Miku no supo qué hacer. Releyó el examen que el médico le había entregado hace unos minutos, tratando de encontrar una respuesta. El autobús se detuvo al fin, dejándola a unos metros de su academia. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora?

Miku Hatsune era una simpática joven de 16 años casi recién cumplidos, de largo cabello color turquesa que siempre ataba en dos coletas y ojos del mismo tono. Era baja y delgada, lo que no le quitaba atractivo. Solía juntarse con su primo Mikuo, de la misma edad que ella y muy parecidos físicamente, su mejor amiga Rin, una muchacha más baja que ella de hermosos ojos celestes y cabello rubio que le llegaba hasta los hombros, y el gemelo de esta última, Len.

-¿ya se lo dijiste a Kaito? –le pregunto Rin una vez que Miku le conto la noticia. La joven de cabellos turquesa negó con la cabeza, rompiendo en llanto. Su amiga la abrazó con fuerza, tratando de darle apoyo. –escúchame Miku, debes decírselo, es tu novio y el padre de ese bebe que viene en camino.

-supongo que tienes razón –Rin sonrió cariñosamente. –voy a buscarlo

-te acompaño –las jóvenes caminaron por los corredores de la academia, buscando insistentemente aquella cabellera azul. Tardaron varios minutos en encontrarlo, hasta que al fin se lo toparon en la cafetería.

-bien, ¿Qué ocurre? –la voz del peliazul la hizo temblar, ¿desde cuándo le hablaba así?

-Kaito, estoy embarazada –se maldijo entre dientes, pudo haber sido un poco más suave, después de todo, un hijo no era algo que se tomara tan a la ligera. -¿Qué haremos?

-¿Qué haremos? –repitió el con una sonrisa casi irónica que sorprendió a Miku –yo no quiero un hijo Miku, sería un estorbo para mí

-¿cómo?

-lo que oyes, NO QUIERO UN HIJO, últimamente te has vuelto una verdadera molestia, si quieres, puedo encargarme de que te lo quiten ahora mismo, incluso yo pago

-¿abortar? ¿Acaso te volviste loco? –nunca se había esperado tal reacción por parte de Kaito. Después de todo él siempre había sido maravilloso con ella.

-no… si lo que quieres es tenerlo, allá tu, ahora es TU PROBLEMA –Miku lo golpeó en el rostro con fuerza, corriendo lejos de él.

No podría creer lo Kaito le había dicho, ¿abortar? ¡Era su hijo! ¿En que estaba pensando? llegó hasta uno de los pasillos más escondidos de la academia. Se sentó en el suelo, escondiendo su cara en sus rodillas, rompiendo en llanto.

Una figura se detuvo frente a ella, abrazándola con ternura. Sabía muy bien quién era, la única persona capaz de entenderla y apoyarla… Rin. La rubia la soltó luego de un rato, sentándose a su lado. No debía ser adivina para saber porque lloraba su amiga, pero aún así la joven necesitaba desahogarse con alguien.

-¿Qué paso con Kaito? –pregunto una vez que su amiga se encontraba más calmada.

-me dijo que abortara… ¿lo puedes creer?

-ese maldito… ¿Qué harás ahora?

-no se –dijo ella ahogando un sollozo. –tengo que hablar con mis padres, de seguro ellos sí me entenderán. 2 jóvenes se detuvieron frente a ellas, mirándolas interrogativamente. –chicos

-Miku, ¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras? –le pregunto el rubio ayudándola a levantarse. Ella negó con la cabeza, secándose las lágrimas.

-¿segura de que no ocurre nada primita? –esta vez era Mikuo quien la interrogó preocupado mientras saludaba a su novia con un tierno beso en la mejilla. -¿ese idiota de Kaito te hizo algo?

-amiga, creo que lo mejor sería contarles a los chicos, lo sabrán de todos modos –le aconsejó la rubia regalándole una sonrisa que la tranquilizó un poco.

-¿contarnos qué?

-ehh… -murmuró Miku dando un largo suspiro –estoy embarazada.

-¿¡qué! – gritaron ambos jóvenes a coro. Su primer pensamiento fue romperle la cara a ese maldito, pero aguantaron hasta escuchar lo que seguía – ¿ya se lo dijiste?

-le dijo que debía abortar –contestó Rin antes de que Miku alcanzara a abrir la boca.

No necesitaron seguir ahí. Len miró de reojo a Mikuo, quien solo asintió, caminando rápidamente tras de él. Fueron directamente hasta su salón de clases, donde a esa hora debía estar el peliazul.

-¡tú! ¡Maldito cobarde! –Le gritó Mikuo tomándolo del cuello, pero un murmullo de Len lo hizo soltarlo –eres una basura

-veo que la despistada de tu prima ya te fue con el chisme

-no te permito que hables así de Miku –esta vez la voz de Len no tenía nada de pacifista. De hecho, era la primera vez que Mikuo lo escuchaba hablar con ese tono amenazador.

-¿y qué me vas a hacer tú flacucho? –pregunto Kaito en tono burlón. Len lo golpeó con fuerza en el rostro, haciéndolo caer. El peliazul se levantó de inmediato, limpiándose la sangre que le salía del labio, y le devolvió el golpe.

Fue solo cosa de minutos cuando todo se volvió una inmensa pelea. Len golpeaba con toda su fuerza y rabia a Kaito, en tanto Mikuo se encargaba de que el hermano de este no lo defendiera. Nadie jamás había visto pelear a esos 2, que eran considerados como los "más calmados de la clase". Entre todo el lío se oír claramente el grito de espanto que dio la profesora al momento de entrar y los posteriores gritos de Miku y Rin, quienes trataban de calmar a sus amigos. RESULTADO: los 6 a la oficina del director. Mikuo, Len, Kaito y su hermano Akaito por pelear; Miku y Rin por verse involucradas.

Por suerte para ellos el director solo los reprendió y los envió de vuelta a clases, sin siquiera preguntarles el motivo de la pelea. De vuelta en el salón todos estuvieron callados, en especial Miku, que siempre era el alma de la fiesta, lo que llamo la atención de todos sus compañeros. Pero eso no le importaba, tenía que ver la forma de contarles lo de su embarazo a sus padres. Apenas sonó el timbre, los 4 jóvenes se dirigieron hacia el auto de Len, el cual era un descapotable negro, muy caro por cierto.

-Miku… ¿te pasa algo? –le pregunto Len mirándola a través del espejo retrovisor. La joven negó en silencio, mirando por la ventana –bueno querido cuñado, ya llegamos

-nos vemos amor –se despidió Mikuo besando a Rin. –adiós Len, prima, cualquier cosa me llamas, ya sabes que cuentas conmigo

-gracias… pero voy a estar bien.

-aun asi, bueno primita en miniatura, nos veremos

-te dije que ya no me llamaras así

-no te lo decía a ti –murmuró el joven mirando de reojo el vientre de su prima –estoy seguro de que será una niña.

El auto volvió a moverse, esta vez en dirección a la casa de Miku, quien aún estaba algo sorprendida por el comentario del tarado de su primo. De pronto se vinieron a su mente las palabras de Kaito y las lágrimas comenzaron a salir sin control de sus ojos. Apenas sintió que el auto se detuvo salió corriendo, sin despedirse de sus amigos. Se encerró en su cuarto, hasta que su madre golpeo la puerta insistentemente.

-hija, ¿te encuentras bien? –Miku abrió la puerta lentamente, asomándose -¿qué pasó preciosa?

-mamá, tengo que hablar con ustedes… es importante.