Ohayo. Gomene! Ya sé que no tiene disculpa, pero bueno entre a clases, mis vacaciones fueron cortas, me graduó de socorrista, tengo Pre-universitarios y pre-icfes por las tardes. (L s colombian s que me lean entiendan la situación en que me encuentro) en todo caso, ya que este era el último capítulo tenía que hacerlo muy bien. Además la muerte es un tema que aunque es difícil, no hace pensar en el cariño que sentimos hacia otro ser. Dejando de un lado la filosofía. Seguiré con la historia. Agradezco a todos los que me hayan puesto como una autora favorita, o hayan puesto a My life is Yours como una historia favorita. Créanme que eso me hace muy feliz. Este capítulo va dedicado, a todos ustedes y muy especialmente a mi amiga Ani Dark Sugar. Arigato me inspiraste para la última parte de la historia.

Aclaraciones de rigor y que siempre son importantes. Hetalia no me pertenece es de Hidekazu Himaruya, si me perteneciese, bueno, creo que no estaría viviendo donde me encuentro. Hay una parte subida de tono. Aun asi es como un inicio de Lemmon. (no me maten por la continuación onegai T.T)

Capítulo 3: EL DOLOR DE UNA PARTIDA

Japón no sabía dónde estaba, siquiera sabía quién era, solo intenso dolor de cabeza era lo que recordaba que estaba vivo. Aunque en ese momento lo único que deseaba era morir. Había recibido torturas de toda clase: golpes, amenazas, gritos y la peor escuchar durante 8 horas de la boca del americano lo grandioso que era y el gran "HERO" en lo cual se había convertido. Las torturas le parecían poco cosa al recordar los labios del francés sobre la mejilla de Inglaterra. Su voz melodiosa y seductora no era para él. Poco o nada la importaba morir lo único que deseaba era el abrazo de ese francés y que le volviese a decir que le gustaba.

Miro hacia la rejilla. La luz de luna se filtraba recordándole que no hacía más de 3 días, Francia le había rescatado, y lo había enamorado para después enviar al traste su pobre y adolorido corazón. Se limpió la única lágrima que había caído. Era fuerte el no lloraba por el sufrimiento físico, el lloraba por el sufrimiento de su alma. Sabía que dentro de muy poco iba a morir. Hacia parte de los del Eje. Intentaba pensar que habría hecho Italia o Alemania en su situación, pero no tenía ni pizca de ánimo como para saber o para pensar sobre una posible solución. Solo esperaba que las alas de la muerte lo envolvieran y se lo llevaran al lugar en donde olvidaría todo lo vivido.

,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,-,

Francia había pasado todo el día recordando los delicados rasgos del asiático, su cabello negro y sus ojos cafés, su piel blanca como la perla más brillante del ancho mar. Sus actitudes tímidas y serias. Todo en el hacían encender el fuego de la pasión de Francia. Él siempre se había considerado un experto en las cuestiones amatorias, que el mismo cupido en persona venía a poner en sus labios las palabras precisas para conquistar a quien quisiera. Amor es aquello que haces solo por ver la sonrisa de una persona. Amor es la lágrima del corazón al verlo partir, es la sonrisa que florece del alma cuando lo ves llegar. Caer en sus redes en como estar bajo un embrujo, el más poderoso y dulce de todos. De él puedes recibir los frutos más dulces o las penas más amargas. ¿Quién diría que el rey de la seducción caería en sus redes y lloraría por ese pequeño japonés que la había puesto el corazón de a cuadritos?

Él solo, acompañado de una fuerza que solo los amantes lograrían comprender se fue hasta Newgate* era un Aliado no había mucho que temer, no lo detendrían. Rogaba a los cielos que los ángeles lo acompañaran y no lo dejasen. Por qué juraba que lo rescataría para entregarle lo único que no había querido ceder a lo largo de toda su vida. Su corazón que estaba guardado y custodiado. Ese japonés, cual ninja se había escabullado por la fortaleza de su orgullo y su pasión, para encontrar el tesoro más grande. Su amor.

Tal y como lo había pensado, entro sin problemas. Busco en el lugar más recóndito hasta encontrar un pasillo. Una puerta cerrada. De alabastro fuerte, lo alumbraban las antorchas que a cada paso daban una sensación de frio y desolación pero a él no le importaba, su única guía era la convicción en su alma. Sabía que allí estaba. Se asomó por la pequeña rejilla que había en la puerta. Allí lo vio. Estaba acurrucado viendo hacia algún punto del cielo. Una pequeña gota de agua salió por sus bellos ojos cafés. Esa lágrima era como un puñal en su alma. No quería verlo llorar. Lo amaba demasiado como para verlo llorar.

La puerta se abrió, Japón miro hacia el lugar del ruido. No sabía quién era pero su olor le hacía temer. Temía que fuera una mentira, que sus ojos le engañaran, que estuviese soñando. Que la muerte le diera como último deseo: ver a quien amaba, así fuese una invención de su imaginación.

El no creía lo que sus ojos veían, era solo una migaja del pulcro Japón que había visto, del que se había enamorado. Sus ropas completamente estropeadas por la suciedad del lugar y la gran cantidad de golpes recibidos. En varios lugares de su bello cuerpo había marcas de la tortura recibirá, pero como buen japonés había soportado todo sin llorar sin responder, solo mirando y rogando por morir prontamente.

En su corazón creció la furia por aquellos que le habían hecho eso al japonés, los mataría a todos, no dejaría siquiera que contasen la experiencia. Se acercó al el con cuidado. Él lo miraba casi con incredulidad. Sus ojos mostraban miedo. Lo abrazo delicadamente, no quería que sufriera más. No quería que llorara más. No quería que le pasase nada. Si eso era el amor, estaría dispuesto hasta afrontar a la muerte solo por verlo reír, solo por ver el amor y la alegría en esos posos cafés.

Lo beso con ternura, esperando que con eso él se repusiera. Y sí que se repuso. Su beso fue correspondido con pasión, con ese fuego apasionado, ¿que había pasado?, nunca había pensado en ver al japonés de esa manera.

-¿Fra-Francia-san acaso eres tú? Preguntaba el japonés casi sin aliento. Y la pregunta sobraba, su sueño erótico no le había dejado descansar, o más bien le había permitido quedarse cuerdo, o mantener el poco de razón que todavía le quedaba. Sus labios eran mejor que los de su sueño. Sabia a vino, sabían a pasión, eran el néctar que su alma necesitaba para morir en paz. - T-te necesito. No me dejes por favor. Rogo el japonés. Francia lo volvió a abrazar mientras le daba pequeños besos en el cuello. - Nunca ni aunque hubiese la guerra más fuerte en el mundo me separaría de ti. Con sumo cuidado acaricio sus mejillas para darle un beso en sus labios. Introdujo su lengua con cuidado, no quería que el japonés sufriera un trauma intentaría ser lo más suave posible aunque su fuego lo estuviese quemando. Lo despojo de su chaqueta. Mostrando cada centímetro de piel blanca alumbrada solo por la luz de la luna. Beso con cuidado cada moretón. No era justo que el recibiera esos golpes. Con el mismo cuidado con que lo había quitado puso su chaqueta sobre sus hombros. ¿Y es que como no enamorarse del? La primera vez que lo encontró, o más bien que lo rapto, en el momento en que le quito su chaqueta y que fue encontrando con esa piel, casi se descontrolo y se preguntó si aguantaría para no hacerle algo allí mismo, aun así acaricio con suavidad la piel de su pecho. Para sentir un leve gemido del asiático. Tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no tomarlo allí mismo.

Pero ahora era diferente, lo tenía consiente y dispuesto para hacer lo que quisiera. Otro beso en los labios. Un gemido casi inaudible. Ese japonés lo encendía. De muchas maneras. Le acaricio el pecho con suavidad. Poniendo sus labios sobre uno de los pezones. Era casi como tocar el cielo con la lengua, otro gemido saliendo de la garganta del nipón.

Kiku se echó a temblar no estaba seguro si era por el miedo o el placer. - Fra-Francia-san era lo único que el japonés repetía una y otra vez. Lo amaba demasiado.

- Aquí estoy Mon Amour, no temas que estoy aquí le respondía el francés con voz calmante. Se detuvo no podía hacerlo con el japonés muerto del miedo y con la gran confusión de las ideas. Si quería hacerlo debía hacerlo cuando el no estuviera tan lleno de pasión y Japón no tuviese miedo. Por lo cual lo tomo en brazos y lo acurruco en su pecho. Japón lo beso con cuidado en los labios, mientras ponía mala cara.

-¿Me estas recriminando?- pregunto casi con bula en su voz. El japonés ni dijo palabra alguna y siguió mirándolo.

-No lo hare esto tendremos que disfrutarlo los dos. Le respondió a Japón mientras le acariciaba la cabeza, esperando a que pudiese dormirse.

La mañana siguiente, era el día que había escogido para escapar, cuando todos los guardias estuviesen cambiando de turno, Tania algunos amigos infiltrados, pues a veces le gustaba visitar a algunos presos y "jugar" un rato con ellos. Así pues espero. Cuando sintió que abrían la puerta se dispuso a correr con en el japonés en su brazos, en ese momento era seguro que le entregarían el desayuno a Japón. Golpeo el piso en se momento para saber quién era. El golpe fue respondido. Era uno de los suyos. La puerta fue abierta y en ese preciso momento salió corriendo con el japonés en sus brazos. Una gran cantidad de guardias lo perseguían. Corrió hacia la puerta. Pero fue detenido.

Miro fijamente al Ingles que estaba detenido en la puerta, él no lo detendría.

- Nunca pensé que nos traicionarías. O más bien si lo pensé era un borracho una rata callejera. Tu pasado te persigue. Deja a Japón o juro que te matare. Dijo el Inglés.

-Nunca pensé que me enamoraría. No me interesa si me matas. Solo viviré con tranquilidad si vivo junto a él.

- Solo quieres jugar con él. Cuando quieras te lo prestare solo déjalo ir y no te matare. El inglés lo miro desafiante mientras sacaba su revólver. Japón despertó se puso de píe junto Francia, Los tres se miraban fijamente, Francia también sacó su pistola. Eso era un duelo por la libertad, por la pasión pero lo más importante era un duelo por amor.

Inglaterra apunto a Francia, pero en el momento más inesperado, apunto su pistola Japón, Francia en un momento de desesperación se interpuso entre la bala y el ser que amaba. ¿Para qué vivir si Japón no estaría para acompañarlo? Francia cayó. Inglaterra se acercó a ellos. Japón se arrodillo frente a él. No lloraría. No lloraría él era un japonés enseñado a no mostrar sentimiento alguno. Solo miro a Francia. Su katana estaba desenfundada. Se levantó muestras ponía la hoja de sus arma sobre el cuello de Inglaterra.

- Acércate solo un milímetro más y te degolló. Su actitud era amenazante. La pistola sobre la mano de Inglaterra le apuntaba. Japón tenía su mirada de soslayo puesta en Inglaterra mientras su rostro estaba volteado hacia el cuerpo de Francia.

En el momento en que Inglaterra mataría a Japón con el arma de fuego, Alemania le apunto directo a la cabeza.

- Morirás si le haces algo. Inglaterra volteo, estaba rodeado. No había manera de matarlo, si lo hacía moriría. El antes que nada era un ser prudente y sabia cuando era hora de rendirse. Bajo el brazo y los dejo allí.

Francia sabía que había tomado una buena decisión, aunque su mayor precio a pagar eran las puras lágrimas que se derramaron del rostro de porcelana del Kiku. -Japón yo… te amo.

-shiss no digas nada onegai. Guarda energía. Pero antes de poder hacer algo murió en sus brazos. Murió sin que Japón pudiese hacer o decir algo. Murió con una sonrisa en sus rojos labios. Murió feliz.

Alemania se acercó a Japón. Tomo a Francia en brazos y se lo llevo mientras Japón daba algunos traspiés.

Fue enterrado, no hubo ceremonia, no hubo nada, fue un paria de la nación, traiciono a todos. Pero Japón sabia perfectamente que no había sido así. El amor es aquello que nos hace comentar los actos más valientes en los momentos menos oportunos. Francia había muerto, y con él su corazón día tras día venía a visitarlo. Se quedaba horas y horas allí. Divagando sobre él, sobre el futuro que hubiesen compartido si no hubiese habido esa maldita guerra.

,-,-,-,-,-,-,-,-,

Había pasado más o menos un año después de esa guerra. Nadia lo había ido a visitar, su muerte fue una más. En esa tumba solo se veía la figura de un personaje de cabello negro y piel blanca.

Otro día mas sin sentir sus labios, pero teniendo la convicción que desde lo más profundo de su ser que Francia lo acompañaría por siempre y para siempre.

Fin

Bueno aquí termina. Creo que me gusto el final. Porque aunque no estés en cuerpo estarás en alma siempre conmigo. Reviews?. Espero les haya gustado. Sin más un gran abrazo. Sakeru-chan