Strawberries

He vuelto!
Este fic lo tenía terminado desde hacía casi un año, después de perderlo, lo he recuperado hoy y lo subo.

Inevitablemente, siento debilidad por Raizu, el mayordomo del capítulo 11 del anime. Es un sol.

AU, humor, fresas de por medio, un OC muy cabrón y muchas patochadas.

Enjoy!

[RaizuxKamanosuke *awesome face*]

Kamanosuke miró con cierto recelo, odio y rencor escondido a la báscula del baño. A veces pensaba y reflexionaba en la crueldad de tener ahí ese maldito instrumento de medida que tantos quebraderos de cabeza le daba de vez en cuando. Era además una báscula clásica, no electrónica, y eso en parte, era una bendición y a la vez una maldición, porque nunca le mentiría ni se rompería por un desajuste eléctrico.

Lentamente, levantó un pie y lo apoyó sobre la báscula. Raizu siempre le decía que lo mejor era pesarse sin ropa, porque eso añadía peso, pero el pelirrojo prefería hacerlo así. Solamente se pesaba sin ropa cuando, tras haberse dado un baño, tenía ganas, cosa que no solía tener. En esta ocasión, al menos, había decidido tener la delicadeza de pesarse con escasa ropa, con sus pantalones cortos y su camiseta de tirantes, aparte de ir descalzo. No había mirado aún el peso que marcaba la balanza, prefería verlo cuando estuviera sobre ella. Tragando saliva y con cierto mal humor creciente (dado que el muchacho era bastante energético y susceptible), puso el otro pie y esperó cinco segundos, mirando a la pared del baño. Finalmente bajó la mirada, hasta que sus ojos verdes se toparon con la realidad.

Una realidad que, por cierto… No le gustó.

Un grito de furia e incredulidad resonó en el apartamento. En el salón, Raizu, su compañero de piso, separó su taza de café justo cuando estaba a punto de darle su primer sorbo mientras revisaba su correo electrónico. Con una sonrisa, suspiró, dejó el café en la mesita y esperó tranquilamente y acostumbrado a que el pelirrojo saliera enfadado.

-¡No me lo puedo creer!

Kamanosuke abrió la puerta del baño de una patada y se dirigió a zancadas al salón. Como de costumbre, su compañero de piso estaba sentado en el sofá, tranquilamente, con una taza de café llena aún por catar. Los ojos claros del moreno se encontraron con los verdes del menor, que tenía el ceño fruncido y una mueca de terrible desagrado. Raizu se mordió las mejillas por dentro para no soltar una carcajada, pero sabía que eso podría traer consecuencias muy violentas.

-¿Qué te ocurre, pelirrojo?

Kamanosuke dio varias zancadas hasta ponerse delante de Raizu, para que lo observara, como si hubiese tenido un terrible cambio físico que contemplar y analizar con cuidado.

-¿Y bien?-dijo Kamanosuke, mordiéndose el labio enfadado.

El mayor se encogió de hombros mientras miraba. No veía ningún cambio, aunque por el grito, sabía perfectamente que podía ser.

-Yo te veo… ¿como siempre?

Kamanosuke frunció el ceño mientras una vena se le hinchaba en el rostro y comenzaba a patalear.

-Dios mío, ¡mírame, por el amor de una madre!

Raizu volvió a mirarlo, otra vez. Seguía igual. Con su largo, brillante y rojo pelo, en una coleta. Sus mismos ojos verdes, brillantes. Su misma nariz pequeña y su boca, malhablada. Su cuerpecito, delgado, con su piel blanca. Su mismo tatuaje en el ojo izquierdo, tan rebelde. Sinceramente, la apariencia de su amigo y compañero de piso le parecía agraciada, a pesar de lo mucho que se le confundía con una muchacha.

Pero quitando esos elogios mentales…

-No sé de qué te quejas. Yo te veo….bien-dijo de nuevo el moreno.

-¿Bien? ¿BIEN? ¡Estoy hecho un tonel! ¡UN TONEL!

-No hace falta que grites. Tampoco que exageres.

El pelirrojo parecía aún más enfadado.

-¿Exagerar, EXAGERAR, YO? ¡Lo he perdido todo, mi encanto, mi estupendo físico, mi…!

Raizu se tapó la boca con la mano mientras el pelirrojo seguía quejándose de la pérdida de su estupenda figura, mientras se mostraba el vientre y se agarraba unas imaginarias mollas (n/A: Lo siento, a mí también me hace gracia XDDD).

-¿Cómo voy a salir ahora a la calle? ¿Cómo va a mirarme la gente?

-Oye, Nosuke, en serio, no se ve que hayas ganado peso-dijo Raizu, tomando un sorbo de café. Oh, se había enfriado.

-¿Cómo que no? ¿NO?-el pelirrojo volvió a decir una tanda de incoherencias que el mayor no comprendió hasta que volvió a hablar normalmente-¿Qué haré con la gente? ¡Yo era un icono sexual para muchos!

-Oye, diva, no te pases-respondió el otro dejando escapar varias carcajadas.

-¿Y mi ropa? ¿Qué hay de mi ropa? ¡¿Y si ahora no entro en mi ropa?

Raizu no pudo evitarlo y ya comenzó a reír a carcajada limpia, echando la cabeza hacia atrás en el respaldo del sofá. El café amenazaba con desbordarse de la taza por las risotadas del mayor, que se agitaba en el sofá, intentando contener las lágrimas de risa.

-¡Pero no te rías, joder!-se quejó el pelirrojo, acercándose para agarrarle del cuello de la camisa y zarandearlo.

Raizu obedeció, aún con una sonrisa en la boca, y respirando entrecortadamente.

-Jaja….vale, vale, ¡pero es que ha sido gracioso!-explicó-De verdad, te veo igual de bien. No noto que hayas ganado peso.

El pelirrojo lo soltó, fastidiado, murmurando por lo bajo palabrotas y maldiciones.

-Y tampoco es modo de vivir que estés contando todo lo que pesas, aunque….deberías de aprender que cada empacho de dulces tiene sus consecuencias-finalizó, bebiendo de la taza. Agh, ahora estaba más frío.

-Pero…oye… ¡yo…!-Kamanosuke intentó defenderse, pero no podía. Le podían demasiado los dulces, y además, esas ofertas de barritas de chocolate Pocky* podían con él.- ¿Y yo que le hago? ¿Eh?

Raizu volvió a beber el café y suspiró, satisfecho de al menos haber acabado el desayuno casi en su totalidad.

-Prueba una dieta de choque.

El pelirrojo le miró con cara rara, con una mueca que parecía de asco. A Raizu le hacía mucha gracia ver como esa cara que muchos confundían con el de una adorable chica, podía reflejar esas expresiones de grosería.

-Yo, ¿a dieta? ¡Pero qué coño! ¡Eso es un ñordo! ¿O es que ahora tengo que ponerme a comer esa mierda de verdura, o esas patochadas de zumos naturales y mierdas de esas…?

-Oye…

-¿...y tés adelgazantes? ¡Eh, que yo he mantenido mi figura con métodos naturales y sin esos timos! Además, que sepas que…

-Kamanosuke, em, si quieres escucharme…

-…me niego, en redondo totalmente, en tener que tomar pescado de…de ése, o lo que sea, ¡y por Dios, no me apetece hacer ejercicio! ¿Qué no es suficiente la caminata al trabajo?

El pelirrojo paró de patalear cuando mencionó el trabajo. Oh, no jodas. Miró el reloj redondo de pared, sobre la televisión, y pidió que no fuera cierto.

-¡Ostia puta!-exclamó, cada vez más exaltado. ¡No podía ser tan tarde! Por lo general tardaba media hora en arreglarse, y media hora en llegar a pie con los auriculares, ¡pero nada más que le quedaba media hora para llegar, y ni siquiera estaba arreglado!-¡Dios, llego tarde!

-Si no te empeñaras en pesarte…

-¡Cállate!-dijo el pelirrojo, quitándole la taza y acabando el contenido, con cara de asco-¡Dios, que mierda de café!

-Es que se ha enfriado mientras me hablab…

El pelirrojo no le dejó terminar, dando un portazo a la puerta de su cuarto. Incluso dentro de éste, el moreno podía escuchar los gritos y maldiciones de su compañero de piso, aparte de un fuerte golpe y una palabrota aún peor. Se encogió de hombros mientras comenzaba a teclear algo en su ordenador portátil, buscando una cosa en concreto. A los escasos minutos, el pelirrojo salió, con unos pantalones morados de pitillo y una camiseta de manga corta negra, y medio poniéndose la chaqueta. No había tenido tiempo de peinarse bien siquiera, y uno de sus auriculares se caía constantemente. El mayor observó la escena en silencio, mientras Kamanosuke se calzaba unas botas negras.

-Dios, la jefa me mata.

-Pues ya puedes correr…

-Joder, ¡cállate!-gritó el menor, malhumorado-¡Volveré a la hora de siempre, me llevo las llaves!

Raizu encontró lo que buscaba en el momento en el que el otro chaval cerraba la puerta de un golpe. Entonces sonrió.

-Sí. Esta servirá.

To be continued! 8D