Discleimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen son propiedad de J.K. Rowling, W.B.

y las diferentes editoriales que la publican. Esta historia ha sido creada para fines de diversión sin recibir

ningún bien monetario por ello. Beta-Liidg, Traducido por LightningLockhart

-Buenas noches, Fleur. Te veré mañana. – Esas fueron las palabras de Bill quién ya se había introducido en la chimenea.

-Buenas noches, William. Saluda a tu señora de mi parte. – Bromeó la francesa desde la cocina.

-Ja, ja. Prometo que voy a presentártela pronto. – Dijo el joven Weasley tomando un poco de polvos floo, pronunció el nombre de un pequeño café londinense para luego desaparecer entre las verdes llamas.

Fleur Delacour quedó sola otra vez. Shell Cottage era completamente suyo una vez más y siendo la amante de la diversión que era a sus veintiún años, Fleur se quedó frente al fuego terminando su tarea de Gringotts.

-Las malditas salas de juicio son un negocio sucio. – Murmuró para sí antes de cerrar el tomo antiguo que estaba en su regazo. Se estiró dejando que cada uno de sus músculos se extendiera al máximo para luego relajarlos.

Dejando que el estrés del día abandonara su cuerpo se preparó para ir finalmente a la cama. Su habitación estaba en el segundo piso y tenía una magnífica vista del mar. Bill y ella habían decidido quién se quedaría con la habitación por medio de un volado y gracias a lo que el chico pelirrojo había llamado: suerte de Veela, Fleur ganó.

Cambió su vestimenta, se lavó los dientes y un instante después se escondió bajo la colcha. Relajándose en la suave superficie de la cama, dejó que el sonido de las olas rompiendo sobre la playa, la arrojara lentamente a un profundo y bien merecido sueño. La ligera brisa marina le ayudaba aún más a su cometido al menos hasta que recordó algo sumamente importante. Había cerrado la ventana con llave. Esa era parte de su ritual nocturno.

Sus ojos azules se abrieron de golpe, se acercó a la mesita de noche intentando alcanzar su varita sin embargo el intruso era más rápido. De pronto algunas cuerdas aparecieron flotando en su habitación para atar sus manos a la cabecera antes de que ella pudiese comprender completamente lo que estaba ocurriendo. Debería saberlo, era noche de luna llena. Debía haber esperado sentada en la cama a su visitante incluso si a veces aún le causaba miedo.

Mirando por todo alrededor dentro de su habitación, encontró al intruso. Escondido en las sombras, con sólo una mano visible y como era de suponerse su propia varita en ella. A pesar de su tamaño era ágil y silencioso.

El olor del sudor y la lujuria llenaban el aire. El sonido de una respiración entrecortada era lo único que se agregaba a la atmósfera haciéndola pesada. El miedo estaba recorriendo el cuerpo entero de la rubia despertando lentamente a la Veela que se hallaba dormida en su interior pero que despertaba cada que el intruso invadía su habitación.

-¿Qué quieres? - Su voz salió de forma temblorosa, dudativa. Clara muestra de su miedo. La pregunta era simplemente estúpida puesto que ella ya sabía la respuesta pero no pudo evitar que las palabras salieran de sus labios.

Vio como la bestia a la que había llegado a conocer a través de los días y de sus constantes visitas, puso su varita en la cómoda para después despojarse de su abrigo. Aún oculta en las sombras se abrió paso hasta ella desnudándose completamente en el camino. Podía escucharse el sonido de cada prenda al caer al piso.

La respiración de Fleur se volvió irregular conforme el intruso se acercaba. Era una criatura alta, sus músculos estaban demasiado pronunciados a lo largo de su cuerpo entero. Podía sentirse la fuerza en ellos con tan sólo mirarlos. Sus dedos eran anormalmente largos mostrando la sangre de la criatura pues esta hacia que la piel se volviese casi roja en las palmas. Las uñas sucias y afiladas. Fleur sabía que no había ninguna manera de evitar que el suceso se repitiera.

Mientras la colcha era retirada del esbelto cuerpo, la rubia sintió el aire nocturno besando su piel. Una mano sucia y callosa se posó sobre su abdomen, haciendo su propio camino hacia arriba deslizándose por uno de sus costados.

La respiración de Fleur se quedó en su garganta cuando la mano se posó en la parte inferior de sus pechos. Una risa profunda salió de la bestia impregnando el ambiente. Sin que una palabra fuera dicha o una varita levantada, su vestimenta nocturna desapareció dejando su cuerpo completamente expuesto y a la completa disposición del intruso. Ahora la carne podía tocar plenamente a la carne. La bestia se dejó sumir en esa sensación dejando crecer su erección.

Subiéndose enteramente a la cama separó las piernas de Fleur para posicionarse entre ellas.

-Buenas noches mi Veela. – Su áspera voz llenó la habitación haciendo a la rubia estremecer.

Las duras y callosas manos encontraron nuevamente sus costados comenzando a subir por el cuerpo desnudo. El ligero toque no podía engañar a Fleur pues sabía que esas manos eran poseedoras de una fuerza letal.

La bestia se inclino para llenarse con su aroma. El temor y el deseo inundaron su nariz encendiendo el fuego del deseo y la lujuria dentro de su propio cuerpo sin necesidad de más palabras o acciones.

Labios agrietados hicieron su camino desde el cuello hasta el pecho de la ojiazul. Una lengua húmeda estaba recorriendo su seno izquierdo con afán mientras el derecho fue cubierto por una mano de la bestia. La joven podía sentir la erección frotándose contra ella y esa acción termino robándole un gemido casi involuntario. El animal sobre su cuerpo dejó escapar otra risa y ella podía sentir los colmillos afilados cuando su seno fue aprisionado por esa boca. Los dientes se fueron recorriendo delicadamente sobre su piel hasta que sólo el pezón quedó en la boca del animal.

La Veela en su interior había despertado completamente y lo dio a conocer tirando de las cuerdas que ataban sus muñecas hasta que la madera de la cabecera se astilló. La bestia levantó la mirada y le sonrió a la criatura aún atada debajo de su cuerpo, unió su mirada a la de Fleur mientras se posicionaba en su entrada, dudó por un instante antes de introducirse a sí misma dentro de la joven uniéndose así en la más íntima de las formas.

Ambas dejaron salir gritos de placer y la bestia podía sentir cuán desenfrenada era su pasión realmente. Pudo sentir cuán grande era su deseo por unirse una vez más a la Veela. Todo comenzó a una velocidad deslumbrante. Moviéndose dentro de ella tan rápido y fuerte como podía en un intento de volverse un solo ser. Fleur sólo podía envolver sus piernas alrededor de la cintura de la bestia que golpeaba el interior de sus muslos embestida tras embestida.

Cuando Fleur estaba al borde, a punto de caer al abismo de placer que suponía el orgasmo, todo movimiento se detuvo. La Veela se decepcionó profundamente. Observó a la criatura sobre su cuerpo y sintió las cuerdas desaparecer. Los fuertes brazos de la bestia rodearon su espalda para darle un giro a las posiciones y dejar a la rubia arriba.

Quedó entonces sentada en el regazo de la bestia, aún unidas en la más íntima de las formas. Este era el juego favorito de ambas criaturas. El intruso llevaba a Fleur hasta el borde del orgasmo para luego detenerse. La ponía en la parte superior para ver lo que haría. Quería ver si mantenía a la bestia dentro de su cuerpo o la dejaba salir. Después de un minuto entero donde ambas se perdieron en la mirada de la otra, la rubia comenzó a mecer sus caderas hacia adelante y hacia atrás. La bestia bajo su cuerpo desnudo, dejó al descubierto sus dientes gruñendo de placer, sus manos recorrían la blanca espalda desde arriba hasta abajo para luego volver a subir. Las uñas arañando suavemente la carne dejando una sensación de ardor a su paso hasta deteniéndose finalmente en el firme trasero de la joven. Ella dejó escapar un gemido cuando las uñas se clavaron un poco en su piel haciéndole saber que su ligero movimiento ya no era suficiente.

Enredó sus manos en el cabello de la bestia tirando su cabeza hacia atrás. Se levantó lo suficiente para ver a ese ser hacia abajo. Una vez en esa posición le sonrió para acto seguido dejarse caer nuevamente. La bestia soltó un aullido animal y comenzó a moverse al ritmo que Fleur había impuesto. Lujuria pura emanando de los dos cuerpos.

Los sonidos del placer carnal pronto inundaron la casa. Los gemidos y aullidos de ambos seres rompieron el silencio resonando en todas y cada una de las paredes de la casa entera. Al menos no había nadie más para escucharlos.

Poniendo a Fleur de vuelta contra la cama, la bestia recuperó el control. Las manos de Fleur se transformaron en las garras pertenecientes a sus antepasados y se enterraron en la espalda de la criatura sobre ella ganándose un fuerte gruñido que hizo temblar las paredes. La bestia inclinó su cabeza para morderle el hombro, cuando los colmillos traspasaron la blanca piel una sensación de fuego corriendo por sus venas inundo sus cuerpos haciéndolas llegar a la cima en el mismo instante. Colapsaron en la cama, en un mar de brazos y piernas entrelazados, aún en estado de euforia. Sus cuerpos bañados completamente en sudor mientras las respiraciones intentaban regresar a la normalidad.

Durante un largo tiempo lo único que pudieron hacer fue quedarse ahí, tendidas sobre la cama respirando profundamente en un intento de calmar el ritmo acelerado de sus corazones. Después de haber descansado lo suficiente, el cuerpo aprisionando a Fleur contra el colchón, se retiró desenredando así sus cuerpos sudorosos para ponerse finalmente de pie. En ese instante todo atisbo de hombre lobo fue desapareciendo.

La bestia se había ido y ahora se podía ver a la persona real. Se habían ido tanto la altura como los músculos excesivamente pronunciados. Atrás quedaron los rasgos duros al igual que los dientes y uñas afiladas. Los hombros anchos y todo lo que impedía ver a la persona tras el lobo. Ahora sólo era una joven, su chica, su pareja, su Hermione.

Fleur le vio buscar su ropa por toda la habitación para luego ponérsela prenda por prenda. Cuando se sentó en la cama para ponerse las botas, Fleur se acercó para sentarse a horcajadas en su regazo. Rodeando el cuello de Hermione con sus finos y delgados brazos buscó sus labios para unirse en un dulce beso. La castaña pegó más a la rubia contra su propio cuerpo para profundizar el beso. No se separaron hasta que el aire se hizo necesario. Fleur fue la primera en apartar sus labios pero no se alejó demasiado. Sus cuerpos permanecían casi completamente pegados dejando que Hermione depositara besos a lo largo del cuello de marfil hasta llegar a la marca de una herida ya sanada.

-Te amo así. – Fue un susurro que se impactó suavemente contra el cuello de Fleur.

-¿Desnuda y encima de ti mon amor? – Bromeó la ojiazul.

-Sí y no. Me encanta estar aquí, contigo, mientras soy yo misma y aún así me sigues queriendo.

La bruja de mayor edad tomó la cara Hermione entre sus manos levantándola un poco para poder observarla directamente a los ojos. Entonces habló en tono suave, dulce y ligero cargado con todas las emociones que inundaban su corazón. Dejando que en cada una de las palabras se percibiera el inmenso amor que sentía por la otra.

-Siempre te amaré sin importar lo que pase. Y no se te ocurra dudar jamás de eso. Estamos destinadas la una a la otra, mon amor. – Fleur sintió como el agarre de la otra joven sobre su cintura se hacia un poco más fuerte. Ese pequeño acto le dio la valentía necesaria para decir las palabras que sabía, Hermione necesitaba escuchar. – Y todos los demás también te seguirán queriendo. Ellos son tus amigos, se quedarán a tu lado sin importarles absolutamente nada.

Por un momento la trigueña permaneció en silencio pero no se apartó ni un poco de su amada.

-Lo sé. – Dijo después de un minuto. – Pero primero debo lidiar con esto por mí misma, llegar a controlar esta parte de mí que parece tan salvaje. Remus y Severus me están ayudando con eso. – Disfrutando del calor proveniente de Fleur, Hermione se quedó sentada ahí por la mayor cantidad de tiempo que pudo, disfrutando del aroma que les rodeaba así como de la sensación de saciedad en su interior. Unos minutos después y muy a su pesar, la trigueña decidió que era hora de partir por sí acaso Remus quería vigilarla. Ya de pie tomó delicadamente a Fleur para darle un beso ardiente en los ya de por sí, hinchados labios. Ese fue el gesto de despedida por parte de la ojimel pues si se queda por más tiempo seguramente no podría controlarse. El lobo que ahora habitaba en ella querría salir para tomar a su Veela.

Con cuidado le dio la espalda a la cama obligándose a dar algunos pasos con dirección a la ventana. Se alejó de la cama y de la persona que aún se mantenía en ella. Desapareció entonces sin mirar atrás.

Un "J' taimé" salió en un susurro siguiéndola a través de la ventana.

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Apareciendo a unos cuantas calles del cuartel de la orden, Hermione se detuvo en un centro comercial abierto las veinticuatro horas para comprar una cajetilla de cigarrillos. Caminó hasta una banca cercana en frente del establecimiento, se sentó y encendió un cigarro. Cerró los ojos y el recuerdo de Fleur llegó a su mente.

-Nunca pensé que fueras fumadora. – Una voz áspera le llegó desde las sombras.

- Sí, bueno, soy un montón de cosas que las personas nunca creerían que soy. – Respondió tomando una calada de su cigarro. No necesitaba voltear para saber a quién pertenecía esa voz. La había escuchado por largo tiempo.

-No deberías estar afuera esta noche, lo sabes. Lupin se volverá loco cuando se entere.

-Bueno, entonces simplemente no le diremos, Severus. – Ella sonrió volteándose para observar su antiguo profesor de pociones. Ella era la única además de Remus que veía más allá de la horrible cicatriz en su cuello. Ellos tenían bastantes en sus propios cuerpos por lo que sólo podían aceptarlas y seguir adelante.

Severus era en gran parte la razón por la que ella no se convertía completamente en hombre lobo. Después de su desagradable encuentro con Greyback y su grupo de ladrones, Severus la llenó de poción matalobos y eso fue lo que detuvo la mayor parte de los efectos. Seguía transformándose hasta cierto punto pero no totalmente. No había matado a nadie o a algo todavía, la mayoría del tiempo sólo buscaba a Fleur.

-Él quiere que les digas. – Dijo Severus. – Sé que no estás preparada pero ellos necesitan saberlo.

-Creo que estoy lista.

Apagó su cigarrillo y ambos cruzaron la calle para refugiarse dentro de uno de los últimos lugares seguros fuera de Hogwarts.