Este capítulo lo reescribí muchas veces, así que no estoy muy segura de que tal quedo… juzguen ustedes…

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No había podido dormir prácticamente nada en toda la noche, eso ya que su hija no quería dormir, y además no podía dejar de pensar en Len. No, él no la había engañado, de eso ya estaba más que convencida, es decir, no estaban haciendo nada, ¿Cierto? Solo se habían caído, sí, eso era, solo habían tropezado. Pero aun si eso fuese cierto, ¿Qué hacían ambos casi desnudos en una ducha? ¡Arg! ¡Justo cuando creía haberlo resuelto todo!

Se levanto con pereza, casi arrastrando los pies hasta el baño. No debía preocuparse por Akari, ya que su madre se la había llevado para que ella pudiera dormir hace unas horas. No podía creer que estuviera en su casa, mucho menos que su padre lo hubiera decidido. Se dio un buen baño y se colocó el uniforme de la academia. Por suerte tenía 2, aunque el que había dejado en esa casa era algo más pequeño.

Se ató el cabello en dos coletas y bajo a desayunar, encontrándose solo con su padre. Se sentó en el lugar que solía utilizar, comiendo con desgano. Él no le hablaba y ella tampoco lo hacía. Apenas termino de comer, subió para despedirse de su hija y salió rumbo a la academia, caminando a paso lento, sin apuros, después de todo, aún era temprano.

-¡Miku! –grito alguien a sus espaldas, haciéndola voltearse solo para reconocer esa roja cabellera correr directo hacia ella

-Gumi –dijo casi en un susurro apenas la peli verde estuvo junto a ella –no tenía idea de que vivías por aquí

-me cambie hace unos meses –explicó ella comenzando a caminar a su lado. De pronto dejo su típica sonrisa, adoptando una pose más seria –ayer… ¿Qué paso con Len?

-¿eh?

-lo vimos llorando en la salida de la academia, estaba destruido –de solo recordarlo se preocupaba. Debía admitir que se había vuelto muy unida a ellos –Mikuo salió corriendo y tú no volviste más

-tuvimos un pequeño problema en los camarines –dijo Miku sonriendo –pero, creo que fue solo un mal entendido… eso espero

-¿Cómo?

-n-nada, solo estoy pensando en voz alta

-Haa… oye, ¿crees que yo le guste a Gumiya?

-¿Lo preguntas por lo que dijo Dell ayer?

-a ese Dell… no hay que creerle mucho

-aún así… Gumiya se molesto por lo que dijo, pero en ningún momento lo desmintió –el rostro de Gumi se ilumino de pronto, dejando ver una bonita sonrisa

-¡Tienes razón!

Se sonrió al ver esa sonrisa de enamorada en el rostro de su amiga. Dio un suspiro y miro hacia el frente, pensando en qué le diría a Len… debía disculparse por malinterpretar las cosas.

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"…será tu única oportunidad, no lo arruines…" La frase de su amigo no dejaba de dar vueltas en su cabeza. Solo tendría una oportunidad para aclarar las cosas con Miku… Solo una. Se estaciono en la academia y bajo luego de su hermana, quien de inmediato se fue a su salón con Teto y Haku.

-¡Len! –lo llamo su hermana desde la entrada –ven rápido

-iré por algo de comer primero –la pelirrubia asintió, retomando su camino, en sentido contrario al de su gemelo. Dio un bostezo y fue hasta la cafetería, donde se compró un sándwich de carne y una leche de plátano. Dio media vuelta y fue en dirección a su salón, o eso intento…

-¿Podemos hablar? -pregunto alguien tras de él, haciéndolo voltear para mirarla de reojo

-no tengo tiempo para ti, ¿No tienes a nadie más que molestar? –Neru se coloco frente a él, bloqueándole la pasada -¿Qué es lo que quieres?

-te quiero a ti –respondió ella besándolo de pronto, haciéndolo chocar su espalda con una de las paredes. Len abrió los ojos con sorpresa, ¿Cómo podía ser tan insistente?

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-Hola chicas –murmuró colocándose frente a Rin, quien sonrió con alegría al ver a su amiga –Rin, ¿Dónde está Len?

-fue a la cafetería –la peli turquesa no espero que terminara de hablar antes de dar media vuelta y comenzar a caminar -¡Miku!

-¿hmm?

-etto… no es lo que…

-ya lo sé –la interrumpió ella sonriendo

Rin volvió a sentarse, algo más aliviada. Miku creía en Len, y ella también, no podía mentirles a las dos, ¿Verdad?

Prácticamente corrió hasta la cafetería, deteniéndose de golpe poco antes de llegar. ¿Por qué Len estaba besándose con Neru Akita? No, se suponía que todo era un mal entendido, ella misma se había auto-convencido de eso, no podía haber estado tan equivocada.

Pensó en dar media vuelta e irse, pero algo la motivo a quedarse allí por unos segundos más. Esperaba ver a Len empujándola, diciéndole que no lo volviera a hacer, pero nada, él solo seguía besándola. Se separo de ella de pronto, diciéndole algo que le resulto imposible de escuchar, pero pudo ver como la pelirrubia asentía tímidamente con una sonrisa en sus labios.

Debía irse, quería irse, pero sus pies no le respondían. Len comenzó a caminar, doblando en uno de los pasillos, quedando justo frente a ella, cara a cara. No pudo evitar sorprenderse de encontrarla allí, no debía estar ahí.

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-listo, ahora déjame en paz de una vez por todas –esas fueron las palabras que le había dicho luego de besarla, tal como ella se lo había pedido segundos atrás.

"Te dejare de molestar si me das uno de esos besos que le das a Miku" le había dicho la pelirrubia. Debía admitir que en ese momento le pareció una buena idea, pero ahora, estando frente a frente con ese par de ojos turquesa, se dio cuenta de que fue lo peor que pudo haber hecho.

Miku no decía nada, solo observaba con decepción, tratando de contener las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos.

-Q-quería –comenzó a decir ella bajando la mirada –te había buscado para pedirte disculpas por malinterpretar lo de ayer, pero… pero ¿Cómo esperas que me crea que ella te estaba besando a la fuerza en este momento? –su voz había terminado de quebrarse, y varias lágrimas cayeron al piso. Él no dijo nada, aun analizaba sus palabras. Ella había confiado en él, pero tenía razón, esto no tenía una justificación válida

-y-yo la bese –trato de decir

-ya lo noté

-¡Espera! –Exclamó sujetándola del brazo –la hice para que me dejara en paz

-ya veo… es decir que, si te pide que te acuestes con ella para que te deje en paz, ¿lo harás?

-Por poder estar tranquilo contigo… haría todo –respuesta errónea. Miku le dio una bofetada y salió corriendo lejos de él.

Fue hasta el único lugar donde podía estar en paz, la terraza de la academia. Lugar al que siempre había ido cuando fue la novia de Kaito. Se sentó en el suelo, rodeando sus piernas con ambos brazos, juntando sus mejillas con las rodillas.

Se quedo así por unos minutos, llorando despacio, abrazándose a sí misma para tratar de calmar el frío que hacía esa mañana. De la nada, una chaqueta le cubrió los hombros, calentando un poco su helado cuerpo.

-es una mañana fría para estar aquí –dijo el dueño de la chaqueta sentándose a su lado. Miku reconoció de inmediato la voz de Kaito -¿Por qué lloras?

-me engaño –dijo a modo de respuesta. Kaito sabía muy bien a qué se refería, después de todo, él mismo lo había planeado junto a Neru. Volteo la cara para que ella no viera que había sonreído, y luego le coloco un brazo alrededor de los hombros y la atrajo hacia sí mismo. Estaba fría –lo vi besándose con Neru…

-él no merece tus lágrimas Miku –hablo el peli azul abrazándola -nadie las merece

-no puedo creer que lo haya hecho

-ese idiota está cometiendo el mismo error que yo –Miku lo observo extrañada –no sabe valorarte, se arrepentirá de no hacerlo

-¿Cómo lo sabes?

-porque yo sí me arrepentí, me lamento cada mañana de haberte hecho tanto daño

-Pero a él yo lo amo… -dijo ella casi en un susurro, escondiendo el rostro en sus rodillas. Sabía muy bien que Kaito quería aprovecharse de la situación, pero se había prometido a sí misma jamás volver con él –tú… no eres él

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La buscó insistentemente en el salón de clases, pero solo vio su puesto vacio. Rin le hizo una señal con la mano, llamándolo. Camino con desgano, evitado las curiosas miradas de sus amigos.

-oye, ¿ya hablaste con Miku? –le pregunto su gemela animadamente. Él se limito a encogerse de hombros, cabizbajo. Esa no era una buena señal, tal vez por eso Mikuo había salido corriendo apenas recibió un mensaje -¿Qué hiciste ahora?

-me vio besándome con Neru –esas eran palabras que definitivamente nunca había esperado escuchar de la boca de su hermano en ese momento.

-¿Cómo pudiste ser tan idiota? –exclamo olvidándose de una pequeña palabrita llamada AUTOCONTROL. Len le habría gritado, pero no tenía ánimos para eso

-¿Y Mikuo? –pregunto ignorando sus reclamos

-probablemente esté planeando tu funeral –dijo su hermana dándole la espalda. Sí, seguramente eso estaba haciendo el peli turquesa, pensando la manera de castigarlo por arruinar su única oportunidad, porque Mikuo era mucho peor que un hermano sobre protector cuando se lo planteaba, de eso no tenía ninguna duda

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-¿estás segura de que no fue Neru quien lo beso? –pregunto Mikuo tratando de encontrar una razón para dejar vivo a su amigo. Miku movió la cabeza en señal de negación, sin atreverse a mirarlo a la cara

-él mismo me lo confirmo –murmuró escondiendo el rostro en el pecho de su primo, quien le acariciaba el cabello –él fue quien la beso

-¿sabes que lo mataré, verdad?

-si te llame no fue para que lo golpearas Mikuo, en este momento solo necesito que te comportes como mi onee-chan… no le hagas nada

-no cuentes con eso –le dijo abrazándola. Ella quería que se comportara como su hermano, y cualquier persona que ve que alguien hace llorar a su hermanita, se venga –haremos esto, primero iras hasta el baño y te secaras esas lágrimas, y luego te irás a la casa, yo te excuso con el director, ¿De acuerdo?

La peli turquesa hizo lo mismo que su primo le dijo, tomando un taxi para llegar a su casa cuanto antes.

Mientras tanto, Mikuo fue hasta su salón, aun cuando la clase de artes ya estaba por terminar.

-buenas noches –bromeo el profesor a modo de saludo -¿Qué horas de llegar son estas?

-etto… estaba en la oficina del director –explicó Mikuo con su actitud de siempre -¿puedo pasar a sentarme?

-adelante –por suerte, el profesor de artes era bastante relajado, por lo que no solía controlar mucho a sus alumnos. Mikuo sonrió y fue hasta su puesto, junto a Len y Gumiya, quien ese momento estaba sentado en medio de ambos (Kyaa, ¡Qué envidia!), queriendo esfumarse apenas comenzó a sentir la tensión que se formo entre ellos

-¿estabas con Miku? –pregunto Len anotando en su cuaderno los materiales que el profesor les había pedido para la próxima clase

-¿te importa?

-por supuesto –el peli turquesa golpeo fuertemente la mesa con el lápiz, llamando la atención de sus amigos

-¿Quién quiere cambiar su lugar conmigo? -pregunto Gumiya en un desesperado intento por alejarse de ellos. Todos negaron de inmediato, volteándose luego para no ver los gestos de suplica que hacia el peli verde –chicos… cálmense, estamos en clases

-¿Te importo cuando besaste a Neru? –Len dio un suspiro, derrotado. Finalmente el profesor salió del salón, dejándolos libres –creo que debemos hablar…

-¿Hablar o golpearnos?

-enserio chicos, alguien rescáteme de aquí –suplico el joven en medio de ambos. Finalmente uno de sus amigos le tuvo piedad, o mejor dicho, una de sus amigas, ya que fue Gumi quien lo tomo del brazo y lo arrastro fuera del salón, aprovechando que Len y Mikuo estaban muy ocupados asesinándose con la mirada.

-chicos… ¿pueden dejar la violencia de lado? –Rin estaba bastante nerviosa, no quería verlos pelearse, no debían pelearse, ellos eran los mejores amigos del mundo.

Los jóvenes salieron del salón al mismo tiempo, con sus amigos corriendo tras ellos para evitar una guerra evidente.

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-¡Pues es una niña preciosa! –gritó uno de los amigos de su padre, golpeándole la espalda. Miku dio un suspiro y siguió limpiando los vasos. De haber sabido que a su padre lo visitaría uno de sus socios, se habría quedado en la academia, llorando por Len.

De solo pensar en eso, sus dedos temblaron, dejando caer el vaso que tenía en sus manos, el cual se rompió en varios pedazos apenas toco el suelo. El ruido que hizo al caer causo el llanto de su hija, quien hasta el momento estaba en los brazos de la amiga de su madre.

Volvió a suspirar y lentamente comenzó a limpiar los trozos de vidrio, cortándose con uno de ellos.

-pero que tonta soy –murmuro riendo con amargura. Unas ásperas manos tomaron la suya, limpiándole la sangre con cuidado. Levanto de pronto la mirada, encontrándose con los azules de su padre –lo limpiare

-Miku… no estás aquí porque tú quisieras –dijo más como una afirmación que como una pregunta. La joven no fue capaz de sostenerle la mirada, por lo que se limito a negar, cubriendo su rostro con el cabello –tuviste algún problema con el padre de tu hija –Miku se coloco de pie al mismo tiempo que él. Quería irse, pero el abrazo de ese hombre al que tanto rencor debería tenerle se lo impidió –sé que no soy tu primo Mikuo, pero si es lo que tanto necesitas, aquí tienes un hombro en el que llorar –la peli turquesa escondió el rostro en el pecho de su padre, soltando al fin las lágrimas que había estado guardándose durante toda la mañana

-duele tanto papá… tanto

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-debería partirte la cara –el peli turquesa aflojo levemente su agarre, liberando al fin el cuello de su amigo –si no lo hago es porque eres mi mejor amigo –Len no pudo evitar sorprenderse –y además… ni Miku ni Rin quieren que lo haga

-Mikuo…

-Aun así -lo interrumpió él dándole la espalda. De la nada, un puñetazo lo hizo caer al suelo. Sus amigos ahogaron un grito de sorpresa –este te lo merecías por idiota… Kagamine –que lo llamara por su apellido solo significaba una cosa… se estaba aguantando muy bien las ganas de seguir golpeándolo –no eres capaz de valorar a una mujer como Miku… no eres más que ba…

-no sigas –se escucho decir casi en un susurro a Rin –ya… ustedes… son amigos… no me gusta que peleen, estoy segura de que es lo mismo que Miku diría… no por nada la conozco hace más de 10 años –Mikuo suspiro y le tendió la mano al pelirrubio, quien seguía tirado en el piso

-te ayudare

-¿eh?

-te ayudare a volver con ella, es lo que quieres, ¿No?

-¿lo dices en serio?

-pero te juro que será la última vez que lo haga

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Próximo capitulo

-Kaito… -dijo casi como una cansada suplica

-Que no sea Len Kagamine no quiere decir que no pueda hacerte feliz Miku –ella suspiró derrotada, alejándose de él

-ya tuviste tu oportunidad, y la perdiste –le recordó colocándose de pie. Kaito la observó desde su lugar

-no sabes cuánto me arrepiento de haberte dejado Miku, ¡Déjame compensar mi error!

-¿Qué fue eso?

-¿Qué rayos te echas encima Miku? –frunció el ceño al darse cuenta de que había respondido con otra pregunta

-¿Te sientes bien?

-claro, solo fue tu perfume que me dio nauseas

-Rin…

-¿hmm?

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De verás, les pido que no me maten antes de explicarme, no he tenido internet porque estoy totalmente castigada por algunas cosas que prefiero no contar. El punto es que me ha costado mucho poder subir este capítulo, por favor perdónenme.

Otra cosa, me pidieron traducir esta historia al inglés, pero la verdad es que el inglés y yo nos tenemos la guerra más que declarada, así que si alguno de los que leen mi fic pudiera hacerlo sería genial. Solo avísenme si alguien puede, ¿ok? Gracias por leer.

Son los mejores lectores del mundo, nos vemos, ojala pronto.