Isabella y Edward Cullen salieron apresuradamente de su mansión a las afueras de Seattle, Washington. Subieron en silencio a su lujoso auto plateado y tomaron la carretera que los llevaba a la ciudad. En el trayecto no se hablaron, ni se miraron. Solo se limitaron a ver enfurruñados por el parabrisas salpicado por la lluvia nocturna. El sistema GPS le daba instrucciones a Edward donde virar, para llegar a la estación de policía del distrito 3.

El matrimonio se preguntaba en que habían fallado. Tal vez fue demasiado amor, tal vez fue muy poco. Probablemente fueron los regalos, el dinero o sus amistades... Ambos se sentían culpables, se sentían los peores padres del mundo.

Las calles de la ciudad estaban casi desiertas, cuando el Lexus plateado las atravesaba a las tres de la mañana.

Cuando por fin llegaron a la estación de policía, entraron abrazados y tratando de no verse tan adinerados.

-Buenas noches... o días - murmuro Edward educadamente al policía en el modulo de información-. Venimos por Renesmee Carlie Cullen.

El policía tecleo el nombre una vez que Isabella lo deletreo en tres ocaciones.

-Su fianza es de mil dolares.

La mujer puso los ojos en blanco.

-Que fue lo que hizo?

-Iba en un auto que se paso múltiples señales de trafico y se resistió al arresto. Quedara en su expediente, pero no tendra mayores cargos por ser la primera vez y por que ella no iba al volante - murmuro cansadamente el policía. - La caja es en aquella ventanilla.

-Gracias.

Bella y Edward esquivaron a un policía que llevaba esposado a un vagabundo, que quiso acercarse a ellos.

Mientras, Renesmee lloraba en su fría y sucia celda, rodeada de prostitutas. Las cuales le tocaban sus largos y sedosos risos de cobre pulido, al igual que su ropa de diseñador.

-Renesmee Cullen! - grito una mujer policía abriendo la reja. - Tus padres vinieron por ti.

La chica se levanto dando de manotazos a las mujeres y camino trastabillando. Aun estaba muy ebria.

-Mami, papi! Vinieron! - corrió a abrazarlos.

Bella la recibió con una bofetada.

-Por que lo hiciste? - pregunto sobando su mejilla ardiente.

-Tres días sin saber de ti jovencita! Tres días! - Edward la tomo con fuerza del brazo derecho. - Pensabamos que estabas...

Contuvo las lagrimas y la abrazo con fuerza.

Renesmee no entendió muy bien de que hablaba, solo se alegro de que la hubieran sacado de aquel chiquero.

-Me disculpan un segundo - susurro la chica con educación y levantando el indice derecho.

Dio media vuelta y vomito con violencia. Sus padres retrocedieron con asco, evitando que sus gabardinas fueran mancilladas.

Renesmee desperto en su comoda y enorme cama, de su aun mas enorme y rosa habitación. Sentía que la cabeza le iba a explotar; había estado de fiesta tres días seguidos con sus amigos.

Se levanto de la cama con extremada lentitud y camino hacia el baño. El reflejo en el espejo la espanto. Su cabello usualmente perfecto, parecía un nido de pajaros. Su impecable maquillaje estaba corrido casi hasta los pómulos y la comisura de sus labios carnosos estaba embarrada del vomito de la madrugada anterior.

Se dio una larga y reconfortante ducha en su baño color rosa. Luego cepillo sus dientes y se introdujo a su armario de ensueño. Busco un vestido de lentejuelas plateadas, zapatos negros de tacón y bolso. Maquillo su rostro frente al espejo de su peinador e hizo nuevos planes con sus amigos recién salidos de la cárcel -como ella- por medio de su Blackberry, con piedreria rosa.

Una vez que estuvo satisfecha con lo que le mostraba el espejo, salio de su dormitorio.

-Alec, has visto las llaves de mi auto? - le pregunto al mayordomo. - No las encuentro.

-No, señorita.

-Mmm. Le preguntare a Santiago - murmuro bajando las escaleras.

Renesmee busco por toda la casa, las llaves de su nuevo y reluciente Bentley color negro.

-Buscabas esto? - pregunto amablemente su padre, con las llaves en la mano.

-Si! Gracias - se acerco a tomarlas con una sonrisa amplia, que le recordo a Edward cuando su hija tenia cinco años.

Su padre alejo las llaves esfumando de su rostro la nostalgia.

-Dámelas! Tengo prisa.

-Tu no vas a ir a nungun lado, jovencita - murmuro su madre a su espalda. - Tenemos que hablar muy seriamente.

La tomo del brazo y casi la avento a un sillón de la sala.

-Que quieren? - pregunto con insolencia.

-Por donde empezar? - cuestiono Edward - Te emborrachas, apuestas, te drogas...

-Eso ya no lo hago - se defendió rapidamente .

-Te expulsaron de Princeton en tu primer semestre! - continuo su padre.

-Desapareciste por tres días, e hiciste no se que cosa. Renesmee... que te esta pasando? - murmuro Bella con lagrimas en los ojos. - Te sacamos de la cárcel ayer.

-Dejen de molestarme - se levanto del sillón.

-Estas castigada! - exclamo su padre con autoridad.

-Papa!- suspiro rodando los ojos - Por cuanto tiempo? - se dejo caer en el sillón, esperando su "castigo".

Usualmente la castigaban quitandole el auto por una semana. Sobreviviría.

-Pasaras todo el verano con tu abuelo Charlie - sentencio Bella.

-Que? No! - su hija se levanto de nuevo, de un solo tirón. - No! Eso no! No es justo. Por que me hacen esto? Yo no voy a ir a ese lugar, es horrendo!

-Vas a ir castigada, no de vacaciones a Londres con tus abuelos Carlisle y Esme.

-Pero papa...! Juro que me portare bien. Buscare una universidad y entrare en enero, conseguire trabajo... lo que sea menos El Crepúsculo, se los ruego. - Suplico con lagrimas en los ojos.

Hablaba en serio, incluso prefería que la desheredaran a ir de nuevo a ese lugar.

Edward y Bella no se doblegaron frente su única hija arrodillada. Ya le habían dado muchas oportunidades y ella seguía igual. Continuaba de fiesta en fiesta, haciendo travesuras, comportandose como una niña mimada y ahora hasta cometía delitos.

-Ya compramos tus boletos. Sales hoy en la noche - murmuro Bella con aplomo.

-Como quieran - respondió Renesmee limpiando sus lagrimas inútiles. - Solo esero que se caiga el avión y se quede en su conciencia.

Al entrar a su habitación dio un portazo y grito con todas sus fuerzas hasta que le dolió la garganta.

Gruño y refunfuño todo lo que quiso mientras hacia sus maletas con ayuda de Jane, la ama de llaves.

-Como se les ocurre enviarme a El Crepúsculo? Es inicio de verano! En que estan pensando? Por que me odian? Ah, yo lo se: por que soy joven!

Jane solo meneaba la cabeza.

Santiago, el chofer de la casa termino de subir las dos grandes maletas de ropa de la señorita de la casa, al igual que su gran bolsa se zapatos, a la cajuela del auto. Mientras, ella bajaba las escaleras de la entrada.

-Hija! - Bella trato de tomarla de la mano y esta se zafo.

Subió al auto sin decir una sola palabra. Lloro de coraje camino al aeropuerto.

Según Renesmee, Texas era horrible, asqueroso y corriente. Un lugar lleno de rancheros y vaqueros mal vivientes y malolientes.

Su abuelo Charlie Swan tenia uno de los ranchos mas grandes, bonitos y prosperos del estado, pero ella no lo veía así. Aborrecía el lugar con toda su alma. Pero adoraba a su abuelito, el siempre la consentía y mimaba; así que si no salia para nada de la hacienda, se daba por bien servida.

Cuando el vuelo de Renesmee aterrizo en el aeropuerto de Dallas, Texas, se dio cuenta de que tenia un boleto de autobús que la llevaría a Midnight Sun y de ahí la recogería su abuelo, para llevarla a El Crepúsculo.

Tomo un taxi que le robo a una viejecita y pidió que la llevara a la central de autobuses. En el lugar se valió de sus encantos y belleza para que le ayudaran con su bolsa y sus maletas. De nuevo le agradeció a sus padres sus buenos genes, lo cual hacia muy seguido.

Todo el que la veía le parecía dulce, encantadora y adorable con sus risos de canela, sus ojos de chocolate, su piel de vainilla y sus labios de cerezas. Los que no la conocían bien decían que era un ángel y sus maestros de preparatoria y uno que otro de la universidad decían que era la reencarnación del mismo demonio.

El autobus se detuvo en un "pueblo olvidado de Dios" como lo llamaba Renesmee. El mismo chofer le ayudo con su equipaje, encandilado por su belleza, pero una vez que el autobús arranco de nuevo, se quedo sola.

La mañana era soleada y seca. Renesmee estaba cansada por el viaje de noche y desde tan lejos. Giro en redondo con sus botas Chanel buscando el auto de su abuelo. La falda negra, blusa verde y las joyas que traía, hacia que resaltara en el lugar como una mancha roja en una superficie blanca.

Las personas que estaban dentro de los negocios y tiendas la veian con curiosidad.

La chica se aparto el cabello del hombro y poso su delicada mano sobre sus ojos, para cubrirlos del inteso sol sureño. No estaba muy acostumbrada a que el sol fuera así. En Seattle llovía constantemente y cuando había sol no era tan intenso.

-Hola! Hay alguien aquí que me ayude?

Nadie contesto.

Camino por la calle hasta la esquina, donde estaban sentados un par de ansianos bajo la sombra de un arbol.

-Disculpen, se supone que alguien debe venir a recogerme, ustedes no saben algo?

Los ancianos se miraron entre ellos.

-Supongo que no. Saben como llegar al rancho El Crepúsculo? - lo dijo casi con horror.

-Solo vete derecho - señalo uno de ellos con la mano.

-Yo no voy a caminar, gracias.

Enfadada camino de nuevo hasta sus maletas y miro con desagrado que las calles aun no estaban pavimentadas.

Coloco sus maletas Louis Vutton de manera que sirvieran de asiento y se sento a esperar su carruaje.

Una hora después se levanto, cruzo su bolsa en su hombro, tomo sus maletas, coloco su diminuto bolso negro bajo el brazo y camino con la frente en alto por la calle principal.

Siguió caminando cuando salio del pueblo y comenzo la negra y pavimentada carretera.

Sus botas Chanel no estaban disenadas para caminar, solo para hacerla mas alta y hacerla lucir un trasero espectacular.

Mando al infierno a sus padres y a su abuelo una y mil veces, mientras seguía caminando a un lado de la carretera.

Un claxon exigente sono a su espalda y una pick-up roja de caja larga y doble cabina se detuvo a su lado.

La ventanilla del copiloto bajo automáticamente y un vaquero asomo el rostro.

-Tu eres Renesmee Cullen? - pregunto con un marcado acento sureño, bajando por la nariz sus lentes de sol.

-Si.

-Tu abuelo me envió por ti.

-Pues no hiciste un buen trabajo. Llegue hace dos horas y tengo una caminando.

-Lo lamento. Anda sube!

Renesmee respiro profundo y solto sus maletas. Se encamino a la camioneta y abrio la puerta.

-Y tus maletas?

-Que no las vas a subir tu? - pregunto atónita.

-No! Si quieres ahí dejalas - el vaquero acomodo su sombrero de ala ancha.

De nuevo Renesmee casi lloro de coraje, cuando tuvo que subir sus pesadas maletas a la caja de la pick-up. Se subió al fresco auto y el vaquero le sonrió ampliamente.

-Vaquero estúpido - murmuro muy bajito.

-Dijiste algo, ricura?

La chica se estremeció y le dieron nauseas.

El vaquero encendió la radio y canto a todo pulmón canciones tipo contry, que a la chica le parecían de lo mas corriente. Miro al chico y vio que sus pantalones estaban sucios y rotos, al igual que su camiseta blanca, por la cual se notaba su musculatura.

Tal vez un baño no le caería mal. Con ropa diferente no se vería tan... pueblerino. Penso Renesmee con desagrado.

-Por cierto, soy Jacob Black - el vaquero extendió su mano derecha.

-Mmm - siguió viendo por la ventanilla las cocechas y los inmensos campos verdes que flanqueaban la carretera.

Quince minutos mas tarde, Jacob dijo:

-Llegamos!

Unas grandes puertas dobles de hierro forjado se abrieron desde la caseta de vigilancia. Jacob saludo al guardia en turno y entro al rancho. El auto recorrió el sinuoso camino hasta el valle, donde descansaba una casa color beige con altos techos grises y dos chimeneas.

Por fin! - penso la chica. Salto de la camioneta y corrió a los brazos de su abuelo Charlie, quien la esperaba en la entrada de la casa.