Prólogo

Dioses. Seres inmortales que existen desde el principio de los tiempos, creadores de todo cuanto conocemos y responsables de mantener el equilibrio de la vida. Pero, ¿cómo nace un Dios? ¿Cómo se forman nuevos Dioses para nuevas disciplinas? La mayoría descienden de los Dioses superiores, pero, en mi caso, mi nacimiento no fue obra voluntaria.

Cuando los humanos comenzaron a prosperar, los Dioses creadores creyeron necesario un orden estricto que rigiera sus vidas, una fuerza superior que dictase los hechos a ocurrir para evitar el caos total. Aquella fuerza especial era la Línea del Tiempo, una línea donde se fijaba la duración de las vidas de los mortales, los sucesos que debían ocurrir y los males por los que pasarían. Todo estaba medido con precisión para que los humanos pudieran vivir en paz.

Sin embargo, al crear aquella línea, los Dioses crearon sin querer otra fuerza aún más superior, y a la vez peligrosa. Eran las Arenas del Tiempo, la materialización del propio tiempo, pero un espíritu inestable e inseguro.

Cuando fue creado, los Dioses pensaron que lo mejor sería destruirlo y así evitar problemas. Pero hubo uno, Ormazd, que vio en ese espíritu la posibilidad de un control total sobre la Línea del Tiempo, un poder que debidamente empleado les ahorraría mucho trabajo.

Así pues, tras convencer a los otros Dioses, Ormazd se hizo responsable del adiestramiento de aquel espíritu que, una vez formado, tomó como forma definitiva la de una mujer, adoptando el nombre de Kaileena y convirtiéndose así en la Diosa del Tiempo.

Su aprendizaje fue rápido y los Dioses quedaron muy satisfechos al ver la efectividad con la que organizaba la Línea del Tiempo … Hasta que ocurrió lo impensable. Tras haberle labrado una buena reputación, Ormazd decidió llevarla con ella al mundo de los mortales para observarles de cerca. Pero aquello sólo sirvió para abrirle a la nueva Diosa las puertas de un mundo oscuro.

Llegaron a un Templo donde Ormazd hablaría con el sumo sacerdote, pues en aquel entonces, algunos de aquellos sacerdotes eran semidioses reencarnados en humanos para dirigir las vidas religiosas de la gente y Ormazd solía descender para que le informasen de la situación.

Mientras hablaban, la aprendiza de Ormazd encontró por el Templo una sala en la que estaban representados todos los Dioses, pero no vio nada referente a ella. Aquello le extrañó y decidió preguntarle a su maestro. Pero, al acercarse a la sala donde se encontraba hablando con el sacerdote, escuchó la conversación que tenía con él. Estaban hablando de ella.

No podemos hacer eso que pedís, Ormazd.

¿Por qué no? Es ella quien controla el destino del mundo.

No tenemos ninguna prueba de su existencia. Bien sabéis que todos los Dioses aquí representados han dejado su huella en este mundo. Tendríamos que ver alguna prueba de su poder.

Pero Kaileena ya lo ha hecho. Es ella quien rige las vidas de esta gente. Es un trabajo muy difícil y laborioso.

Pero eso siempre se os ha asignado a los demás Dioses. La labor de Kaileena es … secundaria.

¿Qué queréis decir?

Su presencia allí es prescindible. No es como los demás Dioses. No desciende de un linaje divino.

¡¿Estáis diciendo que es inferior a los demás?

Innecesaria. Fue admitida porque insististeis mucho. Pero sabéis tan bien como yo que debió ser destruida nada más nacer. Es un producto defectuoso de la Línea del Tiempo, nada más …

¡No consiento que habléis así de ella!

Es la verdad. Lo único que hace es observar la Línea del Tiempo y asegurarse de que nada se salga de su sitio. ¡Sólo vigila algo que ya programasteis!

Su poder va más allá de lo que jamás podríais imaginar.

¿Y por qué no nos lo demuestra si es así? – Ormazd iba a decir algo, pero guardo silencio. – Dejadme adivinar … Sus poderes son inestables.

La esencia de la que está formada posee unos poderes superiores al de cualquier Dios, pero estamos evitando que tenga la oportunidad de descubrirlos.

¿Por qué?

Porque si descubre hasta donde podría llegar, su espíritu podría corromperse.

Lo sabía … ¡Esa Diosa es un peligro! ¡¿Cómo puedes permitir que continúe al mando de algo tan importante como es el curso del propio tiempo? – El sacerdote estalló. - ¡Deberías arrebatarle sus poderes y desterrarla antes de que tenga la oportunidad de cometer una barbaridad!

No puedo …

El cariño que le tienes te está cegando, Ormazd. Somos buenos amigos, pero te lo advierto … Si permites que Kaileena siga en su puesto, se convertirá en un peligro no sólo para el mundo de los mortales … Sino también para el nuestro.

Aquello me dejó sin habla. ¿Yo, un peligro? Ahora entendía por qué había Dioses que me miraban mal. Estaba traumatizada, consternada. Lo que había descubierto era simplemente increíble. Ofendida, regresé al mundo de los Dioses sin Ormazd. A su regreso, vino a verme, preocupado por mi marcha.

Kaileena, ¿dónde estabas? Me tenías preocupado.

No me digas … - Le dije, sarcástica.

¿Por qué te has marchado sin mí?

No quería ser un problema.

¿Problema? Kaileena, ¿de qué estas …? – Entonces, al ver mi mirada, supo por qué hablaba así. – Has escuchado lo que dije, ¿verdad?

Lo escuché todo. Dime una cosa, Ormazd. Si tan peligrosa soy, ¿por qué no me destruyes de una vez? ¡Es lo que todos quieren!

Kaileena, escucha … Sé que puede sonar brusco, pero te queremos aquí. Eres una de los nuestros.

Eres el único que me trata como tal. Para el resto soy una simple sierva. ¡No me tratan con el respeto que merezco! ¡Esa sucia escoria debería aprender a aceptarme!

¡Cuida tu lenguaje, Kaileena! No te eduqué para que hables así.

¡Hablaré como me dé la gana! Soy superior a todos vosotros y me tratáis justo al contrario.

Kaileena, por favor, tranquilízate. Lo que has oído te está afectando demasiado. – Ormazd cogió mis manos, tratando de calmarme. – Es cierto que hay Dioses que desconfían de ti. Pero yo sé que algún día hallaremos el modo de que demuestres tu potencial. – Y abrazándome, añadió. – Y ese día yo estaré muy orgulloso.

Pero en mi mente sólo había odio y rencor. Aquello había despertado en mí a una Diosa del Tiempo completamente distinta a lo que de ella se esperaba. ¿Querían una prueba de mi poder? Pues la iban a tener.

Tras caer el Sol, me adentré en silencio en la cámara de la Línea del Tiempo. Busqué un momento en el que pudiera hallar a solas a aquel sacerdote y descendí al mundo de los mortales. Al ser un semidiós, no envejecería, pero su vida podía llegar a su fin de otras formas … Y un accidente lo tiene cualquiera.

Lo encontré en el Templo, recogiendo las cosas. No quedaba nadie más allí salvo él, lo que le convertía en la presa perfecta. Oculta bajo una túnica, aparecí en la sala donde se encontraba. Al verme, no sospechó y me trató como si fuese otra persona.

Lo lamento mucho, pero no podéis estar aquí. Esta sala es sólo para sacerdotes. – Pero no me moví. Usando mis poderes, aceleré el tiempo sobre las antorchas hasta que se consumieron, quedándose la sala a oscuras, vagamente iluminada por la luz la luna. - ¡¿Qué? – Comencé a caminar hasta él, esbozando en mi rostro una fría sonrisa. - ¿Quién sois?

Un fuerte puñetazo le hizo caer al suelo. Desconcertado, se llevó la mano al rostro y me miró con temor.

¡¿Qué es lo que venís buscando?

Venganza …

Entonces comenzó una brutal paliza sin compasión. Los objetos se movían por arte de magia, asestando duros golpes al sacerdote indefenso. Estaba disfrutando. Sus gritos eran música celestial para mis oídos.

¡Ayuda!

Nadie puede oírte. Fuera de este Templo, el tiempo está detenido. Puedes gritar tan fuerte como quieras, pero nadie te escuchará.

¡¿Quién eres?

Alguien que nació por error … Una mujer no lo suficientemente poderosa como para ser considerada Diosa, pero sí para ser un peligro para el mundo de los Dioses y para este …

¡¿De qué te sirve matarme? ¡Volveré a reencarnarme y lo diré todo!

¡Oh! Yo creo que no. Como bien sabéis, el destino de los mortales es responsabilidad mía. Y vos sois mortal … - El sacerdote me miraba horrorizado. – Así que … Ha habido un pequeño cambio de planes sobre vuestro futuro y no pinta nada bien …

¡¿Qué habéis hecho?

Creo que se podría decir que ya no habrá más reencarnaciones. Aunque creo que se me olvida algo. – Le dije, caminando a su alrededor. - ¡Oh, sí! Ya me acuerdo … ¡MUERTE!

Tras gritar aquello, un torbellino de arena comenzó a rodearle, absorbiendo su vida del modo más doloroso posible. Una extraña sensación me sacudió cuando absorbí su alma. Era algo que nunca había sentido antes, como si me sintiese más fuerte y poderosa. Mi espíritu se excitaba al sentir una nueva esencia alimentándole. Mis ojos se iluminaban, mi respiración se aceleraba y mi mente se volvía más agresiva.

Aquella noche, la Diosa del Tiempo dejó de existir. En su interior comenzaba a formarse la que sería conocida como la Emperatriz del Tiempo: odiosa, despiadada y completamente impasible. El espíritu de las Arenas del Tiempo comenzaba a despertar. Había encontrado el modo de corromper el cuerpo que le albergaba, y poco a poco se hizo dueño de todo su ser, dejando al descubierto su verdadera personalidad.

Los Dioses no supieron cómo reaccionar ante la muerte de aquel sacerdote. Estaban completamente desconcertados. Nadie sospechaba que era uno de los suyos quien había puesto fin a su vida … ni siquiera Ormazd.

Muchos años pasaron hasta que fui descubierta, lo que me costó el destierro y la pérdida de gran parte de mis poderes. Y tras siglos confinada en la Isla del Tiempo, negándome a recapacitar, los Dioses decidieron enviar a un elegido para acabar conmigo definitivamente, un alma torturada y desesperada por salvarse de una maldición que le venía persiguiendo desde varios años atrás.

Pero Ormazd había elegido a alguien especial. Un Príncipe que se sentía en su Familia como yo me sentía en el mundo de los Dioses, rechazado y perseguido, un error al que quisieron eliminar. Esperaba que nuestro encuentro despertara sentimientos en mí, al ver a alguien que había pasado por algo parecido y a quien no podría eliminar fácilmente. Pero poco sospechaban que aquel encuentro terminase en un tormentoso romance del que yo saldría perjudicada … O, más bien, muerta.

Sin embargo, aquello sirvió para salvar mi alma, volviendo a poseer el control sobre mi mente. Las Arenas se habían debilitado y, aunque sufrí demasiado, aquel calvario tuvo su recompensa. Tras dos largos años de altibajos emocionales, disputas, celos y traiciones, volvía a estar junto al hombre al que amaba.

En aquel tiempo, ambos habíamos madurado notablemente, aprendiendo a dejar atrás el pasado. Él dejó de encerrarse en sus problemas y yo dejé de temer volver a obrar como la Emperatriz. Éramos dos personas nuevas comenzando una vida nueva, juntos.

¿Y qué había sido de las Arenas del Tiempo? Una vez separadas de mi cuerpo, no pudieron hacer más daño, pues yo era la mitad de su ser y, sin mí, no podían actuar. Entonces, al estar fuera de su control, su poder se fue debilitando, y aquel espíritu fue condenado al olvido para permanecer allí … para siempre.