¿podrías decir mi nombre de esa manera otra vez?" le pidió, deslizando las manos por su cintura y depositando un beso sobre su cuello.

Rei dio un pequeño salto y se presionó contra la pared, como si estuviera buscando una ruta de escape, aunque atravesar el muro no parecía una buena opción.

"No sé a qué estás jugando..." susurró Rei, temblando ligeramente.

Ella sonrió pero no pudo dejar de sentirse ligeramente herida por el comentario.

"No estoy jugando Rei, esto es serio... jamás he estado tan convencida de algo como lo estoy ahora, jamás me ha importado nadie como me importas tú."

"Pero..."

"Sólo quiero que me digas que yo no te importo de esa manera, que no sientes lo mismo, y voy a dejarte en paz."

Finalmente se separó de ella y la observó directo a los ojos. La mirada amatista de Rei siempre le había parecido misteriosa y cautivadora, pero en ese momento tenía un brillo tan especial que dudaba poder encontrar palabras para describirlo. Rei no dijo nada, y ella entendió su silencio.

"¿Por qué tengo esta sensación de estar cometiendo el mayor error y el mayor acierto de mi vida al mismo tiempo?" le preguntó Rei.

"Porque tienes miedo... pero no tienes por qué tenerlo, confía en mí."

"Estoy hablando con una Princesa que ayudó a escapar a su hermana yendo en contra de sus padres, una Princesa que básicamente huyó de su habitación y fue a beber vino en medio de una celebración, sin importar lo que estuviera en riesgo; trepas a los árboles y por si fuera poco, te quejas de un rasguño como si de una herida mortal se tratara, eres bulliciosa, hablas demasiado, puedes ser entrometida e infantil... y sin embargo no puedo dejar de sentir esto por ti, porque jamás he conocido a nadie como tú... por supuesto que confío en ti, y aunque no podría describir lo que siento, quiero creer que es lo mismo que sientes tú, es sólo que..."

Rei bajó la mirada, suspirando, y Minako la observó conmovida. Sí, claro, le había dicho infantil, entrometida y un montón de cosas más que estaban implícitas en ese pequeño discurso, pero también le había confesado que sentía lo mismo, y eso lograba opacar todo lo demás. Sin embargo había un rastro de duda en las palabras de Rei, uno que ella no terminaba de comprender.

"¿Sólo que...? " le preguntó la rubia, observando con atención el rostro contrariado de Rei. "Sabes... no me importa." concluyó, acercándose a ella y dispuesta a... separarse de un salto en el momento en el que Michiru tocó la puerta y les dijo que todas estaban listas para partir rumbo a la Tierra. ¿Qué le pasaba a la gente en Marte que parecía elegir siempre los momentos más inoportunos? Debía ser la influencia de Fobos y Deimos, porque de otra manera Minako no se explicaba su pésima suerte.

"Gracias Michiru, estaremos ahí en minuto." respondió Minako, observando a Rei con una expresión que pretendía dejarle claro el hecho de que eso no terminaba ahí. La otra chica tan sólo la contempló tranquilamente, y la heredera de Venus se preguntó en qué momento habían dado ese salto en su comunicación para comprenderse sólo con miradas.

Rei tomó su arco y ató con firmeza la pequeña bolsa de cuero que contenía el dije de su madre, y Minako terminó por abrir la puerta y salir de la habitación con Rei detrás de ella, rumbo a la nave que las conduciría a la Tierra.

"Minako..."

La venusina continuó caminando sin voltear a ver a Rei. Definitivamente le gustaba más cuando la llamaba Mina.

"¿Sí?"

"Cuando dices que te importo demasiado... quieres decir que..."

"¡Vamos Rei!" exclamó la otra chica, dándose media vuelta y observándola con incredulidad. No podía ser tan densa, ¿o sí? "Significa que estoy enamorada de ti, ¿era eso lo que querías escuchar?" le preguntó Minako, colocando ambas manos sobre la cintura. Rei sonrió con tanta autosuficiencia que si se hubiera tratado de otra persona, a Minako le hubiera parecido poco menos que insoportable. No era que no hubiera entendido, simplemente quería escuchar que lo dijera.

"Supongo que sí." le dijo, y Minako encogió los ojos, mientras la observaba pasar a un lado suyo con aire orgulloso.

"¿Y?" le preguntó la rubia, caminando detrás de ella. "¿No vas a decirme que tú también?"

"¿Decírtelo? ¿Nunca has escuchado esa frase acerca de que a las palabras se las lleva el viento?"

"¿Qué? ¡Pero yo ya lo dije!"

"Sí, te escuché."

"Es tu turno."

"¿Mi turno? Esto no es un juego Mina."

"¡Reeeeiiii!"

Rei soltó una carcajada y negó con la cabeza, y la molestia de Minako se desvaneció al instante. Nunca la había visto sonreír de esa manera, y además, la había llamado Mina nuevamente.


"Insisto en que lo que hiciste fue bastante imprudente."

"Sabía que no me permitirían venir a verte, ¡Por eso tomé la decisión!"

"Usagi, después de todo lo que ha sucedido... apartarte así del resto de las chicas pudo haber tenido consecuencias fatales, catastróficas."

Usagi cruzó los brazos en señal defensiva, y puso un gesto disgustado. Por alguna razón no entendía la molestia de todo el mundo, cuando al fin y al cabo ella se encontraba en perfectas condiciones y no había sucedido ningún cataclismo. Finalmente se encontraba con Endymion.

"Tal parece que no estás contento con mi presencia." le dijo, desviando la mirada y observando con atención el impecable césped del jardín en donde se encontraban.

"Por supuesto que estoy contento de verte." le respondió el muchacho, y ella levantó la cabeza para sonreírle. "Pero también temo por tu seguridad, no quiero que te suceda nada malo."

"Estoy contigo ahora, ¿qué podría sucederme?" respondió Usagi, y Endymion le sonrió.

Se acercó ligeramente a él para dejarle claras sus intenciones, y él sólo tuvo que inclinarse un poco para besarla. No necesitó demasiado tiempo para dejarse llevar por las sensaciones que provocaban los labios de Endymion sobre los suyos. En el pasado, quizá le hubiera inquietado el hecho de que le provocara sentimientos tan intensos, de que alguien fuera capaz de hacerla olvidar el resto del mundo sólo por una mirada, una sonrisa, un beso o su simple compañía. Pero ahora definitivamente no podía más que sentirse afortunada de haberlo encontrado.

"Ejem..."

Usagi se separó lentamente de Endymion, observando con un poco de resentimiento a Kunzite, que los había interrumpido. El general de la División de Oriente Medio los observó, al parecer, muy poco contrariado por haber irrumpido en la escena, y Usagi tuvo que bajar los brazos que rodeaban el cuello de Endymion porque la situación se estaba volviendo un tanto incómoda.

"Señor, todo parece indicar que sólo es cuestión de tiempo para que las senshis arriben, hace un par de horas Ares ha informado de la situación a la gente de la Luna."

"Gracias Kunzite." Respondió Endymion, mientras Usagi se preguntaba si siempre le hablaban con tanta formalidad. "¿Le has informado a Ares que desconocemos el paradero de Beryl?"

El hombre de cabello plateado asintió con la cabeza, bajando ligeramente la mirada.

"Por alguna razón no nos creyó." Le respondió Kunzite, encogiéndose de hombros. "Pero Señor… creo que sería buena idea dejarle claro que no puede permanecer aquí si sus intenciones son alterar la paz de este planeta."

"No creo que alterar la paz de este lugar sea su objetivo Kunzite. Pero imagino que después de la historia que me contó, él sólo está ansioso de capturar a Beryl… y dadas las circunstancias, capturarla debería ser también nuestro objetivo, después de lo que ha sucedido en la Luna y en Venus."

Kunzite asintió, observando a Usagi, que tan sólo se había limitado a observar el intercambio con atención. Su madre siempre le había dicho que en asuntos de otros planetas, era siempre mejor no intervenir, a menos que se lo solicitaran de manera explícita.

"Creo que sería buena idea que hablara con él, porque al menos a mí sólo pareció ignorarme. La gente de Marte es tan…" le dijo Kunzite, haciendo un gesto con el puño en el aire y apretando los labios.

"Lo haré Kunzite." Le dijo Endymion, sin poder reprimir la sonrisa que se asomaba en sus labios.

Usagi también sonrió ligeramente. No había tratado demasiado a Ares, pero conocía a su hija, y si el carácter de Rei era una pista, suponía la clase de persona con la que había tenido que lidiar Kunzite. El general de cabello plateado, y guardia de Endymion, hizo una pequeña reverencia y se alejó mientras el viento agitaba ligeramente su capa color azul detrás de él.

"¿Siempre son tan formales contigo?" le preguntó Usagi al terrícola, que asintió con la cabeza.

"Están acostumbrados a comportarse de esa manera. Es una actitud de respeto que su formación militar lleva implícita." Respondió Endymion, caminando por el jardín mientras Usagi lo tomaba de la mano.

"Ni siquiera te llaman por tu nombre." Le dijo Usagi. "Yo tuve que insistirle a las chicas para que me llamaran por mi nombre en más de una ocasión."

El muchacho de ojos azules sonrió cálidamente, mientras asentía con la cabeza.

"Tu relación con ellas y la mía con mis shitennous, es ligeramente diferente. Aunque ambas deben estar basadas en la lealtad. Que no me traten de esa manera, no significa que no pueda confiar en ellos."

"Pero… ¿cómo puedes confiar en ellos si te tratan con esa frialdad? Además siempre he tenido la ligera sensación de que no les simpatizo."

"Bueno Usagi, ¿cómo esperas que me traten? Yo no puedo andar por ahí jalándole el cabello a Kunzite como tú lo haces con Minako. Y respecto a lo otro… debe ser tu imaginación." Concluyó, pasando un brazo por sus hombros y abrazándola.

Usagi se olvidó al instante del hilo de la conversación, y se puso de puntitas para besarlo suavemente. No se arrepentía en lo más mínimo del hecho de haber llegado a la Tierra para encontrarse con Endymion, aunque sabía que en ese momento, más de una persona debía estar furiosa con ella por haberlo hecho.


"¡Usagi me las va a pagar cuando la tenga enfrente, no me importa que sea Princesa de la Luna, hija de la reina Serenity, portadora del Cristal de Plata! ¿Qué es lo que se cree esa niña? Poniéndonos en riesgo a todas, al universo entero, ¡sólo porque no puede controlar sus hormonas!"

Rei observó a Minako mientras daba vueltas de un lado a otro de la nave, sin poder contener su furia.

"Fue como cuando tú querías mandar todo al diablo porque Rei estaba herida." Intervino Haruka, y Rei no disimuló su molestia al dirigirle una gélida mirada.

"¡No te atrevas a comparar las situaciones!" exclamó Minako.

Rei se llevó una mano a la frente, y se hundió ligeramente en su propio asiento, sin querer llamar demasiado la atención.

"¿Por qué no?"

"¡Porque no era una simple herida, Rei estaba a punto de morir! ¡Porque yo no tenía el Cristal Plateado! Porque en ningún momento mandé todo al diablo y-"

"¡De acuerdo!" Makoto se puso de pie y se colocó frente a Minako. "Ya entendimos que estás muy molesta, trata de tranquilizarte."

Minako se cruzó de brazos y se sentó bruscamente a un lado de Rei, que agradeció el hecho de que Makoto hubiera logrado detener la furia de la rubia. La heredera de Marte la observó de reojo: tenía el ceño ligeramente fruncido, los labios apretados y sus ojos azules parecían haberse oscurecido de manera repentina. La realidad era que muy pocas veces (por no decir ninguna) la había visto tan molesta, así que decidió que lo más prudente en aquel momento era no hacer ningún comentario.

El resto del trayecto transcurrió en silencio, mientras Rei no podía apartar la mirada del planeta azul que se veía cada vez más cerca y que en ese momento era su destino. No estaba muy segura de lo que les aguardaba ahí, pero si tenía que sacar conclusiones con la información que tenía, la realidad era que no esperaba cosas muy buenas. Si bien había escuchado comentarios acerca de que la gente de la Tierra era relativamente amigable, también sabía, que por alguna razón, no aceptaban del todo la relación de Usagi con Endymion.

Rei suspiró y cerró los ojos, colocando una mano sobre la pequeña bolsa de cuero que contenía el dije de su madre. Sólo tuvieron que pasar algunos minutos para que sintiera la cabeza de Minako sobre su hombro. Se había quedado dormida, y aunque Ami le dirigió una mirada divertida a Rei al darse cuenta de la situación, ella sólo se limitó a poner gesto resignado y encogerse de hombros.

Cuando finalmente llegaron a la Tierra, luego de varias horas, Rei descendió de la nave de un salto, sin dejar de aferrar con fuerza su arco. Era verdad que la Tierra no era un planeta de enemigos, y también que iban en son de paz… pero no se quería llevar ninguna sorpresa. Casi al instante se dio cuenta de que ya las esperaban, pues a varios metros de la nave se hallaba Endymion, Usagi, y un grupo de cuatro hombres jóvenes que suponía eran los shitennous del Príncipe Terrícola. Usagi les sonrió, aunque con un dejo de ansiedad y una mirada cautelosa le indicó que aunque intentaba aparentar tranquilidad, no la sentía en lo más mínimo. La heredera de Marte observó a Minako, que faltando a su costumbre, estaba seria y observaba a las personas frente a ella con cautela.

"Bienvenidas." Les dijo Endymion, acercándose a ellas y sonriendo amigablemente, como si el motivo de su presencia en su planeta no fuera la imprudencia de la Princesa a un lado suyo.

El muchacho terrícola extendió una mano y Minako, en su papel de líder del grupo, fue quien lo saludó, suavizando ligeramente su gesto huraño hasta entonces.

"Gracias Príncipe, y lamento las molestias causadas." Se disculpó Minako, observando a Usagi, que estaba a muy poco de esconderse detrás de la capa de Endymion.

"No es ninguna molestia, siempre será un placer tenerlas aquí… y por favor llámame Endymion."

Minako sonrió, al parecer su enojo se iba desvaneciendo con cada minuto que pasaba.

"Permítanme presentarles a mis Shitennous." Agregó el muchacho, girando ligeramente y haciendo un gesto a los cuatro hombres que hasta ese momento se habían mantenido de pie detrás de él.

"Kunzite, general de la División de Medio Oriente. Nephrite, encargado de los ejércitos en Norte América . Zoisite, general de la División Europea. Y Jadeite, a cargo de los ejércitos en el lejano Oriente. "

Uno a uno las fueron saludando y Rei no pudo evitar examinarlos con atención. Kunzite parecía ser el más apacible y tranquilo de todos ellos, sin embargo algo en su mirada de ojos grises indicaba que era un hombre cauteloso y que más valía no hacer que se disgustara porque podía resultar alguien de cuidado. Por otro lado, Nephrite , de cabello rojizo y ojos azules, parecía una persona orgullosa e impulsiva, pero el brillo de sus ojos denotaba inteligencia. Zoisite, con su cabello y ojos castaños, parecía el menor de todos, y tenía un aire de inocencia que sin embargo era traicionado por el brillo travieso de sus ojos. Finalmente, Jadeite, de cabello rubio y ojos verdes, llamó la atención de Rei, no tanto por su apariencia audaz y animosa, sino porque fue el único que le sonrió.

"Voy a tener que disculparme." Les dijo Endymion. "¿Tengo que hablar con Ares un momento, les importa que las deje en compañía de mis shitennous?"

Todas negaron con la cabeza. La realidad era que no les quedaba otra opción, así que sin decir nada más, y dirigiéndole una sonrisa a Usagi a manera de disculpa, Endymion se alejó caminando por el jardín, ondeando su capa negra detrás de él. Rei se tomó un minuto para contemplar el paisaje. No era nada parecido a Venus o a Marte, o a algo que ella hubiera observado con anterioridad. Había plantas que ella nunca había visto, y el clima era bastante benévolo… Ami había comentado en el camino, que era primavera. Llamó su atención un tipo de árbol particularmente hermoso, que en esa época del año florecía en todo su esplendor.

"Árboles de cerezo, la tonalidad de sus flores es inigualable. Apuesto a que nunca habías visto uno."

Rei volteó para observar a su interlocutor, Jadeite, que le sonreía amigablemente y caminaba a un lado de ella. Sólo se limitó a negar con la cabeza.

"Es en esta época del año cuando alcanzan su esplendor." Agregó el joven, observando cómo caían algunas flores de la copa del árbol y se deslizaban casi con elegancia hasta el césped cuidadosamente podado. "¿Son hermosos no?" le preguntó.

"Sí." Respondió Rei, observando a su alrededor para darse cuenta que Minako hablaba animadamente con Kunzite, que había dejado a un lado su semblante serio para socializar con ella.

"Creo que podemos organizar algo para comer en el jardín, será divertido." Comentó Jadeite.

"¿No crees que eso está un poco fuera de lugar dadas las circunstancias?" aclaró Rei. "La verdad es que no estamos aquí para divertirnos."

Jadeite suspiró ante la negativa de Rei, aunque a ella eso no le afectó demasiado.

"Tal vez tengas razón, pero no te molestes, sólo quería demostrarles un poco de la hospitalidad terrícola."

"Ya veo." Musitó Rei, que a la distancia pudo observar a Minako riendo a carcajadas por algún comentario que hizo Kunzite. El joven general sonrió también y colocó una mano sobre la espalda de Minako, guiándola para que continuara caminando y después ofreciéndole un brazo para que caminaran juntos, y entonces Rei tuvo que disimular esa leve punzada que sintió en el pecho cuando Minako no hizo nada para alejarse de él, sino que se limitó a aceptar el gesto sin el menor atisbo de resistencia. 'Sólo están caminando, cálmate.' Se tuvo que repetir una y otra vez la chica marciana, porque nunca había sentido la necesidad de correr hacia alguien para impedirle que caminara.

"¿Te sientes bien Rei? Perdona mi atrevimiento, ¿puedo llamarte Rei verdad?" le preguntó Jadeite, que la observó un poco confundido.

"Sí… sí… lo lamento, me distraje."

"Ah… en fin… como te comentaba, puedes tener razón. No creo que sea buena idea comer aquí afuera, por mucho que me gustaría que disfrutaran de ese banquete. Lamento mucho lo que sucedió en Venus, y lo que ha estado sucediendo en la Luna."

"Gracias… aunque en la Luna sólo se presentaron un par de ataques."

Jadeite alzó las cejas, observándola con un poco de sorpresa.

"No son los informes que nos han llegado." Murmuró, mientras observaba a Usagi que intentaba atrapar los pétalos de las flores de cerezo que caían, sin mucho éxito, mientras a un lado Makoto, Ami, Nephrite y Zoisite intentaban no reírse demasiado.

"¿A qué te refieres?" preguntó Rei, observándolo con suspicacia.

"¿En verdad no lo sabes? ¡Eso si me sorprende! La reina Serenity ha solicitado ayuda en varias ocasiones, al parecer los ataques han continuado e incluso ahora están pensando en trasladar a los habitantes de la Luna para protegerlos, sobre todo a las mujeres y los niños."

Rei se quedó sin palabras. ¿Por qué a ellas no les habían informado nada? ¿Tan grave era la situación como para estar pensando en refugiar a los habitantes de la Luna, en la Tierra?

"Así que la situación debe ser bastante grave." Continuó Jadeite. "Por ahora la prioridad de todos nosotros es atrapar a Beryl."

"Me parece sorprendente que no se hubieran percatado de sus planes…"

Jadeite bajó la mirada, como si sintiera avergonzado.

"No necesitas decirlo… aún estamos tratando de entender cómo fue que planeó esto durante tantos años sin que nadie lo notara. Desafortunadamente, no sabemos en donde se puede encontrar, puede estar en cualquier lugar de este sistema solar. Pero Endymion ha enviado algunos escuadrones en su búsqueda."

Rei bajó la mirada y se quedó pensativa. A lo lejos, pudo escuchar la risa de Minako, pero no quiso concentrarse demasiado en ese sonido.

"¿Qué hace pensar a la reina Serenity que estarán más seguros aquí los habitantes de la Luna?" murmuró, y Jadeite, que en ese momento estaba observando a Usagi y su cacería de flores de cerezo, volteó a verla.

"¿Qué dijiste Rei?" preguntó el joven rubio.

"Nada… sólo… estaba pensando que tengo que consultar algo con Minako, si me disculpas."

Rei no esperó a que le respondiera y se dirigió con paso firme hacia donde se encontraba Minako. Kunzite había cortado una flor y parecía tener toda la intención de entregársela a la Princesa de Venus. '¡Qué se está creyendo!' pensó Rei, mientras se contenía para no arrebatarle la flor a Kunzite.

"¿Puedo hablar contigo?" le preguntó Rei a Minako, con un tono frío y sin dirigirle una sola mirada a Kunzite, que se quedó ahí de pie con la flor en la mano y sin saber qué hacer con ella cuando Rei tomó de un brazo a la rubia y la apartó un par de metros del resto de los presentes.

"¿Qué pasa Rei?" preguntó Minako, sonriendo inocentemente, 'como si dos minutos antes no hubiera estado pasándola tan bien con Kunzite', pensó Rei, haciendo gala de su autocontrol y respirando profundamente.

"¿Sabías algo acerca de que los ataques en la Luna han continuado? ¿Qué están pensando en refugiar aquí a los habitantes de la Luna por esa misma situación?"

Minako abrió mucho los ojos y se quedó con la boca ligeramente abierta. Así que tampoco lo sabía.

"¿Quién te dijo eso?"

"Jadeite."

La heredera de Venus frunció de manera casi imperceptible el ceño y observó un punto indeterminado en el piso.

"Si han llegado a ese punto, esto tiene que ser muy grave."

"¡Por supuesto que sí!" exclamó Rei, molesta.

"Hablaré con Artemis, creo que si van a trasladar a los habitantes de la Luna aquí, necesitarán protección."

"¿Y Beryl?" preguntó Rei.

"Kunzite dice que no hay pistas de ella."

"¿Y tú le crees?" le cuestionó, con aire incrédulo.

"No tengo razones para dudar…"

"Claro que no… te veías muy divertida." murmuró Rei, cruzándose de brazos y desviando la mirada, totalmente consciente de que tenía que estarse viendo como una niña haciendo berrinche, pero sin importarle demasiado.

"¿Qué te pasa Rei?"

"Nada." Respondió sin observarla.

"Estás celosa."

"¿Qué? ¡Por supuesto que no!"

Desde el punto de vista de Rei, aquello era absolutamente absurdo, pero Rei lo dijo tan fuerte que llamó la atención de todo el mundo. Cuando regresó su mirada a Minako, la rubia la estaba observando con una sonrisa discreta, que tan sólo consiguió exasperarla más.

"En serio Rei, no tienes por qué estarlo."

"No lo estoy." Respondió Rei, negando con la cabeza.

"Sí, claro…"

"¡Te dije que no!"

"Rei."

Rei dio un salto y se dio media vuelta tan rápidamente que le dolió el cuello, su padre estaba detrás de ella y quizá lo suficientemente cerca como para haber escuchado toda la conversación. O quizá no.

"Papá…"

"Me da gusto ver que te has recuperado." Le dijo, colocando una mano sobre su hombro y sonriendo cálida pero discretamente.

"Sí… bueno… ya estoy bien." Respondió la muchacha de cabello negro, ligeramente nerviosa. ¿Acaso su padre había escuchado todo? ¿Qué se suponía que le iba a decir si le preguntaba al respecto? ¡Ella no estaba celosa! ¿Cómo reaccionaría? ¡Por la bendita arena de Marte! ¿Que se suponía que eran Minako y ella? ¿Cómo se lo iba a explicar?

"¿Y bien Rei?"

Rei observó a su padre, con la mente en blanco, ¿le había preguntado algo? Minako se mantenía a su lado, al parecer relativamente incómoda, pero sin moverse un solo centímetro, observando de manera alternativa a Ares y a ella. Rei pasó saliva con dificultad, ¿en qué bendito lío se había metido?

"Eh… ¿cómo?" preguntó la chica, sintiéndose realmente estúpida, y Ares alzó un poco las cejas.

Minako se mordió el labio inferior, y Rei supo que estaba conteniendo una sonrisa. Típico de ella.

"Te decía que tuve una conversación con Endymion… dadas las circunstancias tendré que regresar a Marte, no puedo dejar a nuestro pueblo desprotegido, sólo quería pedirte que actúes con cautela."

Rei dejó escapar el aire que no sabía que había estado conteniendo, y asintió con la cabeza cuando su padre le dirigió una mirada significativa.

"Cuídate." Le dijo Ares, colocando ambas manos sobre sus hombros y apretándola ligeramente. "Y tú también Minako." Agregó, observando a la muchacha rubia durante un par de segundos y acercándose a ella para depositar un beso sobre su mejilla.

Rei se quedó con la boca abierta, y su padre se fue no sin antes dirigirle una sonrisa que tan sólo consiguió sorprenderla todavía más. Era la misma manera en que la observaba cuando era niña y ella intentaba disimular una travesura sin éxito alguno.

"¿Qué fue eso?" le preguntó Minako, que estaba tanto o más sorprendida que ella. "¿Por qué no se despidió así de ti? ¿Rei? ¿Rei?"

Rei cerró los ojos y dejó caer los hombros, porque de alguna manera, sintió que un peso se le quitó de encima.

"Es… una costumbre marciana."

"¿Costumbre marciana?" preguntó Minako, que súbitamente se había puesto de un color rojo tan intenso que parecía estar a punto de arder en llamas. "¡Qué clase de costumbre!" exclamó, levantando los brazos y ocasionando que el resto de los presentes se volvieran para observarla sospechosamente.

"¡Guarda silencio!" siseó Rei, que la tomó de un brazo y la alejó un poco más, hasta conducirla debajo de uno de esos árboles de cerezo. "Es… digamos que…" continuó Rei, caminando en círculos mientras los ojos de Minako la seguían insistentemente y ella se apretaba las manos de manera nerviosa.

"Sólo dilo." Sentenció Minako, cruzándose de brazos. "¡Porque como sea algo extraño que tu padre esté-!"

"¡Por supuesto que no! Sólo está… aceptándote."

"¿Aceptándome?" preguntó Minako, frunciendo el ceño y genuinamente confundida. "Y qué es lo que se supone que tiene que acep…"

Rei, que todavía estaba un poco sorprendida con toda la situación, observó a Minako y logró dirigirle una mirada cargada de ironía, ¿acaso necesitaba explicárselo?

"Oh… vaya." Terminó por decir Minako, encontrando, de pronto, sumamente interesantes los pétalos de flores de cerezo que habían caído sobre el césped. "¿Crees que nos escuchó?"

"No lo sé… sólo sé que a veces puede ser más perceptivo de lo que parece." Concluyó Rei, sonriendo discretamente, y Minako le correspondió con una mirada tímida.

"Rei…"

"Ahora no."

Minako apretó los labios, pero no dijo nada más. La realidad era que Rei no quería profundizar demasiado en el tema, porque al menos en ese momento sentía que tenían otras situaciones que resolver… prioridades.

"Dime una cosa… ¿en verdad crees eso de que ellos no tienen idea de dónde se encuentra Beryl?" le preguntó Rei, cambiando abruptamente de tema y observando inquisitivamente a la rubia.

"Te dije que no tengo razones para dudarlo… ¿crees que Endymion nos mentiría?"

"No estoy hablando de Endymion." Aclaró Rei, dirigiendo una mirada de soslayo al grupo de personas que se encontraban a varios metros de distancia, concentrando su atención en los shitennous.

"Rei, ¿crees que ellos están ocultando algo?"

"No lo sé, y dudo que podamos averiguarlo… Minako, el hecho de que nuestra principal enemiga sea precisamente de este planeta, no me da mucha confianza. Y si en mis manos hubiera estado la decisión, jamás habría enviado a los habitantes de la Luna para que se refugiaran en este lugar."

"Bueno… no puedes negar que tienen paisajes hermosos." Comentó Minako, observando los rayos de la luz del sol que se colaban entre el follaje del árbol de flores de cerezo.

"Minako…"

"Creo que estás un poco paranoica, sólo intenta relajarte… y lo que tenga que pasar, pasará."

Rei apretó la mandíbula. No le gustaba pensar que no había nada que ella pudiera hacer para cambiar la situación en la que se encontraban, y tampoco le agradaba creer en el destino, porque le recordaba el sentimiento amargo de saberse impotente ante las injusticias de la vida, como por ejemplo, ser una simple espectadora ante la visión de la muerte de su madre. Al final, Minako la sacó de su ensimismamiento acariciándole suave y fugazmente el rostro con la yema de sus dedos, lo que ocasionó que Rei dejara ir un poco la ansiedad que ya empezaba a acumularse en su corazón.

"Ahora acompáñame, y procura no intentar asesinar a Kunzite."

"Mientras se mantenga alejado de ti…" murmuró Rei, cuya mirada se tornó hosca en el mismo instante en el que la posó sobre Kunzite.

"Rei por favor, compórtate."

"¿Comportarme? No me hables de esa manera… como si fuera… ¡tu mascota!"

Minako soltó una carcajada, y Rei no pudo evitar preguntarse cómo era posible que hubiera caído en tales circunstancias… si hace un par de meses cualquier persona le hubiera dicho que se iba a encontrar en la Tierra, luchando con sus propios sentimientos, intentando contenerlos para no saltarle encima a quien se atreviera a ponerle una mano encima a Minako, por inocentes que fueran sus intenciones… se hubiera reído hasta el agotamiento extremo. Suspiró y finalmente llegaron hasta donde se encontraban el resto de las senshis y shitennous.

"¿Todo bien Rei?" le preguntó Jadeite, observándola atentamente.

Ella se limitó a asentirle levemente con la cabeza, sin la intención de retomar la conversación que habían estado teniendo.


Ya había estado en ese lugar, y al mismo tiempo nunca había estado. Pero de pronto se encontró recorriendo esos mismos pasillos y esos mismos jardines que ahora le resultaban familiares, como el vago recuerdo de un sueño. Ahora, curiosamente, todo le resultaba más nítido, más real, como si en su visión anterior todo fuera únicamente la esencia débil de un acontecimiento incierto, pero ahora, se estuviera consumando. No le gustaba ese sentimiento de opresión, de sentirse conducida sin remedio a lo inevitable. No le gustaba conocer de antemano lo que encontraría, sin importar cuánto se esforzara en evitarlo. Conducida por una fuerza desconocida que le indicaba el rumbo que tenía que tomar, caminó hasta un salón oscuro… esto era diferente, en su visión anterior nunca…

"¡Obedece!"

Rei dirigió la mirada a su derecha, en donde la imagen de Minako y ella (o al menos otra ella, porque estaba segura de estarse observando a si misma) le quitó el aliento.

"Pero Beryl…"

"¡Yo me encargo de ella!"

"Mina…"

"Me lo prometiste, dijiste que no harías nada sin mi autorización, ¡Vete ya! ¡Ahora!"

Pudo ver el conflicto en sus propios ojos, la angustia de tener que hacer algo que no quería hacer tan sólo para no defraudarla… sí, se lo había prometido. La otra Rei se alejó corriendo por un pasillo y Minako se quedó observándola hasta que desapareció de su campo de visión.

"Princesa de Venus… ¿ahora sabes que todo está perdido?" se escuchó una voz entre las sombras.

Minako apretó con fuerza la espada que la reina Serenity le había entregado aquel día en que habían salido de la Luna, rumbo a Venus, un día que ahora parecía tan lejano. Rei hubiera deseado no haberse dado cuenta de los ojos azules infinitamente tristes de Minako, porque jamás los podría olvidar.

"No. Vamos a estar bien." Murmuró Minako, levantando la mirada y esbozando una sonrisa, dándose media vuelta y enfrentándose a Beryl, que de pronto salió de su escondite y se abalanzó contra ella.

Rei cerró los ojos… y se despertó empapada en sudor, intentando respirar. Trató de levantarse de la cama pero se enredó en las sábanas y terminó cayendo estrepitosamente al suelo, todavía sin poder ubicarse muy bien en el espacio. Estaba un poco mareada, jadeante y asustada. Se secó el rostro, sabiendo que lo que mojaba sus mejillas eran lágrimas. Se levantó, tambaleante, pero caminó rápidamente a la salida de la habitación que le habían asignado en el Palacio de la Tierra, salió, atravesó el pasillo y tocó la puerta de enfrente. Tuvieron que pasar varios segundos para que la abrieran, segundos durante los cuales no le importó que la vieran en esas condiciones entrando en la habitación de Minako a mitad de la noche… o madrugada, ni siquiera tenía idea de qué hora era, pero no le importaba. Finalmente, y para alivio de Rei, que estaba temblando no solamente por el viento fresco de la noche sino por el incesante miedo que se deslizaba por todo su cuerpo como una corriente helada, la rubia abrió la puerta, con los ojos somnolientos y parpadeando cuando la tenue luz de las antorchas colocadas en la pared iluminó su rostro.

"¿Rei?"

Ella no esperó otra cosa. La empujó nuevamente al interior de la habitación, y una vez dentro, la abrazó con tanta fuerza que pensó que quizá la estaba lastimando un poco. Pero si era así, Minako no dio señales de dolor.

"¿Rei?" repitió Minako, dejando que ella hundiera el rostro en su cuello, porque necesitaba asegurarse de que Venus estaba ahí, con ella, y no en un lugar tenebroso luchando con fuerzas oscuras.

"Estás temblando… me estás asustando." Murmuró Minako, acariciándole la espalda.

¿Asustándola? Era ella la que estaba a punto de llorar por el terror que estaba sintiendo.

"Tengo miedo… te amo, te amo, no quiero perderte…"

"¿Quién dijo que vas a perderme?" le preguntó Minako, hablándole suavemente, deslizando una mano por su cabello húmedo.

Ella se quedó en silencio. No quería decirle que nadie se lo había dicho… que lo había visto con sus propios ojos. La heredera de Venus se separó un poco, y la observó directamente a los ojos.

"¿Tuviste una visión?" le preguntó, aunque aquello sonó casi como una afirmación.

Rei asintió con la cabeza, y Minako la besó suavemente.

"No vas a perderme, te lo prometo. Vamos a estar bien. No me importa lo que pase, yo siempre me voy a quedar contigo."

Rei dejó escapar las lágrimas que había estado tratando de contener, se aferró con fuerza a Minako, y por un momento la descabellada idea de salir corriendo de ese lugar junto con ella pasó por su mente, pero pronto se dio cuenta de que aquello era imposible. Tenía una responsabilidad, proteger a Usagi y al Cristal Plateado, y era algo que compartía no sólo con Minako, sino con el resto de las chicas. No podía simplemente lanzar todo por la borda, porque al fin y al cabo, estaban en esto juntas, y su padre nunca le había enseñado a huir de los problemas aún cuando el mundo entero se le viniera encima. Las palabras de Minako habían logrado tranquilizarla un poco, porque la rubia podía ser muchas cosas, pero de alguna manera sabía que cumpliría su promesa. Había tanta seguridad en el tono de su voz que le hubiera creído igual si le hubiera dicho que nevaba en Venus.

"Te lo prometo Rei, no te estoy mintiendo y no lo estoy diciendo sólo para tranquilizarte. Voy a cumplirlo."

Rei sonrió, porque los ojos azules de Minako brillaban con tanta decisión que ella no pudo hacer otra cosa más que estar segura de que lo haría. Cuando la rubia se dio cuenta de que había aceptado sus palabras, también le sonrió, satisfecha, y deslizó ambos de dedos pulgares por sus mejillas, secándole las lágrimas.

Se quedó así tanto tiempo que pronto empezó a sentir que se relajaba nuevamente. Ahora se daba cuenta de que la sola presencia de Minako conseguía relajarla a niveles insospechados, ahuyentando a todos los demonios que parecían perseguirla.

"¿Y ahora que harás? Porque es más de media noche y estás en mi habitación..." comentó Minako, bajando la mirada y posando las manos sobre su cintura, apretándola delicadamente. "Y no quiero que alguien te vea salir y comiencen los rumores..."

Rei encogió los ojos. Casi no podía creer la manera en la que estaba actuando la Princesa de Venus.

"¿Y no te preocupa que alguien me haya visto entrar, y si no me ven salir, los rumores serán peores?"

Minako levantó la mirada y colocó el dedo índice sobre sus labios, como si estuviera pensando la respuesta. Tenía un gesto tan colmado de inocencia, que Rei casi le hubiera creído el juego de no ser porque sus ojos brillaban como lo hacían cada vez que le gastaba una broma.

"No había pensado en eso..."

"Seguro que no..." le dijo Rei, y luego se dio media vuelta para salir por donde había entrado, pero Minako la aferró de la cintura con tanta fuerza que ella hubiera tenido que forcejear para liberarse. Y no lo iba a hacer.

"No te vayas." le susurró al oído, y la abrazó por detrás sin intención de dejarla ir.

Rei se mordió el labio inferior y observó el techo de la habitación, imaginando que miraba las estrellas para suplicarle a todos los dioses que la pudieran escuchar que le brindaran un poco de autocontrol, y quizá la voluntad para negarse a esa petición. Pero tal vez no la escucharon, o simplemente no quisieron concederle ese deseo, porque se dio media vuelta y la otra chica no le dio tiempo para nada, la besó, ella le correspondió y con eso fue suficiente para que Rei cayera en la cuenta de que no daría un solo paso fuera de esa habitación, al menos esa noche.

Ya no tenía miedo, al menos no en ese momento. Ahora sólo la invadía la necesidad apremiante de estar con Minako. De tocarla para asegurarse de que minutos antes no había visto sus ojos azules tan inmensamente tristes que se le había encogido el corazón, y de besarla porque sentía que era la única manera de explicarle lo que estaba sintiendo.

"¿Sabes que estás jugando con fuego verdad?" le preguntó Rei, y la empujó contra la puerta, quizá con más brusquedad de la que ella misma hubiera esperado. Minako abrió un poco los ojos por la sorpresa, pero enseguida le sonrío con ese gesto travieso que a la primogénita de Ares sacaba tanto de control.

"No estoy jugando con fuego." Respondió, haciendo énfasis en la última palabra, pronunciándola lentamente, saboreando cada letra. "Estoy aprendiendo a conquistarlo."

La verdad fue que Rei no supo que responderle, se quedó en silencio y Minako básicamente se le fue encima sin que ella opusiera demasiada resistencia. Rei todavía no entendía (ni creía que algún día fuera capaz de hacerlo) cómo era posible que una persona pudiera dominarla con tanta facilidad, pero por supuesto que ella no se iba a dar por vencida tan cómodamente. Se enfrascó en una batalla silenciosa, besándola con insistencia cuando la otra Princesa parecía querer tomarse un respiro, presionándola contra la puerta cuando quería cambiar de posición, o simplemente acariciándola no cuando Minako lo deseaba, sino cuando ella lo decidía.

"Reiii…" la manera en la que Mina arrastró la última vocal de su nombre casi consigue arrancarle una carcajada. "De acuerdo… ya entendí…" continuó, jadeante.

"¿Ah sí?" preguntó satisfecha.

"Sí… tú mandas."

Ella hubiera querido hacer un retrato del rostro de Minako en ese momento, pero apenas estaba regodeándose con su pequeño triunfo cuando la rubia nuevamente se le fue encima sin que fuera capaz de detenerla (¿acaso creía que esto era una lucha cuerpo a cuerpo?) y más por accidente que por otra cosa, terminó en el suelo con una heredera de Venus sobre ella.

"¡Eso es trampa!" exclamó Rei, y la otra chica soltó una risa divertida.

Rei no se pudo enfadar con ella, y aceptó una vez más (y las que fueran necesarias) los labios de Minako sobre los suyos, recordándole que en realidad, de ahora en adelante ya no era dueña absoluta de sus acciones. Iba a ser una larga noche.


Minako abrió los ojos, llenó de aire sus pulmones, y luego lo dejó escapar con lentitud mientras cerraba nuevamente los ojos. No recordaba haber tenido ese sentimiento de plenitud en mucho tiempo… nunca, para ser precisos. En la Tierra las noches y los días eran más largos que en su planeta, y los amaneceres también eran diferentes. Un delgado haz de luz se colaba entre las cortinas de la ventana, y formaba una línea recta sobre el piso de la habitación, que Minako observó con atención mientras se hundía en los brazos de Rei que la abrazaba por detrás. Parecía una excelente opción quedarse así el resto de su vida… pero para nada viable. Se volteó con cuidado para observar a Rei, que todavía dormía apaciblemente, y sin intención de despertarla colocó su dedo pulgar sobre los labios de Rei, trazando una delicada línea imaginaria por su barbilla. La otra chica sólo hizo un pequeño movimiento para acomodar la cabeza sobre el conjunto de almohadones de la cama, y continuó con su sueño imperturbable. Minako sonrió. Se veía tan en paz. Nada en su rostro indicaba que estuviera inquieta, no había rastro de dolor como cuando había sido malherida en Venus, o de angustia como cuando tuvo una visión en la Luna. Ella sólo podía sentirse afortunada de ser capaz de contemplarla de esa manera, porque se había asustado tanto la noche anterior al verla llegar en un estado de histeria casi total, que por un momento pensó que se iba a poner a llorar junto con ella. Afortunadamente había logrado controlar la situación, y luego, (aunque la frase sonara trillada) una cosa llevó a la otra. La rubia tuvo que morderse el labio inferior para contener una risita que tal vez hubiera despertado a Rei, pero es que no podía dejar de recordar lo sucedido. Apenas estaba asimilando la manera en la que Rei era capaz de entregarse a alguien más… ¡a ella! Su aparente frialdad y carácter reservado, no podían ser un mejor disfraz para la Rei que había descubierto hacía apenas un par de horas atrás. Era curioso, pero tenía la sensación de que siempre había percibido esa pasión justo debajo de esa mirada enigmática de color amatista, y ahora todo lo que había hecho era descubrirla en todo su esplendor.

Con delicadeza apartó un mechón de cabello negro de la mejilla de Rei, y la otra chica abrió los ojos inesperadamente, Minako le sonrió y se sonrojó… algo que parecía totalmente inapropiado después de todo lo que había sucedido durante la noche, pero Rei no dijo nada, sino que se limitó a atraerla nuevamente hacia sí, y hundió su rostro en el cuello de Minako, suspirando. Su piel era tan suave que Minako estaba empezando a…

"¡Minako!"

Alguien llamó a la puerta con tanta insistencia, que tanto Rei como ella dieron un salto que casi las saca de la cama.

"Es…"

"Artemis." Murmuró Minako, incorporándose rápidamente y observando a su alrededor sin tener una remota idea de que hacer.

La muchacha salió de la cama y se quedó de pie en medio de la habitación. Por supuesto que no llevaba encima una sola prenda de ropa, y cuando dirigió su mirada hacia Rei se sonrojó intensamente, porque la manera en que la estaba observando tan sólo consiguió que se sintiera como una presa a merced de su depredador.

"¡Minako despierta!"

La voz de Artemis consiguió poner su cerebro en movimiento nuevamente, encontró en el piso un par de prendas de vestir y se las puso tan rápido como le fue posible. Rei, por otro lado, se colocó encima un camisón que pronto se percató que no era suyo porque le quedaba pequeño, pero la realidad fue que no le importó, sobre todo cuando la rubia le hizo un gesto con la mano para que se colocara junto a la puerta, de manera que quedara oculta cuando ella la abriera. Rei siguió sus instrucciones, y la heredera de Venus respiró profundo y se preparó para una gran actuación.

"¡Artemis! Que sorpresa…" le dijo Minako, luego de abrir la puerta.

"¿Se puede saber por qué tardaste tanto en abrir?"

"¡Estaba durmiendo!" exclamó, quizá exagerando un poco.

Su tutor negó con la cabeza.

"El resto de las chicas ya están despiertas. Necesito reunirlas en el salón. Ahora. Y no encuentro a Rei por ninguna parte."

"Quizá esté en el bosque cazando algún animal con su arco, ya conoces a Rei." Le comentó Minako de manera casual, y pudo sentir la intensa mirada de la chica marciana sobre su rostro.

"Ayúdame a buscarla, las quiero en el salón en menos de veinte minutos."

La otra muchacha inclinó la cabeza en señal de asentimiento, y Artemis se retiró sin hacer algún otro comentario. Cuando Minako cerró la puerta, soltó un suspiro de alivio y luego se volvió hacia Rei, que mostraba un gesto pensativo.

"¿Qué crees que hace aquí?" le preguntó Rei.

"No estoy segura… quizá tiene que ver con lo que te dijo Jadeite."

Rei asintió, y luego observó a Minako, como si solo hasta ese momento fuera consciente de la noche anterior. Abrió la boca para decir algo, pero no emitió ningún sonido. La rubia se acercó y la besó suavemente.

"Rei…"

"No creo que… sea necesario que digas algo." Comentó la otra muchacha, observando el piso con atención.

"Artemis dijo… menos de veinte minutos, ¿cierto?"

Cuando Rei levantó la mirada y la observó un poco sorprendida, ella no pudo evitar morderse el labio inferior. La heredera de Marte sonrió, negó con la cabeza con un aire de aparente resignación, y no opuso resistencia alguna cuando Minako la arrastró hasta el fondo de la habitación, entrando en el cuarto de baño.


Makoto bostezó, se cruzó de brazos y apoyó la espalda en el respaldo de la silla sobre la que estaba sentada. Llevaban más de veinte minutos esperando, y la molestia de Artemis y Luna era evidente. La chica de Júpiter dirigió su mirada a Ami, que se limitó a observarla con una media sonrisa. Ella siempre encontraba encantador ese aire inocente y reservado de Ami. Haruka tenía un gesto de leve hartazgo mientras movía nerviosamente las piernas, y Michiru, a su lado, le recordaba en más de una ocasión que se tranquilizara un poco.

"Creo que vamos a comenzar, no quiero seguir perdiendo el tiempo esperando a Minako y a Rei." Les dijo Artemis, que se puso de pie sin poder disimular su disgusto.

Sin embargo, en ese momento, y para alivio de todos los presentes, Minako y Rei entraron por la puerta, caminando apresuradamente y con gesto de ansiedad.

"¿Se puede saber en dónde estaban?" preguntó Luna, observándolas a las dos, que en ese instante lucían más bien como un par de niñas siendo reprendidas que como herederas de la realeza planetaria.

"Estaba buscando a Rei…" comentó Minako, de manera natural.

"Lo lamento, decidí ir a… meditar por la mañana, y… perdí la noción del tiempo." Se disculpó la heredera marciana.

Makoto encogió los ojos. Algo extraño estaba sucediendo, y Rei no sabía mentir, porque desvió la mirada al hablar con Luna y se mordió el labio inferior ligeramente, en un gesto que pasó desapercibido casi para todos.

"Tomen asiento." Les dijo Artemis, señalando los dos lugares vacíos y guardándose sus palabras para reprimir a las muchachas.

Ambas se relajaron visiblemente, e incluso Minako sonrió levemente, dirigiéndole una mirada fugaz a Rei. Makoto volvió a encoger los ojos, con gesto de sospecha.

"Todas saben lo que ha estado sucediendo últimamente… debo decirles que los ataques en la Luna han continuado, y ahora que sabemos que Beryl es la culpable de todo, hemos decidido tomar algunas medidas de emergencia."

"Pensamos que todo estaba en orden en la Luna." Comentó Michiru, ocasionando que Artemis y Luna lucieran un tanto culpables.

"No consideramos que hablarles de la verdadera situación en la Luna fuera importante."

"¿Bromeas?" le preguntó Minako, poniéndose de pie. "¡Es el hogar de Usagi!"

"Lo lamento Minako, pero no había nada que pudieran hacer. Nuestra prioridad era mantener a la Princesa y al Cristal Plateado a salvo."

Minako resopló molesta, y la verdad era que Makoto compartía el sentimiento. El hecho de que les hubieran ocultado lo que había estado sucediendo en la Luna, sólo la dejaba con el incómodo sentimiento de no conocer la verdadera gravedad de la situación en la que se encontraban.

"¿Y ahora podrías decirme cuáles son sus planes?" continuó Minako, caminando hacia Artemis. "Si me preguntas, no creo que exista lugar seguro, así que todo lo que podemos hacer ahora es enfrentar al enemigo y dejar de ir de un lado para otro esperando no sé qué cosa."

Minako estaba molesta, Makoto lo sabía, y la verdad que no era para menos, porque ella también estaba de acuerdo en que seguir evadiendo los problemas no era una buena idea.

"Trasladarán a algunos habitantes de la Luna aquí, a la Tierra…"

"Tenemos que encontrar a Beryl." Comentó Minako, como si de pronto hubiera decidido ignorar a Artemis.

"Minako, puede ser muy peligroso…" intervino su tutor.

"No me importa. Artemis… lo lamento, pero no voy a seguir obedeciendo tus órdenes. A partir de ahora yo estoy a cargo."

"¿Qué?"

El rostro de sorpresa de Artemis no pudo ser más revelador.

"Todo el tiempo me has dicho que soy líder de este grupo, así que ahora estoy dispuesta a asumir ese papel, y eso significa que las órdenes las doy yo. ¿Quién está conmigo?"

Makoto, que todavía estaba con la boca abierta ante la emancipación de Minako, observó que Rei fue la primera en levantar la mano. Ami la siguió, y Makoto no pudo más que levantar la mano por convicción y no por obligación o simple compromiso. ¡Por supuesto que estaba dispuesta a apoyar a Minako! Las cosas se estaban poniendo cada vez peor y ella creía que necesitaban medidas urgentes para cambiar el rumbo de esa historia.

Por otro lado, Haruka y Michiru observaban con gesto de satisfacción y sorpresa a la heredera de Venus.

"¿Y bien? Están conmigo o en mi contra." Les dijo Minako a ambas.

"No seas extremista Princesita de la selva." Le respondió Haruka. "Por supuesto que no estamos en tu contra… pero de eso a seguir tus órdenes... dime una cosa, ¿qué piensas hacer ahora? ¿Cuál es tu plan?"

Minako suspiró.

"Obviamente tenemos que encontrar a Beryl, y prepararnos porque estoy segura de que se presentarán más ataques. Y tenemos que asegurarnos de que los habitantes de la Luna que llegarán a la Tierra estén seguros. Para eso necesito pedir apoyo a Endymion, sé que no se negará, y también supongo que enviarán algunos guardias de la Luna que nos apoyarán con la seguridad de estas personas."

"Eso está muy bien, ¿pero cómo vamos a encontrar a Beryl?" continuó Haruka, cruzándose de brazos y dispuesta a no ceder tan fácilmente.

"Ella está detrás del Cristal Plateado, se las ingenió para encontrarnos en Venus y ahora que estamos en la Tierra, sólo es cuestión de tiempo para que ataque nuevamente, no podemos dejar a Usagi sola en ningún momento." Minako tomó aire. "La realidad de las cosas es que estamos en clara desventaja… necesitamos todo el apoyo que podamos conseguir. Nosotras solas no podemos defendernos de un ejército de youmas, así que vamos a tener que conseguir el apoyo de los ejércitos del resto de los planetas. Y para eso necesito su ayuda, creo que no tenemos mucho tiempo." Concluyó, observándolas a todas con severidad.

Haruka la observó fijamente, al igual que Michiru, y finalmente habló.

"De acuerdo Minako, cuentas conmigo." Accedió.

"Conmigo también." Comentó Michiru, como si sólo hubiera estado esperando la respuesta de Haruka para emitir la suya.

Minako sonrió satisfecha y observó a Rei, que alzó las cejas.

"¿Necesito decirlo?" preguntó la heredera de Marte, ocasionando que la rubia pusiera los ojos en blanco.

"Claro, olvidaba que a las palabras se las lleva el viento."

Rei sonrió, y nuevamente Makoto no pudo dejar de notar ese aire de complicidad que se percibía entre ambas. Siempre había creído que ese par podía odiarse a muerte, o todo lo contrario, y ahora sólo parecía estar comprobando que algo había sucedido entre ambas como para que hubieran alcanzado ese nivel de confabulación.

Makoto sonrió, y observó a Ami, que también estaba sonriendo levemente. La realidad era que el futuro era incierto, y estaba segura de que la situación podía volverse catastrófica, pero de pronto sintió que las cosas no podían ir tan mal siempre y cuando tuviera a su lado a este grupo de personas.


"Todo está listo, mi señora."

Beryl esbozó una fría sonrisa mientras observaba a Kunzite, que se hallaba inclinado frente a ella.

"Al principio no quisieron creerme, pero ahora que saben que la Luna está enviando a sus habitantes a la Tierra, pueden darse cuenta de la realidad. Ellos sólo están buscando apoderarse de este planeta, de sus recursos, y por supuesto, de nuestra gente. Quieren esclavizarnos y no lo vamos a permitir."

"¿Pero qué hay de Endymion?" preguntó Jadeite, que se hallaba detrás de Kunzite, con el resto de los shitennous.

"Esa Princesa de la Luna lo tiene bajo un hechizo, ¡se los he repetido hasta el cansancio! La única manera de liberarlo es eliminándola, pero para eso, primero tenemos que apoderarnos del Cristal Plateado, porque mientras esté en manos de la gente de la Luna, son prácticamente indestructibles."

"No será algo fácil de lograr…" comentó Zoicite. "Está protegida por esas chicas, y creo que son bastante poderosas."

"Tonterías. En cuanto tengamos en nuestras manos el Cristal Plateado, será fácil eliminarlas a todas. Esas Princesas sólo están buscando beneficiarse también con la conquista de nuestro planeta, créanme, no tendrían piedad si tuvieran oportunidad de eliminarlos a ustedes. Ahora necesito que me digan si tienen listo al ejército que solicité."

Kunzite asintió.

"Hemos hablado con cada uno de nuestros ejércitos, y todos están dispuestos a apoyarnos cuando sea necesario."

"Claro." Intervino Jadeite. "No están dispuestos a quedarse con los brazos cruzados si se trata de defender a sus familias, y a su planeta."

"Me da gusto escucharlo, no esperaba menos." Les dijo sonriendo Beryl. "Y ahora tenemos que actuar lo más rápido posible, antes de que esas Princesas puedan conseguir apoyo de sus ejércitos. Tiene que ser un golpe certero, ¿de acuerdo? Encárguense de todo."

Los cuatro generales asintieron, se dieron media vuelta, y salieron por donde habían entrado.

"Sabes Jadeite… no puedo dejar de pensar que estamos traicionando a Endymion." Comentó Kunzite, cuando se hallaban fuera del oscuro calabozo en donde se encontraban.

"Ya sabes lo que nos dijo Beryl… Endymion está hechizado, no es consciente de sus actos, y es nuestra responsabilidad no solo velar por su seguridad, sino por la de nuestra gente."

"Pero… quién lo diría, esas Princesas no me parecen malas personas. Minako es bastante simpática."

"¿Vas a decirme que estás empezando a sentir algo por ella?"

"¡Por supuesto que no!" exclamó el joven general, sin poder evitar que un leve rubor cubriera sus mejillas. "Es sólo que… en fin… no es nada. Las apariencias engañan, ¿cierto?"

"Cierto." le dio la razón Jadeite.

Kunzite suspiró, sin poder sacudirse del todo ese sentimiento de malestar que lo invadía cada vez que recordaba lo que estaban a punto de hacer. Pero Beryl había dicho que la gente de la Luna eran sus enemigos, y él no podía dejar de pensar en que sus palabras eran ciertas. ¿Por qué esa repentina decisión de trasladar a los habitantes de la Luna a la Tierra? ¿Acaso estaban pensando en colonizar este planeta? ¿Y por qué casualmente la Princesa de la Luna había elegido el mismo momento para presentarse en la Tierra? Todo podía ser una inofensiva coincidencia… pero después de lo que Beryl les había revelado, del enorme poder que ahora sabían que poseía el Cristal Plateado, no podía dejar de sentirse inquieto por el conjunto de circunstancias. Los terrícolas eran sin duda más vulnerables, y él no iba a permitir que dañaran a un solo habitante de este planeta que era su hogar. Si bien Beryl aportaría su valiosa ayuda proporcionándoles esos demonios que llamaba youmas, ellos no tenían otra opción más que actuar, literalmente, entre las sombras, comportándose de manera amigable con el enemigo, esperando el momento oportuno para atacar… y esperar que todo saliera de acuerdo a lo planeado, porque de otra manera, las posibilidades de triunfo eran casi inexistentes.

A la distancia, en el jardín, pudo observar a Endymion y Usagi dando un paseo, disfrutando del fresco aire matinal y el calor del sol que ya comenzaba a calentar la superficie de la Tierra. No pudo evitar sentir una leve punzada de culpabilidad al observarlos. Resultaba difícil creer que Endymion era víctima de un hechizo, cuando se le veía tan contento al lado de la Princesa de la Luna… pero si era necesario que él, Kunzite, general de los ejércitos de Oriente Medio, lo protegiera incluso de él mismo, lo haría sin dudarlo un segundo. Aunque eso significara terminar con la Princesa de la Luna, de Venus, Marte, Júpiter, Mercurio, o cualquier otro planeta que se interpusiera en su camino.