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Para siempre


Mamá no preguntó nada, al menos en las horas sucesivas a mí llegada. Yo era solo un cuerpo caminando, mi mente y mi corazón habían quedado en el aeropuerto de Chicago. Saludé a Phil… creo, y subí a la habitación que mamá había preparado para mí, Phil llevó mis maletas y mamá abrió el par de puertas francesas que daban paso a un amplio balcón, yo sostenía en mis brazos a Papi Jr. que miraba todo con ojos grandes y totalmente alerta.

—Es bueno tenerte aquí Bells —dijo él mirando a mi chihuahua con diversión, mientras yo escaneaba la hermosa habitación blanca con vista a las playas de Jacksonville. Mamá sonreía mirándome con anhelo y preocupación, su hermoso cabello color caramelo remolineaba gracias al viento marino, su piel estaba un poco bronceada, algo que hacía resaltar sus enormes ojos azules. Ella caminó hacia mí y alzó a Papi Jr. tomándolo de mis brazos, él movió la cola enseguida mientras mi madre hacía muecas graciosas que me hicieron sonreír. Finalmente me miró y acarició mi mejilla.

—Es muy bueno, cuando quieras vamos a ir a la ciudad y a recorrer todo o si quieres podemos bajar a la playa y relajarnos en las tumbonas, en esta zona no hay tanta gente y por la noche es hermoso, tenemos lámparas por todo el camino. Ahora, si quieres descansa nena, prepararemos una cena ligera y te llamaremos cuando esté lista… hay una gran bañera con sales y burbujas en el baño, cuando quieras puedes prepararla o puedo ayudarte… —ella suspiró observándome —o puedes bajar a ver televisión, tenemos una grande en la sala… hay una conexión a internet, pero no tenemos una maquina aquí arriba, aunque veo que trajiste la tuya… o puedes usar la que tenemos instalada abajo-

—Mamá, está bien —sonreí o más bien hice una mueca. Nuestras miradas se trabaron por un par de segundos hasta que oímos un carraspeo, Phil estaba a su lado abrazándola por los hombros, mirándonos con incomodidad.

—Bien… yo iré a trozar el pollo… quizá… cocine algunas chuletas también —dijo mirando a mamá, ella asintió con una sonrisa suave. Phil volteó hacia mí y camino para acunarme entre sus brazos —es bueno tenerte aquí Bella, gracias por visitarnos.

—Gracias a ti por recibirme —dije abrazándolo de vuelta. Él se alejó y saliendo de la habitación me dejó con mamá. Tragué saliva y miré a mamá sabiendo lo que se venía. Ella mantenía la suave sonrisa en su rostro hasta que vio las lágrimas en mis ojos, luego como si fuera la señal, pestañeó y apretó los dientes.

—Dime que fue lo que fue lo que te pasó, Bella… cuenta conmigo hija porque duele horrores verte así…

Tapé mi cara con ambas manos y los sollozos explotaron, mierda, ¡mierda!... ¿Por qué mierda lloraba si era lo que menos quería hacer? Cielos… ¿qué mierda me pasaba?

Sentí los brazos de mi madre envolverme como en el aeropuerto y me dejé ir, Papi gimoteaba desde el suelo alrededor de mis piernas, mis lágrimas de repente no tenían contención, solo salían y salían empapando mis dedos, la camisa de mamá, tenía problemas con contener los sollozos.

— ¡Por dios Bella!… ¿qué pasa nena? Me estas matando aquí-

—Dame tiempo mamá por favor. No pasó nada malo, nada… por favor no te preocupes, solo… déjame desahogarme y te contaré… solo… dame un tiempo.

—Dios —ella suspiró y me abrazó más fuerte —es difícil verte así y no saber nada, estar en la nada absoluta… pero esperaré a que estés lista y puedas decirme lo que te tiene así… aunque me muera de angustia.

—Mamá —gemí separándome de ella, sus ojos estaban acuosos y me limpió las mejillas con sus pulgares —solo dame un descanso…

—Sí, lo haré —murmuró con su sonrisa suave, limpió las comisuras de sus ojos y dio un paso atrás —iré con Phil a hacer la ensalada, dios… tengo que detenerlo antes de que haga su salsa especial, la que hace picar la lengua… —rio.

Asentí dándole un apretón a su mano, ella asintió y salió de la habitación. Caminé hacia la cama y me desplomé sobre ella, sin querer pensar en nada ni en nadie, aun así sin poder evitarlo todos los acontecimientos de los últimos días se volcaron en mi mente, recordando las palabras que marcaron mi decisión. Palabras provenientes del hombre que en este momento odiaba con todas las fuerzas de mi alma.

¿Qué me llevó a ir a enfrentarme a él? ¿De dónde saqué la fuerza, las agallas y la valentía para hacerlo? ¿Cómo me mantuve entera mientras él dictaba mi destino y el del amor de mi vida sin una pizca de remordimiento?

Aro Vulturi estaba sentado frente a su escritorio cuando su secretaria me hizo pasar al despacho esa mañana. Mis piernas temblaron al verlo allí, tan indiferente y con la misma expresión arrogante de la noche anterior, algo que lo hacía lucir como el mismo diablo en combinación con sus ojos oscuros y la sonrisa satisfecha. Un hombre tan frágil por fuera pero tan negro y cruel por dentro.

Señorita Swan —murmuró señalando la silla frente a su escritorio por favor tome asiento.

Tomé una respiración profunda y caminé hacia la silla que él me señalaba. De repente todas las palabras que había planeado decirle al llegar frente a él se desvanecieron en mi lengua, ¿qué tan poderoso podría salir de mi boca que lo convenciera de terminar con todo esto? Cielos… me odié a mí misma por permitir paralizarme allí frente a él, así que hice un esfuerzo y pensando en Edward y nuestra situación y en el amor que le tenía, abrí la boca y me dispuse a demostrarle que no era la mujer que él pensaba que era.

Estoy aquí por mi propia voluntad, no porque usted lo exige. Estoy aquí porque soy capaz de hacer algo que usted ni su hija podrán hacer nunca, amar de verdad a alguien, más allá de todo —lo miré como si quisiera meterme en su mente y desgarrar una a una sus neuronas, sus nervios y cada fibra de su cuerpo estoy aquí porque he decidido lo mejor para Edward y yo, yo lo he decidido… y ya que yo voy a cumplir con mi parte necesito la garantía de que usted también lo hará.

¿Qué necesitas de mí Isabella? —él sonrió y se dejó caer en el respaldo de su silla juntando las puntas de sus dedos debajo de su mentón. Dios… odiaba cada cosa de él, cada gesto, cada centímetro de su viejo rostro, me daba asco.

Primero que nada quiero ver el arreglo que quería que Edward firmara anoche en la gala.

Él alzó las cejas y me miró con suspicacia ¿Por qué quieres hacer eso?

Quiero ver los puntos que usted trató de negociar con él y si está dispuesto a negociar los mismos puntos conmigo —él me miró, sonrió y llamó a su secretaria.

— ¿Bella? —la voz de mamá me sacó de mis recuerdos. Abrí los ojos para verla parada en el umbral de la habitación, —la cena está lista, Phil hizo un poco de carne asada —rodó los ojos —ven cuando estés lista, estaremos esperándote —sonrió y cerró la puerta tras ella.

Tomé una respiración profunda y decidí dejar mis pensamientos negativos a un lado y darle a mi madre lo que estaba esperando de mí al recibir la noticia de mi visita, darle el mejor tiempo posible.

Lavé mi cara de las lágrimas secas que aun anidaban mis mejillas, me cambié la ropa del par de jeans y suéter de hilo que había traído desde el ventoso Chicago a un par de pantalones cortos y una camiseta sin mangas, até mi cabello en una coleta alta desprolija y luego de tomar un par de profundas respiraciones, tomé a Papi entre mis brazos y salí de la habitación.

Mamá estaba escuchando Light my fire de Jim Morrison a todo volumen, bajé las escaleras mirando sobre la barandilla, la casa estaba presuntamente vacía, pero la música provenía del patio trasero. Cuando doble la esquina hacia la sala me detuve al ver las ventanas francesas que daban a la playa de arenas blancas abierta, mi madre cantaba con una cuchara de madera en la mano a modo de micrófono y Phil era el típico esposo americano, con un largo tenedor asador en una mano y el otro brazo enredado en la cintura de mamá, tratando de seguir la letra, ambos riendo y felices.

Una sonrisa tristemente feliz se dibujó en mis labios, la amaba y me hacía feliz que ella al menos lo fuera de las dos. Me preguntaba si alguna vez una escena así me tendría de protagonista, solo podía esperar que mi vida fuera lo suficientemente buena como para sentirme amada otra vez. Cielos… no era justo, nunca iba a sentirme más amada de cómo Edward me hacía sentir. Entonces me preguntaba… ¿qué hacía acá?

— ¡Bella! —La voz de mamá me hizo tragar saliva y seguir adelante, bajar la cabeza ante lo que era mi destino y aceptar la realidad —ven, la carne está deliciosa, Phil se lució…

—Oh bueno, no es que siempre haga barbacoas pero está parece haber salido bien —Phil examinaba el asador empujando lo que parecía ser salchichas.

De hecho media hora después, a pesar de mi estado de ánimo, pude comprobar lo rica que estaba la carne, tan rica que había dejado mi insípida ensalada de pechuga de pollo y vegetales a un lado. Papas grilladas y gratinadas con carne asada a la Phil era mi nueva comida favorita. Hasta mi cachorro mordisqueó algunas costillas silenciosamente debajo de la mesa.

—Si no te conociera mejor diría que voy a ser abuela —dijo mi madre haciéndome levantar la cabeza de mi plato, una sonrisa divertida marcaba sus labios. Alcé las cejas volviendo a mirar mi plato…

— ¿Qué? —me alcé de hombros tragando el trozo de salchicha que había estado masticando, en ningún lado decía que comer de más por una puta vez en la vida significaba estar… en estado. Maldición, los nervios habían jugado en contra en mi organismo, seguramente en vez de cerrar mi apetito lo había abierto. Si mi madre supiera de mi situación seguramente entendería.

—Nada, pero me alegra ver que no estas midiendo tus comidas ahora que estas de vacaciones, sé lo que es para una bailarina tratar de estar en forma todo el tiempo y no me gustaba eso cuando vivía en Chicago. Verte correr a la universidad, al bar, a clases de baile, al restaurante y a penas tener tiempo de tomar un bocado… solo eso…

Volví a sumergir mi tenedor en mi plato, —Bueno, gracias, supongo… y perdón por haberte preocupado tantas veces.

—Está bien —ella apoyó su mano en la mía sobre la mesa y sonrió —Phil se encargará con sus asados a que las vacaciones valgan la pena.

Por supuesto que pensaba que mi madre iba a aprovechar este tiempo, malcriar a su hija siempre fue su más grande pasatiempo.

Esa noche dormí inquieta, tenía el presentimiento de que algo estaba mal. En realidad tenía la certeza de que todo estaba mal. Mi corazón tronaba en mi pecho y el calor estaba llevándose todo de mí, mis piernas se sacudían entre la liviana tela que era mi sábana pero no era suficiente, deseaba caminar hasta la playa y darme un chapuzón refrescante. Me senté en la cama y miré el reloj de la mesita, las 4 a.m. y aun no podía pegar un ojo, Papi Jr. dormitaba a los pies de mi cama. Acaricié su pelaje color camel y me levante para caminar hasta las puertas francesas.

Edward había llamado por supuesto, luego de la rápida cena el teléfono de casa de mamá sonó y ella corrió a atender, me di cuenta que era él cuando mamá masculló un "Oh Edward… claro…" y al mismo tiempo me miró, con mi cabeza comencé frenéticamente a negar, ella frunció el ceño un momento escuchando lo que él estaba diciendo con sus ojos clavados en mí, así que cuando él presuntamente dejó de hablar, sonrió con disculpa "Sí, lo siento… mira, es que Bella acaba de caer dormida, estaba tan cansada con esto del viaje y todo…"

Luego de eso no llamó otra vez, pero yo estaba segura que si encendía mi celular recibiría un millón de llamadas perdidas. Dios… me mataba hacerle esto.

Sequé una lágrima rodando por mi mejilla, maldiciendo al hombre que no me dio otra opción, que no nos dio ninguna otra salida. Mientras la luna echaba sus reflejos sobre el mar a la distancia, recordé las palabras que la valentía había hecho que dijera frente a ese horrible hombre, las que de alguna manera me habían terminado de condenar.

Me acerqué a la mesa y coloqué mis manos sobre la madera pulida Quiero saber si puede permitir que mi firma valga tanto como la de Edward, él no quiso firmar, pero nada indica que yo no sea capaz de hacerlo… tomé una respiracióndespués de todo soy la primera involucrada ¿no? Él no puede renunciar a mí… sin embargo yo quiero saber ¿qué sucedería sí la que renunciara fuera yo?…

Él me miró con sorpresa al principio, yo misma me sorprendía de mi valentía, aunque estaba quebrándome a pedazos por dentro había tenido la fortaleza de decir todo ese torrente de palabras sin titubear. Finalmente Aro Vulturis sonrió con esa asquerosa mueca e hizo un gesto con la mano para luego llamar a su secretaria.

Minutos después él tendió frente a mí una carpeta de manila, se levantó del escritorio y caminó hacia un mini bar que había en un extremo de la oficina, sirviéndose una copa de alguna especie de licor ambarino, me miró y señaló su copa, ¿Algún aperitivo mientras lees Bella? —dijo mi nombre como una burla y negué con la cabeza, nunca aceptaría más de este hombre, hacer lo que estaba a punto de hacer era más que suficiente.

Leí la anulación, concretamente lo era, decía llana y crudamente que se restablecería sus derechos sobre la construcción del Spire Chicago al Señor Edward Cullen si él cumplía con ciertos requisitos, uno de ellos era simplemente no vincularse sentimentalmente conmigo, aunque por supuesto las palabras que utilizaba para ponerlo en manifiesto eran ridículamente descabelladas, expresiones tales como " dignidad y salud emocional de la Señorita Vulturis", "Sociedad intrafamiliar y laboral de Cullen y Vulturis", "ética laboral, códigos de respeto", blah, blah, blah. En cuanto a las acusaciones de malversación de fondos y fraude, quedarían a cargo de investigadores y abogados, cuya resolución no afectaría de ninguna manera a la construcción del Chicago Spire. Los puestos de trabajos serían retribuidos, pagándose a los trabajadores una especie de subsidio extra por las semanas que estuvieron inactivos y en manos del arquitecto que lo diseñó, ambas cuestiones no mancharían de ninguna manera el buen nombre del involucrado y no se divulgaría a ningún medio, en medida de lo posible, los problemas sucedidos.

Tenía lo que quería, lo que esperaba, Edward saldría ganando.

Volví al presente al sentir un escalofrío en mi piel, la noche se había tornado repentinamente fría, por lo que cerré las puertas francesas y volví a mi cama, acurrucándome con Papi Jr. y cayendo en un sueño intranquilo que apenas me dejó dormir.

Los días pasaron sucesivamente rápido, entre llamadas que no quise atender y paseos en la playa para distraerme de ese casi continuo repicar del teléfono, pensando también en lo que debía hacer, tomando coraje, pensando en los pros y los contras, siempre mamá encontraba una buena excusa y se lo agradecía. Al cuarto día de haber llegado me la pasé navegando por internet, había pensado en algo que si bien era una medida drástica, no podía arriesgarme que Edward no cumpliera con su parte, él no iba a estar de acuerdo, por lo que fui consiente que la que debía exigir que las reglas fueran cumplidas y cumplir finalmente con mi parte del trato era yo. Por la mañana tomé coraje y preparé la primera parte de mi plan y por la tarde me refugié en la casa con mi laptop en mi regazo y la página de la Universidad de Chicago abierta.

Pasé las primeras horas mirando una telenovela que mamá tenía grabada en DVD y estudiando algunos documentos de la universidad, planes de estudios y eso. La playa me llamaba afuera pero era consciente que no podía perder tiempo, a pesar de que moría por mojar mis pies en las cálidas aguas, hundir mis dedos en la arena y que el viento sacudiera mi cabello.

Entre bostezos hablé en línea con uno de mis coordinadores de carrera, sacándome dudas y haciendo más estable mi plan. Pero luego de eso, solo me dejé llevar por el sopor y dejando mi laptop a un lado y tomando una manta del respaldo del sofá con la intención de descansar mis ojos, caí rendida con la falta de sueño que había tenido la noche anterior.

—Bella… —sentí la suave voz de mamá y abrí los ojos, supe que me había quedado dormida en cuanto vi la sonrisa risueña en su rostro y una taza de café en su mano. —Un moka late como a ti te gusta, pensé que lo necesitarías.

—Gracias mami —me incorporé en el sofá y todas las hojas que tenía sobre mi regazo cayeron al suelo. Mierda… ¿cómo pude haberme dormido tan profundamente a las tres de la tarde? Se suponía que solo me había sentado frente a la televisión y con mis apuntes de la universidad para analizar algunas cosas, pero mi mente pensó por si misma que era mejor desenchufarse un rato.

—Cielos… creo que el calor me está haciendo dormir más de lo que debo —dije antes de tomar un sorbo de mi café.

—Estas de vacaciones mi amor, ¿a quién le importa? Iba a dejarte dormir pero parecía importante lo que estabas haciendo allí… ¿Qué es? —ella alzó la mirada sobre las ojos esparcidas sobre el suelo y las que aún quedaban equilibradas en mi regazo.

—Estoy comparando planes de estudio… ¿dónde está mi laptop? —recordaba haberla tenido sobre el sofá encendida.

—La coloqué en la mesa, parecía que en cualquier momento ibas a empujarla al suelo —sonrió ella rodando los ojos— ¿y para que comparas planes de estudios? ¿Piensas cambiar de carrera?

—No, por nada en especial —dije con una mueca, solo cambiar de universidad, dije por dentro. —Tengo que analizar las materias de este año, quiero sacar la mayor cantidad que pueda.

—Que bien que te estas concentrando en eso mi amor —ella me miró suspicazmente— porque al parecer las cosas con Edward no van muy bien… ¿o me equivoco?

Bajé mi mirada hacia los papeles en el suelo y decidí que era el mejor momento para levantarlos. Me arrodillé sobre la alfombra sosteniendo uno a uno los papeles que ni siquiera había hecho el menor esfuerzo por ver.

—Oh… bien, allí tengo mi respuesta —mi madre se levantó del sofá he hizo el amague de ir hacia la cocina —es evidente cuando él te llama quizá hasta veinte veces al día y tú nunca contestas.

La miré notando una nota de reproche en su voz… sí, era una perra con mi actitud, pero mi madre no sabía nada… ¡nada!

Y entonces sonó el teléfono, como para empeorar un poco más las cosas. Gemí internamente cerrando por un momento los ojos, cabía la posibilidad que no fuera él, después de todo mi madre tenía amigas, compañeras de trabajo, tenía a Phil…

—Es él otra vez… —la voz de mi madre me hizo abrir los ojos, ella sostenía en su mano el teléfono de casa, mi celular había quedado olvidado en el fondo de la maleta con la excusa de haber perdido el cargador de la batería. Esa no era la manera que yo había pensado que saldrían las cosas. Diablos. — ¿Qué harás? ¿Continuaras comportándote de la manera en que lo estás haciendo o atenderás? Porque de seguro te digo que esto se pone peor por las noches y si no quieres que él tome el primer vuelo disponible como me dijo anoche que haría…

Maldición…

Tomé una respiración profunda y para cuando me decidí atender la llamada, el teléfono había dejado de sonar. Mi madre dejó el inalámbrico sobre su base y vino a sentarse frente a mí tomando mis manos con las suyas.

—Mi amor, él no me cree… no lo hace y ya me da pena irle con tantas mentiras. Siempre me dice que te diga que ingreses a Skype, que necesita hablarte, verte… y lo dice tan desesperadamente —los ojos de mi madre se llenaron de pena— háblame Bella, ¿te hizo algo? ¿Te lastimó? ¿Te defraudó tan mal que ahora escapas y no le quieres hablar?

—No me escapé, vine a visitarte, a verte.

— ¿Visitarme? —Mi madre hizo una mueca— si no quieres salir con nosotros, cuando estamos aquí estás en tu habitación durmiendo o triste por algo, no me cuentas nada… Bella te conozco, viniste huyendo, ¿por qué?

Suspiré y cuando iba a contestarle alguna excusa estúpida, el teléfono volvió a sonar. Esta vez mi madre no se levantó, alzó una ceja y me miró con el reproche en sus ojos. Ella se levantó del sofá y se dirigió hacia las puertas dobles.

—Estaré con Phil en la arena… —dijo ella cerrando la puerta detrás de ella.

Dios…

Suspiré y volteé a ver el teléfono sonando, como si fuera a verlo a él allí. Negué con la cabeza y soltando un suspiro derrotado me levanté a tomar el inalámbrico de su base, era él… su número, su nombre en la agenda electrónica. Con manos temblorosas apreté descolgar y puse el teléfono en mi oído.

—Hola —dije casi tanteando el terreno. Alguien exhaló un suspiro de alivio del otro lado.

Por dios mi Isabella, por favor, enciende la computadora y entra a Skype, entra ahora, necesito verte —fruncí el entrecejo. Tantos días sin hablar y ¿esa iba a ser su directiva? Porque si, era una directiva, plana, fría y llena de rabia. No me dejaba duda que estaba enojado.

—Estoy en casa de mamá, ella está aquí —mentí.

Entonces ve a tu cuarto con tu laptop y enciéndela, necesito que lo hagas ya —su voz era firme y clara. Por lo que hice lo que me dijo a pesar que la mujer independiente que llevaba dentro me gritara que lo insultara por dar órdenes.

Subí las escaleras con mi portátil en manos y el teléfono aun en mi oído, solo lo oía respirar, no dijo ni una sola palabra hasta que mi laptop estuvo encendida y con Skype abriéndose.

—Estoy entrando —dije acomodándome en la cama con la computadora en mi regazo, me preparé mentalmente para verlo, dios… oh cielos, no iba a ser fácil. Renunciar a él no iba a ser fácil.

Ahogué un jadeo cuando su imagen apareció en la pantalla. Estaba en lo que parecía su departamento, a juzgar por la pared detrás de él, en la que colgaba el cuadro del diseño de la Torre Eiffel, del cual una vez me contó una anécdota. A pesar de ello, rápidamente mis ojos se establecieron en él. No podía ser él, tenía que ser la luz, ese semblante pálido y demacrado tenía que ser efecto de la luz en su departamento, su cabello despeinado solo podían ser sus manos pasando una y otra vez a través de él y su barba de varios días debía ser un descuido suyo.

Dime con un demonio ¿por qué mierda no atiendes tu teléfono o por qué no te metes a Skype cuando estuve todos los pasados días tratando de dar contigo? Dime Bella porque te juro que estoy a punto de volverme loco —y lo parecía, un desquiciado que necesitaba una respuesta.

Tomé una respiración —Porque estuve ocupada ¿sabes? Porque entré en un curso de fotografía, porque hice amigas que son vecinas de mamá —mentí— porque duermo, salgo a la playa, porque paseo por la ciudad, porque malditamente soy libre y ¡no eres el ombligo del mundo Edward! —estallé haciéndolo apretar su mandíbula, casi al mismo tiempo me arrepentí. Él era mi mundo.

¡Pero tú eres el maldito centro de mi mundo Bella! Y al menos, un hola esporádico, un "estoy bien", un mísero "te extraño" o el "te amo" que necesito tanto, Dios!... me vuelvo loco aquí pensando en que no quieres saber nada de mí, me vuelvo loco aquí sin poderme concentrar con lo que tengo que hacer y por lo que te dejé ir, porque estas cada puto segundo en mi cabeza —gritó señalando con su índice su sien— Y me frustra tanto, pero tanto el solo hecho de darme cuenta de que te necesito, que no puedo vivir sin ti… sin tu voz… prometiste que llamarías y no lo hiciste, ¿Qué mierda te pasa? ¿Crees que es fácil para mí dejarte ir así como así? ¡A ti! Eres mi mujer maldita sea, ¡mi maldita mujer!... ¡y al parecer no importo una mierda aquí, porque no haces ni el mínimo esfuerzo por hacerme saber que aún estas!

Negué total y completamente aturdida… —Voy a cerrar mi laptop Edward… no pensé que sería así esta conversación.

Él se acercó a su laptop casi aferrándose a la pantalla —No, ¡no! No… espera, no… —bajó la cabeza y lo vi tomar respiraciones profundas, hundiendo su rostro en sus manos y refregándose con ellas, rastrillando su cabello, tratando de calmarse —no… te vayas.

Esperé pacientemente que se calmara, lo entendía, por dios, sí que lo entendía, porque poniéndome en su lugar, yo estaría tan o más loca que él.

No he dormido mucho, lo siento… estoy agotado y frustrado. Hoy me peleé con Jasper y Alice… te extraño a ti y a ese ratón que tienes por perro —alzó su mirada y vi la falta de sueño en ellos.

Sonreí mirando mis manos en mi regazo, —él te ha estado extrañando igual —mordí mi lengua —y yo también.

Voy para allá nena, déjame ir por favor —tuve que ignorar su tono de voz ansioso y negué con la cabeza.

— ¿Cómo van las cosas allá Edward? ¿Estas peleando como me prometiste? —lo vi bajar su mirada por un segundo y supe al instante que lo que fuera que me iba a decir no sería la absoluta verdad.

Sí, estoy haciéndolo. Presenté una prórroga de dos semanas, Aro aceptó. Con mis abogados debemos encontrar una nueva estrategia en este tiempo para ir de lleno con ello, aunque él sigue firme en sus requerimientos —negó con la cabeza de repente con su rostro tensionado en rabia —sigue pidiendo un imposible cariño y por más que me lo pidas, no se lo voy a dar.

Sabía que ese imposible era dejarme.

—No bajes los brazos Edward, por favor… yo vine para darte este tiempo y para que te concentres en ello. Me prometí a mí misma no ser una distracción, pero es inútil ¿no? —Sonreí de lado— déjame de lado por estos días Edward, concéntrate en ello.

Él sonrió y negó con la cabeza —Es como pedirle a alguien que deje de respirar.

Bufé solo para no demostrar lo mucho que me había enamorado un poco más de él con esas palabras.

—Perdí el cable de mi celular y no he podido comprar uno. En cuanto lo haga lo cargo y lo enciendo… ¿para qué tengo que estar preparada? —miré sus hermosos ojos verdes y quise por un instante tenerlo conmigo para nunca dejarlo ir.

Solo unos pocos cientos de mensajes y unos pocos doscientos mensajes de voz, no mucho… —se alzó de hombros riendo y negando con la cabeza. Reí en respuesta, —Oye nena, ¿necesitas dinero? Mañana mismo abro una cuanta de ahorro y hago una transferencia…

—Hey, hey… no, no necesito dinero. Estoy bien, mamá me consciente demasiado y tengo lo mío Edward, por dios… —maldición… ¿Cómo podía este hombre ser tan exasperante y al mismo tiempo tan tierno? —Ahora… ¿me contaras por qué te peleaste con Jasper y Alice?

Él rio —Por ti mi amor. En realidad fue porque Jasper vino a nuestro pent-house a buscarme para ir al estudio, algo que yo no tenía pensado ir, porque ya sabes… quizás tu llamaras al teléfono de casa y si yo no estaba… podía perderme tu llamada —parecía algo avergonzado al decirlo, dios… nunca pensé que sería así cuando me alejé de él —así que peleamos, me habló sobre mis prioridades, algo estúpidamente indiscutible, porque vamos… mi prioridad número uno eres tú. Alice vino por la noche, solo porque es una metida de mierda y trató de sacarme, salir a distraerme dijo que era, comer en casa de mi padre, pero me negué así que peleé con ella también. Son dos grandísimos idiotas.

—Cielos, Edward… —susurré, sin pensar en lo bueno que sonaba "nuestro pent-house"

Emmett no se apareció, pero peleé con él por teléfono ayer, cuando me dijo "dominado". Creo que lo mandé muy lejos a un lugar que apesta —rio negando con la cabeza. Quedamos unos segundos en silencio, yo… no me atrevía a mirar sus fijos ojos verdes, por lo que me dediqué a jugar con una hilacha de mis vaqueros —Dios Bella, te extraño bebé.

—Yo también —susurré atisbando una mirada, él sonreía ligeramente sin dejar de mirarme.

¿Sabes?, el segundo día luego de que te fuiste fui de compras —murmuró con un nuevo entusiasmo.

— ¿A sí? ¿Y qué compraste? —dije con curiosidad.

Algo… pero… por favor no enloquezcas —susurró tímido y un precioso sonrojo se asomó en sus mejillas, ¿Edward sonrojado? me tensé sobre eso, él se estiró rebuscando entre algunos papeles y luego volvió a la pantalla con un montón de lo que parecían fotografías en las manos —no olvidé que me dijiste que quizá podrías vivir conmigo, bueno… yo no pude dejar de pensar en ello. Mira —alzo una fotografía y me lo mostró acercándola a la pantalla. Era un enorme juego de dormitorio y era hermoso, caoba oscura contrastaba con el respaldo morado de la enorme cama matrimonial, que estaba cubierta por un blanco cobertor acolchado, pequeñas almohadas cilíndricas y rectangulares de la misma tela del respaldo y una hermosa manta de punto que cubría los pies, una habitación singularmente parecida a la mía. Me gustaba y amé el detalle de él pensando en comenzar nuestra vida juntos cambiando la cama en la que había dormido con Heidi por años a una nueva y virgen. Cielos, apreté mis dientes para no llorar. Todo ese despliegue era inútil, estaba aún más determinada. —Mañana llega la ropa de cama que encargué, solo un poco, el resto lo elegirás tú —él me miró con su entusiasmo tatuado en su cara y tragué saliva — ¿te gusta?

—Es hermoso… me encanta —dije con una sonrisa aturdida y lágrimas formándose en mis ojos. Carraspeé —Mi amor, René me está llamando, seguramente es hora de almorzar.

Oh bien… pero ¡Espera!... solo un minuto cariño—bajó sus fotos y acercó su cara hermosa a la pantalla —Bella escúchame.

Oh cielos… —Sí…

Mañana mismo abro esa cuenta en el banco, tendrás dinero para comprarte otro celular, no pienso pasar un día más sin tu voz, no importa una mierda el cable de batería, solo ve y compra un nuevo celular. Por favor. Y con respecto a Aro y el Spire, nena, confía en mí, haré lo mejor para los dos y todo saldrá bien, todo saldrá bien… eso es algo de lo que debes estar segura.

—Pero pelea, no quiero que pierdas nada, no quiero que te incriminen cuando eres inocente, por favor Edward lo prometiste.

Lo sé, manejaré esto lo mejor posible mi amor, solo confía en mí, cuando vuelvas a mí todo habrá terminado.

Oh dios, maldito terco.

Suspiré algo frustrada —Bien, pero ojalá y termine de la mejor manera.

Será la mejor manera para nosotros, que se vaya a la mierda Aro y toda su maldita familia, ya verás… he estado pensando en algo, te enviaré por mail mi idea, tú decides, mira bien las fotos, lee bien los folletos, te gustará, lo sé.

—Abriré el correo por la tarde y me fijaré, ¿Sabes? Mamá me llama.

Ok, bien… mierda—susurró negando con la cabeza frustrado –solo un minuto, mira… ayer estuve en internet un tiempo y mientras esperaba que tú te conectaras… encontré algo… mierda, solo escucha ¿si?—él carraspeó mientras su mano manejaba el mouse y sus ojos se concentraban en la computadora… ¿qué estaba haciendo?. Entonces, cuando creí que se había olvidado que yo estaba conectada allí, él carraspeó de nuevo al tiempo que una suave melodía comenzó resonar por los altavoces. Parecía algo nervioso. Oh cielos

Querida eres la roca

Sobre la cual estoy parado

Y vine aquí para hablar

Espero que entiendas

Los ojos verdes, sí el proyector,

brilla sobre ti

¿Y cómo podría, quien sea, rechazarte?

Llegué aquí con una carga

Y me siento mucho más ligero ahora que te conocí

Y nena deberías saber

Que nunca podría continuar sin ti

Ojos verdes

Su voz era hermosa… ¿cómo no me había percatado nunca que su voz era hermosa? Oh mi amor… estaba cantándome una canción. Y yo no podía respirar... no tenía ojos mas para él que de repente estaba haciendo esto por mí.

Querida tu eres el mar

Sobre el cuál yo floto

Y vine aquí a hablar

Creo que deberías saber…

Querida eres la roca

Sobre la cual estoy parado

Él terminó sonriendo y un poco avergonzado, yo terminé con las lágrimas colgando de mis ojos. Su voz… era hermosa, suave, como un locutor susurrándome al oído hermosas palabras de amor. Fue casi como una hermosa nana. Maldita sea, no podía venir y hacerme esto… ¿cómo fue capaz?

-Edward—dije perpleja pestañeando mis lágrimas.

- Coldplay... Jasper lo escucha en su estudio y esta letra era entera para tí- tomó una respiración profunda y su gesto se tornó cansado -Bella te amo nena, te extraño como no tienes una idea y me pone contento que tengas nuevas amigas, que vayas a distraerte a la ciudad, pero amor… no me olvides —dijo con sus ojos abatidos—Llámame en algún espacio que tengas, búscame en Skype, no importa la hora que sea, aplazaré cualquier cosa que esté haciendo para ti bebé.

—Y tú pelea —dije enfáticamente mordiendo mis lágrimas— como lo prometiste Edward.

Haré lo posible —dijo con media sonrisa. —No olvides entrar a tu correo electrónico más tarde. Te amo mi amor.

—Lo haré, gracias… eso fue hermoso Edward, te amo —suspiré sin dejar sus ojos, él tenía que saber que lo que estaba por hacer era precisamente por eso, porque lo amaba a mas no poder—para siempre-

Asintió un poco más relajado y cortó luego de unos segundos la vide llamada.

Me quedé mirando la pantalla ahora vacía y me dejé llevar por la pena, Dios… sabía que ver su cara de nuevo me derrumbaría, pero verlo de esa manera me hacía pensar que lo que iba a hacer tenía que ser lo correcto, no, no era sano amar demasiado. Y él me amaba demasiado. Tenía que desengañarse, volver a su norte, pelear por lo que por mi culpa estaba perdiendo y que al parecer en este momento le importaba una mierda perder. E iba a doler, como la mierda, para ambos, pero era necesario. Seguía repitiéndome en mi mente lo que Aro Vulturis había dicho en su oficina aquel día, "él estaba ciego y por mi culpa iba a perder lo que le llevó años de trabajo y pelea, el Spire era el símbolo vivo de la prosperidad de su carrera, de su fama como arquitecto moderno y yo iba a hacer que él tirara todo eso a la basura y en un futuro muy cercano, cuando la magia del amor pasara, él me iba a odiar por eso" y aunque renegara, el viejo tenía razón. Prefería salir ahora de su vida a que Edward me odiara, si algún día veía su odio me iba a matar.

Me rompí totalmente esa noche cuando un mensajero llegó a la puerta de casa de mi madre con un enorme ramo de rosas rojas y una tarjeta con dedicación,

"Te veo en cada lugar cariño, te necesito… te amo… y sabré esperar para volver a verte otra vez. Tuyo siempre… Edward"

No hace falta decir que esa noche solo dormí cuando fui capaz de detener las lágrimas que me dejaron exhausta.

A partir de ese día, aceleré mi plan. Hice un par de llamadas a la mañana siguiente y para la noche tenía todo listo. Solo me quedaba hablar con mamá, por lo que mientras esperaba que ella llegara de una cita con Phil a casa, preparé una ensalada ligera y unas tostadas, no me había estado sintiendo bien, por lo que decidí ir al médico luego de que todo esto terminara. Para colmo de males había mirado mi correo electrónico, Edward había elegido posibles destinos para nuestras vacaciones a mi llegada, Buzios, Las islas vírgenes, Italia… cielos, cuando creía que Edward y su manera de amarme me pondrían de los pelos, él fue e hizo lo que dijo que haría, al medio día me habían llamado del Banco nacional BNC en Jacksonville para notificarme de una caja de ahorro abierta a mi nombre, que debía ir a firmar y que a partir del mismo momento que lo hiciera tenía autorizado comenzar a manipular la cuenta, tenían una pequeña tarjeta de débito a mi nombre y todo. Estaba segura que Edward había influenciado para tener esa tarjeta en mis manos el mismo día. Cielos, no quería ni saber cuánto contenía la caja de ahorro, lo cual no importaba, porque no la utilizaría.

Cuando mamá llegó ella resplandecía de felicidad, sus ojos brillantes y su risa al llegar a casa me apenaron, no de la mala manera, yo involuntariamente iba a borrar esa sonrisa de su cara al menos momentáneamente al darle la notica de mi decisión y aunque estaba claro que ella no podía saber mis razones, sabría lo suficiente como para lidiar con Edward si llegaba el momento.

—Bella, no sabes lo rico que son los mariscos en lo de Cotto´s. El dueño es amigo de Phil y tuvimos noche de camarones y almejas, si me hubieses hecho caso cuando te pedí que vinieras, hubieses saboreado los mejores mariscos de Florida—rio sentándose junto a mí, sonreí levemente y no respondí, cuando ella obtuvo una pista de que algo sucedía, Phil que había entrado detrás de ella con un canasto en las manos carraspeó y enfiló su camino hacia la cocina.

—Bella mi amigo te envió una porción de camarones con salsa, si deseas probar… lo dejaré en el frigo si lo quieres más tarde —asentí mientras el salía del salón.

Mamá me tomó de la mano y sin poder evitarlo dejé caer mi cabeza sobre su hombro, necesitaba ser reconfortada y ya que no podía ser por quién en verdad necesitaba, ella era mi segunda mejor opción.

—Oh cariño… ¿qué pasa? —Acarició mi cabello como cuando era niña — ¿es Edward?

Suspiré tragando el repentino nudo en mi garganta, —En parte —cerré los ojos preparándome para decir la blasfemia más grande que diría en mi vida. Mordí mi labio y tragué saliva, Dios… perdóname por ser una mentirosa que merece lo peor, tal vez si obtuviera lo peor la culpa de la mentira sería menor —no estoy preparada para estar con él. Es… abrumador, lo amo, no me malentiendas, lo amo, pero no puedo ser lo que él necesita y quiere. Siento que me ahogo, que no puedo estar a la altura de lo que él quiere. Mamá… tengo veinte años, soy joven aun y no estoy lista para pensar en una vida en común con alguien, no quiero casarme, no quiero ser la mujer de… aún no he terminado la universidad, si a penas comienzo. Él estuvo comprometido y se mueve en un ambiente que me abruma, no puedo. Él quiere más de mí y yo no, no quiero seguir con esto, pero es tan fuerte su amor…

—Está obsesionado—dijo ella deteniendo mi estúpido discurso, cielos… no pude decir más mentiras en un minuto. —Las llamadas, eso de la caja de ahorro que me contaste esta mañana, las flores, todo… hija, él es obsesivo contigo.

—Lo es en ciertos aspectos. Yo sé que me ama, su obsesión es amor y no es mala, pero no es para mí. Quiero vivir mi vida antes de comprometerme en una relación más profunda, quiero ser independiente como tú lo fuiste siempre, quiero mis propias experiencias. No puedo darle lo que él quiere.

—Oh cielos —mi mamá comprendía, por supuesto que lo hacía, un alma liberal como la de ella entendería a su hija que anhela libertad, independencia y cero ataduras, ella sería una buena aliada, aunque mi verdad fuera a medias

—Me iré… un tiempo, pero necesito que mantengas esto para ti por favor, no quiero que Edward me siga. No puedo romper con él, es imposible hacerlo, él no lo permite —traté de mantener las lágrimas en su lugar, pero mis palabras entrecortadas transmitían mi desazón, por supuesto mamá malinterpretando mi angustia, me abrazó y me meció como cuando era niña.

—Oh Bella… no diré nada a nadie, él no sabrá por mí de tu decisión, pero nena… ¿es realmente necesario huir?

—Sí, lo es —dije separándome para mirarla a los ojos —él no se rendirá, pero no debes decirle dónde he ido, por favor mamá… tiene que cambiar, me ahoga, me asusta y si tú le dices algo, él no me dejará tranquila. Su mundo… no, no estoy hecha para eso.

—Lo entiendo… pero… oh cielo, ¿dónde iras? —mi madre se veía preocupada. —Déjame acompañarte, puedo hablar con Phil, él entenderá.

—No, no… por nada del mundo quiero que detengas tu vida por mí, iré sola y con Papi Jr. —sonreí mirando mis pies, él dormía allí apaciblemente. Nunca lo dejaría… mi único recuerdo del amor de mi vida.

— ¿Dónde? —repitió ella con sus ojos llenos de lágrimas.

Tomé una respiración profunda y exhalé asintiendo, dándome valor a mí misma, —Es hora de conocer personalmente a papá… ¿no crees?

Ella sonrió entre lágrimas —Entonces sé que estarás bien.

No… estaría lejos de estar bien.

*o*

Toma mi pluma, es una tradición para mí firmar los mejores tratos con ella. Trae suerte —Aro me tendió su pluma y la tomé con mis manos temblorosas. Oh cielos… lo iba a hacer. Cerré los ojos y pensé en los motivos porque hacía esto, Edward. Él era mi motivo y lo valía.

Tenía mi garganta seca, por lo que carraspeé Solo necesito saber que tengo su entero compromiso con esto —mis temblorosas palabras abandonaron mi boca, él sonrió.

Por supuesto Bella, soy un hombre de palabra. ¿No se conforma con haberme obligado a modificar mi propio contrato para que usted se sienta satisfecha?

Lo había hecho luego de que terminé de leer el mismo, solo para asegurarme que él cumpliría con su parte y que en ningún momento Edward saldría perjudicado. Necesitaba la entera seguridad de que mi intromisión en este contrato fuera algo que no lo perjudicara de alguna manera.

Por supuesto, me sirve… pero estoy recurriendo a su palabra de hombre. Necesito saber si usted tiene al menos un ápice de moral, porque no voy a permitirme renunciar a él y que él de todas maneras salga perjudicado por su falta de palabra.

Sus ojos cambiaron, su mirada se convirtió de astuta y altanera a una de furia e indignación. Se irguió en su silla de cuero y me miró como si quisiera comerme ¿Cómo te atreves? —escupióTengo moral niña estúpida, al menos más moral que la que pueda llegar a tener un don nadie que usa a mi hija y mi buen nombre para ascender en su carrera y en la primera de cambio desecharla a la basura para cambiarla por alguien tan poca cosa como tú —respiró agitado mirándome como di yo fuera parte de su mobiliario Tú deberías saber que no tienes moral alguna, una cualquiera buscando a un hombre comprometido.

¡No permito que me hable de esa manera! —dije embravecida.

Entonces haz lo correcto, ¡firma!... firma y demuéstrame qué tipo de moral tienes tú. Firma y déjalo libre de tus garras para que él haga lo que se comprometió a hacer. Nunca permitiré, como lo estoy haciendo ahora, que alguien se burle de mí. El que lo haga pagará las consecuencias, así que esto va para ti también —se acercó hasta donde pudo y el borde de la mesa lo dejórenuncia a él en este momento… pero llegas a volver y meterte en su vida y por ende en la vida de mi hija otra vez, te acordaras de mí Isabella Swan, porque no solo te destruiré a ti, sino que haré de él un don nadie como lo eres tú. Si no me crees, lo harás cuando lo veas ir de puerta en puerta y que cada una de esas puertas se le cierren en su maldita cara.

Me da asco —dije totalmente conmocionada, nunca pensé en mi vida entera, que me toparía con un ser tan perverso como él.

Entonces firma y desaparece de nuestra vida —gruñó acomodándose en su silla. Mi respiración agitada no se comparaba en nada con la ira que mostraba sus facciones, bien… si eso costaba mi amor…

Salí de ese edificio esa mañana, con mi mundo cayéndose a mis pies, luego de haber estampado mi firma en ese documento que marcaba mi futuro y lo que estaba dispuesta a sacrificar.

— ¡Bella! —alcé la vista sobresaltada, saliendo de mis recuerdos. Mi madre me miraba desde el asiento de adelante con la pena en su mirada, —Llegamos nena.

Tragué saliva y miré a mi derecha, estábamos estacionadas en el aparcamiento del Aeropuerto internacional de Jacksonville. Dios… era hora. Asentí y abrí la puerta tomando mi maleta de mano y la pequeña jaula de viaje de mi cachorro.

—Estarás bien bebé, será un viaje largo pero estarás bien —dije cariñosamente a mi perrito dormido. Mamá se acercó a mí mientras comenzábamos a encaminarnos a la entrada del aeropuerto y Phil venía detrás con las maletas.

— ¿Estas segura de lo que estás haciendo? —mamá aun dudaba.

—Lo estoy —sonreí— es lo mejor, para mí, para él…

—Espero —murmuró mamá acariciando mi espalda —cielos… si así se comportó cuando no le contestabas las llamadas… no quiero ni imaginarme.

—Si… es algo exagerado con sus reacciones. Te volverá loca al principio, pero estará bien, no te asustes —una punzada de dolor se abrió paso en mi pecho, no… yo no quería ni imaginarme.

—No lo hago… solo me prepararé para ello.

Cuando llegamos a la mesa de boletos, confirmé el mío y entregué mi permiso de viaje y la certificación de viaje del veterinario de Papi Jr., despaché mis maletas y dejé a mi cachorro en manos de uno de los transportadores, él sonrió cuando besé el tope de la pequeña jaula.

—Estará bien — dijo en comprensión.

—Es un viaje largo —dije entregándoselo.

—Pero estará a salvo, no se preocupe.

Paso a paso era un metro más lejos de Edward y estaba haciendo mella en mí, mis piernas temblorosas consiguieron llegar al área de embarque donde me tocaría despedirme de mamá y Phil. Metí mis manos en mis bolsillos para disimular mi temblor y volteé hacia mamá, ella ya tenía lágrimas en los ojos.

— ¿Cuándo volverás? —murmuró secando las mías de mis mejillas.

—No lo sé… —susurré, ella asintió. Con las puntas de mis dedos noté lo que llevaba en el bolsillo de mi chaqueta y lo saqué, eran unas pocas cosas que tenían que regresar a su dueño.

Carraspeé para despejar mi garganta, —Mamá, dale esto cuando lo veas —le tendí el celular que Edward me había obsequiado al romperse el mío, junto al piercing que había colgado de mi ombligo desde ese primer día en que me lo obsequió, no podía ni imaginar su valor, si es que lo tenía… pero no podía llevármelo, también le di la tarjeta de débito que el banco me había entregado y las llaves de mi departamento, mamá sabría qué hacer con él.

Un corte limpio… no le debía nada.

La voz estridente de mujer hizo la primera llamada para los pasajeros con destino a Rabat, capital de Marruecos. Al mismo instante que el anuncio terminó mi madre se abalanzó sobre mí y me envolvió en un abrazo desesperado, —Cuídate nena por favor, dime si la pasas bien, si estás bien de dinero, por favor, conéctate a Skype…

—Estaré bien mamá, no te preocupes… por favor, has esto más fácil para mí —dije reprimiendo las lágrimas.

—Está bien, mierda… lo siento —ella hizo el intento de sonreír —Está esperándote allá tu padre ¿no?

—Sí, hablé con él hace unos días, está contento y no ve la hora de verme.

—Ok… él cuidará de ti. Te deshaces de un obseso protector e irás a los brazos de uno peor —rio— ¿te conté como nos costó despedirnos luego del mes que pasé allí?... es un gran hombre y me hubiese seguido a América si no hubiese sido por mi terquedad.

Sonreí y miré detrás de ella, Phil se había apartado como siempre que mamá y yo hablábamos íntimamente —Estaré bien…

—Lo sé —su mirada se alarmó por un momento —por favor nena, no aceptes nada de ningún extraño, a ver si te pasa esas cosas que le suceden a algunas turistas que las agarran con contrabando.

— ¡Mamá! —Reí— no soy estúpida.

—Por supuesto que no, eres mi hija —reímos juntas tomadas de las manos, hasta que el segundo llamado resonó en el aeropuerto. Mierda.

—Chicas, creo que Bella debería irse —Phil parecía culpable de interrumpirnos. René me soltó asintiendo y me abrazó por última vez. Me desprendí de ella antes de romperme allí mismo y después de un abrazo a Phil y un enorme "gracias por todo" volteé y con mis piernas temblorosas me fui hasta la puerta de embarque.

Ese día por la tarde, ciudad de Chicago, Mansión Vulturis.

—Oh por dios, oh por dios… —corrí tratando de no caer con mis tacones altos, usar Jimmy Choo tenía su precio, además de los seiscientos dólares que había pagado por ellos por supuesto, algo que pagaría multiplicado por tres antes de caer, quebrarme una pierna y frustrar la nueva posibilidad que se abría ante mis ojos. Papá me había enviado a llamar, había llegado a casa no hacía ni media hora y me esperaba para darme una noticia, solo esperaba que fuera la gran noticia que estaba esperando.

O sea, vamos… había interrumpido mi sesión de masajes para venir corriendo hasta aquí, esperaba que fuera por algo realmente bueno que justificara sacar de mi cuerpo las manos fuertes y sensuales de Kevin.

Cuando llegué frente a la puerta del despacho de papá, no toqué, simplemente entré con una sonrisa en la cara y respirando agitadamente, acomodé mi cabello platinado sobre mis hombros y tomé una respiración profunda mientras papá terminaba con la llamada que lo tenía ocupado.

—Bien, háblale al Juez Carrington, no tiene mucho que perder, el hombre tiene negocios que fueron mal… no tendrá problemas con eso. Debo irme, tengo a mi hija aquí… —cortó el teléfono sin un adiós, amaba el estilo de papá.

— ¡Hola papi! —Corrí a su lado y lo abracé por los hombros, besando su mejilla mientras él esbozaba esa sonrisa suya — ¿Tienes buenas noticias que darme?

Él rio entre dientes y asintió, señaló la silla frente a su escritorio así que fui y me senté frente a él dispuesta a esperar pacientemente lo que tenía para decir. Él sonrió uniendo la punta de sus dedos debajo de su mentón y se recostó en su silla.

—Oh vamos pa, me estás haciendo sufrir —sacudí mi cabello sobre mi hombro.

—Ella se marchó, lejos, muy lejos y es definitivo—sonrió triunfal antes de mirar su reloj –en este momento está volando hacia Marruecos, lejos de ti y lejos de Edward-

Emití un gritito agudo con una amplia sonrisa irrefrenable, dando pequeños botes en mi silla y aplausos con mis manos, — ¿Estás seguro pa? Mira que no quiero sorpresas.

—No las habrá, ella firmó un contrato, pagué su boleto y la despaché con una buena cantidad de dinero para no reclamar nada, además… ella sabe cariño, llega a poner nuevamente un pie en los Estados Unidos y Edward volvería a estar hundido hasta la médula. Esa mujer está fuera de tu vida… tienes vía libre princesa.

Me levanté de la silla riendo y corrí hacia él, mi padre, mi hacedor de deseos, —Te amo, te amo, te amo —dije besando su mejilla con cada palabra.

—Heidi cariño, espera y escucha… quiero que tomes esto en serio —me separé de él y me senté en su regazo como cuando era niña.

—Lo hago… papá, amo a Edward y estoy segura que ahora que esa se fue, él recordará nuestro amor, ¡soy tan feliz! —no podía dejar de sonreír, oh si… los periodistas que se habían llenado de dinero hablando de mi rompimiento con Edward Cullen, se iban a comer sus propias palabras.

—Entonces Heidi, cariño, si lo amas… asegúrate que esto no vuelva a pasar —su mirada, su voz, todo en su postura desprendía seriedad y una especie de advertencia —No volveré a soportar una bajeza como esta de negociar con una cualquiera por un tipo como Edward, no me pongas de nuevo en una situación como esa, imagínate que la don nadie me trató de inmoral, quise tirarla fuera de mi oficina en ese mismo segundo, pero el recuerdo de tus lágrimas me detuvo cariño, tenía que concluir con eso —él acarició mi mejilla— esta vez salió bien, tienes a Edward para ti y sé que no es solo un capricho, por eso lo hice, porque sé que has sufrido mucho y que lo amas mucho, pero basta… —me miró fijamente tornándose serio en demasía— esta vez asegúrate… y óyeme bien, asegúrate que no se te vuelva a escapar.

No tuve que pensar mucho para saber de qué manera debía asegurarme. Oh si… Edward Cullen volvería a ser mío, ahora sin la distracción de esa cualquiera, él vería que en realidad su amor por mí nunca murió. Le perdonaba la traición y lo dejaría volver a mi lado, él iba a saber el valor de una Vulturis y eso de asegurarme de que se mantenga junto a mí iba a ser fácil, es decir, no había hombre con el corazón roto que no fuera fácil.

—Gracias papi… al fin todo volverá a ser como antes.

—Todo hija mía —sonrió viendo mi felicidad— tu prometido volverá a ti, aunque me será difícil perdonarle lo que te hizo a ti y a la familia valdrá la pena porque tú serás feliz. El Spire volverá a sus manos esta misma semana y aunque seguirá la investigación por el caso de malversación, bueno… si él fue el culpable se lo perdonaré a cambio de que te haga feliz, después de todo, quien sabe lo que esa prostituta fue capaz de obligarlo a hacer.

Oh sip, ese temita, debía hablar con Gio inmediatamente antes que nada, no quería que nada se interpusiera en recuperar mi felicidad con Edward. Gio tendría que comprender.

Besé la mejilla de papá por última vez y me levanté de su regazo dispuesta a comenzar mi camino de reconquista.

—Gracias papi, solo espero que esa mujer no vuelva a meterse nunca más en mi camino.

—No lo hará, tiene mucho que perder, la estúpida en serio lo ama y quiere lo mejor para él —rio negando con la cabeza.

Bien… si lo amaba lo había demostrado con altura la muy perra, pero estaba claro a quién pertenecía Edward. Él no tardaría en caer en mis brazos otra vez, solo me hubiese gustado que ella lo viera. Riendo salí del despacho, dispuesta a dar todo de mí para que Edward viera a quién pertenecía.


mmmm... no sé si irme al rincón o afrontar los abucheos... pero si, vamos a llorar un poco.

Primero que nada, capi dedicado a vos Betza BM, FELIZ CUMPLE!

Gracias a tooodas las exóticas que estan allí al pie del cañón junto a mí, las que me tienen fe como a las que no, pero igual leen, las quiero y les agradezco todo lo que me dan, desde un simple review, que valen mucho, hasta su silencio, a las nuevas lectoras! son cada vez más las que se unen al grupo de Facebook y son bienvenidas. Gracias a mi beta hermosa, Te quiero nena, simple como eso... Yaah Beta Flower Bella ;)

Y no me queda mas que despedirme hasta la próxima, ojalá sea pronto porque estoy proponiéndome actualizar todos los fics que tengo pendientes. Y para darles algo con qué comerse las uñas, solo les diré que el próximo capitulo ya tiene título y es: Locura

El video de la canción de este capi se llama Green eyes y es de Coldplay, gracias, gracias, gracias a María Celeste Efesi que me lo recomendó para el fic.

Un beso!

Ahora si a ponerle el pecho a las balas!