El niño que aprendió a volar

Por John Mejía

Capítulo 1 – Juego de niños

La campana resonó por todos corredores, irrumpiendo en los salones de clase para anunciar el descanso de media mañana. Al igual que el resto de los niños, Clark guardó sus libros de estudio en su mochila, la acomodó en el cajón bajo la tabla de escribir de su pupitre de madera, tomó su lonchera y salió corriendo al patio de recreos que quedaba en la parte posterior de la escuela. El patio de juegos era lo suficientemente amplio para que los casi cien niños que estudiaban allí pudieran distraerse libremente, ya fuera en los juegos de tiovivo, las barras o los espacios dispuestos para armar improvisados encuentros de beisbol casero o de Football americano. Era para un picadito de esto último precisamente, que un grupo de sus compañeros estaban ya organizándose.

"¿Quieres participar, Clark?", le preguntó su amigo Pete, un peli-mono lleno de pecas que lo tomó del brazo presuroso. "Vamos cuatro contra cuatro y jugamos a tres tantos. Los ganadores se llevan la lonchera de los perdedores. Yo voy con el grupo de Brad y le pedí a Kenny que te guardara un cupo en su equipo, de esa forma podré hacerme a esa deliciosa lonchera tuya".

"Como si pudieras…", respondió Clark y corrió junto a su amigo Kenny para tomar posición en el campo de juego, luego de poner la lonchera junto con todas las demás, amontonadas al borde de la imaginaría línea de meta que demarcaba su cancha de juego.

La pequeña Lana y dos de sus amigas se sentaron bajo la sombra de un árbol desde donde se contemplaba el juego de sus compañeros. La pelirroja saboreaba su merienda mientras sus dos amigas parloteaban sobre algo, la verdad no les prestaba mayor cuidado. Su atención estaba centrada en el juego de los niños, en uno de ellos en particular.

Clark tomó el balón y avanzó hacia la línea de meta contraria. Kenny bloqueó a Pete pero su otro compañero no pudo contener a Brad, que tenía un físico superior aunque compartía la misma edad de sus compañeros. Brad no tuvo contemplación alguna y derribo a Clark con algo más de fuerza de la que realmente necesitaba. Le gustaba apalear a los pequeños sabelotodo y nada mejor que hacerlo dentro del campo de juego, donde podía excusarse con un sencillo "es que así es el juego".

Lana se puso de pie de golpe y casi derramó la bebida de su botella, un delicioso jugo de fresas preparado por su tía Nell esa mañana.

Clark tenía la vista borrosa por las lágrimas que escurrían por sus ojos. No eran de dolor, prácticamente no había sentido el empujón. Eran de orgullo herido y rabia, al escuchar la mofa que el pesado de Brad hacía a costa suya. Se puso de pie sin limpiarse la tierra de sus jeanes ni los raspones que la caída le había dejado en los codos y se abalanzó contra Brad. Pete se percató del arrebato de su amigo y pensó "es una mala idea, ¡Brad lo va a matar!". Sin pensarlo dos veces, corrió para interponerse en el camino de Clark y bloquearlo antes que fuera demasiado tarde.

Lo siguiente que Pete recuerda, es la cara del enfermero que le decía con voz suave: "Tranquilo, es una pequeña fractura. Vas a estar bien".


Superman, Clark Kent y demás personajes (con excepción de aquellos creados especificamente para esta historia), son propiedad de DC Comics. Ni el autor ni esta obra tienen relación alguna directa o indirecta con DC Comics. Esta obra se realiza sin ánimo de lucro y como un homenaje a Superman. Aunque muchos de los eventos están inspirados en series de televisión, películas y más que nada en los cómics, esta historia en sí es un producto original que espero sea de su agrado.