Bien, bien, bien... por aquí estamos de nuevo. Esto es de un libro llamado El descubrimiento de las brujas que recomiendo mucho. El libro lo ha escrito Deborah Harkness, así que los personajes son suyos. Gracias a mi beteadora, Discendia. Por favor, disfrutad.

Mathew se encontraba en la habitación de Diana. Le había entrado la curiosidad de verla y la puerta, antes cerrada con llave, se había abierto con solo pasar delante de ella. Supuso que como todos se habían ido ya, la casa, que le había aceptado, quería mostrarle el pasado del que Diana apenas hablaba. Al principio se encontraba escéptico, no sabía si a su reina le molestaría la intrusión, pero al recordar su intromisión en el cajón secreto de su escritorio, supuso que se lo merecía.

La habitación, en el desván, no era tan grande como la suya y estaba llena de objetos personales de Diana. Debido a su naturaleza curiosa, comenzó a analizar la habitación. La cama se encontraba bajo una ventana lo suficientemente grande como para sacar su cuerpo por ella. La colcha tenía colores vivos, pero apagados por su antigüedad. Pudo imaginarse con total precisión a su lionne en distintas etapas de su vida, desde los siete años hasta su primer traslado. También vinieron a su mente toda clase de situaciones: en Navidad con muchos regalos, triste por el aniversario de la muerte de sus padres, ilusionada con su primer amor, estudiando duro para acceder a la universidad... Comenzó a reflexionar sobre el escaso tiempo de vida de los humanos, las brujas y los daimones. Él, como representante de la raza vampírica ya casi no recordaba cómo se sentía ser humano, pero había conocido a muchas criaturas, como a Kit, a quién por mucho tiempo que pasara -no tanto para él- seguiría recordando, y mas aún ahora que volvería a verle. Tan perdido estaba en sus pensamientos que apenas notó los pasos que se adentraban en el desván. Su olor inundó las fosas nasales del francés, que sonrió casi imperceptiblemente.

—¿Qué haces aquí? Creía que la casa había cerrado esta habitación con llave.

—¡Oh, ma lionne!, la casa me abrió la puerta.— Se limitó a contestar mientras la abrazaba por la cintura— Me gustaría haberte visto de pequeña.

—¿Qué habrías hecho si me hubieras visto?.— Ambos sabían que la pregunta real era ''¿Me habrías cazado?''. Y, aunque sabía que Mathew no bebería la sangre de una niña pequeña, o eso quería creer, le ponía los pelos de punta el solo hecho de que hiciera con ella el ritual de cazar, por mucha confianza que le tuviera.

—Desde luego no habría pensado en el escándalo que armarías.— Se permitió lanzar una carcajada que quitó hierro al asunto.

Sonrieron mientras Diana besaba suavemente a Mathew y bajaron al salón donde estaban preparadas las cosas que se iban a llevar.