Disclaimer: Ni Once upon a time ni sus personajes me pertenecen, ya me gustaría a mí, no creáis que no :P

Últimamente le he cogido el gustillo a esto de escribir fics y hace un tiempo se me ocurrió esta idea. Sin embargo, no llegaba a decidirme a escribirlo... Hasta ahora, que no he podido resistirlo.

La cuestión es que está ambientado en un Storybrooke alternativo donde Regina no llevó a cabo la maldición y no vienen de la tierra de los cuentos, sino que siempre han vivido ahí, aunque siguen siendo los mismos personajes. Dios, qué mal me explico, mejor le echáis un vistazo ;)


Capítulo 1

El sueño

La luna se alza sobre Storybrooke, un círculo de plata destacando en un mar de oscuridad, prácticamente eclipsando a las pocas estrellas que titilaban en lo alto de la cúpula celestial.

El silencio se ha hecho con las calles del pueblo, cubriéndolas como un pesado manto que resulta tranquilizador, que incita a seguir durmiendo.

Como siempre, todo es calma.

Sin embargo, eso está a punto de cambiar.

Como el relámpago que precede a la tormenta, un desgarrador grito rompe la silenciosa tranquilidad. Pero sólo es el principio. Siguiendo al chillido, una joven pelirroja corre todo lo rápido que le permiten sus piernas. No deja de mirar sobre sus hombros, volviéndose una y otra vez, mientras la respiración se le agita y abre la boca, jadeando, aunque no por ello para.

La joven sigue con su frenética carrera, sin dejar de vigilar sus espaldas, cuando comprende que ya nadie la sigue. Entonces se para. Está exhausta, ha corrido tanto que cree que las piernas le van a fallar en cualquier momento. Y se queda ahí, en medio de la plaza, con una mano en el pecho mientras intenta recuperar la respiración perdida.

¿Y si todo ha sido un sueño? ¿Una mala pasada de su propia mente?

Es entonces cuando lo nota. El frío. Aunque ya es septiembre y el pegajoso calor veraniego ha empezado a desaparecer, sabe que ese frío no es normal. Eso reactiva su temor, su instinto de supervivencia, así que se va a dirigir hacia su casa, cuando, de repente, comprende que no está sola.

Lenta, muy lentamente, se vuelve para comprobar que no está en ninguna pesadilla y que, mucho menos, ha pasado. Abre los ojos de forma desorbitada. Intenta gritar, pedir socorro, pero la voz no acude a su garganta. Así que ahí se queda, como si fuera estúpida, presa del pánico, mientras se lleva las manos a la garganta, intentando pedir auxilio con todas sus fuerzas.

Primero escucha una risa que se burla de ella.

Luego, viene la muerte. Se abalanza sobre ella sin compasión, arrebatándole la vida con salvaje violencia.

Al final, acaba tirada en el suelo y sus rojos cabellos acaban mezclándose con la sangre que mana de todo su ser y que cubre los adoquines. Está sola, sobre su propia sangre, perdiendo toda la humanidad y toda la vida que en ella habitaba. Lo único que queda es su expresión de auténtico terror.


Ante aquella expresión vacía, hueca, Emma se despertó, incorporándose como mero acto reflejo. Le costó unos instantes asimilar que todo se trataba de un sueño, una simple pesadilla que, aunque había sido muy vívida, no era real. Aún así, se quedó casi un minuto sentada en su cama con los ojos cerrados, recuperándose de aquella visión tan escalofriante.

Cuando, al fin, logró dejar la pesadilla atrás, se pasó una mano por el rostro y bajó los pies al suelo. Fue entonces cuando sus ojos repararon en el libro que había sobre la mesilla y lo comprendió todo.

El dichoso sueño lo había provocado Henry, ¿quién sino?

Su hermano pequeño estaba obsesionado con los cuentos y las historias, así que solía acudir a menudo a su cama por la noche para que le leyera. Una no podía pasarse la vida leyendo historias de todo tipo sin que acabaran por pasarle factura. Ya le valía al enano, ¿no podía jugar a los videojuegos como un niño normal?

- ¡Cielo, despierta, vas a llegar tarde!

- ¡Ya voy, mamá!

Emma se dejó caer sobre la cama de nuevo, suspirando, era el primer día del instituto. Adiós al verano con sus horas libres para vagar de un lado a otro, adiós a los constantes viajes y a las escapadas. De repente, se sintió muy agobiada. El pensar en la rutina, en las responsabilidades, siempre le provocaba un nudo en el estómago.

Sin embargo, se obligó a levantarse para poder prepararse. No le costó mucho ducharse, secarse su rubia y larga cabellera y ponerse unos simples pantalones negros combinados con una camiseta de tirantes blancas. En cuanto se calzó un par de botas, cogió su mochila y bajó hasta la cocina donde le estaba esperando el resto de su familia.

El enano, Henry, estaba sentado en la mesa, comiendo sus cereales. Tenía el pelo castaño y llevaba el uniforme del colegio de Storybrooke.

Sus padres estaban junto a la encimera, bromeando entre ellos. Su padre, David, era alto, apuesto de corto cabello castaño claro; su madre, por otro lado, se llamaba Mary Margaret y era la mujer más hermosa que Emma hubiera visto nunca con el pelo negro como el carbón, la piel del color del melocotón y los labios rojos como rubíes.

No sabía sobre qué estaban bromeando exactamente, pero al final su padre acabó cogiendo a su madre para propinarle un beso que parecía sacado de una de esas películas románticas que tanto le gustaban a su mejor amiga y que ella detestaba.

Por su parte, Emma se sentó junto a su hermano, suspirando algo incómoda. Había que ver lo pegajosos que podían llegar a ser sus padres.

- No pienso volver a leerte otra historia de terror por las noches - le dijo a Henry, que la miró un poco decepcionado. Aquello, como siempre, la desarmó, había algo en Henry que la hacía traicionarse a sí misma todo lo que hiciera falta. Por eso, suspiró.- Luego tengo unas pesadillas horrorosas. Mejor leer otras cosas más inofensivas... No sé, algo con piratas o algo así.

- No querías leer cuentos, ahora tampoco historias de terror...- comenzó a protestar Henry.

- Los cuentos son una estupidez.

- ¡Eso no es verdad!

- ¡Sí que lo es! Venga ya, Henry. ¿Magia? ¿Besos de amor verdadero? - soltó una carcajada, agitando la cabeza de un lado a otro.- Todo eso son tonterías.

- ¡Qué no!

- ¡Qué sí!

- Ey, basta ya - su padre se sentó junto a ellos, dedicándoles momentáneamente una mirada severa que no tardó en desaparecer.- Emma, deja de incordiar a tu hermano - le pidió con suavidad, aunque también con un deje cansado.

Emma fue a replicar, pues al fin y al cabo no se proponía incordiar a Henry, cuando alguien llamó a la puerta de la cocina. Miró su reloj, tenía que ser su mejor amiga.

Y así fue. En cuanto su madre abrió la puerta, Isabelle entró como un remolino de actividad. Primero, sonrió encantadoramente a su familia, les dio los buenos días y se sentó al lado de Emma. Isabelle, a la que siempre llamaban Belle, era una joven de largo pelo castaño, ojos azules y dulce sonrisa.

- ¿Todavía no estás preparada? - le preguntó Belle, mientras alargaba la mano para coger uno de los bollos que había sobre la mesa.

- Me he quedado dormida - Emma se encogió de hombros.

- ¿Tú? ¿Quedándote dormida?

La sorpresa de Belle era genuina, ya que normalmente era ella quien solía rezagarse y distraerse, mientras que Emma siempre solía estar más centrada. Fue a comentarle que ella también era humana, pero no pudo, ya que Henry decidió seguir con aquella dichosa discusión que habían mantenido desde siempre.

- Seguro que Belle está conmigo - dijo.

- ¿Veis cómo es él? - Emma entrecerró los ojos para fulminar a su hermano.

Sus padres debieron de prever que la discusión iba a volver a iniciarse, pues reaccionaron tan sincronizados que parecía que se habían puesto de acuerdo previamente. Mientras que su padre fue a por las llaves del coche, su madre le dio una palmadita a Henry en la espalda.

- Henry, cielo, nosotros tenemos que irnos al colegio ya o llegaremos tarde - le hizo un gesto con la cabeza para que fuera a recoger sus cosas; en cuanto el enano desapareció, Mary Margaret besó la coronilla de su hija.- Como mi coche sigue averiado, papá nos va a llevar. Si queréis, os puede llevar el tío Leroy.

- No hace falta, mamá, iremos andando.

- Como quieras - le dedicó una sonrisa, antes de añadir.- Y deja de molestar a Henry. Sólo es un niño y tiene mucha imaginación - se dirigió hacia la puerta y salió, no sin antes despedirse de nuevo.- Buena suerte hoy, chicas.

- Adiós, señora Blanchard - Belle hizo un gesto de despedida, antes de volverse hacia ella.- ¿Otra vez discutiendo con Henry sobre lo mismo?

- Tú también no - suspiró Emma.

- Pues me habría puesto de su parte.

- Lo sé. Sois los dos igualitos.

Belle se encogió de hombros, antes de ayudarla a recoger todo. Entre las dos acabaron enseguida, así que emprendieron el camino hacia el instituto.

Desde que Emma conoció a Belle, siendo ambas unas niñas, siempre la recordaba con un libro en la mano y fantaseando; siempre hablaba de viajar, de conocer lugares recónditos del mundo, civilizaciones, de vivir aventuras... Y, sobre todo, de encontrar a su príncipe azul, a su amor verdadero y demás pamplinas romanticonas que Emma consideraba un poco bobas.

- ¡Casi se me olvida! - exclamó de pronto Belle, emocionada. Sus ojos azules le brillaban como siempre que le contaba la última novela que se había leído y que le había encantado.- ¿Sabes qué me dijo ayer Ruby? ¡Una familia nueva se ha mudado! ¡Aquí! ¡A Storybrooke! ¿No es emocionante? ¡Por fin algo nuevo!

Sí que lo era, la verdad. Storybrooke era un pueblo muy tranquilo, donde apenas había novedades y se conocían todos. Por eso, el que llegaran personas nuevas era toda una novedad.

- ¡Vaya! No venía nadie nuevo desde... Jo, ni siquiera me acuerdo.

- Aquí ni siquiera ocurre nada interesante desde nunca.

- ¿Y cómo son?

- Ruby únicamente los vio llegar. Se han mudado a la casa que hay frente a la suya. Pero me dijo que eran cuatro. Dos señoras muy amables, un chico y una niña - explicó Belle, mientras jugueteaba con la correa de su mochila.- La abuela de Ruby enseguida se presentó en la casa con un pastel, así descubrió que los hermanos se habían quedado huérfanos y al cuidado de sus tías... ¿Cómo se llamaban? Ah, sí, Narcissa y Poppy.

- La abuela de Ruby siempre acaba enterándose de todo.

Las dos se miraron y se echaron a reír, pues no era la primera vez que comentaban aquello. De hecho, un día en el que Belle estaba más imaginativa de lo habitual, se empeñó en que en realidad la adorable Granny era la que dirigía Storybrooke desde las sombras. No obstante, habían acabado desechando esa idea, pues conocían demasiado bien al alcalde como para saber que no se dejaría mangonear jamás.

Al fin y al cabo el alcalde de Storybrooke no dejaba de ser otro que el abuelo de Emma: Albert Spencer era el padre de David, aunque nunca habían mantenido una gran relación, sobre todo tras que David decidiera casarse con su novia, Mary Margaret, al finalizar el instituto porque ella se había quedado embarazada. El abuelo Spencer se pasaba de vez en cuando a visitarles, aunque siempre era una figura lejana, demasiado severa y poco amable.

- ¿Emma? ¡Emma, para!

La voz de Belle se abrió paso entre sus distraídos pensamientos, aunque no por ello Emma pudo reaccionar. De hecho, de repente notó que alguien tiraba de ella hacia atrás con tanta brusquedad que acabó en el suelo. Antes de que pudiera darse cuenta, estaba sobre Belle en medio de la carretera, frente a un joven que se había caído y permanecía muy quieto al lado de su moto.

Se trataba de un joven alto, pantalón negro y chaqueta de cuero. Tenía el pelo moreno, revuelto, y los ojos azules teñidos de irritación. Con rapidez se puso en pie y levantó su moto, sin dejar de fulminarla con la mirada.

- ¿Estás loca? ¡Casi te mato! - le espetó.

- ¡Eh! ¡Has sido tú quien iba como un loco en el trasto ese! - la defendió Bella.

- ¡Era tu amiga la que ha cruzado sin ni siquiera mirar! - el joven se pasó las manos por los pantalones, quitándoles el polvo.- ¡Más te valdría mirar por donde pisas, rubia!

Emma se puso en pie para ayudar a Belle, aunque no dejaba de mirar al chico. Lo conocía. Se llamaba August y era el hijo del relojero. Iba un curso por delante de ellas, pero había repetido hacia unos años. Si había un chico malo en Storybrooke, ese era August Booth... O, por lo menos, era la imagen que tenía de él todo el mundo.

Las dos esperaron en silencio a que August se marchara. En cuanto le perdieron de vista, tras que su moto rugiera al arrancar, Belle suspiró y le dio un golpe en el brazo.

- ¡Casi me matas del susto!

- Perdona. Es que no me he dado cuenta.

- ¿Pero se puede saber qué te pasa hoy?

- He dormido mal, eso es todo - explicó un poco irritada. No sabía por qué, pero no dejaba de pensar en el sueño y eso la ponía de mal humor. No obstante, a juzgar por la forma en la que Belle la miraba, sabía que su amiga no la iba a dejar en paz hasta que le contara todo, así que añadió.- He tenido una pesadilla muy rara, ¿de acuerdo? Pero sólo ha sido una pesadilla. Ya se me pasará.

- ¿Y qué clase de pesadilla? - quiso saber Belle.- ¿De las absurdas como aquella vez que soñé que la señora Potts era una tetera o de las que acojonan?

- De las segundas. Era como una película de terror, pero... Real. Era muy real.

Su propia voz se había ido desquebrajando sin que se diera cuenta. La verdad era que nunca había soñado algo de forma tan vívida, había sido como si ella misma fuera la chica que huía, como si a ella la hubiera desgarrado aquel... Algo. Ni siquiera recordaba los detalles, tan sólo el miedo que había experimentado.

Era algo muy raro.

- Entiendo que estés así, al fin y al cabo las rubias son las primeras en morirse - Belle le guiñó un ojo, intentando quitarle hierro al asunto. Emma lo agradeció, era lo que necesitaba en aquel momento. Iba a darle las gracias, cuando su amiga la cogió del brazo y la obligó a apresurar el paso.- Vamos, corre.

- ¿Qué pasa?

- El lerdo está en Granny's y creo que nos ha visto. Si llegamos al instituto, estaremos salvadas.

Emma se limitó a andar todavía más rápido, esforzándose por reprimir unas carcajadas que, al final, se escaparon de sus labios. Belle entrecerró los ojos, molesta, pero Emma consideraba muy divertido el que aquel chico, Gaston, llevara un tiempo intentando salir con su amiga e hiciera todo tipo de estupideces para conseguirlo. El último día del curso anterior, incluso había contratado a una banda para que le diera una serenata a Belle, que casi sufrió un ataque.

Al final, cuando cruzaron la verja que rodeaba el instituto, Belle debió de sentirse a salvo, pues la soltó y echó todo el aire que había estado conteniendo hasta entonces.

- ¿Se puede ser más pesado?

- Sólo intenta ser romántico, pero... No, no creo.

- Mañana empieza a trabajar a las órdenes de mi padre - explicó su amiga, mientras avanzaban hacia el edificio, donde estaban colgadas las listas con los alumnos y sus respectivas clases.- Espero que le haga sufrir como al resto de sus ayudantes.

- Qué mala eres.

Cuando llegaron a las listas, el grupo de animadoras estaba frente a ellas, tapándolas. La líder del grupo, Ashley Boyd, agitaba su rubia cabellera, mientras le contaba a las demás la cita que había tenido con su novio, Sean. Belle, a su lado, se estaba impacientando, pero Emma sólo podía contemplar a la mejor amiga de Ashley, Jodi, con el corazón en un puño. Llevaba la roja melena recogida en una coleta, aquel pelo tan rojo y tan brillante... El mismo pelo que había visto en su sueño, ya que Jodi había sido la protagonista de la maldita pesadilla.

Nada más mirarla, una sensación se adueñó de Emma. Iba a pasarle algo malo, debía advertirla. Incluso llegó a abrir la boca para hacerlo, pero entonces la razón le dijo que todo aquello era una estupidez.

- Oh, por fin.

Una vez más, la voz de Belle la devolvió a la realidad y pudo avanzar junto a ella para ver las listas. Les había tocado en la misma clase, como siempre, lo que era todo un alivio, así que se encaminaron hacia secretaría para pedir el horario.

Ahí, se encontraron con Ruby que estaba esperando en la cola, así que pudieron saltarse un buen trecho. La chica estaba mascando un chicle con poco disimulo y sonrió nada más verlas. Las mechas rojas de su negro cabello brillaban más de lo habitual o, por lo menos, así le pareció a Emma que volvió a recordar su sueño: la negra noche y la sangre roja destacando en ella.

- Tengo novedades - les sonrió.

- ¿Tu abuela ha conseguido los expedientes de los nuevos? - se aventuró Emma, haciendo que Belle se riera. Ruby enarcó una ceja, por lo que ella se encogió de hombros.- Admite que la buena mujer parece la CIA de Storybrooke: sabe todo de todos nosotros.

- No os haría tanta gracia si vivierais con ella. Y no, no es eso - les hizo un poco de burla, antes de mirar en dirección al pasillo que conducía a dirección.- Las vecinas nuevas, las señoras Hatter, me han pedido que acompañe a su nieto al instituto, como es nuevo y eso.

- ¿Y cómo es? - inquirió Belle.

- Bueno...- Ruby se hizo de rogar, pero al final sonrió con aire travieso.- Se llama Jefferson y está buenísimo. Castaño, ojos verdes, pinta de misterioso...

- No me refería a eso...

- No empieces con todo eso de la belleza está en el interior, por favor - la interrumpió Ruby, poniendo los ojos en blanco, por lo que Emma soltó una risita. Al final, Ruby hizo un gesto desdeñoso con la mano.- Es silencioso. No ha dicho nada en todo el camino, ni siquiera me ha dado las gracias. Pero, tranquila, que viene a nuestra clase, así que podrás conocerlo cuanto quieras.

Belle se quedó pensativa, mientras Emma alargaba el cuello para ver si el tal Jefferson regresaba a pedir su horario. La verdad era que tenía curiosidad sobre cómo sería, sobre todo tras la descripción inicial de Ruby.

Durante un rato, estuvieron haciendo cábalas sobre qué profesor les impartiría cada asignatura hasta que, al final, lo descubrieron cuando consiguieron sus horarios. Se alejaron en dirección a su aula, mientras le echaban un vistazo.

- ¡Tenemos al profesor Gold en química! - comentó Belle.

- Sí, y a la directora Mills en ética - bufó Emma.- Menudo curso me espera.

- Al menos tenemos al señor Nolan en gimnasia - sonrió Ruby.

- Yo ahora mismo sólo puedo pensar en que tenemos con la directora Mills y me odia - insistió Emma, mirando la puerta del aula con disgusto.- Además, dudo mucho que esa mujer tenga ética.

- Shh, a ver si te va a oír - Belle le lanzó una mirada de advertencia.

Casi como si así hubiera sido, el repiquetear de unos tacones les indicó que la directora Mills se acercaba. Era una mujer de media melena negra, hermosa en cierto modo, pero con los ojos fríos, desprovistos de humanidad. Desde que había empezado a estudiar en el instituto, Emma se había sentido inquieta en su presencia; además, enseguida había comprobado que el desagrado que le provocaba era algo mutuo, pues la directora Mills sencillamente la odiaba y, las pocas veces que le había llamado la atención, había sido de una forma desproporcionada.

No obstante, aquella vez ocurrió algo distinto. No sintió el habitual desdén, sino un escalofrío que le recorrió la espalda y la dejó ahí clavada. Incluso diría que estaba sintiendo miedo por aquella mujer.

Había algo diferente en ella, algo que a Emma no le gustaba y que ni siquiera sabía identificar.

La directora Mills le indicó que entrara en el aula con frialdad y Emma, gracias a que sus amigas tiraron de ella, obedeció en silencio sin dejar de mirarla. La mujer se subió a la tarima, depositó sus cosas en el escritorio y, mientras jugueteaba con un colgante en forma de caracola, comenzó a explicarles cómo iba a orientar la asignatura.

Emma empezó a marearse. Fue sólo un segundo. Lo suficiente para que creyera perder la consciencia, aunque acabó recuperándose al instante. Entonces volvió a concentrarse en la directora Mills, pero, durante otro segundo, no vio a la mujer de media melena y elegante traje de chaqueta, sino a una versión de largo cabello, un aparatoso vestido negro y una corona de ónice ceñida a su frente. Aquella directora Mills la miró fijamente, sonriendo de forma fúnebre, mientras comenzaba a reírse...

Alzando las manos ensangrentadas al cielo.


Cosillas a comentar: Como quería sacar a Henry y, dado que Emma está en el instituto era difícil que fuera su madre, lo he convertido en su hermano. Mary Margaret conserva su apellido de soltera, mientras que David, Emma y Henry se apellidan Spencer, que es el apellido que tiene el rey George en Storybrooke y, así, le dejaba Nolan a Kathryn y esposo, Frederick, que en Storybrooke no tiene nombre por el momento. Por otro lado, dado que Gepetto es Storybrooke es simplemente Marco, pues le he puesto el apellido de August. El resto de nombres están buscados a conciencia, pero, vamos, que se los he puesto yo... Se nota en que me he matado la cabeza con Jefferson y su familia, xD.

Si os ha gustado o tenéis que comentar cualquier cosa, pues le dais a Review this chapter.

Próximamente: Capítulo 2 - El chico nuevo.

Nos vemos en el próximo capítulo =D