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Sueño y realidad

Caminé a través de los operarios que trabajaban en el lugar, había cambiado mi traje luego de salir del trabajo por un par de pantalones de montaña, un par de Converse y una camiseta de algodón negro. Mordí mi lengua para no lanzar un insulto a la situación, era mi casa y tenía que estar aquí, quería ocuparme personalmente de cualquier situación que surgiera, pero también quería estar en casa con Bella, ella me estaba esperando con el almuerzo listo. Un almuerzo que le debía hacía días. Además luego de estar con ella debía correr con Emmett y Jasper a encontrar nuestros trajes para la gala de mañana a la noche. El tiempo se había consumido tan rápidamente durante esa semana entre los abogados y la demanda de Aro que no había tenido tiempo de ocuparme de mi vestimenta.

Alcé mis Ray Bans sobre mi cabeza y me detuve frente a la camioneta de Henry, el capataz de la obra, que me esperaba con su casco puesto y un plano extendido sobre el capó de su Toyota.

—Señor Cullen, disculpe que lo haya molestado en su horario de trabajo pero surgió esta dificultad y quería comunicárselo de inmediato.

Suspiré frustrado, malhumorado de que una dificultad surgiera en esta obra, esta que quería terminar lo antes posible y que era la más importante para mí.

—Dime —alcé mi mano instándolo a continuar.

—Hay un pequeño declive en la zona periférica, no es mucho pero si lo suficiente como para que, en caso de una lluvia, se inunde el lugar que corresponde a las habitaciones de huéspedes. Sé que usted ha hecho las excavaciones…

—Todo salió perfectamente bien —dije frunciendo el ceño.

—Sí, pero el suelo está húmedo y a pesar de que es un buen material, con la humedad y las lluvias de invierno el suelo puede llegar a ceder, el declive tiene que ser modificado, pero soy consciente de que usted especificó que utilicemos el terreno original y que no hagamos modificaciones que atrasen el trabajo.

— ¿Tiene los análisis de laboratorio? —Henry buscó los informes dentro de su camioneta y me los tendió. Los ojeé rápidamente negando con la cabeza.

—Quiero la casa terminada antes del invierno del año entrante. Tengo que viajar a Londres en un mes para meterme de lleno con un proyecto prioritario y quiero dejar esto encaminado —dije levantando la vista de los análisis, análisis que evidenciaban un extra de humedad que perjudicaría la construcción del ala este. Comencé a caminar por el terreno buscando el declive que no había visto en mis visitas anteriores. Mí elevado entusiasmo y excitación quizá no me había dejado verlo.

—Desde aquí, el suelo comienza su declive —señaló— ¿quiere el nivel? — murmuró Henry cuando llegamos a unos metros del borde del bosque.

—No, puedo verlo ahora… es leve pero como tú dices, puede entorpecer la construcción. Según usted, ¿cuál sería la mejor solución? —murmuré mientras ojeaba nuevamente el informe que tenía en mis manos.

—Rellenar con el mismo material señor, hacer por lo menos dos metros de explanada extra y apisonar el suelo, hacer las pruebas de humedad y a partir de allí construir las bases.

— ¿Cuánto tardará en hacer eso? No quiero modificar el tiempo, me casaré pronto y quiero esta casa terminada…

—Lo sé Señor, por eso estimé un mes más o menos para hacer todo el proceso, inclusive la prueba de humedad.

Un mes de retraso… maldición…

Suspiré frustradamente y cerré los ojos, mi idea era traer a vivir a Bella apenas llegáramos de nuestra luna de miel, mi regalo de bodas, esta gran casa, pero al parecer ya surgía la primera dificultad e iba a tener que lidiar con ella si quería mi boda perfecta.

—Un mes, ni más, ni menos Henry —dije cerrando el informe para dejarlo en sus manos.

—Sí Señor… otra cosa que quería comentarle —lo miré interrogante, algo que provocó una mirada nerviosa por parte de él —llegaron las vigas de mármol que usted mandó a pedir, las tenemos en el depósito y están en perfecto estado.

—Bien… —di media vuelta para volver a mi Aston —durante la próxima semana se espera también otra tanda de materiales, te quiero atento y cualquier problema quiero que me llames. ¿Cuándo comienzan con las excavaciones?

—Esta misma tarde señor, quería ver el tema del declive y empezar luego.

—Bien, mantenme al tanto Henry —levanté la mano y luego de un saludo caminé hasta mi Aston apresurándome para llegar al lado de mi nena.

Manejé por las calles de la ciudad con mis pensamientos en ella, mi mujer. Hacía días que venía preocupándome, se mantenía reservada sobre algo y no podía imaginar qué era eso que la mantenía tan sumida en sus pensamientos, a veces la sorprendía mirándome como si no me conociera y otras veces… como si estuviera esperando algo. No podía imaginarme qué podía ser, pero fuera lo que fuera que la tenía así, cabizbaja y reservada, iba a averiguarlo. Quería que confiara en mí, quería que me contara sus secretos y hasta en eso… me sentía un hipócrita ¿cómo podía esperar que ella me confiara sus secretos, cuando yo le ocultaba unos cuantos?

Mierda… era frustrante y me sentía un completo egoísta, pero quería a Bella confiando en mí. ¿Sería algún problema con su padre? ¿Algo con su madre? ¿Quizá la extrañaba? Ella estaba de vacaciones y la universidad no empezaba hasta dentro de un mes, quizá quería salir de esta ciudad y estaba esperando el cumplimiento de mis promesas, llevarla a viajar por el mundo… pero mierda, no podía salir de la ciudad, al menos por ahora.

Tenía que hacer algo para cambiar esa carita. ¿Tal vez una cena romántica? Hasta el momento en que lo pensé me di cuenta de que pocas veces había sacado a Bella a una cita, quizá era eso lo que la tenía así, quizá ella sentía que yo no la valoraba lo suficiente como para mostrarla con orgullo como mi novia… mierda. Que pedazo de estúpido que soy. Solo esperaba que la gala lo haga todo formal como ella necesitaba.

Llegué a casa con una nueva determinación, hacer sentir a mi novia especial, lo cual era, hacerla sentir que era mi todo, tal como lo sentía. Confirmarle una y otra vez mi amor y mi devoción.

No me esperé al entrar ese aroma a comida recién hecha, mmm… — ¿Bella, amor? —caminé hasta la cocina pasando a dejar mi chaqueta sobre el sofá de la sala, The Black Ghost sonaba suavemente por los altoparlantes. Cuando entré en el área de la cocina, sonreí con la imagen que Bella me daba. Ella estaba de espaldas haciendo algo sobre la mesada, levantaba su mano con un trozo de algo… ¿zanahoria? Mientras movía su culo al ritmo de la música, solo usando un par de shorts grises apretados y una remera de tirantes.

Tarareaba mientras masticaba y seguía picando sobre la mesada, me acerqué a ella por la espalda y rodeé su cintura con mis brazos. Ella jadeó y volteó en seguida, lo que me permitió atrapar sus labios con los míos. Desprevenida, vulnerable y toda mía, mi vida…

—Mmm… —saboreé con mi lengua cada rincón de su boca mientras mis manos recorrían con suavidad su cintura hasta debajo de sus pechos, los cuales tacé apretándolos ligeramente, ella jadeó en mi boca y sentí sus manos recorrer mi espalda hasta perderse entre mi cabello. Chupé su lengua y gemí, tenía gusto a naranja y zanahoria. Oh cielos… embriagador… Tacé su culo con ambas manos y la apreté contra mi cadera para que sintiera lo que me estaba haciendo, mierda… encendido apenas con solo tocarla, su entrepierna cálida me hizo gemir. Y esos pantaloncitos… y esas braguitas…

—El almuerzo está listo —dijo separándose de mi con un último beso. Saltó de mis brazos, tomó el cuenco de ensalada y salió del área de la cocina, miré sobre el desayunador acomodándome la entrepierna y la seguí cuando me di cuenta que tenía preparada la mesa.

—Mmm… ¿qué es eso que huele tan bien? —me acerqué mirándola, hoy estaba sonriente, pero había una extraña bruma en sus ojos, como… tristeza.

—Cordero al Cuscús con ensalada, mi padre me envió la receta —dijo sirviendo los platos, primero el mío y luego el de ella. Abrí la botella de Don Pérignon que sacó del refri y serví las copas.

— ¿Cómo está Charlie?... ¿has hablado con él últimamente? —esperé a que tomara asiento luego de que sirviera el cordero en los platos y me senté. Ella sonrió, esa sonrisa fácil y hermosa que salía a la luz cuando hablábamos de cualquiera de sus seres queridos, me preguntaba si ella sonreía de esa manera cuando hablaba de mí con cualquiera de sus seres queridos. Dios… estúpido pendejo, me reprendí al sentir una punzada de celos. Simplemente quería esa sonrisa al oír mi nombre ¿qué estaba mal conmigo?

—Está bien, su trabajo va bien y pronto saldrá de vacaciones. Quiere venir… pero no se decide, quiere también que yo salga de vacaciones a algún lado. No sé… le dije que no podía, por el trabajo —alzó la mirada y sonrió alzando los hombros —además, surgió algo con su mamá… mi abuela, está enferma y no se cuida y él quiere ir a verla.

— ¿Tú abuela? —Murmuré alzando las cejas — ¿Qué tiene?

Ella negó con la cabeza —El corazón, pero supongo que no es nada grave… sino papá… estaría más preocupado —mordió su labio cuando dijo la palabra "papá".

— ¿Qué? —extendí mi mano y tomé la suya, era la primera vez que ella se había referido a su progenitor como su padre, siempre habló de él más como un amigo o un pariente cercano. ¿Tenía dudas con eso? ¿Se sentía lastimada? ¿O simplemente era mera falta de costumbre?

Ella suspiró sonriendo levemente —Papá… —asintió tomando un sorbo de su vino— es hora que lo asuma ¿no? Él no supo de mi existencia hasta los diez años y si mi madre no lo hubiese llamado, nunca lo hubiese conocido. Creo que aquí nadie tiene la culpa de su ausencia, son las vueltas de la vida.

Mierda… mi nena era compasiva. Yo le hubiese echado la culpa a mi madre por no haber hecho ese movimiento mucho antes de los diez años, Bella se perdió toda una vida con su padre y aunque la distancia era grande, hubiesen podido profundizar el lazo si él hubiese sabido de ella mucho antes… quizá, tal vez.

Y comprendía a Bella, ella se sentía extraña con esta relación y lo seguía haciendo a pesar de que pasó ya mucho tiempo de ese reencuentro. ¿Decirle "Papá" a alguien que de repente apareció en tu vida? Cielos… Supongo que sería igual de difícil para él también, que de la noche a la mañana se enteró que tenía una hija. ¿Sería el amor instantáneo? ¿Sería que el llamado de la sangre sería lo primordial para hacer nacer ese amor? No me imaginaba en lugar de Charlie, porque no era padre, pero por supuesto comprendía a Bella, porque al igual que ella, yo era un hijo.

Apreté su mano por un instante dándole mi silencioso apoyo —Dale una oportunidad mi amor, te mereces tener un padre.

—Lo sé —dijo con una sonrisa hermosa.

—Oye… —limpié mi boca con la servilleta — ¿Consideraste lo que tu padre quiere? ¿Unas vacaciones antes de que él venga a Chicago?

—No… no lo he considerado, es imposible además. Mi amor, acabamos de llegar de Japón, fue suficiente para mí —se alzó de hombros con una sonrisa —además está León, Jake… no puedo faltar, ya lo he hecho bastante.

— ¿No deseas visitar a tu madre? —mordí mis dientes. Si ella considerara la oportunidad de ir a visitar a su madre yo no me opondría por supuesto, le daría todo mi apoyo… pero carajo que sí la extrañaría y me dolería cada segundo que ella estuviese lejos de mí. Solo pensar en esa posibilidad me dolía el pecho.

Sonrió de una manera que iluminó su cara —Por supuesto que sí, pero no ahora, creo que no es el momento.

—Luego comienza la universidad… ¿cuándo será momento? —metí un trozo de carne a mi boca para callarme de una puta vez.

—Sí no te conociera mejor estaría pensando que quieres deshacerte de mí señor Cullen —sonrió alzando las cejas antes de meter un bocado de ensalada a su boca. Reí negando con la cabeza.

—Sí por mí fuera te ataría a mi cama Bella —suspiré haciendo una mueca —solo pensé que extrañabas a tu madre y-

—La extraño, lo hago… mucho —negó con la cabeza con el ceño fruncido —pero León me despediría si falto al trabajo.

—Mi amor —limpié mi boca nuevamente — ¿no has considerado dejar de trabajar? —Miré mi plato pensando en cómo reaccionaría a lo siguiente que tenía para decir —yo podría… yo, podría pagar tu matricula y si… tu quisieras… podrías mudarte —carraspeé— conmigo.

La miré a los ojos y tomé una respiración profunda tratando de no lucir como si estuviera a punto de salir disparado de la silla por los nervios a su respuesta. Ella pestañó tragando saliva y abrió la boca como un pez en el agua.

Oh mi amor, no es tan difícil, mátame o hazme feliz…

—Edward —susurró casi un minuto después —Es… muy…

—Lo sé, pronto, lo sé —tomé su mano sobre la mesa y besé sus nudillos con fervor —pero te amo y tú me amas ¿no es cierto?

—Sí… con toda mi alma —dijo en un hilo de voz.

—Bien… Sería más fácil para ambos vernos, no sería tan frío entrar aquí luego de un día de trabajo si tu estas llenando este lugar, no sería tan complicado… —mierda… creo que me podía llegar a mear en los pantalones de la ansiedad.

Solo di que sí, di que sí mi vida…

—No me contestes ahora, piénsalo —murmuré soltando su mano con una sonrisa que tapaba pobremente mis nervios —tómate un respiro, viaja a ver a tu madre, renuncia al restaurant, no sé… no dejes de bailar, eso sí que no —reí pasando una mano por mi cabello —pero piénsalo. Te amo y… sería increíble tenerte aquí.

— ¿Con Papi Jr. y todo? —dijo con una sonrisa bailando en sus labios. Reí tomando su mano.

—Por supuesto amor, sé que traes una mochila y te acepto con el paquete y todo —dije seriamente. Ella rió y palmeó mi brazo con una sonrisa en la cara.

—Tonto —murmuró negando con la cabeza, luego de unos segundos asintió y me miró tomando un suspiro —lo pensaré.

—Bien… sabes que te amo ¿no?

Ella asintió mirando su plato, allí estaba esa mirada triste… ¿qué mierda? —Lo sé… —carraspeó recomponiendo su compostura — ¿quieres postre? Leydi hizo pastel de manzana y trajo un trozo.

—Me encantaría nena… si es que no está envenenado —traté de bromear, ella sonrió y salió de la mesa para ir en busca del postre.

Minutos después estábamos silenciosamente sentados en la mesa, ahora las suaves notas de Lady Antebellum sonaban en el ambiente. El postre estaba delicioso, Bella había revestido la parte de arriba con una capa de crema y prácticamente se deshacía en mi boca. Pero no lo pude disfrutar por mucho tiempo…

— ¿Qué fue lo que viste en mí? —Preguntó de pronto tímidamente— ¿Qué fue lo primero que te atrajo? —alcé la mirada al escucharla y fruncí el ceño... ella estaba mirando hacia la ventana sin haber tocado su postre — ¿me viste como mujer o me viste como carne joven? —su mirada parecía ausente, pero su voz estaba bien consciente de lo que preguntaba. Pero… ¿Por qué preguntaba eso?
—Bella... mírame —dije soltando mi tenedor sobre el plato, tomé su mano y tiré de ella suavemente hasta que ella me miró, parecía cansada, hasta ese momento no me había dado cuenta de lo muy cansada que parecía, un par de ojeras oscuras se difumaban debajo de sus ojos y lo peor y que sacudió mi corazón, lucía tan triste —Bella… ¿Qué sucede mi amor? ven por favor... —la obligué a que se parara y viniera a sentarse sobre mi regazo.

Ella miró nuestras manos unidas hasta que tomó una respiración profunda —Por favor dime, ¿qué viste en mí aquella primera vez? ¿Y que de todo eso sigues viendo? —sonrió tristemente antes de levantar su hermosa mirada y clavarla en la mía.

Sonreí alzando mi mano para acariciar su mejilla —Te vi a ti, tal como eres... vi tu frescura y esa erótica mezcla de inocencia y sensualidad, vi una mujer jugando a ser nena y a una nena jugando a ser mujer, vi a mi Sabella y más tarde a Bella... de la cual me enamoré — mordí mi labio y resistí el impulso de abrazarla y besarla hasta perder el sentido —vi esa parte tuya que amo y que me renueva, tu capacidad de amar y aislarme del mundo exterior, contigo me envuelvo y todo es nada. Tú eres calma, paz y placer, tú eres amor... ¿qué más pude haber visto bebé? tú eres mi tesoro y mi escape.

Ella miró su regazo e hizo una mueca —Tú me crees una nena, tal vez por mi edad y por todo eso que dijiste, pero yo quiero ser parte de tu mundo, de todo tu mundo... quiero que seas mi cómplice y quiero ser alguien en quien puedas confiar.
—Lo eres —dije aferrándome a su cintura— lo eres mi amor... confío en ti.
— ¿Lo haces? —ella me miró detenidamente, algo que me hizo repensar mi respuesta.
—Lo hago. —Más sin embargo no pareció convencida con mi respuesta, bajó su mirada y asintió suavemente.

— ¿Sabes que puedes decirme lo que quieras cierto? —le dije alzando su barbilla, ella asintió y sonrió tenuemente antes de acariciar mi mejilla. —Sabes que te amo más de lo que puedo decir ¿no? —asintió de nuevo.

—Demasiado —dijo ella mirándome con cierta ternura. —Demasiado —afirmo —más que a nada en este mundo.

— ¿No es mucho? —sonrió con un atisbo de humor.

—Nunca —mi mirada penetró en la suya, tratando de hacerle creer la verdad, que no estaba bromeando en esto, que mis palabras eran tan ciertas que podía quedarse tranquila. —Daria todo lo que tengo por ti…

Asintió una vez más y saltó de mi regazo. Cuando comenzó a levantar los platos de la mesa sin darme una sola mirada ni dirigirme una sola palabra, sabía que algo había dicho que le sentó mal… ¿qué había dicho? Carajo.

Tomé una respiración profunda y me levanté de la silla a ayudarla, lo hicimos en silencio. Ella envuelta en sus propios pensamientos y yo tratando de dilucidar que era lo que había hecho mal ¿no era suficiente mi amor? ¿Quería ella algo más? ¿Estaría esperando mi proposición?

De repente me sentí eufórico, con el peso de las palabras que nos uniría para siempre en mi lengua, quería decirlas, quería arrodillarme y pedirle… no, exigirle si era necesario que fuera mi esposa. Pero entonces… ¿Por qué se asustó tanto cuando le propuse venirse a vivir conmigo? Cielos, no quería esa sonrisa triste y no quería estar en la incertidumbre, quería hacerla feliz y eso iba a hacer.

Aguanta mi amor… hagámoslo perfecto, luego de la gala… tu sorpresa…

— ¿Mañana almorzamos juntos? —murmuré apoyando mis brazos sobre el desayunador, ella estaba de espaldas lavando la vajilla.

—No… mm… iré con Leydi a buscar algunos últimos detalles para la noche.

Sonreí, sería la gala y no podía esperar para que llegara. Mi mente, mi alma y mi corazón deseaban que la gala ya acabara sin aun comenzar, luego de ella vendría lo que determinaría el resto de mi vida. A propósito de eso, me recordé llamar a Emmett para un par de detalles más.

—Bien… mierda nena, no puedo esperar para verte en tu vestido y llevarte de mi brazo —sonreí acercándome a ella por detrás, la envolví con mis brazos y ella se recostó unos segundos en mi cuerpo. Inhalé su perfume natural, el aroma de su piel, melocotón, vainilla… el de su cabello, su aliento dulce. —Nos veremos por la noche.

— ¿Te vas? —ella dejó lo que estaba haciendo y tomando una franela se secó las manos para voltear hacia mí.

—Tengo que ir a encargarme de unas cosas —dije pensando en mis abogados—luego iré a un par de terrenos y me enfrascaré en más trabajo en el estudio ¿tú qué harás?

—Hoy era mi día de ensayo, generalmente los viernes aprovecho que no trabajo en el restaurant a la tarde para ir al estudio de danzas, pero como mañana no bailaré… —levantó un hombro —quizá saque a pasear a Papi un poco o lo lleve a casa de Leydi. Aunque también quería visitar a Alice y tu mamá en el Dolce Vita.

—Amará tu visita —dije antes de acercarme a ella, bajar mi cabeza sin dejar de mirar su boca y besé sus labios con suaves picotazos, hasta que atrapé su labio y lo chupé gentilmente. Ella rio y aproveché esa risa para invadir su boca con mi lengua ansiosa. —Mmm…

Apreté fuerte su cintura, ansioso por sentirla, por no dejarla ir. Ella sin embargo se separó de mí antes de que nuestro beso pasara a mayores, lo cual hubiese sido un lindo festival entre los platos de la cocina y con un último beso empujó mi pecho con una sonrisa.

—A trabajar dibujante… sus rascacielos esperan —sonrió mordiéndose el labio, sabía lo que estaba haciendo. Seduciéndome. Juntando esas piernitas y levantando un pie por su pantorrilla mientras sus manos la sostenían detrás en el filo de la mesada. Sexy. Endemoniadamente mía.

—Cielos nena… —negué con la cabeza tomando su rostro con ambas manos y plantando un duro beso mojado en sus labios. Con un gruñido me separé y caminé hasta la sala, tomé mi abrigo y luego de una última mirada a esa cosita hermosa que tenía por novia, salí del departamento para ultimar detalles de la gala y del paso más importante de mi vida, lo que involucraba un hermoso anillo que debía pasar a buscar en la joyería.

*o*

El sábado fue un día demasiado largo, cuando lo único que quería era que las horas del reloj pasaran corriendo para estar frente a frente a mi nena luego de la gala. Había terminado de organizar la sorpresa que había preparado para ella por la mañana, antes de recibir la video conferencia con nuestros colegas de Londres, que nos acompañarían en la construcción y monitoreo del estadio de Wembley.

Tanya Denali y James Person eran los que trabajarían codo a codo con nosotros durante los próximos años. No me agradaba mucho Denali, el primer contacto que tuve con ella en Suiza fue un poco empalagoso de su parte y no quería tratar con ella más allá de lo estrictamente necesario, pero trabajar codo a codo precisamente implicaba eso, tratar mucho con ella de aquí a un futuro próximo. La video conferencia se alargó un poco luego del medio día, Person nos mostró los terrenos y los análisis de suelo que el laboratorio dio a conocer durante esa semana. Estaba todo listo…

El estadio de Wembley renacería de sus cimientos y mis colegas y yo nos encargaríamos de que su resurgimiento fuera un éxito mundial.

— ¿Qué vamos a hacer con Ben? —preguntó Jasper ese mediodía mientras ultimábamos detalles del viaje a Londres en el estudio.

Negué con la cabeza, tenía una confusión en mi cabeza acerca de eso, Ben era tan miembro de este proyecto como cualquiera de mis otros socios, él tuvo ideas, las plasmó y son parte del diseño original del Wembley. No había vuelto a hablar con él, pero lo más justo era darle un rédito económico además del reconocimiento que se merecía. Yo mismo me decía una y otra vez que debíamos ambos dejar de lado las diferencias y actuar como profesionales con responsabilidades a las cuales debíamos responder, pero había una parte de mí que no olvidaba las palabras que había tenido para Bella, el momento en que la atacó. Eso no lo podía perdonar ni pasarlo por alto.

Carajo… cuando pensaba en todo ello, se iba a la mierda la diplomacia.

—Tenemos que hablar con él y los abogados y llegar a un acuerdo, a pesar de que no lo quiero en la sociedad y él renunció, este proyecto es tanto de él como de cualquiera de nosotros, sería injusto no darle el reconocimiento que se merece.

—Bien, veré si su abogado y él están dispuestos a reunirse con nosotros antes del viernes que viene.

—Bien —me entretuve en los planos que tenía sobre mi escritorio, ultimando detalles, asegurándome que estuviera todo perfecto, todo bien, como yo lo quería.

— ¿Por qué esta vez no llevas a Giovanni? Habías dicho que los pasantes irían para hacer trabajos de suelo —alcé la mirada a mi amigo, Jasper me miraba con una ceja alzada y la Tablet en sus manos.

—No lo quiero en Londres, mierda… aunque tampoco lo quiero acá durante mi ausencia ¿puedes enviarlo a cualquier otro lugar? —de repente me di cuenta de que no lo quería en ningún lugar cerca de Bella. ¿Por qué? No lo sabía… solo sabía que las palabras que habíamos intercambiado la otra vez me habían caído como una roca en el estómago y no lo quería en ningún lugar cerca de mi novia ¿Estaba rodeado de idiotas o qué? —De todas maneras ¿Cuándo termina su pasantía?

—Creo que depende de ti, si presentas una queja en la Universidad pueden cesar la pasantía, de lo contrario puede durar tanto como quiera el alumno.

—Mierda —susurré frunciendo el entrecejo. ¿Por qué de repente Giovanni me daba mala espina? Había algo en él que no había dilucidado antes, ¿o solo sería el hecho que parecía interesado en mi novia?

— ¿Por qué lo quieres fuera? —Jasper suprimió una sonrisa — ¿es por lo que dijo de Bella la otra vez?

—Sí… no, bueno… — me dejé caer en el respaldo de mi silla —hay algo en él que no me alcanza a gustar.

—Aja… y ese algo no será ¿celos? —Jasper alzó una ceja con las comisuras de su boca moviéndose en una sonrisa.

—Hijo de puta —murmuré negando con la cabeza, me centré nuevamente en los planos.

—Lo enviaré a Nueva York junto a Jackson a la conferencia arquitectónica —rio Jasper negando con la cabeza.

—Gracias —dije sin levantar la mirada.

La tarde pasó rápido luego de eso, llamé a mi nena luego de almorzar un par de porciones de pizza con los chicos en el Loop y me dio el contestador, dejé de insistir cinco llamadas después, frustrado y ansioso.

— ¿Qué sucede? ¿Estas nervioso por lo de esta noche? —Emmett se había sacado la chaqueta y tirado sobre el sofá pulcro de mi madre, su corbata yacía olvidada por algún lugar en la entrada y los puños de su camisa por los codos, su mano iba y venía del plato a la boca sin respiro, devorando literalmente un trozo de pastel de queso.

— ¿Nervioso el arquitecto vanguardista mas exitoso de los últimos años? —Rosie salió de la cocina llevando en su mano un vaso de gaseosa, la miré con los ojos entornados, ella simplemente alzó los hombros dejando el vaso frente a Emmett, que no tardó en tomarlo de un solo trago.

Miré mi celular y reprimí la ansiedad de llamarla una vez más, si ella no atendía sería porque estaba ocupada en algo, seguramente con Leydi o mi madre o Alice… sí, seguramente.

— ¿Qué es? —alcé la mirada a Rose, ella se sentó a un lado de Emmett y me dio una tenue sonrisa — ¿El Spire? —Negó con la cabeza con una sonrisa condescendiente — ¿alguna noticia nueva con respecto a Aro?

—No —volví a mi celular y con mi pierna rebotando sobre la alfombra, decidí mirar mi correo electrónico —ha estado bastante callado últimamente y las pocas veces que se contactó conmigo lo hizo a través de su abogado. No hay nuevas novedades más que la que se cierne sobre mi cabeza… supongo, que está esperando que yo renuncie voluntariamente al Spire, tal vez no quiera llevar las cosas más allá de lo legal.

Rose suspiró y miró a Emmett que alzó una ceja en su dirección —Viejo bastardo hijo de puta —masculló mi hermana inquieta, Emmett con una sonrisa enorme palmeó su rodilla como felicitándola.

—Oh sí, adoro esa boca —murmuró para que Rosalie palmeara su brazo.

— ¿Y tú se lo entregaras? ¿Lo harás? —Rose parecía casi furiosa, pero ella siempre era así. Podía parecer una perra para los demás, pero mi hermana era apasionada con lo que concernía con sus seres queridos. —Edward… no puedes hacerlo, dale pelea.

—Lo intento Rose, pero digamos que Aro me tiene acorralado, no pienso ceder a sus caprichos, estoy pagando a los mejores abogados para defender mi derecho al Spire, pero a veces pienso si eso es lo que debería hacer… —negué con la cabeza mirando mis manos —quizá si lo dejo ir pueda deshacerme de esa familia, no quiero ni un puto hilo más que me mantenga conectado con los Vulturis y quizá, esto sea lo mejor.

Ella negó con la cabeza, por supuesto en desacuerdo — ¿Qué dice Bella de esto?

Sonreí —Ella es como tú, quiere que pelee y lo estoy haciendo por ella de igual forma —por supuesto Rosalie no sabía el trasfondo de todo esto, pero supuse que lo intuía, como todos los demás —mierda… es mucho por perder si Aro gana, mi reputación, el lugar que me gané durante todos estos años, quizá hasta este en juego mi título y… no puedo hacerme el ciego con eso. Sé que habrá más edificios, más proyectos, pero… cielos… es el Spire.

—Tienes toda la razón, es EL proyecto —murmuró enfáticamente —no puedes renunciar así por que sí… Edward, te vi años trabajando en él, tu entusiasmo, tus nervios cuando pusieron la piedra inaugural, tu sueño… ¿cómo puede este viejo de mierda jugar con algo así?

—No está jugando… él sabe muy bien cuales son mis debilidades y el Spire es una de ellas… —dije con la misma intensidad. Ella me quedó mirando por un momento y su cuerpo se fue relajando poco a poco hasta que finalmente asintió y pareció comprender.

—Bella —dijo con un inicio de sonrisa en la cara.

—Bella, sí… mi otra debilidad —asentí. Y el reconocimiento y comprensión que siempre hubo entre nosotros flotó en el aire.

—Acerca de eso… —Emmett lamió su cuchara como un gato lame su pata — ¿Por qué no le muestras parte del motivo que te tiene así de nervioso?

Rose alzó una ceja y miró entre Emmett y yo.

— ¿Alguna vez mantienes tu bocaza cerrada? —Dije parándome del sofá —Me extraña en serio que ella todavía no lo sepa —miré a Rose que esperaba respuestas con el ceño fruncido —supongo que a la noche te enteraras —sonreí fugazmente y comencé a caminar hacia la puerta.

— ¿y por qué no ahora Cullen? —la impaciente de mi hermana se paró y me siguió.

—Porque debo ir a prepararme para esta noche y tú y Emmett deberían hacer lo mismo, así que… —abrí la puerta y casi corrí bajando las escaleras del porche. Subí a mi auto y me alejé de casa dejando a una Rose intrigada seguramente hostigando a mi cuñado para que hablara.

*o*

Oh cielos…

Alcé mi mano y la mantuve horizontal frente a mí, temblaba como la puta madre. Y no era la gala en sí lo que me tenía nervioso y casi arrancando los cabellos de mi cabeza, era lo que vendría después.

Palmeé mi bolsillo interior del saco de mi frac y suspiré, el anillo estaba allí, guardado y esperando encajar con seguridad y para siempre en un dedo, el de mi Bella.

¿Qué más hacía falta?

Oh si, tomé un respiro y mojé mis manos en el lavamanos para rastrillar luego mi cabello con mis dedos, peinándolo hacia atrás. Tenía que pasar a buscar a Bella a su departamento en una media hora más, pero mis pies estaban que saltaban hacia la salida y corrían hacia ella, tuve que entretenerme mirando las fotos que tenía en mi celular de Bella y mías de cuando fuimos al acuario.

Estaba mirando con una sonrisa enorme tirando de mis labios, a Bella tocando la ventana que la separaba del acuario de los delfines, uno muy cerca de su mano se inclinaba hacia ella con curiosidad mientras Bella sonreía casi aturdida, pero mi sonrisa se tornó en una mueca cuando el nombre de Heidi parpadeaba en la pantalla de mi celular.

¿Qué mierda quería? Quería ignorar la llamada, pero algo dentro de mí me impulsó a tomarla, no lo sabía… quizá una intuición o algo parecido.

— ¿Qué quieres Heidi? —dije dirigiéndome hacia el espejo de la entrada de mi departamento. La parte narcisista en mí se acomodó la corbata de seda por enésima vez, peinó mis cabellos hacia atrás y acomodó el cuello del saco del frac.

Edward… ¿estásocupado? Bueno, no importa, tengo que contarte algo— su voz parecía urgente.

—Nada que puedas tener para decirme me interesa Heidi, estoy de salida…

— ¿A la Gala del Milenium?... mi padre estará allí, yo iré con él, como en los viejos tiempos ¿recuerdas?—carraspeó— bueno… él estuvo hablando con sus abogados aquí en casa hoy.

— ¿Eres espía de tu padre Heidi?, no lo puedo creer —dije con un dejo de sarcasmo. Recibí un mensaje al tiempo que Heidi parloteaba, Diego me esperaba abajo. Salí hacia los ascensores de mi pent-house listo para pasar por Bella.

Amo a mi padre, pero a ti te amo más… eso resume todo —dijo firmemente, hice una mueca y preferí no decir nada, era como gastar saliva en vano, ¿ella no iba a entender nunca que yo no sentía nada por ella? Si es que alguna vez lo sentí.

—La verdad Heidi, no estoy preocupado por tu padre, esta noche es importante para mí y no me la arruinaras ni tú ni nadie… mis abogados se están encargando de ello

Lo sé, solo quería prevenirte, sabes que me niego a dejar que tires tu carrera por la borda. Perder algo por lo que llevas luchando cuatro años no es propio del hombre que amo, nunca fue tu estilo. Por eso estoy de tu lado, a pesar de que me lastimaste profundamente a mí y a mi familia. Mi padre está dispuesto a desligarte del Spire y creo que lo que suceda hoy en la gala será un punto de inflexión, quizá esté esperando algo de ti…

Sus palabras me mantuvieron en alerta — ¿Qué es lo que crees que está esperando?

No lo sé con certeza, mi intuición me dice que espera verte arrepentido o quizá culpable. Es la primera aparición pública en la que se encontraran cara a cara luego del escándalo y… quizá está esperando tu manera de actuar —su voz se mantuvo cautelosa y entrecerré los ojos mientras el Mercedes iba en dirección a mi nena.

—Pareces muy segura Heidi.

Te dije que oí a mi padre hablar con su abogado. Además lo conozco, él está esperando tu arrepentimiento, tiene fe en ti como, y esta noche será como una prueba —ella tomó una respiración profunda —Edward, no cometas un error más, yo estaré allí a su lado, ven a mí y pruébale lo mucho que sientes que las cosas hayan sucedido como sucedieron.

Quise reír, malditamente quise reír.

— ¿Quieres que finja que todo está mas que bien y vaya a ti con plan de reconciliación? — no lo podía creer.

Es lo mejor que podrías hacer si quieres mantener al Spire, Edward piénsalo, te quiero ayudar, sé que... es difícil que lo nuestro resurja, pero inténtalo, por tu carrera, por ti.

Negué con la cabeza aún incrédulo, Diego se estacionó a un lado de la calle de Bella y bajé del auto dispuesto a acabar con esta ridícula conversación. —Heidi, debo irme, mira… olvídate de ayudarme, no quiero ser ayudado por ti. Ya dije que tengo mis abogados al mando y no cambiará nada… así que-

Edward, piénsalo, solo eso… aún tienes tiempo.

Corté la llamada asqueado, no podía creerle a esa mujer. Me estaba pidiendo algo que en mi jodida vida volvería a hacer, volver con ella. ¿En qué mierda estaría pensando cuando se le ocurrió esa estupidez? ¿Aparentar un arrepentimiento?... ni para salvar mi culo, ni para salvar mi vida. ¿Acaso no estaba en sus registros que Bella era mi vida ahora? No, por supuesto que no, su egoísmo no la dejaba ver más allá de sus narices.

Sacudí la cabeza tratando de despejar mi enojo y frustración. Marco, el conserje, me sonrió educadamente cuando me vio llegar a la puerta del edificio y abrió la puerta para mí, lo saludé con la misma educación y subí al ascensor. No sabía con qué me podía encontrar al llegar al departamento de mi nena, pero mierda… sabía que sería increíble. Ella por primera vez me acompañaría a un evento social aquí en Estados Unidos, ya que nuestra salida en Japón a la cena del grupo Wonghlan, no contaba. Este era nuestro terreno y no podía esperar para verla brillar en todo su esplendor.

Una respiración profunda y toqué el timbre, oí un correteo al otro lado de la puerta, una corrida de ladridos chillones de Papi y los gritos histéricos de Leydi dirigidos al perro. Fruncí el ceño a punto de reír, pero se abrió la puerta.

Leydi estaba en el umbral con el perro en sus brazos y una mirada de apreciación sobre mí, asintió con la cabeza y abrió más la puerta para dejarme entrar.

—Sí… definitivamente si te esfuerzas puedes lucir bien Cullen.

—Oh ¿en serio? —reí sacando una golosina para perros de mi bolsillo, en ese momento Papi comenzó a agitarse en los brazos de Leydi para alcanzar mi mano —Eso es decir mucho viniendo de ti Leydi —ella dejó al perro en el suelo y con un movimiento rápido de mi brazo lancé la galleta en forma de hueso sobre el parqué de la cocina. Fue chistoso ver al chihuahua revolver sus pequeñas patas y salir corriendo detrás de la golosina, derrapando sobre el suelo.

—Traidor —masculló Leydi negando con la cabeza, cuando volteó a mí hizo un gesto hacia el sofá —siéntate y prepárate para tu ataque al corazón.

Alcé las cejas pero obediente caminé hacia el sofá y me senté mirando hacia el corredor ansiando ver a mi novia.

— ¡Bella!... ¡trae tu delicioso culo aquí que te están esperando! —Leydi salió hacia el corredor y tras oír unas voces me paré de un salto al escuchar el sonido de unos tacones sobre el suelo.

Y Leydi tenía razón, mierda… tanta razón. Mi mano voló hacia mi pecho como si quisiera detener a mi corazón queriéndose salir de mi cuerpo. Mi respiración quedó atorada en mis pulmones y mi razón solo quedó flotando en algún lugar por ahí. Cielos… mi mirada estaba clavada en ella.

Había aparecido caminando por la esquina del corredor y no había levantado la mirada hasta que estuvo a unos metros de mí. Me miraba con una mezcla de timidez y expectación, pero yo conocía a mi nena, ella estaba extasiada con toda la cosa. Ella estaba más allá de hermosa.

—Bien… Mmm… algo cuelga de tu labio Cullen —parpadeé desviando mi mirada a Leydi, que había venido detrás de mi nena. Tenía un dedo señalando en su labio. Cerré mi boca y tragué saliva y volví a Bella.

—Mierda… —no pude más que decir, algo que provocó el burbujeo de una suave risa en sus labios —Digo… wow… dime una palabra nueva que llegue a describir lo tan hermosa que estas, porque estas mas allá de solo estar hermosa.

— ¿Te gusta? —ella hizo un puchero con sus labios y puso sus manos en las caderas mirándose y contorneando esas caderas que me volvían loco.

Ese vestido gris luminoso envolvía cada curva de su cuerpo con precisión asombrosa, como si hubiese sido hecho a su medida, como un puto guante. Caía hasta sus pies desde su busto y me quedé mirando embelesado como la tela se amoldaba a cada uno de sus pechos, como una concha de mar abierta. El vestido marcaba su forma como el de una sirena y se ajustaba hasta sus rodillas, de allí en más se soltaba formando un suave vuelo que caía hasta las puntas de sus tacones de color gris.

—Cielos… bebé —reí rastrillando una mano sobre mi cabello y acercándome a ella. Las palabras inteligentes habían huido de mi boca dejándome estúpido —esta noche será larga.

Leydi rodó los ojos y mi Bella rió. Me acerqué a ella y tomé su carita entre mis manos, sin poder dejar de mirar sus labios. Dejé un beso dulce sobre ellos tratando de no arruinar su maquillaje, que no era acentuado, sino que suave y sutil. Su cabello se trenzaba detrás de su nuca en una trenza complicada y elegante, que dejaba mechones de cabello fuera, algo que la hacía lucir natural y elegante sin embargo.

—Quiero ver la cara de los infelices que me vean entrar a esa gala, de tu mano… ¿está mal querer reírme en sus caras?

—Mmm… —ella se acercó a mi cuerpo recorriéndome con la mirada, ese puchero en sus labios otra vez, dios… me daban ganas de morderla —lo mismo puedo decir yo al desear ver a esas mujeres retorcerse de envidia.

Volví a besarla con una sonrisa en nuestras caras. Anclé mis manos en sus caderas acariciando su culo, especialmente remarcado con ese vestido, con mis pulgares, sus manos enredándose en mi cabello y jugueteando con él.

Salimos del departamento luego que Leydi nos echara, montamos en el Mercedes y nos abrimos paso a través de la ciudad intercambiando besos y caricias en cada parada de semáforo. Por dios… no podía esperar, el anillo de diamante amarillo quemaba en mi chaqueta y ya quería que estuviera vistiendo su dedo, nunca antes, ni siquiera en la inauguración de mi primer proyecto, estuve tan nervioso.

*o*

— ¿Estás nerviosa? —murmuré cuando Diego estacionó enfrente de la entrada del Milenium Park. La organización había montado una gran carpa justo frente al Pabellón de conciertos, el lugar estaba cerrado al público por lo que solo los invitados podrían recorrer el lugar.

Bella miró por la ventanilla del auto y tomó una respiración profunda, haciendo que su escote dejara entrever esos pechos hermosos que mas tarde lamería. Allí afuera habían fotógrafos, que por supuesto estaban presentes en un evento de tal envergadura, seguramente nos toparíamos con colegas y gente que la intimidaría, pero conocía a la guerrera que residía en su interior, fue lo que me enamoró de ella, así que estaba seguro de que no tendría miedos, no cuando todos iban a ver a la Bella que era mi fuerza, mi paz.

—No… bueno, sí. Estoy nerviosa, pero… —me miró y sonrió dándose ánimos —estarás a mi lado, así que estaré bien.

Sonreí orgulloso, eso quería ser para ella, siempre, su punto de apoyo, su piedra de toque.

—Estarás bien, estaremos bien… esta noche estas deslumbrante, deja que te conozcan mi amor —atraje su rostro al mío tomando su nuca con mi mano y besé sus labios suavemente.

Diego abrió la puerta del Mercedes y los primeros flashes deslumbraron nuestra llegada, salí del auto y volteé a tender mi mano para que mi novia saliera. Había periodistas por supuesto, por lo que a medida que íbamos caminando a la gran carpa que marcaba la entrada al Milenium, tuve que responder algunas preguntas.

— ¿Señor Cullen, está usted hoy aquí en lo que fue su primer proyecto en conjunto con Frank Gehry? ¿Qué se siente volver luego de cuatro años al lugar que usted mismo creó y cómo fue su experiencia al trabajar con Frank, uno de los arquitectos más destacados mundialmente?

Me aferré a la cintura de Bella y sonreí ante la pregunta.

—Fue un placer sin duda, Frank es un hombre que me ayudó mucho y estuvo allí para mí como un gran mentor, creo que le debo gran parte de mi éxito a él, fue como una fuente de inspiración, su estilo es el que adopté de hecho. Y estar aquí esta noche, de la mano de mi hermosa novia —miré a Bella y apreté su cintura, ella sonrió sin separar la mirada de la mía —es como un sueño, luego de cuatro años me siento completo.

Agradecí al periodista y avancé hacia la entrada, aunque otra pregunta surgió de otro entrevistador.

—Señor Cullen, hemos estado atentos a la repercusión que tiene el inicio de uno de sus proyectos más ambiciosos como lo es el Estadio olímpico en Londres… en contraste a ello, ¿qué nos puede decir acerca de la protesta de obreros que hay a causa de la suspensión de la construcción del edificio Spire? ¿Cree que tendrá pronta solución?

Carraspeé incomodo pero sin dejar reflejar mi inquietud ante la pregunta, especialmente porque Bella estaba a mi lado y ella no sabía sobre eso… mierda.

—Es un tema que esta pronto a resolverse, confío en que los inversionistas del Spire encontraran una pronta solución. Muchas gracias —llevé a Bella lejos de ese periodista y sin responder ninguna pregunta más, cruzamos la arcada de bienvenida. Miré a Bella mientras entregaba su chalina gris plata a una de las anfitrionas e hice una mueca al ver en su rostro ese ceño fruncido de preocupación, seguramente en algún momento de la noche iba a tener que responder sus preguntas. De la mano esperamos a que la gente que recientemente había llegado, transitaran el camino empedrado que llevaba hacia la gran carpa y avanzamos con la anfitriona guiándonos.

Al llegar al lugar, me sorprendí gratamente al ver la magia que había hecho con los terrenos del Milenium.

La noche además de estar iluminada por el cielo despejado y lleno de estrellas, también estaba iluminada por cientos de luces que se suspendían de un tejido que cubría la extensión que iba desde la gran carpa hasta el Pabellón de conciertos y las luces de los edificios que se alzaban alrededor. Cada mesa que se extendía sobre el suelo flotante que habían instalado allí, estaba iluminada por velas en su centro y la Filarmónica de Chicago tocaba en el Pabellón como uno de los números de la noche.

La anfitriona nos llevó a través de la gente hasta nuestra mesa, en la cual estaba mi familia esperándonos, conduje a Bella hacía allí tomando su cintura. Sus ojos brillaban mientras caminábamos, mirando todo, absorbiendo con los sentidos cada cosa que la organización había hecho con el lugar, no pude dejar de sonreír al recordar que en este mismo lugar ella pasaba sus domingos, con un almuerzo liviano y buena música.

— ¿Qué te parece? —dije en su oído. Ella me miró y sonrió suavemente.

—Es hermoso, nunca me imaginé verlo de esta manera —miró sobre su cabeza y luego hacia sus lados —todo es hermoso, las luces, las fuentes iluminadas, la música.

—Y tú… tú eres la cosita más hermosa aquí mi amor —murmuré antes de besar un lado de su cuello. Ella sonrió y miró hacia la mesa.

—Wow… que hermosa —Alice casi gruñó mirando a Bella. Estaba preciosa con un vestido Camel casi transparente y su cabello rizado sobre su coronilla. Mi madre sonrió al vernos y se paró a recibirnos.

—Están hermosos los dos —nos besó y se alejó mirando a Bella, que intercambiaba palabras con mis hermanas y mi madre, que estaba resplandeciente con un vestido purpura. La dejé con ella y me acerqué a mi padre que hablaba con el hombre, al cual había reconocido por su cabello blanco y sus anteojos, un hombre que había sido un gran apoyo en mi carrera.

— ¡Edward! —Frank abrió los brazos y fui a su encuentro, no lo había visto desde la inauguración del Milenium hacía cuatro años, no porque no había querido, sino por los contratiempos y nuestras vidas agitadas. Frank vivía en Londres y había llamado hacía unas semanas atrás para felicitarme cuando se enteró que el Estadio de Wembley era mío. Habíamos tenido una relación de amistad mientras él vivía aquí por el proyecto del parque y había entablado una agradable amistad con mis padres, por lo que prácticamente era de la familia.

—Frank, que bueno que hayas podido venir.

—No podía faltar, este lugar es muy querido para mí, en esta ciudad conocí a mi esposa.

Por supuesto, Frank había conocido a su tercera esposa aquí en chicago y de alguna manera este lugar estaba ligado a él, porque resultó ser que su esposa era una de las cinco ingenieras que había participado en la construcción.

—Bueno, todos tenemos nuestras historias aquí… ¿Eh Edward? Supe que tienes la tuya…

Sonreí ante la insinuación de Frank, por supuesto mis padres se habían encargado de contarle sobre Bella. Miré a mi novia sobre mi hombro y la vi riendo por algo que Alice dijo. Algo pasó entre nosotros que ella miró hacia mi dirección y capturó mi mirada, le extendí la mano y ella comenzó a caminar hacia mí. Dios… estaba tan hermosa que no podía despegar mi mirada de ella. Tomé su mano y besé sus nudillos.

—Frank, ella es Bella, mi hermosa novia. Bella… él es Frank Gehry mi colega y jefe en el proyecto Milenium.

Frank extendió una sonrisa y asintió hacia Bella tomando la mano que ella le ofrecía, —Soy un viejo, pero déjame decirte esto. Eres encantadora Bella y un tesoro aquí esta noche.

Ella sonrió y sus ojitos brillaron con admiración —Gracias señor Gehry, encantada de conocerlo, me han hablado mucho de usted.

—Oh… bueno, espero que bien —rieron ambos, tomé a Bella de la cintura y besé el tope de su cabeza. Pasaron los minutos y se fue sumando gente a nuestro alrededor, gente que trabajó con nosotros codo a codo en la construcción y diseño de las diferentes áreas del parque, como Jaume Plensa y Kathryn Gustafson.

Bella estaba exultante y yo no me perdí ninguna de sus reacciones, todo el mundo a nuestro alrededor hablaba sobre arquitectura y vanguardia, diseño y arte y ella participaba de las conversaciones animada por Frank, al cual le agradecía mucho y por Emmett o Jasper, desplegando su gran atractivo como estudiante universitaria de periodismo.

El momento de la cena llegó y nos separamos encaminándonos a nuestras respectivas mesas, Frank se sentó en nuestra mesa ignorando la disposición que la organización había previsto. Él y mi padre se enfrascaron en una conversación que incluía política y economía.

— ¿Cómo la estás pasando? —murmuré cuando un mozo puso frente a mí un plato exótico de algo que lucía como verduras. Bella sonrió y se acercó a besar mi mejilla.

—Muy bien, esta gente es increíble… son profesionales, pero ¡tan bohemios y amantes del arte, me encanta! —dio un saltito sobre su silla y reí por su entusiasmo. Comimos entre palabras, miradas y sonrisas, los besos vinieron luego antes del postre.

—Así que dime Edward… ¿En qué estás trabajando a hora además del estadio? —Frank comió un bocado de su postre, que consistía en un creme brulee flambeado y caramelizado con rodajas de limón, quebré el caramelo que recubría el mío y lo miré.

—Estamos trabajando en la Torre Cocoon de Tokio. Además de otros proyecto pequeños, la semana entrante vamos a viajar a Londres a presenciar la primeras excavaciones para el estadio y… —miré alrededor de la mesa, todos estaban o enfrascados en conversaciones con el de al lado o terminando su cena. Bella me miraba expectante, tomé un respiro y miré a Frank —está el proyecto del Spire, pero… las obras están detenidas por el momento.

—Oh sí, oí sobre eso… Aro Vulturis expuso la denuncia como si fuera un gran escándalo, te puso en evidencia ante el Comité de arquitectura… ¿qué sucede con ese hombre? —Frank negó con la cabeza.

—Son acusaciones falsas —dije sin poder mirar a Bella —carecen de lógica, no hay atraso en la construcción y definitivamente no hay fallos con el diseño ni el dinero invertido.

—Por supuesto que no los hay, conozco tu manera de trabajar… ¿tienes buenos abogados? —Frank me miró sobre sus anteojos —esto suena a algo más personal Edward, deberías tener cuidado, un hombre como Aro Vulturis no vacilaría en aplastar la carrera de alguien con un solo movimiento.

Suspiré tragando saliva, mierda… sentía la tensión de Bella a mi lado y sus manos habían dejado de estar ocupadas con el postre, ahora estaban sobre la mesa empuñadas —Los mejores de Chicago —murmuré probando nuevamente mi postre, el silencio de Bella me mataba —están haciendo lo necesario, tendré al Spire funcionando dentro de poco y bajo mi mando y esto pasará, como si nada hubiera pasado… espero que Aro se comporte profesionalmente así como yo lo estuve haciendo —dije tratando de parecer despreocupado.

—Por supuesto que lo debería hacer, además te conozco… tu lucha y tu fuerza y sé cuánto trabajaste en ese proyecto durante tantos años —rio recordando algo —solías ir a mi oficina con los bosquejos y los planos para buscar mi opinión, algo que discutíamos durante los almuerzos.

—Solía hacerlo, sí —sonreí ante las memorias, Bella a mi lado estaba distante, me atrevía a mirarla tomando su mano debajo de la mesa. Algo había captado su atención por encima de la cabeza de Frank y más allá, cuando seguí su mirada me encontré con los ojos grises de la mujer que alguna vez había pensado que amaba. Ella sin embargo no miraba a Bella, me miraba a mí con tanta intensidad que hasta pude captar un destello de anhelo y suplica. Aro estaba a su lado, pero el saludaba a otros invitados charlando con ellos alternadamente, Sulpicía lo acompañaba y también Jane y Alex. La familia Vulturis en toda su expresión.

Miré a Bella y me acerqué a ella abrazando su cintura, besé su mejilla y le susurré al oído.

—Has como si ella no estuviera aquí mi amor, no es nadie, nada… no dejes escapar la sonrisa que toda la noche te acompañó —apoyé mi frente en su sien y esperé a que desviara su mirada.

Ella asintió y tras un suspiro volteó a mí, —Te amo —susurró besando mis labios, a lo que correspondí con énfasis atrapando su lengua con la mía, haciéndola jadear mientras nuestras bocas se abrían una a la otra con hambre y desesperación. Sentí sus manos en mi nuca y un gemido brotar de su garganta, lo que me hizo sonreír… ella estaba marcando territorio. Acaricié sus mejillas con ambas manos con suavidad y ella se separó dándome pequeños picotazos en los labios, con nuestras respiraciones entrecortadas y nuestras frentes tocándose.

—Yo también… no tienes ni idea mi amor —susurré.

—Sí… lo sé, me hago una idea —dijo con una leve sonrisa mirando mis labios —y me da miedo…

— ¿Qué te da miedo? —Acaricié su labio inferior con mi pulgar, — ¿Qué te amé tanto hasta el punto de matar por ti?

Ella me miró primero con sorpresa y luego con cierta tristeza, la misma que había estado trayendo en sus ojos durante toda la semana —Que me ames tanto… que —alzó los hombros y miró mi corbata —que no veas más allá de mí.

—Oh mi amor, veo más allá de ti, créeme… veo nuestro futuro. ¿Y sabes cómo lo veo? —me acerqué a sus labios y chupé el inferior con los míos —me imagino a ti viviendo conmigo, haciendo el amor cada mañana, con Papi ladrando por tus gritos mientras te penetro sin control —y logré que se riera.

—Eres un pervertido, Frank y todos en la mesa pudieron haberte escuchado.

Miré por debajo de mis pestañas, mis padres no estaban en la mesa, Rose y Alice conversaban con algunas amigas que habían encontrado y Frank reía por algo que Emmett había dicho.

—Nadie escuchó, puedo hacerte tener un orgasmo ahora mismo que nadie lo va a notar.

Ella empujó mi brazo y me miró con espanto pero con una sonrisa.

—Edward Cullen —rio negando con la cabeza, miró la pista de baile donde algunas parejas se movían al compas de la música y luego me miró suspicaz —Vamos a bailar… no me has invitado y eso no te lo permito.

—Mierda, mal de mí —me paré rápidamente y levanté mi mano hacia ella, algo que le hizo reír. — ¿Me harías el gran honor de bailar conmigo mi amor?

—Por supuesto —dijo ella con fingida parsimonia. Tomó mi mano y se paró sosteniendo con la otra el vuelo de su vestido. Caminamos tomados de la mano hacia más allá de las mesas, debajo del escenario, donde las parejas invitadas bailaban un cover de Michel Buble. El lugar era increíble, apenas iluminado más de lo necesario para crear un ambiente intimo y romántico con las luces iluminándonos desde arriba y las farolas pequeñas de cada mesa. Bella se veía increíblemente hermosa bajo esa luz diáfana y no podía separar mis ojos de ella.

Tomé su cintura con ambos brazos y ella abrazó mi cuello haciendo que nuestros cuerpos no tuvieran ni un mínimo de separación, nuestras frentes se tocaban mientras bailábamos suavemente sobre el suelo de mármol flotante. Respirábamos el mismo aire y ella cerró sus ojos mientras la música llenaba sus oídos, mis manos avariciosas comenzaron a rozar las cimas de su culo y su baja espalda. Y las preocupaciones se habían ido… así de fácil, en sus brazos todo dejaba de existir.

Pasaron dos canciones más que bailamos así de juntos, cuando alguien tanteó mi hombro. Me separé de Bella y miré a mi derecha, encontrándome con la mirada de Jasper. Una mirada que no me gustó en absoluto.

— ¿Qué… —no terminé de peguntar, ya que Jasper se acercó a mi oído y susurró unas cuantas palabras.

—Aro quiere verte en privado, vamos contigo, está en el Solárium —se separó de mí y asintió alejándose.

Dios…

Tomé una respiración profunda y miré a mi nena, que tenía sus ojos en mí con un dejo de preocupación en ellos.

—Tengo que reunirme con algunas personas mi amor, ve con mi madre y mis hermanas… yo estaré de regreso en unos minutos ¿sí? —comenzamos a caminar saliendo del área de baile.

— ¿Está todo bien? —murmuró mirándome con preocupación.

—Sí, no te preocupes, todo bien… prepárate que luego quiero bailar mucho más —traté de que mi sonrisa fuera despreocupada. Ella asintió sin sonreír y la llevé hasta nuestra mesa.

*o*

El Solárium era literalmente un jardín de invierno en medio del Milenium Park, decorado y ambientado especialmente esta noche como un salón para reuniones con un bar lateral y una gran mesa con bocadillos y canapés.

Entré atravesando la antesala, que era un pequeño hall con hermosas esculturas y plantas de diversos tipos. Abrí la segunda puerta que me llevaba al salón improvisado y entré en él con Jasper y Emmett a mi lado. Aro estaba sentado en la mesa pero no estaba solo, dos de sus abogados lo acompañaban, los tres estaban fumando unos puros y tomando el clásico coñac de Aro. El lugar era hermoso, algo que nadie podía pasar por alto bajo ninguna circunstancia, las paredes eran altas y de cristal limpio, el techo era abovedado y formado por vitrales coloridos que en pleno día brillarían iluminándolo todo con ases de color. Pero no estaba allí para admirar el lugar, estaba ahí para algún motivo que solo Aro sabía y que me tenía intrigado y que requería la presencia de sus dos abogados, algo que me hacía sentir en desventaja, ni Eleazar ni los abogados de Emmett o Jasper estaban presentes. ¿Qué mierda?

—Aro… si aquí se hablará sobre el Spire prefiero que mis abogados estén presentes.

—Edward por favor relájate… y siéntate, chicos… —señaló las sillas que faltaban llenar a los lados de la mesa, Jasper y Emmett se mantuvieron estoicos a mi lado, olía a algo raro y sabía que ellos igual lo sentían en el aire.

—No tengo todo el tiempo del mundo Aro, estamos en una maldita gala, mi novia me espera y toda mi familia está aquí, así que… ¿qué quieres? —enfaticé novia, si era cierto lo que Heidi había insinuado, él tenía que saber que yo no me vendería jamás de esa forma. Prefería darle el Spire en bandeja de oro.

—Quería dejar en claro algunas formas y ver si finalmente podemos llegar a un acuerdo, es un lugar neutral y me pareció lo más apropiado de acuerdo a los últimos acontecimientos —Aro empujó suavemente el tablero de ajedrez a un lado y uno de sus abogados colocó una carpeta de manila sobre la mesa. ¿De qué mierda de acontecimientos hablaba? —Esto es una negociación, está en ti y en tus socios tomarla o no —alzó una ceja con una sonrisa socarrona en los labios y tomó los papeles que el abogado le acercaba. Mi ira estaba a flor de piel, pero mi curiosidad también pedía salir a la luz, opté por tomar una respiración profunda y esperé. Conocía su manera de negociar, él negociaba con los lazos familiares, las personas, ignorando totalmente el dolor ajeno o las opiniones. Por lo que debía prepararme para lo que pidiera, algo que seguramente rechazaría si era lo mismo o similar a lo que había insinuado al principio de este maldito lio. Jamás mi lealtad estaría para con su familia y mucho menos con su hija.

—Por favor, tomen asiento… esto tomará un tiempo si aceptan escuchar.

Miré a Jasper y a Emmett, ambos me miraron con recelo pero avanzaron conmigo para ir a sentarnos frente a Aro.

—Te escuchamos.

—Primero que nada, vamos a aclarar que lo que hago, lo hago por mi hija y mi familia, ella aun te ama… no sé cómo es posible, pero lo hace. Te voy a dar una oportunidad Edward, si la rechazas, aquí tengo los contratos y sus anulaciones correspondientes…

— ¿Esto es un ultimátum Aro?... —reí sin gracia —no me tendría que sorprender de ti, estás acostumbrado a jugar sucio. ¿Cómo supiste que estaría aquí? ¿Acaso ya venías con todo planeado Aro? Esta noche es especial para mí y tú me la estas arruinando, así que hagámoslo fácil. Rechazo desde ya lo que tienes para ofrecer, viniendo de ti sé que no puede ser bueno.

Aro rio sin humor y me tendió la carpeta —La investigación con respecto a los fondos malversados seguirá su curso, eso será algo que no toleraré y si se descubre que tu o algunos de tus socios fue el responsable, se hará justicia, te lo aseguro.

—Ambos sabemos que ni mis socios ni yo somos responsables, son acusaciones tan falsas como esta propuestas que quieres hacerme. Dime quién es Aro… ¿quién es el que quiere ensuciarme? ¿He? ¿Trabaja para ti? —me adelanté un poco en mi silla y dejé entrever mi ira —Dime Aro… ¿a quién contrataste para hacer esto?

— ¡No te atrevas a acusarme de esa estupidez! —su rostro se tornó pálido y me debatí en quedarme allí con el viejo o salir, lo único que me faltaba era que me echaran la culpa si a Aro le daba un ataque al corazón.

— ¿Qué no me atreva? —Grité levantándome de la silla, su rostro estaba rojo y sus ojos parecían querer matarme a puñaladas —tú no deberías haberme acusado de fraude, ¡tú Aro!... ¿qué tengo que decir yo? ¿Tengo que ponerme en una posición sumisa y corresponderte a ti y a tu hija? ¿Eso es lo que esperas? ¿Qué renuncie a mi vida y te sea leal? —apoyé mis manos sobre la mesa.

— ¡Sí!... es lo mínimo que deberías hacer por herir a Heidi, por poner en ridículo a la familia Vulturis, esto lo pagas Edward, como que me llamo Aro Vulturis, tú y esa perra la pagaran, te lo he dicho y te hiciste el desentendido y hoy vienes aquí como si lo que hiciste, engañar a mi hija y defraudarme a mí, mi sociedad y mi familia, no hubiese sucedido, la traes del brazo como tu mujer ¡en la presencia de mi hija! ¿No tienes vergüenza?

—No, no la tengo, ¿por qué debería tener vergüenza de amarla y demostrárselo al mundo? ¿He? —mi ira bullía en la superficie y mis puños se apretaron a mis costados como muestra de eso —Tú y tu familia no podrán con nuestra relación, ¿quieres el maldito Spire? Lo tienes, ¿quieres arruinar mi maldita carrera? Arruínala, ¡no me importa! Así es como actúan cobardes como tú, destruyendo la vida de las personas que se salen de tu círculo ¿no? Pues hazlo Aro, acaba con mi vida, pero a ella no la tocas… a ella no porque te juro que te mato —lo señalé con el dedo mientras profería las palabras, palabras que iban muy en serio. No estaba bromeando cuando le dije a Bella que mataría por ella, y si Aro era capaz de ponerle una mano encima vería de lo que yo era capaz de hacer por ella.

—Eres un estúpido Edward, tan estúpido… ¿arrojar tu vida a la basura, tu carrera por la borda por esa clase de mujer? Bien… si eso es lo que insistes hacer en tres días a la fecha recibirás en tu escritorio la demanda formal por fondos malversados y el contrato que te excluye del Spire, prepárate para perderlo todo Edward —él sonrió mientras se recostaba en la silla que había estado sentado y cruzó sus dedos sobre su estómago —me va a gustar verte arrastrarte por Chicago con todas las puertas cerrándose en tu maldita cara, por el país, por el mundo… porque te das cuenta el alcance de mi poder ¿no? Espero que ella valga tanto la pena, que sea capaz de acompañarte en esos días en que lo hagas, porque por ella perderás todo, te lo deberá… si es que está contigo por amor. Y lo más importante, espero que tengas cara de ver a tus socios y empleados tratando de alzar cabeza del agujero en el que irán contigo —apreté mis puños a mis lados y mordí mis dientes, la furia era tan grande que no pude contenerme, rodeé la mesa y alcancé a tomarlo de las solapas de su costoso frac y atraerlo hacía mí, antes de que un par de fuertes brazos me abrazaran por detrás y me separaran de él sin poder estamparle mi puño en su arrugada cara.

— ¡Disfruta de la vista Aro… porque aunque ese día llegue, tendré algo que tú nunca tendrás! —Grité— la moral bien alta.

Di media vuelta soltándome de los brazos de Emmett y salí de ese saloncito. Aunque me detuve en seco en la puerta con mi respiración enloquecida y mi corazón tronando en mis oídos cuando vi a Bella parada allí. Ella… con el rostro bañado en lágrimas me miraba como si no me conociera y una Heidi casi satisfecha esperaba a su lado. ¿Qué mierda? ¿Cuánto había escuchado?

—Bella… —di unos pasos hacia ella, pero mi nena negó con la cabeza y dando media vuelta salió del solárium casi tropezando con sus pies.

—Uf… —miré a Heidi sin reaccionar —eso le pasa a los mentirosos, toda la mierda se les viene encima cuando menos se lo esperan.

—Hija de puta —caminé rápidamente a ella y la tome del rostro con ambas manos empujándola hacia la pared que tenía a sus espaldas, ella se sobresaltó y me miró con el miedo brillando en sus ojos — ¿Qué hiciste? ¿Qué mierda hiciste maldita perra? ¿Tú la trajiste aquí?

—Tenía que ver la clase de hombre que eres —dijo con voz temblorosa.

—Te odio Heidi —escupí dejando su cabeza con brusquedad — ¡te odio!

Salí de ese lugar con la esperanza de encontrar a Bella. Ciego, temblando de ira y rabia, con un dolor sordo en mi pecho y ese anillo pesado esperando en mi bolsillo.


*Bueno... si, se que quieren hacer carne molida con mi hermoso cuerpo :P pero así está la cosa. Quiero decir algo que me molestó como una picadura de mosquito estas semanas que estuve sin actualizar. Soy muy susceptibles a ustedes, es decir, me gusta saber sus opiniones y sus pensamientos con respecto al fic, pero me gusta porque es mi manera de ser, me gusta oir mas que decir y hay muchas veces durante este fic, que las oí y fui hacia la dirección que ustedes me decían, como que ustedes fueron moldeando el fic... pero es hora de hacer lo que en principio venía con mi idea, porque todo es por algo, cada detalle del fic fue tomando rumbo hacia donde yo quería que fuera desde un principio y con su ayuda, así que no se enojen ni me digan "no lo leo mas" porque eso me duele y mucho, si no quieren leer de aquí en mas el fic, está bien, pero no me lo digan. Es por este motivo que tarde en actualizar esta vez, no es excusa ni nada, porque ya habíamos dejado en claro que esto es un pasatiempo y no mi trabajo real, pero me debatí mucho estas semanas en darles lo que ustedes querían o darles lo que yo quería. Y aqui está... o lo verán en el proximo capitulo.

*¿Cuantos capis le quedan al fic?... bueno, no será una biblia como otros fics, pero al menos cuenten con diez capitulos mas o menos.

*Otra cosita que queria comentarles y se que muchas no leen las notas de autor pero aquí va, En el grupo FF Adiction están votando por el mejor Fic romántico para adultos y Exótica está nominado, por favor, así como ustedes piden yo les pido, si creen que Exótica se merece un premio voten por el fic, gracias!

*Y por ultimo dar gracias a mi Beta hermosa, BellFlower, i love you nena, eres genial, perdón por ser tan dura con el "además" y gracias a mis lectoras! que tanto amo y que me apoyan en todo, ustedes saben quienes son.

Ahora si... paradita y quitecita para recibir abucheos y tomatazos, besos!

LU