Capítulo 1

Abril 2012. En algún burdel desconocido.

Dos chicas, una rubia y otra de pelo castaño oscuro, estaban en una pequeña habitación, enfrente de un tocador con dos amplios espejos. Una de ellas forcejeaba para intentar ponerse un corsé.

– Katya, ayúdame a abrocharme esta mierda. Creo que el último cerdo de hoy se lo cargó.

Katya levantó la cabeza de su ensimismamiento.

– ¿Eh?

– Katya, ¿estás drogada? ¡Hazme algo de caso mujer! Ayúdame a abrocharme esto –dijo la otra chica, dándole la espalda a su amiga, mientras se señalaba la trasera de la prenda ceñida.

– Claro, claro, Tanya. ¿Con quien fue?

– No recuerdo, creo que era amigo del hijo del Jefe, Yuri.

– Bueno, deja a ver si te puedo arreglar esto. Tienes roto el broche por detrás, y la mayor parte de las tiras están deshilachadas. ¿Cuánto hace que tienes esto, hija?

– Ya, es viejito, maldita sea, pero intenta arreglármelo. Mira a ver si con cuatro costuras la cosa aguanta. Es el mejor que tengo…

Katya frunció el ceño, estudiando el corsé, pero sí, podía hacerse. Cogió de una cajita forrada de seda una aguja, y un carrete de hilo de costura, negro en este caso, a juego con la prenda.

Tras unos cortos minutos, la joven chica terminó de hacerle un apaño, y suspiró. Su pelo rubio claro despeinado le caía sobre la cara, tapándole en parte sus hermosos ojos azul cielo. No prestó atención a los agradecimientos de la otra, que se ajustaba el corsé para que le resaltara aun más los pechos. Katya tiró la aguja y el hilo sobrante de forma descuidada en la cajita, y volvió a concentrarse en lo que fuera que estuviera pensando, sentada en la butaca con el pie apoyado en el tocador, demasiado ausente como para molestarse en pintarse las uñas, aunque para su trabajo era menester el cuidar mucho su aspecto físico. El físico importaba a los clientes, sobretodo a los caros, pues a los baratos lo mismo les daba. Pero ella, aparte, quería estar feliz con su aspecto físico. Pero no en ese momento. Se empezaba a descuidar, y su íntima amiga Tanya, lo notó.

Fue hasta ella, y la abrazó.

– ¿Qué te pasa, hija? ¿Por qué estas así?

Katya no respondió, así que Tanya la azuzó y con dos dedos le apretó las mejillas, dándole a la cara de Katya un aire familiar a un pescado.

– Tranquila, mi amor, no pasa nada… todo lo que quieras puedes contármelo. ¿Crees que estás embarazada? ¿O se trata de otra cosa? ¿Noticias de tu familia, o algo…?

– Sabes que yo no tengo familia… –contestó Katya entre dientes. Eso no era del todo verdad, pero ella siempre lo afirmaba. Para Katya, su familia había dejado de existir.

Tatiana, llamada Tanya por los conocidos, se levantó, y apoyando el trasero encima del tocador (tras apartar de un manotazo los cepillos, peines, y demás parafernalia para maquillarse), miró a su amiga Katya a los ojos. Un mechón de pelo de ella le tapó un ojo, pero Tanya lo apartó de un manotazo para no perderse su mirada.

– ¿Es por el nuevo destino, no? Desde que nos lo han dicho, estás así. Pero anímate, mujer. Ya verás como no pasa nada… te lo prometo…

Katya intentó sonreír, mientras Tanya le masajeaba las manos cariñosamente. Sí, tenía razón, seguro que Tanya tenía razón, como casi siempre. El asunto era que no le gustaba mucho la idea de moverse… Para su próximo trabajo, se llevarían a las chicas lejos de allí. A la provincia (Óblast) de Kiev, cerca de la frontera con Bielorrusia. Katya toda su vida había estado en Chernigov, aunque moviéndose mucho dentro de la ciudad, hiendo de aquí para allá, pero esta vez, el destino, la llevaría a un lugar que no quería conocer. Pues, por lo que había oído, no irían a un lugar cualquiera de Kiev, sino directos a Slavutich, la famosa y más reciente ciudad construida, creada después del accidente de Chernobyl para que vivieran aquéllos a quienes había habido que desalojar de la ciudad de Pripyat y de Chernobyl ciudad. O al menos eso le habían dicho… pero esa ciudad no la tranquilizaba. Al menos, hasta que, en el 2006, el reactor nuclear de Chernobyl volviese a explotar. Y lo hiciese, por tercera vez, en el 2011. De eso procuraba no hablarse, cualquier divulgación en la prensa nacional era censurada por el gobierno ucraniano, y costaba que información internacional acerca de ese asunto llegara a ellos. Era algo que estaba muy vigilado. ¿Qué pasaría allí?

Katya no quería ir a esa ciudad, tenía malos presagios. Todo acerca de esa maldita zona era tan sospechoso, y no quería estar a tan poca distancia de ese lugar. Si por ella fuera, 100.000 kilómetros de distancia entre ella y esa zona, le parecería poco.

Pero desechó los funestos pensamientos. Tampoco quería preocupar a su amiga… seguro que todo saldría bien. Sí, seguro que todo saldría bien. Además, ellos cuidarían a sus chicas, y no dejarían que les pasase nada…