¡Hola! He aquí el siguiente capítulo.

Gracias una vez más por sus comentarios que me presionan animan para seguir adelante jaja, espero que el capítulo sea de su agrado y… no tengo mucho que decir al respecto, sólo que ya tengo la idea casi completa del siguiente capítulo en mi cabeza, así que espero no tarde demasiado en ser publicado :D

¡GRACIAS!


Venganzas.

Rei siguió las indicaciones de Michiru al pie de la letra, y se detuvo en el puente que la heredera de Neptuno le había indicado. Había tal movimiento de gente que no parecía ser más de media noche. Las personas iban y venían de un lado para otro, aunque la mayoría se dirigía a la ciudad. Rei observaba a su alrededor, analizando detenidamente el entorno, sobre todo porque no quería llamar demasiado la atención. Sin embargo de inmediato se dio cuenta de que pasar desapercibida iba a ser una tarea complicada. Para empezar, nadie llevaba un arco y flechas en la espalda, como ella, y Rei ya se había dado cuenta de que llevarlo había sido un error, sin embargo su instinto de supervivencia le había mandado cargar con el arma, porque después de todo, nunca se sabía en qué momento podía necesitarse. En segundo lugar el vestido rojo que llevaba puesto también parecía poco común, porque la mayoría de los atuendos que Rei había observado eran de colores claros, y por último, pero no por eso menos importante, ¿acaso toda la gente en Venus era rubia? El cabello largo y oscuro de Rei sobresalía del resto.

"¿Vas a la plaza principal?"

Un joven más o menos de su edad se le acercó. Era mucho más alto que ella, de cabello rubio y rizado, grandes ojos verdes, y tenía la piel ligeramente quemada por el sol, lo que le daba un aspecto curioso. Por un segundo, Rei consideró sus alternativas. Si se arriesgaba sola en la ciudad no sabría por dónde empezar, quizá con compañía resultaría más fácil encontrar a Minako. Era como cuando alguien se aventuraba en un terreno desconocido del desierto, siempre era mejor ir acompañado de alguien experimentado.

"Sí… ¿Tu también?" le preguntó, y el muchacho sonrió al no ser rechazado.

"Sí. Me llamo Jasón." Respondió, extendiendo una mano para saludarla.

"Rei." Le dijo, estrechando su mano.

"Lindo nombre. No es común en Venus."

Rei sonrió, más a fuerza de voluntad que de genuina alegría. Eso de socializar no se le daba demasiado, pero tendría que hacer una excepción en este caso.

"Me da gusto haberte encontrado, ¡es mucho más divertido disfrutar este tipo de eventos con alguien más! ¿A dónde quieres ir primero?"

Rei abrió la boca sin emitir sonido.

"En realidad… no lo sé… ¿puedes creer que es la primera vez que asisto?"

"¡No hablas en serio!" exclamó Jasón. "¿Cómo es posible?"

"Pues estuve… mucho tiempo…" Rei titubeó y se acomodó el cabello nerviosamente sin saber que decir ¿por qué no podía mentir? "La verdad es que vengo de Marte."

Jasón abrió mucho los ojos y la observó con… ¿admiración?

"¡Vaya! Eso es genial, ¡De Marte! Ya lo decía yo… tu nombre, tu presencia… ¡tu cabello!"

Rei encogió los ojos sintiéndose como una especie de bicho raro.

"¿Qué tiene de malo mi cabello?" preguntó la muchacha.

"¡Nada! No me malinterpretes, es simplemente que luces diferente al resto. Estaba muy nervioso antes de hablarte, pero míranos, aquí estamos."

Rei asintió observando a su alrededor. Habían estado hablando durante algunos minutos y no se habían movido de su lugar, y la verdad era que comenzaba a sentirse impaciente.

"¿Por qué no caminamos?" le dijo Rei, y Jasón asintió con la cabeza, caminando al lado de ella.

"Estás con la persona indicada." Le dijo Jasón, mientras ambos entraban en la ciudad. "Asisto a esta celebración desde que tengo memoria."

Rei lo escuchaba aunque en realidad no le prestaba demasiada atención. Estaba observando alrededor, en donde le vegetación había quedado atrás para dar paso a las casas y los comercios. La amplia calzada de la que Michiru le había hablado se extendía frente a ella, adosada con piedras de un color grisáceo. Afuera de todos los comercios y las casas había colgadas unas lámparas pequeñas, redondas, de múltiples colores y con listones de papel que se movían al compás del leve viento que soplaba, y que le daban a las calles un ambiente festivo. La gente sonreía y hablaba en voz alta. De un lugar que parecía una especie de taberna dos hombres salieron, o mejor dicho, fueron arrojados por alguien más fuera del lugar, y cayeron a los pies de Rei. Jasón sonrió, y aunque a Rei no le pareció muy divertida la situación, el muchacho de ojos verdes la tomó ligeramente del brazo y la condujo para que caminara a un lado de los hombres que estaban batallando para ponerse de pie.

"El día de hoy puedes beber todo lo que quieras, ¿has probado los vinos de Venus?"

Rei negó con la cabeza.

"Todos los comerciantes en la ciudad regalan el día de hoy parte de lo que produjeron en todo el año, es una muestra de gratitud, y también una especie de ofrenda esperando que el año que está por venir sea igual de próspero. Así que imaginarás que los vinicultores son siempre los más perseguidos. Acompáñame."

Rei se mordió el labio inferior. La verdad era que no estaba interesada en conocer todos y cada uno de los rincones de la ciudad, pero se dejó guiar por Jasón porque no se le ocurrió algo mejor que hacer para encontrar a Minako. El muchacho la condujo hacia un grupo de gente que bailaba, cantaba y gritaba alrededor de una carreta que parecía estar cargada de barriles de vino.

"Espérame aquí." El muchacho se abrió paso entre la multitud y Rei se arrepintió de haber iniciado una conversación con él, ¿ahora como se iba a librar de Jasón? Estaba a punto de huir cuando el muchacho regresó con dos recipientes elaborados de lo que parecía ser la corteza de algún árbol, conteniendo un líquido de color oscuro.

"He probado mejores, pero bebe un poco, no está nada mal."

"La verdad es que yo…"

"¡Vamos!"

Jasón se llevó el recipiente a los labios y se bebió el contenido en un solo trago. Rei tan sólo dio un pequeño sorbo.

"La plaza principal está cerca, ¿quieres ir ahí?"

Rei asintió, después de todo había estado observando alrededor y no había rastro de Minako. Siguieron caminando por la calle, que se iba llenando de más y más personas conforme iban avanzando. El ambiente para entonces era totalmente festivo, en un lado y en otro había grupos de gente tocando instrumentos musicales, bailando, bebiendo vino, comiendo y divirtiéndose. Rei se sentía bastante fuera de lugar, porque si bien en Marte había festivales parecidos, la realidad era que la gente no era tan… expresiva en su planeta. En más de una ocasión se vio empujada por alguna persona que se esforzaba por mantener el equilibrio perdido a causa del vino, invitada a bailar por un desconocido, e incluso abrazada sin razón aparente. El recipiente con vino que Jasón le había entregado, terminó en las manos de una muchacha desconocida que pasó junto a ella y decidió tomarlo de la mano de Rei sin pedirle permiso. No es que a ella le importara.

"Dime Rei, ¿qué estás haciendo tan lejos de tu planeta rojo?" le preguntó Jasón, deteniéndose para observarla, mientras a su alrededor todo era un pandemónium de carcajadas, saltos, gritos y sonrisas.

"Soy… comerciante." Le dijo ella de manera improvisada. Semejante lío en el que se había metido.

"¿En serio? ¿De qué?"

"De… arcos." respondió Rei, porque fue lo primero que se le ocurrió.

Jasón sonrió animadamente, satisfecho (o quizá poco interesado) con la explicación, luego la tomó de la mano y entonces Rei tuvo un deja vú, porque la única que la tomaba de la mano sin pedir autorización era Minako.

"Justamente estaba a punto de preguntarte por qué llevabas un arco y flechas en la espalda."

"Yo también me lo estaba preguntando…" murmuró Rei, aunque Jasón no la escuchó.

"¡Jasón! ¡Amigo! ¡Largo tiempo sin verte!"

Rei dirigió la mirada hacia el individuo que le había hablado a Jasón. Era un hombre relativamente maduro, de cabello castaño claro, barba y ojos oscuros, que estaba de pie encima de una carreta y sonriéndole a todo el mundo.

"¡Haku!" Exclamó el acompañante de Rei, y luego se volvió hacia ella para aclarar su relación con el hombre "Es mi amigo." Le dijo a Rei, que tan sólo se limitó a asentir.

"Dime, ¿quién es esta señorita tan hermosa que te acompaña?" preguntó Haku, refiriéndose a Rei, que no pudo sonreír por el "cumplido".

"Su nombre es Rei, viene de Marte, ¿puedes creerlo?"

"¡Vaya! Después me contarás si esa fama que tienen los marcianos de ser tan feroces aplica para todo, ¿eh?" le dijo Haku, golpeando de manera juguetona las costillas de Jasón con su codo izquierdo.

Si Rei no hubiera sabido que tenía que guardar la compostura para no llamar demasiado la atención en Venus, la verdad es que les hubiera dado un puñetazo a ambos, pero se contuvo. De hecho lo olvidó casi de inmediato cuando a la distancia observó un destello de cabello rubio que le resultó inconfundible. Sin pensarlo dos veces se dirigió hacia donde lo había visto, dejando detrás a Jasón que tan sólo se limitó a gritar su nombre, pero que no pudo seguirla porque Rei se deslizó tan rápidamente entre la multitud que pronto logró confundirse entre el mar de personas de manera más que efectiva.

Ahora podía observar todo de manera más cercana: Minako estaba de pie, aplaudiendo a un grupo de personas que bailaba al ritmo de una melodía interpretada por un hombre que tocaba una especie de flauta de manera animada. Alguien se acercó a la rubia y le ofreció un vaso con lo que parecía ser vino, y para sorpresa de Rei, la venusina lo bebió sin respirar una sola vez.

"¡Minako!" gritó Rei, pero su voz se perdió entre el escándalo que lo envolvía todo.

Para mala suerte de Rei, un perfecto desconocido tiró de su muñeca y la obligó a darse media vuelta, aparentemente con la intención de bailar, pero la heredera de Marte se limitó a empujarlo, quizá con más fuerza de la requerida, y enviarlo directo al suelo. Cuando Rei regresó la vista a donde Minako se encontraba, se dio cuenta de que había desaparecido. Maldijo entre dientes y observó a su alrededor, encontrándola rápidamente a un costado de un muchacho que repartía a diestra y siniestra más vasos con vino.

Minako no se había dado cuenta de su presencia, así que cuando Rei la tomó del brazo, la rubia abrió mucho los ojos en señal de sorpresa.

"¿Qué haces aquí?" le preguntó Minako.

"Buscándote, y evitándote problemas."

La heredera al trono de Venus encogió los ojos. Tenía las mejillas sonrojadas, el cabello ligeramente revuelto, las pupilas dilatadas a causa del vino, y una expresión divertida y confundida al mismo tiempo, como una niña pequeña a la que han despertado de imprevisto de su largo sueño. La verdad era que Rei no terminaba de entender por qué las expresiones de Minako siempre ocasionaban que ella no quisiera apartar la mirada de su rostro. Le pasaba lo mismo que cuando se ponía a observar las constelaciones en el firmamento de Marte.

"¿Cómo llegaste hasta aquí?" le preguntó Minako, dando un último sorbo a su vaso con vino, porque Rei se lo quitó enseguida y lo entregó a la primera persona que pasó junto a ellas.

"Con un poco de ayuda de Michiru, y un joven venusino que seguramente ahora debe estar buscándome. O quizá no."

"Vaya, quién lo hubiera dicho." Murmuró Minako.

Rei colocó una mano detrás de su espalda y la empujó ligeramente para sacarla de ese lugar, hasta que finalmente, entre empujones y pisotones, lograron llegar a una zona menos congestionada.

"Rei-chan, ¿te dije que te ves muy bien con ese vestido?" le preguntó Minako, que caminaba prácticamente abrazada del brazo de Rei.

"Lo odio, mañana le pediré a Artemis otro tipo de atuendo." Respondió ella sinceramente.

"No puedes hacer eso, ¡te lo prohíbo!" exclamó Minako, indignada.

"¿Con qué autoridad?"

"¿Bromeas verdad?" le dijo Minako. "Con la autoridad que me confiere ser Heredera de Venus, Líder de las senshis, ¡soy tu superior!"

Rei puso los ojos en blanco. Aunque sabía que Minako no había bebido lo suficiente como para perder consciencia de sus actos, no dejaba de resultar divertida su conducta con un par de copas de más.

"No me importa tu autoridad si se trata de decidir qué es lo que tengo que usar para vestirme. Y mejor guarda silencio, no es bueno llamar la atención."

Ahora Rei caminaba rápidamente, tirando de Minako, que iba detrás de ella tambaleándose ligeramente. A Rei no le importaba, todo lo que quería hacer era salir de ese lugar lo antes posible y regresar al Palacio, en donde esperaba que nadie se hubiera dado cuenta de su ausencia.

Cuando estuvieron lo suficientemente alejadas del barullo e iban caminando por una calle mucho más tranquila, Rei decidió hablar, sin observar a Minako.

"¿Minako, en qué demonios estás pensando? Se supone que tenemos que pasar desapercibidas, salir de esa manera fue bastante imprudente. Sólo bastaría con que una persona te reconociera para que la noticia de que la Princesa de Venus está de regreso en su planeta corriera por todos lados. Sólo espero que esto no llegue a oídos de Artemis, Luna, o tus padres, porque entonces sí que vas a estar en graves problemas. En verdad, Minako, si crees que voy a defenderte en caso de que Artemis se entere, estás muy equivocada."

Rei se detuvo un momento y soltó la mano de Minako, dándose media vuelta y observando el rostro apenado de su compañera.

"Lo siento." Se disculpó Minako.

Rei no supo que decirle. Había llegado hasta ahí porque estaba preocupada por el estado de Minako, y ahora le había soltado una reprimenda digna de Ares, su propio padre… ¿pero se suponía que tenía que ser amable con ella aún cuando lo que había hecho había sido totalmente inaceptable?

"Date prisa, tenemos que llegar al Palacio antes de que alguien se de cuenta de que no estamos." Le dijo Rei.

Minako suspiró, asintió, y caminó adelantándose un poco. El resto del trayecto transcurrió en silencio, y conforme se iban adentrando en el sendero, disminuía la cantidad de gente, hasta llegar al punto en el que únicamente ellas dos caminaban por él. Cuando llegaron a una intersección en el camino, Minako se desvió. ¿Ahora qué? Pensó Rei, siguiéndola.

"¿Por qué por este camino?" preguntó Rei.

"Es un camino menos transitado, y además nos permitirá entrar al Palacio por un lugar en donde hay menos guardias, entre menos sean los que se percaten, mejor." Le dijo Minako a Rei, que asintió con la cabeza pero se dijo que de cualquier manera ella había salido por una de las principales puertas, así que era un poco tarde para ese tipo de precauciones.

Como Venus no tenía ningún satélite natural que iluminara las oscuras noches, los habitantes del planeta se las habían ingeniado para colocar unas especies de linternas que resplandecían con luz trémula en los lugares en donde era necesario, como en ese caso. A Rei no se le ocurría más que comparar las lámparas con luciérnagas gigantes, porque parecían flotar en el aire, sin nada que las sostuviera, y no tenían una forma definida. Eran como pequeñas estrellas flotantes, y gracias a esa iluminación, Rei era capaz de observar los ojos enrojecidos de Minako, y sus mejillas ligeramente sonrojadas a causa del vino. La heredera de Marte se llevó una mano a la nuca y se mordió el labio inferior, sin saber exactamente qué decir.

"¿Estás bien?" le preguntó finalmente.

Minako asintió.

"Lo mejor ahora es que descanses…" le dijo Rei.

"¿Desde cuándo te preocupas por mí?" le preguntó Minako.

"Desde que eres incapaz de aceptar que te sientes como si te hubiera pasado por encima un ejército venusino." Respondió Rei, haciendo alusión a aquella ocasión en que Minako le había dicho algo muy parecido luego de que ella se había lastimado el brazo en la batalla con el youma.

El comentario consiguió una sonrisa de Minako, pero a la sonrisa le siguieron algunas lágrimas.

"Oye…" le dijo Rei, tratando de escoger cuidadosamente sus palabras. "Lo que acabas de hacer fue bastante tonto… pero… yo creo que tus padres están equivocados."

Minako observó a Rei y le volvió a sonreír, entonces Rei dejó escapar el aire que había estado conteniendo, contenta por haber dicho lo correcto.

"¿Y qué sabes acerca de lo que piensan mis padres?" le preguntó la rubia, acercándose a Rei, que en ese momento se puso un poco nerviosa. Minako todavía no le había dicho nada acerca de la relación que llevaba con sus padres, y aunque Haruka se había encargado de contarle algunos detalles, no estaba segura de que la venusina no se molestaría por estar inmiscuyéndose en sus asuntos. Claro que después de lo que había presenciado por la tarde, no se necesitaba ser genio para darse cuenta de que no existía una buena relación entre Adonis, Afrodita, y Minako. Rei apenas podía creer que, como le había dicho alguna vez Minako, Afrodita hubiera sido amiga de su madre.

"Haruka me habló un poco acerca de la relación que llevas con tus padres… a ella se lo contó Michiru."

Minako la miró fijamente por algunos segundos, pero al menos no se mostraba disgustada. Con la cabeza agachada y los hombros en una postura de derrota, la rubia se sentó sobre el tronco de un árbol que estaba cerca. Rei decidió acompañarla.

"Mis padres me enviaron a la Luna porque no tenían otra opción. Ellos nunca han creído que yo sea lo suficientemente buena para ser una senshi. No tan buena como Tea, o como Michiru."

"Pues Tea no está aquí, y entre Michiru y tú, ¿quién es nuestra líder?"

Minako le sonrió de una manera tan complaciente, que Rei casi puso los ojos en blanco porque sabía que estaba alimentando el ego de su líder, pero se contuvo porque sabía que quizá en ese momento, era justo lo que necesitaba.

"No creo que necesites intentar demostrarles algo. Se darán cuenta, lo sé."

"¿Lo sabes porque puedes ver el futuro?" le preguntó la rubia, apoyando la cabeza sobre el hombro de Rei.

"Por supuesto que no." Respondió Rei, observando que Minako cerraba los ojos. "Lo sé porque te conozco."

Minako suspiró y se quedó inmóvil.

"Dormirse aquí sería muy mala idea Minako."

"Hmm…" balbuceó Minako, que sólo se limitó a acomodarse sobre el hombro de Rei.

"Hablo en serio. Vamos."

Rei se puso de pie e incorporó a Minako sosteniéndola de los hombros, que se tambaleó ligeramente pero logró mantener el equilibrio. Minako abrió los ojos y le sonrió infantil e inocentemente, como si minutos antes no hubiera estado saltando de un lado a otro sosteniendo un vaso con vino en la mano, y Rei, una vez más, tuvo que contenerse para no mostrar ese sobresalto que la rubia solía causarle siempre que invadía su espacio personal, un espacio que ahora parecía pertenecerle también a la heredera de Venus, que en ese momento levantó la mano para deslizar un dedo pulgar por encima de sus labios, y la chica marciana, que por supuesto no estaba preparada para ese contacto, hubiera entrado en pánico de no ser porque dio un pequeño paso hacia atrás y le repitió a Minako que tenían que irse. La rubia no dijo una sola palabra, y sólo se limitó a caminar detrás de Rei el resto del camino.


Makoto tomó la espada de madera entre sus manos e hizo unos movimientos suaves y fluidos con ella, mientras Minako la observaba con lo que parecía ser un poco de aburrimiento. Por ser temprano, el calor húmedo de Venus apenas comenzaba a percibirse y estaba lejos de ser ese bochorno persistente habitual. Venus Minako deseó que la joven heredera de Júpiter no hubiera llamado a su puerta a primera hora de la mañana para sus improvisadas lecciones con la espada.

"Supongo que no hay problema para que identifiques tu punto de equilibrio." Le dijo la chica de cabello castaño a Minako, que negó con la cabeza. "Entre más cerca esté de tu guardia, más fáciles serán los movimientos. Inténtalo."

Makoto tomó otra espada de madera y se la lanzó a Minako, que intentó imitar los movimientos de su compañera, aunque de manera un poco más lenta.

"Minako, te ves horriblemente cansada, ¿no dormiste bien?" le preguntó Makoto, y Minako se encogió de hombros.

¿Dormir? Se había pasado la noche entera pensando en Rei, y cuando había cerrado los ojos sólo había sido para seguir pensando en ella. Como resultado ahora estaba exhausta.

"Tuve una mala noche." Le respondió.

"Podemos dejarlo para otro día." Le dijo Makoto, colocando la punta de la espada sobre el pasto del pequeño campo de entrenamiento.

"No. Estoy bien, no hay problema."

"Como quieras."

Makoto tomó la espada y arremetió en contra de Minako de manera tan inesperada, que la rubia se fue de espaldas sin oponer la más mínima resistencia, cayendo con todo, menos elegancia.

"Eso fue bastante vergonzoso."

Makoto y Minako dirigieron la mirada hacia Haruka, que acababa de llegar y estaba observándolas con el ceño fruncido. Minako desvió la mirada y se puso de pie, de no muy buen humor. No había probado bocado desde el día anterior, estaba cansada, y no podía dejar de pensar en lo que había sucedido por la noche, o mejor dicho, en lo que no había sucedido. Lo que menos quería hacer era iniciar algún tipo de discusión con Haruka o con cualquier otra persona.

"Es justo lo que estaba pensando." Dijo Makoto. "Definitivamente no podemos entrenar así."

"¡Por supuesto que podemos!" protestó Minako.

"Vamos a comprobarlo." Le dijo Haruka, tomando la espada de madera de las manos de Makoto y atacando a Minako sin pensarlo dos veces. En esta ocasión estaba preparada, y aunque el movimiento de Haruka había sido fácil de repeler, de repente Minako se vio dando un paso hacia atrás, y luego otro y otro más, hasta que se dio cuenta de que estaba a un par de metros de la pared. Con un movimiento eficaz logró esquivarla, alejarse de ella y propinarle un golpe en un costado, que Haruka logró detener con la otra arma. Minako volvió a atacar y la heredera de Urano tuvo que dar un salto hacia atrás para evitar ser alcanzada, movimiento que Minako aprovechó para irse nuevamente sobre ella, pero entonces el suelo le jugó una mala pasada y tropezó, cayendo de bruces junto a Haruka, que tan sólo se limitó a tocar la espalda de la rubia con la punta de la espada, declarando con eso su derrota.

"Bueno, creo que necesitas mejorar." Le dijo Haruka, extendiendo una mano para ayudarla a que se pusiera de pie. "O dormir un poco." Continuó, observando a Minako cuando ésta se puso de pie. "¿Acaso Rei te mantuvo despierta toda la noche?" murmuró.

"Algo así." Le respondió Minako, haciendo a un lado los mechones de cabello que se habían adherido a su rostro.

"¡Vaya! ¿En verdad?" le preguntó Haruka en voz baja, para que no la escuchara nadie más.

"Por supuesto que no de la manera que estás pensando."

Haruka soltó una risa discreta, y Makoto se acercó a ellas.

"Creo que no estuvo tan mal." Le dijo Makoto.

"Excepto por el hecho de que ahora estaría muerta si esto hubiera sido un combate real." Intervino Haruka.

"Es entrenamiento, y su primera vez, su técnica es imperfecta pero creo que puede mejorar bastante."

Minako se talló los ojos con el dorso de la mano izquierda y luego se secó un poco el sudor de la frente, mientras escuchaba la discusión entre Haruka y Makoto. El sol apenas empezaba a calentar la superficie del campo de entrenamiento y ella ya tenía tanto calor que empezaba a sentir un sopor que la hacía querer tumbarse al pie de la sombra de un árbol frondoso para dormir durante largo rato.

"Creo que es suficiente por hoy." Les dijo Minako, entregando la espada de entrenamiento a Makoto y alejándose de ambas.

"¡Pero si sólo hemos entrenado unos minutos!" le dijo Makoto.

"Lo siento Mako-chan. Muero de hambre."

Sin decir nada más, la rubia se alejó de ambas, dispuesta a buscar algo que desayunar. No sabía si tenía más hambre o sueño, pero sabía que dormir no era una opción en ese momento. Seguramente Artemis y Luna las reunirían en algún momento del día, y eso eliminaba la posibilidad de tomar una buena siesta. Minako bajó la mirada y bostezó, mientras caminaba arrastrando los pies, de manera que casi se estrella con Rei, que en ese momento iba por el mismo camino pero en dirección opuesta.

"¡Rei!" exclamó Minako, genuinamente sorprendida.

"Buenos días." Respondió la otra chica, observándola con ese semblante serio e impenetrable característico en ella.

"¿Cómo estás?" le preguntó Minako, dispuesta a actuar con naturalidad.

"Bien. ¿Y tú?"

"Oh… no dormí muy bien, pero… ¡estoy bien!"

Minako le sonrió radiantemente, y Rei la observó como si se le hubiera zafado un tornillo, y fue así como la rubia se dio cuenta de que quizá estaba exagerando un poco su naturalidad.

"Bueno… voy al campo de entrenamiento."

"¡Claro! Mako-chan y Haruka están ahí también, ¡te veré después!"

Rei asintió, aunque hizo un gesto de desconcierto, pero finalmente se retiró. Minako se dio un sonoro golpe en la frente, sintiéndose estúpida. Si pensaba que no podía volver a comportarse de manera tonta después de lo de anoche, estaba equivocada. No había dejado de arrepentirse por haberse acercado a Rei de esa manera, y sólo hasta ese momento entendió en realidad lo que Artemis le quiso decir con aquello de 'jugar con fuego'. Sólo que tenía un gran problema, y era que no lo podía evitar. Cada vez que se acercaba a la heredera de Marte, se sentía irremediablemente atraída hacia ella, y lo único que la hacía no rendirse por completo a ese sentimiento, era precisamente Rei, porque en realidad la otra chica no mostraba alguna señal que le hiciera pensar que sentía lo mismo. Minako suspiró y continuó con su camino para encontrarse con Ami.

"Buenos días." Le dijo la chica de cabello azulado, sonriente.

"Hola Ami."

"¿Has visto a las demás?" le preguntó Ami.

"En el campo de entrenamiento, pero yo voy a desayunar algo… ¿quieres acompañarme?"

Ami asintió y caminó junto a Minako, dejando que la rubia la condujera.

"Minako, sé que no estaremos mucho tiempo en el Palacio… y quería pedirte un favor." Le dijo la heredera de Mercurio.

"Claro, dime."

"¿Crees que puedas darme acceso a la biblioteca del Palacio?"

Minako sonrió, recordando su compromiso con Ami y sintiéndose un poco mal por haberlo olvidado.

"Por supuesto Ami, lamento haberlo olvidado, pero tenía la cabeza ocupada en otras cosas. Yo me encargo de que hoy mismo, después del desayuno, puedas consultar todos y cada uno de los libros que hay en la biblioteca."

Ami sonrió de manera deslumbrante, mientras entraban al salón principal del Palacio, en donde Minako se acercó a un sirviente que se mantenía de pie en la entrada, pidiéndole que les llevaran algo ligero para desayunar. Ambas se sentaron y Minako apoyó los codos sobre la mesa, frotándose los ojos con los nudillos, bostezando tanto que se le escaparon un par de lágrimas.

"¿Estás bien? Te ves un poco cansada." Le preguntó Ami.

"No pude dormir bien, eso es todo." Respondió Minako, sonriendo de manera perezosa, y Ami asintió.

"Entiendo… todas nos quedamos algo preocupadas después de lo que pasó."

Minako apoyó la cabeza sobre su mano izquierda, observando a Ami.

"Sí… supongo que se dieron cuenta de que la relación con mis padres no es muy buena." Respondió la rubia, desviando ligeramente la mirada. "Quisiera decir que estoy acostumbrada, pero no es así… después de todo son mis padres." le dijo a Ami, y luego agregó una pregunta que se le ocurrió en ese momento. "¿Cómo es la relación con tus padres Ami?"

Ami colocó las manos sobre su regazo y se encogió de hombros, sonriendo de manera casi imperceptible.

"Supongo que es buena." Respondió.

"¿Supones?" preguntó Minako, mientras observaba que el sirviente había regresado con los alimentos que le había pedido. Lo primero que la rubia tomó fue una manzana, porque de alguna manera se había vuelto adicta a esa fruta.

"En Mercurio tenemos Consejos que se dedican a la investigación en diferentes campos." Le dijo Ami. "Medicina, Ciencia, Tecnología, Literatura… mis padres tienen que estar supervisando los trabajos y avances constantemente, así que imaginarás que tienen muy poco tiempo libre, y ese es el tiempo que pasan… o mejor dicho, pasaban antes de que me fuera a la Luna, conmigo." Concluyó Ami, dando un sorbo a un zumo de fruta que le acababan de servir.

"¿Y cómo era ese tiempo libre que pasaban contigo?" le inquirió nuevamente la rubia.

"Pues…" Ami se llevó una mano a la nuca y volvió a encogerse de hombros. "Cuando era pequeña mi madre me leía muchos cuentos… y mi padre me hablaba acerca del Universo, los planetas, sus costumbres… luego la relación fue evolucionando y en ocasiones los acompañaba a supervisar los avances de alguna investigación."

Minako no pudo evitar soltar una risa.

"Como dos profesores." Observó, ocasionando que Ami se sonrojara ligeramente.

"¡Pero era muy interesante!" se defendió la chica de Mercurio, y Minako volvió a reír.

"No estoy diciendo lo contrario… es sólo que, parece algo totalmente digno de un habitante de Mercurio: era su tiempo libre y lo invertían instruyéndote. Aunque puedo decirte que yo hubiera preferido eso a estar escuchando todo el tiempo lo que tenía y no tenía que hacer para poder ser como mi hermana o Michiru." Aclaró Minako, mordiendo la manzana una vez más y quedándose en silencio.

"Quizá tus padres sólo te sobreprotegieron y ahora están confundidos." Le dijo Ami, tomando un panecillo, y aquello consiguió confundir a Minako.

"¿Y cómo se supone que funciona esa teoría?" le preguntó.

"Pues… sólo ponte en su lugar. Quizá tenían planes para ti y para tu hermana, ¿Puedes imaginar cuánto tiempo vivieron pensando en su futuro? Es natural que los padres se preocupen por el porvenir de sus hijos, aunque no estoy diciendo que el hecho de que hubieran tratado de controlar sus vidas haya estado bien… y tú, por ser la menor… no creo que en algún momento tus padres te hubieran visualizado como senshi, tal vez precisamente por eso no creen que estés preparada para afrontar ese reto, y están preocupados."

"¿Eso justifica que durante toda mi vida me estuvieran comparando con otras personas?"

"No los estoy justificando." Se defendió Ami, alzando las manos ligeramente en señal de defensa. "Sólo intento entenderlos, y creo que tú deberías hacer lo mismo." Concluyó.

"Lo he intentado durante mucho tiempo Ami, y no sé si algún día sea capaz de hacerlo." Respondió Minako, tomando un vaso con zumo de frutas y bebiéndolo.

Ami observó a Minako con pesar, y ambas se quedaron el silencio durante varios minutos, comiendo e inmersas en sus pensamientos, hasta que un sonido retumbó por el Palacio, ocasionando que ambas se observaran con preocupación.

"No fue lejos de aquí." dijo Minako.

"¿El campo de entrenamiento?" preguntó Ami, y Minako asintió.

Ambas dejaron todo sobre la mesa y salieron corriendo con dirección al campo de entrenamiento, encontrándose en el camino con Michiru, quien también caminaba apresuradamente.

"¿Supongo que escucharon eso también?" les preguntó, y Minako asintió sin detenerse.

No podía apartar de su mente el recuerdo de los ataques en la Luna, pero aquí en Venus… no podía ser posible, ¿o sí? Nadie tendría por qué saber su paradero, sin embargo fue inevitable para ella acelerar el paso, de manera que en unos cuantos segundos se encontró junto con Ami y Michiru en el campo de entrenamiento. Y la verdad fue que se sorprendió bastante. Se quedó un instante con la boca abierta sin saber exactamente cómo reaccionar, mientras Ami se llevaba una mano a la boca y Michiru se cruzaba de brazos y observaba la escena como si ya hubiera sabido lo que iba a presenciar: Makoto, Haruka y Rei se encontraban enfrascadas en un combate que no estaba segura de clasificar como "de entrenamiento".

"No estoy segura de que a Artemis le agrade esto." Murmuró Ami, mientras Michiru y Minako asintieron.

El sonido que habían escuchado había provenido seguramente de algún rayo lanzado por Makoto en contra de Haruka, y quizá eso no hubiera preocupado tanto a Minako de no ser porque uno de los muros del Palacio se encontraba severamente dañado a causa del impacto. Por otro lado, Haruka estaba haciendo lo propio atacando a Makoto y a Rei con una combinación de poderes relacionados con el viento y una especie de sacudidas en el suelo, lo que ocasionaba un tremendo caos si a eso se le agregaba que Rei literalmente lanzaba fuego a diestra y siniestra intentando "defenderse".

"¿Qué están haciendo?"

Minako cerró los ojos por un instante cuando escuchó la voz horrorizada de Artemis y se dio media vuelta para darse cuenta de que también sus padres y Luna lo acompañaban, lo que sólo empeoraba la situación.

"¿Entrenando?" respondió Minako, observando a los presentes con aprehensión.

"Van a destruir el lugar, ¡basta!"

El grito de Artemis fue ignorado mientras Haruka sacudía el terreno del campo de entrenamiento con un estruendo que los estremeció a todos.

"Ni siquiera creo que hayan notado nuestra presencia." Les dijo Michiru, observando a las tres contendientes.

Fue entonces cuando Minako decidió tomar cartas en el asunto. No quería que le cayera un rayo encima, ni ser elevada por el aire por alguna ventisca generada por el poder de Haruka, y mucho menos ser alcanzada por el fuego de Rei, así que corrió rodeando el terreno, intentando encontrar el lugar adecuado para intervenir. Dado que Rei y Makoto parecían haber asumido el papel de atacantes en contra de Haruka, Minako pensó que tendría que ser esta última la desafortunada "víctima". Corrió rápidamente para ubicarse detrás de ella, tratando de evadir sin mucho éxito el polvo y las rocas pequeñas que habían sido levantadas por una corriente de aire generada por la misma heredera de Urano.

"¡Minako! ¡Cuidado!"

La rubia apenas si escuchó la voz de Artemis advirtiéndole del peligro cuando una flecha de fuego se dirigió directo a ella, visiblemente desviada de Haruka (seguramente porque Rei no quería causar ningún daño), y ella apenas tuvo tiempo de lanzarse al suelo para no ser impactada por el proyectil incandescente, y aunque estaba lo suficientemente cerca de Haruka, terminar en el suelo no estaba dentro de sus planes, así que todo lo que pudo hacer fue tirar de un brazo de la chica de Urano y derribarla, consiguiendo con eso que Haruka detuviera su ataque y Rei y Makoto se quedaran inmóviles ante tan sorpresiva intervención. Finalmente terminó cayendo al suelo con Haruka encima de ella.

"¿Qué demonios?" preguntó Haruka, recuperándose de la confusión y observando a Minako debajo de ella. "¿Estás loca?"

"¿Loca? ¿No hablas en serio verdad? No era yo la que estaba tratando de destruir el campo de entrenamiento." Le respondió Minako. "Haruka, ¿podrías ponerte de pie? Me estás aplastando."

Haruka sonrió y se levantó, extendiéndole una mano a Minako para ayudarla a incorporarse. Para entonces todos se aproximaban con rostros aliviados.

"¡Minako! Ni siquiera te vi venir, ¿están las dos bien?" preguntó Makoto, que se acercaba a ellas corriendo y y examinándolas cautelosamente.

La rubia asintió y luego observó a Rei que venía detrás de Makoto y la observaba fijamente.

"¿En qué estabas pensando? Esa flecha casi te alcanza." Le dijo la heredera de Marte, y se acercó a Minako fijando la vista en algún punto de su cintura, extendió la mano y deslizó los dedos por la piel de la venusina. Fue entonces cuando Minako se percató de que la flecha había rasgado, o mejor dicho "quemado" una parte de su vestido, dejando expuesta un poco de piel.

Minako sólo pudo abrir la boca para intentar responder, pero penosamente no pudo articular palabra alguna porque Rei se había encargado de dejarla sin habla tan sólo con ese simple contacto.

"Ni siquiera voy a molestarme en decirles que-" les dijo Artemis, pero enseguida fue interrumpido por Haruka.

"Artemis, no te molestes, ¿querían entrenamiento no?" le dijo Haruka.

Artemis abrió la boca para responder pero se llevó una mano a la cabeza en señal de frustración. Parecía que no quería discutir y Minako se sintió aliviada por eso.

"Como sea… gracias Minako. Adonis, Afrodita… lamento los daños."

"Bueno… eso fue bastante impactante, así que no tenemos otra opción que pasarlo por alto… no se preocupen." Les respondió Adonis. "Y… buen trabajo Minako." Agregó el padre de la rubia, dándole una pequeña y poco familiar palmada en la espalda, ocasionando que Minako abriera mucho los ojos y sonriera imperceptiblemente.

Su padre se retiró y su madre la observó con una especie de sorpresa que hicieron que la rubia se sintiera, de alguna manera, satisfecha.

"Por favor, la próxima vez no causen tantos destrozos…" les dijo Luna una vez que los gobernantes de Venus se habían retirado.

"¡Todo es culpa de Rei!" exclamó Haruka, señalándola con un dedo acusador y ocasionando que la chica de cabello oscuro le dirigiera una mirada de indignación.

"¿Qué? ¡No fui yo la que empezó a hacer temblar la tierra para alardear!" exclamó Rei.

"No estaba alardeando, simplemente hacía una demostración." Respondió la chica de Urano.

"Pero debes aceptar que sí atacaste a Rei en primera instancia." Intervino Makoto. "Sólo se defendió."

"No la ataqué para lastimarla, sólo quería probar sus buenos reflejos…"

"Basta." Les dijo Artemis, que tenía el dedo índice y pulgar de la mano derecha sobre la frente. "Quiero que todas preparen sus cosas, mañana instalamos el campamento en la selva… necesito hablar con ustedes, Serenity me informó hoy temprano que ha habido un par de ataques más en la Luna, y es claro ahora que el enemigo está detrás del Cristal Plateado, así que tememos que sólo es cuestión de tiempo para que se enteren de nuestro paradero."

Aquello consiguió que la discusión que estaban teniendo pasara al ámbito de lo trivial e insignificante, y todas se quedaron serias y preocupadas por las palabras de Artemis.

"Artemis, sé que tu prioridad, es decir, la prioridad de la Reina Serenity es entrenarnos, ¿pero en realidad crees que haya tiempo para eso?" preguntó Michiru, observándolo fijamente. Artemis levantó la mirada y la observó con seriedad.

"Ahora lo que nos preocupa más es que aprendan a trabajar como un equipo." Intervino Luna. "Y desafortunadamente hay cosas que aprenderán directamente en un combate, es verdad que no tenemos mucho tiempo, que tendremos que estar enfrentando peligros en algún momento… las cosas serán así."

"Así es chicas." Concluyó Artemis, y luego observó a la heredera de Hermes. "Ami… necesito que vengas conmigo, hay algunas cosas que quiero mostrarte y de las que tendrás que hacerte cargo, ¿de acuerdo? Tiene que ver con la manera en la que tendrán que comunicarse de ahora en adelante en caso de alguna emergencia, y algunos otros aparatos que seguramente encontrarás muy útiles."

Ami asintió, sonriendo, seguramente contenta con el hecho de estar a punto de aprender algo nuevo, y enseguida se fue detrás de Artemis y Luna, que caminaban rumbo a la salida del campo de entrenamiento.

"¡Artemis! ¿Puedes hacerme un favor?" preguntó Minako a la distancia, alzando un poco la voz para que Artemis la escuchara. "Prometí a Ami que le daría acceso a la Biblioteca, ¿puedes encargarte de eso?"

El hombre de cabello plateado asintió y finalmente se retiró junto con Luna y Ami.

"Bueno… después del pequeño incidente, se me ha abierto el apetito. ¿Alguien gusta acompañarme?"

Michiru y Makoto aceptaron de inmediato la invitación, y sin mayores preámbulos se dirigieron al salón en donde apenas unos minutos antes, Minako y Ami habían estado. Y Minako se disponía a seguirlas, cuando la voz de Rei logró disuadirla de su propósito.

"Tus clases de arquería… claro, si todavía estás interesada…"

La rubia sonrió.

"¡Por supuesto!" exclamó, juntando las palmas de las manos en señal de emoción, olvidando momentáneamente el agotamiento.

Rei esbozó una leve sonrisa y se dirigió al cuarto de armas de entrenamiento, en donde tomó un arco y algunas flechas que luego le entregó a Minako.

"Allá está el objetivo." Le dijo Rei, señalando una especie de círculo de madera pintado de color blanco y en el centro con un pequeño círculo color rojo, que asombrosamente había sobrevivido a los destrozos provocados por la pelea previa. "Déjame ver cómo lo haces."

Minako le entregó a Rei las flechas y sólo se quedó con una, la acomodó en el arco con un poco de dificultad y luego levantó el arma, estirando la cuerda y tratando de apuntar con toda la exactitud de la que era capaz… que no era mucha. La rubia soltó la flecha, que salió increíblemente desviada del objetivo y fue a parar cerca de la cabeza de un incauto sirviente que pasaba por ahí, y que lanzó un grito aterrorizado cuando se dio cuenta de que tan sólo unos centímetros lo habían separado de que le atravesaran la cabeza con una flecha.

"¡Lo siento!" exclamó Minako, avergonzada, y Rei se llevó una mano a los ojos, negando con la cabeza.

"Lo imaginé…" murmuró, y luego suspiró, tomando otra flecha y dejando el resto en el verde césped impecablemente cortado del campo.

"Toma la flecha casi por la punta y acomódala en el arco." Le indicó Rei, entregándole la flecha a Minako. Ella extendió la mano y colocó los dedos casi al inicio de la flecha, los dedos de Rei le ayudaron a guiarse un poco mejor. Minako se apresuró a levantar ambos brazos y a estirar la cuerda al mismo tiempo.

"No." Le dijo Rei, deteniéndola, y Minako parpadeó un par de veces. "Lo más convencional es estirar un brazo por completo mientras sostienes el arco y luego tirar de la cuerda con el otro brazo hasta el punto de anclaje. Lo que estás haciendo requiere más práctica, y aunque tiene sus ventajas porque no tienes que resistir la tensión del arco durante mucho tiempo, primero necesitamos corregir tu postura."

La rubia se mordió el labio inferior sin saber que significaba punto de anclaje. Rei puso los ojos en blanco y tomó la mano de Minako para levantarla junto con el arco. "Concéntrate en el arco, sólo el arco, el arco…"se repetía Minako una y otra vez sin poder dejar de observar la mano de Rei sobre la suya, y por supuesto, no pudiendo ignorar el suave contacto.

"Ahora estírala y sostenla." Continuó Rei, soltándola y dando un paso para alejarse de ella.

Lo que siguió fue que Rei se puso a caminar alrededor de ella examinando su postura, diciéndole que enderezara la espalda, los hombros, y un sinnúmero de indicaciones que estaban poniendo nerviosa a Minako, sobre todo cuando la heredera de Marte se acercaba detrás de ella, aproximándose tanto que era como si ella notara un inminente peligro acechándola, cuando todo lo que en realidad significaba "peligro" era el hecho de tener a Rei tan cerca. "¿En qué lío te has metido Venus Minako?" pensó la rubia, porque aquello verdaderamente se estaba convirtiendo en un suplicio, cuando Rei le acomodó los brazos y se acercó tanto que podía percibir su respiración y ese aroma característico a incienso, fuego y noches colmadas de estrellas en el desierto.

Sí.

Aquello era un auténtico tormento, uno que volvería a pedir si se le presentaba la oportunidad.


"¿Acaso no fueron claras mis indicaciones? ¿Estoy rodeado de gente estúpida?"

"En los últimos ataques a la Luna pensábamos que se presentarían, pero no ha sido así…" respondió la mujer, observando alrededor del salón ligeramente iluminado por algunas antorchas, sin poder identificar claramente de qué lugar provenía la voz. Era una suerte que este salón subterráneo estuviera prácticamente abandonado en el Palacio de la Tierra, porque le permitía actuar con la certeza de que nadie la estaría espiando.

"Eso obviamente significa que ellas no están en la Luna, ¡y tienes que encontrarlas!"

Beryl apretó la mandíbula, conteniendo el miedo y la rabia que estaba sintiendo en ese momento.

"Así lo haré, señor…"

La mujer se dio media vuelta y comenzó a caminar para salir del salón, no sin antes recibir una última advertencia.

"No tienes mucho tiempo, debes encontrar el Cristal Plateado o me desharé de ti para hacerlo yo mismo, aunque eso no haya estado en mis planes."

Ella no respondió y trató de disimular el temblor de su cuerpo. ¿Cómo podía ser posible que las cosas se hubieran salido de control de esa manera? Todo había estado calculado, y según lo que había planeado en un principio, en ese momento ya tendría que haberse apoderado del Cristal. Pero Serenity había tenido que intervenir, por supuesto, porque estaba segura de que todo esto era su culpa. Tras los últimos ataques en la Luna, no pudo más que decepcionarse con el hecho de que no fueron las herederas de los planetas quienes habían enfrentado a los youmas, sino simples guardias del Palacio con la ayuda de Serenity, y aunque en un inicio pensó que aquello era una simple estrategia para confundirla, pronto entendió que estaban librando la batalla en el lugar equivocado. Ahora tenía que encontrarlas, y rápido, si es que quería sobrevivir, y para eso, estaba segura de que sólo bastaría con corromper a alguien dentro del Palacio Lunar para investigar el paradero de las senshis. Después de todo, sin importar el planeta, siempre había alguien dispuesto a dar un poco de información por algunas joyas, piedras preciosas, o tesoros. Y si eso no funcionaba existían otras formas menos amistosas.

Beryl esbozó una sonrisa mientras caminaba hacia la salida del salón subterráneo del Palacio Terrícola, segura de que sólo sería cuestión de tiempo para encontrar a esas inservibles "guerreras", defensoras de la Princesa y el Cristal Plateado. Tenía muchas razones para odiarlas, a ellas y a lo que representaban, pero no tenía la menor duda de que tarde o temprano cobraría venganza.