N/A: Gracias por los reviews, los favs y las alertas lo aprecio mucho de verdad :D


Descargo de responsabilidad: ningún personaje de Phineas y Ferb me pertenece, ellos son propiedad de Disney Channel y de sus creadores Dan Povenmire y Jeff "Swampy" Marsh.

Capítulo 2

"Tranquilízate y piensa" me dije, intentando recordar datos sobre la catalepsia astral involuntaria a pesar de que lo creía un mito, pero claramente estaba equivocado. "Este estado puede ser consecuencia de varios acontecimientos" chasqueaba los dedos aunque no producía ningún sonido "producto de alteraciones nerviosas pero no padezco de ninguna o también consecuencia de infecciones víricas pero no estoy enfermo o traumas físicos" abrí los ojos tanto como podía "¡eso es! Esto es consecuencia de la conmoción cerebral que sufrí"

Observé que se llevaban mi cuerpo a otro lugar, pero no los seguí. Me limité a quedarme parado en la recepción esperando a que mis padres lleguen.

"Si es una proyección involuntaria no tengo dominio sobre ella, entonces no puedo volver a mi cuerpo cuando yo desee. Tendré que esperar a que el efecto pase, pero puede demorar días o tal vez horas" me dije "ojala sean horas"

Vi como varias personas caminaban por los pasillos, pero…no todas estaban con vida. Unos momentos después mi madre, padre y hermanos ingresaban al hospital, preguntando por mí, tenían los ojos rojos y llenos de lágrimas, sobretodo mi madre.

"¡mamá, papá!" grité, intentando que me escuchen, pero no lo hicieron; al contrario pasaron a través mío.

- síganme – la enfermera les indicó el salón donde me hallaba.

- esperen aquí – mi padre le dijo a mis hermanos, antes de seguir a la enfermera, acompañado por mi madre.

"Tienen que verme" dije "tienen que…" no continué porque escuché sollozos atrás de mi. "¿Candace?" había volteado y encontrado a mi hermana allí, la cual lloraba, al igual que Ferb, pero a diferencia de mi hermano, ella no lloraba en silencio.

- oh Phineas – dijo mi hermana, entre sollozos.

"Candace, ¿puedes verme?" pregunté, con clara esperanza en mi voz.

- voy a extrañarlo tanto – se limpió una lágrima con un pañuelo que mi hermano le entregó.

"no, no puedes verme" me auto-respondí, un poco decepcionado por ello.

Pronto una idea se me ocurrió "¡Ferb!" me acerqué a él "tú tienes que verme" dije "tú tienes conocimientos asombrosos e increíbles, puedes hablar con los delfines y los marcianos. ¡Tienes que poder verme!" intenté tocarlo pero no tuve éxito, todo lo que obtuve fue atravesarlo.

El continuó llorando en silencio con la mirada fija en mí, pero era claro que él veía la pared o tal vez a Candace que estaba detrás de mí.

"por favor, ¡tienen que verme!" dije con clara desesperación. "¡tienen que saber que todavía estoy vivo!" Pero no funcionó, ninguno de ellos siquiera me escuchaba, para mis hermanos yo ya estaba muerto.


Me llevaron a una funeraria para que pudiesen preparar mi cuerpo para el velorio, pero debido a las temperaturas altas de la estación decidieron que no habría tal acontecimiento, simplemente me enterrarían al día siguiente. Yo no podía creer aquello, el mismo calor que me devolvió las vacaciones, que me trajo diversión y alegría, que permitió que Candace nos visitara durante sus vacaciones universitarias, ese mismo clima de verano ahora me condenaba a...prefería no pensar en eso.

Después de dejar mi cuerpo en la funeraria, regresamos a casa. No sabía a dónde ir o que hacer para que me notaran, así que simplemente seguí a Ferb y al resto de la familia hasta nuestra sala y me quedé allí por algún tiempo, de pie apoyado en la pared, debido a que no podía sentarme en ninguna silla sin atravesarla. Observé el techo de aquella habitación, esperando a que algún milagro sucediese, mi hermano dejase de llorar y pudiese verme, pero estaba al tanto de que aquello era imposible.

Bajé la cabeza al estar consciente de que nadie iba a oírme, porque nadie era capaz. Pero al hacerlo pude divisar a mi ornitorrinco.

"Oh, ahí estas Perry" dije.

- grrr – respondió.

Sonreí, al menos él si me veía.

"espera" dije, cuando una idea, mejor dicho una pequeña esperanza se presentó entre mis pensamientos. "¿puedes verme?" indagué para confirmar o descartar aquella duda.

Perry asintió. Me sorprendí un poco porque era la primera vez que mi mascota hacia algo más que gruñir, pero no tenía tiempo para las sorpresas debía enfocarme en cosas más importantes.

"Las leyendas urbanas dicen que los animales pueden ver almas, ¡eso es!" me dije "Perry, no estoy muerto, sólo sufro de una catalepsia astral involuntaria, por eso todos piensan que estoy muerto, pero continúo con vida" dije "y si siguen pensando eso, van sepultarme vivo"

Pero mi mascota continuó con la mirada perdida, la expresión neutra y no hizo nada más. Suspiré, con la desesperación olvidé totalmente que era un ornitorrinco y no hacia gran cosa, pensé.

"oh amigo" expresé "desearía que me entendieras"

Él gruñó de nuevo y simplemente se limitó a irse.


Las horas transcurrieron en la desesperación y lo frustrante que era ser invisible ante todos. Me acercaba de vez en cuando a mis padres o a mis hermanos para intentar que me escuchen, sin embargo, nunca tuve éxito.

Entonces decidí salir afuera, recorrí todas las calles de Danville, intentando que alguien me viera o al menos me escuchase, pero fue en vano. Al comprender que nadie podría ayudarme, concluí que sería mejor si retornaba a casa y me resignaba al destino que se me había impuesto.

Mientras daba paso a paso por aquellas calles desiertas, pensaba en todo y al mismo tiempo en nada, pensaba en mi familia, mi vida, la forma en la que partiría de este mundo, lo que dejaría atrás, pero nada de aquello parecía alivianar mi carga.

Llegué hasta la construcción que durante años denominé hogar, pero ahora parecía que no tenía el mismo brilló de antes, todo lo contrario si aquella casa podría hablar sin duda susurraría un adiós lento y pausado, como la canción de despedida en un funeral.

Suspiré, mientras intentaba que los pensamientos horribles se alejaran de mi cabeza. Pronto los sollozos de una voz en particular me hicieron sobresaltar, aquellos sonidos que provenían de la casa del frente.

¿La casa del frente? ¡Isabella! Pensé, antes de echarme a correr hacia esa construcción, en pocos minutos llegué hasta allí, y atravesé las paredes para lograr entrar, al siguiente instante la veía llorar amargamente en los brazos de su madre, mientras pronunciaba una sola palabra: "Phineas".

En ese instante, en ese lugar, todos mis tormentos se borraron de mi mente, sólo me enfoqué en ella, en su pesar. No quería verla llorar y mucho menos por mí, pero era incapaz de hacer algo para evitarlo, simplemente debía limitarme a mirar, aunque mi corazón se destrozara mientras observaba aquella escena.


- ¿por qué? – murmuraba ella, en tanto lloraba en su habitación. - ¿Por qué? – repetía, mientras la misma pregunta se presentaba en mi mente.

¿Por qué el destino era cruel?, ¿por qué tenía que verla llorar y no poder hacer nada para evitarlo?, pero sobretodo, ¿por qué me dolía tanto verla sufrir? No quería que llorara, haría cualquier cosa para que las gotas saladas no cayeran de sus hermosos ojos. ¿Hermosos?, ¿desde cuándo pensaba así?

"desde hace mucho tiempo" susurré, auto-respondiéndome, estando al tanto de que aquellos pensamientos extraños circulaban en mi mente desde hace mucho, pero no conocía la razón exacta, ningún método científico me ayudaba a entender esa gama de sensaciones… raras… y al mismo tiempo…reconfortantes.

Sin embargo, era normal pensar que Isabella era bonita ¿verdad? Después de todo era un hecho científico. Pero lo anormal era pensar en mi mejor amiga durante todo el día. Suspiré, estaba seguro que mis sentimientos por ella eran más fuertes que la amistad, pero de nuevo, ¿qué era más fuerte que la amistad? Tal vez…tal vez…no, no podía ser, lo había negado cuando Ferb planteó esa teoría, pero…quizás… sólo lo hice porque sentía vergüenza…y en realidad…

- ¡Isabella! – la voz de la señora García-Shapiro interrumpió mis pensamientos. – debes bajar a cenar. - Pero ella se negó, su madre insistió, sin embargo, no logró convencerla.


Observar, era lo único que había hecho aquel día, y lo único que hacía en estos momentos, pero no miraba a mis padres o hermanos, al contrario me había quedado en la casa de Isabella, viéndola llorar hasta que se quedó dormida, y aún después de ello, seguía en aquella habitación, simplemente observándola, casi parecía hipnotizado por ella, como si su presencia fuese mágica…y tal vez lo era, porque el estar cerca de ella hacía que olvide mis temores por un momento; borraba de mi mente, temporalmente, el horrible destino que me esperaba.

Pasé la noche allí, simplemente observándola y meditando acerca de esta gama de emociones…extrañas y agradables, planteando varias teorías que no ayudaron mucho… y finalmente cuando los primeros rayos del sol se asomaban por el horizonte, deje la ciencia a un lado y…obtuve mi respuesta. Lo irónico era que esa "respuesta" - o sentimiento - siempre había estado allí, sólo que estaba muy abstraído en nuestros inventos y proyectos como para enfocarme en…ese sentimiento.

Cuando el reloj anunció siete a.m. salí de aquella casa, pasé toda la mañana caminando por las calles de Danville, mientras pensaba y buscaba alguna solución a mi problema. Mi funeral se llevaría a cabo esa misma tarde así que tenía que pensar rápido, pero por más que lo meditara una y otra vez, no hallaba la forma de evitar que me enterrasen vivo, es decir, no había logrado que nadie, más que animales, me vieran y escucharan, entonces ¿qué haría?.

Caminé por la ciudad buscando a alguien que lograse verme, pero por más que me esforzara no encontré a nadie. Frustrado y resignado a mi destino, retorné hasta mi casa. Cuando finalmente llegué no encontré a nadie, entonces me encaminé al jardín de atrás, todavía nada, tal vez todos ya estaban en el cementerio y quizás…también debería estar allí.


(N/A: escuchen de Nocturne de Chopin tocado por Sara Chang: www.*youtube.*com/watch?v=b1tUdbknTeA borrar los asteriscos y el link funcionará)

- amados hermanos estamos aquí reunidos para dar el último adiós a Phineas Flynn, amado hijo y hermano… - el sacerdote habló de la vida eterna, mientras yo me limitaba a ver a mi mejor amiga y tratar de evitar los horribles sentimientos de melancolía y tristeza que se formaban, cuando pensaba que nunca la volvería a ver, nunca podría hablar con ella otra vez y…nunca podría confesarle que...

Un sonido interrumpió mis pensamientos, un gruñido para ser exactos, agaché la cabeza sólo para encontrar a mi mascota.

"oh ahí estas Perry" dije con clara tristeza en la voz.

Quizás era mi imaginación pero parecía que mi mascota había estado llorando, porque tenía los ojos hinchados, sin embargo, pronto descarté esos pensamientos. Los ornitorrincos no lloran, me dije. Antes de que pudiera hacer o decir algo, Ferb tomó a Perry en sus brazos y volvió a sentarse en su lugar.

Suspiré, allí estaba yo asistiendo a mi propio funeral, observando en el silencio los acontecimientos que tenían lugar a mi alrededor, a punto de dejar mi vida y mi familia atrás, ¿y todo eso sólo por un accidente, por una viga que me cayó encima? No exactamente, no era sólo la viga la causante de esto, ese rayo que vino de la nada y provocó que la construcción temblara, ese rayo había sido el responsable de todo esto, ¿de dónde vino de todos modos?, ¿acaso se trataba de la fuerza misteriosa de la que Candace hablaba?, ¿acaso era real? No lo sabía, pero de algo estaba seguro, si esa fuerza existía definitivamente me odiaba.

Sumergido entre mis lamentos no me percaté que ya habían bajado el ataúd y que ahora se limitaban a echarle tierra, para lograr sepultarlo.

"No" fue lo único que dije cuando noté que el féretro estaba casi enterrado en su totalidad, sabiendo que mi final estaba cerca me limité a agachar la cabeza en señal de derrota, aceptando de manera silenciosa mi fracaso.

"Adiós Ferb" expresé, aunque sabía que no me escuchaba "fuiste el mejor hermano que pude pedir". Giré un momento, sólo para divisar que en poco tiempo estaría sepultado vivo, giré de nuevo, intentando no ver el ataúd de nuevo, "adiós amigo" le dije a Perry, estando al tanto que al menos él si me veía y oía "te extrañaré" Caminé unos pasos más, acercándome hasta el lugar donde se encontraban mis padres. "adiós Mamá, Papá y Candace" dije, cuando estaba cerca de ellos "los quiero" llegué hasta donde se encontraban mis amigos "adiós" expresé "los voy a extrañar mucho".

Finalmente decidí despedirme de quien, en estos instantes, más me dolía dejar atrás. "adiós Isabella" le susurré al oído, intentando que ella me escuchará, en verdad deseaba que pudiese oírme, porque sabía perfectamente que si no lo hacía ahora, ella nunca se enteraría de nada "lamento haber sido despistado y no notar que…" era difícil decirlo, pero si no era ahora ¿cuándo? "…que…" mi mano comenzó a hacerse más borrosa, entonces comprendí que pronto el efecto de la catalepsia astral pasaría y volvería a mi cuerpo. Me acerqué más a ella, en un esfuerzo desesperado para que me escuchara "te amo Isabella" confesé "y siempre lo haré".

Sentí que ella se agitó un poco como si hubiese escuchado lo que dije, y ese sencillo acto fue suficiente para serenarme levemente. Casi al instante pude notar que habían terminado de sepultar mi ataúd. Mi alma fue desapareciendo, pronto todo estuvo negro y al siguiente instante estaba acostado, viendo una sola cosa: la oscuridad total. Finalmente había vuelto a mi cuerpo, pero eso no era bueno, al menos no en estos instantes, porque iba a asfixiarme y nadie podría salvarme. Comencé a gritar tan pronto como tuve el dominio de mi cuerpo nuevamente, pero sabía que nadie podría escucharme.


Mi mente terminó de recordar todo, al menos ahora recordaba lo que había pasado, al menos ahora recordaba el accidente que me condujo a esto, pero examinando cada acontecimiento no existe forma de salir.

El aire se termina, no puedo respirar, mientras las lágrimas de frustración y dolor recorren mis mejillas.

- no… - toso –… ¡auxi…! – Toso otra vez - ¡…lio!

He estado un tiempo aquí, ahora estoy seguro de que nadie a de salvarme y que simplemente debo resignarme, pero algo todavía no está del todo bien, todavía duele saber que no la volveré a ver. Trato de calmar a mi corazón con la única esperanza que me queda: que al menos ella escuchó lo que dije. Con esta idea en la cabeza mis uñas se desprenden de la tapa del ataúd y simplemente cierro los ojos, esperando mi destino.

Continuará...