Me di cuenta que nunca pongo que los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Por supuesto. Y la trama, tampoco es mía. Es de BookWoom4Life17.

Creo que no daña si no lo pongo, pero... no quiero problemas ni nada de eso.

Así que, las dejo con la historia.


Amor y otras mentiras.

Capítulo 1.

Demasiada sensiblería, muy pegajosos, demasiado nauseabundo. Pensó Bella Swan mientras observaba el movimiento al otro lado de la ventana. Era como estar en el zoológico, excepto que en lugar de animales habían personas. La morena se sentó fuera del Café de Esme con su laptop abierta enfrente de ella, encima de la mesa verde. Acomodó sus pies descalzos en la silla de enfrente. Era sábado en la tarde. Las uñas de sus pies estaban recientemente pintadas de un morado oscuro que hacían juego con su blusa sin mangas. Las sandalias que había elegido para usar ese día se encontraban debajo de ella, en la acera.

Eran mediados de Junio en Arizona y se sentía como si estuviera viviendo en pleno desierto. No le emocionaba nada la idea de que Agosto llegara. En los cuatro años que había estado fuera, Bella se había acostumbrado al constante frío y húmedo clima que era típico en Forks, Washington. Parecía haber olvidado cómo era vivir en Arizona durante el verano, que fácilmente podría comparase con unas vacaciones en el infierno.

—Muy... ugh... —Bella se estremeció al ver a una mujer que parecía tener al menos cuarenta años, lanzarle miradas provocativas a un hombre que quizá podría tener la misma edad que ella, veintitrés, en el asiento junto a ella. No es que se opusiera a que una persona saliese con otra, con tanta diferencia en edad, porque realmente, eso no le incumbía. El problema para ella era lo que la mujer estaba usando...

Cuando esa mujer decidió salir de su casa usando una falda que le cubría solamente media pierna, corriendo el riesgo de mostrar todo, se convirtió en asunto de Bella. Ahora ella era quién corría el riesgo de estar marcada toda su vida, porque esa mujer no sabía cómo vestirse apropiadamente para su edad y tipo de cuerpo. También usaba una camisa que parecía que podría pertenecer a una adolescente. Se ceñía demasiado a su busto. La gente debería asustarse de que en cualquier momento todo podría mostrarse por culpa de esa falda. Y para terminar, se veía como si visitara la cama de bronceado todas las semanas desde que tenía dieciséis, porque su piel lucía seca.

Bella se concentró en la computadora. Miro la historia que estaba a medias en su pantalla. La trama debía de ser un ejemplo realista de dos personas que estaban enamoradas. No quería nada de sensiblerías románticas y clichés como ahora en las novelas, llenas de basura. Bella quería algo real. Una historia que las mujeres encontraran entretenido, porque honestamente, una mujer simplemente no caería rendida a los pies de un caballero de brillante armadura —al menos, ya no más. Y por mucho que a todos les gustara creer que hay un alma gemela en algún lado, la oportunidad de conocer a esa persona, era básicamente, nula. No del tipo de romance glorioso que se leía en las novelas de antes.

La puerta principal de la tienda se abrió, dejando salir a la cuarentona que se vestía como adolescente. Bella se puso la vieja gorra de "Seattle Mariners" de béisbol, cubriendo sus ojos. Su padre, se la había dado en el verano en el que se mudó con él, hacía cuatro años. Su papá dijo que podía usarlo para encajar con los chicos en el colegio. Bella no tuvo el corazón para decirle que una vieja gorra no tendría tal efecto en los demás. Aún así, ella amaba esa gorra y la usaba siempre que tenía que escribir. Le dio el crédito de augurarle buena suerte. Usualmente, lo hacía; excepto en ese momento. Bella se quitó sus lentes y los tiró en la mesa.

Alzó la mirada cuando escuchó la puerta abrirse nuevamente, y vio a un muchacho rubio con una servilleta en su mano y una enorme sonrisa en el rostro. Vio cómo seguía calle abajo a la mujer.

Oh, hermosa imagen del verdadero amor. Pensó Bella sarcásticamente mientras cerraba su laptop. Estiró las piernas y se puso sus sandalias. Luego tomó su laptop y su tasa vacía mientras se dirigía a Esme para que se la rellenara.

Caminó hasta el mostrador y Esme la recibió con una cálida sonrisa.

—¿Te gustaría más té verde? Angela acaba de hacer un poco.

Esme era la mujer más bondadosa que Bella jamás hubiese conocido. Había sido como su segunda madre desde antes que se mudara a Forks a vivir con su papá. En muchos aspectos de su niñez ella sintió que era su verdadera madre. Bella sabía que esto no era completamente justo para Reneé, su madre legítima, porque tenía sus momentos, pero Esme siempre había estado para ella. Recuerda que cuando conoció a Esme, tan solo tenía cinco. Ese día también se convirtió en amiga de Alice, su más confiable y mejor amiga.

Bella estaba sentada afuera de clases de jardín de niños, esperando por su mamá. Eran la una y media. Cuarenta y cinco minutos después de lo que había prometido. Siguió pateando la silla junto a ella con las zapatillas de ballet que quería usar ese día. Reneé finalmente accedió y a las dos de la tarde, tendría su primer clase de ballet. Recordó haber estado ahí sentada por mucho tiempo cuando sintió que alguien se sentó junto a ella.

Me gustan tus zapatos —dijo Alice, la niña con cabello negro corto— ¿Vas a ser una bailarina, también?

Bella asintió.

Gracias.

¿Dónde está tu mami? —preguntó curiosa Alice—. Seguramente no quieres llegar tarde a clase.

No lo sé —respondió la joven Bella, tímidamente.

Esme apareció un minuto después con un niño que parecía ser tan grande como los de quinto grado, a su lado. Resultó que Esme estaba en una reunión de padres y maestros por Alice y su hermano, Emmett, que estaba en primer grado. Aparentemente habían peleado durante el recreo porque Emmett le había quitado a Alice su paquete de galletas.

Mami —Alice jaló de la manga de Esme— ¿Podemos llevar a Bella con nosotros a la clase? ¡No quiero que llegue tarde!

Esme se agachó para quedar su altura.

Alice, de verdad que no me importaría llevar a Bella, cariño, pero, no quiero que su mami se preocupe cuando llegue aquí y no la vea. Eso haría que se sienta muy triste. Y puede que Bella no quiera ir con nosotras.

¿La puedes llamar? —suplicó Alice— ¡Dile que va a bailar conmigo! ¡Por favor! Sé que Bella quiere venir con nosotras.

Esme la volteó a ver.

Bella… es un nombre precioso. ¿Te gustaría venir con nosotras a su clase si podemos localizar a tu mamá?

Bella asintió. Le había gustado Esme. Era agradable.

Esme terminó hablando con el maestro; que llamó a Reneé por ella. Todavía estaba en el trabajó y se olvidó por completo de la hora. Permitió que Esme llevara a Bella a clase y le agradeció por haberle salvado la vida.

Ese fue el principio de su relación con la familia Cullen. Cuando ella estuvo en primer grado, comía en su casa seis de siete días a la semana y pasaba todas las noches ahí, cada fin de semana. Cuando pasó a sexto grado, había convencido a Reneé de que la dejase ir a dormir en noches de escuela. No pudo discutir el hecho de que Esme y su esposo, Carlisle, ejercían más presión a la hora de ir a la cama. Usualmente Reneé no llegaba a casa, sino hasta tarde.

Alice, además de ser su mejor amiga, se había convertido en su hermana. Habían pasado juntas todo. Sobrevivieron las incómodas etapas de la secundaria y primer año de preparatoria, juntas. Bella y Alice eran capaces de ayudarse la una a la otra en áreas donde la otra no era tan fuerte. Alice era una entusiasta y sociable burbuja de energía. Bella era más callada, tímida y un ratón de biblioteca. Alice se ocupaba de sus vidas sociales mientras que Bella se ocupaba del estudio y tareas. Se complementaban bastante bien.

—Sería grandioso —Bella le respondió a Esme—. ¿Está Alice por aquí?

—Todavía no —dijo Esme, mientras servía el té—. Fue al aeropuerto con Emmett a recoger a su primo. Aquí tienes, cariño —le pasó la taza de vuelta.

—Oh, eso es genial. ¿De dónde viene?

—Viene de Londres. Su madre es mi hermana. Al que íbamos a visitar durante el verano cuando Alice era pequeña. ¿Recuerdas?

Bella sonrió por el recuerdo.

—¿Cuándo trataba de colgarme de la maleta de Alice?

—¿Y de la vez que Alice te trató de vestir como Emmett, mientras que encerró al verdadero Emmett en su clóset? —Esmé rio quedamente.

—Un mes era mucho tiempo, sobre todo, estando lejos. Estábamos juntas todo el tiempo.

El rostro de Esme se mostró triste.

—Lo sé. Y te hubiésemos llevado con nosotros si no fuese porque en ese mes, no habías visto a tu mamá desde hacía mucho.

Bella suspiró.

—Lo sé. No sé cómo hubiese sobrevivido Reneé sin mí. Soy asombrosa —trató de darle el dinero por el té, pero nunca lo aceptaba.

—Claro que lo eres, cariño —sonrió Esme—. Una joven y grandiosa mujer. Estoy orgullosa de que Alice haya encontrado semejante mejor amiga.

—Gracias —dijo Bella sonrojándose—. ¿Sabes a qué hora va a llegar?

—Dentro de una hora. ¿Quieres esperarla en la casa?

Bella miró su reloj.

—No. Me tengo que ir. Tendré que verla hoy a la noche. Gracias por el té Esme —pasó detrás del mostrador y le dio un rápido abrazo.

Bella salió del café para encontrarse de nuevo, con el sofocante calor de Arizona. Tomó su estuche, puso su laptop dentro, y acomodó la mochila en su hombro. Buscó sus llaves en el bolsillo de sus shorts de mezclilla, mientras caminaba a la esquina donde había aparcado su bebé, un Ford F-150 2009, negro. Bella se subió a la camioneta, poniendo su laptop en el asiento del copiloto.

Recordó cuando Reneé y su actual marido, Phil, le ofrecieron comprarle un auto nuevo. Phil justo había recibido una gran herencia de su padre, que había muerto el invierno pasado y se sintió muy generoso. Personalmente creía que intentaba ganársela, pero lo dejó pasar. Era una cosa menos de la que se tenía que preocupar cuando regresó a Arizona.

Todos se asombraron con el auto que Bella terminó eligiendo. Reneé le preguntó por qué no eligió un auto más femenino. Eso solo hizo que Bella se sintiera más orgullosa de su decisión. Alice tuvo más o menos la misma reacción cuando estacionó en la casa de los Cullen el mayo pasado. Le había tomado una semana elegir un auto desde que llegó a Arizona.

Charlie, su papá le preguntó por qué no había elegido la Bestia, su vieja camioneta que le había comprado en Seattle. Le tuvo que explicar que no sobreviviría un viaje hasta Phoenix. Y también se opuso a la idea de que manejara esa distancia ella sola, aun cuando pronto cumpliría los veintitrés. Era un poco sobreprotector ya que era el jefe de policía de Forks. No podía evitarlo.

Bella condujo las familiares calles de su ciudad natal, justo a las afueras de Phoenix, Queen River, hasta su apartamento. Se acordó cuán difícil fue escoger uno que realmente le gustara y se sintiera hogareño. Había estado viviendo con Phil y Reneé cuando recién llegó a la ciudad. El trabajo que le habían ofrecido requería que comenzara inmediatamente. Esa fue la razón por la que regresó a Arizona.

Bella estacionó su auto en su lugar asignado en el estacionamiento junto al edificio. Le gustaba la idea de que ya tuviera su propio lugar para su estacionar. También le gustaba que hubiesen exactamente diez pasos hasta el segundo piso, donde ella vivía, en el apartamento 210. Bella no tenía un OCD* o algo parecido, pero su vida siempre había estado fuera de su control. Y era agradable tener un poco ahora que vivía por sí misma. Se dio cuenta de que cada vez que vivía con alguien más, ya sea Reneé, Charlie, su compañera de cuarto de la universidad o Jacob —su ex novio—, nunca funcionaba.

Bella tiró sus llaves en el bowl encima de la mesa, cerca de la puerta y acomodó sus zapatos junto a la mesa. Recordó cuando su padre se quitaba sus zapatos y los ponía donde sea y siempre le preguntaba a Bella dónde había dejado sus llaves.

Hmmm, tengo tiempo para una ducha rápida, mandar el artículo al editor por e-mail, e ir con Phil y Reneé para almorzar.

Reneé había llamado esa mañana para preguntarle si podía reunirse con ellos para el almuerzo. Había alguien que querían que conociera. Y podía ser cualquier persona, hasta que le dijeron que se vistiera bien. Pudo percibir otra cita arreglada.

Después de bañarse rápidamente, Bella miró dentro de su clóset para encontrar algo para usar.

Las primeras impresiones son importantes, así que no quiero parecer una holgazana, pero tampoco quiero nada sexy. No quiero darle impresiones equivocadas al chico.

Se decidió en una blusa rosada con una blusa sin magas debajo y una falda oscura de mezclilla.

Casual pero lindo. Se observó en el espejo. Lo siguiente era amarrarse el cabello en una cola de caballo. Después de aplicar un poco de rubor en sus mejillas y rímel en sus pestañas, se sentó frente a su computadora. Antes de enviar el artículo al editor, lo leyó tres veces, corrigiendo casa signo de puntuación o falta de ortografía que pudo haber tenido. Era acerca de escoger zapatos para distintas ocasiones. Cambiaba el mundo. Amaba los zapatos, pero preferiría escribir sobre cosas más importantes.

Bella miró su reloj. Dos y media. Se vería con Phil y Reneé a las tres. Decidió que era hora de irse, después de ponerse zapatos negros planos, tomar su bolso y cerrar su apartamento. Mientras caminaba a su auto, se dio cuenta de que un camión de Furniture R US, estaba aparcado afuera. Alguien quizá está cambiando sus muebles, pensó, al ver a dos hombres cargando un sofá grande dentro del edificio. Debía ser uno de los vecinos ricos.

Quince minutos después salió de la ciudad. No era el lugar más lujoso, pero era el más agradable para comer fuera de ahí. Se sorprendió que Phil no hubiese sugerido comer dentro de la ciudad.

Con diez minutos de adelanto, Bella sacó un libro de la guantera. Orgullo y Prejuicio, aunque lo había leído cientos de veces, no podía evitar que le gustara tanto. Estaba lleno del romanticismo y cortejo que le hacían desear haber vivido en la época Vitoriana. Se recargó contra la puerta con sus piernas cruzadas pulcramente debajo de ella y comenzó a leer.

Estaba tan interesada en el libro que, se sorprendió cuando veinte minutos después, alguien golpeó su ventana. Reneé.

—¿Vas a entrar, cariño? —gritó, a través del cristal cerrado.

Bella tomó su bolso y sus llaves del contacto. Cerró el auto, y siguió a Reneé. Metió el libro en su bolso, ya que olvidó ponerlo de nuevo en la guantera.

—De verdad Bella —dijo Reneé mientras sacudía la cabeza—, ¿no pudiste vestirte un poco mejor? O sea, te ves bien, pero parece que fueras al supermercado.

—Lo siento. ¿Cómo se supone que me debí vestir —en un pequeño vestido negro y tacones?

—Bueno, eso hubiera estado bien, pero ya es tarde para eso. Arregla tu cabello, querida.

Va a ser una larga comida.

—Es solo una comida. Tranquilízate.

—Sigue así Bella. Con esa actitud nunca te vas a casar.

—Wow, vaya manera de ser sutil —le gruñó a su madre—. Además, no estoy segura de querer casarme. Nunca.

—Oh, deja de ser tan dramática, Isabella. Por amor de Dios —se giró para ver a su hija —, ¿de verdad es tan malo que una madre busque a alguien para su única hija?

Bella suspiró.

—No, mamá. Lo siento.

—Solo dale una oportunidad al chico. ¿Por favor?

—Sí, madre —Bella estaba consciente de la familiaridad de la conversación, y también estaba consciente de que el tipo no tenía ni una oportunidad.


*Obsessive-compulsive disorder —trastorno obsesivo compulsivo.

Hace rato que no subía nada. Pero créanme que estoy trabajando en eso. Estoy escribiendo dos historias simultáneamente y además traduciendo ésta.

Pero como ya dije esta es historia de BookWorm4Life17. Y me dio permiso para traducirla.

Y repito: La historia NO es mía. Es de BookWorm4Life17.

http: / .net / u/ 2434335 / BookWorm4Life17. Este es su perfil. Ya saben, cópienlo sin espacios.

Amé esta historia, y espero que a ustedes también les guste mucho.

Prometo hacer todo lo posible para actualizar con el segundo capítulo el viernes. Haré todo lo posible. Si no, hasta el sábado en la tarde. Es que ya comienzan mis exámenes el miércoles y pues... ya saben, tengo que estudiar. Están fáciles y ya los pasé, pero pues igual, debo de leer aunque sea.

En fin, espero sus reviews para saber si les gusta o no.

Gracias por todo. Son increíbles.