Otra idea extraña. Sólo para probar cuanto se puede madurar. O no.

No soy propietaria de Hey Arnold!, por supuesto.

Oxoxoxoxoxo

Arnold notó la hora y corrió a la sala de estar, para ver lo más cómodo posible uno de sus programas favoritos de televisión. Todo un estelar; muy popular.

Apenas encendió la televisión, la imagen nítida de un cómodo lugar de entrevista apareció mientras una voz profunda se dejaba escuchar:

-"¡Buenas Noches, Hillwood! Con ustedes, su anfitrión, Gerald Johansenn."

Arnold sonrió al ver como su amigo entraba en escena, vestido con un elegante traje gris.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-"¡Buenas noches Hillwood!"- Gerald habló a las cámaras, desde donde debían verlo miles de televidentes -"Ha sido una gran semana, con muchas cosas extrañas ocurriendo. No creo que nadie esperara la lluvia de granizos de ayer. Pero bien, son los extraños regalos del cambio climático. Por otra parte, recientemente se publicó una lista de las últimas tendencias y también ha ocurrido algo muy curioso. Porque aunque muchas personas mostraban preocupación por la pérdida del hábito de la lectura, se ha observado un incremento en la cantidad de personas que leen. Específicamente, de personas que leen poesía. Y curiosamente, a una poetisa en especial, quien ha desafiado con su originalidad y multiplicidad de temas y facetas. Pero parece que poesía no es lo ´único que hace en su vida, ¿o me equivoco? Poetisa, escritora de algunos cuentos infantiles, se dice que filántropa en su tiempo libre…"

Gerald sintió la ansiedad corriendo por su espalda y una pequeña gota de sudor en su rostro. Sólo le quedaba confiar en los chicos de maquillaje para que no se notara. Helga aún tenía un incómodo efecto sobre él, especialmente cuando implicaba el riesgo de revelar aspectos de su intimidad. Con los años, Helga se había suavizado, se habían transformado en amigos, pero ella aún era muy celosa de su privacidad. Y ahora...

-"Bueno, sin más presentación, con ustedes, ¡la poetisa H. P. Geraldine!"

El público que tenía entradas para el show y la máquina de efectos especiales dejaron oír sus entusiastas aplausos. Helga hizo su aparición.

-"Ok. Muchas gracias, han sido todos muy amables. Luego de ese maravilloso aplauso, doy por terminada mi presentación"- dijo Helga con sarcasmo e hizo ademán de retirarse. El público se rió.

-"¡Oh, vamos! No ha estado ni un minuto con nosotros, estoy seguro que todos desean compartir más tiempo contigo, ¿no creen, ustedes?"- preguntó teatralmente Gerald. El público apoyó la solicitud.

-"Ok, nunca he podido ignorar la solicitud de mi público, especialmente si mi sueldo depende de ellos"- añadió Helga con un fingido tono de afecto.

Gerald enrolló sus ojos y tomó asiento para comenzar con la entrevista. Pero se sorprendió cuando vio a Helga aún de pie.

-"¿Por qué no te sientas?"

-"Porque no me has ofrecido sentarme. ¿Acaso no conoces las reglas de formalidad de todo buen anfitrión, como el ofrecer asiento a sus invitados antes de sentarse él mismo?"

Gerald se esforzó por no elevar los ojos. Sabía que lo iba a molestar, pero ya estaba resignado a ello. Desde que supo que sería su entrevistada. Al menos, la audiencia lo pasaría bastante bien… aunque esperaba que no fuese a su costa toda la noche.

-"Está bien. Toma asiento por favor."- dijo Gerald, pensando en cómo lograría evitar las provocaciones de Helga y sus intentos de que se disculpara, por cualquier cosa, simplemente porque ella disfrutaría demasiado que él le tuviera que pedir disculpas. Más aún, por televisión. Helga se sentó.

-"Muy bien. Comencemos entonces. ¿Cuál es tu nombre?"

-"Me conocen como H. P. Geraldine, pero puedes llamarme H. P. Geraldine. No debería ser un nombre difícil de recordar."

-"Bueno, imagino que todos tus seguidores no sólo no olvidan tu nombre, sino que éste ya ha sido sinónimo de poesía. Por cierto, escribes muy bien, me encuentro entre tus lectores asiduos"- Gerald la alabó, esperando disminuir el impacto de la siguiente pregunta.

-"Espero que no me estés cortejando"- Helga sonrió.

-"¿Qué? Oh, no"- Gerald se sintió incómodo. ¿Por qué Phoebe era amiga de ella? –"Pero tú sabes, los seguidores generalmente ansiamos conocer ciertas cosas, hechos de la vida de sus escritores favoritos. Más si hay una buena historia tras ellos."

Helga se movió incómoda en su asiento.

-"¿Y el punto es?"- preguntó con cierta desconfianza.

-"¿Cuál es tu nombre original?"

-"¿De verdad quieres saber eso? Yo pensé que producción ya había hecho su trabajo. ¿Qué están haciendo los periodistas hoy en día? ¿cubriendo deportes?"

-"Sí, producción y el equipo de periodistas hicieron su trabajo, pero sabes que no hay nada como escuchar una historia de la boca de su protagonista."

-"Pensé que a ti te gustaba contar las historias"

-"También puedo escuchar historias. Además, no querrás decepcionar a todos nuestros televidentes."

-"¿Está en el contrato?"- preguntó Helga, simulando derrota.

-"No quería llegar aún a ese argumento, pero sí."

Helga se cubrió la cara con las manos y luego respiró profundo, de manera dramática.

-"Está bien, lo diré, pero tienes que mantenerlo en secreto."

-"No te preocupes; de nuestra ciudad no sale"- dijo Gerald sonriendo. Pero se tuvo que corregir -"Por interno me avisan que tengo que rectificar. Gracias a nuestra señal on line, puedo asegurarte que del planeta tierra no sale. A menos, claro, que un astronauta nos esté viendo en órbita."

-"Me lo imaginaba. Eres incapaz de guardar secretos"- dijo Helga, fingiendo pesadumbre –"bien, mi nombre es… Helga Geraldine Pataki."

-"Pensé que había otro apellido."- preguntó Gerald, auténticamente confundido.

-"No en mi nombre original"- Helga sonrió en respuesta. Gerald elevó los ojos.

-"Bien. ¿Cómo Helga Geraldine Pataki se convierte en H.P. Geraldine?"

-"Ah, eso. Fue idea de mi editora, que logró aprovecharse de mi más púber e inocente persona."

-"¿Inocente?"

-"¿Quieres escuchar la historia o no?"

-"Sí, claro."

Helga se acomodó en el asiento. Gerald se sorprendió ligeramente, porque su postura ya era relajada.

-"Como te decía, estaba yo en mi inocente e ingenua adolescencia media, como hoy la llaman, y luego de un concurso, fui contactada para probar con un libro de poemas. Eran poemas de amor. Y tenía que firmarlos con un seudónimo. Yo estaba decidiendo entre la Vieja Betsy o los Cinco Vengadores. Me imagino que no necesito explicar el cariño que uno le tiene a ciertos nombres"- Gerald no pudo evitar sonreír ante esto; Helga continuó.

-"Pero mi editora me aseguró que no calzaban mucho con el perfil de un libro de poemas. Y me habló de marketing y de ventas, y de imagen pública e imagen especular…me habló, me habló, me habló. Debo reconocer que ya estaba cansada de tanto que me habló, así que ingenuamente le pregunté qué proponía. Y ella tomó mi ficha de datos personales y dijo Geraldine".

-"¿Y qué pasó entonces?"

-"Le dije que gracias, tomé mi libro sin publicar y me marché".

-"No te gusto la idea"

-"¡Obvio! O sea, ¿conoces otro nombre más cursi? Bueno, está Josephine, Seraphine, pero Geraldine ¡por favor!"

-"Yo me llamo Gerald"

-"Y yo no tengo la culpa de eso"- dijo Helga, con el tono y el gesto de darle sus más sinceras condolencias. Gerald escuchó las risas del público. Al menos, ellos la estaban pasando bien.

-"Ok, ¿qué ocurrió después?"- preguntó Gerald, haciendo acopio de toda su paciencia.

-"Bueno, nada, tú sabes, la tierra siguió rotando, los niños muriendo en África, la capa de ozono disminuyendo…"

-"Contigo. ¿Qué pasó contigo? ¿Cómo finalmente usaste el seudónimo de Geraldine?"

-"Yo nunca he usado el seudónimo de Geraldine"- dijo Helga con tono ofendido.

-"¿No?"- preguntó Gerald incrédulo. ¿Realmente iba a jugar a eso ahora y con él? Debía estar bromeando. Lo había entendido en su infancia y adolescencia, cuando eran Helga y Arnold. Pero ahora, ellos eran adultos y él no era Arnold. ¡Y el anuncio del programa era que entrevistaría a la célebre poetisa H. P. Geraldine, por amor a Dios! ¡No podía negar que era ella!

-"Mira…"- la voz de Helga era de enojo. Gerald vio asomarse el viejo apodo de infancia, pero no llegó. El tono no era de ira- "Geraldd. Yo no firmo como Geraldine. Nunca he firmado con ese nombre y la única vez que di autorización para que se usara sólo esa palabra ligado a mi imagen, fue por una estafa de esos geniecillos de la moda."

-"¿Te refieres a la línea de ropa romántica Geraldine de Tadeus&Lloyd?"- dijo Gerald, algo confundido. Los pañuelos de tela bordados costaban una barbaridad y había listas de espera, pero su hija se los había pedido con mucha anticipación para la próxima Navidad. Gerald estaba moviendo todos sus contactos para obtenerlos. Y eso había incluido a la misma Helga a través de su esposa.

-"Sí. Y más te vale no volver a pronunciar eso en mi presencia"- aseguró Helga con voz seria. Gerald tragó saliva. Se preguntó si Phoebe también se encontraría bajo la misma cláusula. Eso explicaría por qué aún no tenía los famosos pañuelos.

-"Ok"- Gerald se sintió un momento desconcertado. Helga sonrió con aires de autosuficiencia.

-"Entonces, regresando a la entrevista"- dijo Gerald; los momentos de desconcierto nunca le duraban mucho –"¿Cómo fue qué H. P. …"

Gerald se detuvo, cuando de pronto tuvo una explicación a todo. No era Geraldine a secas, era H. P. Geraldine. Todo tenía sentido.

-"Espera, ¿fuiste y hablaste nuevamente con tu editora, explicándole lo que realmente te molestaba y conversaron y discutieron hasta que llegaron a un acuerdo?"- preguntó Gerald, interrogándose cuántas veces había escuchado ese viejo consejo de boca de su mejor amigo.

-"Sí, y ahí fue que ella se aprovechó de mi púber e inocente persona de entonces."- respondió Helga con un suspiro -"me aseguró que todo iría bien y que podría mantener mi nombre completo…y lo redujo a las siglas iniciales"- Helga dramatizó sentir vergüenza y la sensación de ser abusada. Se notaba que fingía, y que actuaba que fingía sentir eso. El público se rió en respuesta a su actuación. Al menos, Helga permitiría que se rieran de ella de vez en cuando también. Sí, había madurado.

-"Pero parece que efectivamente, muchas cosas fueron bien"- dijo Gerald con tono animoso y conciliador, agradecido profundamente que no toda la noche se reirían a su costa. –"Dime, ¿cuándo se publicó tu primer libro?"

-"Oh, soy pésima con los años. Ni siquiera puedo recordar el año en que nací, aunque claro, eso puede ser conveniente cuando deseo ignorar mi edad."

-"Pero algo recordarás de tu primer libro"- Helga lo miró. Gerald sintió que estaba pensando profundamente qué responderle. Se preguntó por qué estaba pensando tanto.

-"Bien, si recuerdo que entonces era víctima de los mayores y más comunes y contagiosos males de la adolescencia."

-"¿Uh?"

-"Estaba enamorada y necesitaba dinero"- dijo Helga, con una cara de Doi. -"Espero que tú recuerdes cómo es la adolescencia… ¿o los años no te dejan recordar?"

Gerald elevó sus ojos mentalmente; había agradecido antes de tiempo.

-"Claro que sí recuerdo. Años de mucha convulsión"- respondió Gerald recordando la secundaria, los problemas continuos entre sus compañeros y amigos, su romance con Phoebe, las peleas y amenazas… sí, una época muy convulsionada.

-"Mucha convulsión ¿eh? Concretamente, ¿qué recuerdas?"- Helga lo sorprendió con su pregunta.

-"H. P. Geraldine, ¿me estás haciendo preguntas para desviar la conversación y no responder lo que recuerdas de tu primer libro?"- interrogó Gerald a su vez. Los años de amistad no habían pasado en vano. Esperó que ella notara que por H.P. Geraldine quería decir Helga G. Pataki.

-"Ok, me rindo. Mi primer libro fue un asco, ¿sí? Se suponía que nadie debía verlo, pero de pronto unos poemas ganan un concurso y luego me ofrecen publicarlo. Y necesitaba la plata. Créeme, amigo, recé cada día y noche para que nadie supiera de su existencia."

-"Bueno, parece que tus plegarias no fueron escuchadas, y se transformó en la revelación de los poemas de amor del año. Y entiendo que ha tenido varias ediciones."

-"Sí, la vida tiene un sentido irónico del humor. Especialmente, la mía"- Gerald sonrió a esa respuesta. Estaba completamente de acuerdo con ella.

-"¿Y qué pasó con tu segundo libro?"

-"Esa fue la venganza por el primero"- Helga sonrió maliciosamente. Pero luego suspiró –"No me esperaba que tuviera tanta aceptación, tampoco."

-"Mientras tu primer libro está considerado dentro de los poemas de amor y la nostalgia del mismo, y se debate entre la esperanza y la desesperanza; el segundo se adscribe a l pesimismo, a la rabia y a una visión más descarnada pero, al mismo tiempo, más humorística y humana del mundo y sus problemas. Muchos estudiosos lo han catalogado dentro de la línea de los poetas malditos."

-"¡Hey! ¿Te memorizaste todas esas líneas?" –preguntó Helga bastante animada. Gerald arrugó el entrecejo. Al menos, no le había preguntado si Phoebe le había escrito ese parlamento.

Rápidamente se decidió por la honestidad y demostrar que él también era capaz de reírse de sí mismo.

-"Sí, e investigué quienes eran los poetas malditos. También recé para encontrar el momento para decirla o sino, todo mi esfuerzo sería en vano."- Gerald escuchó las risas. Helga también se rió.

-"Bueno, quedó bien. Se escuchó bien, ¿no?"- Helga preguntó abiertamente al público. Éste aplaudió y mostró su satisfacción.

-"Gracias, gracias"- Gerald hizo ademán de inclinarse (sin pararse de su asiento) para agradecer. Luego miró a Helga –"¿Entonces?"

-"Entonces, ¿qué?"- preguntó Helga a su vez.

-"¿Pasó algo mientras tu segundo libro estaba en proceso de publicación?"- Helga lo miró extrañada.

-"¿De verdad quieres que cuente eso?"- preguntó con los ojos sorprendidos.

-"Sí, a muchos hombres por años nos han hecho ver como viles criaturas y creo que muchos desean saber por qué"- Gerald miró hacia abajo. Esa pregunta se la habían solicitado por interno. Él ya conocía esa respuesta. Helga se sonrió maquiavélicamente.

-"¿Muchos desean saber por qué? Bien, lo contaré entonces. Es una maldición. Un castigo ejemplar para un error que no debe repetirse. O una serie de errores. Como menospreciarnos, a las mujeres."- Gerald tenía su mejor cara de póquer mientras escuchaba a Helga, quien parecía realmente disfrutar con esto. Helga continuó.

–"Por entonces tenía un novio con el que discutía a menudo. Peleábamos, regresábamos, una relación bastante enfermiza. Y mi mejor amiga estaba pasando por un mal momento también. Pésimo."- Gerald sintió como Helga lo miraba directamente a los ojos.

-"Así que como mejor amiga y deseosa de venganza, tenía sólo dos opciones: cometer homicidio doble, o ejecutar un juicio y asesinato simbólico."- Helga hizo una pausa –"No quería ir a la cárcel. Y realmente se merecían sufrir por el resto de sus vidas."

-"Así que los condenaste a vivir escuchando el menosprecio por, cito palabras literales, su subespecie masculina y recordando que son indignos y que su abyecto orgullo no es más que el reflejo de su mediocridad hecha hombre."- Gerald se quejó, mientras recordaba que cada vez que Phoebe se enojaba con él, recitaba algunos de esos versos. El colmo fue cuando su hija tuvo que memorizar el poema para la escuela.

-"Como dije, no esperaba que fuese tan popular"- Helga sonrió con todos sus dientes – "Eso fue un bonus. Y se lo merecían. ¡Y mejor aún si logré masificar un arma para que las mujeres pudiésemos hacer justicia por nuestras propias manos por todos esos pasteles que muchas veces tenemos que soportar!"

La arenga de Helga fue recogida con frenéticos aplausos de parte de la población femenina, quienes incluso se pusieron de pie. Gerald también podía escuchar los aplausos provenientes del set y administración a través de su audífono.

-"Gracias, gracias"- Helga se inclinó en su asiento, dando las gracias. Luego miró a Gerald directamente -"¿Sabes? Creo que incluso me sentiría dispuesta a dar los nombres de aquellos sujetos."

(En su sala, frente al televisor, un hombre con cabeza de balón sudaba frío).

-"Oh, no. Creo que es suficiente castigo para esas dos personas."- dijo Gerald, intentando controlar su nerviosismo e ignorando las súplicas y maldiciones de su jefe y compañeras de trabajo a través del audífono.

-"¿En serio? Está bien"- dijo Helga con una voz que fluctuaba entre la misericordia y el desgano –"Pero ellos saben con absoluta certeza quienes son."- añadió con firmeza.

-"No me cabe ninguna duda."- respondió Gerald. Y agradecido por el letrero luminoso que señalaba la hora, indicó –"Muy bien, ahora nos vamos a un pequeño receso y los dejamos con nuestros gentiles auspiciadores. Al regreso, conozca más de nuestra insigne poetisa H. P. Geraldine."

Oxoxoxoxoxoxoxoxo

N/A: Por si se lo preguntan, ese parlamento de Gerald sí se lo escribió Phoebe. Jajajaja. Y sí, a Gerald lo salvó la campana. O más bien, la hora de la tanda comercial.

Y antes que me despedacen, Helga sí está casada con Arnold (por eso, la confusión de Gerald cuando Helga dice su nombre original), pero esta historia se centra más en la amistad entre Gerald y Helga.