Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Melanie Milburne y se titula "El dolor de la traición".

3-La narración esta de parte de Sakura tanto como de Sasuke, al igual que los pensamientos.

Espero que sea de su agrado, si no lo es, quisiera que me lo hicieran saber con sus opiniones ya que en verdad sería importante para mí saber lo que piensan.

Advertencias:

CATEGORÍA: "T".

AU- LENGUAJE UN POQUITO BULGAR…

Argumento:

Aquella mujer pagaría por haberlo traicionado…

Sasuke Uchiha no había dudado en echar a Sakura al enterarse de que aquella cazafortunas lo había traicionado. Embarazada, sin casa y sin dinero, Sakura no podía creer que el futuro padre de su hijo pudiera ser tan cruel.

Tres años después, Sasuke volvió a aparecer con la intención de recuperar a la mujer que más había deseado en toda su vida. Tenía una proposición que hacerle: o se convertía en su amante o la arruinaría. Ella elegía…

Pero cuando Sasuke descubrió que era el padre del hijo de Sakura, retiró la oferta. Sakura sería su esposa, quisiera o no…

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Capítulo 1:

Había empezado como cualquier otro lunes por la mañana. Sakura dejó a Sora, de tres años, en la guardería después del habitual forcejeo lloroso de que no lo abandonara, y se abrió paso entre el denso tráfico hasta su pequeño estudio de diseño de interiores en Woollahra. E igual que cualquier otro lunes por la mañana, su socia en los negocios y su mejor amiga, Ino Yamanaka, le entregó un cargado café con leche cuando entró, al tiempo que le preguntaba cómo había sido su fin de semana.

—No preguntes —repuso Sakura con cansancio, bebiendo un sorbo que la revivió.

—¿Debo dar por hecho que la cita a ciegas que te preparó tu hermana no fue un éxito? —preguntó Ino al sentarse en el borde del escritorio de Sakura.

Sakura puso los ojos en blanco.

—Depende de a qué te refieres por cita a ciegas. Era evidente que la idea de este sujeto era convertirla en una cita para emborracharse. Y durante una hora y media se puso a lloriquear sobre su ex mujer, hasta que al fin conseguí escapar.

—Pobrecilla —dijo Ino con simpatía—. Pero no te rindas todavía. Hay alguien bueno para ti ahí afuera.

—Eso estaría bien —encendió el ordenador—. Una buena figura paterna para Sora sería estupendo también, pero en cuanto los hombres escuchan que tengo un hijo de tres años, parecen perder el interés.

—Bueno, los hombres de hoy en día son muy superficiales —convino Ino—. No se comprometen y quieren sexo de inmediato.

—Dímelo a mí —movió el ratón para activar la pantalla y comprobar las citas que tenía para ese día. Se puso las gafas y parpadeó hasta tres veces, con el corazón agitado al ver ese nombre.

—¿Qué sucede? —preguntó Ino.

Sakura giró el sillón para mirar a su socia.

—¿Me has arreglado una cita con un tal Sasuke Uchiha? —soltó, pálida.

Ino le sonrió entusiasmada.

—Sí. Quería que fuera una sorpresa, de lo contrario te habría llamado el fin de semana para contártelo. Llamó el viernes por la tarde justo después de que tú te marcharas. Es un contrato enorme, Sakura. El valor financiero de este hombre es incalculable, y si conseguimos el proyecto piensa cómo nos lanzará. Apareceremos en todas las revistas de diseño de interiores del planeta. Ya no tendremos que pagar más alquiler, podremos comprar el edificio, no… —juntó las manos—¡podremos comprar toda la calle!

Sakura se puso de pie.

—No pienso verlo —soltó con los labios apretados—. No quiero el contrato. No quiero tener nada que ver con él.

Ino puso expresión de no poder creer lo que acababa de oír.

—¿Por casualidad le has echado últimamente un vistazo a nuestro extracto bancario? —preguntó mientras se levantaba del escritorio—. Vamos, Sakura, nuestra línea de crédito está al límite, tú lo sabes. Es la oportunidad de una vida. Es justo lo que necesitamos en este momento. Sasuke Uchiha ha comprado el viejo edificio del Hotel Arlington en la ciudad. Va a convertirlo en un hotel de lujo, con tres plantas de áticos para los multimillonarios. Y quiere que nosotras nos encarguemos del diseño de los interiores. ¡Nosotras! ¿Puedes creértelo? Es como si nos tocara la lotería.

—No puedo verlo, Ino —insistió Sakura—. Por favor, no me lo pidas.

Una bombilla pareció encenderse en la cabeza de Ino al estudiar a su amiga.

—Un momento… ¿has salido con él en el pasado o algo por el estilo?

—Más que salido —repuso Sakura ceñuda.

Ino la escudriñó.

—¿Qué quieres decir con eso de «más que salido»?

Sakura respiró hondo.

—Es el padre de Sora.

Ino se quedó boquiabierta y los ojos casi se le desencajaron.

—¿Que es qué? —jadeó.

—No pienso verlo, Ino —afirmó con tensión—. Ni lo sueñes. Lo odio por lo que me hizo y no voy a…

El rugido inconfundible de un Maserati de repente sonó en la calle. Las dos miraron por la ventana frontal del estudio y observaron la pericia del conductor al meter el coche negro y aerodinámico entre sus dos pequeños utilitarios en el aparcamiento.

Ino miró los ojos jades y sobresaltados de su amiga.

—Me parece que no tienes alternativa —comentó, añadiendo al tiempo que la puerta se abría con el repiqueteo de las pequeñas campanillas del techo—: Mmm… ¿olvidé comentar que la reunión era aquí, a las nueve y cuarto?

Sakura sintió que cada fibra de su cuerpo se ponía en estado de alerta cuando la figura imponente y atractiva se inclinó para cruzar la puerta. Su corazón pareció un martillo neumático y se preguntó si el palpitar resultaría visible a través del ligero algodón blanco de su blusa.

Los ojos negros de él se encontraron con los suyos. Pero en esa ocasión ella sintió que había sombras misteriosas acechando en esas profundidades.

—Hola, Sakura—saludó al final.

Con la misma voz aterciopelada que años atrás había representado su perdición.

Ésta alzó el mentón y miró a Ino, que abría y cerraba la boca como un pez aturdido.

—Ino, ¿querrías informarle, por favor, al señor… mmm… —miró su agenda como si quisiera recordarse el nombre antes de continuar con la misma voz altiva— al señor Uchiha que no acepto clientes nuevos ya que estoy ocupada hasta fin de año.

—Pero… —tartamudeó su socia.

Pero Sasuke la cortó al adelantarse con una sonrisa letal en la cara.

—Señorita Yamanaka, ¿sería tan amable de dejarnos a la señorita Haruno y a mí continuar con nuestra reunión privada? —preguntó.

—¡No! No te atrevas a marcharte —soltó Sakura apresuradamente. «Por favor, por favor, no me dejes a solas con él», suplicó en silencio.

Ino frunció los labios, y tras un momento de titubeo, recogió su bolso y la taza con el café con leche.

—Claro, puedo hacerlo —le sonrió a Edward—. Además, he de ver a un distribuidor de azulejos. Volveré a las once.

Sakura le lanzó una mirada asesina antes de ocupar su sitio detrás del escritorio, por si las piernas cumplían la amenaza que le transmitían y le cedían.

La puerta del estudio se cerró tras la partida de Ino. El silencio reverberó en sus oídos y sintió como si un par de manos la ahogara.

—¿De modo que no tienes interés en hacer negocios conmigo, Sakura? —preguntó Sasuke con una sonrisa impersonal y distante.

—No —la respuesta breve salió de su boca como una bala.

—¿Por qué? —preguntó, enarcando una ceja con gesto irónico—. Pensé que darías saltos de alegría ante esta oportunidad de poner tus manos en mi dinero.

Se obligó a mirarlo.

—Me sorprende que estés interesado en contratar los servicios de una pequeña zorra codiciosa… ésas fueron las palabras que me dedicaste entonces, ¿no?

No hubo señal de enfado en su cara, pero Sakura pudo sentirlo de todos modos. Había conocido y amado esa cara durante los tres meses que habían estado juntos. La sonrisa capaz de fundir la piedra, la mirada que podía encender la sangre, la boca capaz de besar con una suavidad provocadora o con pasión hambrienta. Incluso después de tanto tiempo podía sentir sus labios y su lengua. La parte inferior del cuerpo le empezó a palpitar con el recuerdo de lo que había sentido con las embestidas de Sasuke entre las piernas.

Las cruzó por debajo de la mesa, luchando contra las sensaciones que se agitaban allí.

—Supongo que tu propensión sexual no tiene relevancia con tu talento en el diseño de interiores —indicó con una mirada enigmática—. Profesionalmente, tienes buena reputación. Por eso estoy predispuesto a darte toda la responsabilidad para el proyecto que voy a emprender.

—Te lo he dicho, no estoy disponible.

Él esbozó una leve sonrisa.

—Sakura, quizá antes de descartar esta oportunidad deberías ver lo que te ofrezco.

—Ninguna cantidad de dinero que puedas ponerme delante me induciría a volver a mantener algún tipo de relación contigo, de trabajo o de otra naturaleza —afirmó con contundencia.

—No iba a sugerir nada más que un acuerdo laboral entre nosotros; sin embargo… —dejó la frase suspendida entre ellos en el palpitante silencio.

—Olvídalo, Sasuke—dijo—. Además, ya salgo con alguien.

—¿Es el mismo hombre con el que te involucraste en Italia? —preguntó, atravesándola con la mirada—. Se llamaba Kiba Inuzuka, ¿verdad?

Sakura sintió que la sangre se le encendía en las venas.

—Viajaba con él, no nos acostábamos.

El cinismo brilló en la mirada de Sasuke.

—Ah, sí, esa antigua historia. La recuerdo bien.

—No es una historia, es la verdad —insistió ella—. Conocí a Kiba, Naruto y Hinata en un recorrido turístico en un autobús. Te dije esto mismo hace cuatro años. ¿Cuántas veces he de repetirme?

—No me interesan tus mentiras, pero sí lo que puedes hacer por mí —dijo—. Tu negocio necesita un contrato tan grande como éste, Sakura. Serías una tonta en descartarlo.

Ella apretó la mandíbula.

—Odio ser quien tenga que señalar la ironía del asunto, pero ¿no fue eso lo que tú me hiciste a mí?

—Estoy preparado para ser generoso —indicó, sin prestar atención al comentario.

Como si no significara nada para él. Lo cual era verdad.

Antes de conocerlo, siempre había considerado con desdén la idea de enamorarse a primera vista, o incluso de enamorarse en un período de unos días. Siempre había considerado que el amor profundo y permanente crecería con el tiempo, igual que la confianza y el respeto entre dos personas. Pero conocer a Sasuke Uchiha aquel caluroso verano en Milán había puesto su mundo del revés. A las tres horas él la había besado, y a los tres meses se había quedado embarazada.

Parpadeó y volvió al presente en el momento en que Sasuke le entregaba un documento. Lo aceptó, y sus dedos trémulos no pudieron evitar el contacto con los de él. Todo su cuerpo se sacudió por la reacción y la recorrió una oleada de calor.

—Si no estás satisfecha con esa cantidad, la duplicaré —anunció él.

Sakura bajó la vista al contrato y los ojos estuvieron a punto de desencajársele al ver la cantidad impresa. Era una suma de dinero asombrosa, aunque imaginó que tendría que trabajar muy duramente para ganarla. Conocía lo suficiente sobre Sasuke Uchiha como para saber lo exigente que era. Los huéspedes que se alojaban en uno de sus hoteles recibían el máximo lujo, y el de Sydney no sería diferente.

Pero aceptar el contrato, a pesar de lo lucrativo y positivo que sería para su carrera, significaría tener un contacto estrecho con él, tal vez a diario. ¿Cómo sobrevivir a eso incólume?

Y lo más importante, ¿cómo evitar que Sora se enterara de que su padre se negaba a aceptarlo como propio? Aunque no podía evitar pensar que un vistazo al niño despejaría cualquier duda, incluso en alguien tan cínico como Sasuke. Tenían los mismos ojos oscuros, el mismo cabello azabache y la piel de un tono pálido, la misma forma de la boca… aunque la de Sora seguía suave con la inocencia de la niñez.

—Te daré uno o dos días para que te lo pienses —indicó con su voz profunda.

Abandonando la tortura de sus pensamientos, ella se puso de pie de golpe.

—No necesito dos…

Sasuke alzó una mano y apoyó dos dedos sobre sus labios.

—Dos días, Sakura—la miró—. Piénsalo.

Tragó saliva mientras recordaba lo íntimamente que habían conocido sus puntos de placer esos dedos. Cómo había conocido ese momento de reacción apasionada cuando le había acariciado los pliegues sedosos de su feminidad por primera vez… cómo había temblado cuando la había explorado tan minuciosamente con dedos, boca, lengua y la erección encendida y palpitante.

El aire se condensó a su alrededor, como si una hiedra invisible hubiera penetrado en la sala y los acercara cada vez más.

Sakura no podía respirar.

Se quedó muy quieta mientras en esa ocasión él alargaba sólo el dedo índice de la mano derecha y le rozaba la suavidad del labio inferior, con la vista clavada aún en su boca. De pronto resultó abrumadora la tentación de pasar la lengua por ese dedo. Tuvo que cerrar con fuerza los dientes para evitar introducírselo en la boca y succionárselo, como había hecho tantas otras veces en el pasado.

Y no sólo la boca…

Volvió a mirarla a los ojos y la línea de sus labios perdió durante un momento fugaz la expresión de cinismo que siempre exhibía.

—Había olvidado lo suave que es tu boca —dijo él con voz aún más profunda.

Sintió el calor de su mirada como una marca de fuego en los labios.

—Cre… creo que sería mejor que te marcharas —soltó—. No tengo nada más que decirte. No quiero el trabajo. Deberás buscar a otra persona.

La observó largo rato.

—Aún no estoy preparado para irme, Sakura. Todavía hay algunas cosas que me gustaría tratar contigo.

La dominó el pánico ahí quieta delante de él. No podía retroceder por el escritorio, y avanzar quedaba descartado ante el riesgo de poder rozarse con Sasuke.

Se hallaba atrapada.

—Hace cuatro años me dijiste que estabas embarazada —dijo él, rompiendo el silencio.

Sakura sintió que la garganta se le atenazaba aún más, pero, de algún modo, logró mantener el contacto visual.

—Sí… te lo dije.

—También me dijiste que el bebé era mío.

Un destello de furia se asomó a sus ojos.

—Sí, lo hice.

—¿Continuaste con el embarazo? —preguntó tras una mínima pausa.

No dejó de mirarlo.

—A riesgo de repetirme… sí, lo hice.

La expresión de él permaneció inescrutable.

—¿Tu hijo mantiene contacto con su padre? —Le preguntó.

Ella frunció el ceño, irritada por ese interrogatorio.

—¿A qué vienen todas estas preguntas, Sasuke? Fuiste tú quien insistió en que el niño no podía ser tuyo. ¿Por qué ese súbito interés ahora? ¿De pronto has cambiado de idea y llegado a la conclusión de que no te mentía, después de todo?

Él se encogió de hombros.

—No, claro que no he cambiado de parecer. Es imposible que yo pueda ser el padre de ese niño.

Sakura le dedicó una mirada cáustica.

—Eso piensas tú.

—No lo pienso, Sakura—afirmó con expresión dura—. Lo sé.

Crispada por su arrogancia, el odio que le inspiraba amenazó con manifestarse.

—Además —continuó con sarcasmo, mirándola—, no das la impresión de haber tenido un hijo. Se te ve tan esbelta y atractiva como hace años.

Ella le dedicó una mirada despectiva.

—Puedes guardarte tu contrato, Sasuke Uchiha. No quiero tener nada que ver con un hombre que piensa que soy una mentirosa, una estafadora y una prostituta.

—De modo que después de tanto tiempo sigues decidida a nominarme como el padre de tu vástago, ¿verdad? —preguntó él—. ¿Por qué, Sakura… porque los otros candidatos no pagarían?

Ella apretó los dientes.

—No hubo ningún otro candidato, y tú lo sabes bien.

El cinismo en la expresión de él se incrementó.

—No te gusta reconocer que te equivocaste al elegirme a mí, ¿verdad, Sakura? Cuando me conociste, pensaste que habías conseguido un cheque en blanco de por vida. En su momento me pregunté por qué te habías acostado conmigo tan pronto. Desde luego, todo tuvo sentido cuando me contaste la noticia. Necesitabas seguridad económica, pero te equivocaste al elegirme a mí.

Ella apretó los puños a los costados.

—Te amaba, Sasuke. De verdad te amaba. Habría dado cualquier cosa por pasar el resto de mis días contigo, pero no por las razones que crees.

—¿Amor? —Bufó—. Me pregunto si todavía habrías afirmado amarme si te hubiera contado desde el comienzo de nuestra aventura que no estaba interesado en tener hijos… jamás.

—¿Por qué no lo hiciste?

Una sombra se movió en los ojos de él.

—Sólo llevábamos viéndonos tres meses —dijo—. Iba a contártelo en algún momento de las siguientes dos semanas, ya que me preocupaba que albergaras esperanzas para un futuro de matrimonio y bebés conmigo. Comprendo que es mucho pedirle a una mujer que abandone su derecho a tener un hijo del hombre al que ama.

—¿O sea, que sí reconoces que te amaba?

El cinismo en la expresión de su boca regresó.

—Creo que amabas la idea de casarte con un multimillonario. En la vida he descubierto que no hay nada que despierte tanto el amor como el dinero.

—¿Por qué te opones de esa forma a tener hijos? —Frunció el ceño—. Creía que a todos los italianos les encantaban los bebés… que tener una familia era todo para ellos, por no mencionar a un heredero.

—Eso jamás ha figurado en mis planes —expuso él—. Hay otras cosas que quiero hacer con mi vida. Estar atado a una esposa e hijos no me atrae en absoluto.

Sakura estudió su rostro, preguntándose qué lo había llevado a adoptar una postura tan férrea, pero su expresión era inescrutable.

—Te veré en dos días, Sakura, para discutir los términos del contrato —le entregó una tarjeta con sus datos profesionales—. Mi número privado figura en el otro lado, por si deseas contactar conmigo antes, de lo contrario te veré en el Hotel Arlington el jueves a las diez de la mañana.

Bajó la vista a la tarjeta con letras doradas y en relieve y los bordes cerrados, pero no fue hasta oír la campanilla de la puerta del estudio cuando se dio cuenta de que él se había marchado.

Se apartó de la ventana y respiró hondo. Contuvo el aire en el pecho hasta que el sonido de su coche se desvaneció en la distancia.

¿CONTINUARA?...

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Sora: Cielo.

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Hola! Aquí estoy otra vez =) Esté primer capi es de la historia que ustedes decidieron que subiera cuando termine el fic "La amante del jefe"... Espero que les haya gustado y prometo que subiré pronto la conti.

Cuídense, SAYO!... xD

P.D.: Ya que quieren que suba las otras historias, he decidido que voy a subir la que tenía más votos despés de esta, pero esp será cuando termine "Fruto del amor" o "Ramune". Besos.

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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.

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"…SaKu-14…"