Hola Saku-Neji adictas, después de leer un fic que me marcó para siempre haciéndome creer que esta pareja era totalmente posible y perfecta me decidí a hacer mi propia historia, quizá os parezca un poco rara al principio, pero veréis que todo va enlazando. Espero que os guste mucho y sobretodo que os enganche. (el fic que e mencionado antes se llama Blanco Invierno, es de Holofernes)
¡Vamos allá!

-¿Recuerdas? –Le llegó aquella voz tan familiar. Había estado divagando, pero no podía recordar exactamente sobre que.

-Sakura, ¿me estas oyendo? –su voz era ruidosa, fuerte y aguda, le daba dolor de cabeza.

-Si pesada –exclamó ella volviendo a la realidad. ¿Debería preocuparse? Hacia semanas que le pasaba aquello, quizás debería ir a ver a Tsunade. Todos decían que era una buena doctora -oye encárgate tu de las orquídeas, tengo que hacer algo.

Hecho a correr antes de que su amiga pudiera detenerla, desde que él se había marchado todo había cambiado, ella era distinta mucho más distante y fría, incluso el aire parecía más rancio y cruel. Desde antes de que se marchara había trozos de su memoria que se le escapaban, a veces llegaba a casa sin saber que había hecho en toda la mañana. ¿Fue por el golpe que le dio? Inconscientemente negó con la cabeza, era tan buen ninja como cualquier otro para calcular la fuerza de su ataque.

Mientras seguía pensando llegó a la puerta dela oficina de Tsunade y llamó con los nudillos.

-Adelante –se oyó una voz potente y femenina del interior de la estancia. Cuando abrió la puerta se encontró con una mujer rubia, bien dotada y sonriente.

-Ah eres tu Sakura, ¿Qué quieres?

-Yo… -de pronto le pareció estúpido ir a ver a la Hokage por que se le habían olvidado un par de cosas- bueno…
-Vamos desembucha que no tengo todo el día.

Decidió contárselo por encima y si le decía que no era nada se marcharía.

-Bueno, es que creo que pasa algo extraño –comenzó nerviosa- hace varias semanas… me cuesta mucho recordar, cosas tan fútiles como ir a hacer la compra o entrenar, se me olvida que ya las e echo y vuelvo a hacerlas.

La mujer que al principio sonreía con sorna ahora estaba más bien seria.

-Siéntate Sakura –le indicó. La muchacha obedeció y tomo asiento en una pequeña banqueta de madera pintada.

Tsunade la examinó atentamente, la boca, los oídos, y cuando estaba mirándole la pupila de los ojos se detuvo.

-¿Qué? –preguntó Sakura asustada.

-Nada, solo e visto un pequeño reflejo en tu ojo derecho y lo tienes ligeramente más claro que el otro.

-Es de nacimiento –aclaró ella resoplando.

La mujer volvió andando con gracia detrás de su escritorio y junto las manos sobre la mesa.

-Por lo que e visto no tienes nada inusual. Pero voy a mandarte un ejercicio, quiero que cada día trates de recordar algún episodio de tu infancia y lo escribas en un librito. Si en un mes no mejora tu memoria te haremos pruebas más exhaustivas.

La muchacha asintió en su zozobra, prefería haber acabado con todo aquello de una vez.

Tsunade le dio un pequeño librito verde atado con una cinta y la despidió.

Aquel día tampoco recordó como llegó hasta su casa.

-Es estúpido –gimió varias horas más tarde en su habitación- no recuerdo nada.

Se sentía confusa, desde que él se había marchado nada funcionaba a su gusto.

-Siempre me a ignorado pero… le echo de menos.

Pero el hecho de que Sasuke se hubiera marchado para vengarse de su propio hermano la horrorizaba, ella que era la sensibilidad en persona, estaba entrenando mucho y duramente para poder ser alguien, al igual que Naruto que se había marchado a entrenar con Jiraiya. Ella se presentaría a todas las pruebas que hicieran falta para alcanzar a Sasuke y poder convencerlo de que esa venganza no tenia sentido.

Dicho aquello dejó de auto compadecerse, se miró un instante al espejo, su cabello rosa chicle le llegaba por los hombros, había sido su gran sacrificio, su gran momento de gloria. Durante un segundo había sido ella la fuerte, la protectora. Y volvería a serlo.

Se sonrió al espejo insuflándose confianza, era una chica bonita de apenas 16 años, con unos grandes y brillantes ojos verdes. Había perdido las redondeces de la niñez y ya contaba con varias curvas que rebelaban un adelanto en su madurez.

Tomó aire y observó como su pecho se inflaba. Dentro de poco seria toda una mujer alta y esbelta, y nadie podría obviarlo, ni siquiera el.

Aquella noche se acostó tranquila, y durmió sin sobresaltos, como cuando era una niña.

Una semana después aún no había escrito nada en su diario y cada vez se encontraba más preocupada.

Una tarde decidió ponerse en marcha, seguro que tenía muchísimos recuerdos de la infancia con Ino, total, habían crecido juntas. Cuando se encaminaba a su casa se encontró pensando en el día en que Ino le regaló su pañuelo rojo para que enseñara su frente. Soltó una risita en medio de la calle al recordar y rápidamente lo apuntó en la libreta.

Aquel ejercicio al menos la mantenía ocupada para no pensar en cosas desagradables, y lo agradecía.

-Sa-sakura-san –la llamó una vocecita detrás de ella. Se volvió rápidamente y se encontró de bruces con Hinata. Había cambiado muchísimo a como ella la recordaba.

Ya no era una chiquilla bajita y flacucha, había crecido como una espiga y era casi más alta que ella, el cabello le había crecido muchísimo y le llegaba por media espalda y … en aquel momento Sakura dejó de pensar, había posado su vista un segundo en el pecho de Hinata y ya no tenia palabras. Se había desarrollado bastante más que ella.

La pobre muchacha carraspeó para atraer su atención. Se había dado cuenta y su cara estaba colorada.

-Ah… disculpa Hinata-chan estoy muy distraída estos días- dijo mientras meneaba la cabeza.

-No importa, solo quería saludarte –muy cortés la morena agachó la cabeza sonriendo- iba a encontrarme con Neji-niisan y con Lee-san, ¿y tu?

Por supuesto aquello le sonaba a invitación barata, todo el mundo sabía que ella había sido la última persona en ver a Sasuke antes de su desaparición y también que era la que peor lo estaba pasando al respecto. Había recibido invitaciones de personas con las que ni hablaba desde la guardería.

Se encogió de hombros, hacia tiempo que no veía más que a Ino y su incesante cháchara la agotaba.

-Si no te importa te acompañaré –asumió tranquilamente.

Hinata sonrió con felicidad, le alegraba saber que Sakura no se rendía, siempre había admirado su determinación, sus arrebatos, sus sentimientos tan expuestos.

-Me alegra que vengas, muchos preguntan por ti y por Naruto-kun.

Al mencionarle su cara se volvió roja brillante, miraba solamente al suelo y jugueteaba nerviosa con un colgante de su chaqueta.

La chica del pelo rosado sonrió ligeramente, hacia tiempo que todos sabían las predilecciones amorosas de la morena, excepto quien realmente tenia que verlas.

Decidió que cuando Naruto volviera de su entrenamiento trataría de hacérselo ver.

-¿Has entrenado mucho este verano? –preguntó Hinata tratando de cambiar de tema- se te ve mucho mejor.

En todos los aspectos, pensó Sakura.
-Tsunade me a tenido muy ocupada la verdad, es una gran maestra –contestó la otra- ¿y tu? Por lo que veo has madurado mucho.

Ella volvió a ruborizarse. Por eso era tan cómodo hablar con ella, no chillaba ni armaba escandalo, era tranquila y reservada, y le hacia mucha gracia la vergüenza que le daba si le decían cualquier piropo. Definitivamente le caía francamente bien, y se alegraba mucho de habérsela encontrado aquella mañana.

-E-entreno todos los días con Neji-niisan. Es muy paciente conmigo.

Asintió con la cabeza como dando gracias que su primo se molestara en atenderla.

-Y muy bien que hace –respondió Sakura, nunca le había gustado el carácter hosco y abiertamente hostil de Neji. Para ella era un relamido imbécil- si te trata mal dímelo y…

Pero en aquel preciso instante llegaron a la explanada de hierba que servía como lugar de entrenamiento a los ninjas de Konoha. Era una gran extensión de arboles, arbustos, hierba y flores, de niña había ido allí muchas veces a recoger flores puesto que a las mujeres ninja las entrenaban en todo tipo de artes como detectar venenos, crear antídotos, diferentes maneras de matar a un asaltante por la espalda o el arreglo floral.

Se le había quebrado la voz por que en ese justo momento Neji Hyuuga, más alto e imponente que nunca tumbaba a un Rock Lee de una sola patada, arrastrándole varios metros por el suelo.

-No he dicho nada –soltó Sakura haciendo una mueca y echando a andar hacia su amigo.

Hinata la siguió sonriendo hasta donde yacía el cuerpo magullado de un muchacho alto y muy delgado, ambas sabían que aquello era muy poco para el asique esperaron que se levantara solo.

-Me has pillado en una mala posición Neji, intentémoslo de nuevo –pidió con furia pero al ver que su contrincante no lo observaba a él se giró y vio a las dos muchachas.

Con la velocidad del rayo se plantó al lado de Sakura como un imán.

-Una bella flor que a renacido de sus cenizas para ser más bella y fuerte que nunca –exclamó lleno de energía.

-Yo también me alegro de verte Lee –río ella. Había acabado por acostumbrarse a sus payasadas y para no ser tachada de mal educada sostuvo la mirada de Neji durante un segundo y agachó la cabeza en un mudo saludo. Cuando la levantó supo que el había hecho lo mismo. –Más estirado que el palo de una escoba- pensó.

-Tsunade-sama me a contado tus progresos –habló el muchacho risueño- dice que has desarrollado una fuerza descomunal.

Aquello la pilló por sorpresa, incluso Neji desde la distancia la observaba con interés, negó con la cabeza ligeramente azorada, era cierto que lo que le había enseñado la Hokage era muy útil e impresionante pero no era para todas las situaciones, acarreaba muchos destrozos.

-Apenas… -susurró ella.

-Vamos Sakura-san –le llegó la tímida voz de Hinata- yo también quiero verlo…

-De verdad que no es nada impresionante ni… -comenzaban a ponerla en un apuro y tenia que admitir que la fija mirada del Hyuuga le ponía los pelos de punta- apenas tengo nivel para lo que Tsunade me esta preparando…

-Lucha conmigo o con Hinata-san –aclaró Lee- solo queremos verlo. ¡Por favor!

-No, que luche contra mí.

Aquella voz le recorrió la espalda como un calambre, Neji Hyuuga el impasible se encontraba frente a ella, escrutándola con sus ojos carentes de color y el semblante serio.

-No seré duro contigo, Haruno -no se burlaba, solo constataba un hecho.

Durante una fracción de segundo esas mismas palabras le llegaron desde el fondo de su memoria pero las decía otra persona, con otra voz, era cálida y amigable, reía. ¿Un amigo? ¿Cuándo? ¿Quién?

-¿Te encuentras bien Sakura-san? –la voz de Hinata la sacó de su trance como una bofetada- estas muy pálida de pronto…

Los miró de hito en hito tratando de serenarse, pero el corazón le latía a toda velocidad ¿Qué estaba ocurriéndole? ¿Qué eran esas imágenes, esas voces que inundaban su cabeza? ¿Recuerdos? Pero ¿Por qué no recordaba nada?

-Tengo que marcharme –susurró tratando de sonar normal- lo siento.

Expresamente esquivó su mirada, aquellos ojos feroces, carentes de pupila que habían desatado aquella reacción en cadena.

Ando ignorando las voces de sus amigos que la llamaban y volvió a pensar que quizás si el no se hubiera marchado ella estaría ocupando su mente con fantasías románticas y no con entrenamientos o recuerdos que ni siquiera sabia si eran suyos.

Al llegar a la puerta de su casa como una autómata se detuvo, había una discusión dentro. Trepó alerta por la pared hasta llegar al balcón de su habitación, entró y escuchó pegada a la puerta.

-¿No podemos hacer nada? –preguntaba su madre angustiada.

-Quizás era demasiado pequeña para eso… quizás fuimos unos inconscientes –murmuraba su padre.

-Hicieron lo que debían hacer –proclamó autoritaria una voz que conocía muy bien- Lo único que podemos hacer es intentar evitar que recuerde. No dejen que hable o se vea con ninguno de los Hyuuga.

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Tsunade aconsejaba a sus padres que no viera al clan Hyuuga?

Estaba ligeramente mareada y respiraba entrecortadamente, pero siguió con la oreja pegada a la madera de la puerta.

-¿Tan malo seria que lo recordara? –Preguntó su madre- era muy feliz…

-El problema es que no lo sabemos, aquella técnica se a utilizado solo en tres pacientes y ella es la primera que demuestra síntomas –habló la Hokage apesadumbrada- creo que esta empezando a recordar, pero al recordar el pasado olvida su presente. Aprecio mucho a Sakura, y tiene un gran futuro, por eso yo les aconsejaría que la apartaran de esa familia.

-Muchas gracias Tsunade-sama –declaró su padre más tranquilo.

Ella se apartó de la puerta, le sudaba la frente, se sentía febril. De pronto todo su mundo se estaba viniendo abajo. ¿Qué era lo que no le habían contado? Siempre había pensado que sus padres eran completamente sinceros con ella, y lo mismo pensaba de su maestra. ¿Y que era aquello de la técnica que solo se había aplicado a tres pacientes?

Se llevó una mano a la frente, perlada de sudor frio, y comenzó a tiritar. Pero por algún motivo no podía quedarse allí. Salió por donde mismo había entrado y hecho a correr.

No supo por donde iba hasta que se topó con un bonito árbol de cuya rama colgaba un columpio. La Academia.

El ocaso hacia que todo se volviera irreal, las formas, las sombras, todo cambiaba, los colores eran mas tristes. ¿O era la fiebre la que le hacia ver aquellas cosas? ¿Cómo iba a diferenciar entre la realidad y lo que no era real si estaba enferma? ¿Cómo podría salvar a Sasuke de su destino si ella misma era débil?

Después de aquel pensamiento las lagrimas se le agolparon en los ojos y apoyo la cabeza en una de las cuerdas del columpio donde estaba sentada. El columpio que siempre usaba Naruto cuando no tenía amigos. Cuando ella misma lo había despreciado.

Se sintió como si tuviera millones de sentimientos distintos tratando de salir de ella, y una bola como de plomo le aprisionaba el pecho.

-¿Sakura?

La muchacha levantó la cabeza de un susto. A través de las lágrimas reconoció una figura que había visto mil veces.

-Kakashi-sensei…-susurró secándose las lágrimas con el dorso de la mano.

-¿Te encuentras bien? –preguntó el mirándola más de cerca- pareces enferma. Deberías irte a casa.

-No quiero ir a casa, ya… no parece mi casa.

-Entiendo –susurró el hombre. Se puso a su lado. Había apreciado como ella cambiaba poco a poco, por Sasuke había sacrificado todo lo que tenia y aquello la hacia digna de admiración. Pero no esperaba que hubiera cambiado tanto. ¿Dónde quedaba aquella niña ruidosa y despistada, flaca como un palito? Ahora era un misterio, silenciosa a veces, risueña, fuerte, débil. Tras varios minutos de silencio ella se había calmado.

-Gracias Sensei -le sonrió.

-Pero si no he echo nada –explicó el riendo.

Sakura agradecía de todo corazón el que la hubiera acompañado esperando que se tranquilizara, a veces era lo único que hacia falta.

-Creo que estoy enferma, voy a marcharme a casa –se levantó del columpio y estuvo a punto de caer cuando se tambaleó.

Kakashi se fijó mejor y sus mejillas estaban muy rojas, tenía la frente mojada de sudor y temblaba levemente.

Con tranquilidad la ayudo a estabilizarse, entrelazó su brazo con el de ella sujetándola y empezó a andar.

-¿Qué…? –quiso saber ella con voz débil.

-No puedo dejar que andes enferma por Konoha sola, podrías caerte. Te acompañaré a casa.

Anduvieron varias calles en silencio, la oscuridad hizo acto de presencia y al momento las farolas y las luces de los comercios se encendieron. Cuando se detuvieron en la puerta de su casa ella le dio las gracias.

-Sensei… ¿cree que algún día volverá?

El maestro la observó durante un segundo en silencio.

-Si vuelve… no será el mismo Sakura. Debes hacerte fuerte, no por el, sino por ti misma. Debes dejar de vivir por el y empezar a vivir por ti.

Aquello la dejó impresionada, Kakashi siempre le había dicho lo que quería oír y cuando había preguntado en el fondo esperaba que la hubiera tranquilizado como siempre, pero en cambio le había respondido con el corazón en un puño, preocupado por ella.

Sin tener el valor de volver a mirarlo a los ojos se metió en casa y subió a su cuarto.

¿Cómo se podía vivir para uno mismo cuando toda la vida había girado en torno a otra persona? ¿Cómo pensar en uno mismo cuando se había pasado años memorizando cada gesto, imaginando situaciones con el? Para ella era inconcebible, no tenia sentido vivir sin el. O eso pensaba hasta hacia muy poco. Pero cuanto más tiempo pasaba sin el, más cuenta se daba que él nunca la había necesitado cerca. Las palabras que le había dirigido se podían contar con los dedos. ¿Cuánto tiempo puede uno pasar soñando hasta que despierta en la cruda realidad?

Sakura despertó en el momento en que entró en su habitación y todas esas preguntas le inundaron la mente. Kakashi tenia razón, si el regresaba no seria por ella. Debía dejar de esperarle, pero su corazón opinaba que era mucho más fácil seguir mintiéndose.

Toda la noche llorando y delirando le dio la tregua que necesitaba, y al final su corazón se rindió ante la evidencia. Debía vivir para ella.

¿Qué tal? Espero que os haya gustado y que esperéis un poquito hasta el siguiente. La historia esta fija en mi cabeza así que un poco de paciencia, en seguida subiré el segundo.

Cuentame lo que quieras mandándome un rewiew! ^^