Serena descansó por tres días. A pesar de que se sentía desesperada por levantarse de la cama y salir a trabajar, Seiya la ayudó a quedarse en cama y la cuidó hasta que logró mover el pie de nuevo y era libre para caminar otra vez. Después de los cuidados que el doctor le recetó, se sentía mucho mejor y estaba lista para ir a trabajar. Se levantó más temprano que de costumbre y se alistó más feliz que nunca. Hacía bastante tiempo que no se sentía tan llena de vida como ahora que había dejado entrar a Seiya en su vida. Mientras se peinaba, recordó cómo había estado a su lado durante el accidente y cómo la había cuidado dándole de comer, masajeándole el tobillo, ayudándole a bañarse, etc. Habían estado platicando durante todos esos días y se había quedado con ella a dormir. Habían sido los días más felices de su vida hasta ahora y no pensaba cambiar eso, estaba más decidida que nunca a establecer una vida al lado de ese hombre que había logrado cautivarla y del cual ya no se imaginaba una vida sin él.

Llegó a Brightness Magazine más temprano que todos a excepción de los empleados de limpieza. Recorrió los pasillos para asegurarse de que todo estaba bien y se preparó ella misma el café. Aprovechó el tiempo que tenía sola para revisar todos sus pendientes y revisar su correo electrónico. Se tomó tranquilamente el café hasta que se sirvió una segunda taza. Para ese entonces ya iban llegando los demás empleados y Luna entró a la oficina de Serena sin tocar. Se sorprendió al verla dentro y corrió a abrazarla.

-¡Mi niña!-dijo emocionada.-Al fin has regresado, ¿cómo estás?, ¿te has preparado el café tú sola? ¿Te dejó de doler el pie?

-¡Luna!-rio.-Debes calmarte, estoy perfectamente y llegué más temprano por todos los pendientes.

-No puedes hacer eso, eres una adicta al trabajo.

-Hay demasiadas cosas que hacer y no puedo seguirlo retrasando.

-Seiya y Amy se han encargado de todo.-sonrió.-Te quiere mucho, ¿cierto?, casi todo está en orden, a excepción de las cosas que solo tú puedes resolver.

-Me alegra, pero sabes bien que a mí me gusta encargarme de todo y que solo cuando yo lo hago me siento tranquila.

-Ya lo sé. En fin, te dejo y te traeré algunos papeles y el próximo tomo para que lo revises, también tengo algunos artículos que ya solo necesitan de tu revisión y… bueno, ya, te los traigo y estaré acá afuera por cualquier cosa que necesites.

Luna le sonrió una última vez y la besó en la frente para después salir. Serena se pasó toda la mañana leyendo, corrigiendo, editando, cambiando, firmando papeles, enviando correos, llamando por teléfono, etc. A eso de las dos de la tarde Seiya entró a su oficina con una rosa en la mano y se acercó hasta ella lentamente. La besó tiernamente en los labios y le entregó la flor.

-Hola mi amor.-dijo besándola una vez más.-Te extrañaba por aquí, ¿cómo te has sentido?

-Perfectamente ahora que te veo.-respondió tomando su mano.-He estado muy ocupada.

-Me imagino, estaba seguro de que no ibas a estar muy satisfecha con que otras personas hicieran tu trabajo. ¿Quieres comer?

-Está bien, no desayuné y muero de hambre.

Ambos salieron de la oficina y se dirigieron al comedor, en donde todos saludaron a Serena contentos. Comieron con Yaten y Taiki y algunos minutos después Sammy entró a la cafetería y se unió a ellos. Ya había salido de la universidad y no tenía más clases por lo que decidió venir a trabajar un rato. Cuando terminaron, Sammy, Seiya y Serena se dirigieron de nuevo a la oficina de ella.

-Te digo que ya casi está listo todo. No tienes que presionarme, Serena, quisiera encontrar un trabajo por mi cuenta.

-Pero si aquí puedes tener el trabajo que quieras, tendrás que ganártelo, eso sí, yo no te regalaré nada si lo que quieres es tenerlo por tu propia cuenta, pero tampoco tienes que irte a otro lado cuando esta empresa nos pertenece a ambos.

-Estoy de acuerdo, y te agradezco que me des la oportunidad, pero pienso que…

-Sammy, debes entender que eres mi hermano y que esto es lo que tenemos, tú debes comprometerte a ayudarme a levantar esto, no entiendo porque no te interesa nuestra familia y…

-¡Claro que me interesa mi familia! Eres lo único que tengo, pero a veces quiere controlarlo todo y no lo soporto.

-¡No lo controlo todo!

Seiya los miró discutir y creyó que era mejor dejarlos a solas, así que poco a poco se dirigió a la puerta tratando de no hacer ruido hasta que hubo algo que lo detuvo por completo.

-Tienes que entender que me preocupo, ¡No seas idiota!

Entonces la voz que conocía a la perfección y que había escuchado bastantes veces por teléfono vino a su mente con la rapidez de un rayo. Se giró completamente y miró a Serena enojada con su hermano. Sammy salió disparado de su oficina y Seiya fue incapaz de moverse. Serena lo miró confundida y enojada, respiró profundo varias veces hasta que se calmó y luego se acercó a él.

-¿Te sucede algo, Seiya?

-Eres tú.-dijo de pronto.-Tú eres la que me llama para gritarme idiota.

Serena abrió los ojos como platos y comenzó a temblar instintivamente.

-¿Tú…?

-Sí, Serena, soy yo el imbécil al que le hablas cada vez que estás enojada.

Serena palideció y se detuvo de la pared para no caerse.

-Seiya, yo no…

-Creo que Sammy tiene razón después de todo.

Sin decir más salió de la oficina golpeando la puerta y Serena no pudo moverse por algunos minutos. Se sentó en su silla y comenzó a llorar en silencio. No podía creer que el destino fuera tan malo con ella, y no podía creer que Seiya y el hombre al que llamaba fueran la misma persona y mucho menos podía creer que fuera tan tonta para haber pensado en eso y haberlo hecho desde el comienzo. No podía perder a Seiya y tenía que explicarle que todo era una tontería, un mal entendido y que lo amaba y no podía dejarlo ir. Se quedó sin hacer nada durante mucho tiempo hasta que Luna entró a su oficina y la miró confundida. La ayudó a relajarse y le dio un té de manzanilla. No pudo seguir trabajando, por lo que Luna se quedó con ella hasta que la animó a buscar a Seiya y explicarle todo. Serena aceptó y salió de su oficina hasta la de Seiya. Cuando entró no había nadie y aunque lo esperó algunos minutos supo que no iba a regresar pronto, pero no podía resignarse tan fácil. Se sentó en su escritorio y se quedó pensando y dando vueltas en la silla, mirando todo a su alrededor, tratando de descubrir qué era lo que iba a decirle hasta que hubo algo que le llamó la atención. Un cajón estaba entreabierto y un objeto brillante se encontraba en su interior. No supo por qué lo hizo o qué fue lo que la llevó a hacerlo, pero abrió el cajón por completo y el objeto brillante era un cofre pequeño. Aunque quiso no ser curiosa y dejarlo, una fuerza invisible la impulsó a abrirlo y dentro encontró un paquete de sobres amarrado con un listón. Su corazón latía con intensidad y leyó el remitente de la primera carta. Casi quiso desmayarse cuando leyó. Revisó cada una de ellas y descubrió que todas esas cartas las había escrito ella misma. Era su letra, era todo lo que ella envió cuando se encontraba fuera. De nuevo el destino le hacía una jugada, de nuevo el destino la atormentaba y le decía que Seiya era el mismo hombre del que se había enamorado y a quien le enviaba cartas, el mismo hombre que le había dejado de escribir y que la había olvidado hiriéndole el corazón. Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro, mojando aquél paquete de cartas y sintiendo que la vida se le iba en cada lágrima. Seiya entró a su oficina y miró a Serena. La vio llorar con el paquete de cartas en la mano y aunque no comprendió por qué se sentía mal y cómo había encontrado ese cofre.

-Serena… debo explicarte, ella…

-No digas nada, Seiya. No me interesa lo que tengas que decir. Todo este tiempo has estado jugando, todo este tiempo has sido un mujeriego mentiroso. Esta mujer.-dijo levantando las cartas.-Esta mujer soy yo. Yo te envié cada carta, cada palabra que hay aquí escrita la pensé yo. No tienes idea de cuánto sufrí por tu silencio, por tu desaparición. Creí que jamás iba a volver a saber de ti, creí que jamás iba a volver a amar y…

Seiya intentó a acercarse a ella pero Serena se alejó unos pasos. Aventó las cartas y se dirigió a la puerta.

-No quiero que vuelvas a acercarte a mí. Me rompiste el corazón una vez y ahora de nuevo. Yo… te amaba… eras el amor de mi vida y callaste, me dejaste de escribir y no puedo creer que mientras me escribías tenías aquí a Rei y a no sé cuántas más.

Salió sin decir nada más y Seiya se quedó completamente solo. Nunca se había sentido tan solo como en ese momento. Recogió las cartas, una por una y se sentó a leerlas. No podía creer que Serena fuera la misma mujer que había escrito esas cartas. Amaba a la mujer que las había escrito y creyó que jamás iba a enamorarse de nuevo, pero conoció a Serena y supo que sí podía y ahora descubría que eran la misma persona y entonces supo nuevamente que no podía, que él solo podía amar a la mujer de las cartas y era la misma mujer que acababa de dejarlo ahí. De alguna manera siempre supo que Serena era la única mujer a la que podía querer y con la cual quería pasar el resto de su vida, y de alguna manera se sentía alegre porque eran la misma persona, ya que siempre trató de imaginarse cómo sería aquella mujer desconocida y siempre la imaginó como un ángel. Serena era su ángel y no podía perderla, ahora que la había encontrado, ahora que sabía quién era, ahora que sabía que Serena sentía lo mismo por él. Se sentía abatido y creyó que si no hacía algo pronto iba a perderlo todo, porque sin Serena se sentía nada.

Serena salió del edificio sin siquiera avisarle a nadie. Lo último que deseaba era hablar con alguien. Se subió a su coche y manejó tan rápido como pudo hasta su departamento. Cuando llegó se tumbó sobre la cama y no se levantó en todo el día. Le había estado dando vueltas al asunto y aun no podía creer que el hombre del que estaba enamorada fuera la misma persona que Seiya. De alguna manera se sentía feliz porque así fuera, ya que sentía por Seiya lo que jamás había sentido por nadie, pero eso era lo que le dolía más. No podía concebir que Seiya la hubiera engañado con otras mujeres mientras le escribía cartas de amor a ella. Si tenía sus amoríos con Rei, no podía ser cierto que le escribiera cartas. No podía ser que le escribiera si tenía otras relaciones, simplemente era algo que no le cabía en la cabeza… y de cualquier manera, le había dejado de escribir. Ella le envió cientos de cartas preguntando por qué calló, por qué había dejado de escribirle y seguía sin comprenderlo. Quizá se cansó de ella, quizá realmente no la amaba y solo estaba jugando. Lo que más le dolía no era el hecho de que la estuviera engañando con otras mujeres, sino que le haya dejado de escribir olvidándose de ella de la noche a la mañana. Cayó dormida sin darse cuenta. No tenía idea de cuánto tiempo tenía ahí tendida sobre la cama pensando y llorando. Por más que trataba de encontrar algo con qué justificarlo, no lo lograba. Sabía perfectamente que Seiya no podía pertenecer a su vida nunca más porque ella no lograba encontrar alguna justificación, porque no lograba comprenderlo, porque no lograba encontrar el perdón.

Seiya esperó a que todos se fueran de Brightness Magazine para salir él. No quería encontrarse con nadie ni hablar con nadie. Sabía que Serena se había ido a casa desde hacía algún tiempo y que no iba a volver, al menos por ese día y algunos otros. Seguían sin creer que la mujer de las cartas y Serena fueran la misma persona, pero de cualquier manera no podía perderla, muchos menos ahora que sabía la verdad. Tenía que saber por qué Serena creía que no le había escrito y por qué él tampoco había recibido las demás cartas, estaba seguro de que todo era un mal entendido y tenía que arreglarlo cuanto antes. Se subió a su coche y manejó hasta el departamento de Serena esperando lo peor. Abrió con la llave que tenía ya que había estado cuidando a Serena y había tenido que sacar una copia. Caminó hasta su habitación y la encontró recostada en su cama y dormida. Decidió que no iba a irse hasta que Serena despertara y hablara con él, porque tenía que escucharlo así fuera lo último que hiciera.

Algunas horas después Serena despertó y lo primero que vio fue a Seiya en el pequeño sillón hecho un ovillo y durmiendo. Su corazón dio un vuelco y aunque se sentía triste y enojada le enterneció verlo ahí, esperándola. Con cuidado se levantó y se acercó hasta él para despertarlo. Lo movió un poco para despertarlo y cuando Seiya abrió los ojos se alteró un momento y luego se incorporó rápidamente. Se frotó los ojos y luego aclaró su garganta. Estaba muy entrada la noche cuando ambos se miraron, Serena se sentó en el borde de la cama y agachó la mirada.

-¿No vas a correrme?-preguntó Seiya rompiendo el silencio.

-Si entraste aquí sin avisarme es porque quieres hablar conmigo, ¿no?, hazlo rápido y entonces decido si quiero correrte o no.

Seiya se sentía vacío y extraño estando frente a ella después de haberse enterado de quién era. El encuentro que ambos habían soñado no era exactamente lo que pensaban que sería y ambos se sentían decepcionados. Seiya se sentó junto a ella y comenzó a hablar sin dejar de mirar el suelo.

-Lo único que quiero aclararte es que yo sí seguí escribiéndote, Serena, te dejé de escribir hasta que llegaste aquí, cuando te conocí. Lo dejé de hacer porque yo tampoco estaba recibiendo tus cartas y me di por vencido. Esperé mucho tiempo a que respondieras pero cuando te conocí supe que me interesabas y que no tenía caso seguir escribiéndole a alguien que no respondía. Cuando te vi aquí algo dentro de mí se encendió, de pronto sentí que tenía un nuevo interés, sentí que tenía una nueva oportunidad y mira cómo será el destino que quiso que nos encontráramos, que quiso que vinieras a mí…

-Yo te respondí, Seiya, te envié cartas hasta que me cansé, no comprendo cómo es que ni tú ni yo hemos recibido esas cartas… no entiendo por qué si tú aseguras que las enviaste no llegaron, y yo te digo que también las envié.

-Es algo que debemos averiguar en el servicio postal, Serena, pero esas cartas existen y te aseguro que si no las han tirado todas están en algún lugar.

-Suponiendo que todo lo que me dices es verdad, ahora quiero que me expliques por qué mientras me enviabas cartas y me jurabas amor, aquí estabas con Rei…

-Eso no es así, Serena, siempre te he sido sincero y te he sido fiel, no debes creer que soy un mujeriego porque a pesar de que tú no me veías y a pesar de que Rei siempre ha sentido algo por mí yo nunca le hice caso.

Seiya se puso de pie y se colocó frente a ella, mirándola a los ojos.

-Debo confesarte que durante el tiempo que no recibí las cartas me hundí una profunda depresión. No sabía qué hacer o qué pensar, no sabía lo que iba a pasar y me estaba volviendo loco. Un día salí con Rei y nos besamos, no fue nada serio pero a partir de eso Rei comenzó a obsesionarse conmigo. Durante algunas semanas estuve haciéndole caso porque me sentía tan mal y decepcionado que la única salida que encontré fue distraerme con otra mujer. Cuando llegaste aquí yo… me sentí confundido. Fue como si algo dentro de mí se hubiera activado, como si toda la tristeza que sentía hubiera desaparecido, como si Rei jamás hubiera existido, como si todo mi pasado se hubiera borrado y solo podía pensar en un futuro contigo. En ese momento no comprendía por qué pero… ahora lo sé. Y créeme Serena que no quiero perderte, tú eres la mujer que quiero y ahora estoy más que seguro de ello. Esas cartas existen, jamás te engañé con nadie y… si cometí errores solo fue por mi depresión, y eso puedes preguntarle a mis hermanos que me veían todos los días…

-Seiya… yo… necesito pensar esto, es muy confuso y… no me siento muy bien.

-¿No crees en todo lo que te estoy diciendo?-preguntó con los ojos rojos.

-No es eso, es que…

-No te estoy mintiendo, Serena, no te imaginas todo lo que pasado desde que te conocí con la primera carta. No sabes la cantidad de veces que quise volar hasta Inglaterra, no sabes lo que sufrí cuando te callaste y no supe nada de ti. No sabía dónde encontrarte, a dónde llamarte, cómo buscarte…

-Debes calmarte, Seiya, yo también he…

-Si no vas a creer en todo lo que te estoy diciendo creo que no tiene sentido que siga aquí.

Seiya salió de la habitación y Serena lo siguió hasta la puerta de entrada en silencio.

-Por favor, espera, no te vayas así.

-Es más que claro que no tiene caso que siga dando explicaciones.

Seiya salió sin decir nada más, golpeando la puerta tras de sí, Serena se quedó pasmada tratando de procesar lo que acababa de ocurrir. No supo qué era lo que sentía o qué había pasado pero de pronto se sentía culpable y sola. Corrió al teléfono y mientras trataba de marcar los números las lágrimas se resbalan por sus mejillas. Trató de controlarse pero de pronto sintió que estaba echando todo a perder y que acababa de arruinar todo con Seiya. Esperó a que la línea se conectara y escuchó una voz femenina al otro lado en inglés.

-¿Britany?-dijo Serena también en inglés.-Soy Serena, necesito hablar contigo urgentemente.

Esperó a que Britany le respondiera y entonces le explicó todo.

-Las cartas que te di para que enviaras a Japón, ¿las enviaste, cierto?, ¿qué hiciste con ellas?

-Las envié.-respondió secamente.

-¿Estás completamente segura?

-¿Por qué me lo preguntas, Serena?

-No te creo. Las cartas nunca llegaron a Japón.

-Cómo puedes estar tan segura.

-Lo sé, simplemente lo sé, Britany, y quiero que me digas la verdad porque si no de cualquier manera lo voy a saber. Recuerda que ahora tengo mucho poder y puedo conseguir lo que quiera, así que si no quieres tener problemas te sugiero que me digas la verdad.

-Pero…

-Britany…

Hubo un silencio prolongado y Serena escuchó un suspiro del otro lado del teléfono.

-Está bien… te diré la verdad…

Serena esperó pacientemente a que Britany continuara hablando, lo cual le tomó algunos minutos.

-Yo… decidí no enviar esas últimas cartas…-confesó Britany.

-Pero, ¿por qué harías algo así? ¿Qué fue lo que pasó?

-Me pareció que te estabas haciendo daño, Serena, creí que si te olvidabas de ese hombre al que ni siquiera conocías podrías tener una vida normal, podrías conocer a un hombre de verdad… No lo hice con mala intención, simplemente me di cuenta de que estabas mal, a pesar de la felicidad que sentías al recibir las cartas me pareció que no era una felicidad completa y que merecías conocer a un hombre al que pudieras ver en carne y hueso. Te suplico que me disculpes, Serena, no quise hacerte daño ni causarte problemas…

-Lo conocí, Britany, lo conocí aquí en Japón. Por casualidades del destino nos enteramos de quiénes éramos realmente y ahora tengo problemas con él… ni él ni yo recibimos las cartas y…

-Lo siento mucho, Serena, debes perdonarme nunca creí que fueras a encontrar a ese hombre… y las cartas que él te envió… yo las tengo…

-Pero… cómo pudiste, Britany, tú misma viste cómo me sentía y cómo sufrí, no comprendo…

-Tal vez no me comprendas pero…

-No importa ya, Britany, lo único que quiero es que me envíes esas cartas, si alguna vez fuiste mi amiga de verdad…

-Lo fui, y lo sigo siendo, Serena, y te las enviaré, solo quiero que me disculpes y…

-No importa ya… te disculpo pero no me siento muy bien. Envíalas cuanto antes y… en fin, hablamos después porque tengo que irme.

Serena colgó el teléfono y se dedicó el resto de la noche a llorar. No sabía si había perdido a Seiya para siempre pero no podía soportar la idea de vivir sin él. No ahora que estaba completamente segura de quién era y de cuánto lo amaba. Se recostó en su cama cuando el sol salía en el horizonte y durmió un par de horas hasta que tuvo que levantarse para ir a trabajar.