Disclaimer: Los personaje le pertenencen a Crypton Future Media, y la canción a Hitoshizuku-P. Yo solo arme la historia.

Por favor lean las notas al final del FanFic y visiten mi perfil :)

Disfruten del Relato.


Short-Fic

Trampa Casino

Rin y Len Kagamine

Posible Incesto (Decisión del Lector)

Vocaloid

Capítulo 01

Tokio, 1981

El fuerte ruido de risas, insultos, maldiciones y gritos de victoria inundaban la sala. Eran variados pero podía saber de donde provenían. Aquí estaba yo, con mis cinco sentidos vigilando cada espacio a mí alrededor.

La gente me miraba de manera despectiva. Más de un rostro sonreirá malévolamente al verme.

«Idiotas» dije en mi mente completamente arrejocijado. Los pensamientos de todos esos ricachones eran tan obvios. Aunque eran entendibles, ¿qué rayos hacia un joven muchacho de veinte años en ese tipo de reunión?

No era un prostíbulo (aunque tenía tendencias), acaso… ¿un bar? Pues poseía uno, no era raro ver jóvenes en ese tipo de lugar; no importaba que no hubieran cumplido todavía la mayoría de edad (1).

El punto es que no era un bar, tampoco discoteca o antro nocturno, a pesar del fuerte sonido de música.

No, señoras y señores; yo me ubicaba en un "casino"; para ser más específico: en una fábrica abandonada. Sí; no tenía sentido, no obstante en la noche del pecado nada tenía sentido.

Me encontraba en la gran reunión anual de juegos y apuestas. Una noche planeada por el magnate del dinero, Akira Hatsune, un gran productor musical encargado de lanzar a la fama a muchos ídolos. Era literalmente dueño de todo el centro del entretenimiento musical.

Sin embargo también era un hombre con el vicio del juego; no apostaba, ya que se guiaba por los seguro, pero amaba el entorno pecaminoso.

"La reunión del pecado" así habían puesto de título a esta celebración anual. Nunca se hacía en el mismo sitio dos veces seguidas, los casinos estaban prohibidos en Japón; el juego era un tabú para muchos y las apuestas se mantenían ilegales. Por eso sólo se podía asistir con invitación y, para conseguirla se necesitaba ser alguien de poder, alguien con dinero.

Como Akira decía: "De esta reunión puedes salir apestando a ganancias. Ganar o perder, toma ese riesgo; por algo juegas".

Era mi frase favorita.

Desde que tengo memoria mis padres venían a esta gran reunión por ser dueños de la mayor producción de instrumentos musicales, pero este año era mi turno de arrasar con todos; y no era una suposición, sino un hecho.

Amaba los juegos de azar, las apuestas y los retos. La primera vez que tomé una moneda y aprendí el juego de azar más básico del mundo: cara o cruz. Empecé a sacar trucos para ganar.

Cuando la lanzaba, sabía qué fuerza debía aplicar para que saliera el lado que yo deseaba. Si por casualidad alguien más lo hacía, con sólo ver lograba conocer que potencia aplicaba la persona y así lograba elegir el lado ganador.

Recuerdo que a mi padre lo llamaron en medio del trabajo un lunes por la mañana, para una reunión urgente con mi profesora, ésta le había contado que le quité a todos mis compañeros sus caramelos.

—¿Hijo, eso es cierto? —Me miró curioso, esperando una respuesta de mi parte. Yo no sabía cómo responder, ¿acaso hice algo malo en ese tiempo? Sólo quería los caramelos.

—No creo que le responda, señor Kagamine —interrumpió mi maestra, una señora ya mayor y un poco amargada—. Mejor que se los muestres. Len, por favor…

No quería más problemas por lo que saqué directamente una bolsa de tela blanca que ese día me llevé a clases y la lancé en el escritorio. Por el golpe los dulces se esparcieron por todo el mueble. Mi padre me miró sorprendido.

—¿Cómo les quitaste todo estas golosinas?

—Con una moneda —repliqué en un pequeño susurro completamente entendible.

—¿Una moneda? —Mi padre sonaba incrédulo.

—Pues sí señor Kagamine —dijo la señora son altanería—. Su hijo le apostó a todo el alumnado jugando "Cara o Cruz"

—¿Todos? ¿Esos caramelos son de los chicos de su salón?

—No, también le gano a alumnos siete años mayores que él. Creo que más de un profesor curioso se acercó a él, pensando que era un juego inocente. Pero lo peor es que esto no ocurrió solo hoy, lleva una semana aplicándolo.

Siguieron hablando de mi pequeño "percance" como estafador. Yo sólo descubrí un truco, ni siquiera trece años después lo veía como algo malo.

Cuando fuimos a casa, mi papá no parecía molesto; únicamente me pidió que dejara de hacer eso en clases para evitar problemas y me preguntó qué hacía con los caramelos.

—La mitad se los doy a Rin —dije felizmente.

Mi progenitor me miro algo receloso.

—¿Y me puedes decir por qué haces eso?

—Se lo debía, papá, ella fue la que me enseñó a jugar.

El adulto arrugó el ceño y su rostro en ese momento mostró completa molestia, pero no habló del tema en ningún momento.

Me pidió que fuera a buscar un paquete de cartas inglesas. Cuando cumplí su mandato, se sentó conmigo y me enseño a jugar Póker y Blackjack.

Fue entretenido, las apuestas, el reto y el juego, donde los trucos era la única manera de ganar con seguridad las apuestas. La forma que desarrollaba el movimiento de batir las cartas podía ayudar a saber que vendría; eso lo descubrí solo.

Esa misma tarde, después de varias partidas, logré ganarle a mi propio padre; y de ahí hasta la actualidad él no ha logrado una victoria contra mí.

Sí, pasé por un entrenamiento para desarrollar mi mente y mi agilidad en las apuestas desde mis siete años de vida, convirtiéndome en un experto en juegos de mesa; y cómo negarlo ahora: un estafador de primera. Era tan bueno en lo que hacía que nadie podía demostrar mis trampas o trucos injustos.

—Es hora del show —susurré antes de sentarme en una de las mesas donde la ruleta ya empezaba a girar y las manos y ojos inquietos se preparaban para sus apuestas.

.

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¡Len! —me volteé felizmente ante mi llamado. Una hermosa niña de diez años corría hacia mí. Una enorme sonrisa se posaba en sus labios.

Sus cabellos rubios idénticos a los míos se mecían graciosamente en su cara por la velocidad que tenía al correr. La falda del vestido blanco imitaba los movimientos de su cabello.

Hola, Rin —dije mientras la recibía con una sonrisa. Noté sus pies descalzos tocar el césped. El sol brillaba fuertemente en el jardín haciendo que sus ojos azules brillaran con mayor intensidad.

Ella sonrío con más ahínco, parecía emocionada. Levantó sin ningún tipo de vergüenza su vestido. Me sonroje fuertemente al ver mucho de sus piernas blancas y un poco de su ropa interior con ositos marcados.

¡Rin! —grité escandalizado mientras cerraba mis parpados y volteaba la cabeza para un lado.

Feliz cumpleaños, Len —dijo. Abrí los ojos y la miré nuevamente. En su mano sostenía una pequeña caja envuelta en papel azul y un moño naranja.

Mi cumpleaños es mañana —comenté sorprendido por el gesto mientras estiraba mi brazo y tomaba el regalo.

Lo sé —continuó—, pero cuando vi esto solamente pensé en dártelo lo más pronto posible, aprovechando que mi padre vino de visita para acá. Desde hace unos días anda actuando extraño y no le gusta el hecho de que venga de visita o que te vea. Por eso me escondí en el auto.

Parecía algo deprimida al hablarme, pero en un abrir y cerrar de ojos su actitud exagerada de alegría regreso.

¿Qué esperas? —dijo—. ¡Ábrelo!

No me hice rogar ante la emoción y la alegría de recibir un regaló de Rin. Cuál fue mi sorpresa al ver un hermoso par de dados rojos medio transparentes; los puntos de cada lado eran blancos. Ese par de cubos eran completamente hermosos.

No es la gran cosa, pero creo que es un fuerte agradecimiento por haberme regalado ese hermoso mazo de cartas la semana pasada por mi cumpleaños. Además de haberme enseñado a jugar Póker hace un año.

Rin… —Me encontraba entumecido. No sabía por qué me afectaba tanto ese regalo, especialmente al ser algo tan simple, pero la sonrisa de Rin al entregármelo, la manera en que se escapó para lograrlo y también el hecho de que me agradeciera me emocionaban de más.

Y otro acontecimiento que me llenada de júbilo: ¡Había recibido mi regalo!

Tenía el mismo inconveniente que ella la semana de su cumpleaños, por lo cual mandé a uno de los encargados de la limpieza que lo entregara, mi padre me había prohibido ir a la casa de mi tío para ver a Rin.

Porque esa es mi relación con ella: nuestros padres eran hermanos, Aunque había muchas coincidencias entre nosotros. Nuestro color de pelo, nuestros ojos y, cuando éramos pequeños, parecíamos gemelos idénticos. Además, esas coincidencias llegaban hasta el punto de sólo llevarnos una semana de diferencia con respecto a nuestro nacimiento, Rin era la mayor en este caso.

He practicado mucho, ahora ni mis padres me pueden ganar jugando Póker. Cuando tengamos tiempo, juguemos una partida para demostrarte que soy la mejor.

Reí un poco divertido por su comportamiento.

Eso es difícil, primita.

Pues veras que sí, ahora debo irme —comentó algo preocupada—. Debo evitar que mi papá o mi mamá se den cuenta de mi desaparición.

Y, para despedirse, Rin me besó en mi mejilla con fuerza y ganas. Nada delicado, pero sí se podía sentir el sentimiento que trasmitía: calidez.

Corrió de regreso por el mismo camino por donde había venido. Se volteó un momento y gritó con potencia debido a la distancia entre nosotros:

¡Aprende a jugar con los dados, debes; aunque sea, estar a mi altura a la hora de juntarnos nuevamente para un juego, Len!

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Miradas de odio se posaron en mí en ese momento, mi número de fichas aumentaba fuertemente mientras que la de los otros jugadores bajaba sin medida. Seguíamos con la ruleta y, después de diez minutos, ya dos personas se habían retirado con sus bolsillos completamente limpios.

El empleado encargado de las apuestas, de girar la rueda bicolor y de lanzar la pequeña pelota metalizada, me veía extasiado. Vigilaba todos mis movimientos, pensando qué técnicas tramposas utilizaba para ganar. Pero no era el caso. Calculaba mis apuestas en este juego utilizando simples principios de física y probabilidad. Además de no apartar la vista de la ruleta y tener mi cuerpo a flor de piel, completamente pendiente de corrientes de aire que pudieran causar un cambio de movimiento repentino.

El tiempo seguía y cada vez más personas se levantaban molestas al perder. ¡Ja! ¿Ahora quiénes eran los tontos? ¿Quién era el indefenso? Cuánto odio me rodeaba. Y no por la riqueza perdida, sino por los orgullos pisoteados.

Más que el dinero, esa soberbia que quitaba en su derrota me alimentaba más mi deseo de ganar.

Las mujeres que acompañaban a los hombres me veían con un gran interés, pero era algo un poco inevitable; joven, de alta estatura, cabellos de un fuerte rubio, claro un poco largos (a diario me amarraba una pequeña cola de caballo para evitar inconvenientes y tener buena presencia), ojos azules claros, una sonrisa blanca de dientes alineados y una fuerte presencia llena de confianza eran características que poseía mi persona.

Y, por cuestiones obvias, la larga cadena de fichas y victorias demostraban un estatus de dinero superior, lo cual me hacia más tentador para esas damas parásito.

Una hermosa mujer de melena rojiza oscura se acercó coquetamente a mí, su vestimenta era exuberante llena de brillantes y adornada con joyas de oro. Su cabello recogido en dos coletas altas poseía fuertes y anchos rizos, como pequeños taladros.

—Un hombre lleno de suerte —comentó posando una mano en mi hombro. Yo me encontraba cómodamente sentado viendo girar la ruleta, esperando las apuestas de los dudosos y cobardes.

—La suerte no existe —respondí con desdén, quería apartarla. No podía con las mujeres, eran serás para distraer tu mente y perturbar tus metas. Lo sabía de antemano.

Una se colaba por mi mente atormentándome. Una horrorosa chica, un ser lleno de maldad e hipocresía lista para atacarme al cuello, como un tigre a su presa.

La odiaba.

La mujer lanzó un quejido de desesperación cuanto no reaccioné ante su gesto coqueto. Pude notar la mirada de rabia de un hombre de largo cabello rojo amarrado en una coleta alta. La regalada que se encontraba a mi lado había sido su acompañante, pero ella, al ver las montañas de fichas, se deshizo de él como un papel usado.

¿Por qué se sorprendía? La mayoría de personas del sexo femenino en esta reunión sólo eran adornos colgando del brazo de un hombre. Buscaban maridos o ser amantes de señores casados para recibir regalos y conseguir una vida cómoda.

—¿Qué tal si yo elijo un número? —ofreció con una voz suave en un intento desesperado por parecer sexy. Tomó mi brazo entre sus manos y apoyó sus senos entre mi antebrazo y mi espalda buscando mi interés. Se acercó más para susurrarme en mi oído—. Si acierto, deberás cumplirme un deseo y, en caso de fallar, yo te consolaré y cumpliré cualquier fantasía que desees.

Arrugué la cara completamente asqueado ante proposición tan obscena y libre de ese encanto y sensualidad que debería poseer.

Giré mi rostro, quedando muy cerca del suyo. Me vio con una sonrisa victoriosa y yo también sonreí, pero en mi interior el desdén me comía por completo.

Nuestros rostros quedaron muy cerca, a nuestras narices no le faltaban nada para rozarse. Me acerqué a su oreja y susurré con completa mordacidad.

Tus trucos de puta barata no funcionan conmigo, perra interesada.

De un sólo movimiento, me liberé de esa sofocante prisión de mi brazo. Ella parecía no reaccionar por completo ante mis palabras. Su expresión de incredulidad me hizo querer avergonzarla mucho.

Vi nuevamente mis fichas con expresión aburrida, levanté mi mano e hice un movimiento odioso de despedida como si echara a un mosquito.

—Búscate a otro interesado en una mujer usada, zorra barata.

Mi voz sonó lo suficientemente alto para que todos en la mesa y quienes la rodeaba pudieran escuchar con claridad, a pesar de la música.

Escuché los pasos apresurados de huída y, a pesar que en el exterior mi cara se mostraba seria, mi interior se reía.

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—¿Hijo, ahora juegas a los dados?

La pregunta de mi padre me desconcentró de los dos cubos de plástico. Me encontraba en mi habitación jugando con lo dados que me había regalado Rin hacía un par de semanas.

¡!exclamé emocionado. ¡Quiero ganarle a Rin!

Mi progenitor cambió su expresión un poco, parecía molestarle el hecho de hablar de mi prima. No era la primera vez, pero, desde los últimos dos meses, la mención de ella producía hostilidad de su parte.

¿Por qué deseas ganarle?preguntó cauteloso, se sentó enfrente a mí y me vio de manera interrogante.

La pregunta me hizo reflexionar por un momento. Mis ganas de vencer a Rin… pues nunca le busqué su razón de ser, solo quería ganar. Y, ahora que pensaba con detenimiento, ella siempre presumía sus victorias con gritos y sonrisas algo burlonas pero no insultantes.

Me gustaban esas expresiones de alegría por alguna razón, ella era siempre tan ruidosa, tan expresiva, eran tan Rin; así de simple.

Pero, cuando yo ganaba, su expresión cambiaba, me veía con una mirada enojada y sus cachetes se inflaban un poco. Sus ojos brillaban más fuertes y sus mejillas se sonrojaban.

Descubrí que también adoraba esas caras de Rin, tan tiernas. No gritaba y no mostraba su rabia abiertamente al principio. Me burlaba un poco de ella, imitando movimientos y palabras que usaba en mí, me miraba intensamente con ojos llorosos pero no derramaba ni una lagrima; era tan orgullosa.

Después de mis pocas burlas (nunca las hacia intensas), Rin cambiaba su cara a una decisiva y proclama por sus naranjas que me vencería.

—Porque me gusta verla decisiva, me gusta verla molesta y hasta triste, papá respondí con seguridad y continué—. Sus mejillas se sonroja ¡Son como dos tiernas fresas! Sus ojos brillan con más intensidad y su boca forma un gracioso puchero.

Len...

La voz de mi padre sonaba angustiada, pero estaba tan emocionado hablando de Rin que no le di importancia.

Aunque te confieso que no me importa que me gane en ocasiones, ya que ahí muestra una enorme sonrisa,papá, y eso también me divierte; me hace feli-

Mis palabras fueron interrumpidas gracias a una sonora cacheteada. Me quedé estático por un momento por el golpe. Mi miedo creció. No quería voltear a ver a mi padre, no quería ver su mirada molesta y cortante como dagas.

Len, mírame me pidió con voz temblorosa. Lo hice rápidamente, asustado. Si no cumplía con sus mandatos, ¿me golpearía otra vez? No sabía cómo funcionaba eso, primera vez que levantaba su mano contra mí.

Decidí mirarlo, sin embargo no encontré rabia u odio en su mirada, sino una fuerte melancolía. Un desespero, un dolor, una tristeza.

Len, perdóname…gimió, su voz sonaba tan temblorosa. ¿Mi fuerte padre estaba llorando? No lo sabía con seguridad, porque en sus ojos no vi lagrimas. Se acercó y me abrazó—. Hijo, perdón, perdón pero debía despertarte de ese sueño.

Se alejó de mí, aunque sus manos seguían posadas en mis hombros.

Quita esos pensamientos de Rin de tu cabeza antes que se hagan un sentimiento que no podrás abandonar. No es el hecho de ser primos, hijo, la verdad es más oscura de lo que tú crees. El pecado envuelve a nuestra familia y no debes pagar por eso, sin embargo eres muy pequeño para saberlo, mi niño: ¡Aleja a Rin de tu mente!

Pero…

No hay pero que valga en esto, Len, no puedo decirte que ocurre todavía. Eres tan inocente, apenas y conoces algo de la vida, te lo diré algún día.

¿En qué clase de sentimiento se convertirán mis pensamientos?Mi voz sonó asustada, mi padre era un ser de gran sabiduría; además de ser la persona que me había dado la vida, a pesar de no tener un físico parecido.

Sus ojos verdes claros, como lagunas ubicadas en medio del bosque, mientras que el cabello representaba la noche azabache. Mi madre era un poco más parecida a mí, pero sólo en su iris azulada oscura y melena rubia; mientras que mis ojos y mechones eran más claros. No tenía, ningún recuerdo de ella, pues había fallecido al nacer; se habían presentado problemas en el trabajo de parto.

Sólo pude verla en una vieja fotografía cuando era más pequeño. Le gustaba tener sus cabellos amarrados en una coleta alta y de lado.

En un sentimiento de locura, ese que hace que un hombre mate; que pierda su orgullo y su integridad, que olvide su educación y vuelva a ser un neandertal—declaró y yo sólo pude quedar aterrado.

¡No permitiré eso!

Eso puede ser imposible, pero si es Rin, será un camino de consecuencias nefastas. Recuerda mis palabras, hijo, no la ignores. Ódiala, con todo tu corazón, porque es tu enemiga. Practica con tus dados, con tu moneda y con tus cartas y véncela. No con la idea de admirar sus expresiones, sino ver su orgullo destruido, porque esa es la idea del juego. El dinero es sólo un papel que se imprime a diario, pero un orgullo pisoteado es algo que no puede volver. Te prometo que, en tu cumpleaños quince revelaré toda la verdad.

Y así se retiro, dejándome practicar con un nuevo objetivo y con un odio en nacimiento sin sentido, sin embargo sabía que, cuando mi padre me lo explicara, todo cobraría su razón de ser.

Pero no sé por qué lloré, descargué gruesas lágrimas que mojaron mis dados especiales, mis dados favoritos que guardé con tanto ahínco debajo de mi colchón. Porque sentía que, si los botaba, perdería parte de mi alma.

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Sorbí un trago fuerte y largo del whisky, celebrando así mi victoria. En la mesa no había otro oponente, sólo yo y una enorme pila de fichas.

—¿Puedo preguntarle cómo lo hizo? —me pidió el encargado de la mesa, era mayor que mi persona, pero no por mucho que digamos, unos… ¿veinticinco, tal vez? Poseía lentes modernos y favorecedores, una contextura normal y un pelo castaño un poco corto por detrás y con un buen flequillo al frente.

Su uniforme de camisa blanca manga larga, corbata vinotinto, chaleco negro y pantalones a juego con el chaleco le daban una pinta elegante.

Creo que las mujeres lo calificarían como buen mozo.

—Soy como un mago, señor Kiyoteru —le dije al fijarme en la placa con nombre que tenía en su pecho—, y ningún mago revela sus trucos, pero le juro que no hice nada indebido.

—No es eso lo que me preocupa, soy el encargado de este tipo juego hace más de dos años. Sé que no pudo hacer ningún tipo de trampa, sin embargo usted es sorprendente, si me permite decirlo. —Su halago y creencia en mis palabras me hizo sonreír de medio lado.

—Confiar tanto en mí no es correcto, soy un desconocido.

—No confío en usted —declaró con fuerza, no esperaba eso—, pero, como usted digo, es un mago; tiene trucos bajo la manga, y no me refiero a trampas. Un juego asegurado para usted. No sé cómo lo hizo, acertó en todos los lanzamientos que apliqué a la ruleta. Mi admiración es hacia un cerebro que sabe controlar su entorno.

Fruncí en seño y no respondí. No odiaba a ese tipo y sus palabras no me molestaban, pero no quería hablar más del asunto. Había sabido mucho de mí para mi gusto y, en menos de un minuto, sus palabras me acorralaban, como si por un momento me conociera, y no quería que me conocieran. Ni él, ni nadie.

Me bastaba y me sobraba que ella supiera mis gustos, que supiera mis movimientos, que fuera tan diferente a mí; y a la vez tan parecida.

Tomé un último y largo sorbo de mi vaso. El licor me quemó la garganta, logrando desviar mis pensamientos. Agarré una bolsa de lona blanca que combinaba con mi corbata y mi bufanda y empecé a guardar mis fichas, preparándome para ir a la siguiente mesa.

—Espero no haber llegado tarde —Miré a la nueva invitada. Tenía una mirada divertida y coqueta, pero no pesada.

—No estoy interesado. —dije, pensando en alejarme de ella. Otra interesada en el dinero no era parte de mis planes. Ni me digné a verla mientras seguía recogiendo y contando cada una de mis ganancias

El tintineo de fichas lanzadas lentamente se adueñó de mí. Volteé para concentrarme en la joven. Era una chica muy hermosa, para ser sincero, creo que sólo poseía un par de años más que yo. Tenía un largo cabello aquamarina, amarrado en un par de altas coletas.

—¿Y ahora? —preguntó burlona—. ¿Ya te interesa?

Sonreí.

—Ahora sí es de mi interés.

Kiyoteru recibió el dinero de la chica.

—Apostaré sólo al número uno. —Ella se expresó con mucha confianza, a pesar de ser una apuesta casi nula de ganar. Normalmente los jugadores se aventuraban por el color, ya que las probabilidades de perder y ganar eran mitad/mitad.

—¿Segura, señorita Hatsune?

Kiyoteru parecía más sorprendido que yo.

Y mi mente se concentro en el hecho de que ella era Miku Hatsune, ahora sí logré reconocerla. La primera ídolo que logró fama alrededor del mundo gracias a la agencia de Akira Hatsune, y sin olvidar el hecho de que ella era hija única de ese magnate. Sus bolsillos estaban llenos de dinero, no sólo por ser cantante internacional; su gran herencia ayudaba al aumento de su capital monetario. Una mujer de bolsillos llenos, tan llenos que podía desbordarse.

—Debo mencionar que es un placer conocer a la gran Miku —dije elegantemente mientras entrecruzaba mis dedos por encima de la mesa.

—Su placer es el hecho de ganarme dinero, señor.

—Dígame Len. —pedí en un tono galante—. Debo mencionar que también es muy inteligente, señorita Hatsune...

—Nada más Miku, por favor.

—Bueno, Miku, creo que sus bolsillos no sufren por perder un poco en el juego, y le puedo garantizar que en los míos no producen gran cambio al ganarle.

—Es divertido el hecho de saber quién es el ganador, ¿no le parece? —me comentó divertida, su sonrisa pícara no se desmoronaba por nada; aunque la duda me asaltó. Si sabía el hecho de que perdería (porque era inevitable si jugaba contra mí), ¿cuál era la razón de su juego?

—Sí, pero algo desconcertante.

Kiyoteru me pregunto por le número que elegiría. Miré la ruleta por un segundo y no noté ninguna corriente de aire. Lancé las fichas para concretar la apuesta.

—El treinta y seis. —Me mantuve soberbio. Acomodé un poco mi sombrero negro decorado con una franja naranja clara, un tono muy mate sin embargo cálido, que combinaba perfectamente con todo mi atuendo.

Kiyoteru empezó a rodar la ruleta y lanzó la pequeña pelota plateada de la misma manera que llevaba haciéndolo toda la noche.

—Si la derrota es obvia no entiendo la intención de tu juego —dije de manera interrogante, esa chica me escondía algo importante de verdad. Parecía burlarse de mí, ocultando un aspecto importante.

—Sólo es perder dinero —respondió mientras batía con su mano derecha su coleta del mismo lado—. Creo que tú mismo sabes el hecho de que perder un poco de billetes no me afecta en lo absoluto.

—Ya mencioné eso, claramente.

—Eso ya lo sé. —No me gustó su tono malicioso ni su risa pícara , colocó sus dedos sobre sus labios y su sonrisa juguetona me hizo rabiar más, no era coqueta; era la expresión de un gato jugando con un ratón—. Tus ojos confiesan tus pensamientos, me miras con superioridad. Eres como una ventana abierta a disposición de un frío viento otoñal.

—Entonces, dime… —Fue inevitable controlar mi tono de voz, hablé de manera irritada—, ¿qué te motiva en el juego? ¿Qué apuestas ante mí? No me hagas perder el tiempo. Los juegos de azar son para las apuestas, para perder y ganar; sino seríamos infantiles niños.

Miku quitó su expresión de juego. Frunció el seño y me miró fijamente.

—He entregado un patrimonio para consolidar las apuestas, ¿no es eso todo?

—El dinero es la motivación del idiota, de las personas sin alma y de los corazones corruptos. Dinero es sólo papel, ¿Crees que eso es suficiente?

Mi sangre se calentaba lentamente y mi corazón parecía a punto de saltar de mi pecho.

—Je… —Ese quejido que salió los labios de la joven, fue un pequeño sonido que rápidamente fue acompañado por su risa; sencilla y poco expresiva, pero, para mí, fue suficiente para querer ahorcarla.

Conté hasta diez, buscando la manera de tranquilizarme.

Ella volvió a hablar.

—Tú deseas ganar ego, sentirte el número uno, es lo que a ti te motiva. Les quitas el orgullo a los demás para que el tuyo aumente.

—Acertaste —expresé alto y claro. Serené mis expresiones mostrando fuerza.

Miku abrió más sus ojos, sorprendida.

—Gana el treinta y seis —interrumpió Kiyoteru, declarándome vencedor de la partida. Acercó más fichas a mi lado de la mesa, aumentando mi pequeña montaña de círculos plásticos.

—¿Otra ronda, Len? —preguntó Miku—. Todavía hay muchas cosas que quiero descubrir.

—Ganar retos es mi vida —El comentario fue algo despectivo, pero había tocado el punto como un reto. Y por mi orgullo, no me retiraba de los retos.

Tanto ella como yo dimos más fichas al trabajador de la mesa, dijimos nuestros números para la apuesta y la ruleta empezó a girar una vez más.


He aquí el capítulo uno de mi nuevo y corto Fic, si sera corto; unos cinco capítulos.

Importante: A través del Fic vieron esto "(1)" es para hacer notar pequeños datos al final de la lectura y así no interrumpir

Mientras más comentarios reciba más motivada me siento para publicar :)

Notas: (1) En Japón la mayoría de edad se cumple es a los 21.

Notas no correspondientes a los números: En Japón para esa época, el juego era algo ilegal.

Espero que esta corta historia los haya complacido por completo. Y el punto final antes de retirarme, los invito nuevamente a pasar y leer mi perfil de Fanfiction.