No sé cómo expresar lo que siento. He sido elegida entre miles de candidatas a ser la asistente personal del Rey Diamante. El Rey Diamante heredó el reino hace diez años cuando tenía tan solo dieciocho años. Entonces era un niño que necesitaba el apoyo de otros para gobernar un reino, pero ahora es todo un hombre que necesita un asistente personal. Acabo de cumplir veinticuatro y soy la más joven de las participantes, muchos me han dicho que por mi edad y mi poca experiencia no sería seleccionada, pero resulta que no solo se necesita experiencia y edad, es más importante la admiración que sientas por el Príncipe, las ganas que tengas de trabajar y tu inteligencia.

Admiré al rey desde que heredó el trono y su padre murió. Siempre me pareció muy maduro para su corta edad, y siempre me ha encantado como ama a su hermano el Príncipe Zafiro. Lo protege y lo cuida, como nunca ningún otro hermano lo ha hecho con nadie. Se dice que es muy serio, que siempre parece estar triste, pero nosotros, su pueblo, estamos muy agradecidos con él. Nunca he tenido la oportunidad de verlo de cerca, tan solo en la pantalla del televisor, pero ahora podré verlo frente a frente, podré tocarlo y darle la mano, podré aconsejarlo y ordenar su lista de actividades. Muchos creerán que acepté el trabajo por la buena paga que dan, pero es mucho más que eso.

¿Alguna vez han tenido un amor platónico? Eso es más o menos lo que el rey Diamante significa para mí. Sé que es una locura, que no lo conozco y que jamás tendré ni he tenido una buena razón para ello, pero mi admiración es tanta que muy dentro de mí esa admiración es algo más. No se imaginan lo halagada que me siento de poder llevar su agenda, de tratar con él, de estar cerca de él. He estudiado durante años para este momento, incluso aunque nunca me imaginé que alguna vez estaría aquí. No es mi intención enamorar al rey, ¿qué rey podría enamorarse de una plebeya, de una muchacha de pueblo que apenas tiene en donde caerse muerta? No, eso sí que no, yo nunca estaré a la altura de su majestad, jamás. Lo único que pretendo es poder convivir con él, conocerlo a fondo… es todo… a mí no me importa nada de todo lo que rodea al rey, solo me importa estar con él. Como ya dije, es un amor platónico, lo cual significa que jamás será realidad, y yo nunca he pretendido eso.