Advertencia: Éste es un capítulo –M– así que manéjese con cuidado.


JAIME

Las semanas siguientes a la caída de Meereen se podrían describir simplemente como atareadas y llenas de sorpresas o bien como caóticas y llenas de cadáveres. Jaime, al igual que Ser Barristan y Robb, creyó que Daenerys marcharía a Westeros tras saquear la última de las ciudades de Slaver's Bay; no era una mala idea tomar lo que pudieran para continuar su camino pero se equivocó. La reina, en su infinita sabiduría, decidió que era tiempo de detenerse, así que permanecería aquí para apaciguar los ánimos y aprender a gobernar.

Buena suerte con eso, esta gente jamás la va a aceptar como su verdadera reina –si había algo que se podía decir de la gente de Meereen, es que era necia, las revueltas en las calles, los continuos atentados contra los hombres de Daenerys, los Unsullied hallados muertos, no hacían más que gritar sin voz que no se rendirían tan fácilmente como sus traicioneras murallas. Los Hijos de la Arpía, como se hacían llamar los rebeldes, atacarían a la reina dragón sin descanso y Daenerys en vez de estarse desgastando aquí debería marcharse pero, ésa era su opinión y ya que nadie se la había preguntado no la expresaba en voz alta.

Y la revuelta era precisamente lo que había traído a Jaime este día a la ciudad. Una vez más vestía de blanco pero ahora como miembro de la Queensguard, y una vez más se hallaba bajo las órdenes de Ser Barristan– Está bien, de cualquier forma nunca me gustó mucho ser Lord Commander, ésa fue idea de mi dulce hermana –tenía órdenes de acudir al establecimiento que había visto por última vez con vida al Unsullied asesinado la noche anterior, un burdel ni más ni menos. ¿Qué hacía un eunuco en un establecimiento así? Según Grey Worm al difunto le gustaba sentir el cuerpo de una mujer a su lado, aunque no pudiera disfrutarla de ninguna otra manera.

No importa que tan buenos guerreros sean, para mí no son hombres y no son mujeres, son algo sin nombre que avergüenza al resto…Dan lástima –Jaime había hecho las preguntas necesarias a través de su interprete, un chico que no levantaría más de uno y diez años, y se dispuso a marchar en buscar del regalo que tenía planeado para Robb. El día de su nombre sería al día siguiente y el León de Lannister había enviado a Moonblood con el herrero para que le cambiara la empuñadura de leones por una de lobos.

Debo recoger la espada ahora que tengo tiempo. Le conviene al herrero haber hecho todo lo que prometió o encontrará que aún sin una mano no es bueno meterse conmigo –si bien los ánimos en Meereen distaban mucho de estar calmados, al menos de día la ciudad hacía un intento supremo por aparentar normalidad; poco a poco el comercio resurgía con la misma fuerza de una bestia moribunda y la gente paseaba por las calles tratando de lucir como si nada ocurriera.

— Vamos –dijo a su interprete. Alcanzó la calle, ajustándose su mano dorada y alisando las arrugas de su manga, cuando la última persona que esperó encontrarse ahí pasó frente suyo a escasas cuadras. ¿Robb?, ¿qué está haciendo aquí?…

Su Lobo salía de una casa oculta en la esquina, cubierto con una capucha obscura y sin Grey Wind a su lado; casi daba la impresión de que no quería ser reconocido pero Jaime sabía que se trataba de él, lo conocía más de lo que a Robb le gustaría.

— ¿Qué es ese lugar? –preguntó y el chico que lo acompañaba estiró el cuello para ver en qué dirección señalaba.

— Es una casa de placer, mi Señor; la llaman el Jardín de los Frutos Prohibidos –la respuesta no le gustó.

— ¿Un burdel cómo el que acabamos de visitar? –el chico negó con la cabeza.

— No, mi Señor. El Jardín de los Frutos Prohibidos –señaló hacia la esquina— Sólo ofrece los servicios de jóvenes, no encontrará una sola mujer ahí –eso le gustó aún menos.

¿Por qué visitaría Robb un burdel? –casi podía escuchar la risa de Tyrion y su tono sarcástico diciendo: "¿para qué más?." Y los celos ardieron amenazando con quemar su razón recordando como su Lobo había desnudando con la mirada al esclavo en Yunkai. Estaba enojado y herido, una mala combinación; entendía porqué Robb iría a un burdel, en especial si buscaba a alguien más joven que él— No debe ser divertido que te la estén metiendo siempre, debe sentir curiosidad por saber qué se siente tener debajo a un chico más joven –pero entender sus razones no mejoraba su situación y las cosas no hicieron más que empeorar cuando llegó la noche y su Lobo entró a la habitación de ambos.

— ¿Cómo estuvo tu día? –preguntó Jaime, viendo como Robb tiraba sobre la silla más cercana su camisa. No pasaba un día sin el que el Señor de Winterfell no se quejara del calor lo que usualmente daba como resultado que buscara cualquier pretexto para quitarse la ropa, y esto, en condiciones normales, hacía muy feliz a Jaime…pero hoy no.

— Largo, caluroso y problemático. Daenerys está preocupada, como si todo lo que está pasando en la ciudad no fuera suficiente, ahora Drogon pasó de comer ganado y ovejas a devorar al hijo de un granjero –su Lobo se lavó el rostro en una vasija—Está pensando seriamente en encerrar a sus dragones para evitar más incidentes como éste.

— ¿Y tú qué le aconsejaste? –Robb y la reina eran ahora amigos, después del accidentado comienzo habían descubierto que les agradaba bastante platicar y solían pasar horas en el jardín compartiendo historias. En ocasiones Jaime tenía la impresión de que Daenerys buscaba en su Lobo el reemplazo para Ser Jorah y que Robb la comenzaba a ver como a una de sus hermanas. Cualquiera que fuese la razón el punto era que se estaban haciendo inseparables.

Robb secó su rostro antes de responder.

— Es una buena idea. No hay que darle a los Hijos de la Arpía más razones para odiarla y encerrar a los dragones en lo que descubrimos cómo entrenarlos calmará los ánimos.

Jaime caminó hacia la ventana, descansando su peso contra el marco. Tenía una vista privilegiada de la ciudad y su habitación siempre parecía oler a miel gracias al perfume de las numerosas flores en los jardines adornando la pirámide.

— ¿Estuviste con Daenerys todo el día?.

— Sí.

¡Mentira! –quería gritárselo a la cara pero consiguió suprimir su ira y responderle con un seco...

— Mm.

-o-o-o-

Por más que se dijo que aquello era una pésima idea no pudo evitarlo y, al final, Jaime le pagó a un niño para que siguiera a Robb al día siguiente. Podría ser el día el nombre de su Lobo pero sus celos podían más que todo e incluso Daenerys notó que algo le inquietaba.

Ser, si no puedes estar quieto deberías hacer algo con tanta energía –aconsejó Ser Barristan al verlo caminar por la Gran Pirámide como león enjaulado.

Y por una vez hizo lo que le decían y se marchó a entrenar— Tal vez después de unos cuantos golpes logre calmarme –pero, si el ejercicio consiguió apaciguar su corazón, fue un esfuerzo inútil pues en cuando el niño volvió con noticias de su Lobo la furia se apoderó una vez más de él.

— ¿Estás seguro?.

— Sí, mi Señor. Lord Stark acudió al Jardín de los Frutos Prohibidos –confirmó el niño.

No te bastó una vez, tenías que ir del diario –y furioso se dirigió a grandes zancadas a la habitación de ambos.

Halló a Robb de espaldas frente a una mesa pequeña, y en cuanto la puerta se abrió el sonido lo hizo girarse. Jaime pudo ver que sostenía en sus manos a Moonblood, con su ahora soberbia empuñadura de Lobos. Stark le sonreía, tan feliz que lo aturdió, ¿cómo podía sonreír de ésa forma después de lo que había hecho, de que lo había traicionado?.

— No sabía si era una sorpresa pero, encontré a Moonblood aquí y no pude evitar notar su nueva empuñadura –dijo su Lobo. Tomó la espada por el mango y sus dedos rozaron las cabezas de lobo—. Gracias, no puedo recordar un regalo mejor que éste.

— Me alegra que te gustara –el tono frío de su voz borró la sonrisa de Robb.

— ¿Qué ocurre?.

De dos zancadas Jaime llegó hasta él, lo tomó del brazo, empujándolo hacia atrás hasta que chocó contra la mesa tirando la vasija que la adornaba, los pedazos lanzados en todas direcciones.

— Te voy a decir exactamente que me ocurre –siseó cerca de su rostro— No me hace muy feliz descubrir que te has estado metiendo en las casas de placer de Meereen viéndome la cara de imbécil.

— ¿Quién te…?

— Seré manco pero no ciego, te vi con mis propios ojos ayer, saliendo como un ladrón cubierto para no ser reconocido –Jaime podía sentir la ira latiendo contra sus sienes.

— Jaime, déjame explicarte –habló con cautela, despacio, sopesando cada palabra— Te juro por mi honor que no es lo que estás pensando –el León de Lannister lo soltó y se alejó unos pasos de él, dando vueltas sin rumbo y sin saber qué hacer consigo mismo.

— Habla.

Robb tomó aire y dejó Moonblood de nuevo sobre la mesa.

— He acudido a la casa de placer toda la semana pero no buscando acostarme con alguien…si no…para preguntar, sólo preguntar –ahora lucía avergonzado.

— ¿Preguntar qué? –se detuvo de pronto y se giró para verlo.

El color se le subió al rostro y su Lobo observó sus manos como solía hacerlo cuando estaba nervioso.

— Quería saber cómo hacer el amor contigo sin dolor –era evidente que a Robb le había costado mucho tener que confesar aquello y Jaime comenzó a tranquilizarse.

— ¿Por qué no me dijiste nada?.

Robb resopló.

— Era una sorpresa, además no me sentía cómodo anunciando que estaba acudiendo del diario al Jardín de los Frutos Prohidos.

Silencio.

— Y…¿aprendiste algo? –fue lo único que se le ocurrió preguntar a Jaime y su Lobo rió divertido, rompiendo con el momento de tensión.

— Algunas cosas –Robb avanzó hacia él, despacio, cada movimiento calculado, deteniéndose sólo hasta que Jaime lo tomó por la cintura, obligándolo a levantar el rostro para verlo a los ojos.

— Porque no me muestras –ronroneó contra sus labios pero su Lobo no le respondió de inmediato.

Estaba disfrutando del seducirlo por primera vez en su vida, podía saberlo sólo con ver el brillo hambriento en su mirada— Hambre, es la forma más correcta que encuentro para describir lo que siente, lo que sentimos ambos –aquella emoción que le recorría el cuerpo atenazando su alma e inflamando sus sentidos era un hambre terrible que aullaba y gritaba pidiendo a gritos ser saciada, un vacío dentro de él que debía ser llenado a cualquier costo.

Robb deslizó sus labios contra los suyos pero sin llegar a besarlo, tan sólo disfrutando de la sensación relajante de su piel contra la propia. Jaime cerró los ojos y lo obligó a abrir la boca con la punta de la lengua, besándolo lentamente al principio antes de forzarlo a recibirlo, de luchar contra su lengua arrancándole gemidos casi musicales. Su Lobo deshizo los broches de su ropa, desatando amarres y maldiciendo silenciosamente los botones, hasta que su tersa piel quedó expuesta.

Su Lobo recorrió su pecho con las palmas de las manos abiertas, haciéndolo estremecer al rozar sus pezones.

— ¿Te…gusta?…—suspiró Robb en su boca, entre beso y beso.

Jaime descansó la frente contra la de del menor, depositando un par de besos lentos sobre sus labios antes de responder.

— ¿Por qué me tienes miedo, amor mío?.

— No te temo…es sólo…temo hacer el ridículo frente a ti…que creas que soy un tonto –Robb dejó un beso con la boca abierta sobre su pecho y él rodeó su cintura con el brazo derecho.

— Mírame –su Lobo obedeció y levantó el rostro—. Robb no hay nada que puedas hacer que me haga pensar eso de ti –acarició su mejilla con la propia, como lo haría un gatito, rozándolo con su nariz y haciéndole cosquillas con sus pestañas—. No tengas miedo, simplemente has lo que quieras conmigo –tomó la mano del menor y la guió hasta su pecho, rozando con sus dedos y los propios su pezón.

Un delicioso cosquilleo lo recorrió al sentir sus tímidas caricias, besó la cabeza de su Lobo, aspirando el aroma de su cabello y pronto sintió que no necesitaba guiarlo más, Robb lo rozó con su pulgar, pellizcó la delicada piel con cuidado y jugó con ella una y otra vez hasta que su pezón se sintió duro contra sus dedos.

— Nada mal… –Jaime lo tomó de los glúteos con fuerza, acercándolo más a él y su Lobo inclinó la cabeza para atrapar el abusado bulbo en su boca, abrazándose a él como si la vida se le fuera en ello.

Estaban tan cerca que podía sentir el duro deseo de su Lobo contra él y aquello no hizo más que vivar el fuego que comenzaba a correr por sus venas. Como pudo cargó a Robb y el súbito movimiento hizo reír a su Lobo entre divertido y nervioso.

— Me vas a tirar –se quejó Robb, aferrándose a él con brazos alrededor de su cuello y piernas abrazando su cintura.

Casi –pensó Jaime, haciendo lo que podía para sostenerlo con una mano— Pesa mucho más que Cersei, ¿qué estaba pensando para hacer esto?.

—No es mi culpa que estés tan gordo –lo molestó el León de Lannister, reclamando sus labios una vez más, casi tropezando bajo su peso hasta que halló la pared y recargó la espalda de su Lobo contra ella.

— Debilucho… –protestó Robb entre besos, abriendo la boca como si deseara que devorara su alma, sus manos recorriendo el torso de Jaime, tratando de cubrirlo todo de una vez sin saber por dónde comenzar. Todo él era perfecto— Mío, eres mío –habló entre susurros. Sus dedos se deslizaron por su ondulante abdomen, podía sentir cosquillas en las yemas y cada palpitar de su corazón clamaba porque el León de Lannister los embistiera como una bestia— Jaime…—jadeó contra sus labios una vez que alcanzó su cinturón—…sé, ahora…Mmm…sé cómo…hacerlo sin…dolor…Mmm

Jaime detuvo sus besos y lo observó con atención– ¿Es eso cierto? –podía sentir su pulso acelerarse y sus pantalones apretar ante la sola idea de poder descansar dentro de su Lobo sin herirlo.

— Muéstrame –la emoción en su voz era evidente pero no tenía intención en ocultarla, no con Robb, a él nunca más le ocultaría lo que se escondía en su corazón, jamás volvería a guardar silencio acerca de sus planes. Sus besos se detuvieron, lo dejó bajar y su Lobo se hincó a un lado de la cama para sacar de debajo una pequeña caja de madera.

— En el Jardín de los Frutos Prohibidos hay libertos entrenados en el arte de los Siete Suspiros y los Dieciséis Asientos del Placer, y ellos me hablaron de lo que se debe hacer –se levantó con la caja entre las manos y el cabello castaño cayendo desordenado sobre sus ojos— No te lo voy a negar, me insistieron mucho para mostrarme de forma más er- gráfica como hacerlo, me argumentaron que era más sencillo si lo experimentaba y que ellos lo harían de tal forma que soñaría con sus manos sobre mi cuerpo por el resto de mis días.

— Puedo imaginarlo, después de todo no sólo eres hermoso también eres el comandante de las huestes de Daenerys y su amigo –Jaime y Robb tomaron asiento sobre la cama, la caja de madera descansando misteriosamente sobre las piernas de su Lobo. Sabía que a Robb le incomodaba que le hablara de lo hermoso que era pero en esta ocasión lo dejó pasar sin comentarios.

— Jaime, no me acosté con nadie, lo juro por la memoria de mi señor padre –le sostuvo la mirada y Jaime pudo leer ahí una necesidad inmensa de ser escuchado, comprendido y de que creyera en sus palabras.

— Si cualquier otro me lo dijera no creería nada –respondió al fin— Pero viniendo de ti, sé que es verdad –tomó el dorso de su mano y la besó, sintiendo como se relajaba visiblemente—. Ahora dime, ¿qué tanto te dijeron?.

Robb le sonrió de aquella forma dulce y hermosa que calentaba su corazón, un bálsamo para viejas heridas y dolorosos recuerdos. Se puso de pie y para completa fascinación de Jaime comenzó a desvestirse, teniendo cuidado al descartar cada prenda, dejando que la tela se deslizara por su cuerpo como la caricia de un amante— Si está tratando de seducirme lo está consiguiendo –podía sentir su cuerpo ardiendo como si tuviera fiebre. Pocas veces había tenido la oportunidad de verlo completamente desnudo pero en ése momento se juró que rectificaría el error de ésa noche en adelante.

De la misteriosa caja sacó una botella, apretándola con fuerza para evitar que sus manos temblaran. Estaba nervioso.

— No he hecho esto antes –confesó con sus mejillas ardiendo como antorchas— Pero me explicaron que tú…que no puedes tomarme simplemente como a una mujer, debes…prepararme.

Tiene sentido –pensó.

— ¿Cómo? –su pregunta hizo sonrojar a Robb aún más.

— Con esto –le entregó la botella y Jaime la destapó, acercándola a su nariz.

— ¿Aceite? –tan pronto pronunció la pregunta comprendió la respuesta. Claro, por supuesto, ¡aceite!— Debí imaginarlo antes.

Su Lobo gateó hasta tomar asiento sobre su regazo y le sonrió como un depredador en cuanto sintió aquél bulto atrapado en sus pantalones. La sonrisa no hizo más que agrandarse cuando meció su cadera y le arrancó un largo gemido.

— Te gusta –esta vez no estaba preguntando. Jaime le respondió tomándolo detrás del cuello, dejando caer la botella sobre el colchón, para besarlo profunda y posesivamente, buscando que no olvidara nunca que era suyo.

No sabría explicar cómo pero, de alguna manera en medio de aquél caos de besos, manos y caricias, acabaron sobre los múltiples cojines de la cama, Robb con la espalda contra el respaldo y él encima en cuatro con mucho menos ropa de la que traía cuando comenzaron.

— Dame tu…mano —pidió su Lobo jadeando y él tuvo que hincarse entre sus piernas para entregársela.

Robb buscó la botella y tomó asiento, abriendo su piernas todo lo que le era posible descansando la espalda contra la cabecera y los esponjosos cojines. Su Lobo vació el aceite generosamente entre sus dedos, teniendo cuidado de cubrirlos y guió su mano hasta su expectante entrada.

— Tienes que humedecerme –explicó, abochornado como muy pocas veces lo había estado en su vida— Pero también, dilatarme.

Era la instrucción más extraña que había escuchado en su vida pero una vez que lo consideró con calma entendió el sentido.

— Está bien, ¿estás listo? –Robb afirmó con la cabeza y Jaime introdujo sus dedos índice y medio en él.

Mmm…—su Lobo suspiró largamente, haciendo un esfuerzo por relajarse tal y como le habían dicho o volvería a doler.

Jaime se concentró en su tarea, esparciendo el aceite lo mejor que pudo, cubriéndolo, no había nada de espectacular en esto hasta que, por accidente, rozó las delicadas paredes de carne que lo tenían atrapado en un cálido abrazo; entonces Robb pareció derretirse y deshacerse en suspiros— Como aquella noche en el bosque…ahora empiezo a entender algunas cosas –un dedo más se unió al resto y su Lobo se arqueó hermosamente para él.

Uhhhhhhh…así…justo así…dijeron que…Mmm…se sentiría…

Jaime estaba comenzando a notar que cuando Robb se encontraba muy excitado hablaba de más— Curioso, tomando en cuenta que por lo normal él no habla más de lo necesario.

— ¿Y te dijeron cuando estabas listo? –la bestia hambrienta en su interior clamaba por tomarlo ya, no creía que pudiese esperar por más tiempo.

— Dijeron que…cuando…—bajó la cadera, buscando empalarse en sus dedos— Me sintiera…listo…—sacó sus dedos y Robb protestó gruñendo con suavidad– ¿Qué haces?.

— Te vas a correr si sigo –una vez más se acomodó en cuatro sobre él y se inclinó para besar sus labios—. ¿Cómo te sientes?.

— Listo.

— ¿Estás seguro? –como respuesta Robb tomó su duro deseo en su mano, callando sus protestas exitosamente y reemplazándolas por musicales suspiros.

Su Lobo le sostuvo la mirada cargada de un deseo que le resultó estremecedor, y con la mano libre buscó de nuevo la botella de aceite. Ahora fue el turno de Jaime para gemir larga y sonoramente cuando las manos de Robb lo cubrieron con el líquido, deslizándose con facilidad de arriba abajo. Su cuerpo ardió de pies a cabeza y cayó sobre sus brazos, sobre su Lobo, incapaz de poder sostenerse por más tiempo con una sola mano. Se estremeció por completo, su rostro escondido en el cuello de Robb, haciéndole cosquillas con su trabajosa respiración.

Nunca había sentido algo tan delicioso, las manos de su Lobo recorriéndolo con la facilidad que les daba el aceite lo tenían viendo estrellas— ¡Por los Siete! –pensó gimiendo y gritando con todas su fuerzas cuando Robb giró el pulgar sobre su punta.

— Robb…Mmmm…—suspiró contra su piel no muy seguro de lo que sentía, una sensación que hacía bailar su sistema nervioso y su alma temblar rendida ante el que fuese Rey en el Norte…y de pronto todo se detuvo— ¿Qué demo…?.

— Es la primera vez que gritas mi nombre –Robb habló como si hubiese conseguido conquistar los Siete Reinos él solo, alegre y orgulloso—La primera vez que yo te hago estremecer.

Jaime se enderezó sobre sus codos y lo vio a través de desordenados mechones rubios, sus labios húmedos y ligeramente separados, jadeando, y las mejillas ardiendo.

— Y por tu bien… espero que… no sea la última –su Lobo rió divertido y rodeó su cintura con las piernas.

— Me dijeron que es más fácil si me tomas por detrás –susurró Robb. Jaime besó su mejilla.

— Nunca te tomaría de ésa manera, como a una ramera.

— Entonces, ¿qué esperas? –nunca antes Robb le había parecido tan endiabladamente seductor como en ése momento, con la voz adormilada y ahogada, necesitado desesperadamente cualquier cosa que él deseara darle.

Entrar en su Lobo nunca había sido tan sencillo, como deslizarse entre seda y satén, llenándolo por completo por primera vez, como una espada dentro de su funda— Esto es irreal, perfecto.

— ¡Por los Siete! –exclamó casi al mismo tiempo que Robb se arqueaba por completo, gimiendo con toda la fuerza de sus pulmones, estremeciéndose por completo.

Al fin, aquella hambre, aquél vacío que pedía a gritos ser llenado encontraba lo que por tanto tiempo había deseado— Al fin puedo decir que es uno conmigo –moverse en su interior era una delicia y su Lobo parecía derretirse a cada embestida, primero lenta y calculada, pero cada vez más y más rápida, saliendo casi por completo antes de arremeter de nuevo.

— ¡Por todos los…uhhh…dioses! –jadeó Robb, su boca permanentemente abierta en una 'O' en busca de aire. Se aferró con las piernas de él y sus dedos se enterraron en la piel de sus brazos— Jai…me…no…te…Mmmm…detengas…

Ni siquiera cuando se había encontrando descansando dentro de Cersei se había sentido como ahora, embriagado de un mar de sensaciones que lo golpeaban sin misericordia en aquellos gloriosos momentos. No era el hecho de que Robb fuera un varón, no, era el saber que al fin era uno con la persona que se había adueñado de su corazón, lo más preciado que existía para él en el mundo, aquél por el que merecía la pena vivir y morir, su razón para existir—Encontré a mi verdadera mitad.

— Robb…—creyó que iba a desmayarse, cada vez que los músculos de su Lobo se cerraban alrededor de él fuego corría por sus venas, llevándose todo para reemplazar con la más maravillosa sensación de placer y gozo que había experimentado en su vida. La fricción era deliciosa, quería más y más de ella y, sin notarlo lo embistió con tal fuerza que lanzaba el cuerpo del menor hacía delante y hacía atrás con violencia.

Jaime lo levantó como pudo por detrás de la espalda para sentarlo sobre su regazo, atrapado entre la cabecera y su propio cuerpo. Una sensual sinfonía de gemidos y suspiros los acompañó, estaba tan dentro de Robb que se creía capaz de tocar su alma. Su Lobo meció la cadera, montándolo, acompañando cada movimiento suyo para hacerlo rozar las nubes con la punta de sus dedos.

Los muslos del León de Lannister ardían a causa del esfuerzo pero ésa era la última de sus preocupaciones, aunque al día siguiente todo su cuerpo doliera, no podía detenerse. Robb murmuraba casi como si delirara, su brazos alrededor de su cuello, sus rodillas presionando sus costados. Su Lobo, aquella visión de belleza que brincaba sobre él, arrojó la cabeza hacia atrás y él lamió su garganta, el pulso acelerado debajo de él, probando el sabor salado del sudor que cubría su piel como el rocío de la mañana.

— Jaime…no puedo…yo voy… —el León de Lannister no supo bien qué hacía, tan sólo siguió sus impulsos y tomó su duro deseo en la mano, pasando su pulgar por la punta— Nnnmmmm…¡Jaime! —su toque probó ser demasiado y Robb se vació en su mano gritando su nombre.

La presión de sus rodillas cedió y pudo sentir su cuerpo relajándose bajo sus embestidas pero su hambre aún no estaba saciada y continuó entrando y saliendo de él sin poder detenerse hasta que finalmente todo terminó. Un par de embestidas más y Jaime descansó la frente contra la de su Lobo, jadeando pesadamente, el sudor manteniendo su cabello rubio adherido a sus mejillas y cuello.


N/A: Lamento mucho la tardanza en actualizar, mucho trabajo en la oficina. Mil gracias por todos los Mensajes Privados y su apoyo ^^