Los personajes de Pasión de Gavilanes no me pertenecen.

Que salvaje.

Se había dicho en muchas ocasiones que no tenía que pensar en él, es más, tenia que detestarlo con todas sus fuerzas, pero ahí se encontraba ahora mismo, sumida en sus pensamientos mientras estaba sentada en la silla del baño frente al espejo, mirándose y preguntándose, ¿Cómo pudo caer en el amor con él si lo que tenía que hacer era odiarlo?

Sarita Elizondo respiro hondamente mientras agarraba con fiereza el peine, cepillo su pelo corto con fuerza y jadea, el peine se enredo entre su enredada cabellera.

Volvió a mirarse al espejo y se pregunto, ¿Era tan insípida, desabrida y amargada como le había dicho Franco en dos ocasiones? ¿Lo era?

Y si lo era, ¿Por qué le dolía en el alma que él se lo dijera?

La pequeña de los Elizondo sintió los ojos húmedos y dejo caer el peine, lloró de impotencia en el baño y pataleo contra las hirientes palabras que se reproducían en su mente.

Cuando se volvieron a encontrar Sarita Elizondo llevaba un vestido ceñido color negro y unos pendientes que hacían relucir su cara de muñequita, Franco le miró como verificando si era ella o se había equivocado de persona, pero cuando descubrió que era la insípida, desabrida y amargada Sarita Elizondo alzó las cejas con sorpresa, Sara sonrió no sin antes mirarle con frialdad y tanta especulación que provoco una sonrisa en el menor de los Reyes, para después virar la mirada en su compañero.

Se habían insultado mutuamente en muchas ocasiones, Sarita había querido golpearlo con sus pequeños puños y hacerle borrar su sonrisa cínica, y Franco deseaba cuando peleaba con ella, que se le fuera el ceño fruncido y el rictus de enfado de sus labios, porque Sarita Elizondo, no era insípida, ni desabrida y menos aun amargada. Sarita Elizondo de alguna forma le atraía y no se podía llevar bien con ella porque se habían declarado la guerra silenciosa.

Sin embargo ese día era diferente, Sarita se acercó rápidamente a él para darle una bofetada, pero Franco cogió su muñeca y la apretó.

—¿Es lo único que sabe hacer, Sarita? —pregunto con voz enronquecida, mirándole con sus ojos azules mientras ella jadeaba por el esfuerzo de apartarse de su lado. Franco sonrió. —¡Es usted muy salvaje!

La pequeña Elizondo resoplo y tironeo de su mano mientras alzaba la pierna para golpearlo, Franco vio la acción y le apretó de la pierna mientras batallaba.

_¡Suélteme degenerado! —se quejo Sarita.

Franco rio.

Mientras se reía no pudo apartar la mirada de la mujer, era de contextura pequeña, sus ojos relampagueaban con furia, su cara era pequeña, nariz respingona y unos labios inusualmente voluptuosos. Franco relamió los labios involuntariamente mientras bajaba con rapidez la cabeza y capturaba los labios de Sara.

La mujer paro de luchar un momento hasta que con sorpresa se soltó de su agarre y llevo sus manos en su cuello.

Le devolvió el beso con ardor y pasión que hizo que Franco jadeara.

—Qué salvaje… —musito Franco entre beso y beso, Sarita le miró a los ojos.

—Descarado. —respondió en un susurro.

N/A. Es la primera vez que escribo sobre Pasión de Gavilanes, espero que os gustara, también espero haberlo echo bien xD