Aquí está el nuevo cap, un nuevo proyecto (fic) me había estado "quitando" el tiempo últimamente, y por más que intento dejarlo para concentrarme en esta historia, me llama con insistencia xD sin embargo no se preocupen, prometo que terminaré esta historia, es mi prioridad y seguiré publicando como siempre, así que… espero que les guste el capítulo, se agradecen los comentarios.


Traiciones.

Kunzite caminó por el pasillo con paso apresurado, prestando poca atención a su entorno. Era alrededor de media noche y el Palacio estaba prácticamente desierto, salvo por un par de sirvientes que realizaban alguna tarea nocturna, como el encendido de algunas antorchas. Instintivamente colocó su mano derecha sobre la empuñadura de su espada, apartándola casi al instante cuando recordó que no iba a ninguna batalla. Al menos no todavía.

En un par de minutos llegó hasta la habitación de Endymion y llamó a la puerta de manera decidida. Ya no había marcha atrás. El príncipe terrícola abrió y lo observó con algo de sorpresa.

"¿Kunzite? ¿Pasa algo?"

"Señor… necesito que venga conmigo… todo parece indicar que hemos encontrado a Beryl."

"Dame un segundo." Le dijo Endymion, regresando al interior de la habitación y colocándose una capa encima para cubrirse y tomando su espada. "¿Estás seguro de eso?" le preguntó Endymion, caminando a su lado por uno de los múltiples pasillos del Palacio.

"Sí." Respondió el shitennou. "Sabíamos que sólo era cuestión de tiempo para que los escuadrones que tenían la tarea de encontrarla, cumplieran con su objetivo."

"Me alegro Kunzite. Sabía que podía confiar en ustedes." Le dijo Endymion, con una sonrisa llena de orgullo y colocando una mano sobre su hombro. Kunzite desvió la mirada. "¿A dónde vamos?" le preguntó.

"A uno de los salones contiguos a las mazmorras. No es bueno llamar la atención ahora, sólo queremos asegurarnos que todo está en orden para capturarla."

"Necesitamos informar de esto a la gente de la Luna, y al resto de las senshis, lo antes posible."

"Por supuesto." Respondió Kunzite, dando vuelta en uno de los pasillos y descendiendo por unas largas escaleras, menos iluminadas que el resto del Palacio. "Por aquí." Comentó Kunzite, señalando una puerta al fondo de un pasillo con muros de piedra iluminado con antorchas.

Kunzite pasó saliva con dificultad, y se secó la fina capa de sudor que cubría su frente, pero llegó al final del pasillo y abrió la puerta, dejando pasar a Endymion.

En el interior ya se encontraban el resto de los shitennous y Endymion los observó a todos con atención.

"Me parece un poco excesivo tanto misterio." Comentó Endymion, pero justo en ese instante Kunzite desenvainó su espada y coloco la punta de la misma sobre la espalda de Endymion, ejerciendo suficiente presión como para que le quedara claro el hecho de que si hacía cualquier movimiento brusco, no obtendría buenos resultados.

"¿Qué diablos está sucediendo?" le preguntó el Príncipe, observando con una mezcla de sorpresa, miedo e incredulidad al resto de sus generales.

"Por favor no lo haga más difícil. Estamos tratando de ayudarlo."

"¿Estás loco? ¿Ayudarme?"

"Tal vez ahora no lo entienda, pero pronto todo tendrá sentido." Le dijo Jadeite.

"No sé de qué están hablando, y si detienen esto ahora, puede que su castigo no sea tan severo."

"Ya no hay marcha atrás, Endymion."

La voz que escuchó el joven Príncipe consiguió helarle la sangre. No entendía nada de lo que estaba suciediendo, pero de pronto tuvo la certeza de que eso no podía terminar bien.

"¿Beryl?"

No supo de dónde había salido, ¿pero acaso importaba? Estaba frente a él, que sólo podía observarla con ojos desorbitados.

"Me da gusto saber que me recuerdas. Eso significa que el hechizo no es lo suficientemente fuerte."

"¿Hechizo?"

"Señor, tal vez ahora no lo entienda, pero solo estamos tratando de protegerlo." Intervino Nephrite.

"La Princesa de la Luna lo tiene hechizado, y todo es parte de un plan para apoderarse de este planeta." Continuó Zoisite.

"Y no vamos a permitirlo." Concluyó Kunzite que aún se mantenía detrás de él, amenazándolo con la espada. Endymion no pudo evitar soltar una risa desesperada.

"¿Se dan cuenta de lo que están diciendo?" preguntó. "¿De dónde sacan esa sarta de tonterías?"

Pero Endymion no necesitó una respuesta, porque la sonrisa satisfecha de la mujer frente a él fue suficiente.

"Tú…" susurró el joven. "Te lo advierto Beryl, cuando te ponga las manos encima voy a-" sin pensarlo dos veces, Endymion dio dos pasos al frente, dispuesto a lo que fuera, sin embargo Jadeite y Zosite le cerraron el paso y lo sostuvieron con firmeza de ambos brazos.

"¡Les está mintiendo!" exclamó Endymion, desesperado. "¡No hay tal hechizo!"

"¡La reyna Serenity solo quiere apoderarse de este planeta!" gritó Kunzite.

"¡Kunzite! ¡Lo hubiera hecho desde hace mucho tiempo!" refutó Endymion, forcejando con los otros dos shitennous, intentando liberarse sin éxito alguno. "¡Nuestro verdadero enemigo es ella! ¡Beryl! ¿No lo entienden?"

"Se los dije." Intervino Beryl. "Está cegado a causa de ese hechizo. No queda otra opción, lo lamento Endymion." Beryl se acercó a él, mientras continuaba forcejeando. Era inútil. Si cuatro personas lo sostenían con todas sus fuerzas, él no podía hacer nada para liberarse.

"No vas a lograrlo." Le dijo Endymion, reuniendo todo el odio que le fue posible en esas cuatro palabras. "Usagi está muy bien protegida. Ellas no van a permitir que le hagas daño."

Beryl sonrió.

"Hasta ahora no he tenido que esforzarme demasiado Endymion… ya sabes, voy a liberarte de este hechizo."

Beryl levantó una mano, colocándola después sobre la cabeza del joven Príncipe, que luchó con todas sus fuerzas para deshacerse de la súbita sensación de vértigo que lo invadió. Pero no lo logró, y en un par de segundos se sumió en la oscuridad.


Rei no pudo evitar sonreír cuando Usagi se fue de bruces y soltó un chillido lastimero estando en el suelo. A la distancia, no pudo escuchar lo que Minako le dijo, pero supuso que no eran palabras de consuelo, porque la Princesa de la Luna sólo se limitó a hacer una especie de puchero y señalar con un dedo índice acusador a Minako.

Bueno, si Rei tenía que ser justa, la Princesa de la Luna había tenido la culpa de su caída. Llevaba más de media hora corriendo por el jardín del Palacio Terrícola como si fuera una chiquilla de cinco años, y cuando le arrebató a Minako la copa con jugo de arándano (Rei creía recordar que así se llamaba la fruta) que tan diligentemente estaba disfrutando la heredera de Venus, ella no pudo evitar perseguirla un par de metros y… en fin, parecían un par de niñas.

Rei suspiró, levantando la mirada y observando el cielo de un azul tan claro que conseguía hipnotizarla. Se parecía mucho al azul de los ojos de Minako. Era un día bastante agradable, sobre todo porque el clima de la Tierra no era para nada similar a las temperaturas extremas de su planeta, o a la humedad bochornosa de Venus. Los terrícolas tendrían que sentirse afortunados por vivir en un planeta tan benévolo como este, en donde los árboles podían crecer fuera de un invernadero sin mayores problemas, en donde durante la primavera y el verano era fácil dormir sin una manta encima, en donde abundaban los ríos y los océanos eran tan enormes que no se podía observar en donde terminaban.

"¿Rei?"

Rei bajó la mirada que hasta entonces había estado posada en el cielo y observó a Jadeite, cuyo gesto ligeramente contrariado llamó su atención.

"Jadeite. Buenos días."

"Buenos días… Rei… no quisiera alarmarlas, pero al parecer tenemos problemas."

De inmediato Rei se bajó de la roca en donde se encontraba sentada, observando al shitennou de ojos azules.

"¿Qué sucede? ¿Noticias de Beryl?"

Jadeite negó con la cabeza, observando con nerviosismo al resto de las senshis y a Usagi, ajenas a su conversación.

"Endymion no está por ningún lado, y nadie lo ha visto. Sospechamos que ha sido secuestrado."

Rei apretó la mandíbula. Si lo habían secuestrado, definitivamente tenían problemas.

"¿Quién más sabe acerca de esto?" le preguntó la muchacha, observando a Usagi y decidiendo que por el momento ella no tenía por qué enterarse.

"Solo el resto de mis compañeros… y ahora tú."

"No le digan nada a Usagi. Esa niña puede hacer una locura si se entera."

La expresión seria y el movimiento afirmativo con la cabeza de Jadeite, fue suficiente para convencer a Rei de que obedecería su instrucción.

"Hablaré con el resto de las chicas… ¿tienen alguna pista de dónde puede estar?"

"Creemos que no ha dejado el planeta, no ha habido ningún registro de naves entrando o saliendo de nuestro espacio aéreo… sin embargo no tenemos la menor idea de donde puede estar. Empezaremos a organizar algunos grupos de soldados en su búsqueda, y esperamos que si cayó en manos de Beryl… tarde o temprano ella se pondrá en contacto con nosotros. Sin embargo nos ayudaría bastante que ustedes dirigieran a algunos grupos de soldados, de esa manera la búsqueda será más rápida."

"¿No tienen suficiente gente ustedes? Quiero decir, tienen a ejércitos con miles de elementos a su disposición, ¿qué ayuda podríamos brindarles nosotras?"

Jadeite bajó la mirada y suspiró, como si de alguna manera hubiera esperado esa negativa.

"Conocen a Beryl, han luchado contra ella… saben de lo que es capaz, borraría del mapa a nuestros soldados en un parpadeo, en el caso de un enfrentamiento."

"¿Quieren que protejamos a sus soldados?" preguntó Rei, alzando un poco las cejas.

"Rei, por favor. Estamos hablando de Endymion… si Usagi hubiera desaparecido nosotros no dudaríamos en ayudarlas."

El tono desesperado de Jadeite logró conmover un poco a Rei. Pero no lo suficiente.

"Yo no puedo tomar esa decisión."

Rei volteó hacia la izquierda y se dio cuenta de que Minako la estaba observando con atención mientras conversaba con el shitennou, y cuando sus ojos se encontraron, de alguna manera la rubia entendió que requería de su presencia. Se acercó a ambos con paso firme, sacudiéndose el césped del vestido que llevaba puesto y sonriendo discretamente.

"Jadeite, ¿cómo estás?" preguntó, estrechando la mano del joven rubio, apretándola con fuerza.

"Minako, tenemos problemas…"

"No otra vez…" murmuró la heredera de Venus, soltando la mano de Jadeite y llevándosela a la frente.

De inmediato Jadeite se dio a la tarea de contarle los detalles acerca de lo que había sucedido, y su plan para intentar encontrar al Príncipe.

"No." Respondió Minako ante la petición del shitennou. "Lo siento Jadeite… no podemos dejar a Usagi sin vigilancia, de verdad, si Endymion fue capturado por Beryl, es sólo cuestión de tiempo para que intente apoderarse del Cristal Plateado."

"De acuerdo… sólo tres de ustedes, con eso será suficiente." Le dijo el joven general, y Rei pudo notar la desesperación en el tono de su voz.

Minako observó a Rei, suspirando. Quería decir que no, negarse a la petición… y Rei también hubiera querido hacerlo. Pero después de todo, se trataba de Endymion, la persona a la que Usagi amaba tanto… ¿qué era lo correcto? No podían abandonarlo a su suerte.

"De acuerdo… Rei, Ami y Haruka pueden acompañarlos. Makoto, Michiru y yo permaneceremos con Usagi."

Rei asintió ligeramente con la cabeza cuando Minako le dirigió una mirada significativa, cargada de advertencias.

"Gracias Minako. En este momento prepararé todo, no me llevará más que un par de horas y cuando todo esté listo vendré a buscarlas."

Jadeite se dio media vuelta y se disponía a alejarse, cuando Minako lo llamó y el joven se detuvo abruptamente.

"Jadeite, que nadie le hable de esto a Usagi, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo." respondió el muchacho, sin voltearse, y finalmente se alejó desapareciendo entre las columnas del Palacio.

"¿Y cuánto tiempo crees que se lo vamos a poder ocultar?" le preguntó Rei.

"No lo sé Rei. Sólo espero que el necesario… hasta que lo encontremos."

Rei se quedó en silencio, no quería ser pesimista, pero la desaparición de Endymion lograba ponerle los nervios de punta y no podía dejar de pensar en que posiblemente lo quisieran utilizar como un rehén para conseguir el Cristal Plateado. La expresión de Minako le dejaba saber que la rubia pensaba lo mismo.

"Rei, ten cuidado allá afuera, ¿de acuerdo?" le dijo Minako en voz baja, con un tono lleno de preocupación.

"Por supuesto. ¿Alguna vez he salido mal librada de una batalla?"

Minako encogió los ojos. Rei sonrió con fingida inocencia.

"Sin contar un par de rasguños, claro está." Añadió.

"Cállate Rei. Si regresas con un solo rasguño, me las vas a pagar, ¿entendiste?"

Algo parecido a una carcajada salió de la garganta de Rei, que junto con Minako, se dirigió hasta donde se encontraba Usagi con el resto de sus compañeras. Ahora todo lo que tenían que hacer era esperar.


Pronto Minako se dio cuenta de lo complicado que sería mantener a Usagi tranquila. La muchacha no había dejado de preguntar por Endymion, y el pretexto de que el Príncipe se encontraba en alguna reunión diplomática que le llevaría todo el día y quizá parte del día siguiente, empezaba a desgastarse rápidamente.

"No lo entiendo, ¿por qué no mencionó nada ayer?"

Comentó Usagi, echando la cabeza hacia atrás en el sofá donde se encontraba sentada. Era una sala pequeña con una chimenea al fondo, en donde ardía una pequeña hoguera. Makoto estaba sentada frente a la chimenea, hojeando un libro con dibujos de plantas terrícolas, mientras Michiru examinaba con atención lo que parecía ser la partitura de algún instrumento musical, quizá repasando mentalmente las notas plasmadas en el papel.

"Usagi, tú mejor que nadie debes saber que este tipo de cosas son inesperadas." Respondió Minako, que hasta entonces había estado sentada en uno de los sofás observando el techo de la habitación. En ese momento se puso de pie y se dirigió al enorme ventanal que se extendía en un costado de la habitación, observando el bosque frente a ella y en donde sabía que Rei ya debía estar, comandando un grupo de unos quince soldados terrícolas. No pudo evitar apretarse las manos, con un poco de nerviosismo.

La rubia princesa de la Luna se cruzó de brazos y se tiró sobre el sofá, con poca elegancia. Minako sabía que al menos se quedaría un par de horas tranquila, y estaba deseando que la noche cayera por completo para que Usagi se quedara dormida y dejara de quejarse por la ausencia de Endymion.

"¿Cuánto tiempo les llevará la búsqueda?"

Minako dio un pequeño salto, porque no había notado que Michiru se había puesto de pie y ahora se encontraba a su lado, hablando en voz baja.

"Kunzite me dijo que quizá toda la noche."

"Si Endymion no aparece vamos a tener serios problemas…" agregó la heredera de Neptuno, dirigiendo una mirada de soslayo a Usagi, que al parecer, se estaba quedando dormida.

"Eventualmente tendrá que saberlo." Concluyó Minako.

"Todavía me resulta increíble el hecho de haya desaparecido sin dejar rastro… ¿qué clase de seguridad hay en este lugar?"

Minako negó con la cabeza, sin poder formular una respuesta. A ella también le parecía inverosímil el hecho de que el Príncipe hubiera desaparecido sin que nadie lo hubiera notado, pero no le hubiera parecido justo juzgar a alguien, cuando incluso ellas mismas eran capaces de cometer errores como por ejemplo, que Usagi escapara de Marte a la Tierra sin que nadie lo notara. La única diferencia había sido que la habían encontrado de manera casi inmediata y sin consecuencias graves. Y todavía no podía decir lo mismo de Endymion.

"¿Qué hay de los ejércitos del resto de los planetas?" preguntó Michiru, observando a Minako con atención.

"Todos han sido convocados, y prácticamente sólo están aguardando la instrucción de que pueden trasladarse a la Tierra sin problemas." Respondió Minako. "En cuanto se las demos, es sólo cuestión de días para que se encuentren aquí. No tuve oportunidad de hablar con Endymion acerca de eso, aunque supongo que no tendría ningún problema en albergar aquí a los ejércitos. Hay suficiente espacio y recursos para mantenerlos, al menos por un tiempo. Y por supuesto que tarde o temprano compensaríamos lo que fuera necesario. Supongo que en su ausencia tendría que consultarlo con Kunzite."

Michiru asintió, estando de acuerdo. El sol se había ocultado ya detrás de las montañas, y la noche había caído rápidamente. Minako observó el cielo nocturno de la Tierra, adornado por miles de estrellas y una Luna menguante que consiguió arrancarle una sonrisa, porque nunca había tenido oportunidad de contemplarla de esa manera y no podía negar que era hermosa.


Rei caminó por el bosque, observando atentamente a su alrededor y sosteniendo su arco con fuerza. La luz de las antorchas que los soldados terrícolas llevaban para iluminar el camino, proyectaba sombras en un lado y en otro, dándole al bosque un aspecto más tenebroso del que en realidad merecía. Ya habían caminado durante un par de horas sin señales de Endymion, o Beryl.

"Si seguimos caminando al frente, llegaríamos a una formación de cavernas, podríamos buscar alguna señal ahí." Le dijo el soldado que caminaba a su lado, un hombre maduro de espalda ancha, barba y aspecto tosco.

"¿Cavernas?" preguntó Rei, saltando por encima de un tronco. "Si hay alguien que las conozca a la perfección, estoy de acuerdo. De otra manera podríamos perdernos con facilidad."

"¡Daishi!" exclamó el hombre, y enseguida un muchacho moreno y alto se aproximó a ellos.

"Señor."

"¿Conoces esas cavernas al pie de la montaña verdad?" le preguntó.

"Sí."

"Necesitamos que nos guíes al interior, y de regreso."

"Entendido. Iré al frente para iluminar el camino."

Rei lo observó con suspicacia. Se veía bastante joven para conocer los intrincados caminos de unas cuevas. En su planeta se necesitaban años de experiencia para no perderse en algunas montañas por ejemplo, o en las cuevas, pero decidió no juzgar al soldado por su apariencia y tan sólo se limitó a asentir levemente, dando su aprobación. Jadeite le había dicho que ella estaba al mando de los soldados, que tenían la orden estricta de seguir sus instrucciones.

Caminaron durante varios minutos más hasta que llegaron a lo que parecía ser el pie de una montaña, sin embargo, al fondo, podía observarse que el terreno descendía. Si eso era un camino, Rei suponía que estaba oculto por la vegetación y la oscuridad.

"Sólo hay que estar atentos a las serpientes, insectos venenosos, arañas, escorpiones… "

Rei frunció el ceño observando al joven soldado que enumeraba los varios peligros que podían encontrar.

"Yo sólo estaría atenta a cualquier señal que nos indique que Beryl está ahí. Lo demás no me preocupa." Le respondió Rei, y esta vez fue el turno del soldado para fruncir el ceño al ver que su intento de asustarla no había sido exitoso.

Sin decir una palabra más, se internaron en la espesa vegetación.


Haruka hubiera querido reprender al grupo de soldados que la acompañaban, ¿acaso no podían caminar un poco más rápido? Se suponía que eran ellos los expertos en estos terrenos y no lo estaban demostrando. Suspiró, se sujetó de una roca con una de sus manos, apoyó un pie en otra, y se impulsó para seguir ascendiendo por la montaña.

"Señorita… quiero decir, Princesa…" jadeó un hombre que iba detrás de ella. "Mis hombres están un poco cansados, hemos estado escalando por más de dos horas, creo que sería bueno descansar un par de minutos."

Haruka bufó disgustada, pero logró disimularlo haciendo que pareciera que estaba exhalando aire para recuperar el aliento.

"De acuerdo, sólo les recuerdo que estamos aquí para encontrar a Endymion."

El hombre asintió, desplomándose enseguida en una de las rocas, con aspecto agotado, al igual que el resto de sus hombres.


El terreno que bordeaba el lago estaba casi desprovisto de vegetación, así que Ami suponía que no era un buen lugar para esconderse.

"No creo que encontremos algo aquí." Le comentó al soldado que la acompañaba.

"Es el área que tenemos que cubrir." Respondió el hombre.

"Entiendo. Pero casi la hemos recorrido por completo y nada indica la presencia de Endymion. Propongo que terminemos lo antes posible y regresemos, quizá seamos de más utilidad en otro lugar."

El hombre no dio señales de estar de acuerdo, se limitó a observar a su alrededor. Ami pensó que la palabra "propongo" no había sido del todo adecuada. Después de todo tenían que obedecerla.

"En cuando terminemos de recorrer la última zona, regresaremos." Les dijo firmemente, y el soldado terminó por asentir.

La situación entera la ponía incómoda. La búsqueda había sido una verdadera pérdida de tiempo y esfuerzo, pero antes de seguir molestándose más, algo llamó su atención. Del otro lado del lago, entre los árboles, pudo notar una especie de destello que se desvaneció casi al instante.

"¿Vieron eso?" preguntó, volviéndose hacia el soldado que tenía más cerca, y que tan sólo negó con la cabeza. "De prisa." Les dijo, adelantándose, pero enseguida se percató de que no la seguían. ¿Ahora qué? ¿Acaso tenían miedo de lo que podían encontrar?

Cuando regresó la mirada hacia el punto donde había percibido el destello, se dio cuenta de que estaban en problemas. Un grupo de youmas se acercaba amenazante. Eran sólo sombras con forma humanoide desplazándose a gran velocidad.

"¡Detrás de mí!" exclamó Ami, pero para su sorpresa, los soldados corrían a toda velocidad alejándose de ella.

Tardó un par de segundos en descubrir lo que estaba sucediendo. Los tachó de cobardes, pero cuando escuchó a uno de ellos gritar: "¡Al Palacio! ¡Tenemos que reunirnos con Nephrite!" supo que todo había sido una trampa, y que la habían conducido hasta ahí precisamente para dejarla a merced de los youmas.

Apenas tuvo tiempo de pensar en Rei y Haruka, que seguramente correrían el mismo destino que ella, y su rabia fue tal, que con su primer ataque logró desaparecer del mapa a varios demonios, pero enseguida se le fueron encima otros tantos. Sintió el contacto de algo helado en una de sus piernas, y después, sin que pudiera oponer la más mínima resistencia, algo tiró de ella y la lanzó por el aire, ocasionando que cayera a varios metros de distancia, golpeándose la cabeza. Por un momento pensó que perdería el conocimiento, pero milagrosamente no fue así, pudo ponerse de pie y se llevó una mano a la frente. Estaba sangrando. Pero no iba a rendirse tan fácilmente. ¡Maldición! ¡No había llegado a la Tierra sólo para ser asesinada por un grupo de youmas y sin poder hacer algo, lo que fuera, para defender a Usagi! Además, no había tenido oportunidad de hablar con Makoto… había estado repasando tantas veces en su cabeza el discurso para confesarle que sentía algo por ella, que ahora una desesperación enorme la invadió, pensando que quizá no tendría oportunidad de decírselo.

No. No iba a morir aquí. Sabía bien que tenían todo en contra, que las habían traicionado. Que las probabilidades de supervivencia, en ese momento, eran mínimas… pero tuvo que callar esa voz cargada de lógica y racionalismo que parecía gritarle que todo estaba perdido. No quería escucharla. No la necesitaba cuando ahora únicamente podía aferrarse a la esperanza de que todo saliera milagrosamente bien.


Rei se secó el sudor que escurría por su frente, intentando ver un poco más allá de lo que la luz de las antorchas le permitía. La humedad dentro de este lugar era casi como la de la selva venusina, se sentía ligeramente sofocada y no había rastro de Endymion, o Beryl, así que poco a poco se estaba convenciendo de que esto iba a resultar en una búsqueda infructuosa.

"¿Qué tan grande es este lugar?" preguntó Rei al muchacho que los dirigía.

"Enorme. Tardarías semanas en recorrerlo por completo." Respondió, entrando por lo que parecía ser una grieta muy angosta. Rei lo siguió. Tuvo que esforzarse un poco para poder pasar a través de la grieta, pero finalmente llegaron a una cámara más amplia, cuya única salida parecía ser una especie de arroyo subterráneo que corría en un costado.

"Tendremos que regresar por dónde venimos, no tenemos lo necesario para seguir ese camino." Les dijo, señalando el caudal de agua. Cuando no obtuvo respuesta de ninguno, se dispuso a darse media vuelta para repetir la orden, pero justo en ese momento un golpe seco en la cabeza la derribó.

"Corran, ¡ahora! ¡Ellos se encargarán!"

Rei se llevó una mano a la nuca, intentando ponerse de pie, pero sus oídos emitían un constante zumbido y ella no era capaz de recuperar el equilibro. Además el dolor era punzante, como si amenazara con hacerle estallar la cabeza. ¿Qué diablos estaba pasando? ¿Beryl los había encontrado? Alguien había dicho que corrieran… ¿quiénes eran ellos? Todavía arrodillada en el piso e intentando incorporarse, levantó la mirada. Su vista estaba nublada pero pudo observar al resto de los soldados alejarse, salir apresuradamente y casi a trompicones por el mismo lugar por donde habían entrado. No podía ser que… sintió otro golpe en un costado y se impactó directamente contra una roca, a pesar de todo no había soltado el arco, así que levantó la mano y lo tomó lo más rápido que pudo, pero estaba tan aturdida que ni siquiera estaba segura de dónde apuntar. Cerró los ojos y los apretó con fuerza, iba a tener que confiar más en su sexto sentido para localizar a su enemigo que en sus ojos, así que intento concentrarse, dejar de lado el dolor y el vértigo. Las presencias que pudo percibir le resultaron familiares. Eran youmas.

Todo había sido una trampa, y ella, junto con el resto de sus compañeras, habían sido lo suficientemente inocentes como para caer en ella.


"¡Me voy a dormir! ¡Pero cuando Endymion vuelva, me va a escuchar!"

Minako suspiró, ligeramente aliviada. Por fin Usagi había dejado de hacer preguntas y ahora sólo esperaba que tuvieran pistas de Endymion, de lo contrario al día siguiente tendrían que decirle la verdad a la Princesa de la Luna.

"Bien. Te acompaño." Le dijo Makoto, y Minako le dirigió una media sonrisa junto con un gesto de asentimiento a la heredera de Júpiter.

Ambas chicas salieron por la puerta, dejando a Michiru y a Minako solas en la habitación.

"¿Minako?"

La voz de Michiru llamó su atención. La muchacha se encontraba de pie, observando el exterior a través del ventanal. Minako se acercó.

"Eso… es… ¿un incendio?" le preguntó, señalando un punto en el bosque, en donde efectivamente se observaba una especie de resplandor, aunque el humo no podía observarse con claridad a causa de la oscuridad.

"Eso parece… ¿qué lo pudo haber causado? Buscaré a Kunzite para informarle."

Minako se apresuró a la salida de la habitación. Quizá era un simple incendio, pero no estaría tranquila hasta comprobarlo. No tuvo que caminar demasiado porque casi enseguida se encontró con el general en cuestión, que iba caminando por uno de los pasillos y la observó con un poco de sorpresa cuando se topó con ella en el camino.

"Minako."

"Kunzite. Hay un incendio no muy lejos de aquí, ¿sabes algo acerca de eso?"

El general alzó las cejas y negó con la cabeza.

"Enviaré a alguien a investigar… pero no me han reportado nada extraño."

"¿Estás seguro? ¿Sabes algo acerca de las chicas?"

"No. Pero si no encontraron nada, en poco tiempo tendrían que estar de regreso."

Minako asintió, y luego decidió que era un buen momento para hablar con Kunzite, al menos eso sería una buena distracción para no pensar en Rei y los peligros a los que podía enfrentarse…

"Kunzite… no tuve oportunidad de hablar con Endymion acerca de esto, pero hemos convocado a los ejércitos de nuestros planetas, y creo que lo más conveniente es albergarlos aquí, en la Tierra."

Kunzite frunció el ceño ligeramente, y de inmediato Minako pudo sentir que la idea no era de su agrado.

"¿Por qué aquí?"

"Bueno… dadas las circunstancias y aunque ningún lugar es seguro, creo que sería lo más prudente… no se ha presentado ningún tipo de ataque en este planeta."

"Yo… preferiría consultarlo con Endymion, cuando lo encontremos. Creo que entiendes la situación, yo no puedo tomar ese tipo de decisiones."

"Kunzite, ¿qué pasa si no lo encontramos? Tenemos que actuar con rapidez."

"Sólo dame… ¿un par de días de acuerdo? Y tendrás una respuesta."

Minako suspiró. La realidad era que no había esperado una reacción tan hostil por parte de Kunzite… esperaba que entendiera la situación en la que se encontraban y que apoyaran todas las medidas necesarias para prepararse de un eventual ataque de Beryl.

"Kunzite, no sabemos si puede haber un ataque en un par de de días, o en un par de minutos, ¡la situación es grave!"

En ese momento un sonido llamó la atención de Minako, y desvió la mirada para observar que un grupo de soldados entraba corriendo al Palacio.

"¡Señor!"

"¿Qué sucede?" preguntó el general, acercándose al grupo de hombres.

"Algo… nos atacó…" respondió uno de ellos, dirigiéndole una mirada a Minako, que pudo notar cierta desconfianza en el gesto.

"¿Ustedes estaban con Rei?"

Casi todos asintieron, y Minako se encontró buscando con la mirada a la Princesa de Marte. Quizá estaba detrás de ellos…

"¿En dónde está Rei?" preguntó, dando un paso al frente y encarando a quien parecía ser el líder del grupo.

"No pudimos… hacer nada…"

"¿De qué estás hablando? ¡¿Dónde está Rei?!"

"¡Nos atacaron unos demonios! ¡Se quedó dentro de las cavernas!"

"¿Cavernas?" preguntó Minako, sosteniendo al hombre con fuerza del cuello de la camisa de cuero que llevaba puesta. "Kunzite. ¡Tenemos que regresar por Rei!" exclamó, soltando al hombre y ahora dirigiéndose al mayor de los generales. "¿De qué cavernas está hablando? ¡Cómo pudieron abandonarla! ¡Se suponía que tenían que protegerla, y ella a ustedes! ¡No que iban a salir corriendo al primer indicio de peligro!"

"Minako, cálmate."

"Cállate. Necesito un grupo de hombres."

El hombre apretó la mandíbula, permaneció en silencio y Minako supo que su petición no sería atendida.

"Olvídalo." Le dijo con tono cortante. "Iré yo sola."

Quizá fueron tres pasos los que dio, antes de detenerse en seco y bajar la mirada. "Usagi." Pensó al instante. Sólo estaban Makoto y Michiru para protegerla, y si Beryl atacaba no sería suficiente. Además, no tenía idea de cómo llegar a las cavernas, ni dónde buscar a Rei. Apretó los puños y negó con la cabeza. No podía ir. Tenía que pensar con claridad, Rei estaría a salvo, podía luchar, podía vencer a esos youmas… tenía que confiar en ella. Levantó la mirada y se dio media vuelta para observar a Kunzite, que no se veía en absoluto alarmado, ¿qué tenía ese hombre en las venas? ¿Hielo en lugar de sangre? ¿Y por qué razón no había dado una sola orden para ir en busca de Ami y Haruka para asegurarse de que estaban a salvo? Solo esperaba que ellas no corrieran con la misma suerte que Rei.

Sin decir una palabra, entró al Palacio, y corrió en busca de Artemis. No le importaba no tener la autorización de Kunzite: daría la orden para que los ejércitos de cada uno de los planetas se dirigieran a la Tierra. No había tiempo, el ataque era inminente… quizá los soldados de la Luna estarían ahí en un par de horas, pero para el resto de los planetas llevaría más tiempo. Se puso a enumerar mentalmente el orden en el que estarían ahí, de acuerdo a la distancia a la que se encontraban. Venus primero, Marte, Mercurio… Júpiter… no quiso pensar en el resto, de pronto le pareció una eternidad el tiempo que tardaría Neptuno y Urano. ¿Qué sería de ellos para entonces? ¿Podrían resistir?

Cuando llegó a la habitación de Artemis y tocó con desesperación, y su tutor le abrió la puerta, no pudo evitar el tono alterado en el que le salieron las palabras.

"Artemis, nos están atacando, necesitamos apoyo ahora."

Al contrario de lo que Minako hubiera pensado, el hombre no hizo ninguna pregunta: asintió con la cabeza y se dispuso a prepararlo todo, mientras ella le explicaba lo que estaba sucediendo.


"Claro, tenía que ser Rei." Pensó Haruka, mientras recargaba la espalda en el tronco de un árbol, y tomaba aire, intentando recuperar el aliento, tosiendo en el proceso.

Rei se acercó a ella. Tenía varias heridas en los brazos y piernas, aunque al parecer no muy graves. Algunas parecían ser sólo rasguños y otras lucían un poco más profundas, pero aparentemente nada de cuidado. La escena se habría visto menos dramática si Rei no hubiera salido de entre las llamas, con el rostro manchado de sangre y polvo y sosteniendo un arco que también estaba en llamas, pero que a pesar de eso, la heredera de Marte sostenía con firmeza.

"¿Por qué tenías que causar este desastre?" le preguntó Haruka, señalando a su alrededor.

"Si no lo hubiera hecho ahora estaría muerta. ¿Estás bien?"

Haruka suspiró.

"¡Por supuesto que no! ¡Esos imbéciles nos traicionaron! ¿En qué demonios están pensando? ¡Casi soy lanzada desde la cima de una montaña por un grupo enfurecido de youmas! Y cuando por fin logré derrotarlos y descender, me encuentro con que le estás prendiendo fuego a medio bosque, incluéndome a mi."

"Estás exagerando." Le dijo Rei, y de pronto su arco retomó el aspecto normal: un arma de madera.

"Como sea. Date prisa, tenemos que regresar con el resto de las chicas. ¿Tienes idea de dónde puede estar Ami?"

"Escuché que cubrirían la zona cercana al lago."

"Casi no tenemos que desviarnos para llegar ahí, rápido."

Ambas senshis corrieron por el bosque, sin detenerse un segundo para descansar. Instintivamente, Rei colocó una de sus manos sobre la pequeña bolsa de cuero que contenía del dije de su madre, sólo para asegurarse de que seguía ahí. Estaba furiosa, y casi hubiera deseado que aparecieran más youmas tan sólo para descargar su rabia en ellos. No podía creer que las hubieran engañado, y ni siquiera lograba entender las razones por las que les habían tendido una trampa, ¿no se suponía que estaban tratando de derrotar a Beryl? ¿Acaso la gente de la Tierra también quería apoderarse del Cristal Plateado? Si era así, Rei ni siquiera quería pensar en lo que les esperaba.

Después de varios minutos corriendo, finalmente llegaron a un claro en el bosque desde donde se podía observar el lago. Pero no había rastro de Ami.

"Quizá regresó al Palacio… tal vez a ella no la atacaron." Murmuró Haruka, observando alrededor, y Rei frunció el ceño, creyendo que eso era bastante improbable.

Un sonido llamó la atención de Rei, que tomó su arco con rapidez y tensó la cuerda, dispuesta a disparar.

"No dispares."

Cuando escuchó la voz, de inmediato Rei soltó un suspiro y bajó el arco.

"Ami…"

"¿Estás bien?" le preguntó Haruka a la heredera de Mercurio, que a pesar del hilillo de sangre que corría por su rostro y la ropa convertida en jirones, asintió.

"Vamos, tenemos que regresar al Palacio ahora." Le dijo Rei, colocando una mano sobre el hombro de Ami, que le dirigió una mirada cargada de preocupación.

Rei sabía lo que estaba pensando, y no porque pudiera leer su mente, sino porque ella estaba sintiendo lo mismo. Los habitantes de la Tierra habían sido lo suficientemente inteligentes para tenderles una trampa (o ellas lo suficientemente tontas para caer en ella), y ahora, las otras tres senshis estaban solas en el Palacio, junto con Usagi, y al alcance de cualquier enemigo que quisiera hacerles daño. Confiaba en Minako, Michiru y Makoto, sabía que eran capaces de enfrentar cualquier peligro que se presentara… pero aún así no podía dejar de sentir esa ansiedad, esa angustia y una desesperación enorme para llegar ahí cuanto antes y asegurarse de que todas se encontraban a salvo.

Después de avanzar varios metros detrás de Haruka (Rei estaba sorprendida de la velocidad con la que era capaz de correr la heredera de Urano), aminoró ligeramente el paso, ocasionando que Ami (que iba detrás de ella) se estrellara en su espalda. Haruka, que ya se había adelantado varios metros, se detuvo y las observó con gesto impaciente.

"¡Dense prisa!" les gritó, alzando los brazos.

"¿Qué pasa Rei?" le preguntó Ami, observándola.

"¿Sientes eso?" le preguntó la muchacha, observando a su alrededor y luego al cielo, bajando finalmente la mirada para encontrarse con el rostro confundido de Ami. 'No, claro que no lo siente… ' pensó Rei, porque después de todo al parecer sólo ella era capaz de percibir ese tipo de energías. "Son youmas." Explicó Rei, y Haruka, que había regresado hasta donde ellas se encontraban, se llevó una mano a la cintura, aferrando la empuñadura de la daga que llevaba como arma.

"No. No están cerca…" le dijo Rei, tranquilizándola. "Es sólo que… son demasiados… y es casi como si estuvieran esperando sólo una señal, para atacar."

"Entonces tenemos que seguir corriendo." Le dijo Haruka, retomando el camino y alejándose de ambas.

Ami soltó un suspiro tembloroso, y se fue detrás de Haruka sin decir una palabra.

Rei tomó aire e intentó bloquear su sexto sentido. Eran demasiados, y la cantidad de energía que emanaban era tal que conseguía hacerla temblar, no precisamente de miedo, sino de repulsión. Nunca, ni siquiera en la peor de sus pesadillas, hubiera pensado que alguien o algo fuera capaz de almacenar esa fuerza tan llena de maldad y destrucción.

Haruka y Ami se habían adelantado tanto que ya no podía observarlas, así que echó a correr tan rápido como pudo, segura de que si esa fuerza que las amenazaba era liberada de un momento a otro, ellas no tendrían mucho que hacer para defenderse. Sólo deseaba estar junto a Minako cuando eso sucediera.


"¿Cuánto tiempo?"

"Los soldados de la Luna tendrían que llegar en un par de horas. Antes del amanecer tendremos el primer grupo."

"No es suficiente." Le dijo Minako, caminando alrededor de la habitación en la que se encontraban.

"Es todo lo que podemos hacer por ahora." Le respondió Artemis, llevándose una mano a la frente y negando con la cabeza.

"Si Beryl decide atacar antes con todo lo que tiene, Artemis…"

"Lo sé."

"¿Qué hay del ejército de Marte?"

"Mañana por la noche. Pero los soldados de Venus llegarían antes, quizá a medio día."

Minako suspiró, y se sentó en la silla que se encontraba frente a Artemis, cruzándose de brazos.

"No es que quiera menospreciarlos, pero sabes que en cuestiones de combate los soldados de Marte son mejores que los nuestros. Si tienes que darle prioridad a alguien, elígelos a ellos Artemis."

Artemis asintió, bajó la mirada y se puso a examinar una serie de anotaciones en un conjunto de pergaminos. Minako se puso de pie y se dirigió a la ventana para observar al exterior, colocando una mano sobre el cristal frente a ella.

"Van a estar bien." Escuchó la voz de Artemis, y ella no pudo evitar apretar los puños intempestivamente. "Son fuertes… tal vez no han tenido mucho entrenamiento, pero son inteligentes."

"Dijeron que Rei estaba en unas cavernas… ¿tienes idea de dónde están?"

"Al pie de la montaña… pero no estarás pensando en ir a buscarla, ¿o si?"

Ella se mantuvo en silencio.

"Minako, no puedes abandonar a Usagi."

"¿Por qué no?" le preguntó, notando que estaba conteniéndose para no gritar. "¡Rei podría estar muerta!"

"¡Tienes una responsabilidad!" exclamó Artemis, arrojando los papeles que estaba leyendo.

"¡Estamos aquí por culpa de Usagi! ¿Acaso ella pensó en lo que podía suceder al arriesgarse a venir a la Tierra?"

"Es diferente…" repuso Artemis, desviando la mirada, quizá porque sabía que su respuesta no era muy convincente.

"¡Por supuesto que es diferente!" gritó Minako, y se acercó a él, para después colocar las manos sobre la mesa y azotarlas mientras gritaba. "¡Porque Usagi sólo estaba pensando en Endymion! ¡Porque ella fue capaz de ir detrás de él sin importarle nada más! ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo por Rei?"

"La relación de Usagi con Endymion, y la tuya con Rei… son diferentes."

Minako se quedó en silencio. De pronto recordó que en realidad, Artemis no tenía idea de cómo era su relación con Rei. Pero después de tantos años de conocerlo, prácticamente toda su vida, su tutor debió haber notado algo en su mirada, porque de inmediato encogió ligeramente los ojos y apretó los labios en una fina línea recta. Luego cerró los ojos y soltó una risa un poco amarga.

"Debí sospecharlo…" murmuró, negando con la cabeza, con un aire casi divertido "Debí suponer que sólo era cuestión de tiempo." Agregó, y su enojo de hacía unos segundos pareció desvanecerse casi al instante.

Minako, por otro lado, no sabía si seguir molesta o sonreírle. Después de todo, lo último que hubiera esperado sería ver a Artemis reaccionar de esa manera cuando se enterara de la verdad.

"¿Desde hace cuánto tiempo?" le preguntó Artemis, pero enseguida continuó. "Olvídalo. No importa."

Su tutor suspiró y observó el techo de la habitación en la que se encontraban, y Minako sólo fue capaz de quedarse en silencio. El hecho de que Artemis se hubiera enterado de lo que ella y Rei tenían, parecía insignificante ahora, que ella no tenía idea de donde se encontraba la heredera de Marte.

"Va a estar bien Minako." Le dijo Artemis, adoptando ese tono paternal que utilizaba cuando quería tranquilizarla. "Ahora… tienes que concentrarte en otras cosas."

"Para ti es muy fácil decirlo."

"No lo es."

"¡Pues no lo parece!"

"Lo siento Minako… lamento que tú y el resto de las chicas tengan que pasar por esto."

La rubia se quedó en silencio, observando a Artemis. En ese momento realmente se veía abatido, como si de pronto le hubiera caído un gran peso encima. Uno del que no sería capaz de librarse.

"No tienes por qué disculparte Artemis. No es tu culpa." Aceptó Minako, y sabía que era verdad.

Caminó hasta la ventana y se quedó observando hacia abajo. Si Rei y el resto de las chicas no aparecían en poco tiempo… ni siquiera quería pensar en lo que eso significaría. Tuvo que respirar profundamente para dejar de temblar. ¿Qué iba a hacer si Rei no regresaba?

"Son ellas."

Minako volteó a su izquierda. Ni siquiera había notado cuando Artemis se había colocado a su lado, y ahora el hombre estaba señalando un punto en el patio principal del Palacio. Minako dirigió su mirada hacia ahí, y no pudo evitar sonreír cuando observó un grupo de tres figuras corriendo hacia la entrada principal. Se dio media vuelta y avanzó rápidamente hacia la puerta de la habitación, antes de salir tomó la espada que la Reina Serenity le había entregado y la colocó con cuidado en una funda que Artemis le había entregado, después se deslizó por los pasillos con rumbo al lugar en donde suponía que encontraría a sus compañeras.

"¡Rei!" gritó Minako.

La heredera de Marte se detuvo abruptamente y dirigió la mirada hacia donde se encontraba Minako. A la venusina le pareció notar que Rei se relajaba, y ella no pudo evitar sonreír ampliamente. Corrió hasta donde se encontraba y poco le importó el hecho de que Artemis fuera detrás de ella, o de que Haruka y Ami estuvieran presentes: la abrazó y la besó con fuerza y durante varios segundos, como para que no quedara duda de que hacer eso no era algo nuevo para ella. Al principio Rei se mostró un poco renuente, y quizá sorprendida, pero se necesitó de poco tiempo para que aceptara el contacto, y cuando Minako se separó de ella, sonrió cuando el gesto confundido y el rostro sonrojado de Rei la devolvieron a la realidad.

Rei dio un pequeño paso hacia atrás, y Minako aprovechó su leve aturdimiento para tomar la palabra.

"¿Están todas bien?"

"Sí." Respondió Haruka. "Rei seguramente está más aturdida ahora que cuando le golpearon la cabeza."

"¡Estoy bien!" exclamó Rei, e incluso Ami no fue capaz de disimular una sonrisa.

"Minako, nos atacaron varios youmas." Intervino Ami. "Pero eso no es lo peor… los soldados terrícolas nos tendieron una trampa."

Minako le dirigió una mirada cargada de angustia a Artemis, pero de inmediato se recuperó. Si ella era su líder, no podía mostrarse débil… pero de pronto sintió que el peor escenario se les había presentado y no había muchas soluciones a la vista. Los habitantes de la Tierra los habían traicionado… y no entendía muy bien las razones, ¿pero acaso eso importaba ahora? Endymion había desaparecido, ¿el también estaría involucrado en todo eso? No lo conocía muy bien, pero le resultaba difícil creer que las hubiera traicionado… Minako sabía cuando alguien estaba realmente enamorado, y la manera en la que Endymion observaba a Usagi era sincera… eso solo dejaba la posibilidad de que el mismo Príncipe no estuviera al tanto de lo que sus generales habían estado planeando. Sus generales lo habían traicionado.

"¿Y ahora qué?" preguntó Haruka.

Todos le dirigieron una mirada a Minako, y ella tuvo que pensar rápidamente.

"Tenemos que proteger a Usagi y al Cristal Plateado… la mejor manera de hacerlo ahora es esconderlos a ambos, hasta que recibamos el apoyo necesario. No podemos exponerla, y aunque nosotras podemos defenderla, en caso de un ataque mayor… creo que sería arriesgarnos demasiado. Para eso esperamos el apoyo del resto de los ejércitos."

Todos asintieron, incluso Artemis, pero en el aire se quedó flotando el sentimiento de que en realidad, estaban en clara desventaja. Minako no quería decirlo en voz alta, tenía que mantener la calma... aun así, sabía que sus compañeras y Artemis no eran ingenuas. Conocían el problema en el que estaban metidas, pero de ella dependía brindarles seguridad, y al menos lo estaba intentando.

"Vamos." Les dijo Minako, y se dirigió hacia la habitación de Usagi con el resto de sus acompañantes detrás de ella.

"No creo que sea posible ocultarle por mucho tiempo a Usagi la desaparición de Endymion." Escuchó decir a Rei, que iba justo detrás de ella.

Nadie dijo una sola palabra, ni siquiera Minako, que creía que decirle la verdad a Usagi sería un verdadero desastre.

Cuando finalmente llegaron a la habitación de la Princesa de la Luna, las expresiones en el rostro de Michiru y Makoto demostraron verdadera sorpresa. Ambas resguardaban la entrada de la habitación.

"¿Qué les sucedió?" preguntó Makoto, y enseguida se dirigió a donde se encontraba Ami. "¿Estás bien?"

La chica de cabello azul asintió, y sonrió un poco cuando Makoto se le acercó para examinarla con atención.

"Un ataque de youmas... estoy bien Mako-chan." le dijo, y Makoto asintió, aparentemente más tranquila.

"Necesitamos hablar... pero no aquí." comentó Minako, que a la distancia pudo observar un guardia del ejercito terrícola, aparentemente vigilando los alrededores... o a ellas. "Artemis, ¿podrías vigilar a Usagi un momento?"

El hombre de cabello blanco asintió, mientras Minako y el resto de las senshis caminaron alejándose de él, en busca de un salón cercano y vacío en donde pudieran tener una conversación privada.

"Así que... esa es la situación." concluyó Minako.

Después de lo que acababan de escuchar, ninguna de sus compañeras la estaba observando, parecía que cada una de ellas tenía algo diferente en mente... y así era seguramente.

"No es un panorama muy alentador, ¿cierto?" comentó Haruka, y aunque su tono tenía el cometido de sonar gracioso, nadie sonrió.

"Así que básicamente el plan es proteger a Usagi, ¿y rogar para que no haya un ataque antes de que llegue el apoyo suficiente?"

Cuando Makoto lo decía así, en realidad parecía que estaban perdidas. Minako no lo quería aceptar, no podía ser posible que después de todo... en realidad no tuviera ninguna esperanza. Rei estaba más seria que de costumbre, y la observaba, nuevamente, con ese gesto indescifrable que no brindaba respuesta alguna.

"Estoy segura de que aún podemos hacer algo." les dijo Minako. "Estamos aquí ahora, ¿no creen que somos lo suficientemente capaces de enfrentar lo que venga? Sólo necesitamos actuar de manera inteligente y no perder la calma. Podemos resistir el tiempo necesario hasta que la ayuda de la Luna llegue, después Marte y el resto de los planetas... se los aseguro, esto no es una batalla perdida. Yo sé que un grupo de youmas no es suficiente para derrotarnos, y no voy a permitir que Beryl se salga con la suya... ¿ustedes sí? "

La rubia le dirigió una mirada a Rei. La heredera de Marte le estaba sonriendo. Sí, era casi imperceptible y quizá nadie más que ella era capaz de notarlo, pero de pronto eso le dio confianza. Si le había infundido cierto ánimo a Rei, el resto de las chicas también tenían que sentir algo similar, ¿o no?

De pronto el sonido ahogado de algo que parecía ser un griterío llamó su atención. Se levantó de su lugar y salió tan rápido como pudo, seguida del resto de sus compañeras. El escándalo provenía del lugar en donde habían dejado a Artemis...

"¡Dije que no!" se escuchó la voz de Artemis, y Minako nunca lo había escuchado tan alarmado, así que se apresuró para llegar hasta donde se encontraba.

"¡Hazte a un lado o te vas a arrepentir!"

Cuando llegaron hasta donde se encontraba Artemis, lo encontraron rodeado de guardias.

"¿Qué pasa?" preguntó Minako, observando alrededor e intentando abrirse paso entre el grupo de personas.

"Tenemos órdenes de llevarnos a la Princesa."

"No." respondió Minako. "Ella permanece bajo nuestro cuidado."

"No queremos complicar las cosas Minako." escuchó la voz de Kunzite, que en ese momento se abría paso entre sus guardias y la observó con suficiencia. "Si se rinden ahora, vamos a evitarnos muchos problemas."

"¿De qué hablas?"

"No vamos a permitir que invadan este planeta."

"¿Invadir?" le preguntó Minako, sin poder evitar soltar una leve carcajada.

"Usagi, tú... todas ustedes, solo están aquí para sacar provecho de este planeta."

"Estás loco, ¿de dónde sacas eso?"

"¡Sabemos que quieren alojar aquí a los ejércitos de sus planetas!"

"Porque tenemos que proteger a Usagi, de Beryl."

"Tienen el Cristal Plateado, ¿no creen que eso es suficiente protección? ¿Qué puede hacer Beryl en contra de ustedes?"

"Casi nos mata hace un momento." respondió Haruka, que se hallaba a un par de metros de distancia y parecía querer sacudir a Kunzite.

"Ella quiere protegernos, ahora, si no les importa, lo mejor es que la Princesa de la Luna y el Cristal plateado estén bajo nuestro resguardo... hasta que Beryl sea capaz de romper el hechizo de Endymion."

Kunzite dio un paso al frente, pero Minako se interpuso en su camino y el general dudo por un par de segundos. No eran suficientes guardias para someterlas a todas... al menos no si ellas decidían defenderse con todo sus "recursos" disponibles. Pero estaban dentro del Palacio y era relativamente sencillo impedirles la salida. De pronto Minako se dio cuenta de que no tenían muchas opciones: o salían de ahí en ese momento o no podrían hacerlo después. Le dirigió una rápida mirada a Rei, que observaba a los guardias con atención, casi como si estuviera decidiendo a cual atacar primero. Minako se dio media vuelta y murmuró a Rei un "Ve por Usagi, nosotras nos encargamos." lo suficientemente bajo como para que sólo ella la escuchara. Rei permaneció inmóvil por un momento, la rubia le sonrió para darle confianza y la heredera de Marte asintió con la cabeza antes de desaparecer dentro de la habitación en donde se encontraba la Princesa de la Luna.

"Usagi permanece con nosotras." dijo Minako, y Kunzite suspiró e inclinó la cabeza, como si hubiera estado esperando otra respuesta.

Lo que sucedió después fueron tantas cosas que la heredera de Venus no las hubiera podido describir una por una, Kunzite dio una orden, los guardias se aproximaron y el primero en salir a su encuentro fue Artemis. Hubo forcejeos al principio, pero nadie pudo notar como la situación y la gresca fue subiendo de nivel, hasta que los forcejeos se convirtieron en empujones, los soldados desenfundaron sus armas, alguien gritó, hubo un destello de luz en un extremo, luego en otro y en otro más, hasta que Minako estuvo segura de que sus compañeras estaban haciendo uso de sus poderes. A pesar de todo no quería lastimarlos... no demasiado, pero no estaba dispuesta a mostrarse condescendiente. Un hombre se le abalanzó con su espada desenvainada, y fue cuando ella supo que estaban dispuestos a matarlas. Minako tomó rápidamente la empuñadora de su propia espada y contuvo el ataque del hombre justo a tiempo. Logró empujarlo lo suficiente como para que perdiera el equilibrio y cayera, pero entonces otro guardia se le fue encima, y ella repitió el movimiento. Eso solo conseguía alejarlos un par de segundos, pero después volvían a atacar.

"¡¿Qué estás haciendo?!" exclamó Haruka, a un lado de ella. "¡Están dispuestos a matarnos! ¡Son ellos o nosotras!"

Minako la observó sin decir una palabra, y un espasmo involuntario contrajo su rostro cuando observó a Haruka hundir su daga en el costado de un hombre, que gritó de dolor y se desplomó en el suelo, inconsciente. Entonces la rubia decidió utilizar sus poderes, su cadena apareció al instante y la lanzó en contra de un grupo de guardias, aprovechó la confusión de los hombres para rodearlos por completo, y luego hizo un movimiento con ambas manos, tomando un extremo de la cadena y sacudiéndola con fuerza. Un destello de luz se desprendió de su arma, y el grupo de soldados cayó al suelo, inconsciente. Haruka la observó un poco sorprendida.

"Eso fue más efectivo... y limpio." le dijo, observando al grupo de hombres tendidos en el piso.

Pronto fue evidente quien estaba ganando la pelea. Quedaban pocos guardias de pie, y Minako tuvo que admirar la habilidad de Rei para ser tan oportuna y salir justo en ese momento, con Usagi detrás de ella.

"Rápido Rei, las cavernas serán buen refugio por el momento, sabes donde están." le dijo Minako, y la heredera de Marte obedeció y arrastró a Usagi por el pasillo, que estaba lo suficientemente confundida como para no hacer preguntas. "¡Ami, Makoto!"

Ambas chicas dirigieron su mirada hacia donde ella se encontraba, y Minako les hizo una señal para que acompañaran a Rei. No sabía si tendrían más problemas para salir del Palacio.

"No vas a ningún lugar."

Kunzite se acercó a ella dispuesto a atacarla, y Minako no estaba del todo preparada, intentó detener la estocada del general con un movimiento de su espada, pero la fuerza de Kunzite consiguió derribarla. La espada se le escapó de las manos. Kunzite sonrió, pero enseguida soltó un grito de dolor y se llevó una mano a un hombro. Minako conocía esa flecha, era de Rei.

Ella lo empujó, aprovechando la situación, tomó nuevamente la espada y se puso de pie.

"¡Nosotras las seguiremos, dense prisa!" gritó Michiru, que en ese momento se hallaba luchando con un guardia.

Minako dirigió su mirada a Artemis, que hizo un gesto aprobatorio. Kunzite seguía en el suelo gritando de dolor.

La rubia corrió para dar alcance a sus compañeras, que se habían adelantado. No quiso detenerse ante las miradas curiosas de algunos sirvientes, empujó a varios guardias en el camino, pero pronto se dio cuenta de que al parecer, la orden de que les impidieran escapar había sido dada. Tuvo que derribar a varios guardias con su cadena, mientras corría a toda velocidad. Y el resto de las chicas no estaban por ningún lado... ¿acaso habían tomado otro camino y ella se había descuidado? Continuó de frente... tenía que salir de ese lugar antes de que lograran capturarla.

Pero de pronto, un grito y un golpe seco se lo impidieron. Golpeó con tanta fuerza las baldosas blancas del Palacio que se le escapó el aire de los pulmones. Jadeite la había derribado, y al parecer estaba furioso.

"¡Entrégame el Cristal Plateado!"

Por supuesto, ella no lo tenía, pero ni eso ni la falta de aire le impidieron responderle.

"¡Vas a tener que matarme para conseguirlo!"

Tal vez estaba sobre reaccionando al decir eso, pero Jadeite pareció tomárselo muy en serio, porque levantó la mano derecha y Minako pudo ver una daga afilada a punto de descender sobre ella. Con un reflejo desesperado, levantó su espada e hizo un movimiento esperando que funcionara. La daga desvió su trayectoria, pero no lo suficiente. Terminó por herirla en un costado del antebrazo. Jadeite volvió a atacar, y Minako no pensó. Se movió a un costado para evitar la segunda estocada, y consiguió evitarla. Entonces supo lo que tenía que hacer, más por instinto y reflejo que por cualquier otra cosa. No tenía otra opción. Tomó la espada y la hundió en un costado de Jadeite. Se deslizó limpiamente a través de la piel del joven, y Minako la sacó enseguida, con la hoja cubierta de sangre.

El general dejó caer la daga, mientras soltaba algo parecido a un gemido y un grito de sorpresa, y luego intentó ponerse de pie pero no lo consiguió. Estaba sangrando demasiado, y ella estaba completamente confundida. Había tenido que hacerlo... iba a matarla... ¿cierto? No había tenido otra opción.

"No van... a salirse con la suya." jadeó el joven, y ella solo pudo ser capaz de observarlo sin poder hacer nada.

"Lo... lo siento..." tartamudeó.

Se arrodilló junto a él y colocó las manos sobre su herida, intentando sanarlo… pero solo necesitó un par de segundos para darse cuenta de que era inútil. La energía de Jadeite se desvanecía rápidamente, se le escapaba a raudales y ella no podía hacer nada para evitarlo.

"Lo siento…" murmuró Minako, y Jadeite la observó con una combinación de dolor, sorpresa y confusión.

"¿Qué es lo que lamentas?" le preguntó el muchacho. "Al final… esto es bueno para ustedes."

"No queremos dañarlos… Beryl los engañó…"

Minako observó a Jadeite y supo que ya no la escuchaba. Estaba muerto. Ella lo había matado. Se quedó varios segundos observando el cuerpo inerte del general, y fue hasta que escuchó el sonido de pasos y voces aproximándose, que reaccionó y supo que tenía que escapar. Se levantó y siguió corriendo por el pasillo.

"¡Mató a Jadeite!" escuchó un grito distante, pero intentó ignorarlo porque era dolorosamente cierto.

Finalmente, llegó a una intersección y se detuvo, escondiéndose detrás de una ancha columna e intentando observar el panorama. El camino rumbo a la salida más cercana parecía libre, solo un par de guardias… sería fácil evadirlos, quizá dejarlos aturdidos y escapar. Pero si no se daba prisa el resto de los guardias le darían alcance. Cerró los ojos y suspiró, llevándose una mano a la herida en su brazo, que le estaba doliendo demasiado y sangraba constantemente. Deseó que Rei y el resto de las chicas ya estuvieran fuera del Palacio, que Michiru, Haruka y Artemis tuvieran mejor suerte que ella. Los pasos apresurados de los guardias se escuchaban más cerca, así que Minako supo que no podía perder más tiempo. Echó a correr tan rápido como pudo y rogó para que los hombres que vigilaban la entrada no se interpusieran en su camino… no los quería lastimar.

"¡Deténganla!" gritó uno de los guardias que corría detrás de ella. Los hombres en la entrada se mostraron confundidos, pero no dudaron demasiado en interponerse en su camino para impedirle la salida. 'Maldición. Justo lo que no quería hacer.' pensó Minako, y llevó una de sus manos hasta su cintura. Su cadena se materializó al instante, desprendiendo un destello cuando la levantó en el aire y la agitó como si se tratara de un látigo. Golpeó a ambos guardias, que cayeron inconscientes, dejando de representar un obstáculo para ella.

"¡Dispárale imbécil!" escuchó gritar a otro guardia, y Minako aceleró el paso ya de por si desesperado.

Tenía que pensar rápido. Si estaban hablando de disparar eso solo podía significar que serían arqueros, y para evadir una flecha lo único que le quedaba era cambiar su trayectoria intempestivamente… y rogar para que tuviera buena suerte. Levantó la mirada y encontró su salvación. Más allá de la salida del Palacio había una especie de arco de madera, lanzó su cadena hacia él y luego acortó rápidamente la longitud de la misma, de manera que consiguió levantarse lo suficiente del suelo como para ponerse fuera del alcance de las flechas… o al menos eso esperaba. Lo consiguió y sonrió satisfecha, pero su sonrisa se borró al instante cuando se dio cuenta de que no había pensado en el "aterrizaje". Perdió la concentración y su cadena se desvaneció al instante y ella salió proyectada hacia adelante, cayendo estrepitosamente entre una maraña de árboles, ramas y arbustos. Cuando recobró el sentido de orientación y pudo ponerse en pie, agradeció que los gritos de los guardias se escucharan lejanos y con un tono confundido. Estaba casi segura de que se había alejado de ellos lo suficiente como para tener una ventaja considerable. Se levantó y continuó corriendo hacia donde suponía que se encontraban las cavernas. Todo lo que sabía era que estaban al pie de la montaña, así que se dirigió hacia donde su instinto le decía que tenían que estar.

Tras varios minutos de frenética carrera tuvo que detenerse para tomar un poco de aire. Estaba agotada. Siempre había escuchado que las senshis poseían una fuerza y resistencia física superior a la del resto de las personas, pero en aquel momento se preguntó en donde estaba esa fortaleza. Tenía rasguños por todos lados, la herida de su brazo continuaba sangrando, le dolían los pulmones y el corazón le latía tan rápidamente que parecía quererle explotar.

Quizá fue por ese estado de agotamiento que no opuso la más mínima resistencia cuando un brazo le rodeó la cintura y una mano le cubrió la boca. Quiso soltar un grito de sorpresa y forcejeó débilmente para liberarse.

"¡Sshh!"

Aunque no pronunció ninguna palabra, reconoció el timbre de esa voz al instante.

"¿Rei?" preguntó, cuando la heredera de Marte dejó de cubrirle la boca.

"Guarda silencio." Ordenó Rei, señalando un punto en la oscuridad en donde una figura se movía entre las sombras. Era un youma. La heredera de Marte soltó a Minako y luego tomó su arco, apuntando al demonio y soltando una flecha que se prendió en el aire espontáneamente, clavándose de manera exacta en su objetivo. El youma se desvaneció en algo parecido a una nube de polvo.

"Vamos." Le dijo Rei a Minako, tomándola de la mano y conduciéndola en la oscuridad. "¿En dónde demonios estabas? Te perdimos la pista dentro del Palacio, pensamos que te habían atrapado. Estábamos teniendo una discusión acerca de si debíamos regresar por ti o no."

"No tendría que existir discusión." Respondió Minako, mientras seguía a Rei, tratando de no tropezarse demasiado. "No pueden dejar a Usagi sola, así que si algo como esto vuelve a pasar, no quiero que regresen por mi… ¿y qué es lo que estabas haciendo fuera del escondite?"

Rei permaneció en silencio durante algunos segundos, y luego habló.

"Regresaba a buscarte."

Minako suspiró, y a pesar de todo no pudo dejar de sonreír.

Finalmente, llegaron hasta una formación de rocas al pie de la montaña. Rei soltó la mano de Minako porque era claro que tendrían que descender una detrás de otra. La rubia intentaba no soltar un gemido de dolor cada vez que tenía que utilizar su brazo herido para mantener el equilibrio o sostenerse de alguna roca.

"Date prisa." Le dijo Rei, que iluminaba el camino con una pequeña llama de color naranja depositada sobre la palma de su mano.

Para alivio de Minako, tras algunos minutos llegaron al fondo de la caverna, y comenzaron a andar en un terreno un poco más plano. El fuego en la mano de Rei proyectaba formas en las paredes, y a veces, cuando la luz les daba en el ángulo adecuado, las piedras emitían un brillo extraño provocado por la humedad del lugar, o algunos minerales depositados en la superficie de las rocas. Justo cuando Minako estaba a punto de preguntar durante cuánto tiempo más tendrían que seguir caminando, Rei se detuvo frente a lo que tenía aspecto de ser una enorme pared de roca, y solo mirando con atención se podía identificar una especie de grieta de no más de metro y medio de altura.

"Por aquí." Le dijo Rei, señalando la grieta.

"¿Bromeas?" preguntó Minako, pero obtuvo su respuesta cuando la otra chica se deslizó al interior de la pared, pasando entre la grieta.

Minako suspiró. El espacio se veía bastante estrecho y pudo observar que Rei pasaba con algo de dificultad a través de la roca. Se mordió el labio inferior y se introdujo con cuidado. Efectivamente era bastante estrecho, pues tuvo que ejercer presión y empujar con fuerza para poder pasar. La paredes de roca rozaban su herida y consiguieron arrancarle un gemido de dolor en varias ocasiones.

"¿Estás bien?" escuchó decir a Rei, que iba delante de ella, intentando iluminar el camino tanto como le era posible.

"Sí…" respondió con tono poco convincente. "Sólo… esto es muy angosto."

Tras un par de minutos más, consiguieron llegar a otra cámara, y Minako casi se desploma en el suelo, agradeciendo que hubieran llegado al final de su pequeña travesía.

"¡Mina-chan!"

La voz de Usagi le dio la bienvenida, y un par de brazos la envolvieron en un abrazo efusivo.

"¡Mina! ¡Dime que sabes en donde está Endymion!"

La heredera de Venus observó a sus compañeras, que tan solo consiguieron observarla con un gesto de tristeza.

"Lo siento… no sabemos en donde está."

"¡Pero tienen que tener una pista!" exclamó Usagi, colocando ambas manos sobre sus brazos y apretándola con fuerza.

"¡Aaw! ¡Usagi, espera!"

Se apartó de ella con un gesto de dolor y todas la observaron con un poco de sorpresa.

"¿Estás herida?" le preguntó Ami, acercándose y examinando su herida.

"¿Por qué no me dijiste nada?"

Minako le dirigió una mirada de soslayo a Rei.

"Ibas a decirme que sólo era un rasguño."

Rei apretó la mandíbula y se colocó junto a Ami, mientras examinaba su herida con atención.

"¿Tienes algo para esto Mako-chan?" cuestionó Ami, y Makoto se acercó, mientras buscaba algo en una pequeña bolsa de cuero.

"Esto. Seguramente detendrá un poco la hemorragia y también previene infecciones."

"Servirá, dame unos minutos Mina."

La rubia asintió y se sentó en una roca cercana, sintiendo que si hubiera esperado un minuto más se habría desplomado de agotamiento.

"¿Segura que estás bien?" le preguntó Rei, sin quitarle los ojos de encima.

"¿Cómo me veo?"

Rei se arrodilló frente a ella y pasó un dedo pulgar sobre su ceja izquierda, bordeando uno de sus múltiples rasguños y limpiando una mancha de lodo de su frente.

"Bastante mal, como si hubieras rodado cuesta abajo por el monte Olimpo y de regreso."

"Tú y tus expresiones marcianas, ¿por qué no puedes decir que te parezco increíblemente atractiva, incluso en estas condiciones?"

"Ppfff…" soltó Rei, fingiendo molestia "Ustedes los venusinos tienen un ego tan enorme como la planicie de Hellas."

"Deja de utilizar la geografía marciana como punto de comparación."

Rei le sonrió, probablemente pensando que si Minako tenía el ánimo suficiente para discutir, entonces no estaba tan mal como se veía.

"Listo, es un poco rudimentario, pero servirá."

La rubia levantó la mirada y observó a Ami acercarse. Llevaba en las manos algo pastoso y de un color indeterminado… lo depositó sin miramientos sobre la herida de Minako, y ella ni siquiera tuvo tiempo de quejarse. Al principio le ardió y una sensación de calor extremo invadió su brazo, pero casi al instante se enfrió y actuó como un bálsamo que le calmó el dolor de manera considerable.

"Gracias…" murmuró Minako, agradecida, y la chica de Mercurio le sonrió tímidamente.

Después, se alejó y se sentó a un lado de Makoto. Minako dirigió su mirada a Usagi, que caminaba de un lado a otro con aire impaciente.

"Usagi, encontraremos a Endymion."

"¿Cómo?" le preguntó la Princesa, y Mina detectó cierto aire desesperado y molesto en el tono de su voz "¡Estamos aquí atrapadas y no tenemos idea de dónde puede estar! ¡Ni siquiera sabemos si está vivo!"

"Debe estarlo, los shitennous creen que está bajo algún tipo de hechizo…"

"¡Deberíamos buscarlo ahora mismo!" exclamó Usagi, dirigiéndose a Minako, que se puso de pie porque de pronto le pareció que era lo correcto.

"No podemos hacerlo ahora, tenemos que proteger el Cristal Plateado y a ti, pero te prometo que en cuanto los ejércitos-"

"¡No me importa el Cristal Plateado ni los ejércitos! ¡Solo quiero encontrar a Endymion!"

"Usagi, escucha." Intervino Rei. "Si Beryl se apodera de ese Cristal, no habrá un futuro para ti y Endymion."

"Tenemos que encontrarlo Rei, por favor, tienen que ayudarme a encontrarlo."

"Usagi, ahora no…" le dijo Minako.

"¡Es muy fácil para ti actuar con tanta calma!" le gritó la Princesa. "Porque Rei está aquí contigo, pero si ella hubiera desaparecido, no estarías tan tranquila, ¿cierto?"

La heredera de Venus apretó la mandíbula, ¿en qué momento se había enterado?

"He visto como la observas, eres muy obvia." Le dijo Usagi, y continuó. "Hace unos minutos Rei salió corriendo de este lugar porque quería ir a buscarte, ¿y yo no puedo ir a buscar a Endymion?"

"Usagi…"

"No entiendes nada…" sollozó la Princesa de la Luna, y Minako tuvo suficiente.

"Hemos tenido que huir todo el tiempo para que nadie te haga daño, perdí a mi padre en Venus, ¿crees que no entiendo nada? ¿Crees que no he querido en más de una ocasión mandar todo al diablo para estar tranquila? No lo he hecho porque tengo una responsabilidad… y porque no quiero que nadie te haga daño, no sólo por el Cristal, sino porque eres mi amiga… también Ami, Makoto, Haruka y Michiru, y Rei. Así que no me digas que no entiendo nada cuando todo lo que quiero es protegerte no solo a ti, sino a todo lo que quiero… esto no es solo acerca de mí, o de Rei…"

Minako se quedó en silencio. Hubiera querido decirle muchas más cosas, pero de pronto entendió que solo empeoraría la situación. Todo era un desastre. Se suponía que tenía que mantener la calma, animarlas, mantener unido al grupo… y parecía que estaba haciendo justo lo contrario. Dio un paso hacia atrás y volvió a sentarse en la misma roca de antes, sintiendo la mirada de Usagi sobre ella y un silencio casi sepulcral que nadie fue capaz de desafiar.

Usagi se alejó de ella sin decir una palabra, y se sentó en otra roca observando el piso con atención, mientras Makoto y Ami se sentaron un poco más cerca pero también en silencio.

"Rei…" murmuró Minako, y la muchacha se giró para observarla. "Maté a Jadeite… fue él quien me hirió… tuve que hacerlo…"

"Hiciste lo que tenías que hacer." Le respondió la muchacha. "Te hubiera matado si hubiera podido… no tienes que sentirte culpable, solo te estabas defendiendo."

"Pero…"

"Tranquila…" murmuró Rei, tomándola de la mano. "Todo va a estar bien."

Minako la observó.

"Sabes Rei, eres muy mala cuando se trata de mentir." Le dijo con tono amargo, intentando sonreír.

La otra muchacha permaneció en silencio, y aferró con más fuerza su mano.

"No estoy mintiendo… pero sé que eso de rendirte no se te da muy bien… no se te da en absoluto. A mí tampoco, y a ellas tampoco." Concluyó, señalando con la mirada al resto de sus compañeras.

Minako inclinó la cabeza. No quiso decirle a Rei que dudaba que eso fuera suficiente ahora.