Disclaimer: Nada me pertenece todo es de Capcom.

Summary: Nada es seguro, ni menos en una ciudad infectada de zombis. Era un círculo vicioso que nunca terminaría, todo empezaba una y otra vez. Sin llegar a un fin de cuentas.


Steve Burnside


El silencio que se produjo luego de unos segundos, mientras bajaban las escaleras, se hizo aterradoramente insoportable para los oídos de Ashley. Ese silencio le decía algo o tal vez simplemente era cosa suya, una estupidez creada por su cabeza, la cual había creado imágenes basándose en el pasado, un pasado de hace nueve años que aún seguía en su memoria, mostrando imágenes como si solo hubiera sido una tragedia de ayer.

Nueve años han pasado.

Eso era bastante tiempo.

Ahora ella tenía veintinueve años, no estaba casada, pero tenía un novio que de seguro, si es que se había enterado de lo que estaba pasando, estaría muy preocupado por ella. Hace no mucho salió de la universidad y ahora trabajaba como doctora en uno de los miles de hospitales. Su vida diaria había cambiado un poco desde lo sucedido con los Ganados, Las Plagas y Saddler. Al principio ella tuvo pesadillas largas y molestas, luego tuvo un poco de miedo a los sonidos similares y a las sombrar de cualquier persona, incluso algunas veces la suya propia. Pero eso con el tiempo fue pasando lentamente hasta quedar desde el principio.

Y ahora esto, todos estos zombis, nunca antes se había enfrentado a ellos, pero se podía decir que era algo similar a los Ganados.

—¿Qué ha hecho la vida de ti, Leon? —preguntó Ashley tratado de aligerar el ambiente al mismo tiempo que trataba de sacarse esas feas imágenes de la cabeza al igual que los malos pensamientos.

—Lo mismo de siempre: zombis, zombis, zombis… Y zombis —respondió el otro con el tono de la voz bajo—. Después te cuento más, por ahora no, tenemos que tener la cabeza en tu madre y en salir de aquí con vida —de un momento a otro dejó de escuchar sus pasos, lo que hizo a la rubia preguntarse donde estaba, ya que no podía ver casi nada, pero su respuesta fue respondida cuando chocó bruscamente con él haciendo que se cayera.

—Oh, demonios, Leon —reclamó. Se levantó de la fría escalera y se limpió sus pantalones por si se le habían ensuciado.

El agente, por otro lado, no parecía afectado por el choque, o por lo menos eso intuyó ella, ya que no lo podía ver, pero podía escuchar su relajada respiración.

—Un Adjule… —murmuró luego de unos segundos en silencio. La arma en sus manos lista para ser usada— No, más de uno —luego nuevamente el silencio incomodo y aterrador de ponía a Ashley alerta a cualquier sonido o cambio de ambiente en el aire que los rodeaba.

—¿Adjule? —su curiosidad otra vez haciéndole preguntar cosas de las que no prefería tener la respuesta— ¿Qué es un Adjule?

Leon no respondió inmediatamente, solo por el simple hecho de que sus sentidos estaban plenamente en saber de donde venían los Adjules ya que estos los podían atacar por cualquier parte y mantener silencio si lo deseaban. Esos malditos perros, con esos animales él había tenido varios encuentros en los últimos años y tenía que admitir que era difícil de matarlos por su velocidad increíblemente rápida. El agente miró a la hija del presidente y la tomó de la mano mientras que con la otra tanteaba la pared en busca de otra puerta que los conducirá a la seguridad o por lo menos un lugar que contenga luz.

—Le… —se detuvo Ashley cuando sintió un aliento frío a la altura del cuello y no era Leon, puesto que el agente estaba dos escalones más abajo escuchando algo que para ella no era perceptible. La única opción era…

En un abrir y cerrar de ojos ella le pegó a ciegas una fuerte patada a la altura de la cara de lo que ella creía que era un zombi. Su pie impactó con carne blanda que sonó como si la carne se desgarrara en dos y luego el sonido del cuerpo caer en el suelo de las frías y duras escaleras. Un gemido seguido de otro le indicó que el sonido provocado había llamado la atención de los otros zombis y bestias que se encontraban o dentro o fuera de la casa donde ellos se encontraban. Ese sonido le puso los pelos de punta a Ashley.

Sintió la mano del agente apretando la suya para luego sentir como todo su cuerpo era tirado por él bruscamente. Bajó las escaleras con velocidad. Antes de que ella pudiera reclamar por el dolor que le infligía, la mano de Leon le tapó la boca mientras la llevaba al interior de una habitación y la agazapaba contra la pared al lado de la puerta que ahora se encontraba cerrada. La pieza estaba débilmente iluminada por una lámpara que se encontraba en la esquina de esta. Sorprendentemente la luz seguía bien.

—Silencio —susurró el agente conteniendo un poco la respiración, por lo que la rubia hizo lo mismo.

Leon lentamente le destapó la boca, como si ella fuera a gritar de improvisto. Las respiraciones débiles de ambos de normalizaron y el silencio era tan penetrante que solo se podía escuchar el sonido de estas al exhalar e inhalar. Ella sintió las ansias de cercenar al causante de esto en miles de pedazos por hacerle pasar algo similar a lo que una vez pasó, pero era contundente el hecho de que era casi improbable que ella sepa quién fue.

La conmoción de estar en ese lugar cerrado y que seguramente estaba rodeado de bestias y zombis, le puso los pelos de la cabeza de punta.

Luego de unos segundos —o minutos—, Leon soltó a Ashley completamente dejándola de apresar contra la pared. Él no había dejado de mirar la puerta, sus ojos estaban fijos en ella como si de la nada fuera a aparecer uno de esos zombis, lo que para Ashley era una idea que no se tenía que descartar.

—Esta puerta permitirá que no nos encuentren, por lo menos no por ahora —intuyó Leon. En sus manos su arma de fuego apuntando a la pared—. Por otro lado, puede que nos hayan escuchado —miró a Ashley, dejando de mirar por primera vez la puerta desde que entraron— ¿Dónde aprendiste combate cuerpo a cuerpo?

La chica rubia se encogió de hombros.

—Después del accidente con las Plagas, decidí aprender combate cuerpo a cuerpo para defenderme sin ayuda de nadie, no quería ser indefensa ante cualquier persona... No funcionó al parecer, ya que estamos en medio de un edificio rodeados de zombis y aun así estás aquí para salvarme.

Ashley se sentó en una silla negra como el carbón de ruedas en frente de una mesa rectangular de madera pegada a la pared roja de la estancia. Se cruzó de brazos y miró al otro lado de la habitación donde se encontraba un estante alto de rebosante de libros de todos los colores conocidos y alguno de otra hoja con archivos de seguro importante para la persona que alguna vez trabajó en esa oficina.

Leon sonrió levemente, pero la chica rubia no lo pudo ver por estar mirando algo que llamó su atención. El agente se quedó mirando a la rubia sin despegar la vista de su rostro concentrado.

—Leon, mira —se acercó arrastrando la silla hasta quedar en frente del estante—. Se parece a…

Antes de poder terminar su idea, unos golpes fuertes azotaron a la puerta roja. Sacando a Kennedy de sus pensamientos y poniéndolo alerta del peligro que podía hallarse al otro lado de esta. Los golpes se reanudaron después de unos segundos, pero esta vez más persistentes e impacientes. El agente bajó el arma luego de meditarlos unos segundos y acercó la mano a la manilla.

—¿Qué haces? —preguntó Ashley al darse cuenta de las intenciones del agente—, puede que se…

—Ningún zombi tocaría la puerta —respondió cortando las palabras de la mujer—. La persona al otro lado está tan cuerda como nosotros.

En cuanto la abrió la puerta esta gimió bajo el repentino peso del cuerpo que estaba apoyado contra la madera de esta. Era un hombre, el cual gritó de improviso cuando sintió que el lugar donde se descansaba su agotado cuerpo, desapareció. Al darse cuenta que estaba en el piso, se levantó rápidamente y miró al agente, el cual tenía una expresión en blanco. El hombre, sin ver a la rubia que lo miraba, fijó toda su atención en Kennedy. Estaba algo cansado, se podía escuchar en su respiración agitada.

Cerró la puerta, la cual hizo un estruendoso sonido.

—Leon… —dijo el chico pelirrojo tratando de decir algo, pero sus palabras se atropellaban unas contra otras, por lo que Ashley no pudo entender a que se refería o el tema que le estaba divulgando al otro, pero al parecer Kennedy estaba al tanto de las palabras del hombre. El rostro del agente seguía sin mostrar expresiones.

Luego de terminar el relato, el tipo pelirrojo se percató de Ashley sentada.

—¿Quién es ella? —masculló mirando de nuevo al agente, el cual estaba mirando el arma en sus manos. Se acercó a Ashley, quien trataba de descifrar el semblante sin emociones del agente—. Hola, soy Steve, Steve Burnside.

Steve alargó una mano en forma de saludo. Ashley lo miró a sus ojos azules por unos segundos, indecisa, desconfiando de ese hombre, pero luego, al pensar que conocía a Leon le hizo agarrar un poco de confianza.

—Me llamo Ashl…

—Falta la esposa del presidente —respondió el agente, levantando la vista—, sin ella la misión no está completa —miró a la rubia—. Ella es Ashley, su hija.

Steve se relajó y se sentó en el escritorio rectangular. La rubia en ese entonces se dio cuenta de la metralleta que traía en la mano derecha.

—Una manada de Adjule nos espera al salir de la casa, junto a otra de zombis—comunicó como si no fuera la gran cosa. Tomó un adorno de elefante del escritorio y empezó a mirarlo por todos los lados, al parecer la figura era fascinante para Steve—. Hace tiempo que no veía este animal, Wesker cuando me tuvo a sus órdenes no me dejaba salir con frecuencia, y si lo hacía era para batallar contra otros especímenes y cuando murió, sus asistentes fieles, fueron duros, por lo que simplemente me mantuvieron encerrado. Es bueno poder ver el mundo exterior de nuevo —sonrió.

La rubia se acordó de algo que le detuvo el corazón, algo que había visto pero luego no se había vuelto a pasar por su mente. Ella se regañó por tan estúpida. Antes que los dos hombres pudieran reaccionar, la rubia se levantó de su silla y se acercó a Leon tomándole el brazo herido. ¿Cómo es que pudo olvidar algo así? El sangrado había parado un poco y la sangre estaba seca, pero de todos modos ella tenía que curar ese brazo. Esos últimos años practicando con esfuerzo para doctora no le iban a servir si se quedaba sin usarlos.

—Ashley, no es necesario —dijo Leon al ver las intenciones de la rubia.

Ella miró a su alrededor, dándose cuenta de que no había botiquín de emergencias a simple vista, pero podía haber alguno en toda la casa. Maldijo por lo bajo. Las probabilidades de encontrar uno eran de cincuenta a cincuenta. Sin embargo las esperanzas en ella florecieron.

—Steve, tenemos que salir y buscar todo lo que sea necesario para curar a Leon —murmuró sin saber las razones del por qué lo hizo. Sus ojos inspeccionaba la herida no tan profunda ni tan grande. Pasó sus dedos suavemente por la piel. Suspiró—. Vamos.

Ashley procuraba salir cuando sintió una mano fría tocándole el brazo, ella se giró para mirar a Steve, quien la miraba preocupado. El tipo dejó el elefante en su posición original.

—Iré solo, los zombis me hacen caso… Soy… Su líder por así decirlo —sonrió, pero la felicidad no le llegó a los ojos. Parecía como si estuviera ocultando algo importante, algo que le mantenía distante—. Sigan adelante, buscaré algo para Leon y nos encontraremos en una tienda de ropa no muy lejos de aquí. Es una tienda de cuatro pisos con vidrios blindados, solo tiene una de las cuatro puertas abierta. Mañana a primeras horas de la tarde.

Se acercó a la puerta, la abrió lentamente mirando al otro lado para ver si había algún peligro que pusiera en riesgo la vida de los otros dos acompañantes. Su corazón latía rápidamente, como si le avisara de que algo malo iba a pasar. De que nada de eso valía la pena. Pero decidió ignorar esa corazonada.

—¿Claire sabe que estás en esta misión? —preguntó el agente luego de unos segundos de silencio.

Steve se tensó.

—No es algo que desee hacer, pero no puedo —fue lo único que dijo antes de salir adentrándose en la oscuridad y cerrando la puerta de casi un portazo.

Ashley no sabía quién era Claire, pero por lo visto la chica tenía una influencia en el chico pelirrojo, se podía ver a kilómetros la tensión de sus músculos cuando Leon nombró a la chica. Algo pasaba, algo que seguramente no era necesario saber, pero de todos modos, a pesar de que su conciencia le decía que no se entrometiera, la rubia deseaba saber el pasado detrás de ese misterioso hombre que parecía alterarse con una sola palabra. Algo en ese hombre llamaba su atención además de ser algo insólito para ella, y ese algo era lo que la mantenía intrigada.

Leon suspiró, al momento que la tensión en sus hombros, se relajaban.

—Tenemos que salir.

Ashley no tenía ganas ni fuerzas para salir de ahí, no deseaba volver a ver esos monstruos o zombis, esas cosas las cuales ella no tenía idea de si estabas más muerta que vivas o más vivas que muertas. Tampoco como si le importara. A pesar de saber pelear cuerpo a cuerpo, el miedo no se había ido en todo ese tiempo. Le tenía miedo a morir, a sufrir más de lo necesario, todo el mundo le teme a la muerte, a pesar de no querer aceptarlo. La rubia simplemente no tenía fuerzas mentales para salir.

—No… Por favor.

Ashley lo miró a los ojos, suplicante.

Leon parecía que se debatía. Su rostro inexpresivo la miró tan intensamente que hizo que Ashley empezara a temblar levemente. Ella vio de nuevo la herida en su brazo que no sostenía el revolver.

—No es una opción. Vivir o morir. Vamos.

Ella supo que negarse ya no era una opción con valor. Estaba encerrada con un sí o sí. No otra alternativa que la dejara escabullirse de las garras del destino. Eso si que era tener una mala suerte.

La rubia suspiró.

Si no tenía más opciones.

—Leon…

Un rugido rasgó el aire, se escuchó fuerte, ronco y aterrador. Era el rugido de un monstruo, el cual estaba cerca, demasiado cerca.

¿Por qué no podía terminar de decir lo que pensaba?

El agente preparó su revolver y su mano se fue a la manilla de la puerta mientras le daba una rápida mirada a Ashley de advertencia. Abrió la puerta y salió de un salto a fuera mientras apuntaba a donde la rubia no podía. Otro gruñido, que hizo retumbar las paredes y hacerle doler los tímpanos a la rubia, demostró que la bestia estaba furiosa.

—Demonios, el G-Virus —gruñó Leon.


Gracias a las personas que me dejaron un comentario el capítulo anterior, ya que me dio fuerzas para escribir este. Espero que sea de su agrado y que me den su crítica.