Disclaimer: Si no me peleo con Broccoli, luego es con Honey Bee porque ellos son los culpables de que Starry Sky no me pertenezca.

Vanilla dice... Este fic lo escribí hace como dos meses, cuando retomé el anime y se apoderaron de mí unos terribles deseos de descargarme la única versión de "Starry Sky ~In Spring~" en inglés. Luego terminé haciendo esto y me calmé Uu.

Advertencias: Nada de nada, es como un POV en donde los personajes variarán.

Quizá en algún momento llegue a ser malo y quizá en otros llegue a parecer OOC, ¡pero juro que me esforcé!.


Supongamos que su perspectiva de la cotidianeidad no era exactamente precisa. Él no sabía muy bien lo que significaba ésta palabra, pero le hubiese gustado experimentarla, enserio que sí.

Ser extranjero no era fácil; tener que aprenderse los idiomas de sus respectivos padres y además el inglés. Desde niño sintió presión, estrés por el mundo al que estaba expuesto.

A pesar de ello, Tomoe Yoh considera haber tenido una infancia feliz. Tsukiko cambió varias de sus perspectivas incluso al crecer. El amor hacia ella nació de una inexplicable casualidad, de la que, quizá, también está enamorado.

Aquella noche decidió mirar las estrellas, salir y visualizarlas con un telescopio que recién le habían regalado sus padres. Estaba emocionado y quería irse de inmediato para usarlo por primera vez.

Y ahí estaban, sus fieles amigas y confidentes; ellas le tenían una sorpresa. El chico perdió la noción del camino, frente a sí, una pequeña colina cubierta de arbustos adornados con flores rosadas. Cayó, pero no le dolió exactamente el golpe.

¿Y el telescopio? ¿Dónde estaba su preciado artefacto? Aún sobre la hierba, empezó a buscarlo de gatas, temiendo que estuviera en las profundidades del lago que estaba apenas a unos metros.

Siendo entonces tan pequeño y por lo tanto desesperado, se dio por vencido cuando su mentecita lo convenció de que ya no volvería a verlo.

Pero, justo en el momento en el que le rendía luto a su telescopio, apareció ella con el objeto en sus manos, se lo extendía.

Sus ojos llorosos lo delataban, no soportaba la pérdida de algo que apenas había utilizado. La niña, entonces desconocida, se lo entregó después de saber que era él el dueño.

Una inocente conversación comenzó, al igual que un encuentro que difícilmente olvidaría.

Yoh pensaba en todo esto frecuentemente, pero, estando frente a las puertas de la Academia Suigetsu, tuvo la impresión de que el cielo nocturno al que tanto le rendía culto, jugó con su destino aquella vez.

Porque, si no hubiese deseado con todas sus fuerzas salir a admirarlo, jamás se hubiese tropezado, y por lo tanto, el telescopio no le hubiera sido devuelto por Tsukiko.

De todas maneras, era feliz, y eso era lo más importante.

Gozó de la cotidianeidad durante unas semanas. Luego, tendría que irse a cumplir otro de sus sueños al lado de sus padres.

Y Yoh, estando al lado de su pequeña familia, se sintió afortunado por tener con quién compartir aquél atardecer; estaba feliz de poder abrazar a Tsukiko, de ser maltratado por Kanata y de probar los onigiris de Suzuya.

Arriba, el cielo. Y a su derecha, ellos.