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Soledad

— ¡Hola cariño! —oh cielos…

—Hola mami, ¿cómo estás? —me tomé de la barandilla, buscando un asiento libre. Al parecer los caballeros estaban extinguidos de la faz de la tierra. Muchos leían sus diarios de noticias muy sentados mientras un puñado más de mujeres nos manteníamos erguidas tratando de luchar con la inercia del movimiento del metro, tomadas de las barandillas. Muchas con bolsas en las manos cansadas. —Mm… hace mucho que no me llamas.

—Bueno, hace mucho que no me llamas tú a mi hija. ¿Cómo has estado tú? ¿cómo te trata Chicago?... ¿qué es ese ruido? ¿estás en el metro?

—Woaa… despacio mujer, sí, estoy en el metro. Estuve bien y Chicago me trata como a toda joven universitaria y trabajadora. Bien. ¿Cómo has estado tú? —pregunté de vuelta sosteniendo mi mochila y mi bolsa de víveres como podía… diablos. Puse mi celular entre mi oído y mi hombro para acomodar la correa de mi bolso.

—Pero hija, ¿en el metro en serio?... pensé que desde que tenías ese novio rico y lindo te llevaría en su 4x4 por todos lados.

—Mamá, Edward no tiene una 4x4 y… en realidad está ocupado con algo del trabajo, no lo he visto mucho últimamente.

—Mmm… ¿problemas en el paraíso? —oh cielos… Cerré los ojos sabiendo que había sido mala idea haber hecho ese comentario.

—No, nada de problemas. Está ocupado en el trabajo, nada más ¿Cómo está Phil? — ¡Sí!... buena para los cambios de tema Bella.

—Oh Phil está bien, te envía saludos. A estado entrenando mucho últimamente y bueno, he viajado con él a algunos partidos. Lo está haciendo bien, ya están pensando en guardarle su lugar para la próxima temporada, por lo que tendrá que entrenar mucho. A finales de mes comienzan con la gira nacional y obviamente lo acompañaré.

—Eso quiere decir ¿qué? —alcé una ceja. Conocía a mamá.

—Quiere decir que iré con el equipo mi amor, con el resto de las esposas y novias a acompañar a nuestros hombres, por todo el país ¿puedes creerlo? —terminó su declaración con una risita.

—Me alegro por ti, sé cuánto deseabas viajar nuevamente a través del país —ella era de espíritu libre y esto la haría feliz. Iba a tener que dejar de pensar en la idea que andaba rondando en mi cabeza los últimos días, de ir a visitarle. De todas maneras ella no estaría, por lo que tendría que conformarme en quedarme en Chicago hasta comenzar nuevamente las clases en la Universidad. Además, mi idea incluía a Edward, pero ya que él está tan ocupado en su trabajo, se le iba a hacer imposible acompañarme.

Bajé la cabeza alzando la mirada, estábamos llegando a mi parada, —Mamá, debo cortarte, estoy llegando a mi destino. Te llamaré en cuanto me desocupe ¿sí?

—Oh… ok bebé, cuídate cariño y ve despacio. Oye… exígele a tu novio que te de un auto para moverte, no puedes seguir andando de…-

Resoplé rodando los ojos mientras me abría paso entre los cuerpos para llegar a las puertas del metro y salir.—Mamá. En serio tengo que cortar, sino se irá el metro conmigo aun adentro.

—Está bien mi amor, un besooooooo, ¡te amo! —y cortó.

Con el celular en la mano, de la cual colgaba las correas de mi bolsa de comprar y mi bolso colgando del otro hombro, salí empujando un poco a las personas delante de mí. Cuando estuve al fin fuera del metro, caminé un par de metros colocando mi celular en el bolsillo trasero de mi pantalón, pero cuando me detuve levemente, alguien pasó a mi lado empujándome bruscamente del hombro. Casi caí, casi… en su lugar dejé caer la bolsa de compras que llevaba en la mano.

— ¡Oh mierda! —gemí arrodillándome en el suelo mientras las personas pasaban a mi lado sin detenerse. Comencé a recoger rápidamente las naranjas que habían salido rodando, las manzanas, los paquetes de espagueti…

— ¡Hey!, ¿se te rompió la bolsa? —preguntó una voz familiar, alcé la mirada para ver a Julián ayudándome rápidamente a meter las naranjas en la bolsa.

—Julián, gracias… no, alguien simplemente me empujó —dije restándole importancia. — ¿Tocas hoy? ¿no es muy temprano?

—Son vacaciones, a los turistas les gusta quedarse escuchando un poco antes de tomar el metro.

De hecho tenía razón, yo no era turista, pero podía recordar las veces que me quedaba esperando unos minutos luego de llegar a la estación para ir al trabajo, solo porque me gustaba como tocaba su música. En esos momentos era cuando hablaba con él e intercambiábamos algunas palabras, yo con mi poco español, él con su inglés con ese acento argentino.

Continuamos metiendo las cosas en la bolsa hasta que ya no hubo nada tirado sobre el sucio suelo de la estación. Julián me tendió las bolsas pero al verme luchar con ellas y mi bolso, se ofreció a acompañarme un par de cuadras. Era un buen amigo, no veía razón para decirle que no.

Él volvió a su lugar a un par de metros, al lado del puesto de revistas y junto al pilar y guardó su bandoneón en el estuche marrón oscuro. Era su reliquia, su tesoro. Sonreí, cada uno de nosotros tenía un tesoro, hasta los jóvenes extranjeros que habían venido a los Estados Unidos solo con un puñado de sueños y una mochila con ropa. A veces esos tesoros eran más grandes y ambiciosos otras veces era solo tocar música, pero todos tenían su valor extraordinario al final, porque era lo que nos hace feliz. ¿Mi tesoro?... tal vez mi baile, no… mi carrera, cielos no, mi tesoro… Edward.

Sí, Edward. Había soñado con un amor así, intenso, salvaje, instintivo, necesitado, desde el fondo del alma… y lo había encontrado. Y ese amor, se convirtió en mi tesoro, un amor que debía cuidar, atesorar, defender con uñas y dientes ante todo y todos. Me di cuenta que yo haría cualquier cosa por ese tesoro, mi Edward. Simplemente porque lo amaba. Y así como el bandoneón y la música era para Julián su tesoro y su vida entera, Edward lo era todo para mí.

—Así que… ¿no vuelves a Argentina? —murmuré en una mezcla patética entre mi inglés y mi español. Caminábamos por la acera en dirección a mi edificio. Era la primera vez que Julián salía de los submundos del metro a la superficie, al menos era la primera vez que yo lo veía en la superficie y me daba gusto que el motivo era simplemente ayudarme. Era un buen chico, pero ¿no tenía un hogar fuera del metro? Ahora que lo pensaba, me parecía que siempre estaba ahí.

—No por ahora… estoy juntando dinero para rentar un lugar para mí. Vivo con unos amigos —dijo haciendo una mueca. Con un brazo sostenía su bandoneón y con la otra mis bolsas. Mientras que yo solo llevaba mi bolso y mi mochila.

— ¿Así que… ganas bien tocando en el metro? —dios… ¿había tomado la pastillita de la curiosidad?

Él rio negando con la cabeza —Se gana bien. Pero no es suficiente, soy mesero en un bar por la noche.

—Oh… —por lo que no vivía en el metro.

—Quiero ahorrar mucho… quiero entrar al Columbia College —dijo con el inicio de una sonrisa en sus labios. Bueno… ahora este chico, no solo tenía un tesoro, tenía también un sueño.

Sonreí —Ojalá lo logres, tocas increíblemente bien, debes entrar — mi sonrisa decayó un poco — ¿no extrañas a tu familia? Están tan lejos…

—Sí, los extraños. Pero… prometí cumplir mi sueño a mamá. Ella me dijo, que no pisara Argentina hasta no tener mi diploma. Lo haré.

—Bien por tu madre —asentí recordando a mamá —mi madre siempre dice, que la vida no te la pone fácil, no te da todo servido y no te ayuda. Pero también dice, ¡que le den por el culo!

Reímos y continuamos charlando juntos cuando llegamos a un bloque de mi edificio. Fue en ese momento que mi celular sonó nuevamente en mi bolsillo. Lo saqué y miré la pantalla… Edward. Qué raro… ¿se acordó de llamarme?

—Hola —murmuré deteniéndome en el semáforo. Julián se detuvo a mi lado, dejando mis bolsas a su lado para acomodar la correa de su bandoneón sobre el hombro.

—Bella mi amor —suspiré al sentir la voz cansada de Edward ¿Qué era eso que lo mantenía ocupado y cansado? Ni siquiera podía preguntarle, apenas lo veía durante el día, solo al llegar la noche y quedarme dormida, él aparecía como un fantasma para abrazarme por detrás y dormir. Siempre desaparecía antes de que despertara, por lo que sí… era como un fantasma.

—Hey… ¿cómo estás? —luego, por un segundo mi corazón palpitó. ¿Habría conseguido tiempo libre para almorzar conmigo? — ¡oh!... ¿vienes a almorzar? ¡No pensé que podrías!... hum… puedo preparar algo rápido, no lo sé ¿quieres pizza? ¿Fetuccini Alfredo? Se me da bien la cocina italiana… —reí. Me detuve cuando no sentí su risa del otro lado, sino un gemido.

—Lo siento bebé —oh no… "lo siento" era mi nueva palabra NO favorita. —Tengo un almuerzo de trabajo, por la tarde tengo que ver un par de terrenos, por lo que no podremos vernos esta noche — ¿dijo "vernos"?

—Bien —tragué saliva. Por dios… lo extrañaba. ¿Dónde estaba ese Edward que se desvivía por verme? ¿Dónde estaba mi papi que me consentía en todo? Las lágrimas picaron en mis ojos y me alejé un par de pasos de Julián para no hacer el ridículo. —Igualmente no importa, iba a almorzar con un amigo.

Mierda… no pude evitar decirlo. Cerré los ojos y esperé. Por favor, por favor… que aparezca mi papi.

La línea se quedó en silencio por unos segundos, casi estaba por sonreír, casi —Bien cariño, disfruta tu almuerzo… yo, me tengo que ir, el mío comienza en un quince, tengo que tomar el auto.

No, no, no… ¿Dónde estaba mi papi celoso, posesivo y acaparador? ¿Dónde estaba? Lo extrañaba. No pude sentirme culpable por haberle dicho eso, porque de todas maneras no lo escuchó y si lo hizo no repercutió mucho en él. Me había deseado sus buenos deseos para mi almuerzo… ¿qué mierda…?

—Bien, adiós… buena suerte —dije con un hilo de voz. Cerré el teléfono y lo miré mientras me mordí el labio y una lágrima solitaria caía en mi mejilla. ¿Qué le pasaba? Últimamente estaba distinto, distraído, distante, ocupado, cansado y hasta triste. Pero nunca había estado así… tan desconectado conmigo. Últimamente parecía estar llevando el mundo sobre sus hombros, pero no pregunté… no más de lo que él me decía. Era críptico y esquivo y me dolía pensar que no me consideraba lo suficientemente madura como para comprender sus problemas y mucho menos darle mi apoyo. Mierda… que rabia sentía. Rabia e impotencia, quería entrar en su mente y saber, solo… saber, pero parecía como que él había alzado un muro a su alrededor.

Guardé mi teléfono, sequé mi mejilla de esa lágrima y di media vuelta hacia Julián, él miraba a los transeúntes pasar, observando por momentos al semáforo. Caminé hacia él.

—Bien… vamos. Fetuccinis Alfredo… invito yo —dije con una sonrisa rápida. Crucé la calle mirando sobre mi hombro, Julián me mirada como si no me hubiese entendido — ¡Almuerzo!... vamos —entonces el alzó las cejas y asintió con una sonrisa para comenzar a caminar detrás de mí.

Llamé a Leydi al llegar a mi departamento, Julián me siguió hasta la cocina para dejar las bolsas allí. Leydi estaba en una cita de almuerzo con Jasón, mierda… no desconfiaba de Julián, pero no quería estar sola en mi departamento con él. No quería que nadie pensara mal, mucho menos mi amiga ni Edward. Aunque él ya me había dado el visto bueno…

Rápidamente coloqué una olla con agua al fuego, mientras en la tabla de madera me puse a hacer mi salsa Alfredo. Le indiqué a Julián que sacara unas copas y un vino que venía guardando desde hace varias noches para compartir con Edward… pero, al diablo. Él estaba ocupadísimo.

—Así que… ¿tienes novia? —oh mierda… mordí mi lengua ¿así o más directa Bella?

Julián me miró con una ceja alzada y rio, sus mejillas se tornaron algo sonrojadas. —Sí, algo hay…

—Mmm… ¿algo como qué? —de ser posible él se tornó más rojo. Negó con la cabeza con una sonrisa.

—Mi novia vendrá desde argentina a vivir conmigo, por eso quiero conseguir un lugar para mí solo —me entregó una copa de vino y se alzó de hombros.

—Oh… que afortunada que es tu novia. Salud por ella —alcé mi copa y él la chocó suavemente con la suya. Tomamos un sorbo y seguí con la salsa. –Cuéntame de esa novia tuya.

Bien, Julián fue como una represa desbordada, me habló de su novia, me mostró una foto de ella que mantenía en su cartera, un anillo de promesa que mantenía en su dedo anular, me contó de los proyectos que sueñan juntos, que ella es bailarina de Tango y que él en Argentina tocaba para un grupo callejero de Tango y que así se conocieron. Me contó de que quiere pedirle ser su esposa tan pronto ella llegue aquí y que desea presentármela. Le conté que yo era también bailarina, pero de una danza totalmente diferente, que estudiaba y le conté de mi madre cuando descubrió el mural de fotos que ella había puesto en mi pared. Le conté sobre Edward… y tuve que detenerme cuando las lágrimas llenaron mis ojos, porque no sabía qué sucedía con él y porqué parecía que ya no me amaba más.

Mierda.

Finalmente apareció Leydi. El día había corrido como si nada con la presencia de Julián, era un chico fresco, desinteresado y luchador. Leydi se sorprendió cuando lo vio y cuando descubrió que él era argentino, comenzó a apabullarlo comenzando a preguntarle cosas en español. Julián por supuesto se abrumó y se asustó, Leydi era mucho para manejar para él y quería reír.

—No dejes de viajar en metro… así nos vemos, me gustó tu fetuccini —dijo ajustándose la correa sobre el hombro. Estábamos en la entrada de mi departamento, Leydi se podía escuchar por ahí con su voz chillona mientras hablaba con mi chihuahua. Rodé los ojos.

—Claro que nos veremos, además tengo que conocer a esa novia tuya y darle la bienvenida a Chicago. Oye… nos vemos pronto ¿está bien?

—Bien Bella, muchas gracias por la comida —me dio un saludo con su mano y volteó hacia el corredor. Cerré la puerta y me fui en búsqueda de Leydi, que estaba sosteniendo a Papi Jr. sobre sus grandes pechos mientras este le daba pequeños lengüetazos en sus labios rojos.

—Auu… le gusta mi labial sabor a fresas…

*o*

—Este está precioso —Leydi alzó un vestido sosteniéndolo con las dos manos de las finas correas. Era tremendamente revelador, descubría una pierna y no estaba segura si el escote cubriría mis pechos totalmente… quizá solo la mitad de ellos. Mmm… elegir un vestido ayudada por Leydi, en un principio parecía buena idea.

—Ley, no tiene que ser revelador, ¿ves cuando me pongo esas cosas lindas que tu diseñas para que yo baile? Bueno, no así de revelador. Es una gala.

—Lo sé —rodó los ojos —pero también creo que debes hacerle saber a ese novio ausente tuyo la mujer que se está perdiendo por su "trabajo" —hizo las comillas en el aire con sus dedos. Fruncí el ceño… ¿qué quiso indicar con esas comillas?

— ¿Acaso crees que lo de su trabajo es mentira? —murmuré con cierto miedo.

¿Ella sabía algo que yo no? Yo creía en Edward, pero últimamente eran muchas las dudas que me asaltaban y no pude evitar tiritar de miedo cuando Leydi hizo ese gesto.

—No, no quieren decir nada —ella no me miró, solo se limitó a continuar sacando vestidos de sus fundas protectoras para apilarlos y llevarlos al probador cuando fuera hora de probármelos. No dejé de mirarla y por sus resoplidos pude saber que ella sentía mi mirada en ella. —Bien, está bien ¿ok? Sí… ese trabajo, ¿tú en realidad sabes que efectivamente está trabajando? Mira… no sé tú, pero yo he escuchado mucho esa excusa por allí. Jasón, sin ir más lejos me dice que está ocupado trabajando cuando está solo sirviendo tragos, yo solo lo mando a llamar a la oficina. Es decir… ¡que le den! Si está coqueteando con otras mujeres que no ponga la excusa del trabajo.

—No puedo creer que quieras contagiarme con tus propias inseguridades solo porque tengas problemas con Jasón. Tal vez él solo no quiere verte y ya, no es nada malo, para que lo sepas, eres demasiado intensa, quizá al pobre no se le da muy bien aún adaptarse a ti —dije recordando cómo en unos pocos segundos había abrumado al pobre Julián en mi departamento.

Ella abrió sus enormes ojos marrones desmesuradamente y soltó un vestido que se quedó formando un charco a sus pies, — ¿Me estás diciendo histérica?

Oh sí, ahí vamos otra vez. ¡Señoras y señores!… he aquí la reina del drama.

—Te estoy diciendo que eres una exagerada, ¿por qué reaccionas así? Te conozco mejor que eso Leydi y sé que te han lastimado en el pasado, pero no todos los hombres son así —mi amiga era extremadamente celosa y eso arruinaba sus relaciones cuando iban de lo mejor. —Creo que por eso no quieres algo serio con Jasón, porque por una vez, alguien te interesa de verdad e inconscientemente no quieres arruinarlo.

Ella se cruzó de brazos. Bueno, tal vez su gusto por la moda fuera un tanto… excéntrico, pero no quería que se enojara conmigo y me dejara tirada aquí para tener que elegir un vestido por mí misma. Sin embargo como amiga suya que era, debía ser honesta y sincera por más que le doliera.

—Bien, tu diste tú opinión sobre mi relación y sí, quizás tengas razón, no quiero arruinar esto y por eso empujo a Jasón, porque en serio me gusta. Pero tu… —me señaló con el dedo —tienes a un buen hombre allí afuera, caliente y rico como el infierno y sí… una buena persona, pero un hombre al fin. ¿Sabes cuantas mujeres deben estar ansiosas por meterse en sus pantalones y tú estás aquí toda triste e insegura porque simplemente el hombre está "ocupado trabajando". Mierda Bella, espabila y ve a ponerle sus puntos en la mesa, si te quiere tendrá que ponerte un poco de atención. Y punto.

Mierda… mi amiga podía ser cruel a veces, cruel pero certera.

—Quizá tengas razón, pero el punto aquí es que yo si confió en Edward. Él no me lastimaría, no me engañaría de esa forma. Lo que sea que lo tiene ocupado es trabajo, prefiero creer en sus palabras que hacerme la película —suspiré tomando el vestido que estaba más cercano a mí —si lo hago me volvería loca.

—A ver dime… ¿qué te impide ir a verlo? —ella se levantó de hombros.

—Nada… pero prefiero no distraerlo de lo que sea que lo tiene ocupado —dije tomando otros vestidos para llevármelos al probador.

Leydi hizo una mueca antes de seguirme —Recuerda nena, mejor prevenir que curar. Mejor sacarse la venda de los ojos antes de pecar de ciega. Mejor…

—Sí, sí… lo entendí Ley. Tal vez vaya a verlo mañana en el almuerzo.

Había pasado las últimas dos horas tratando de encontrar un vestido de gala ideal para mí. Nadie nunca me dijo lo complicado que sería hacerlo. Una hora escuchando a mi amiga con sus "Ohh ese es precioso… pero muy alto el escote", "Mmm… muy largo" "Cielos que precioso te queda, pero que feo color", "Nah… ese se lo vi puesto a Jennifer López hace cinco años atrás", "Ese te esconde el culo", "No tiene nada sexy", "Ese brillo no te queda", "Fea tela ugh…", "Ese podría ser, pero ¡oye! ¿se te inflaron las tetas?"

Después de esas dos horas, que habían resultado ser las más largas de mi vida. Quería matar a Leydi. Matarla, lenta y exquisitamente. Sin embargo, me convencí en dejarla vivir solo porque necesitaba un puto y jodido vestido y ella sabía de estas cosas… aunque… no era la única que sabía.

Me metí en el baño cuando simulé que estaba por hacerme en medio del vestidor, procuré llevar mi bolso conmigo y lo más silenciosamente posible, llamé a Alice. Ella podía ayudar. Tenía que ayudar.

Ella sonaba encantada cuando le expliqué el motivo de la llamada y cortó agradeciendo que haya confiado en ella para esto, mientras que de fondo se oía un chirrido de ruedas. Ella parecía entusiasmada y ansiosa por llegar aquí, porque no había pasado ni quince minutos cuando oímos la puerta de la boutique abrirse y ella aparecer como si fuera clienta habitual, lo cual quizá era.

—Sí… —miró a la dependienta y le habló en voz alta como si quisiera llamar la atención —acabo de ver un bonito vestido en el escaparate… —y todo fue como a pedir de boca. Leydi miró en su dirección reconociendo su voz y curiosa por quien llegaba haciendo tanto alboroto, Alice miró "casualmente" hacia nuestra dirección y ambas sonrieron sorprendidas.

— ¡Alice! —Leydi chilló parándose del sillón donde estaba sentada. Mi cuerpo se relajó totalmente. —Que coincidencia encontrarte aquí.

—Oh, pasaba por aquí —Alice azotó la mano en el aire — ¿cómo están chicas? Ahh… pero que casualidad que hayamos coincidido —Leydi la abrazó y Alice por encima de su hombro me guiñó un ojo.

—Llegaste justo para ayudar a la princesa aquí a encontrar un vestido adecuado, no sé por qué no podemos dar con el indicado —Leydi volteó a mirarme colocando un dedo en su barbilla y entrecerrando sus ojos —yo la veo con más caderas ¿no la ves con más caderas?... —volteó hacia Alice, ella me miró de arriba abajo y alzó sus pequeños hombros. Me miré en el espejo detrás de mí, nah… mis caderas estaban bien —ya le dije, que el amor engorda.

—Oh pero si nuestra Bella está hermosa —Alice miró a su alrededor críticamente —oh bien, hay un sinfín de tesoros aquí —llamó a la dependienta con la mano, la cual en un par de segundo estaba ya frente a ella obedientemente –—traiga los últimos de Donna Karan, Burberry y Versace —luego caminó hacia una estantería de zapatos y eligió unos altos y delicados para mis pies. Mmm… creía que Leydi daba miedo, pero entonces no conocía a Alice.

Una hora más tarde estaba frente al espejo de tres caras mirándome desde todos los ángulos. Mierda… no podía dejar de mirarme y quise en ese momento que Edward apareciera detrás de la puerta del probador y me viera, sería digna de él en esa gala. Sonreí suspicazmente.

— ¿Podemos ver? —Leydi gritó detrás de la puerta. Bueno… no era Edward pero…

—Claro —alisé la falda del vestido y sonreí poniendo lo mejor de mí. Alice y Leydi entraron al vestidor y no dieron más que un paso adelante que se quedaron allí mirándome como si no hubiese nada más en la habitación. Me mordí el labio y comencé a ponerme nerviosa al ver que no decían nada. Alice de pronto lució una sonrisa enorme de oreja a oreja y dio un minúsculo saltito en su lugar, Leydi en cambio frunció el ceño y ladeó la cabeza aun inspeccionando mi vestido.

—See… no está mal —dijo mi amiga haciendo una mueca.

— ¿Qué no está mal? —gritó Alice caminando hacia mí, abrió sus brazos y me abrazó — ¡estas preciosa! Oh cielos… mi hermano enloquecerá.

Bajé mi mirada hacia mi vestido —Ojalá —al menos lo suficiente enloquecido como para querer pasar tiempo conmigo.

—Oh mamá querrá saber, ¡vamos a casa a cenar!, las invito.

—Tengo que llegar a casa por mi perro, quiero dejarle comida —dije sonriendo de felicidad, había encontrado el vestido adecuado.

—Bien, las llevo, pasamos y nos vamos a casa. Mientras llamaré a mamá que prepare algo… oh dios, ¡ya quiero que Edward te vea!

Mierda yo igual lo quería.

A las ocho de la noche estábamos ya paradas frente a la hermosa casa de los Cullen. Alice abrió la puerta de casa de sus padres justo cuando Esme salía de la cocina con un delantal puesto, limpiándose las manos. Carlisle estaba frente a la gran mesa familiar, colocando platos, vasos y manteles de esterilla.

—Bella, linda, que gusto verte… hacía mucho que no pasabas por casa —Esme me abrazó fuertemente dejando un beso cálido en el tope de mi cabeza. Aspiré el olor a casa, jardín, flores, pan casero de su cabello. Cuando me separé abracé a Carlisle y él hizo lo mismo que Esme, dejando un beso en mi cabeza. Él olía a Edward… oh cielos, una mezcla a colonia masculina y ropa limpia. Por dios… anhelaba a mi novio.

-Bella, Leydi, que bueno tenerlas aquí. ¿Cómo han estado?—Carlisle nos condujo hacia la cocina siguiendo a Esme.

Pronto estuvimos insertas en una charla cordial y distendida en la cocina de Esme, mientras ella cortaba el pollo que había sacado del horno, Carlisle lo trinchaba y yo mezclaba la ensalada. Reímos por algunas anécdotas de Leydi, bromeando junto a Alice y brindamos con una copa de vino cada uno. Carlisle llevó los recipientes con comida al comedor, Alice ponía música en un gran reproductor que había en la sala y Leydi llevó las servilletas para poner en la mesa. Me quedé sola con Esme en la cocina sirviendo las salsas en salseras especiales.

Tomé una profunda respiración y exhalé con mi pecho doliendo, en momentos así necesitaba a Edward, lo extrañaba, lo extrañaba tanto que dolía. Pero lo que más dolía era no saber qué lo tenía tan distanciado… casi ni una llamada me dedicaba.

— ¿Por qué fue ese suspiro Bella? —Esme me miró con una sonrisa suave, pero preocupada. Las salseras estaban casi llenas.

Me alcé de hombros —No es nada… solo… extraño a Edward —dije haciendo una mueca. Mierda… ¿por qué quería llorar? Quería llorar, era definitivo, las lágrimas se estaban juntando en las comisuras de mis ojos y no podía hacer nada para detenerlas.

—Mierda —gemí dejando caer la cuchara sobre el mesón y tapando mi cara. Caminé ciegamente lejos de Esme. Mordí mis labios y reprimí un sollozo. No pasaron más de unos segundos que sentía las manos maternales de Esme abrazándome, me aferré a ella estando segura que mancharía con lágrimas su vestido de seda purpura, pero por alguna razón no me importó y a ella tampoco. Me sostuvo allí, fuertemente mientras mis lágrimas se vertían por mis mejillas mientras peleaba con mi par de pulmones para retener ese llanto tan necesitado desde hacía días.

—No sé qué sucede… no sé… solo que… lo extraño tanto —dije medio susurrando, medio sollozando —lo amo, quiero saber qué sucede, pero él lo mantiene fuera de mí.

—Oh Bella… querida —Esme igual sollozaba. ¿Qué estaba pasando? Alcé mi cabeza para mirarla, tenía una mirada triste en su rostro, las lágrimas silenciosas surcaban su perfecto rostro y fruncí el ceño reprimiendo un jadeo.

—Tú lo sabes ¿no? —dije enjuagándome las lágrimas — ¿es… es algo malo?

Ella cerró los ojos y lo supe, era algo malo… muy malo.

Di un paso hacia atrás y la continué mirando mientras ella secaba las lágrimas con su delantal haciendo el intento de una sonrisa. Agitó su mano despreocupadamente recomponiéndose rápido, —No es nada que yo tenga que contarte… solo, Edward es capaz de hacerlo. Es su lugar hacerlo. Pero… no tiene nada que ver contigo preciosa —ella alzó una mano para acariciar mi mejilla, sonreía tristemente y eso me mataba.

—Lo he sentido muy alejado de mí, de todo, distante… a veces triste. No sé qué lo tiene así, pero me da miedo Esme… tanto —ella me tendió un pañuelo de tela que olía a suavizante, me limpié las lágrimas y el rímel corrido de debajo de mis ojos.

—Él te ama. Eso… nunca lo dudes —acarició mi cabello.

—No quiero dudar —susurré al tiempo que sorbía mi nariz —mañana iré a verlo, si no va a mi departamento esta noche. Quiero saber… quiero que él me lo diga.

—Bien… es lo mejor que puedes hacer —Esme dejó un beso en mi frente y me llevó del brazo a la encimera donde habíamos dejado las salseras —Ahora, dejemos esto en la mesa. Tenemos una tanda de gente a la que alimentar… podemos tomar un té tranquilas luego y charlar. Bella… quiero que sepas que cualquier cosa que esté a mi alcance, lo haré por ti. Eres como mi hija… Edward te trajo a nosotros y nos enamoramos de ti. Déjame saber cuando estés triste, alegre, preocupada, siempre, siempre tendrás dos brazos dispuestos a abrazar aquí… ¿sí?

La miré con una sonrisa emocionada, desde que mamá se había ido, me hacía falta mucho uno de esos abrazos que Esme me estaba ofreciendo. Desinteresado, amoroso, solo para cobijar, proteger o dar amor. Tomé la mano de Esme y agradecí al cielo tenerla, porque posiblemente me hubiera derrumbado esta noche sola en casa pensando cosas equivocadas.

— ¿Jasper no viene? —pregunté cuando nos sentamos todos en la mesa. Alice estaba sin su marido y Rose estaba visitando a sus suegros esta noche, por lo que no nos acompañó.

Alice miró un segundo a Esme y volvió a mirarme a mí esbozando una pequeña sonrisa, algo forzado —Está en el estudio… no lo he visto mucho estos días, parece que tienen algo de trabajo —se alzó de hombros.

—Oh —bien… no sabía si sentirme culpable por sentir un poco de alivio al saber que no era la única necesitada de su hombre o sentir pena, Alice parecía sobrellevarlo bien, ella por supuesto estaba acostumbrada a las largas noches sola, viajes, etc.

Pareció leerme el pensamiento, porque me miró cortando su pollo y me dio una ligera sonrisa triste —Es así el trabajo de un arquitecto… creo que ya me acostumbré, al igual que Rose. Ellos viajan mucho, llegan cansados a casa, a veces solo se quedan hasta después de pasar horas en el estudio, tienen sus grandes proyectos y ambiciones e incluso luego de llegar a casa nos dan un poco de tiempo y continúan trabajando. Lo llevan en la sangre —rio sin humor, dejó los cubiertos en el plato y me miró con firmeza —me gusta ver la satisfacción y la felicidad en la cara de Jas cada vez que logra algo… todas las horas de desvelo y trabajo cobran sentido cuando veo sus logros. Supongo que el hecho de que lo ame me hace estar aún más orgullosa de él ¿no? —todos en la mesa rieron.

—Recuerdo cuando Carlisle llegaba a casa luego de sus guardias de la residencia —comentó Esme— No lo veía por días, entre las guardias y lo que se pasaba durmiendo… —estiró su mano hacia su marido y le dio un apretón.

—Y cada vez que despertaba temía que Esme se cansara de mí, pero siempre allí estaba, con un plato de comida o un abrazo y un beso —Carlisle le sonreía con tanto amor a su esposa que casi me sentí una intrusa. Bajé la mirada a mi plato… y sonreí algo más reconfortada.

Esme había hecho pollo con vegetales y diferentes salsas. Comí un muslo y un poco de ensalada, oh y papas asadas… todo estaba riquísimo. A pesar de mi estado de ánimo algo depresivo, mi apetito estaba a la orden del día. Incluso comí una porción de pastel de manzana que Esme había preparado esa tarde… cielos, era el paraíso, debía detenerme o no entraría en mi vestido.

—Toma, lleva un poco —Esme vino hacia mí con un plato tapado con una servilleta. Estábamos en su cocina terminando de llevar los platos y vasos y Esme ya tenía un plato con porciones para mí. Cielos… de repente me sentí avergonzada.

—Oh Esme… que vergüenza —dije sintiendo mis mejillas sonrojadas —es que todo estuvo tan rico.

—Oh vamos, no te avergüences. De hecho Carlisle estará tomando otra porción esta madrugada a escondidas, lo sé —me guiñó un ojo. Oh si… la mujer sabía que tenía manos de cocinera experta. Tomé el plato y me dije a mí misma hacer el doble de práctica al día siguiente en mi ensayo de baile. Éste sábado tenía que presentarme por lo que esperaba que mis movimientos no estuvieran muy congelados.

—Gracias Esme… —besé su mejilla y nos despedimos de todos con un abrazo y con la promesa de vernos pronto.

*o*

Me desperté temprano ese viernes por la mañana. En la noche anterior no había visto a Edward, lo había extrañado horrorosamente, pero ni siquiera llegó a dormir a mi lado. ¿Qué clase de relación teníamos? ¿No era digna ni siquiera de recibir una llamada telefónica de él? Solo fue capaz de enviarme un mensaje dándome más excusas. "Mi amor, perdóname, sé que últimamente no hago otra cosa que decir esa palabra, pero lo siento. Estuve en reuniones hasta muy tarde y llegué a casa totalmente agotado. Sé que estuviste con mis padres, me alegra saber que la pasaste bien. Te amo… nunca lo olvides. E"

Media hora después un ramo enorme de flores llegó a mi puerta de la mano de Diego. Y por más que le pregunté sobre Edward, el hombre no dijo palabra, solo que el Señor Cullen estaba bien y trabajando mucho. Dime algo que no sepa…

Desayuné una taza de té, por alguna razón, el café sabía extraño, comí un trozo de tarta de manzana y un jugo de naranja. Con música de Jimmy Hendrix de fondo, me di un baño y me vestí meticulosamente… un jean ajustado azul oscuro, una camisa sin mangas de raso en color coral, un par de botinetas bajas negras y mi abrigo de lana rústica que amaba. Tomé mi bolso y salí de mi apartamento con una esperanza renovada, quería ver a Edward, quería hacerle saber cuánto lo había extrañado y quería recordarle cuánto lo amaba.

Tomé un taxi esta vez, el estudio estaba relativamente cerca del Lincoln Park y quería disfrutar del paseo. Chicago era una ciudad preciosas en verano, había pocos días de sol puro y sin nubes, el resto de los días si no llovía corría viento fuerte. Hoy estaba despejado y me llenaba de vitalidad… respiré profundamente a través de la ventanilla abierta del taxi mientras recorríamos las calles de Chicago.

El Loop era un hervidero de gente, pagué al taxista al llegar frente al estudio "The four" y bajé de un salto a la acera. En el vestíbulo, la misma chica que me había atendido la única vez que pise este lugar, me sonrió y me dio permiso para pasar, diciéndome que Edward estaba en una reunión, pero que si lo esperaba en su piso seguramente me lo encontraría. Tomé mi pase y subí al ascensor sintiéndome casi resplandeciente.

Las puertas se abrieron en el piso de mi novio. Cuando salí de la cabina, me encontré con… tranquilidad. Fruncí el ceño, ¿no se suponía que debía haber una secretaria en ese escritorio de la esquina… ¿Diana? ¿O una asistente, o de hecho algún arquitecto deambulando por ahí?

Miré hacia el corredor que se orientaba a mi derecha, estaba vacía igual, pero podía oír voces ahogadas, por lo que recorrí el corredor casi hasta el final. Había una oficina allí, pero tampoco había una secretaria o asistente, el lugar estaba vacío.

— ¡Quiero demandarlos! —me detuve en cuanto oí esa voz llena de rabia y enojo. Provenía desde dentro de la oficina, pero no quería acercarme para averiguar quién era —Quiero una indemnización… no pueden sacarme de la sociedad así como así. No voy a venderles mi parte de este estudio, ni los cederé… ¿qué mierda se ha creído Edward?

Oh cielos… ¿Qué hizo Edward?

Di media vuelta y caminé por el corredor de vuelta hacia el ascensor, pero oí una puerta cerrándose fuertemente detrás de mí.

—Ya lo han decidido… lo sé, pero no pueden hacerlo… tú como mi abogado…

Volteé a ver cuando la voz se detuvo. Ese era Ben hablando a través de su celular. Ben mirándome con el ceño fruncido, paralizado frente a mí. Oh mierda, ¿creería que soy de las que escuchan conversaciones ajenas detrás de las puertas?

Quise disculparme, pero él aún tenía el celular pegado a su oreja, aunque no decía nada a su interlocutor, simplemente me miraba y parecía enojado, aunque no sabía por qué. Dios… ojalá no se haya enojado porque escuché su conversación. Acerca de eso… ¿Ben quería demandar a Edward? ¿Por qué?

—Te hablo después —dijo antes de cerrar el teléfono y guardarlo dentro de su chaqueta. Se quedó mirándome por un momento antes de negar con la cabeza largando una risita sin humor y un bufido —No te lo puedo creer… ¿Qué haces aquí?... ¿no eres suficiente distracción en su casa que tienes que venir a follártelo aquí?

Abrí la boca ahogando un gemido… ¡¿Qué mierda?!

Decir que había quedado paralizada de la sorpresa es poco, no podía creerlo… ¿por qué estaba diciéndome eso?

— ¿Qué? —dije con un chillido. Cielos… no, simplemente no lo podía creer. —Ben… ¿qué estás diciendo? —negué con la cabeza tratando de comprender.

—Edward está en una junta de personal… ya ves —miró a su alrededor y con su dedo índice apuntó a su pecho —estamos en una crisis y lo primero que hace el hijo de puta es descartarme del equipo como si yo no hubiese pasado los últimos años a su lado trabajando con él.

Me quedé mirándolo con el ceño fruncido, ¿Edward lo echó? ¿Y estaba diciéndome todo esto solo para descargarse?

—Ben… lo siento, yo no…-

—No te atrevas a decir que lo sientes porque serías la más descarada de todas las putas que pasaron por aquí… no lo sientes, no lo haces —dijo con rabia.

—No… no sé qué pasó, pero no te permito que me hables de esa manera —dije con firmeza. ¿Cómo podía, de buenas a primeras, toparme con insultos tan gratuitamente, como si yo tuviera la culpa de sus problemas?

— ¿Qué no me lo permites?... —él rio nuevamente sin humor y dio una vuelta sobre su eje mirando al techo, tomó su cabeza entre sus manos y rio un poco más. — ¿entonces señorita "Bella" —dijo con burla— no eres consciente de lo que sucede debajo de tu propia nariz? ¿eh? —se acercó a mí unos pasos y reaccioné dando unos pasos hacia atrás —por supuesto que debes estar en tu nube de fantasía, viviendo la vida de reyes gracias al traidor de tu novio, mientras que aquí estamos viviendo un puto infierno… y la señorita ¡ni se entera! —gritó haciéndome sobresaltar en mi lugar.

Quería dar media vuelta allí mismo e irme a buscar a Edward para contarle todo lo que Ben me estaba diciendo deliberadamente, pero la curiosidad… las ansias de saber, se apoderaron de mí y no pude moverme de mi lugar, a pesar de que en ese momento Ben parecía peligroso, sacado de sus cabales y realmente muy enojado.

— ¿Qué pasó Ben? —por alguna razón, sabía que esa pregunta tendría que habérsela hecho a Edward y no a él. Pero también era consciente de que ya se la había hecho a mi novio y no había recibido respuesta alguna.

Ben se acercó a mí rápidamente y se plantó frente a mí, enojado, furioso y fuera de sí. Su cara palmo a palmo de la mía.

—Me echaron de la puta asociación. ¿Sabes por qué? —rio sin un poco de humor —por haberle dicho unas cuantas verdades a Edward, sobre su novia. Te puso sobre mí y arruinó mi carrera entera… el maldito viejo de Aro Vulturis quiere ese Spire y se valdrá de él, sin importar a quién dejé en el camino. ¡Y tú no estás ni enterada! La fuente de todos los problemas aquí, ¡no está ni enterada!

Abrí los ojos junto a mi boca… sin poder dar cabida en mi cerebro sobre lo que Ben estaba hablando. ¿Aro Vulturis? ¿El padre de Heidi? ¿El Spire?

— ¿Sigues sin entender? ¿tan hueca le has salido a Edward? ¿no le fue suficiente con una rubia nena de papito, sino que tuvo que buscarse otra sin cerebro para follar y divertirse? Solo que no tuvo en cuenta que tú lo engatusarías hasta hacerlo renunciar a lo que más quería.

Alcé mi mano sin pensarlo dos veces y la hice volar hasta la mejilla de Ben. El sonido de mi mano chocando contra la piel de su mejilla resonó por todo el corredor… Ben se tambaleó hacia atrás, mirándome enseguida con un atisbo de sorpresa y luego rabia.

— ¡Maldita hija de puta!, me arruinaste la vida, arruinas la de Edward y no eres capaz de darte cuenta, ¡estas arruinando la carrera de cada tipo de este edificio!. ¿Tan buena eres en la cama?

Oh no…

Alcé la mano una vez más, pero una serie de pasos y corridas vinieron por el corredor, cuando miré a mi derecha solo fui capaz de distinguir la furia de Edward deformando su rostro y caminando directamente hacia Ben.

—Maldita mierda. ¡Aléjate de ella! —sus manos fuertes tomaron a Ben de la solapa de su saco de traje y lo alzó del suelo arrojándolo contra la pared. De repente fue todo un borrón, se oían gruñidos, golpes de puños sobre la carne dura, gritos e insultos. Un par de manos que no eran las de Edward me tomaron de los hombros y me asusté, pero me relajé al instante cuando vi la cara de Jasper, entre preocupado y cansado. Habían más personas arremolinándose alrededor de donde Edward estaba y quise sacarlo de allí.

— ¡Edward! —dije de pronto reaccionando. Emmett y unos cuantos más lo sacaban de encima del cuerpo de Ben, éste con la nariz sangrando y un ojo comenzando a hincharse. Escupía sangre y más insultos… "por esa perra de mierda!..." "mi carrera arruinada"

Luché contra las manos de Jasper para ir hacia Edward, pero era fuerte. Maldición. — ¡Edward!

Él me miró por encima de quienes lo retenían para no volver a irse hacia Ben, Edward no estaba lastimado pero parecía fuera de sí. Entonces se soltó de los brazos de Emmett y corrió hacia mí.

—Bebé —tomó mi rostro entre sus manos y sus pulgares comenzaron a secar las lágrimas de mis mejillas. Cielos… ¿en qué momento había comenzado a llorar? —Lo siento —susurró besando mis labios entre mis lágrimas.

— ¿Qué sucede? ¿Qué mierda sucede Edward? —dije cerrando los ojos mientras él acunaba mi cara. —Estoy cansada de que me ignores… ¿qué pasa? —casi grité.

Él se alejó unos centímetros y me miró casi con miedo en su mirada. Su cabello rojizo revuelto parecía aún más caótico de lo normal, sus hermosos ojos verdes estaban apagados, cansados, con unas manchas oscuras bajo sus ojos y esa sonrisa que adoraba… ¿dónde estaba?

—Por favor —susurré llevando mi mano a su mejilla y acariciando con movimientos suaves. Él cerró sus ojos por un momento, cuando los abrió había determinación, pero también había duda y tristeza. ¿Por qué?

Asintió con la cabeza, por detrás de él vi como ingresaban los agentes de seguridad y levantaban a Ben, entraron con él dentro de su despacho y el tumulto que se había juntado en el corredor comenzó a dispersarse.

Edward tomó mi mano y me llevó con él hacia su oficina, —Diana, no estoy para nadie —dijo sin mirarla. Cuando entramos cerró la puerta con pestillo y tiró de mí hacia los sofás que daban de cara a las calles del Loop. Habían carpetas de manila sobre su escritorio, papeles y su laptop abierta… una foto mía bailando árabe flameaba como protector de pantalla. Dios… mi amor.

Lo miré y me senté a su lado, él rastrillaba su cabello una y otra vez, parecía nervioso. Puse una mano sobre sus manos y las detuve acercándome a él hasta que nuestras rodillas se tocaron, no se atrevía a mirarme.

Pasé mis manos por su mejilla, su oído, su nuca y de vuelta hasta su mandíbula áspera por la barba de dos días. Él cerró los ojos disfrutando aparentemente de mi toqué, si… lo sentí relajarse un poco como masilla en mis manos.

—Dios mi amor, te extrañaba —dijo antes de llegar a mis labios con los suyos y saquear literalmente mi boca. Gimió ante el contacto, como un muerto de sed al tomar agua… gemí porque, maldita sea… lo había extrañado tan jodidamente mal.

Enredó su lengua con la mía y en menos de un segundo estábamos cogiéndonos las bocas, su lengua exquisita embestía la mía, la violaba, la dominaba… —Edward, oh cuánto te extrañé, así, así…

Con sus manos me llevó hasta su regazo, con mis piernas a cada lado suyo, — ¿Mucho? ¿tanto como lo hice yo?.. Apuesto que no te tocabas de noche, como lo hacía yo pensando en ti cada mañana en la ducha, en mi auto, en cualquier lugar donde pudiera tocarme —me miró aparatándome un poquito, sus ojos verdes parecían encendidos, ya no estaban oscuros y vacíos como los había visto en el pasillo, parecían vivos y atentos —estuve allí mi amor, cada noche a tu lado… podía sentir tu piel debajo de mis dedos, pero no podía tomarte, hubiese sido tan malditamente desconsiderado de mi parte —gimió y negó con la cabeza alzando sus caderas un poco, dejándome sentir lo duro que se encontraba — ¿ves? ¿cómo me pones y sin siquiera mover un dedo? Te vi en ese corredor y así me tenías bebé… me la pones dura con solo verte.

—Dios… te amo Edward —dije retorciéndome sobre él.

—Yo también. Te amo, te amo bebé —susurró atacando otra vez mis labios. Sus manos se aferraban a cada una de mis mejillas, acercándome a él y presionándome contra su rostro, su lengua se metía tan profundamente que parecía que me estaba haciendo con ella lo que quería hacerle a mi coño.

Comencé a mecerme sobre él. Oh si… podía sentirlo tan bien, la punta de su pene rozaba exquisitamente entre mis labios vaginales desnudos, donde se asomaba mi clítoris, la costura del pantalón lo hacía aún mejor. Tiré mi cabeza hacia atrás y gemí aferrándome del respaldo detrás de él. Dios… ¿Qué me pasaba? Parecía que con un solo roce era capaz de venirme tan mal. Maldición, estaba masturbándome sobre él y a él no le importaba, de hecho, lo estaba disfrutando, tomando mi cadera con ambas manos y presionándome contra su verga hinchada. Me había extrañado… y no podía ni decir lo mucho que me puso feliz ese detalle. ¿Se había tocado pensando en mí? Oh cielos…

—Edward… oh, te necesito —gemí lastimosamente mientras mi orgasmo se acercaba, mi piel era fuego por donde él pusiera sus dedos. Mi cuello, la cima de mis pechos, oh dios… puso su boca en mis pezones que se notaban a través de la tela de raso y chupó fuerte haciéndome gemir.

— ¿Aquí me necesitas? ¿En tus tetas? ¿En tu jugosa conchita mi amor? —presionó con una mano mi culo sobre su regazo, haciéndome sentir aún más la evidencia de su deseo. La otra mano se dedicó a explorar sobre mi camisa, debajo de ella, ahuecando mis pechos y pellizcando mis pezones, ¡oh dios!... dolía, pero era un dolor exquisito —oh cielo, te extrañé mi amor… necesitaba esto —dijo antes de mordisquear uno de mis senos.

Oh… eso fue suficiente, tiré mi cabeza hacia atrás y presioné mi clítoris en la cresta de su pene, oh si… se sentía tan bien.

De repente sentí que me tomaba de las caderas y me levantaba un poco, alejó sus manos de mi cuerpo y fueron a su cinturón y luego a bajar su bragueta. —No me voy a venir si no es adentro tuyo —dijo con voz gruesa, sus movimientos desesperados me decían que estaba cerca. Si… muy cerca, su pene saltó duro, erguido y hermoso, con la cabeza casi purpura, no le faltaba mucho… la punta estaba bañada en su pre semen. Me paró entre sus piernas y desesperado me bajó los jeans, me sacó las sandalias y las bragas, me puse a horcajadas en seguida sobre él, tomé la base de su erección con mi mano y la coloqué en mi entrada… Edward entró en mí con un solo empuje, un exquisito empuje que me hizo gritar de placer.

Sus labios recorrieron todo mi cuerpo, sobre mi ropa y por debajo, sacó mis pechos de mi sujetador, los lamió y chupó como si fuera la primera vez en meses. Mientras tanto yo cabalgaba sobre él frenéticamente.

No faltó mucho para llegar a ese punto en que nuestros cuerpos respondían a la sobre estimulación de placer, el choque de nuestras pieles y la electricidad pasando entre nosotros. El orgasmo devastador comenzó a arremolinarse en mi bajo vientre y mis gemidos se hicieron más incontenibles. Edward me besó ahogándolos en su boca junto con los suyos. Alzó su cadera y oh… mi clítoris hinchado chocó deliciosamente con su pubis mientras la punta de su pene rozaba mis paredes interiores. Jadeante me separé de su boca.

— ¡Me voy a venir! —dije ahogadamente, lo miré y sostuve su cabeza entre mis manos, mis ojos fijos en los suyos, mirándonos, entregándonos en cuerpo y alma, el amor en sus ojos, era amor… era amor puro y total ¿cómo pude dudar de ese amor?

—Vente mi amor, córrete conmigo, mójame… quiero que me aprietes en tu interior y me dejes allí para siempre, siempre, mierda Bella… te amo —sus embestidas fueron frenéticas y sus palabras desesperadas —quiero llenarte Bella ¿me dejas llenarte mi amor? Eres mía, siempre mía.

—Ohh Edwaaard —gemí dejándome llevar por él, sus manos, su sexo… dejándome caer en ese estado de placer absoluto y agónico. Único. —Edward.

Nadie nos molestó… y si alguien se aproximó a la puerta de su despacho, seguramente, si fue lo suficientemente discreto, se marchó al oír los gritos de placer y si fue lo demasiado curioso, se quedó como depravado escuchando como nos entregábamos el uno al otro. No me importó… lo que importaba era que Edward ahora estaba en mis brazos y yo en los suyos, después de días de incertidumbre y duda.

Sentía sus caricias en mi nuca, sus dedos enredándose entre mis cabellos, su corazón palpitando en su estado post orgásmico debajo de mi oído, mi cabeza en su pecho y él recostado en el sofá de dos cuerpos. Yo en sus brazos… mi lugar, mi hogar. Mi cuerpo laxo y aun desnudo en sus mejores partes, yacía sobre él, amoldándose y fundiéndose con el suyo. Y esperaba… sabíamos, tanto él como yo, que teníamos que hablar, él tenía que hacerlo pero estaba dejando que encontrara su momento, por mi parte, no me iba a marchar hasta que lo hiciera y eso lo supo de alguna manera.

Luego de que su corazón dejó de correr y palpitó normal, luego de que sus respiraciones se regularizaran y ya no fueran jadeantes, luego que guardara dentro de su pantalón su pene flácido y mojado y yo subiera mis pantalones sintiendo cómo su semen corría entre mis piernas. Él se sentó en el sofá y me empujó nuevamente a su pecho, tomó una respiración profunda y besó mi frente.

—Aro Vulturis está luchando por el Spire, lo quiere y… lo tendrá si se lo propone —dijo acariciando mi cabello, alcé mi rostro hacia él y lo miré. Parecía abatido, cansado y resignado.

— ¿Ese es el problema con algunos inversionistas que decías? —murmuré recordando la pobre excusa que no acaparaba en lo más mínimo la verdadera razón de su ausencia y su cansancio.

—Esa es… no quería preocuparte. En realidad tenemos una buena tanda de abogados y somos optimistas, estamos peleando… el Spire es mío, yo lo diseñé y yo lo estoy construyendo. Es mío.

—Por supuesto que es tuyo —dije arrodillándome frente a él. — ¿Por qué lo quiere? ¿no era él el mayor inversor? ¿qué pasó?

Negó con la cabeza —Cuestiones de dinero bebé, él está en desacuerdo con algunas cosas, como los tiempos y el capital invertido hasta ahora, hay cuentas que no cierran y números monetarios importantes que no coinciden con el presupuesto. Él… me demandó ante el comité de Arquitectura de la ciudad, por no respetar los tiempos acordados ni el presupuesto establecido —suspiró y me miró por unos segundos, como tomando coraje —él quiere sacarme el Spire para dárselo a otro estudio arquitectónico.

— ¿Qué? —dije abriendo bien los ojos, negué con la cabeza — ¿Qué quiere hacer qué?... ¡oh dios!… por eso Ben estaba desquiciado, él dice que se arruinó su carrera, pero… ¿por qué lo sacaron de la sociedad? ¿por qué me culpa a mí? No entiendo… ¿por qué él dijo que me pusiste sobre él? ¿por qué me insultó como lo hizo?

Edward suspiró y en sus ojos pude ver aun el enojo que tenía hacia Ben, un destello de ira relampagueó en el verde de su mirada. Negó con la cabeza y apretó el puente de su nariz con sus dedos, —Esta es una empresa familiar ante todo, la fundamos Jasper, Emmett y yo, Ben entró un poco tiempo después como becario y cuando obtuvo su título y vimos su talento y condiciones, lo hicimos socio. Pero ahora… defraudó la idea de la empresa, cuidar los intereses familiares. Él está cuidando solo sus propios intereses, sin ver más allá… yo tengo que cuidar de los míos y tú eres mi mayor interés, no dejaré que nadie nunca te insulte y él lo hizo, él no entiende lo importante que eres para mí, sin embargo cree que eres una distracción, eres el motivo por el cual Aro está haciendo lo que hace, cree que Heidi está despechada y fue a su padre a pedir que me hicieran esto. Una total y absurda mentira. Aro hace esto porque es un maldito viejo avaro y codicioso —me miró con intensidad y me hizo preguntarme si realmente me estaba diciendo todo y si era así ¿cómo podía Aro Vulturis prestarse para esto? —no te preocupes por Ben —acarició mi mejilla y cerré los ojos —no te preocupes por nada… lo arreglaremos, Aro no se saldrá con la suya, no me desprestigiará ni a mí ni a los míos y definitivamente no me sacará el Spire, ese proyecto es mío… es nuestro —me miró fijamente a los ojos para luego besar mis labios con ahínco.

—Es tu sueño —dije separándome de él —tu mayor proyecto ¿y te lo quiere quitar? —negué con la cabeza — ¡¿cómo puede ser tan hijo de puta?! —di un sobresalto cuando sentí una nalgada en mi culo y miré a Edward con curiosidad… ¿acaso me había nalgueado?

Una atisbo de sonrisa se asomaba en sus labios, —Malas palabras no mi nena… —dijo sobre mis labios — ¿o quieres más nalgueadas?

—Mmm—besé sus labios lamiéndolos para luego meter mi lengua en su boca y encontrar la suya — ¿papi volvió? Bien… veamos, viejo decrepito… maldito embustero, mierda viviente — ¡oh! Y allí otra vez una nalgada. Oh si funcionaba…

Reímos juntos por unos momentos, besándonos, acariciándonos, reconociéndonos… lo había extrañado tanto, su ausencia incluso aun cuando estaba presente lo había hecho todo más duro, pero por lo menos ahora, sabía el porqué de esa ausencia. Edward había estado llevando esta carga solo por semanas.

—No dejes que te lo saque Edward —dije sobre sus labios —no dejes que te saque tu sueño mi amor, luchaste tanto para tenerlo, que ahora que lo estás haciendo realidad… —dije mirándolo con un atisbo de dolor, me dolía tanto saber que podía perder su mayor anhelo.

—No lo haré… es mío así como tú eres mía. Perdóname por haberte ocultado esto, pero, no quería preocuparte… no quería que pensaras equivocado de mí, no quería abrumarte o hacerte pensar que un puto edificio es más importante que tú, sin embargo te hice daño al no contártelo…

—Es el Spire… es tu sueño, ¿cómo que no es importante? Es el trabajo de muchos años y no quiero que lo pierdas, no quiero que seas infeliz, ese rascacielos es tu vida entera.

—Te equivocas nena, soy feliz contigo y eso me basta… y tú eres mi vida entera. El resto…- negó con la cabeza, pero vi un atisbo de tristeza en sus ojos –el resto puede irse a la mierda-

Negué con la cabeza pero él la atrapó entre sus manos y me besó. Y me perdí en ese beso y en los siguientes, haciéndome pensar que todo estaba bien entre nosotros. Todo estaba bien… ¿no?


Oh... no sé Bella. Me temo que todo es miel sobre hojuelas en la vida... :(

Mis amores! Gracias por su santa paciencia y siempre esperar los capis, de que llegan llegan ;) Gracias a todas las seguidoras del fic que se fueron sumando y muchas gracias a todas aquellas lectoras que nominaron a mi fic y a mí como autora en otra tanda de premios, esta vez a los "Fanfiction En Las Sombras Awards" Gracias! Un besote a mi Pame, a las nenas del grupo y a las lectoras fantasmas que son muchas. Las amo por siempre estar ahi, a todas las nenas que envian sus reviews. Pero sobre todo quiero darle un enrome GRACIAS a mi beta; Ginette Bri Drb. Gracias preciosa, eres grande!

Nos vemos en el siguiente... y las imagenes del vestido irán para el capi donde narre la gala, bye!