Mis niñas el otro capi..

Disculpen la demora, es que la situacion en mi pais no ha estado nada facil, sumenle que no ha habido inter en mi uni, y en mi casa tampoco :'(..

En fin muchas gracias a princessqueen por betear estos capi.. Porque si sopresa les traje 2 capi..

Esto es una adaptacion la original es de Atena85 y bla bla bla.. El resto ya lo saben

Disfruten..


CAPITULO 42 MATRICULA DE HONOR PARA DARIEN

Sí, eso es... Respira, respira... bastardo con suerte. Serena me estaba mirando con una sonrisa traviesa en los labios. Mi cara debía de ser un poema. ¿Qué maldita cara quería que tuviera después de decirme esas cosas? Me había dicho que los ojos me iban a dar la vuelta de placer. Oh, yeah... Miré el cuerpo de Serena mientras abría la puerta de su casa. Bueno...Serena tenía razón, la ropa que llevaba no era ni de lejos la más sexy que tenía, de eso estaba seguro, pero...¿Y a mí qué demonios me importaba la ropa si no le iba a durar mucho tiempo puesta?. Una vez dentro de su casa seguí a Serena mirando como un maldito pervertido el movimiento de sus caderas. Izquierda, derecha, izquierda...Oh, para ya, ¿quieres?

Serena fue hasta la cocina. Oh… My… God. Esa cocina... Estaba más que claro que no iba a volver a ver con los mismos ojos a la graciosa gallinita-huevera que tenía Serena en un rincón de la encimera. La pobre no aguantó la presión de nuestro arrebato de pasión...

- ¿Quieres algo de...?

Por tu bien...- la corté – … salgamos de la cocina si no quieres que te tumbe de nuevo en la encimera...

La cara de Serena pasó del total asombro a una enorme sonrisa... - Bieeeen, vamos bieeeeen.- Pasó por mi lado haciendo que su perfume de fresas dejara un rastro que seguí como un tonto. Cuando llegamos al salón Serena se paró en el medio y puso los brazos en jarras.

- ¿Y bien? - la miré confundido.

- Como que... ¿y bien?

- Me dijiste que últimamente no te enseño nada nuevo. Eso me hace sentirme como la más miserable de las profesoras – hizo un tierno puchero y...y me tuve que aguantar las ganas de acortar las distancias y morder ese labio inferior tan carnoso...- Estás poniendo cara de pervertido, Darien – parpadeé varias veces y la miré a los ojos avergonzado.

- Si, bueno...es que tus labios me distraen... Me hacen tener pensamientos pecaminosos...como tu escote...- Serena se acercó a mí.

- ¿Tienes pensamientos sucios con mi escote, Darien? - asentí rápidamente con la cabeza como el poseso que era – Te vas a sorprender, Chiba...

No me dio tiempo a preguntarle cómo y dónde me iba a sorprender ya que se lanzó a mis labios mientras enredaba sus dedos en mi pelo. Bieeeen, si eso, descubriría por mí mismo esas múltiples maneras de sorprenderme...Mis manos pasaron de su cintura a ese redondo y precioso trasero. Masajeé sus nalgas hasta que Serena gimió sobre mi boca. De un tirón muy poco sutil la quité esa camiseta ancha que llevaba y acaricié su bien formado escote por encima del sujetador.

- O te quitas esa camisa ya o te la arranco yo misma – murmuró contra mi cuello.

No le contesté, simplemente me limité a abrir los brazos para dejar trabajar a Serena sobre mis botones. Sinceramente, no me hubiera importado nada que me los arrancara, pero las sutiles caricias de Serena sobre la piel de mi torso eran tan buenas así que aguante como un campeón hasta que se deshizo de la molesta prenda. Paseó sus dedos desde mi cuello hasta la línea de vello que se perdía bajo mis pantalones. Ni te cuento lo que se me había formado en mi ropa interior a esas alturas.

- No tengo muy claro si arrastrarte escaleras arriba o tirarte sobre mi sofá – gruñó contra mi boca. Miré de reojo el enorme sofá de Serena y... ¡a la mierda!

- Creo que me quedo con el sofá...

Serena sonrió ampliamente antes de quitarse ella misma los pantalones. Sí, sí, sí...su ropa no había sido la más espectacular, pero esa pequeña tanga azul...mmmm, arg. No me importaría nada quitárselo con los dientes. O directamente arrancárselo...Serena me empujó con suavidad hasta el sofá, hasta que la parte trasera de mis rodillas tocaron el mueble haciendo que me sentara de golpe. No tardó ni dos segundos en sentarse a horcajadas… sobre mi polla.

- Buscamos los mejores sitios para follar, ¿eh? - dijo mientras se movía encima de mí. Aún conservaba mis vaqueros...a saber por cuanto tiempo...- La cocina, el sofá...el coche, la caseta del jardinero...

- Te equivocas – dije mientras la desabrochaba el sujetador – En mi coche no hemos follado...y lo de la caseta del jardinero fue un pre calentamiento...- tiré el sujetador sin mirar donde caía y pasé las manos por sus pechos hasta que los pezones se le endurecieron.

- Maldición – susurró – Eh... lo del coche tiene solución...

- Quiero estrenarlo – la corté. Tuve la satisfacción de ver cómo cerraba los ojos por mis palabras – Y la maldita caseta esa también...

Aproveché cuando Serena arqueó la espalda para lamerle los pezones. Sentir esa pequeña punta erecta, ese maldito piercing tan caliente sobre mi lengua hacía que mi ingle saltara como una puta loca. Serena se agarró a mi cuello y jadeó sobre él. Alargó sus manos hacia la cremallera de mi pantalón y...y ahí vamos. Esos dedos sobre la tela de mi bóxer eran increíbles, pero podían serlo más. Me levanté lo justo y necesario para quitarme los vaqueros. Miré hacia abajo. Uy...pues sí, yo estaba que reventaba, de hecho el pequeño – ahora no tan pequeño – Dari estaba empezando a asomar a través de mi ropa interior pidiendo atención de la buena. Ansioso...Céntrate un poco en Serena, idiota... Abarqué su sexo con la mano aún con la pequeña tanga de por medio. Daba igual porque ya estaba mojada. Muy mojada. Serena se movió contra mi mano al mismo tiempo que ella sacaba mi miembro.

- Nos sobra ropa, Chiba.

No podía estar más de acuerdo con ella. Deslicé esa pequeña prenda que me separaba del paraíso de su cuerpo e hice lo propio con la mía. Cuando Serena se volvió a poner encima de mí, jadeé por la sensación de su centro húmedo contra mi cuerpo.

- Ahora te quiero encima – me susurró.

Bueno... ¿qué decir? Ahora mismo bailaría la conga desnudo si me lo pidiese... La tumbé en el mullido sofá mientras me colocaba cobre ella. La visión de su pequeño y bien formado cuerpo bajo el mío me hizo temblar de anticipación. Esos pechos tan firmes, ese estómago plano, ese lunar en la cadera que me llamaba a lamerlo...La besé despacio, sintiendo su lengua contra la mía, sus dientes en mis labios, sus uñas en mi nuca...Ay...Me preparé para penetrarla, me coloqué en su entrada y...

- Espera, espera...- susurró con dificultad.

- ¿Qué pasa?

- Quiero jugar un poco...- rodé los ojos.

- Ni mi polla ni yo estamos para juegos, Serena – su risa musical inundó ese salón.

- Créeme...lo que quiero enseñarte nos va a gustar a los dos – la miré ansioso por seguir, por moverme, por hundirme en ella como un animal – Sube por mi cuerpo...- hice lo que me pidió aunque no entendí el fin – Más...más...

Serena dejó de hablar cuando mi pene quedó en medio de sus pechos. ¿Iba a hacer lo que creía que iba a hacer? La sonrisa maligna de Serena hizo que mis testículos vibraran.

- Es algo nuevo – susurró mientras ella misma se tocaba los pechos – Y se que te va a gustar...- pasó su dedo índice por toda mi longitud – Bueno... nos va a gustar...

Mmmm, ñam, ñam...Estaba sin palabras. Aunque de todas formas en ese momento no tenía pensado usar la boca para hablar. Apoyé un pie sobre el frío suelo mientras me las apañaba para colocar mi otra pierna en el sofá. Serena no hacía más que reírse por mi cara. Normal, debía de parecer un rinoceronte en celo mientras intentaba coger la postura para deslizar mi ansioso pene entre los pechos de Serena y...sí, ouch. Serena se empezó a burlarse de mí cuando mi trasero aterrizo sobre el suelo. Me había dado un golpe de los que hacen historia por hacer equilibrismos en el sofá.

- Por Dios, ¿es que me tiene que pasar a mí de todo? - esa frase sólo sirvió para que Serena se riera más de mi. Yo también me estaría riendo de mi caída si no fuera porque tenía un problema rígido de veinte centímetros entre mis piernas.

Sin pensarlo dos veces tiré con fuerza pero con suavidad del brazo de Serena para que cayera sobre mí.

- Auch – dijo frotándose el trasero.

- Nunca te rías de un hombre en este estado – señalé mi entrepierna – Ahora...eh... ¿podemos seguir con lo que teníamos entre...- los pechos – las manos?

- ¿En el suelo? - desvié la mirada hacia esa preciosa y oportuna alfombra que había cerca. La cogí en brazos y la tumbé con suavidad en el medio, sobre ella – Sigo diciendo que nos buscamos unos sitios muy raros para follar, teniendo una enorme cama en el piso de arriba...- sonreí de lado.

- Ahora mismo podría follarte en el jardín de tu casa, Serena...- negó con la cabeza.

- Ah-ah... a la señora Molly le escandalizaría la visión de ciertas partes de tu cuerpo... .Llamaría a la policía y te detendrían por pervertido... otra vez – se tapó la boca con la mano para ahogar una risilla.

- Espérate a que esté más... relajado. Te voy a decir yo donde soy pervertido...

Subí de nuevo por el cuerpo de Serena. Mmm, bueno, aunque pudiera parecer lo contrario esta postura era mucho más cómoda sobre el suelo. Cuando vi de nuevo la imagen de mi polla entre sus pechos...arggg, Cerré los ojos de inmediato para no correrme automáticamente. Cuando respiré y logré calmarme un poco la miré a los ojos. Sin decirme nada, Serena me agarró las manos y se las llevó a sus pechos. Ella me guió, se masajeó los pechos con mis manos disfrutando totalmente de las sensaciones.

- Eh... si yo fuera tú estaría todo el día tocándome los pechos, Serena...

- Si yo fuera tu me estaría tocando otras cosas... Eh... ¿por qué no te callas y actúas?

Sí, totalmente de acuerdo...Buena idea. Agarré los pechos de Serena con suavidad y los estrujé contra mi pene. Oh, por Dios...Empecé a mover mis caderas despacio sobre su cuerpo. Se sentía bien...no, no, no... se sentía maldita y condenadamente bien. La cara de Serena era de total satisfacción, justo como cuando sabes que estás haciendo algo bien. Sus manos no estaban quietas...y a mí me encantaba. Esa piel suave y sedosa contra mi polla me estaba llevando a la locura. Tuve que morderme el labio para no gritar como una irritante actriz porno... Y el premio para la mejor profesora es para...

- Serena... no... no...- dije mientras movía las caderas más rápido.

- Sí, sí...- jadeó.

- No puedo más...

Bajé de un tirón por su cuerpo, me coloqué entre sus piernas y me introduje en su cuerpo casi con brusquedad. Serena echó hacia atrás la cabeza y jadeó. Estar entre los pechos de Serena había sido genial, pero la sensación de su interior húmedo y excitado alrededor de mi cuerpo no lo cambiaba por nada. Respiré de nuevo, despacio y hondo... No iba a aguantar mucho más porque estaba al límite, me daba hasta miedo moverme. Quería que Serena disfrutara de esta magnífica sesión de sexo...y al parecer entendió lo que me pasaba. Serena me empujó contra el suelo para quedar sobre mí, pues no sé yo qué es mejor, si tenerla debajo o encima, viendo ese movimiento de pechos, ese piercing tan caliente y ese punto en el que nuestros cuerpos se unían... Serena alzó las caderas y las bajó despacio para luego moverse con rapidez. Oh Dios. Después de unas cuantas embestidas por su parte me di cuenta de que estaba siguiendo un patrón en sus movimientos. Lento, rápido, rápido...y otra vez lento... No sabía lo que me estaba haciendo exactamente, pero estaba sirviendo para que no me corriera como un animal casi antes de empezar. En estos momentos me daban ganas de darle un jodido OSCAR a la mejor profesora de todo el maldito planeta.

- Mmm, Darien – jadeó – Es demasiado...

- Estoy – gemido – de acuerdo...

Serena dejó de moverse con ese ritmo tan demencial para mí, para moverse con rapidez, cabalgando mis caderas de manera increíble. Serena se pegó a mi cuerpo mientras jadeaba por su orgasmo...y yo con el mío. Puedo jurar que sentía el corazón alborotado de Serena contra mi pecho. Y el causante de ese alboroto había sido yo...eh, bueno...y mi pequeño Dari. Serena me pasó las manos por el cuello y se quedó así por unos segundos mientras seguía sintiendo los espasmos de su sexo.

- Creo que mañana voy a tener dolor muscular – murmuró contra mi cuello.

- Pues toma agua con azúcar – dije jadeando. Levantó la cara y me miró – Me prometiste que mañana te pondrías falda...- se mordió el labio inferior – Una promesa es una promesa... y cuando te digo que vamos a estrenar esa caseta del jardín es porque lo voy a hacer...

Serena me besó con calma, acariciándome la boca con esa deliciosa lengua. Genial y fabuloso... Cuando terminó el beso me sonrió. Se bajó de mi cuerpo y se tumbó a mi lado en el suelo, sobre la alfombra. Dentro de un rato me dolería la espalda, pero aquí y ahora me daba igual. Me lo había pasado demasiado bien.

- ¿Entonces te gustó? - preguntó Serena mirando al techo.

- Me encantó todo lo que me hiciste – susurré. Paseé la vista por su cuerpo y me fijé que la unión de sus pechos estaba humedecida por mis fluidos - Creo que necesitas unas ducha – dije avergonzado. Serena miró hacia donde la estaba señalando y sonrió.

- Sí... un poco de agua no me vendría mal – asentí despacio - ¿Quieres... quieres venir a la ducha conmigo?

- Nena...- me levanté de un salto y le tendí la mano – Pensé que nunca me lo ibas a pedir...

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Ouhhhhh yeahhhhh. Si pudiera ponerme nota a mi misma me pondría un veinte. Podría perecer una creída de mierda, pero esta tarde estuve de lujo. Sí, mi cara de satisfacción al ver a Darien disfrutando con lo que le había enseñado esta tarde no tenía precio. Ese gesto retorcido por el placer, esos gemidos bajos, esas malditas caderas... Dios, con solo recordarlo me estaba poniendo bruta de nuevo. No dudé ni un segundo cuando Darien me tendió la mano para ir a la ducha. Durante el viaje le había visto todas las veces salir del baño con su toalla enredada en las caderas y las gotas de agua cayendo por su torso... Bieeeen, ahora quería verlo bajo el agua, quería verlo mientras se enjabonaba ese delicioso cuerpo... Sí, la voz de mi conciencia es una maldita ninfómana...

No nos molestamos en cubrir nuestros cuerpos desnudos para ir al primer piso... ¿para qué? Era una tontería taparnos cuando en menos de diez segundos volveríamos a arrancarnos la ropa... Cuando entramos a mi habitación miré mi cama casi con pena...Jesús, que mueble tan infravalorado...Con Darien casi echaba de menos hacerlo en la cama, aunque ya habría tiempo. Nos metimos en el baño y abrí el grifo del agua caliente ante la atenta mirada de Darien. Así que decidí ser mala, para no variar. Me metí bajo el agua caliente, mis músculos agradeciendo ese contacto... La sesión de sexo rudo en el suelo empezaba a pasar factura...Oh, ¿y qué más da que te duela un poquito la espalda? Miré a Darien desde dentro de la ducha y sonreí. Cogí mi jabón y me enjaboné el cuerpo directamente con la mano. Primero el cuello, los pechos...mi estómago...y bajé más y más... Darien gimió cuando cubrí mi sexo con la mano y apenas me dio tiempo de seguir con mi espectáculo ya que de manera rápida y fugaz entró en la ducha apartando mi mano de donde la tenía.

- No hagas eso – susurró mientras pegaba su cuerpo al mío.

- ¿Por qué? Tengo que lavarme... has dejado rastro por algunas partes de mi cuerpo...

Oh sí, Darien se lanzó de lleno para capturar mis labios mientras el agua caía por nuestros cuerpos unidos. Cuando noté la erección de Darien en mi estómago no lo pude evitar, alargué la mano para masajearle ese pedazo de carne gloriosa.

- Espera, espera...- se apartó de mi unos centímetros – Quiero... quiero enjabonarte...

¿Qué? ¿Qué me quiere enjabonar? Empieza por donde quieras, cariño. Sonrió de lado mientras cogía el bote del gel y movió sus manos hasta que hizo espuma. Entonces vino lo bueno. Masajeó mis pechos despacio, primero uno y después el otro. Toqueteó mis pezones y tironeó del piercing. Las manos de Darien se deslizaban con facilidad por mi cuerpo debido al jabón, y esa sensación era más que placentera...Bajó por mi estómago, justo como yo había hecho antes...y me tocó. Ahí. ¡Sí! De nuevo estaba preparada para lo que quisiera hacerme. Me acorraló sin piedad contra los azulejos de la ducha y me pasó una pierna por sus caderas. De un golpe introdujo dos dedos en mi cuerpo. Uffff, no podía con mi vida.

- Darien...- me agarré a su espalda porque temía que acabara con el trasero en el suelo; las piernas me empezaban a temblar de veras.

- Agárrate fuerte nena...- por favor… me encantaba que me llamara nena. Se apoyó en la pared – Sube que voy...

De un pequeño saltito me subí a sus caderas y acto seguido me penetró. Me enganché a su cuello mientras bombeaba en mi interior mientras el agua nos caía encima. No sé si era yo o es que de verdad mi cuerpo estaba ultra sensible, pero esta tarde estaba siendo más que memorable. Estaba aquí, con Darien...sólo para mí. Ese maldito sinvergüenza, mi creído, mi friki...Me encantaba todo de él y no podía ni quería evitarlo. Quizás para él no fuera lo mismo, pero aquí y ahora en mi ducha, no estábamos follando, estábamos haciendo el amor... al menos por mi parte. Cerré los ojos con fuerza y escondí la cara en la curvatura de su cuello cuando comprendí el alcance de mis pensamientos. Aunque pocos segundos después la mente se me quedó totalmente en blanco cuando Darien, a riesgo de perder el equilibrio, metió una mano entre nuestros cuerpos unidos y me tocó en ese pequeño botón de mi intimidad. Darien me besó justo en el momento en que empecé a jadear como una loca, ahogando mis gemidos de placer. Cuando nos saciamos y pudimos respirar en condiciones, ambos nos miramos a los ojos. Había sido... indescriptible...

- Estoy tan bien aquí contigo...- susurró contra mis labios – Pero se me está quedando el trasero helado... se está enfriando el agua – me reí mientras me bajaba de su cuerpo.

Con cuidado salí de la ducha...y me tuve que agarrar al lavabo, mmm...me sentía como si fuera un flan. Darien cogió una toalla grande y me sorprendió cuando me secó el cuerpo entero. Mierda... ¿podía ser más perfecto?. Me enrollé en una toalla mientras observaba cómo se secaba a sí mismo. Era todo un espectáculo...

- ¿Estás bien, Serena? - le miré y fruncí el ceño.

- Estoy perfectamente bien, Darien... ¿por qué lo dices?

- Bueno...te tiemblan las piernas... ¿Te hice daño? - rodé los ojos.

- Me tiemblan las piernas de lo bien que lo has hecho – sonrió de lado como el capullo que era – Aunque no me extrañaría que mañana me doliera todo el cuerpo... quizás incluso me cueste caminar, ¿sabes? - Darien se rió mientras entrábamos en mi habitación.

- Yo también he sufrido las consecuencias de este encuentro...me he pegado un buen golpe – ahora sí, no lo pude evitar y me reí a carcajadas – No te rías, me duele el culo.

Miré su trasero cubierto por una esponjosa toalla blanca. Pobre culito...

- Podría darte un masaje para que se te pase el dolor – Darien alzó una ceja.

- Aún tengo las pilas puestas, Serena...- gruñó – Si me tocas aumentas las posibilidades de que mañana no puedas caminar...y va en serio.

Ay, ay, ay...sí, me encantaban esas cosas sucias que me decía. Y no me importaría tener que quedarme sentada todo el maldito día con tal de comprobar si era verdad o no lo que me había dicho. Pero no, en serio me empezaba a doler el cuerpo por la actividad salvaje que habíamos realizado en el suelo y en la ducha. Miré el reloj de mi mesita, eran casi las once de la noche... ¿Las once? Maldición... pues sí que se me había pasado el tiempo rápido... Me mordí el labio inferior...

- Eh... Darien... ¿quieres quedarte aquí...conmigo? - abrió mucho los ojos – Para...eh... dormir... Es tarde y bueno...- Darien se rascó el pelo húmedo.

- ¿Por qué no? - sonreí al oír sus palabras – Si ahora llego a mi casa con el pelo mojado y esta cara de obseso feliz, mis hermanos me pueden someter a un interrogatorio de tercer grado... por no hablar de mis padres – murmuró – Así que... sí, me quedo contigo...

Fui hasta mi cama y retiré el edredón. Y dejé que mi toalla cayera mientras Darien me miraba. Sí, sí... tuve la satisfacción de ver cómo tragaba en seco al verme de nuevo desnuda. Decidí ser buena y meterme en la cama. A los pocos segundos Darien apagó las luces y me acompañó... y en cuanto se unió a mi me pasó una mano por la cintura. Agradecía que estuviera a espaldas de él porque así no podría ver mi cara de idiota.

- Serena...

- ¿Qué? - susurré.

- Me gustó mucho lo que hicimos esta tarde...

- Me alegro, Darien – susurré sonriendo.

- Pero...bueno... Sigo queriendo que mañana te pongas falda...


Espero sus reviews.. Muchos besos y abrazos..