Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, si no a su creador: Masami Kurumada, Shingo Araki y Toei. Fic sin fines de Lucro.

Aclaraciones: Este es el primer fic que escribo y que se vea en la necesidad de ser clasificado "M" No apto para personas sensibles. Los personajes, (o algunos) puede que tengan actitudes diferentes, en especial el personaje principal. Espero que lo disfruten. ¡Ah! por cierto, no es Yaoi.

Última Nota: Para mis lectoras. ¡Sí! ya sé que debería ponerme a trabajar en los otros fics, pero mi musa esta toda loca y ya me ganó. Sí no la complazco luego no coopera. Pero esto no quiere decir que no me interese por los demás fics, ya tengo algunos adelantados y posiblemente esta semana va a ver varias actualizaciones. Les juro que la espera valdrá ;)

Ahora, sin nada más que decir... ¡Disfruten!


"¡Cuan hermosos eran aquellos días! En donde solía escuchar todo a mi alrededor y solía apreciar cuan hermoso era todo. Como cuando la intensidad del viento revolvía el verdor de los árboles y las flores desprendían un hermoso aroma que siempre adoré. Como cuando los destellos del sol iluminaban cada día, cada mañana, cada tarde, como cuando iluminaban el agua de los ríos, haciéndola brillar más aún que el más caro y grande diamante. Como cuando el cielo era claro y azul, cuando las estrellas brillaban y me acompañaban cada noche de ensueño. Eran días sencillos, eran días tranquilos, eran días bellos y pacíficos.

Pero ahora me pregunto...

-¿Que fue lo que sucedió?-

Las flores se marchitaron, las estrellas titilaron de pronto y después su brillo se perdió, el cielo se torno grisáceo, se lleno de nubes y lo único que hacía era mojar la tierra con pequeñas gotas sucias. El agua cristalina de los ríos dejo de correr y apaciguar mis oídos con su murmullo, dejo de ser dulce el aroma de las rosas y el néctar de las flores, la miel mas rica y pura ahora me sabe amarga. El sol ya no me ilumina, ni la luna me acompaña. Ahora... todo se ha vuelto vacío..."


- *Flor Venenosa* -

Capítulo 1

- Intervalo de Tiempo -

No era para menos la situación en la que se encontraba. Ya estaba acostumbrado. Pero aún así el tiempo seguía sin sentido para él. Ya no había nada que le importase. Ni si quiera mantener los ojos cerrados… o abiertos. El tiempo y el espacio se habían perdido. ¿Qué había pasado ahora? ¿Qué había pasado antes? ¿Qué había pasado después? Era solo la asquerosa sensación de no saber nada y la vez creer saber todo.

Como mil y una noches de ensueño y mil y una noches de insomnio, como beber mil veces agua del mar y beber mil veces agua de un río. Como desnudarse, como vestirse. Como bañarse, como ensuciarse.

No existía ahora nada, puesto que nada era seguro. Eso lo sabía, pero hacía ya mucho que lo olvido. Así como olvido quién era. Así como se deshizo de quién en realidad era, o tal vez se convirtió en quien realidad era, no lo sabe. Como lo había hecho muchas noches, y había despertado muchas mañanas. Estaba saciado, no, porque todo lo que hacía, no le complacía. Porque lo que le complacía, no lo hacía. ¿Por qué? Fácil, simplemente no existía.

Era ya de día. Lo sabía porque la luz del sol aclaro sus ojos a través de sus parpados, hasta llegar a sus iris azules. No era necesario que abriera los ojos, y así lo hizo. Se levantó, dejando a un lado la suave y blanca sabana que lo cubría. Sus pies sintieron el frío piso de azulejo blanco, con pasos algo descuidados, caminó y se dirigió al baño de su apartamento. Se metió a la regadera, aún el agua fría. Otra vez lo había hecho. El agua caía, por su piel tersa y clara, por su torso, bajando por su abdomen, escurriendo por sus muslos. Por su cuerpo tan bien formado. Pero ya muy usado.

Comenzó a asearse, pues se sentía sucio. Pero sabía que aunque sumergiera su cuerpo en agua limpia o purificarse en el agua tan fétida del Ganges no lo quitaría de la morbosidad y asquerosidad. Estaba sucio por dentro.

¿Qué era justicia? ¿Qué era pureza? ¿Qué era castidad? Creyó alguna vez saberlo. Pero ahora solo sabía que todo eso lo había perdido… hace mucho tiempo.

- "Sin el animal que habita dentro de nosotros… somos ángeles castrados…"- Intentó auto convencerse mientras volvía a abrir la llave de la regadera. Mientras volvía a sentir el agua fría recorrer su cuerpo desnudo libremente.

Su conciencia no le remordía, su moral no se lo impedía. Pero, de alguna manera, esto no le gustaba, pero aún así, lo seguía haciendo.

Tomó una toalla para cubrirse y secarse. Después de ello, salió del baño y se dirigió a su recamara. Siguió si abrir los ojos, y lo único que hizo, fue recargarse en el marco de la puerta. Sus parpados seguían cerrados, y, aún así, no le imposibilito saber que era lo que ocurría.

- Veo que ya has despertado.- Le dijo a la chica castaña y de tez blanca que se hallaba enredada entre las sabanas de su cama. Ella dio un bostezo.

- Buenos días.- Saludo después de haberse tallado los ojos.

- Me parece que es hora de que te vayas.- Sugirió, mientras se introducía en la habitación, para buscar algo de ropa.

- ¿Tan pronto?- preguntó ella.

- Dudo...- Dijo mientras se deshacía de su toalla y comenzaba a vestirse, frente a ella.- Que si en esta habitación, hubiese una ramera, esa fueras tú...

- ¿Que quieres decir?- Ella lo miró confundida. Pero a la vez, se enajenaba con aquel paisaje que se divisaba frente a ella.

- Será mejor que te vayas.- Las hebras cayeron cuales cascadas después de colocarse la camisa.- Y no vuelvas nunca.

- ¿Por qué?

- Ya lo dije.- Termino de vestirse.- Ahora por favor, vete. Aléjate de aquí. Hazlo.

La chica castaña se vistió, tomo sus prendas, sus pertenencias, y después de ello, se fue.

- ¿No te interesa si quiera conocer mi nombre?- preguntó antes de cruzar la puerta de salida. El negó con la cabeza.- Pero yo si quiero conocer el tuyo.- Intentó conocerlo.

- No lo tendrás.- Después de ello, cerro la puerta.

Caminó hacía la cocina, y se sirvió algo para desayunar. No tenía hambre, pero, lamentablemente, el humano esta acostumbrado a hacer cosas no necesarias. La costumbre se había hecho parte de su vida, para su desgracia. Suspiró tranquilamente, este sería otro día, otra noche y otra... chica, pensaba, tal vez.

Escuchó el timbre sonar. Sí era ella, no abriría, y no le concedería la desgracia de saber cual era su nombre. Pero, no, ella no era.

- Correo para usted.- El cartero extendió un sobre blanco.- ¡Que tenga un lindo día!- Él solo asintió con la cabeza, tomó el sobre y cerro la puerta. Cuando leyó el las líneas escritas en el sobre, lo arrugo y tiró al cesto de basura, junto con más sobre en él.

El sobre decía: "Para Shaka. Por favor, léelo antes de tirarlo."

- No existe nada sagrado que me divierta ya.- Dicho esto, salió de su apartamento.

Suspiró resignada, esperando que el Santo de Virgo hiciera su aparición frente a ella. Se llevo las manos a la cabeza, para masajear calmadamente su sien. El caballero dorado, hizo una reverencia, apareciendo frente a ella.

- Creo que tendrás que ir por él.- Habló seriamente.

- ¿Cuantas solicitudes has enviado?- preguntó.

- Veintidós.- Respondió en tono entristecido. Él asintió.

- De acuerdo.- Dicho esto, dio media vuelta, dirigiéndose a la salida.

- Espera.- Habló, él se viro hacía ella.- Ten cuidado Shun.

- No te preocupes Saori.- Sonrió.- Traeré a Shaka de regreso. Ella asintió con la mirada. El peli verde salió por la salida de la cámara del patriarca. Cuando respiró el aire fresco de la mañana, miró algo triste.

- El intervalo de tiempo...- Susurró.- ¿Por que tenía que ser así?- Cerro los ojos decepcionado, y después de ello, comenzó a bajar las escaleras, dispuesto a traerlo de regreso.

Continuará...