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Ultimátum

Mmm… sí, era un sueño lindo, por primera vez en varias semanas me sentía al despertar como si me encontraba entera, completa y en mi lugar. Al abrir los ojos pude comprobar a qué se debía ese sentimiento de absoluta satisfacción. Edward dormía a mi lado, boca abajo, con una mano debajo de la almohada y la otra sobre mi pecho, sus dedos rozando mi pezón desnudo. Sus ojos cerrados se movían en su sueño y respiraba suavemente, su espalda subía y bajaba por su tranquila respiración.

La noche anterior había sido maravillosa, tan maravillosa que cuando grité por mi último orgasmo antes del amanecer, me saltaron un par de lágrimas de emoción. Edward me amaba y era tan intenso que me abrumaba, no de manera negativa, su amor me hacía sentir como si volara a metros sobre el cielo. Y me daba miedo. Tanto amor y tanta pasión ¿no era nocivo para una persona? Si me ponía a pensar de manera pesimista podría decir que sí, tanto amor podía matar, podía lastimar y hundir. Pero no quería pensar en aquello, principalmente porque nuestro amor era real y puro.

Levanté mi mano rodando sobre mi costado y acaricié los mechones de cabello que caían sobre su frente… era tan hermoso, tan apuesto y masculino, que a veces mi pequeña parte insegura salía a la luz y me hacía preguntarme ¿por qué estaba conmigo?

Mi toque lo hizo suspirar, al mismo tiempo que a mí me hizo sonreír. Murmuró algo incoherentemente y movió ligeramente su cabeza, su mano, que había estado en mi pecho momentos antes, se deslizaba sobre la sábana hacia mi lugar, como buscando, pero se detuvo segundos después cuando volvió a dormirse profundamente.

Estaba feliz, ¡exultante! Era domingo y lo tenía todo para mí. Al fin para mí. Por lo que decidí comenzar el día y levantarme de la cama para preparar algo especial para mi amor. Sigilosamente me paré y busqué debajo de la cama la camisa que él se había sacado la noche anterior, la olí profundamente y tuve que contenerme de ponerme a horcajadas sobre él y comenzar una deliciosa cabalgata. Con la camisa ya puesta fui hasta la cocina y comencé a rebuscar cosas aptas para comer en la heladera… un poco de tofu, frutas y huevos serían suficientes.

Decidí llamar a Leydi para ver cómo estaba mientras batía unos huevos, la noche anterior estuvo allí para mí y porque en realidad le caía bien Edward, pero sabía que su corazón y su cabeza era un solo torbellino. Jason le había dicho que la amaba y ella… puff, puso el grito en el cielo, además para aumentarle la leña al fuego, se había peleado con Jake, su hermano al parecer los había encontrado juntos y en paños menores sobre el escritorio que Jake compartía con Leydi en el Club. Mi amiga era muy reticente al amor y eso me entristecía, ella necesitaba ser amada y sentir lo grandioso que es que alguien te amara tanto como para desafiar tus límites.

— ¿Bella? —atendió el celular pero parecía aún dormida, miré el reloj de pared de la cocina impecable de Edward y marcaba las once.

— ¿Cómo estas Ley? Anoche me quedé preocupada, perdón por no estar contigo hasta el final, pero Edward… ya sabes —dije mordiéndome un labio, lo que habría querido terminar de decir era que Edward, definitivamente no había querido esperar y me llevó casi a la rastra a su departamento… pero ella entendía.

Mmm… está bien, una de las meseras me avisó que se habían ido e imaginé que se irían a su lugar —ella carraspeó— ¿cómo estuvo… la cosa? Ya sabes… —carraspeó de nuevo.

¿Qué mierda?

— ¿Qué pasa Ley? —pregunté frunciendo el entrecejo, dejé mi batido de huevos y tomé el celular con la mano.

Nada, nada —río nerviosamente —solo… tengo un poco de sueño y quiero darme un baño

— ¿Estas segura? No me digas que te peleaste con Jason otra vez —oh si era eso iba a tenerla una semana más en casa sumergida en un mar de pañuelitos de papel — ¿te lo volvió a repetir?

De hecho… mmm… no nos peleamos. Anoche estuvimos hablando, bien, sin peleas.

— ¿En serio? —Sonreí— ¡qué bien!... ¿en qué quedaron? —de fondo comencé a escuchar los ladridos pequeños y agudos de mi chihuahua, ladridos que emitía como cuando estaba asustado o enojados o ambos.

Leydi quedó en silencio, solo interrumpidos por los ladridos de fondo y por unos susurros ahogados… ¿qué carajo? — ¿Leydi? ¿Qué es? ¿Qué le pasa a Papi?

Ohh nada, nada… el Papi está molestando, ¡Hey calla perro!

Entonces escuché como si estuviera allí en mi departamento, un gruñido de hombre seguido por unas maldiciones y otros gruñidos más agudos de mi perro…

— ¿¡Leydi?! —pregunté caminando nerviosamente por el suelo de mármol frío de la sala de Edward. Leydi rio y ahuyentó a mi Papi mientras ese hombre maldecía aún. —Dime ya lo que está pasando porque te juro que me visto y voy ya para el…

Ya, ya, ya… —dijo resignada, noté que se alejó de toda esa cacofonía para que la escuchara mejor o quizá para ocultar el hecho de que mi perro ladraba como si se le fuera la vida en ello —traje a Jason a tu departamento ¿ok? Maldito perro lengua larga —refunfuñó mi amiga.

Me quedé por un momento mirando a la nada, tratando de asimilar las palabras que había dicho mi amiga… ¿Jason estaba en mi departamento? ¿Insultando a mi perro?

Te lo iba a decir —siguió Leydi— pero no teníamos otro lugar a donde ir, en su casa hay un compañero de habitación y bueno… te juro que no ensuciamos nada… bueno, te juro que lavaré la funda del almohadón del sofá.

Entonces ahí reaccioné — ¿Qué sucedió con la almohada de mi sofá? —me detuve en seco con ganas de matar a mi amiga.

Nada, solo… nada, te compraré uno nuevo.

¡Oh por dios…!

Peiné mi cabeza con una mano resoplando por la nariz, nunca más, nunca más descuidaría mi casa… uggg… mis almohadones favoritos, ¿Qué les habrán hecho? No, no, mejor no preguntar.

— ¿Qué le pasa a Papi? —murmuré con poca paciencia.

Estará celoso —río Leydi, como no respondía ella carraspeó —es un perro bastante guardián, apenas se ve pero vaya que si defiende lo suyo. Desconoció a Jason y no lo quiere, cada vez que lo ve le ladra.

—Dime que durmieron en tú habitación —cerré los ojos y rogué a los cielos y a quien se compadeciera de mí.

Siii, ¿por quién me tomas? Tu cama está intacta —bufó— no te preocupes, ya nos vamos, solo estuvimos un par de horas, apenas dormimos —río tontamente Leydi.

— ¿Qué hay del "te amo"? —murmuré alzando las cejas.

Bien… digamos que hoy me dijo "No puedo vivir sin ti" y eso me gustó más—oí una sonrisa en sus labios.

— ¡Qué mala eres! —reí sabiendo que mi amiga haría pagar a Jason por haber dicho esas dos palabras "infames" según ella. Por mi parte él iba a obtener una palmadita en la espalda, lo había hecho bien, por lo que significaba que conocía bastante bien a mi amiga, no podían estar en mejores manos.

Sentí que un par de manos me rodeaban la cintura por detrás, —Ley debo colgar, tengo que cocinar huevos. Por favor, por favor, déjale comida a mi rey y solo un poco de agua, la Evian que está en el frigo. ¡Oh! Y ponle sus patitas de lana si está frio el suelo —murmuré con voz suplicante. Edward mordisqueó mi hombro y sus manos fueron por debajo de su camisa hasta tazar mis senos. Mierda.

— ¿Toma agua de botella el "rey"? —Río incrédulamente mi amiga al teléfono — ¿juega en un iPod también?

—Sí lo tuviera lo haría mira —dije con una sonrisa petulante. Edward rio sobre mi hombro y sacó mi teléfono del oído para ponerlo en el suyo.

—Haz lo que te dice Bella y por favor, no le dejes traumas —murmuró seriamente mi amor, aunque una sonrisa amenazó con estallar en sus labios.

— ¡¿Traumas?!... si desde su primer día aquí el pobre necesita ir urgente a un psico, ustedes lo pervertirán no yo. —gritó Ley tan fuerte que hasta yo pude oírla.

—Y por favor, por lo que más quieras, no uses nuestra cama —suplicó, alcé mi mirada a él y guiñó un ojo.

— ¡Uggg no! ¿Por quién me crees? Además ya nos vamos a ir, al final Bella no se aguantará y vendrá a echarnos a patadas —hubo risas de fondo.

— ¡Y lo haré! —dije en voz alta para que ella oyera. Edward le dio unas recomendaciones más para Papi Jr. y cortó. Tiró el celular sobre el sofá y no tardó ni medio segundo en hundir su rostro entre mi cabello y apretar mi cintura con sus manos, casi gruñó cuando aspiró mi olor.

—Hueles delicioso —dijo antes de atrapar el lóbulo de mi oreja entre sus dientes —te amo bonita.

—Te amo papi—susurré levantando mi mirada a su departamento, había añadido algunos cuadros que no había visto en mi primera visita aquí. Todos tenían algo en común, eran grandes monumentos, con su mitad dibujada artísticamente y la otra mitad dibujada con los trazos típicos de la arquitectura, números y sus curvas y rectas de la geometría.

Me solté de los brazos de Edward y caminé frente a una que me llamó la atención, La Torre Eiffel o al menos su parte inferior, en blanco y negro como los trazos y rectas que se habían usado en el diseño.

— ¿Te gusta?... es un duplicado de los planos originales —Edward susurró en mi oído. Abrí bien mis ojos y lo miré incrédula.

— ¿En serio?... oh… ¿cómo lo conseguiste?

Su mirada estaba enganchada a la mía y una de sus manos subió a acariciar mi mejilla con sus nudillos, me miraba como si… me amara. Por supuesto que lo hacía, no dudaba de su amor.

—En el 2004 fui a Paris, junto con otro grupo de arquitectos nacionales a una conferencia sobre diseño moderno y sustentable. Conocí a un ingeniero, Gustave Koechlin, nieto de uno de los arquitectos que participó en el diseño de parte de la torre —se alzó de hombros —nos hicimos colegas y amigos y de vez en cuando nos escribimos mails. El mes pasado me avisó que había conseguido algo que yo le había pedido en nuestro encuentro en el 2004 —él miró al cuadro que tenía sobre los sofás y sonrió —es una réplica del original, pues se hicieron varios para todos los colaboradores, este me lo envió hace poco.

— ¿Te lo regaló? —Murmuré maravillada.

—Digamos que fue un regalo, por el precio que tuve que pagar —alzó una ceja y no quise ni imaginarme el precio que pagó por eso. Aunque era maravilloso y un tesoro para un arquitecto. —Dime… —abrazó mi cintura de nuevo y besó mi cuello, me estremecí entre sus brazos y mi zona delicada entre mis piernas palpitó cuando sentí la punta de su lengua recorrer la extensión de piel en mi clavícula. — ¿qué quieres hacer hoy?

—Mmm… ¿no tienes trabajo pendiente? —quería asegurarme que lo tendría todo para mí.

—Tengo algunas cosas que hacer, pero podemos estar juntos toda la tarde cariño ¿no quieres? —tomó mi cintura y me giró de modo que estuve frente a él aun en sus brazos.

—Claro que quiero… te he extrañado —susurré acercándome a besar su mandíbula rasposa, se había dejado de afeitar hacía tres días y ¡oh dios!... rezumaba sexo puro.

Él tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos antes de atacar mi boca, fue un beso suave y lento al principio, pero como todo lo que hacíamos, se fue intensificando al final, haciéndome jadear en su boca, chocando nuestros dientes y devorando nuestras lenguas. Hacía mucho que no lo besaba así, tan apasionado, sin otras cosas en mente, sin interrupciones, un beso que reflejaba cuanto me amaba y que aumentaba de intensidad al demostrarle yo cuan totalmente suya me sentía.

—Oh cielos mi vida… vamos, desayunemos que quiero mostrarte algo —dijo con voz ronca, tomándome de la mano me llevó a la encimera de la cocina, sobre el desayunador aún estaban mis huevos a medio batir. Tomé el recipiente y colocando la sartén sobre el fuego, los cocí como me gustaban.

Terminamos tomando él una taza de café y yo una de té, tenía que recordar cuando fuera al supermercado, probar con otras marcas, el café parecía con gusto a humedad, algo que a él no le importó. Comió sus huevos y yo mis tostadas con mermelada, el solo olor de los huevos me recordaba el café, por lo que lo dejé de lado.

— ¿Vamos a ir en tu Ducati?— ¡oh sí!...

Habíamos bajado al subsuelo donde su Aston Martin estaba estacionado entre sus otros autos, entre ellos la Ducati. Reluciente, roja y gigante como la primera vez que la había visto. Cielos… Edward se había vestido con un par de jeans negros, una camiseta de corte en V en negra y sus botas de motociclista de cuero negro. Sin afeitar y con el cabello desprolijo luego de su ducha, mmm… quería que me tomara allí sobre esa moto en cuanto llegó a su lado.

—No me mires así bonita que no sabes cómo me tienes —dijo sacándole el seguro a la moto.

— ¿Qué?... seguro que no te das cuenta cómo me tienes tú a mí —murmuré mordiéndome el labio. El gimió cerrando los ojos, tomó una respiración profunda y exhaló volviendo a abrirlos, su mirada se arrastró a lo largo de todo mi cuerpo hasta llegar a mis pechos, que se apretaban contra la tela de la camiseta que él me había prestado y la cual había atado a mi cintura.

—Tus pezones… —señaló con voz ronca —abrocha el cierre de esa campera, mierda nena, nunca más te prestaré ropa, haces que te veas aun más jodidamente sexy. Los tipos en la calle te comerán con los ojos.

Reí haciendo una pose, con la mano en la cintura, sacando pecho y culo — ¿Te excita? —él hizo una mueca y volteó hacia la moto buscando los cascos, uno debajo del asiento, otro colgado en el manillar. Casi gemí al notar la protuberancia que había en su entrepierna, cielos… habíamos hecho el amor luego del desayuno en su encimera ¿por qué lo deseaba otra vez? Mierda, mierda, mierda, era una perversa adicta al sexo con él.

Abroché mi campera y alcé la cintura de mis pantalones, bueno… pantalones que Edward me había prestado y que me quedaban literalmente colgando de las caderas, otra cosa que a él parecía excitarlo porque no dejaba de mirar esa área. Me acerqué y él como buen conductor y protector que era, me colocó el casco y me ayudó a subir a la moto.

— ¡Agárrate fuerte de mí bebé! —gritó colocándose su casco, con una patada a la palanca de arranque encendió la moto, solo tuve tiempo de aferrarme como una araña a su cintura, cuando él aceleró la moto y corrió a través del subsuelo hasta que salimos a la luz. El sol brillaba en Chicago y no podía esperar a ver hacia donde me llevaba.

Recorrimos las avenidas principales hasta que cambiamos de curso yendo por las calles laterales a lo largo de toda la costa del Lago Michigan. Pasamos por el puerto deportivo, el parque Millenium y seguimos hacia el Navy Pier. La ciudad fue quedando atrás y al mismo tiempo la ciudad se fue difuminando con más y más grandes áreas de bosque extendido y prados verdes. Se veían barrios austeros y casonas privadas, mansiones rodeadas de verde y luego, en frente el lago que parecía infinito con la luz del sol, que hacía que en su superficie se formara una espejismo.

— ¿Te gusta? —oí la voz de Edward dentro del casco, estos tenían un sistema de comunicación.

—Me encanta, es hermoso, esta parte de Chicago no la había visto nunca —dije conteniendo las ganas de gritar, apreté mis manos a su alrededor y él fue reduciendo la velocidad. Más allá de la ciudad se extendían zonas privadas cercanas a los parques nacionales y era precioso. Increíble. Verde por todos lados y de fondo el lago azul.

—Hay una acuario cerca de aquí, ¿quieres ir? —preguntó bajando la velocidad en una bifurcada.

— ¡Sí, vamos!... nunca lo visité —Edward rio.

—Mi amor ¿en que ciudad viviste en estos diez años? —pregunto bromeando.

—No lo sé, solo Universidad, casa, casa de Leydi y listo. No me ocupé de conocer por mucho tiempo Chicago, pensaba que de todas maneras iba a ser algo efímero, mi paso por la ciudad. Siempre pensé que mamá haría las maletas y seguiríamos mudándonos, tal vez más al sur.

—Tú no te vas, te quedas… gracias a Dios que a tu madre le gustó Chicago —dijo exhalando un suspiro exagerado, reí abrazándolo más fuerte.

—Gracias a Dios —coincidí.

Fuimos al "Shedd Aquarium", en la carretera que bordeaba el Lago y cerca del Campus del Museo. Cielos… que precioso. El lugar era como una ciudad gigante escondida dentro de Chicago, edificios dedicados a la educación e investigación, zonas parqueadas y de esparcimiento. Subimos las interminables escaleras del Acuario y cuando llegamos arriba agité mis puños y di saltitos al estilo Rocky Balboa, Edward rio y creo que sacó algunas fotos. Cuando entramos al Acuario quise gritar de emoción, como una niña pequeña. Edward tomó mi mano y sonrió adorablemente cuando vio mi entusiasmo. Todo era azul, absolutamente todo y daba la sensación de estar caminando a través del fondo del mar.

La primera galería era una exposición enorme sobre las especies prehistóricas, Edward me llevaba de la mano señalando cada cosa que veíamos, animales acuáticos extintos reproducidos a escala real, información sobre los animales que lograron la supervivencia y fueron evolucionando, distintos ecosistemas y hábitats y sus animales acuáticos.

Luego vinieron los hábitats como son ahora, el ecosistema en ríos, arroyos, lagos y lagunas, los arrecifes y hasta la Antártida. Oímos por un momento la charla educativa que un guía del acuario le estaba dando a un par de turistas, pero luego nos fuimos a recorrer más el lugar.

Ahogué un grito. ¡Oh por todos los santos del cielo!

Edward tiró de mi mano pero al no lograr que fuera detrás de él, se volteó y me miró con una sonrisa autosuficiente, — ¿Qué sucede? ¿Tienes miedo bebé? —levantó una ceja y me miró midiéndome. ¡La puta madre!... eso que había allí nadando sobre nosotros era ¿un tiburón?

Oí la risita de Edward y apenas me di cuenta cuando me tomó de los brazos y tiró hacia él haciéndome dar ese infame paso hacia adelante.

Un túnel de acrílico era lo único que nos separaba a todos los que pasábamos por ahí, de los grandes peces que nadaban literalmente sobre nuestras cabezas, libres y en comunión entre todas las especies de alrededor. Una manta raya… ¡oh dios!...

Edward me llevó de la mano a través del túnel de acrílico, tuve que extender mi mano para tocar la pared transparente pensando "que no sea vidrio, que no sea vidrio". Por alguna razón me parecía que el vidrio sería más propenso a romperse que el acrílico. Nos detuvimos a medio metro de la pared de vidrio y simplemente me dispuse a mirar. Frente a mí habían tres manta rayas y dos delfines que se acercaban al vidrio a vernos.

—Les gustas mi amor —susurró Edward detrás de mí —no me sorprende, son animales inteligentes, mira como trata de simpatizarte —señaló al delfín joven que del otro lado del acrílico balanceaba su cabeza de un lado a otro mirando con un ojo y el otro. Edward me atrapó la cintura con sus brazos y gruñó un "Mía" y reímos los dos cuando el delfín nadó lejos y volvió haciéndose ver en su magnificencia.

Continuamos caminando por el túnel, maravillándonos con los peces que nadaban en todo su esplendor, de todos colores, brillantes y unos más grandes que otros.

— ¡Nemo! —Dije señalando a un precioso pez payaso que pasó entre los arrecifes —por algún lado debe estar Doris —Edward no entendía nada de lo que decía, supuse que lo iba a entender en un futuro, cuando sus hijos pidieran ver Nemo a todo pulmón.

Llegamos al extremo para pasar a otra galería, todos en esa parte del acuario eran peces de agua salada y lo que vi allí no podía ser menos. Entré a ese lugar con la boca abierta y las manos aferradas a las de Edward, el lugar estaba oscuro, pero la luz azul provenía de la gran ventana de vidrio que teníamos en frente, toda una pared de extremo a extremo. Era una inmensa pecera que contenían lo que nunca pensé que iba a ver en mi vida.

—Belugas —susurré anonadada mirando a los grandes cetáceos nadar uno junto al otro.

—Son madre e hijo —dijo Edward a mi lado, sostenía entre sus dedos una guía del lugar. —La hembra está preñada, por eso están ambos en este lugar… son animales solitarios — me abrazó por detrás y apoyó su mentón en mi hombro, me recosté contra su pecho y suspiré.

—Son hermosos —dije sonriendo —hermosos y extraños, parecen sonreír.

—Son animales dóciles, como los delfines y cantan… ¿puedes escucharlos?

Nos quedamos ambos abrazados en ese lugar, escuchando el lejano sonido de un canto, como un eco, como un lamento que se mezclaban con chasquidos y largos silbidos. Era relajante y tenía una magia especial ver nadar a esos grandes mamíferos, tenían como una especie de danza entre madre e hijo. Ella siempre se adelantaba, el pequeño nadaba y ella lo seguía y cuando estaban cerca del vidrio, la madre parecía proteger con su cuerpo al pequeño y se alejaban otra vez.

—Es instinto puro —susurró Edward a mi lado —protege a su cría.

Y era extrañamente mágico y fuera de este mundo besar a mi novio, con esa paz extendiéndose a nuestro alrededor. Edward me sostenía fuerte entre sus brazos, acariciando mi cintura y haciendo danzar su lengua dentro y fuera de mi boca con suavidad y delicadeza. Picoteó mis labios y extendió sus manos en mi espalda como abanicos que me apretaron contra él.

—Dios… cuanto te amo —dijo en mi boca con su frente apoyada en la mía.

—Yo te amo más —susurré muerta de miedo. Alguien había dicho por ahí que el amor era algo peligroso, que te podía dar vida tanto como te podía matar. Bien… daba miedo, pero estaba dispuesta a morir en brazos de Edward. Lo amaba tanto y este sentimiento en mi interior era tan, tan grande, casi como si pudiera estallar fuera de mi cuerpo, me colmaba, me llenaba que era la muerte misma.

De la mano continuamos visitando las distintas galerías del acuario, vimos a los delfines interactuar con sus cuidadores y adiestradores y vimos a grandes tiburones en un inmenso acuario parecido al de las belugas. Comimos unas patatas fritas en el salón de comidas y me relamí los labios con la coca cola.

— ¿Te gustó? —estábamos en la moto, él colocándome el casco y ajustando las correas debajo de mi mentón.

— ¡Me fascinó! —grité dando un salto, tenía mis manos llenas con un beluga bebé de peluche, él rio y asintió subiéndose a la moto. Me subí detrás de él y con un último vistazo sobre mi hombro, me despedí del Shedd Aquarium de Chicago.

— ¿Te gusta esta área? Es bastante verde y tranquilo —oí que decía cuando salíamos de las inmediaciones del Acuario. Eché un vistazo a mí alrededor y si, era al parecer de esas áreas verdes, con grandes praderas y bosque mezclado en algunos lugares, parecían haber casas residenciales aquí y allá y a lo lejos por la colina casas más austeras con grandes jardines.

—Sí, es hermoso, no conocía este lugar —murmuré de acuerdo. Él aceleró y por alguna razón que no entendí, dimos algunas vueltas y paseamos alrededor de las casas que se avecinaban allí, las calles eran de adoquines en sus entradas y había muchas residencias por grandes jardines coloridos. Me sorprendí al ver prados de flores en algunos lugares, Edward se detuvo en algunas partes para que yo recogiera flores silvestres. Terminó sacando algunas fotos con mi bebé beluga en mis brazos.

*o*

—Quédate a cenar —murmuré sobre sus labios, éstos se alejaron de mi boca para besar mis mejillas, el filo de mi mentón y mi cuello finalmente. Estábamos en la sala de mi departamento, entrelazados uno en el cuerpo del otro, mis brazos anclados en su cuello y los suyos en mi cintura sosteniéndome fuerte, fuerte. Juntó su frente con la mía y suspiró mirándome con ojos brillantes y llenos de pasión.

—No puedo mi vida, tengo que terminar algo. Cuando lo haga te prometo todo el tiempo del mundo bebé —picoteó mis labios.

— ¿Qué es? —dije algo refunfuñada.

Él sonrió y tazó mi rostro entre sus manos para besarme una vez más, —Una gran casa. Tengo que demarcar el terreno y ayudar a los chicos a comenzar con la construcción. Quiero supervisar cada paso que den.

— ¿Hoy domingo? —dije más enfurruñada aún.

—Sí… quiero terminarla cuanto antes. Quiero terminar con todo lo que tengo pendiente para darnos un tiempo fuera…

—Mmm… ¿qué hay del Spire? ¿Se solucionó el problema que tenían con el padre de Heidi? —se separó de mi dándome un último beso y caminó hacia la entrada. Era cómico ver como Papi Jr. lo seguía moviendo su diminuta cola y dando pasos diminutos sobre el parquet.

—Se está solucionando, mis abogados están a cargo de ello. Tú no tienes que preocuparte por eso, ese problema es lo único que me sigue uniendo a esa familia.

—No me preocupan tus relaciones con esa familia, sé que Aro Vulturis es el gran inversionista de tu proyecto y que seguirás de algún modo en contacto. Solo quiero que todo esté bien —murmuré acercándome a él tomando al beluga de peluche del suelo, que es donde había caído cuando lo solté para fundirme en un beso con mi novio.

Me tomó la cara entre sus manos y plantó un beso en mis labios —Lo está, todo está perfecto —miró el bebé beluga entre mis brazos y sonrió acariciando mis manos —te ves adorable con un bebé en brazos —sus ojos destellaban— aunque éste sea un pez —besó mis labios una última vez y caminó hacia la salida.

— ¿Nos veremos durante la semana? —murmuré esperanzada. Él volteó a verme y sonrió apoyándose en el marco de la puerta de salida.

—Me escaparé a verte en algún momento mi amor —cerró la puerta detrás de él y caí agotada sobre el sofá.

El resto del día me puse al día con los mails de mamá, respondí algunos y leí los de la universidad, Ángela me había enviado las notas del último semestre y rompí en una gran sonrisa al ver que me había ido como esperaba. Solo comí una ensalada de pechuga, tomates y queso chédar. Por alguna razón, sentía mi garganta bloqueada, mi pecho pesado… como una corazonada. Me fui acostar temprano ignorando el hecho de que se sentía como si fuera a ocurrir algo, algo malo.

*o*

Edward llamó temprano a la mañana siguiente, diciéndome que tenía que ir a los terrenos del nuevo proyecto alejado de la ciudad y que iba a estar todo el día allí hasta la tarde, que quizá nos veríamos para la cena pero que no estaba seguro. Por lo que limpié mi casa para luego irme al restaurant. Trabajé varias horas, pero al medio día me sentí mal con la hamburguesa que comí en mi descanso, por lo que León me dio permiso para tomarme la tarde libre. Regresé a casa comprando en el camino una botella de Pepto-bismol y unas aspirinas.

No supe cuánto dormí, pero cuando sonó el teléfono más tarde me sentía mejor, eran las tres de la tarde cuando me levanté somnolienta a atender el teléfono. Y la sorpresa que me llevé al atender, Charlie… mi padre, estaba del otro lado de la línea.

— ¡Que sorpresa! —dije a modo de saludo, él rió y se aclaró la garganta.

Sí lo sé, no suelo llamar… pero hace mucho que no apareces por Skype ¿qué sucede hija? —sonreí al notar su acento árabe marroquí en las palabras. Podía decir orgullosa que mi… padre, como buen guía turístico que era, sabía un montón de idiomas, algo que agradecía enormemente, porque si no nunca íbamos a poder comunicarnos.

—Perdón, tuve algunas cosas que hacer. Mi mejor amiga, Leydi estuvo viviendo conmigo un tiempo, se había peleado con su novio y no quería quedarse con sus padres… así que… ¿cómo estás? ¿Cuándo vienes? —me desperecé estirando mis brazos. Caminé hasta el frigo sirviéndome un vaso de jugo de naranja. Tenía hambre pero no quería atiborrar mi estómago de algo cuando había salido hace poco de una crisis.

Bueno, —carraspeó— en realidad de eso quería hablarte —dejé mi vaso en la encimera del desayunador y me apoyé en el esperando a que mi… padre prosiguiera —sabes que estas invitada a venir también, ¿no te gustaría venir y conocer Marruecos? Una vez me dijiste que si. La temporada buena de turistas está llegando a menguar por lo que seguramente yo iré más tarde y tú ya estás de vacaciones en la Universidad, pensé que podías tomarte unos días en tu trabajo y pasar un tiempo aquí y luego irnos juntos a tu país.

—Lo sé… sé que estoy invitada a ir, pero tú también estas invitado a venir… Charlie. No puedo dejar el trabajo —mordí mi labio. Sabía que algún día tenía que ceder y llamarlo como él estaba esperando que lo llamara, "papá", pero no podía. Era un término tan ajeno a mí que parecía no tener importancia. Siempre me pareció que esos términos son ganados, no otorgados, pero también sabía que las circunstancias de la vida nos habían puesto en esta posición a Charlie y a mí y que en definitiva el que no lo llamara como él quería, no significaba mucho. Éramos como dos amigos, si tenía que definir nuestra relación, dos amigos distantes que hablaban y se veían cuando la vida se encaprichaba con ello.

Mis vacaciones están programadas para dos semanas más… ¿crees que estarás ocupada para cuando llegue allí? no quiero… no quiero que estés ocupada y al tiempo cargar con un viejo.

Sonreí, un rasgo que fácilmente podía reconocer en mi… padre, era su humildad y respeto hacia los demás, en momentos como esos me dolía no haberlo tenido cerca. Él era un gran hombre… aunque mi madre hizo lo mejor por si misma también, por lo que en realidad no tengo quejas.

—No voy a estar ocupada y por favor… Charlie, no eres un viejo. La universidad no comienza hasta dentro de un mes y mi trabajo en el restaurante no será un obstáculo, puedes ir allí y sentarte a comer mientras esperas a que yo termine, luego puedo mostrarte todo Chicago si quieres.

En realidad no pienso quedarme mucho tiempo Bella, quiero viajar también a Londres, tu abuela Tahara se encuentra enferma y como es vieja no obedece al doctor, quiero ir a ponerla en camino.

—Oh ¿en serio? ¿Ella es la que me contaste que conquistó al abuelo tirándole macetas de hierbas en la cabeza?

Charlie rio, ambos reímos. Al parecer tenía una abuela digna de estar en Brodway haciendo comedias y musicales, pues ella era una hermosa marroquí que conquistó a un escritor londinense en sus años mozos, entonces nació Charlie y otra hermana que apenas yo conocía por fotos. Mi abuela habló conmigo en un inglés muy fluido una vez por teléfono, unos días después que Charlie se enterara que era padre de una chica americana. — ¡Eres mi nieta!... oh querida mía, ¡te esperaba! —gritó aquella vez a través del teléfono con voz firme pero tierno. Seguramente aprendió de mi abuelo ingles casi a la fuerza, pues Charlie me decía que al principio se comunicaban por señas.

La misma… no ha estado tomando sus medicinas, por eso iré a hablar con ella luego de ir a verte.

—Bien. —sonreí de repente nostálgica. Cuanto me hubiese gustado tomar la mano de la abuela que nunca había visto y darle fuerzas en su vejez, cuanto deseaba poder recorrer las calles de Chicago con papá y presentarle al amor de mi vida —Te estaré esperando… Charlie.

Y yo estaré deseando ir… hija—carraspeó— hay un grupo de americanos aquí, esperando a que les muestre parte del museo… así que-

Las palabras de él fueron ahogadas por el timbre de la puerta—Un momento… Charlie —dije apresurada, quizá fuera Edward que quisiera almorzar conmigo después de todo, algo poco probable este último tiempo. Instalé una sonrisa en mi rostro y tomé el pomo de mi puerta —es la puerta, quizá sea mi nov…-

Cuando abrí la puerta, simplemente quedé petrificada… sin habla, con el aire escapando de los pulmones. Comencé a parpadear y con el dedo pulgar tuve la fuerza suficiente como para cortar la llamada, cuando lo hice tragué saliva y respiré profundo.

—Heidi.

¿Heidi? ¿Qué hacía esa mujer en mi departamento?

Entonces caí en la cuenta de que Heidi parecía un fantasma, no por su apariencia, sino por su presencia. Con Edward negociando con su padre no iba a faltar ocasión para que ella se inmiscuyera en nuestras vidas a pesar de que Edward ya no tuviera nada con ella. Y ahora que la tenía frente a frente en la puerta de entrada de mi departamento, caía en la cuenta de que en realidad Edward nunca se iba a deshacer de ella, siempre estaría allí, por debajo de todo, como acechando, como mirándonos.

— ¿Qué hace aquí Señorita Vulturi? —dije alzando mi frente, demostrándole que era digna de ser la novia de Edward Cullen, que no era como ella, una serpiente rastrera.

De sus labios borboteó la risa, afilada, aguda y desagradable — ¿Tanta formalidad Bella? —escupió mi nombre como si fuera algo cursi —vamos… luego de haber tenido el descaro de verte con mi prometido a mis espaldas creo que perdiste la formalidad, vamos tutéame… trátame como a tu igual —ella sonrió y yo estuve a punto de cerrar la puerta, pero ella habló. —Pero no importa, no vengo aquí para pelear, tengo mi dignidad Bella —dijo aplacando su sonrisa —a pesar de eso, tengo que recurrir a ti por algo que a las dos nos importa, Edward —y su rostro perdió todo rastro de burla —no voy a negar que lo sigo amando, a pesar de lo que hizo. Y tampoco soy tan tonta al creer que me puede amar de vuelta, no… sé que es tuyo, lo tienes, ganaste. Pero es no me impide estar preocupada por él.

¿De qué estaba hablando?

— ¿Me dejas entrar para ponerte al tanto? Cosas como las que tengo que contarte no se pueden decir en el corredor de un edificio.

Suspiré frunciendo el ceño, ¿Qué era eso importante que debía contarme? ¿Debía dejarla entrar y confiarle la intimidad de mi hogar? ¿Debería confiar en ella? No la veía como esas mujeres dispuestas a agarrarse a golpes con otra por un hombre, ella era más bien altiva y orgullosa.

Ella pareció adivinar mis pensamientos —Confía en mi Bella, no vengo aquí a rebajarme y suplicarte o a amenazarte… te lo dije, no soy tonta, soy consciente de que Edward no me ama más y que es tuyo, pero algo está sucediendo y creo que tienes que saberlo, porque al parecer él no fue capaz de contarte todo.

¿De qué estaba hablando? ¿Edward me había dejado fuera de algunas situaciones? ¿Eso insinuaba?

—Si hay algo que Edward deba contarme sé que él lo hará, no tú. No tienes por qué pretender tener derechos para venir e inmiscuirte en algo que en todo caso es entre él y yo.

—No, no tengo derecho a meterme en sus cosas. Pero si tengo voz y voto cuando esas cosas que debería contarte él, está relacionado con mi padre y con mi familia.

¿Aro? ¿Aro Vulturis? ¿Tenía que ver con el Spire? ¿A eso se refería ella?

Tragué saliva y suspiré. No sabía bien que hacer, no sabía si debía llamar a Edward o afrontar a esta mujer yo sola, a Edward no le haría ninguna gracia que estuviera aquí, dejaría todo y vendría a sacarla él mismo y estaba ocupado. Había dicho que tenía que salir de la ciudad para ir a ver los terrenos que tenía su nuevo proyecto. No podía molestarlo. En cambio si la escuchaba…

No supe lo que me instó a hacerlo, la curiosidad, el deseo de saber lo que Edward no quería decirme, comprobar que Heidi solo era una víbora rastrera que quería envenenarme, no lo sé… pero abrí un poco más la puerta y la dejé entrar.

Di unos pasos al salón y tomé a Papi Jr. para encerrarlo en mi habitación, había comenzado a ladrar apenas entró Heidi al departamento, quizá percibiendo que era mala calaña, no lo sé. Cuando volví Heidi estaba impoluta y pulcra parada en el centro de mi sala, con su cabello rubio liso y sin gracia y esos ojos azules brillantes mirando alrededor, aproveché a ver a la mujer que había conquistado el corazón de mi amor ¿qué le había visto?

Esta mujer y yo no teníamos nada en común, lo gritaba toda ella. Estaba segura que ella era una de esas mujeres que nunca había usado un jean, su rigidez la delataba. Por un momento me esperé en encontrarle una sola arruga a la pollera de lápiz gris que llevaba puesta y que le apretaba como un guante la cintura y el resto de su cuerpo hasta la rodilla, llevaba medias negras y un par de zapatos grises de tacón de alguna famosa marca, de al menos unos diez centímetros de altos, una camisa de seda blanca ajustada al cuerpo, abierta en el escote debajo de la pequeña torerita gris de mangas largas, hecha de punto que se ataba debajo de su pecho con un lazo de raso, en color gris por supuesto haciendo juego con la pollera. Estaba impecable y rezumaba elegancia…

Tuve la estúpida necesidad de comprobar mi vestuario. No, no tenía ni pizca de elegancia con mis jeans deslavados y tajeados en las rodillas, esa camiseta atada a la cintura y mis zapatillas converse blancas y raídas que usaba para el gimnasio, pero eso era porque no me había vestido pensando en impresionar a la ex de mi novio. En cambio ella, parecía haber echo demasiado esfuerzo en rebajarme y pisarme como una hormiga bajo su zapato. No lo iba a lograr… aun no podía encontrar algo que posiblemente haya atraído a mi novio, no podía imaginarlo con ella. Bueno, quizá algo bueno tenía, lo cierto era que a simple vista no podía distinguir que podía ser.

Ella miraba todo con desprecio, como si no se sintiera cómoda en lo más mínimo, remilgada como si tocase algo se contagiaría de alguna enfermedad.

—Tienes un perro —dijo con los labios fruncidos en una mueca. Coloqué una mano en mi cadera y fruncí el ceño.

— ¿Es de tu incumbencia? —Dije con el mismo desprecio con el que ella miraba mi hogar— ¿qué quieres Heidi? Di lo que tienes que decir y por favor vete, tengo que salir.

Ella resopló y alisó su cabello sobre su hombro, una manía seguramente. Me miró con desdén y suspiró.

—Lo que tengo que decirte no tiene nada que ver con el hecho de que me caes mal, aunque si tiene que ver todo con Edward. Como sabes y te lo dije, yo vengo con las cuentas claras, sin ocultar nada… lo amo, aún lo hago y por eso estoy preocupada por lo que le está sucediendo.

— ¿Qué le sucede? —dije rápidamente, no quería hablar de su supuesto "amor" a Edward, porque bien guardada en mi teléfono estaba la prueba de que ella quizá no lo amara tanto como decía hacer.

—Mi padre, —dijo con un suspiro. De repente parecía avergonzada, bajando la mirada al suelo y con un frunce en la frente —mi padre le sucede

—Si lo dices porque Aro, tu padre, ha presentado una queja formal a causa de fondos mal manejados y empleados y tiempo de construcción que no se respetó, pues si… lo sé, Edward me lo contó. Él tiene confianza en mí y lo sé todo, si era eso, entonces por favor lárgate.

Ella parecía sorprendida en un primer momento, quizá porque no pensó que yo lo iba a saber. ¡Ja!... ¿Con quién se creía que estaba hablando?

— ¿Solo eso te contó? —murmuró escrutando mis ojos. ¿Solo eso? ¿Qué más podría haber?

Ella vio la confusión en mi mirada, entonces sonrió —Oh… no te contó todo —ella caminó hacia mí con lentitud, disfrutando de mi confusión. Repuse mi gesto, pero ella ya había encontrado lo que buscaba… mi ignorancia hacia tales cosas —mi padre, Bella, está haciendo algo con lo que no estoy para nada de acuerdo. Nunca quise esto para él, porque mi padre decidió jugar con lo que él más aprecia, con lo que más ama… su carrera.

Alzó una ceja esperando mi reacción, mi confusión nuevamente y mis preguntas. Mordí mi lengua y no le di la satisfacción que esperaba, por lo que ella prosiguió.

—Mi padre lo está castigando por su deslealtad hacia mi familia. Mi padre lo amaba como a un hijo y Edward lo traicionó, confió en él para poner en sus manos el Spire, confió en él para poner en sus manos a su hija, pero ¿qué hizo él? Me traicionó y por ende también traicionó a mi padre. Y lo hizo de la peor manera… mintiéndonos, actuando frente a mí y a él de una manera mientras se encontraba contigo a escondidas y tiraba por la borda, sin darse cuenta, todo lo que había construido conmigo. Yo… puedo perdonar, algún día… y dejar que el río fluya, pero mi padre… él no puede hacerlo, porque lo más importante para él es su familia.

— ¿Qué intentas decir? —miraba a esta mujer que tenía frente a mí con un súbito miedo y no sabía por qué.

—Mi padre y sus socios, denunciaron a Edward por falta de profesionalismo y por malversación de fondos, los abogados están haciendo lo que pueden, pero Edward no tiene defensa… mi padre perdió cientos de miles de dólares por manejos irresponsables del capital y por descuido del proyecto, además denunció a Edward ante el Comité de Arquitectura, si ellos lo deciden… Edward no solo podría perder el Spire, podrían además arruinar su carrera, por negligencia y fraude. Si ellos quieren, influenciados por mi padre, que es lo suficientemente poderoso, Edward podría perderlo todo, su carrera sería arruinada y también su prestigio —ella suspiró tragando saliva, sus ojos se llenaron de lágrimas —no podría trabajar más en lo que ama, todo por lo que luchó se perdería por solo un error que cometió…perder la cabeza por ti.

Mi respiración a esas alturas salía erráticamente de mis labios, me dolía el pecho, incrédula y negando con la cabeza me alejé de Heidi, pero ella me siguió…

— ¿Te das cuenta Bella? Esto no es por ti ni por mí… es por él —se secó las lágrimas con un pañuelo de seda que sacó de su pequeño bolso y me miró con odio —dios no quiera que llegue el día que tenga que verlo llorar por su carrera arruinada, el Spire en manos de un nuevo arquitecto y toda su vida en la basura por…

No lo dijo, pero lo intuí… por mí.

Me senté en el sofá más cercano, dejando caer mi cabeza entre las manos e hice lo posible por no llorar. ¿Así de grave era la cosa? ¿Por qué Edward no me había dicho la gravedad del asunto? ¿Por qué andaba con remilgos a mi alrededor? ¡Maldito sea él y su protección!

Tenía que hacer algo, tenía que… ¡Hacer algo! Oh dios… él estaba a un paso de perder el Spire, arruinar su carrera entera, su reputación. Yo sabía muy bien lo que significaba para él todo eso. Era su vida ¡Su maldita vida! ¿Por qué me lo ocultó? ¿Acaso no era real lo que teníamos? ¿Acaso no confiaba en mí? ¿Acaso de eso se basaría nuestra relación, de mentiras y omisiones? Si me amara tan hondo como decía ¿me lo hubiera dicho?

Oh dios…

Me sentía mal… las nauseas atiborraron mi garganta, por lo que de un salto salí corriendo al baño, dejando a Heidi parada en mi salón. Las arcadas vinieron a mí y volqué todo en el inodoro, sintiéndome humillada, sucia y estúpida. Las lágrimas al fin salieron empapando mi rostro mientras mi cuerpo se sacudía por las vergonzosas arcadas.

Cuando terminé, me levanté mareada y jadeante, arreglé mi cabello más o menos y enjuagué mi boca con agua y enjuague bucal, sequé mis lágrimas y traté de verme lo menos patética posible. Salí del baño esperando que Heidi ya se hubiera ido, pero no fue siquiera compasiva para dejarme en este momento en paz, ella estaba mirando con desdén el retrato de "Forever yours" que Edward me regaló y que estaba colgado en la pared sobre mi sofá.

Rio sin humor —Típico de él —alzó su bolso de mano y revolvió en él —siempre impresionando a las mujeres con arte caro y rebuscado —dio media vuelta y me tendió su mano dándome una especie de tarjeta —es la oficina de mi padre… ve hazle una visita si tienes valor y él te sacará la venda de los ojos… ambas sabemos que Edward no lo hará.

Salió de mi departamento con el mismo aire con el que entró, altanero y frívolo.

*o*

¿Qué hago aquí? —pregunté al aire mientras desde una de las esquinas del Loop, veía la entrada del gran edificio, donde Aro Vulturi tenía la base de su imperio. Salí de mi departamento una hora después que Heidi se fue, no pensaba, ni siquiera había llevado abrigo, ni recordé sacar a mi cachorro de mi habitación… solo salí, con la tarjeta de visita en mano buscando una dirección. Y aquí estaba… lo que me había traído a este edificio, no sabía muy bien que era, pero estaba alimentado por el miedo, la ira y la derrota.

Oh Dios…

Quería irme a casa, acurrucarme en mi cama con Papi Jr. y esperar a Edward y por algún milagro me explicase lo que Heidi había dicho, pero ¿a qué me atenía? ¿Más mentiras? ¿Más verdades omitidas?...

Salí de mi escondite y caminé hasta la calle, esperé que la luz se pusiera en rojo y pasé. Tragando saliva entré a ese elegante edificio, todo acorde a como Heidi iba vestida, tonos grises, claros y beige. Fui directamente a recepción y esperé a que la rubia remilgada del mostrador me viera, lo cual hizo luego de aplicarse la ¿quinta? Capa de labial mirándose al espejo de mano.

Miró mi ropa y luego a mis ojos, eso me enfureció…

—Vengo a ver al Señor Vulturis, no tengo invitación pero tampoco pienso irme sin verlo. Mi nombre es Isabella… Bella Swan, dígale por favor… que soy la novia del señor Cullen.

Ella me miró con el ceño fruncido, tal vez por mi descaro, pero agarró el teléfono y le comunicó a una tan Selma lo mismo que le dije yo. Esperó uno minutos y seguramente Selma volvió a hablar, porque se quedó sorprendida con lo que le dijo. Cuando colgó me miró con una media sonrisa y una ceja alzada.

—El señor Vulturis la está esperando —sacó un pase de debajo del mostrador y me lo tendió —colóquese esto para que seguridad la deje entrar.

Bien… ahí iba yo, cagada de miedo pero no vencida a la cima de la torre del Señor Vulturi y de repente me sentí como el pobre Frodo subiendo la torre del Señor Oscuro, mierda. Cuando se abrieron las puertas del ascensor salí confundida, solo había un corredor largo que iba hasta una puerta de roble de gran tamaño… la cueva de Sauron. Había dos rubias remilgadas a cada lado de la puerta, ambas me miraron y recorrieron mi cuerpo, oh cielos, rodé los ojos… orcos.

— ¿Señorita Isabella? —dijo una de ellas, asentí mordiéndome el labio, con muchas ganas de despotricar contra ellas. Esa misma rubia abrió la puerta del despacho y me dejó entrar —El Señor Vulturi la espera.

Cuando entré rebusqué con la mirada un baño o al menos un cesto de basura, el olor a tabaco era tan grande que pensé que se me iba a quedar impregnado en mi ropa.

—Señorita Isabella… —dijo con voz engatusada el hombre sentado detrás del escritorio. Nunca lo había visto, pero allí estaba el padre de Heidi, caminé hasta él y le tendí la mano, la cual tomó con ambas suyas y tras una breve caricia la soltó —Por favor siéntese… ¿A qué se debe su agradable visita? No siempre un alma joven e inocente visita este lugar…

Me imaginaba, ¿Qué joven inocente iba a querer entrar a la cueva de Sauron?

Respiré profundo y todo lo que vine a hacer salió de mí como una avalancha…

— ¿Cómo tiene la desfachatez de invitarme a sentar? ¿Cómo pretende portarse como un caballero conmigo cuando en realidad me odia? Sí claro… soy el motivo por el que Edward dejó a su hija y según usted los traicionó. ¡¿No fue ese el verdadero motivo Señor?!... Entre Heidi y Edward no había amor… ¿cómo puede pretender que alguien se case sin amor? —estaba jadeando y sabía que mis gritos iban a ser escuchados por todo el piso. Mierda… había entrado con la intención de ser una dama, una mujer en todos los sentidos, respetuosa y tranquila sobre todo, pero ¡a la mierda el respeto!... él no lo tenía por mí, ni por Edward, ni por nadie —Él no hizo nada malo enamorándose de mí y yo no hice nada malo enamorándome de él… usted es el traidor, que al primer cambio de escenario clava el puñal en la espalda así como está haciendo ahora —despotriqué, él simplemente me miraba con una ceja alzada y las manos unidas debajo de su mentón, con cada codo sobre el apoyabrazos —sé lo que está tratando de hacer, no le va a arruinar la vida, no le va a aplastar su carrera… él no se lo merece, no se lo merece.

— ¿Y qué vas a hacer tú mi niña? ¿Qué vas a hacer para impedirlo? —Alzó las cejas esperando mi respuesta —Edward me traicionó a mí y a mi familia, le rompió el corazón a mi hija y nos mantuvo en sus manos por mucho tiempo con mentiras… ¿sabes lo que es ver a una hija rompiéndose en pedazos porque su novio no la ama y se acuesta con otra? ¿Sabes lo que es tener que abrazarla cada noche por el temor que encuentre una salida fácil para su dolor? No, no lo sabes… porque no tienes hijos.

Las palabras se acallaron en mi garganta, comprendía su dolor, comprendía su enfado… pero ¿era tan así como para querer destruir a ese hombre? Oh cielos… Edward… ¿con qué clase de gente te metiste?

—Mi hija y Edward terminaron por culpa tuya, tú te metiste donde no tenías que meterte, lo sedujiste y lo manipulaste a tu antojo hasta que él cayó rendido a tus pies, lo comprendo —me miró de arriba abajo— tienes con qué someter a un hombre y comprendo que un hombre como Edward tenga sus apetitos sexuales, cosas que quizá estuvo obligado a que buscar en otra —se levantó de su silla y apoyó las palmas de las manos en su escritorio para inclinarse hacia adelante —pero no perdono lo que él hizo, dejar a mi hija a dos meses de concretarse el matrimonio por un par de piernas bonitas y tus meneos de cadera… eso no lo perdono. Y por eso… lo haré pagar, la humillación que sufrió tanto mi hija como mi familia no tiene perdón, las lágrimas de mi hija lo valen todo… incluso que Edward pierda lo que más quiere, su preciado Spire. En manos más profesionales ese rascacielos destacará su magnificencia.

—El Spire es de Edward, él lo creo, él lo diseñó y él lo construirá… no pude quitárselo — dije con frialdad.

—Si puedo hacerlo cuando el 50% de lo construido me tuvo como inversor principal.

Negué con la cabeza, las lágrimas estallaban en mis ojos —No puede arruinar su carrera, es su vida entera, no puede.

Él se inclinó sobre la mesa nuevamente, este viejo decrepito tenía la autoridad para hacerlo y sabía que lo haría.

—Lo haré… sin remordimientos, así como él, sin remordimientos ni compasión, engañó a mi hija y a mi familia —apretó sus dientes y vi el odio en su mirada — ¿qué harás tú Bella, que lo amas tanto, cuando en un futuro Edward te mire con odio y resentimiento, cuando fue por ti que lo perdió todo?

Y eso… fue peor que una bofetada.

Tenía razón… de alguna manera la tenía. Edward renunciaría a todo por mí, lo perdería todo por mí.

Me tambaleé hacia atrás sacudida por un mareo y me sostuve del respaldo de la silla, él sonrió… mirándome casi con pena, lástima.

— ¿Qué… qué cambiaría las cosas? —dije casi en un susurro, las lágrimas corriendo hacia mi cuello, nublándome la vista.

—No pensaba hacer negociaciones con respecto a este tema… pero eres tú, preciosa Bella, son mis intereses y por supuesto los de Edward —frunció el entrecejo como si estuviera pensando —te propongo algo, algo muy beneficioso para todos… Edward recuperará el Spire, sin interés ni segundas intenciones, cumplirá sus sueños, retiraré los cargos de malversación y su carrera se salvará de un naufragio seguro, nosotros quedaremos en paz y tú, tú mi querida no tendrás que vivir con su odio en un futuro, ni con su resentimiento.

El aire que entraba por mi nariz, las palpitaciones de mi corazón… todo, todo resonaba en mis oídos, todo junto a la voz de Aro…

— ¿A cambio de qué? —logré farfullar. Cerré los ojos imaginándome sus palabras, como un desgarro en mi corazón, como una daga en lo más profundo de mi pecho.

—De que lo dejes claro… de que desaparezcas de su vida.

Y me sentí morir.


Ayyy si... sin palabras.

Bueno nenas, gracias por seguir conmigo. Espero sus más sinceros reviews, amo leer cada uno de ellos, me encantaría poder responderlos a todos, pero se me hace arbumadora la cantidad de respuestas, quiero saber que pasa con este cap sin embargo.

Un beso a mi hermosa beta, Ginette Bri Drb, gracias por su paciencia infinita y su paciencia y gracias a las locas de siempre del grupo en Facebook. PAra las nenas que esperan En el nombre del padre, uno de mis otros fics, mis amores, mañana es su día!

Un beso!

Lu