Antes de empezar me gustaría aclarar las dos referencias que me olvide explicar el capítulo anterior;

(*1)- Pumpkin Pie es una tarta dulce de calabaza que se hace tradicionalmente en Estados Unidos durante el invierno, sobre todo en las festividades como Acción de Gracias o Navidad.

(*2) Super Bowl, o Súper Tazón, es el partido de futbol americano más importante del año. Es la final de la liga nacional de futbol (NFL) y es todo un suceso.

Ahora si.. Disfruten.

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es producto de mi imaginación.

Matrimonio Impuesto

Capítulo 9

Estaba en el Jet privado, todas las ventanas estaban cubiertas sin dejar que ni un solo rayo de sol se filtrara. Ya debíamos llevar dos horas volando. El interior del avión estaba oscuro, dando la sensación de que era plena noche, cuando, en realidad, debían ser no más de las 7 de la tarde, pero teniendo en cuenta que en Londres ya era pasada la medianoche, lo mejor era tratar de evitar el jet lag.

Pero no podía dormir. Podía escuchar los ronquidos de mi primo y sabía que mi madre había caído en la inconsciencia minutos luego del despegue, gracias a unos fármacos.

Por alguna razón estaba nerviosa e impaciente. Los recuerdos del último mes se repetían una y otra vez en mi cabeza.

-Comienzo de una especie de Flashback-

Luego de que Edward y Carlisle abandonaran la cena tan abruptamente, el resto de nosotros habíamos estado tensos e incómodos, por lo que una hora más tarde ya nos estábamos despidiendo. El sábado a la mañana decidí levantarme temprano e ir a ver a Leah y a mi pequeño. Volví a casa para la hora del almuerzo y por la tarde propuse ir al cine con mis amigos. Ninguno dijo nada, pero era evidente que creían que yo iba a deprimirme o algo por el estilo.

Alice había decidió quedarse toda la semana siguiente de Acción de Gracias en Chicago, alegando que nos había extrañado demasiado y que 4 días no eran suficientes. Sin estar del todo segura de cómo, el jueves a la noche estaba en entrando a Chicago O'hare International Airport, seguida por mi amiga. Me había convencido para que la acompañara de vuelta a Londres, y así darle una sorpresa a su hermano, quien según ella debía de estar disgustado por haber tenido que irse tan abruptamente.

Finalmente llegamos a Londres en la madrugada. Bajamos del jet y nos dispusimos a hacer todos los trámites de migración y aduana. No demoramos mucho, y en 20 minutos ya teníamos nuestras valijas. Estábamos por atravesar la última puerta que nos dividía de la sala de espera cuando mi amiga me detuvo.

-Déjame salir a mí primera.- La miré con duda, pero me quedé parada viendo cómo salía. Pude escuchar como Jasper la recibía, pero entonces escuche una voz que me era demasiado conocida.

-¿Para qué me haces venir al aeropuerto a las 5 de la mañana a recogerte cuando le pediste lo mismo a Jasper?- Sonreí nerviosamente, Alice no le había dicho que yo vendría. Me lo podía imaginar vestido informal, despeinado y con cara de sueño.

-Traje una sorpresa hermanito.- Entonces atravesé la puerta y lo vi, pero no estaba ni despeinado ni vestido informalmente. Llevaba uno de sus trajes perfectamente arreglado, ni un solo pelo fuera de lugar. Pude notar que miraba reprobatoriamente a Alice mientras hablaba por su teléfono celular en italiano. Cuando me vio se quedó paralizado por un momento, pero después sonrió y se despidió de su interlocutor.

Yo le contesté la sonrisa mientras comencé a avanzar hacia ellos. En ese momento Edward pareció reaccionar, ya que comenzó a avanzar hacia mí. Nos encontramos a medio camino. Sus brazos me envolvieron, forzándome a soltar mi pequeña maleta y enroscar mis propios brazos alrededor de su cuello, se alejó unos centímetros de mí, para luego volverse acercar, pero esta vez para besarme suavemente.

Cerca de quince minutos después me encontraba sentada en el asiento de copiloto en el lujoso coche de Edward. Quien se había ofrecido a llevarme hasta la casa de sus padres; Cuando llegamos admiré la hermosa mansión. Tenía un jardín inmenso y prolijamente cuidado, el trayecto desde la entrada a la puerta principal estaba decorado por unas hermosas rosas blancas.

Por dentro era incluso más imponente; Estaba decorada con estilo, dejando en evidencia que Esme se había encargado de cada detalle. Edward tomó mi maleta y me acompañó hasta la habitación que Alice nos había indicado.

-Podría darte un pequeño tour, pero supongo que debes estar cansada. Asiqué quizás lo podemos dejar para cuando hayas descansado algo.- Dijo mientras subíamos las escaleras. Tenía ganas de decirle que no estaba cansada y que me encantaría ver la casa, pero un bostezo escapó de mis labios.

Minutos después estaba instalada en la habitación. Edward se había despedido rápidamente ya que tenía una importante reunión. Eran la 6 de la mañana; pero me aseguró que vendría a recogerme para almorzar juntos.

El resto del fin de semana pasó velozmente, Edward me había sorprendido con planes simples, salidas al cine, paseos por la calle tomados de la mano. Hicimos cosas típicas de parejas jóvenes. Pero lo que más me había llamado la atención era que, a excepción del viernes por la mañana, el resto del fin de semana Edward estuvo prácticamente desconectado de su oficina. Digo prácticamente ya que había hecho y recibido un par de llamadas y también unos cuantos mails. Pero me conformaba con eso.

-Isabella, Hija, estamos a punto de aterrizar.- En algún momento mientras recordaba debí de haberme quedado dormida.

Cuando el avión toco tierra el cielo de Londres empezaba a mostrar algo de claridad, dejando ver que muy pronto amanecería. Emmett, mi madre y yo bajamos y nos dirigimos a hacer los trámites correspondientes antes de poder reclamar nuestro equipaje y salir al encuentro de alguno de nuestros anfitriones. Aunque trataba de convencerme de que Edward no estaría ahí esperando por nosotros no pude evitar decepcionarme un poco al darme cuenta que, efectivamente, no estaba. Pero en su lugar estaban Alice, que apenas y podía contenerse, Jasper y Esme.

Tras unos calurosos saludos subimos a los coches que esperaban por nosotros. Alice, Jasper, Emmett y yo íbamos en un mercedes sedan negro, mientras que mi madre y Esme iba en otro. Finalmente llegamos al The Stafford London by Kempinski, un lujoso hotel de 5 estrellas. Nos había costado casi todo el mes convencer a Alice de que quedarnos alojados en el hotel era mejor idea que ocupar los cuartos de invitados de la mansión Cullen. La única forma de convencerla fue prometerle que iríamos a pasar unos días, incluidos el 24 y 25 a la mansión de Windsor, donde todos nos alojaríamos bajo el mismo techo.

Después de hacer el check-in subí a mi suit. Cuando entre di un rápido vistazo alrededor. Tenía una pequeña sala de estar con sillones, una televisión y dos puertas. Una daba a una sala con una gran mesa, podía ser usada como sala de reuniones o como un comedor. La otra puerta daba a la habitación, el armario y el baño.

Dejé mis maletas en el enorme armario, sin ganas de desarmarlas. Podría hacerlo más tarde o mejor, podría pedir que alguien del hotel lo haga por mí. Tomé un camisón que tenía en el bolso de mano y me dirigí directo a la cama a dormir un poco más.

Cuando volví a abrir mis ojos me sentía mucho más descansada y relajada. Comprobé la hora en mi celular y marcaba las cinco de la mañana, pero luego recordé que estaba en Inglaterra, por lo que encendí la televisión y vi que en realidad eran las 11. Me sentía lista para arrancar el día, pero antes necesitaba darme una buena ducha y luego buscar algo de comida.

Entre al armario y encontré todas mis pertenencias prolijamente acomodadas en los estantes y percheros. ¿Pero qué había pasado? Entonces lo supe, Alice. Al menos había tenido la decencia de dejarme dormir. Tomé ropa interior limpia, un par de jeans y una camisa celeste antes de entrar al baño.

El lugar era enorme, tenía un espejo de cuerpo completo, dos lavamanos cuadradas, una ducha, una bañera con hidromasaje y una mesada de mármol donde todas mis cremas, perfumes y maquillajes estaban acomodados. Sin demorarme más me deje relajar bajo el agua caliente. Lavé mi pelo con mi shampoo con olor a fresias y enjuagué mi cuerpo con mi jabón líquido preferido. Estaba muy cómoda bajo el agua, pero mi estómago estaba reclamando alimentos, por lo que salí y comencé a vestirme. Cuando estaba lista atravesé la habitación hasta llegar al saloncito, tomé el teléfono interno del hotel para pedir un desayuno.

-Ya era hora de que despertarás. Me estaba empezando a preocupar.- Solté el teléfono de la impresión y de mis labios salió un pequeño grito. Mis manos fueron automáticamente a mi pecho, tratando de tranquilizar mi corazón mientras giraba a ver a la persona que acababa de darme un susto de muerte.

-¿Edward?- Estaba sentado en la cabecera de la mesa del comedor con las piernas cruzadas y leyendo el diario, llevaba un traje gris perla, pero los primeros botones de su camisa estaban abiertos y la corbata azul estaba sobre la mesa. Tenía un aspecto despreocupado y joven.

-¿Esperabas a alguien más?- En su cara había una sonrisa juguetona. Negué con la cabeza, seguía estática en mi lugar.- Acércate Isabella.

Recuperando la movilidad de mi cuerpo me dirigí a la mesa, entonces me percaté de que sobre esta había un exquisito desayuno esperando por mí.

-¿Cómo entraste?- Tenía una sospecha, pero quería estar segura. Hizo una seña para que comenzara a comer antes de contestar.

-Hace una hora llamé a Alice para chequear por donde andaban, me dijo que seguías durmiendo y que pensaba venir a despertarte. Intenté convencerla de que no era una gran idea pero no lograba hacerla desistir de venir a buscarte; por lo que le sugerí que quizás yo podría venir a despertarte. Funcionó a la perfección, vino directo a mi oficina a traerme la tarjeta de tu suit y me arrastró hasta aquí.

Mientras lo escuchaba atentamente comía yogurt con cereales y unas tostadas. Podía imaginar a mi amiga haciendo todo un berrinche en medio de la oficina de Edward.

-¿Llevas una hora aquí?- No era mi intención sonar tan asombrada, pero era un miércoles, 11 de la mañana y él había pasado una hora en mi habitación.

Me miró con una ceja alzada antes de contestar.- Sí, aproveché para hacer un par de llamadas. Me tomé la libertad de pedir una doncella para que acomodara tus cosas y cuando escuché el ruido de la ducha pedí a room service algo para que comas.

-Oh, claro. Muchas gracias, ha sido muy considerado de tu parte. -Como respuesta solo obtuve un movimiento de su mano.- ¿Y qué haremos luego?

-Todo depende de que tengas ganas de hacer, pero se me ocurre que podríamos ir a visitar "Museum of London", luego Alice y mi madre te esperan a las 5 para tomar el té.

-Oh, por supuesto que me esperan para el té, sino dudaría el hecho de estar en Inglaterra.- Le dije en tono de broma. Edward rió.- Me encantaría ir al museo.

-Bueno, entonces termina de comer tranquila e iremos.

Cuando terminé mi desayuno/almuerzo salimos del hotel rumbo al museo. Todavía me costaba acostumbrarme al hecho de que el asiento del copiloto estaba del otro lado, sentía que íbamos a chocar o algo. Aunque si Edward iba manejando, lograba sentirme segura.

El museo era grande y tenía galerías de arte, otras históricas, geográficas y sobre la cultura. Pasamos casi tres horas recorriendo los pasillos, a veces íbamos tomados de la mano, otras veces Edward me tomaba por la cintura, por los hombros.

Por lo que pude apreciar, la gente en Inglaterra era mucho más discreta que en Estados Unidos. Si bien nos reconocían y se notaba que hablaban sobre nosotros, no estaba ese agobio permanente, los paparazis no estaban amontonados fuera del hotel.

Sorprendentemente el teléfono celular de Edward no sonó en toda la tarde, aunque seguramente se debía a que estaba apagado o en silencio. Pero la verdad es que no importaba el por qué. A las 4.30 de la tarde abandonamos el hermoso museo para dirigirnos a las afueras de la gran ciudad, a la mansión Cullen. Cuando llegamos, Edward bajó del coche y dio la vuelta para abrirme la puerta y ayudarme a bajar.

-Te recogeré a las 8 por el hotel, iremos a cenar.- Se acercó a mis labio, depositando y un casto y rápido beso. Entonces fuimos separados por un grito.

-¡Belli! – Mi amiga estaba parada en la puerta de la casa, dando saltitos en el lugar. Lo único que la retenía en su lugar era la mano de Esme en su hombro, sino ya estaría quedándome sin aire.

-Buena suerte.-Me susurró Edward en mi oído antes de depositar un beso en mi frente y subir al coche nuevamente.

Reprimiendo un suspiro di los últimos pasos que me separaban de la entrada de la casa. Entonces fui atacada por mi pequeña amiga.

-Bella, ya era hora de que aparecieras, ¡tengo tantas cosas que contarte! Debemos programar el día de mañana, y las compras navideñas. Estuve pensando miles de opciones para decorar la casa de Windsor. Sera tan genial, Rose avisó que llega mañana.

-Hija, deja entrar a casa a la pobre Bella, podremos hablar de todo lo que quieras en la sala.- Mire agradecida a Esme, quien me sonrió y me abrazó delicadamente antes de conducirme a la sala de estar.

En esta estaba todo preparado para un típico te inglés. Una hermosa mesa con un mantel blanco con puntilla, sobre la misma, había todo tipo de exquisiteces, dulces y saladas. Una antigua tetera de plata y pocillos haciendo juego.

En uno de los sillones estaba sentada mi madre, que se limitó a levantar la vista y sonreír al verme llegar.

-Rose ha llamado hace una hora, ella y su familia estaban llegando al aeropuerto. Su vuelo tendría que estar saliendo. Asique va a llegar cerca de la 1.- Alice estaba sentada en el mismo sillón que yo, mientras que Esme estaba ubicada al lado de mi madre.

La familia de Rose acostumbraba a pasar navidad en Aspen y año nuevo en Londres, pero este año, mi amiga había convencido prácticamente a toda la familia de que pasar ambas festividades aquí. El tío de Rosalie tenía una mansión en Windsor, a unos pocos minutos de la de los Cullen, por lo que podríamos juntarnos a intercambiar regalos.

-¿y qué han hecho durante el día?- Alice me miraba ansiosamente.

-Fuimos al museo.-Me encogí de hombros.- Y esta noche iremos a cenar.

-Oh, ¿Cómo no me han avisado antes? No hemos comprado ningún vestido, Yo podría maquillarte y peinarte, así pasaremos más tiempo juntas. Podría llamar a Charlotte, ella va estar encantada de que uses uno de sus vestidos.

-¡ALICE!- Esme y yo dijimos al unísono.

-¿Qué?- Dijo inocentemente, poniendo cara de pobrecita.

-Yo me traje vestidos, zapatos, todo lo necesario.

Mi amiga me miró haciendo puchero, ella sabía que lograba convencer a todos con esa cara.

-Por favor Belli, déjame prepararte.- Sus ojos brillaban y su labio inferior temblaba.

-De acuerdo.

-¿A qué hora tienes que estar lista?- Ahora su cara era la de felicidad absoluta.

-A las 8.- Como respuesta obtuve un pequeño gritito.

-Debemos irnos cuanto antes.- Se paró de un salto y me tomó del brazo.

-Alice, no pienso estar 3 horas encerrada en la habitación del hotel contigo jugando Barbie Bella conmigo. Nos iremos a las 6.

Mi amiga iba a protestar cuando Esme salió en mi defensa, alegando que tendríamos tiempo suficiente y que además deberíamos disfrutar del té.

En la siguiente hora Alice y Esme nos pusieron al corriente a mi mamá y a mí sobre lo que haríamos en los próximos días. Mañana se celebraba la fiesta anual de Cullen Inc., por lo que por la mañana iríamos de compras para buscar los vestidos adecuados, según Alice era tradición que toda la familia fuera combinada. Y por la tarde teníamos turno al spa.

El día siguiente era el día en que viajaríamos a Windsor.

-Muchas gracias Esme. Todo ha estado exquisito.- Estábamos en la puerta principal esperando a que el chofer trajera el coche de Alice.

-Por favor querida, fue todo un placer. Mañana pasaremos a recogerte por el hotel. Que te diviertas.- Esme me abrazó cariñosamente y luego a su hija.

Cuando llegamos al hotel fui arrastrada hasta mi suit, donde mi amiga comenzó a revisar todos mis atuendos. Sin darle importancia fui hasta el baño, donde me di una ducha bastante rápida. Cuando salí vi sobre la silla del guardarropa un conjunto de lencería negra bastante transparente que estaba segura no había traído desde Estados Unidos.

-¿Alice, qué es esto?- La pequeña asomó su cabeza por la puerta y con una expresión de inocencia se encogió de hombros.

-No voy a usar esto.- Mis mejillas se pusieron coloradas. No es que yo no usara lencería de este tipo, pero el hecho de que Alice me comprara este tipo de cosas para que use con su hermano me perturbaba.

-¿Por qué no? Quizás luego de la cena no vuelves sola a dormir.- Tenía una sonrisa en la cara y movía las cejas sugestivamente.

-¡ALICE CULLEN!- mis mejillas estaban incluso más rojas, el pensamiento de Edward y yo…-

-Oh, por favor Bellis. Te verás tan sexy cuando termine de arreglarte que probablemente no podrá aguantar hasta el final de la noche.

-¡Estamos hablando de TU hermano!- Prácticamente le grite.

-Cierto.- Su cara ahora tenía una mueca parecida al asco.- No había pensado en ese detalle.

-Ahora ve a la habitación y déjame elegir mi ropa interior.- Suspiré mientras la veía abandonar el guardarropa con la cabeza baja.

Sacudí mi cabeza y me dispuse a buscar un conjunto menos extravagante, por lo que elegí uno color piel y sin costuras, por lo que si Alice decidía meterme en un vestido que se pegara a todas mis curvas, la ropa interior no se notaría.

Entre a la habitación y sobre la cama reposaba un vestido que Versace me había regalado cuando fui al desfile de la semana de la moda. Era rojo, pegado al cuerpo, llegaba arriba de las rodillas. Tenía mangas tres cuartos y un gran lazo en el cuello. Al lado estaba mi tapado negro y al lado de la cama estaban mis botas negras, altas con tacón aguja de Gucci.

Londres era igual de frio que Chicago en esta época, y no me entusiasmaba la idea de salir mostrando mucha piel cuando estaba pronosticado nieve para dentro de dos días, por lo que agradecía la elección de mi amiga.

Me senté en la silla que estaba en la mitad de la habitación. Alice comenzó a secar mi pelo y a moldearlo con un cepillo. Luego tomó la planchita para darle los últimos detalles. Estuvimos hablando de los regalos que queríamos comprarles al resto. Cuando terminó con mi pelo comenzó a maquillarme, la base muy natural, sombra de color gris oscuro, un poco de rubor y mucha máscara para mis pestañas, en los labios me aplicó apenas un poco de brillo incoloro.

-Te ves perfecta, ahora te dejo para que te cambies. Diviértete.- La pequeña abandonó la habitación unos segundos después.

Cuando terminé de vestirme chequé la hora, 7.45. Tenía un ratito para hablar con Jake.

-Hola pequeñito.-

-Hola manina, ¿Cómo lo estás pasando en nondes?- Sonreí al escuchar su voz,

-Londres no nondes.- De fondo Leah le corrigió, estaba empeñada en que pronunciara bien las palabras, yo lo consideraba adorable.

-Muy bien, hoy fui a un museo grande y después tomé el té, como se ve en las películas. ¿Tú que has hecho?

-Vi los nibujitos y ahora mamá quiere que vaya a dormir la siesta, pero yo no quiero.

Reí al imaginar a Jake escapando de mi amiga. Acostarlo a dormir la siesta era toda una pelea, pero si no lo hacía a las 5 de la tarde se ponía a llorar y de mal humor.

-Pequeño, debes hacerle caso a tu mami y acostarte a dormir, cuando despiertes podrás jugar todo lo que quieras.

-Bueno.- Podía escuchar el puchero en su voz.

Unos golpecitos en la puerta me situaron en el aquí y ahora.

-Debo irme, pero mañana te llamo, y hazle caso a mami o Santa no te traerá regalos.-

-¡Chau manina!

Una vez corté la llamada me dirigí a la puerta, donde me esperaba Edward. Como de costumbre se veía impecable, con un traje azul marino sin corbata y un abrigo haciendo juego. Tras un saludo cortes y un intercambio de elogios me ofreció el brazo y juntos nos dirigimos al elevador.

Cuando llegamos a la entrada del hotel el valet parking estaba esperándonos con el coche de Edward. Anduvimos por las calles de Londres escuchando música clásica. La vista de la ciudad iluminada por las luces de la calle era impresionante. Bordeamos el río Thames y nos detuvimos en un elegante restaurant.

Como era costumbre, Edward bajó y dio la vuelta al coche para ayudarme bajar y le entregó las llaves a uno de los empleados del lugar. Entramos ay nos encontramos con un enorme salón bellamente decorado, que destilaba elegancia y clase. La recepcionista nos acompaño hasta la mesa. Estaba situada junto a la ventana, dejándonos apreciar el río y el enorme palacio de Westminster.

-Que hermosa vista.- Acabábamos de ordenar la comida.

-Es uno de los mejores lugares de la ciudad para apreciar el paisaje. Aunque la mejor vista se obtiene desde el London Eye*, o eso dicen.

-Nunca he ido.- Comenté mientras tomaba un sorbo de mi vino tinto, elegido por Edward. Estaba exquisito.

-La verdad es que yo tampoco. He vivido toda mi vida en Londres, pero nunca he ido. Honestamente, no he visitado ningún centro turístico.

Aunque fuera raro el hecho de que él nunca hubiera ido viviendo en la ciudad, tenía algo de lógica. No lograba imaginar a Edward haciendo fila rodeado de turistas para poder entrar.

La mesera llegó con nuestros pedidos, por lo que dimos por terminada la conversación. Mientras comíamos hablamos brevemente sobre los planes para los próximos días. Básicamente era lo mismo que me habían dicho Alice y Esme.

-Mañana en la gala de fin de año será nuestro debut oficial como pareja aquí en Londres. – Su voz no rebelaba ningún tipo de emoción, por lo que levanté la vista y cautelosamente busqué sus ojos temiendo encontrar al hombre frio que aparecía cada vez que el tema de nuestra supuesta relación salía a colación. Pero para mí alivio no había rastros de aquel hombre que conocí en la oficina de mi padre.

Solté un pequeño suspiro y el resto de la cena transcurrió tranquilamente. Una vez que terminamos y Edward entregó su tarjeta de crédito fuimos hasta la recepción a esperar el coche. Íbamos tomados de las manos.

-¿Edward?- La voz de un hombre sonó a nuestras espaldas y sentí como todo el cuerpo de Edward se ponía rígido. Soltó mi mano y con su brazo envolvió mi cuerpo antes de dar la vuelta.

Frente a nosotros había un hombre de unos 45 años, era alto, fornido. Tenía ojos oscuros igual que sus cabellos, aunque ya se podían ver algunas canas grises.

-Demitri.- Se estrecharon las manos.

-Tanto tiempo sin verte. Aunque veo que estás muy bien acompañado.- Sus oscuros ojos se clavaron en los míos y luego me recorrió con la mirada.

Haciendo un gran esfuerzo logré reprimir un escalofrío. Edward me atrajo incluso más cerca a su cuerpo.

-Mi novia Isabella Swan.- Giró su rostro para mirarme.- Cariño, él es Demitri Voulturi, un colega.

Puse una sonrisa en mi rostro y extendí mi mano. No deje que el hecho de que Edward me hubiera llamado "cariño" afectara mi apariencia, pero dentro de mi cabeza no dejaba de repetir la palabra. Sonaba un poco forzada saliendo de su boca.

-Un placer señor Voulturi.- Con sus ojos clavados en los míos tomó mi mano y la acercó a sus labios.

-El placer es todo mío.- Luego de soltar mi mano volvió la vista a Edward.- ¿Los veré mañana en la fiesta?

-Por supuesto, pero ahora debemos irnos. – Con un simple movimiento de cabeza nos despedimos y salimos del restaurant, donde el empleado ya estaba esperando con el coche.

En un completo silencio nos subimos y empezamos a deambular por las calles. Todavía no estaba del todo familiarizada con Londres, pero no reconocía ningunas de las calles, por lo que sabía que no estábamos cerca del hotel. ¿Iríamos a su departamento? Me ponía nerviosa el siquiera pensar esa posibilidad, pero las palabras de Alice no salían de mi cabeza. El aire estaba un poco tenso, debido al encuentro con ese sombrío sujeto, por lo que no estaba dispuesta a preguntar dónde íbamos.

Segundos después dobló en una esquina y apareció frente a nosotros "Her Majesty's Theatre" anunciando El Fantasma de la Opera. Me giré a verlo, con una sonrisa en la cara. Era mi musical favorito, me conocía la historia de memoria, y me emocionaba verla en Londres, donde se había estrenado por primera vez, incluso era el mismo teatro.

-¿Lo sabías o es casualidad?- Su sonrisa pícara y juvenil me decía que no era ninguna coincidencia.

-Alice.-Se encogió de hombros. Apagó el motor del coche y bajó, dio la vuelta para ayudarme a entrar y tomados de la mano entramos al teatro.

Estábamos en la primera fila, justo en el medio. Cuando las luces del teatro bajaron su brazo izquierdo pasó por detrás de mis hombros. En cuanto los primeros acordes comenzaron a sonar mi corazón empezó a latir a mil pulsaciones por segundo. Era como si fuera la primera vez. La música, la historia. Cuando el primer acto terminó tenía lágrimas acumuladas en mis ojos. No era una persona que anduviera por la vida llorando, y menos en una sala llena de gente, pero realmente no podía evitarlo.

Dos horas más tarde estaba entrando a la suit, totalmente conmovida pero lista para dormir. Había sido un día bastante largo.

A la mañana siguiente me desperté a las 8 de la mañana gracias al irritante sonido de mi teléfono. Era nada más ni nada menos que Alice. Quería comenzar el día inmediatamente, ya que según ella encontrar el atuendo perfecto para la fiesta era fundamental y nada fácil, ya que debíamos encontrar vestidos del mismo color, pero que a su vez no se parecieran tanto. Y a eso incluir el hecho de elegir las corbatas, los pañuelos y los gemelos para los hombres.

Lo que no entendía era el hecho de que dejaran la elección de los vestidos para el último momento. No concordaba para nada con la personalidad de mi amiga o incluso de Esme. Pero cuando le pregunté, me contestó que era divertido. Creo que mi amiga no está bien de la cabeza, ya que comparó la experiencia con subirse a una montaña rusa. Adrenalina pura.

Yo no lo compararía con una montaña rusa, más bien con un paseo del terror. Durante cuatro horas fui arrastrada de negocio en negocio, forzada a probarme decenas de vestidos. Tuve que presenciar 5 peleas entre Esme y Alice sobre los colores. Incluso una pobre vendedora casi pierde su trabajo cuando había dicho que no podía desarmar la vitrina sin la garantía de que íbamos a llevar el vestido. Lo único emocionante de la mañana fue volver a ver a Rose.

Eran las 3 de la tarde y finalmente entramos al spa. Todo el drama ya estaba en el pasado. Finalmente las mujeres Cullen habían acordado que el color rojo era apropiado para la gala. Cada vestido tenía una gama parecida pero particular y el corte era totalmente distinto. El mío era largo hasta el piso de gasa y con la espalda totalmente descubierta, en cambio el de Al era corto a la rodilla, pegado al cuerpo y de manga larga. El de Rose era ajustado hasta la rodilla y luego suelto, dando la silueta de una sirena, con escote palabra de honor. Incluso las corbatas de los hombres eran todas de una tonalidad distinta, aunque estaban perfectamente combinadas con nuestros vestidos.

Fue tan gratificante recibir masajes, mascarillas faciales y corporales. Recibí manicura, pedicura e incluso un tratamiento capilar contra la sequedad provocada por el invierno. Para las 7 de la tarde abandonamos el centro de estética. Estábamos impecables de pies a cabeza, lo único que faltaba era vestirnos. Mi madre y yo nos dirigimos al hotel, donde habíamos hecho enviar los vestidos, los zapatos y los accesorios.

Antes de vestirme decidí llamar a Leah y Jake. Sonó una vez, dos veces y entonces atendieron del otro lado. Esperaba escuchar la voz radiante de mi pequeño, pero en cambio escuché un llanto, que me heló el pecho.

-¿Pequeño? ¿Estás bien? ¿Está Leah bien?- Trataba de no imaginar cosas, pero el pánico se escuchaba en mi voz.

-Dame el teléfono hijo.- La voz tranquila y cansada de mi amiga del otro lado fue todo un bálsamo para mis nervios.

-Bella, lo siento. No te preocupes.- Leah me dijo incluso antes de que pudiera preguntar nada.

-¿Está bien?-

-Tiene un poco de fiebre. Ayer por la tarde quiso hacer un muñeco de nieve, pero se quedó fuera demasiado tiempo. Sabes cómo se pone de molesto cuando tengo que tomarle la fiebre y tiene que quedarse en cama.- Solté un suspiro al saber que no era nada grave. Era cierto que Jake se ponía bastante sensible cuando se enfermaba, generalmente me escapaba de casa para poder darle una mano a mi amiga, pero estar tan lejos me dejaba preocupada.

Consulté mi reloj, eran las 7.45 y en menos de media hora Edward estaría aquí y todavía necesitaba vestirme. Me despedí de Leah y me dispuse a cambiarme.

Estaba poniéndome los aretes cuando alguien tocó la puerta. Como era de esperarse Edward estaba del otro lado, usando un smoking negro opaco, igual que el chaleco, la camisa blanca. La corbata y el pañuelo del bolsillo eran de seda y combinaban perfectamente con mi vestido.

-Te ves impresionante, como siempre.- Sonreía, dejándome sin habla por unos momentos. Se veía impactante con ese traje, recién afeitado y el pelo perfectamente peinado. Me ofreció su brazo y juntos nos dirigimos al ascensor.

Cuando salimos del hotel me sorprendió ver que un encargado del hotel nos abría la puerta a un hermoso coche color plata que no había visto antes. Edward me ayudó a subir y luego dio la vuelta.

-Lindo coche.- Le sonreí.

- Es un aston martin vanquish, uno de mis favoritos; Lo uso en ocasiones y eventos especiales.

En poco menos de 20 minutos llegamos al exclusivo restaurant donde tenía lugar la fiesta. Había una pequeña alfombra roja y cerca de 20 paparazzi alrededor. Edward me ayudó a bajar, y tomados de la mano comenzamos a avanzar frente a los fotógrafos. Llegamos al primer grupo, Edward me rodeó con su brazo, yo coloqué una mano en su pecho y sonreí, con mi sonrisa artificial. Los flashes se disparaban uno tras otro, los fotógrafos pronunciaban nuestros nombres, pidiendo que giráramos a verlos a ellos. Después de unos minutos avanzamos unos metros más, hasta parar y repetir el mismo proceso.

-Realmente odio todo esto.- No me había dado cuenta que Edward se había inclinado y su boca rozaba mi oído.- No sé cómo soportas esto cada vez que pones un pie en la calle en Chicago.

Lo miré y le dediqué una verdadera sonrisa,- ¿Te digo un secreto?- Mi voz era un susurro, en sus ojos había sorpresa, pero diversión. Alzó las cejas, esperando mi respuesta.- Yo también lo detesto. Sinceramente no lo extraño para nada.-

En su cara podía ver la sorpresa y luego sonrió con más ganas, me atrajo más fuerte a su cuerpo y me besó la frente.- Si quieres podemos entrar directamente.

Era una propuesta de lo más tentadora, pero también sabía que debíamos exponernos juntos, que era la fiesta de la familia Cullen, e inevitablemente debíamos posar. Suspiré.

-Me encantaría, pero debemos posar, al menos por tu familia.

Simplemente asintió con la cabeza y juntos avanzamos un poco más camino a la puerta. Ya no sonreía falsamente y de vez en cuando Edward me susurraba cosas en el oído, haciéndome reír. En estos momentos los fotógrafos parecían volverse incluso más locos y disparaban un flash tras otro.

Cuando finalmente llegamos a la entrada del lugar respiramos de alivio conjuntamente y luego reímos. Parados, listos para darnos la bienvenida estaba Esme y Carlisle. Los saludamos brevemente y nos adentramos al lugar, donde varias personas ya estaban reunidas en pequeños grupos hablando. No conocía a nadie.

Edward me guió hasta el grupo más cercano. La gente se giró a vernos y nos hicieron espacio para que nos uniéramos a ellos.

-Edward, que bueno es verte. Y acompañado.- Todos los hombres y la mayoría de las mujeres me veían con cierto interés. Por lo que había escuchado decir a Alice, Edward concurría a esta clase de eventos solo y se quedaba el menor tiempo posible.

-Les presento a Isabella, mi pareja.- Había cierta connotación en la palabra, sonaba mucho más serio y formal que simplemente "novia" .

Uno por uno se fueron presentando y también a su acompañante. Eran todos miembros de la junta directica de Cullen Inc. y sus esposas. Los hombres se enfrascaron en una conversación sobre negocios. No estaba segura de que temas podría tener yo en común con estas mujeres, todas eran al menos 10 años mayor que yo. Pero entonces reconocí que una de ellas llevaba puesto un hermoso vestido de Oscar de la Renta. La conversación fluyó de una forma que no hubiera esperado, todas comenzaron a comentar sobre diseñadores, desfiles, eventos sociales que tenían en común.

Unos minutos después, Edward nos disculpó y entonces nos acercamos al siguiente grupo, donde se repitió la rutina. De esta forma fuimos paseando por todo el salón. Para cuando llegamos a nuestra mesa y nos sentamos estaba invitada a tres fiestas de año nuevo distintas, había hecho, al menos, tres citas para tomar el té y había prometido asistir a la inauguración de una galería de arte.

-Veo que te adaptas muy bien a la sociedad Inglesa.- En su voz había un tono juguetón, pero en sus ojos pude reconocer una sensación distinta. Parecía orgullo o placer. Como si la idea de que adaptara a su círculo social frecuente le alegrara.

-Bueno, más allá de ser inglesas o ser mayores que yo, somos mujeres, siempre tenemos algo que hablar.- Traté de quitarle importancia al tema, la verdad es que no era la gran cosa.

Alice llegó en ese momento,

-Edward, te estamos esperando para la foto.- Mi amiga se veía algo cabreada.

- Oh, lo había olvidado. Dame un segundo.-La pequeña se limitó a sacudir la cabeza y desaparecer por donde había llegado.

-¿Vamos?- Me tendió su mano para que lo acompañara. Sin dudarlo me puse de pié y juntos recorrimos el mismo camino que había tomado mi amiga.

Llegamos a un pequeño saloncito, donde Alice estaba acomodándole la corbata a Jasper, Esme estaba frente a un espejo corroborando que su peinado siguiera intacto y Carlisle hablaba con quien parecía ser el fotógrafo.

-Terminemos con esto.- La voz de Edward anunció nuestra llegada, todos se giraron a vernos.

Entonces me sentí fuera de lugar. Podía ver en la cara de todos la sorpresa y me miraban extrañados.

-Em, ¿Te espero afuera?- Estaba lista para salir por la puerta, tenía una sensación rara en el pecho. Parecía que los Cullen no quisieran que estuviera presente y eso me dolió y la verdad es que me dejaba desconcertada.

-No Isabella, tú te quedas.- Edward me retuvo de un brazo y luego me envolvió entre los suyos. Pegando mi espalda en su pecho.- ¿Hay algún problema que Isabella salga en la foto?- Su tono de voz era filosos y aunque no podía ver su cara estaba segura de que su mirada era amenazadora.

Toda la sala quedó en silencio y luego de un segundo todo volvió a la normalidad. Alice comenzó a saltar, diciendo que por supuesto no había problema, que era una perfecta idea. Carlisle ordenó que trajeran una silla de más y Esme me sonreía como si de pronto me hubiera convertido en su persona favorita del mundo.

La tensión en el cuerpo de Edward se esfumó, soltó su abrazo alrededor de mi cuerpo y depositó un beso en mi frente. Yo me dediqué a observar a todos, pensando en que quizás los Cullen sufrían de bipolaridad o quizás había un secreto que no me estaban contando.

Esme y Carlisle estaba parados en medio de dos pequeños sillones de dos cuerpos. Alice estaba sentada en el que estaba del lado de su padre y Jasper estaba sentado a su lado. Edward me guió hasta el otro sillón, que estaba del lado de Esme. Me hizo tomar asiento del lado más cercano a su madre y luego unió nuestras manos y las puso visiblemente sobre su rodilla. El fotógrafo contó hasta tres y disparó un par de fotos.

Cuando volvimos al salón, nos dirigíamos a nuestra mesa nuevamente cuando el hombre que habíamos visto ayer en la cena apareció. Iba con una mujer de unos 30 años colgada del brazo. Edward volvió a tensarse y me giró para que lo enfrentara. Se veía nervioso.

-Isabella, no creí que tuviera que explicártelo y ahora no hay tiempo. Pero actúa con naturalidad ante cualquier cosa que esa mujer pueda decir. Prometo luego explicarlo todo.

Oh no, esa mujer era una amante que tenía. Me quedé estática, pensando la posibilidad de correr hasta el baño. La mujer era despampanante, castaña con unas curvas llamativas y obviamente tenía casi la misma edad que él.

Su brazo me envolvió y me pegó a su cuerpo. Una parte de mí quería separarlo, decirle que yo no iba a soportar ser la esposa engañada de nadie; pero otra parte quería actuar como la mujer feliz que se supone que era, para que la bruja pensara que estábamos enamorados. Entonces una pregunta me atormentó ¿Él le habrá dicho que lo nuestro era solo una farsa?

Finalmente quedamos frente a frente. El hombre, Demitri, nos saludo a ambos y luego presentó a su acompañante. Jessica, su esposa.

Quedamos los cuatro en silencio. La mujer tenía una mirada desdeñosa, evaluándome con la mirada. Edward apretó con más fuerza su abrazo, llamando la atención de ella.

-Nunca pensé que te gustaban las niñas escandalosas Edward.- Su mirada era mordaz y burlona, si eran amantes esta mujer era muy buena actriz.- He tenido que ver tu rostro en miles de fotos querida.- Ahora me hablaba directamente a mí.

-Jessica.-La voz de Edward era baja y seca. Estaba por decir algo más, pero levanté una de mis manos, para indicarle que me dejara a mí. En los últimos años había a prendido a defenderme por mi misma.

-Por suerte yo no he tenido que ver nunca una foto tuya, y por si no te has dado cuenta, desde que conocí a Edward me di cuenta que ya no quería vivir de fiestas. Ahora solo me interesa pasar el mayor tiempo posible con él.- Giré mi rostro a verlo. Tenía una expresión divertida e incrédula. Sonrió divertido y acercó su rostro al mío, para besarme castamente.

Cuando nos separamos, la pareja ya había desaparecido. Tomados de la mano emprendimos nuestro camino hasta la mesa.

-Isabella, Jessica…- Lo corté antes de que siguiera hablando. Por lo que había percibido tenían un pasado, pero no un presente juntos, y sinceramente yo también tenía un pasado turbulento y no me apetecía nada blanquearlo.

-No. Solo dime, ¿Pertenece al pasado y nada más?- Lo miré a los ojos, para asegurarme que no me mintiera. En un primer momento se sorprendió y luego, con la expresión más seria que le había visto, se paró en seco.

-Jessica es parte de mi pasado. – En su mirada no había lugar a duda.

Asentí.- Entonces no hay nada que explicar.- Finalmente llegamos a la mesa, donde nos esperaban Alice, Jasper, Emmett, Rosalie y unos amigos de la familia Cullen.

Carlisle dio el discurso de bienvenida, agradeciendo a todos el haber concurrido. Deseó unas felices fiestas y dio la apertura oficial a la cena.

Los meseros nos trajeron la comida. Estaba exquisita. En la mesa charlamos tranquilamente, hablando de los planes que teníamos para los siguientes días en Windsor. De vez en cuando miraba de reojo a Alice. Yo la quería muchísimo, pero todavía estaba extrañada y dolida por la escena de la foto.

Antes de que nos trajeran el postre me disculpé para ir al tocador. Estaba retocando mi maquillaje cuando mi amiga entró por la puerta. La miré, incomoda, sin saber cómo actuar.

-¿Bella? Quiero disculparme por lo de hace un rato. Pero es que nos llamo la atención.

-No hay problema Alice, pero no entiendo que es lo que fue tan raro.

Mi amiga suspiró y me guió a unos silloncitos que había en una parte apartada del baño, frente a un enorme espejo.

-Verás, esta foto es la que se entrega a la salida a todos los invitados, la que luego se manda para desear buenos deseos de fin de año y la foto que representa a la familia durante el año. Siempre salimos solo los 4. Este año es el primer año en que Jasper participa y Edward nunca quiso que sus novias salieran. -Me llamaba la atención que Edward me hubiera invitado a participar de la foto, pero la verdad es que dentro de un par de meses tendríamos que casarnos y estar presente en la foto familiar Cullen le daba una especie de formalidad y seriedad a nuestra relación.

-Ni siquiera Jessica.-La frase escapó de los labios de Alice más bien como un pensamiento propio.

-¿Jessica?- Asiqué habían estado de novios formalmente. Me pregunto si Edward la tuvo que dejar porque estaba forzado por el contrato. Ahora me arrepentía de no haber querido explicaciones.

-¿Sabes algo de ella?- Mi amiga se veía arrepentida, como si hubiera hablado de más.

-Tu hermano me la ha presentado hoy, me ha dicho que es de su pasado, pero ya conoces como es Edward, no ha querido hablar mucho más.- Ahora contaba con que la verborragia de mi amiga me ayudara a aclarar la situación.

-¿Ha venido? No puedo creerlo, esa mujer no tiene sentido de comportamiento social. Mira Belli, es Edward quien debe contarte la historia. Él ha sufrido bastante por su culpa, asique cuando esté listo quizás te cuente. Pero debes saber que ella es de su pasado.- Bueno, al menos ahora tenía algunos datos más.

El resto de la fiesta fue totalmente distinto que el comienzo. Jessica y Demitri no se veían por ningún lado, bailamos y nos divertimos como hacía tiempo que no nos divertíamos. Incluso Edward parecía estar pasándolo sinceramente bien. Las otras fiestas y salidas a las que habíamos ido juntos, Edward parecía algo incómodo y actuando un papel, en cambio hoy estaba liberado.

Cerca de las 4 de la mañana abandonamos el salón. Quedada muy poca gente, sobre todo los más jóvenes. La madrugada de Londres era fría y mientras esperábamos al coche, me daban escalofríos. Edward me había ofrecido su saco para abrigarme. En un primer momento lo rechacé, ya que él quedaría solo con una camisa. Pero cuando mis dientes comenzaron a castañar, sentí sobre mis hombros el peso de su abrigo. Su colonia me envolvió.

-Gracias.- Le sonreí mientras pasaba mis brazos por las mangas y reprimiendo un bostezo me acerqué a su cuerpo. Me envolvió con sus brazos y finalmente llegó el coche.

Camino al hotel me quedé dormida, cuando llegamos Edward me despertó suavemente. Estaba recostada contra la puerta, aferrada a la tela del saco.

-Lo he pasado muy bien.- Mi voz sonaba algo patosa.

Edward rió antes de bajar del auto y abrirme la puerta. Bajé, todavía bastante dormida.

-¿Podrás llegar hasta tu habitación?- Su expresión era divertida.

En respuesta solo asentí. Intenté sacarme el saco para devolvérselo pero me lo impidió.- Mañana me lo devuelves. Paso por ti para ir a almorzar a lo de mis padres. Que descanses.- Me besó en la frente.

Cuando amanecí eran cerca de las 12 del mediodía, rápidamente me dirigí a la ducha, me cambié y antes de que llegara Edward a buscarme decidí llamar a Jake para comprobar cómo estaba, pero entonces recordé que eran solo las 5 de la mañana en Chicago.

Mis pertenencias estaban todas acomodadas en las valijas, ya que esta tarde, luego de hacer las compras navideñas con Esme, Alice y Rose viajábamos a Windsor.

12.45 tocaron la puerta. Era Edward acompañado de un empleado del hotel, que venía a buscar mis maletas. Bajamos los tres por el ascensor y me fui directo al mostrador, donde hice el check out. Cuando salí del hotel, el empleado estaba terminando de guardar mis cosas en el coche de Edward.

Rápidamente llegamos a la mansión Cullen, dónde ya estaban mi madre y mi padre, que había llegado a Londres un par de horas antes.

-Buenos días Isabella.- Me saludó mi padre, sin levantar la mirada del periódico.

-Buenos días.- Contesté mirándolo, esperando a que me mirara al menos por dos segundos. Pero no.

Suspiré silenciosamente y poniendo mi sonrisa armada me acomodé junto a Esme, para comentar lo excelente que había sido la fiesta de la noche anterior. Mi madre se sumó a nosotras y los hombres se pusieron a hablar de negocios, transacciones y no sé qué más. Al rato bajó Alice, hablando de lo emocionada que estaba por ir de compras en la tarde y de que viajáramos finalmente a Windsor.

Después de almorzar mi amiga se aseguraba de que todo estuviera listo para el viaje. Repasó cada detalle. Jasper vendría a las 5 de la tarde y saldríamos todos juntos. Mis padres y los Cullen irían en el coche de Carlisle, mis amigos en el de Jasper y nosotros en el de Edwrad.

Estábamos todos en el salón, a excepción de mi padre, tomando el té cuando el teléfono de Edward sonó. Se disculpó y salió a atender el llamado. Minutos después llegó con cara de disculpas.

Tenía una idea bastante clara de lo que iba a decir.

-Lo siento, pero mañana por la mañana debo pasar por la oficina. Ustedes vayan a Windsor y los alcanzaré mañana por la tarde.-

Mi amiga se levantó de un salto, gritando que estaba arruinando sus planes, que era un egoísta. Esme la hizo callar. Todos nos quedamos en silencio mirándonos unos a otros.

-Isabella, tú puedes ir con mi hermana en el coche de Jasper, o me puedes esperar.- Todas las miradas se giraron hacia mí.

Estaba por decir que no me molestaba viajar con mis amigos, pero entonces recordé que en el shopping al que habíamos ido los otros días había visto una juguetería inmensa y me había quedado con las ganas de comprarle algo a Jake.

-No tengo problema de esperarte. A decir verdad necesitaría ir al shopping a comprar unos últimos regalos.- Puse mi expresión de inocente.

-Pero hija, ya hemos hecho el check-out del hotel.- Mi madre me recordó, no había tenido en cuenta ese detalle.

-Bueno, puedes quedarte con Edward.- La voz de mi padre hizo que todos volteáramos a verlo. No sabía en qué momento había entrado a la habitación.

Lo miré y me devolvió la mirada. Tenía una expresión calculadora y triunfante. Estaba por decir que no era necesario, pero Edward se adelantó.

-Por mí no hay problema. -También lo miraba fijamente a mi padre.

Asentí y luego me acerqué a mi padre.

-¿Qué haces?- Le hablé despacio, pero sonriendo.

-Por favor, ¿crees que alguien les cree esa fachada de relación que tienen? Les estoy dando la excusa perfecta. De acá a tres meses puedes alegar que estás embarazada y el casamiento vendrá solo.

Cerré los ojos, conté hasta cinco en mi interior. No podía gritarle.

-No pienso fingir un embarazo. Edward tiene un plan y lo haremos de esa forma.

-Me importa un bledo el plan de Edward. No me discutas Isabella, porque así como hay un contrato de matrimonio, puedo incluir un heredero cuando quiera.- De golpe se me cerró la garganta.

-Isabella ya es mayor de edad, por lo que no tienes derechos legales sobre ella y si alteras el contrato original contrataré a los abogados que haga falta y te denunciaré por fraude. Eso anulará del todo el contrato y sabes que si eso ocurre podré denunciarte por incumplimiento de contrato y dejarte sin nada.- La voz de Edward era fría, dura. No me había dado cuenta de que había llegado a nuestro lado. Al escuchar sus palabras largué el aire que estaba conteniendo.

Charlie no contestó, se limitó a mirarnos furioso. Edward tomó mi mano y disculpándonos del resto de la familia salimos de la mansión Cullen. No dijimos ni una palabra. Anduvimos cerca de 20 minutos, atravesando toda la ciudad.

Nunca había estado en el lugar de Edward, ni siquiera sabía por dónde quedaba. Llegamos a un edificio de aspecto lujoso y tras haber apretado un botón del panel, la puerta de la cochera se abrió. Una vez que estacionó bajamos del coche, Edward bajó mi maleta y juntos nos dirigimos hacía el elevador, donde apretó un botón que indicaba el pent house e ingresó un código. Estábamos parados muy cerca uno del otro, pero sin tocarnos. Cuando finalmente se detuvo, las puertas se abrieron y llegamos a una pequeña sala con una hermosa mesa color caoba oscura que en el medio tenía un florero lleno de lirios blancos. Contra una de las paredes laterales se encontraba un pequeño sofá mientras que en la pared enfrentada al elevador había una puerta doble, también de madera oscura.

Edward sacó de su bolsillo un llavero de plata y con una de las llaves abrió la puerta. Entonces quede pasmada, incluso puede que mi boca haya quedado abierta. Era una sala enorme con pisos de madera oscura, la pared que daba al sur era enteramente vidriada, dejando ver el centro de Londres. Los muebles eran blancos, plata y marrón oscuro.

Me acompañó hasta el cuarto de huéspedes, donde dejó mi maleta y luego de decir un par de palabras se encerró en su oficina. Me senté en la gran cama de madera que estaba en el centro del recinto. Observé lo que me rodeaba.

Había un closet, un gran espejo, la puerta que daba al baño, una televisión y la cama. Estaba decorado muy minimalista, igual que el resto del departamento. O al menos lo poco que había visto.

El recuerdo de las palabras de mi padre me llegó de golpe. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Apreté con fuerza mis dientes y una sola lágrima bajó por mi mejilla derecha. Antes de que llegara a la altura de mis labios la borré con el dorso de mi mano.

Me dirigí al baño y me di una ducha para relajarme. Cuando todos y cada uno de mis músculos estaba libre de tensión, recién ahí salí. Me vestí con lo que tenía primero en la valija y abandoné la habitación de huéspedes.

La sala de estar estaba vacía y silenciosa. Di una vuelta, observando atentamente los muebles, la decoración. Había una repisa llena de libros, estudié los títulos. La mayoría era sobre negocios, economía y cosas de ese estilo. Lentamente volví a mi habitación a buscar mi libro favorito, lo llevaba a todos lados y lo había leído miles de veces.

Me senté en la sala a leer y perdí la noción del tiempo.

-¿Cumbres borrascosas? No entiendo por qué la gente lo considera un clásico.- La voz de Edward me sobresaltó. No lo había escuchado llegar.

-Bueno, a mí me gusta mucho. El hecho de que el amor que sienten en el uno por el otro no es lo suficiente fuerte como para dejar de lado su forma de ser, el egoísmo, la maldad, la avaricia. Es el libro más parecido a la vida real que he leído.

Nos miramos fijamente. Entonces entró una doncella para avisar que la cena estaba servida. En silencio lo seguí hasta un hermoso comedor.

Ninguno decía nada. Yo tenía vergüenza por el comportamiento de mi padre y también tenía miedo por la reacción que él podría llegar a tener.

-He hablado con mis abogados durante la tarde, es imposible que tu padre haga un nuevo contrato, como sospechaba.- Su voz era la del empresario. Asentí en silencio.- No tienes de que preocuparte.

-No me preocupa mi padre.- No soportaba que la gente me creyera débil, llevaba viviendo toda mi vida protegiéndome a mí misma.

Él no contestó, simplemente me miró. Terminamos de cenar en silencio.

Volví a la sala a leer y Edward se encerró nuevamente en su despacho. Cerca de las 10 de la noche volvió a salir, para decirme que para mañana iba a tener un chofer a mi disposición y que el se desocuparía al mediodía.

Seguí leyendo por un rato más, hasta que mis ojos comenzaron a pesar.

A la mañana siguiente me desperté y Edward ya se había ido. La cocinera muy amablemente me preparó el desayuno y cuando terminé se presentó el chofer. Una vez que llegué al shopping me fui directo a la juguetería, donde le compré unos carros radio controlado a mi pequeño. También aproveché para comprarle algo a Leah. Ya que estaba también me compre algo de ropa para mí, para Al y Rose.

Pasé por la oficina de correo que había en planta baja y armé un paquete que le enviarían a mi amiga esa misma tarde.

Eran casi las 12 del mediodía cuando me volví a reunir con el chofer. Subí al carro y el amable señor me dijo que el señor Cullen había pedido que me dirigiera a su oficina.

Estaba nerviosa por volver a verlo, anoche habíamos estado los dos muy tensos.

Nos dirigimos a la parte más financiera de Londres y finalmente se detuvo frente a uno de los edificios más altos. En la puerta se leía Cullen Inc..

Respire hondo y me dispuse a entrar. Un guardia de seguridad me abrió la puerta y enseguida una recepcionista me preguntó mis datos y luego llamó a Edward para confirmar que me esperaba.

-Pase señorita Swan, el señor Cullen la espera. Tome el ascensor, debe ir hasta el piso 28.

Siguiendo las órdenes de la mujer me encaminé a los elevadores. Cuando llegué al piso indicado las puertas se volvieron a abrir. Había una pequeña recepción de madera y vidrio y detrás del escritorio de una recepcionista había unas enormes puertas dobles con una escritura que decía: Edward Cullen, Vicepresidente.

Me acerqué hasta el escritorio donde había una mujer de unos 25 años, rubia y muy maquillada.

-Lo siento, pero el Señor Cullen no está disponible.-La mujer dijo con una voz nasal y sin levantar la vista de la computadora.

-El señor Cullen me está esperando.- Traté de mantener la calma.

-No tiene ninguna cita agendada. Lo siento.- Respiré hondo. Estaba por decirle que yo no necesitaba ninguna cita cuando las puertas de la oficina se abrieron y apareció Edward.

-Cariño, llegaste.- Parecía que el humor taciturno y tenso de ayer se había esfumado, lo cual me daba cierto alivio. Avanzó hasta donde yo estaba parada y me envolvió en un abrazo.

-Sí, le estaba comentando a la señorita que no tenía una cita, pero que me estabas esperando.- Puse mi voz más dulce e inocente.

-Lauren, me había olvidado de avisarte. Lo siento. Pero para la próxima ya lo sabes, Isabella no necesita una cita agendada.-

Me giré a ver a la tal Lauren. Se veía sorprendida, pero asintió con la cabeza sin decir nada.

Unos minutos después abandonábamos Cullen Inc. tomados de la mano. Llegamos a la zona de aparcamiento y nos subimos a su coche.

-Lo siento por todo lo de anoche.- Miraba mis manos cruzadas sobre mis piernas.

-Isabella, no tienes nada de que disculparte. Es tu padre quien debería dejar de meterse, pero parece que no pasará. Pero como te dije ayer, estuve hablando con mis abogados y ahora con lo único que nos puede presionar es con respecto a la fecha, nada más. Por lo que no dejes que te intimide. Somos libres de él- Asentí en silencio.

Edward no conocía a mi padre, puede que no tenga derechos legales sobre mí, pero estábamos lejos de ser libres de él. Cuando se le metía algo en la cabeza no paraba.

Llegamos al departamento de Edward, donde la cocinera nos había preparado un pequeño lunch, luego recogimos nuestras maletas y salimos camino a Windsor, para encontrarnos con el resto.

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Hola a todas! Este capitulo debía ser sobre Navidad, pero se me empezaron a ocurrir cosas y se me hizo muy largo, por lo que decidi cortarlo aca y traerles navidad en el próximo!

Aca vemos un poco mas del lado perverso de Charlie,

Disfrútenlo!

Gracias por los RR's ¡!

Tiny . Tiny . Love .