El último y punto pelota.

El desagradable pitido de un despertador hizo que Kamanosuke abriera los ojos, malhumorado. La luz entraba por la ventana del salón perezosamente, y miró la mesita. En ella había un despertador plateado y bajo ella un pedazo de papel. Al lado, una taza de té aún humeante y una tostada preparada parecía esperarle. Agarró la nota mientras tiraba al suelo el aparatito, y la leyó perezosamente.

Buenos días, pelirrojo!

He tenido que salir antes a entregar unos documentos a la editorial. Volveré en un rato, pero para entonces creo que ya te habrás marchado a la tienda. No te duermas en los laureles. Sí, he sido yo quien ha puesto el despertador. Para compensártelo, te he hecho el desayuno. Sí, sé que soy encantador.

Creo que hoy sales antes, así que tal vez me pase por la tienda. No la líes mucho y levántate ya, o no llegarás a tiempo.

Nos vemos

Raizu

Kamanosuke se dio cuenta entonces que seguía en el sofá, donde acabó la noche. Estaba tapado con una manta y llevaba una blusa blanca. Supuso que Raizu se la habría puesto para que no cogiera frío. Hizo un mohín de enfado mientras engullía el desayuno y se levantaba torpemente para la ducha. Estaba tan absorto a sus cosas y a lo que había pasado la noche anterior que cuando vio la hora que era, le entró la bulla.

-¡Mierda!

El pelirrojo se vistió a toda prisa y salió del piso dando un portazo. Incluso aunque había tenido tiempo, se había quedado pensando en sus cosas y se había preparado con una especial parsimonia. Era normal, dado que intentaba pensar en lo que había ocurrido a la vez que no reflexionaba en nada. En su cabeza estaba el hecho de que había tenido sexo con su compañero de piso, pero no podía indagar más. Mucho menos era una persona con dilemas morales acerca de eso.

Bueno, lo había hecho y se acabó. No es que lo fueran a matar, vaya.

En cuanto llegó a la puerta trasera, la abrió de un portazo, dejando la chaqueta como siempre sin ningún cuidado. Sin embargo, se encontró con Setomi en el almacén. Era una chica joven, quizás de su edad, de cabello corto y liso, oscuro, así como sus ojos. Llevaba un vestidito negro con algunos volantes y encajes blancos, y estaba anotando el material recién llegado.

-Eh, buenos días-saludó con una sonrisa. Setomi era quizás otra de las pocas personas que caían bien al pelirrojo. Era una chica tranquila que nunca se enfadaba con nadie y nunca buscaba camorra con nadie.

-Nos días-saludó con la mano-¿Ha llegado la jefa?

Setomi asintió con la cabeza, señalando la puerta con el bolígrafo.

-Está en la tienda-explicó. Miró entonces de arriba abajo a su compañero, con cierta duda en la mirada.

-¿Qué?

-Hum…-titubeó la chica-No sé. Te veo distinto hoy. ¿Te has levantado de buen humor?

Sí, de buen humor, vaya.

-No exactamente-respondió el chico, dirigiéndose a la puerta de la tienda-¿Por qué dices eso?

-No lo sé…Es que te veo muy bien hoy. ¿Has perdido peso?

Kamanosuke se dio la vuelta y miró a su compañera con una media sonrisa nerviosa.

-¿Perder peso? Bah, si yo me mantengo muy en mi línea.

-Pues te veo como más ligero.

-¡Tonterías!

-¿Estás seguro? Jo…-Setomi se miró el vientre y se lo palpó con la mano-A mí me haría falta perder un poco de peso…-miró a su amigo-Dime, ¿tú que dieta sigues?

Kamanosuke casi tropezó cuando abrió la puerta, y dirigió una mirada asesina a Setomi, que no supo la razón de esa reacción.

-¡Tía! ¡Te he dicho que no hago dieta…!

-¿Eeeeh? ¡No es justo!

-¡Que pava estás hoy! Bah, yo me voy adentro.

El pelirrojo cerró la puerta dejando a Setomi de morritos. Miró la tienda vacía y exhaló un profundo suspiro de agotamiento. Espera. No podía picar de nuevo. Que pareciera vacía no significaba que estuviese vacía. Sin mucha confianza se acercó al mostrador y se echó sobre él para ver si Yukari estaba ahí como el día anterior. Qué raro. No, no estaba. De repente, sintió un peso en su espalda y una melosa risa.

-¿Qué haces echándote así sobre la mesa?-reconoció la voz de su jefa-si quieres ir provocando, lo logras, ¿eh?

-Yukari, ¡quítate de encima!-espetó el muchacho, incorporándose y haciendo que la chica se levantara. Como no. "Hoy más que ayer, mañana más que hoy". Llevaba una vistosa falda de tul negro con perlas blancas, así como una blusa sin mangas negra con un corpiño blanco y una corbata del mismo color, con una cruz sobre ella. Se había ondulado el pelo, que le caía blanco por un lado de su cuello, sobre el pecho, y lo tenía también adornado con perlas blancas. A su espalda, asomaban dos alas, una blanca y una negra, con redecillas de tul blanco. Bajo la falda se divisaban unos ligueros blancos con lazos que agarraban unas medias medio rotas negras, y unas botas con adornos plateados con forma de cruces. Que vistoso, por el amor de Dios, se dijo el muchacho.

-Hoy has llegado a tiempo, amor-le dijo ella acercando su cara a la de Kamanosuke-¿me echabas de menos?

-Echo de menos la paga mensual, que es distinto-dijo ácidamente el muchacho, apartándola de él-¡No te me acerques tanto!

-Oh, que rudo~. Me gusta-susurró Yukari, estirando los brazos con ademán de abrazarlo.

Kamanosuke se echó hacia atrás con gesto de asco, intentando apartarla, pero del forcejeo tan estúpido que estaba teniendo con la loca de su jefa, cuando iba a empujarla, su mano acabó inevitablemente en uno sus pechos. Yukari se mantuvo callada y quieta un momento antes de mirar abajo, contemplar la mirada confusa de su esclavo y sonreír maliciosamente.

-Oh, pero que malote.

-¿Te quieres callar ya? ¿Qué te pasa en la cabeza?

Yukari comenzó a reírse fuertemente, sujetándose el estómago mientras daba una vuelta sobre sí misma y se sentaba elegantemente en un taburete.

-¡Que gracioso eres! Me gusta tomarte el pelo.

-Cualquier otra chica me hubiese intentado partir la cara.

-Qué dices, con lo mono que eres-se rió la jefa, balanceándose melosamente. Entonces, cuando vio de cuerpo entero a Kamanosuke, recuperó el semblante serio, frunció el ceño y lo contempló de arriba abajo.

-¿Qué miras?-preguntó Kamanosuke, algo molesto. Otra…

-…-Yukari no dijo nada mientras se mordía el labio de abajo, con algo parecido a enfado. Se detuvo y entonces carraspeó algo por lo bajo, enfurruñada.

-Jefa, ya he mirado las cajas-dijo Setomi entrando a la tienda. Vio el semblante enfurruñado de su superiora y miró luego a Kamanosuke-¿Qué le pasa?

-¡Y yo que sé! Las hormonas de la jefa son especiales.

-Ah…oye, jefa-dijo Setomi, poniéndose al lado de Kamanosuke-¿no cree que hoy se le ve de mejor aspecto? ¿A que parece que está como más delgado y todo?

-¡Bah! ¡Tonterías!-exclamó Yukari, cruzándose de brazos. Jamás iba a aceptar que, ciertamente, ayer no le había visto ningún cambio a peor, pero ese día parecía estar realmente mucho mejor-La ropa de la tienda hace efecto favorecedor, ¿sabes?-dijo, levantándose del taburete-¡Voy a abrir la tienda ya, esclavos! Moved esos preciosos culos para mí~.

-Jefa….deje las anfetaminas…

El día transcurrió sin demasiados problemas. Quizás. A pesar de que el pelirrojo veía que ese día, Yukari le miraba de mala manera, como enfurruñada por algo, no fue algo a lo que le tomase mucho en cuenta. Tampoco quiso darle muchas vueltas a lo que pasó anoche; lo hecho hecho estaba, y conocía a Raizu lo suficiente para saber que tener malos rollos con él sería imposible, aunque fuera un terrorista.

Cuando al fin se aproximaba la hora de cerrar (dado que lunes y miércoles cerraban bastante antes), Setomi propuso tomar algo en la tienda. Como Yukari solía decir a cualquier proposición por indecente y alocada que fuera y Kamanosuke no se negó, la chica salió un momento para comprar ¡oh maravilla! Varios pedazos de tarta, para comérselos tranquilamente en el almacén.

Cuando Yukari los vio, no pudo evitar esbozar una malvada sonrisa. Ladeó la cabeza y comenzó a pinchar con el tenedor su trozo, con una especie de crueldad. Sus dos trabajadores le miraron con cara rara.

-¿Qué hace, jefa?-preguntó Setomi mientras servía té.

-Estaba pensando…algo tan bonito y delicioso como un pedazo de tarta, ¿por qué no debe de ser torturado? Toda esa dulzuuuura y su sabor, ¿qué tiene de malo al ser modificado por los golpes y cortes?-recitó, cual poema macabro. Luego miró a Kamanosuke-Todo ese pecado de la gula que nos lleva al sufrimiento estético, ¿debería de hacerlo…?

El pelirrojo miró mal a su jefa, entendiendo de lejos sus malvadas intenciones. Su pedazo de tarta se hizo entonces de nuevo como una tentativa a engordar. ¡ASDF! Porque le tenía cierto respeto, pero diría que Yukari era una mala puta. Una mala puta muy divertida, pero una mala puta.

-…-Kamanosuke apartó su pedazo de tarta. Se preguntó si era por lo que insinuaba Yukari o por la macabra recitación que había hecho. Parecía un poema gore acerca de triturar y desgarrar, y eso quitaba el hambre a cualquiera.

-¿Eh? ¿Qué pasa?

-Yukari, quitas el hambre a cualquiera cuando abres la boca.

-¿Ah? Ah, cierto, que estás a régimen-canturreó la jefa, rozando con su tenedor el plato del pastel contrario-si estabas cebollón ibas a la puta calle, ¿no?

-¿Jefa?-Setomi pareció entre incrédula y sorprendida, pero con un aire de pesadez. Como si se preguntara como alguien que era su jefe podía ser tan infantil.

-¡Oye, no seas tan borde!

Yukari volvió a reírse fuertemente, más satisfecha.

-Nada, nada, si es por tu bien, cariño~-dijo ella, a punto de clavar su cubierto en la tarta. Justo entonces alguien llamó a la puerta del almacén. El pomo de la puerta giró y Raizu entró tranquilamente, revisando con la mirada la estancia hasta que los encontró.

-Ah, buenas tardes-saludó amablemente.

Cada uno le saludó naturalmente, Setomi con su "Buenas tardes Raizu-san", y Yukari con su típico "Hola, bombón sin envoltorio~". El mayor, tras haberlos saludado a todos, agarró a Kamanosuke del cuello como un gato y lo levantó con confianza.

-Es hora de irse a casa, eh.

-¡Eh, no me tires del cuello!-dijo Kamanosuke, soltándose. No parecía haber ninguna tensión, e incluso parecía que Raizu estaba de mejor humor. Eso era bueno.

-Venga, no te pongas así-se rió el moreno-o nos darán las uvas, no te quejes.

-P-pero…no hemos terminado de comer-razonó Setomi. A ella no le importaba salir a comprar más tarta, o lo que sea. Era una persona que gustaba agradar a todo el mundo.

Raizu miró la tarta un momento. Era una porción de tarta con un poco de nata, pedazos de chocolate y, oh, que recuerdos, unos pedazos de fresa. Que buenos recuerdos.

-Oh, que os aproveche. No os cortéis.

-No, si no nos cortamos…. ¡Nos estamos lamentando de la lástima que es que Kamanosuke no pueda comerla…!-dijo Yukari, pinchando al pelirrojo con el tenedor-Porque si no, te pondrás cebollón, cebollón, ¡cebollón!

-¡Cállate ya!-Kamanosuke apretó los dientes, empezando a impacientarse, de repente, tuvo una idea-Y que sepas que te equivocas, Yukari.

La del pelo blanco le miró con parsimonia, burlona.

-¿Ah, sí?

-Seh-dijo Kamanosuke, cogiendo el pedazo de tarta- ya que Setomi ha hecho el esfuerzo…va a ser una pena que no se aproveche, ¿no?-dijo con tono burlón. La cara de Yukari comenzaba a transformarse en un rictus de sorpresa.

-Oye, no te preocupes por mí…-empezó la morena.

-Oh, por favor, venga ya-dijo Kamanosuke-Con lo buena que eres, en comparación con la jefa

Yukari le sacó la lengua maleducadamente.

-¡Si te pones como un tonel no será culpa mía!

Kamanosuke sonrió, mientras se agarraba del brazo de Raizu y empezaba a tirar de él hacia la salida.

-Nah…ya quemaremos las calorías esta tarde-dijo melosamente el chico-¿No, Raizu?

Raizu, que había estado observando todo con expresión divertida, pareció momentáneamente sorprendido, para luego sonreírle de manera cómplice.

-Vaya, faltaría más. Creo que quedan fresas de ayer, ¿sabes?

-¿Ves, Yukari? No tengo naaaaaaada de lo que preocuparme~-dijo Kamanosuke, dándole un mordisco al pastel y soltándose de Raizu momentáneamente para coger la chaqueta y abrir la puerta-Así que no te preocupes por mí, ¿vale? Voy a mantenerme en forma-dijo finalmente, con una mirada maliciosa. Una de esas miradas que le gustaban a Yukari. Aunque esa vez, no demasiado.

-Hasta la próxima, chicas-se despidió Raizu con la mano, algo más animado. En cuanto hubieron cerrado la puerta tras sí, Setomi se encogió de hombros.

-No lo entiendo. ¿Entonces, Kamanosuke, está a dieta, sí, no, o…?

Yukari, mientras tanto, apretaba enfadada su tenedor, habiendo comprendido el mensaje oculto tras las palabras de su trabajador. Una venita le asomaba en la mejilla, peligrosamente, y finalmente, explotó:

-¡SERÁS PERRA, KAMANOSUKE! ¡¿POR QUÉ TU PUEDES RETOZAR CON SEMEJANTE MAROMO Y A MÍ ME TOCA ESTO?

Y mientras la tienda parecía agitarse de los desgarradores gritos de la frenética y hormonal Yukari, ya a lo lejos, Kamanosuke no pudo menos que reírse vengativamente.

(Nota mental de Kamanosuke: ¡Que te den, Yukari! Aunque con cariño. A lo tonto a lo tonto, gracias a tus amenazas de despido, me lo estoy pasando bien. ¿Qué te ha parecido? ¡Kamanosuke 1, Yukari 0!

Muchos recuerdos de parte de Raizu. ¡Jaja!)

END.

Estoy rodeada de personajes malvados que me torturan :D

Espero que os hayan gustado, sobretodo a tí, Bane *3*