Como de cualquier manera no pude dormir, me levanté lo más temprano que pude para apurarme en mis labores. No me sentía nada bien, y no era precisamente porque hubiera bebido o estuviera cansada. No se escuchaba ningún ruido en todo el palacio más que los sirvientes que ya se levantaban para limpiar el desastre de la noche anterior. Miré el reloj después de darme un baño y eran las cinco de la mañana. Los invitados no se irían hasta las once así que aún tenía bastante tiempo de organizar todo. Me encontré media hora después con el grupo de sirvientes destinados a limpiar y los ayudé a recoger y a ordenarles otras cosas importantes. Una vez que terminamos de limpiar, nos fuimos todos a desayunar. Encontré a Lily sirviéndome el desayuno y me dio un abrazo fuerte. Nos sentamos a beber café y me lanzó una mirada reprobatoria.

-No dormiste nada, ¿cierto?

-No, Lily, no pude.

-Pero me dijo Hirochi que te retiraste relativamente temprano.

-Sí. Estaba cansada…

-¿Segura? También me dijo que…

-Hay, Hirochi… Lo que sucedió fue que el rey ya estaba tomado, y si lo dejaba así iba a cometer algún disparate. Lo llevé a su habitación.

-¿Tu sola? ¿Entraste a su habitación?

-Solo lo recosté, Lily… es mi deber cuidar de él. No debes preocuparte, no pasó nada.

-Eres tan buena chica.-dijo mientras me sonreía y me observaba detenidamente.

Lily me miró por largos minutos, escrutando mi rostro como si fuera un fantasma. Un largo silencio nos rodeó y vi cómo sus ojos se cristalizaban y luego agachaba la mirada y se limpiaba la lágrima antes de dejarla escapar.

-¿Sucede algo malo, Lily? ¿Te encuentras bien?

-Estoy bien, mi niña, es solo que estaba pensando.

-¿En qué?

-En ti… en que me recuerdas mucho a alguien.

-¿Yo?

Lily abrió un cajón de entre los miles que había en aquella cocina. Extrajo un papel viejo y arrugado, creo que hasta manchado y lo observó unos minutos antes de darme esa fotografía.

-Me recuerdas mucho a ella, querida.

Me impresioné mucho al ver aquella foto. Era una mujer hermosa, de cabello largo, muy largo, pero grisáceo. Tenía un lunar en la frente, muy hermoso, irónicamente era una luna. Y su rostro… su rostro era hermoso, y Lily tenía razón… ella se parecía mucho a mí. Pero aún con todas las similitudes, éramos diferentes…

No pude hablar por minutos.

-¿Quién es ella, Lily?

-Era, era la reina Serenity.

-Cielos… Era muy bella.

-Y muy buena también.-se escuchó una voz detrás de nosotros.

Una mujer alta de cabellos rizados y violáceos se acercó a nosotras y abrazó a Lily fuertemente. La mujer tomó la foto entre sus manos y la miró por largo rato.

-Creí que todas habían desaparecido.-dijo entregándosela de nuevo a Lily.

-Me he encargado de cuidarla bien.-sonrió.-Luna, ella es Serena Tsukino, la asistente personal de tu sobrino.

La mujer que respondía al nombre de Lily me miró a los ojos y sentí un escalofrío gracias a la mirada que me dirigió. Su semblante cambió por completo y noté que apretaba los puños. Luego dibujó una sonrisa que parecía no concordar con su personalidad, pero que a fin de cuentas me resultaba sincera y me ofreció la mano.

-Mucho gusto en conocerla, señorita Tsukino. Soy Luna Chiba, la hermana del difunto rey Endimion.

Inmediatamente me incliné ante ella e hice una reverencia. Mis mejillas se sonrojaron y escuché una suave risa que salía de sus labios.

-Nada de eso, señorita, yo aquí solo soy la tía, a mí no me debe nada.

-Pero pertenece usted a la familia real…

-Sí, tengo un título noble, soy una duquesa, pero a mí no me gustan esas cosas. Es por eso que vine aquí primero a saludar a Lily antes que ir con mis sobrinos.-sonrió.-Pero no me mal interprete, los adoro con toda mi alma, solo que extrañaba mucho a Lily.

-Conozco a la señora Luna desde que era una jovencita, como al rey Endimion.-intervino Lily.-Como tú, ella siempre prefirió estar a mi lado que lo que deseaba su hermano que hiciera en la corte, es una testaruda.

-Pero bueno…-respondió Luna.- ¿Por qué no me acompaña a buscar a mis sobrinos y le cuento mejor?-preguntó.

Ella y yo salimos de la cocina cuando todos los invitados comenzaban a subirse a sus carruajes y los sirvientes los despedían con pequeños obsequios mandados a hacer por el rey. Luna y yo caminamos por los enormes corredores del palacio hasta dar con un pasillo que llevaba hasta los jardines traseros. Salimos por la portezuela y nos encaminamos por los largos caminos de flores.

-Parece usted ser una buena persona, señorita Tsukino, puedo verlo en sus ojos.-dijo Luna rompiendo el silencio.-Tengo alguna idea de por qué mis sobrinos se fiaron de usted para esta labor, porque no es nada fácil, ¿o me equivoco?

Negué con la cabeza y sonreí.

-Yo misma llevé a cabo el trabajo cuando mi hermano era rey.-confesó.

La miré casi sorprendida y ella rio.

-Sé lo que estará pensando, que porque soy la hermana del rey no tengo por qué trabajar, ¿no es así? Pero ya le dije hace unos momentos que a mí nunca me ha gustado ser una comodina y mucho menos ganarme las cosas por mi título y apellido. Desde pequeña me gustaba ayudarle a Lily y además como siempre me gustó organizar, mi hermano me pidió que lo ayudara con ese trabajo. Pero mi sobrino siempre ha tenido mala suerte con las asistentes que se consigue, según una carta que me envió Zafiro me ha contado que es usted increíblemente buena para el trabajo y que los ha dejado sorprendidos a todos.-me sonrojé al instante y agaché la mirada.-Me da gusto.-prosiguió Luna.-Pero está usted muy callada.

-Lo siento.-dije avergonzada.-Es que… soy algo tímida, además no quisiera faltarle al respeto…

Luna me miró y sonrió dulcemente.

-Es usted una linda persona, pero no debe preocuparse, al contrario, si no habla voy a ofenderme más…

-¿Puedo hacerle una pregunta?

-Por supuesto.

-¿Por qué no vive usted aquí con sus sobrinos?

-Oh, ya. Lo que sucede es, señorita Tsukino, como le decía antes, odio estas cosas de la aristocracia. Mi hermano hace mucho tiempo me dejó estudiar, y desde entonces vivo alejada del palacio, aunque vivía aquí. Luego encontré un trabajo que me gustó mucho y no pude negarme, pero es en Nagasaki y casi nunca puedo venir. Después de que mi hermano murió quedé muy dolida…-dijo seriamente.-Y me cuesta trabajo regresar a este lugar y no tener su presencia.

-¿Eran muy unidos usted y su hermano?

-Sí. Éramos como dos gotas de agua.

Dimos vuelta en uno de los pasillos de rosas y nos adentramos sin darnos cuenta en los establos.

-Siempre estábamos juntos. Incluso cuando conoció a Serenity, eso nunca fue impedimento para nuestra relación. Al final terminé adorando a Serenity como si fuera mi propia hermana y me dolió mucho su muerte también.-miró fijamente al horizonte y perdió su vista entre los caballos que reposaban allí.

-Pero…

Ella me miró con melancolía y me instó a continuar.

-Sus sobrinos…

-Ya sé lo que quieres preguntarme. Ellos son hijos de la puta…-dijo con tono sombrío.-Sí, disculpa que la llame así, es solo que nunca la quise… y ellos lo saben, pero eso no se interpone entre nosotros. Al principio era muy duro tenerlos en casa, pero me fui acostumbrando a ellos hasta que no lograba separarme ni un instante. La madre de mis sobrinos ni siquiera se ocupaba de ellos y yo odiaba que los dejara a merced de una sirvienta. Nunca la quise, pero ella siempre logró lo que deseaba. Solo fue entonces cuando mi hermano y yo tuvimos problemas. Nunca le perdonaré que me haya separado de la única persona que tenía a mi lado. Aprendí a querer a mis sobrinos y ahora son lo único que tengo. Estuve casada por muchos años pero mi esposo murió de una enfermedad crónica y ahora estoy sola.

Noté cómo una lágrima se asomaba por sus ojos y tragué saliva. La historia de Luna Chiba me conmovía, pero me sorprendía aún más que me estuviera contando todo aquello cuando me acababa de conocer hacía unos minutos.

-Dirá usted que soy una loca por contarle todo esto cuando acabo de conocerla.-dijo como si hubiese leído mis pensamientos.

-No se preocupe, me sorprende pero por otro lado me conmueve que me tenga confianza.-sonreí.

-Me inspira usted a contarle todo esto. Supongo que con todos los sirvientes que hay aquí la historia de mi hermano, la reina Serenity y la reina Isadora ha llegado a sus oídos.

Asentí sin decir nada.

-Aunque mis sobrinos se empeñen en olvidar, nadie puede hacerlo. Ellos no vivieron esos momentos horribles y prefieren tener una buena idea de su madre pero…

-¿Usted sabe qué le sucedió a la reina Serenity o también es para usted un misterio?-pregunté de pronto y sin pensar.

Ella me miró indignada y molesta, pero no conmigo.

-No, señorita, eso es lo que más me molesta… Por años traté de averiguarlo pero todo me llevaba a la nada… aún ahora estoy segura de que la muerte de Serenity no fue un accidente y que Isadora tuvo que ver en todo el asunto. Incluso en la desaparición de la…-se calló al caer en cuenta de que lo estaba diciendo y me miró.

-No tiene que hablar, señora Luna, no soy nadie.-dije despreocupándola, pero ella dibujó una mueca y asintió.

-No se preocupe, señorita Tsukino, ya le dije que no me molesta hablar con usted, es solo que nunca le había contado esto a nadie.

Apenas iba a responder cuando ambas escuchamos la voz de Zafiro a nuestras espaldas.

-¿Tía Luna?-dijo con emoción. Se acercó hasta nosotras y la abrazó fuertemente al tiempo que reía.- ¡Pero hace tiempo que no venías! Oh…-dijo girándose.-Serena, ¿cómo estás?-dijo dándome un beso en la mejilla y me sonrojé.

-Bien, gracias, Zafiro, espero que tú también.

-Mi niño, te extrañaba mucho, ¿dónde está el perezoso de tu hermano?-bromeó.

-No lo sé, desde anoche en la fiesta que hubo no lo veo, ¿lo has visto hoy, Serena?

Negué.

-Se sentía cansado anoche… quizá siga durmiendo.-respondí.

-Me da gusto que hayas conocido a Serena.-dijo Zafiro cambiando de tema.- ¿No es la mejor asistente que Diamante pudo conseguir? Es una persona increíble…-dijo mirándome a los ojos.

Desvié la mirada y traté de ocupar mis manos en acariciar al caballo que estaba junto a mí. Luna nos miró a ambos y luego sonrió.

-Luna, vayamos a comer algo mientras platicamos.-dijo Zafiro al fin.- ¿Vienes, Serena?

-Oh, no, muchas gracias, tengo mucho trabajo que hacer.

Me despedí de ambos y me dirigí a la oficina. Me encargué de los últimos detalles y me dediqué el resto del día a ordenar papeles y enviar oficios y correspondencia. El rey aún no daba señales de vida y le mandé preguntar a uno de sus guardias por él. Me informó que seguía en sus habitaciones y que no estaba disponible para salir ese día, había mandado por comida y se quedaría ahí. Me sentí preocupada porque temí que no se sintiera bien. A eso de las seis de la tarde dejé de trabajar para ir a comer algo y encontré a Lily sola en la cocina, lo cual fue un alivio. Me sirvió algo de comer y mientras lo comía entró Esmeralda y me lanzó una mirada asesina, la cual ignoré. Uno de los guardias del rey entró a la cocina y cargaba un enorme ramo de flores en las manos, junto con una caja pequeña y extendida. Esmeralda abrió los ojos como platos y Lily sonrió de oreja a oreja. Yo solo me quedé mirando las flores hermosas que estaban de pronto frente a mí.

-El rey le manda esto, señorita Tsukino.-dijo colocándolas frente a mí.-Y esto también.-me entregó la cajita.-Con permiso.

El guardia se retiró y me quedé pasmada mirando la caja y las flores sin poder decir palabra alguna. Sentí la mirada lacerante de Esmeralda sobre mí y la vi arrojar el plato y salir de ahí disparada. Lily se acercó rápidamente y me apuró para que abriera la caja.

-Lily… no sé si deba…

-¡Tonterías! Él te lo envió.-sonrió.- ¿Qué es?

Abrí la caja lentamente y encontré un hermoso collar con un colguije en forma de media luna hecho de diamante puro con un color grisáceo. Abrí los ojos como platos, impresionada y sorprendida. Esa joya debía costar más que mi propia casa, pero era tan hermosa que no podía dejar de observarla. Lily abrió la boca con sorpresa y lanzó un chillido.

-Es hermosa, mi niña.-dijo al rato.

-Lo es pero…

-Mira, aquí hay una tarjetita.-dijo tomándola de las flores.-"Señorita Tsukino: La velada salió impresionante y todos los invitados me expresaron su felicitación. Su idea fue maravillosa y gracias a eso ahora tengo muchas negociaciones por hacer. No pude haberlo hecho sin usted, por supuesto, gracias por ocuparse de todo… Su majestad, Diamante."

-¿El rey me agradece? Pero no… es mi trabajo… no puedo aceptar esto, Lily.

-Serena, él lo mandó comprar para ti. Te lo regala, debes aceptarlo.

-¿No crees que es demasiado? Jamás había tenido nada así…

-Es hermoso. Debes agradecerle.

-Por supuesto que lo haré.-dije poniéndome de pie.- ¿Crees que sea muy atrevido si lo hago ahora?

-Está en sus aposentos.

-Bueno… creo que aun así iré. Además quiero saber cómo está personalmente, ayer no lo dejé muy bien.

Lily me miró reprobatoriamente pero no me lo impidió. Tomé el collar y lo coloqué sobre mi cuello. Subí los enormes escalones hasta el tercer piso y caminé lentamente por el corredor que llevaba a las habitaciones del rey y encontré a algunos guardianes en el pasillo quienes inclinaron sus cabezas al verme pasar. Una vez me acerqué más a la puerta principal, escuché algunas voces y me detuve al notar que la puerta se abría. Mi corazón se encogió al ver a Esmeralda salir de la habitación del rey. Quise desaparecer en ese momento y no salir nunca de mi encierro. El rey la jalaba de un brazo y Esmeralda se resistía. Cerré los ojos por unos instantes para evitar que se me acumularan las lágrimas. Cuando el rey advirtió mi presencia, soltó a Esmeralda y guardó silencio. Esmeralda me miró con una sonrisa triunfante y después fue ella misma quien decidió irse, no sin antes estudiar el collar que colgaba de mi cuello y lanzarme una mirada asesina.

-Señorita Tsukino.-la voz del rey me arrancó de mi ensueño y me atreví a mirarlo con cierta confusión.- ¿Qué hace aquí?-preguntó seriamente.

-Yo solo… venía a ver cómo estaba de salud…

-Puede hacer.-dijo indicándome el camino a la puerta.

-Lo siento.-dije de pronto, enojada.-No lo haré, su majestad…

El rey me miró extrañado y luego pareció comprenderlo todo.

-Señorita Tsukino…-dijo acercándose a mí.-Le aseguro que no va a pasar nada malo si usted pasa.-me tomó del brazo y me obligó a caminar a su lado hasta el interior de la cámara.

Una vez estuve adentro, recordé cada rincón de la noche anterior. De pronto sentí la mirada de Diamante sobre mí y sentí un cosquilleo en la boca del estómago. Las palabras no me salían porque no podía olvidar a Esmeralda. No podía soportar la idea de que ella hubiera estado allí antes que yo… lo miré unos segundos y luego desvié la mirada, incapaz de sostenerla por más de dos segundos.

-Señorita Tsukino, ¿sucede algo?...-preguntó el rey.-Está usted muy extraña…

Como no respondí y me crucé de brazos, aterrada y molesta, escuché su voz de nuevo.

-Escuche, señorita, Esmeralda es muy osada y cree que tiene más derechos que mi hermano, se aprovecha de las situaciones y cree que yo le tengo consideración alguna. No piense usted mal de mí.

Lo miré algo avergonzada y mis mejillas se encendieron.

-Aquí no ha pasado nada, ni antes ni después de que usted llegara, ¿de acuerdo? Jamás tocaría a Esmeralda…-dijo de pronto sin dejar de mirarme a los ojos.-Ella no es más que una empleada aquí, y no es solo por eso, digamos…-se apresuró a decir.-Es por su forma de ser… ¿no cree usted que es muy provocativa y maliciosa? No me agrada en lo absoluto.-sonrió.

Su sonrisa me hizo relajarme un poco y solté los brazos un poco.

-Pero… ¿por qué le doy explicaciones?-dijo de pronto dándome la espalda para tomar su saco.

-Le ruego me disculpe.-me apuré en decir.-Soy una entrometida… y por supuesto usted no debe explicarme nada. Lo que usted haga yo debo respetarlo y no cuestionarlo, es solo que… me preocupo por usted.-mentí para no gritar que me moría de celos y que no soportaba que pudiera meterse con Esmeralda.

El rey entonces se giró y me sonrió.

-Lo sé, señorita Tsukino. Pero no crea que me arrepiento de explicarle… no quisiera que se hiciera una idea mala de mí. ¿Por qué no me acompaña al jardín? Quisiera platicar con alguien.

En el camino hacia el exterior el rey Diamante comenzó a hablarme sobre Zafiro, parecía estar preocupado.

-No lo comprendo, señorita, desde que éramos muy jóvenes nuestra relación ha sido algo… difícil. Entiendo que no puedo darle lo que mi padre le daba, porque soy su hermano, pero siempre he tratado de velar por su interés. Lo quiero demasiado, es lo único que tengo y sin embargo, no comprendo qué es lo que quiere de mí. Trato de acercarme a él y se aleja… A veces pienso que no soy un buen hermano y que no estoy haciendo mi trabajo bien.

-No diga eso, su majestad, usted es un excelente hermano. Yo misma he visto cómo se preocupa por él y cómo procura hacerlo feliz, no debe sentirse mal.

-Y si es así, ¿entonces por qué él parece no verlo de esa manera?

-Quizá el príncipe Zafiro no quiera verlo, o no se ha dado cuenta, pero eso ya no es su problema, su majestad, su hermano debe aceptarlo. Le recomiendo que usted siga comportándose como hasta ahora, tarde o temprano Zafiro tiene que darse cuenta de que tiene el mejor hermano de todos… Yo misma le ayudaré a que Zafiro se de cuenta.

Posó sus ojos sobre los míos y sonrió.

-Usted siempre sabe qué decir, ¿no es cierto?

No respondí porque abrió la puerta para salir al jardín y nos adentramos en la oscuridad. Caminamos unos cuantos metros más hacia el ala este del jardín.

-Dígame algo, señorita Tsukino, ¿cómo se lleva usted con su familia?

-¿Yo?-pregunté nerviosa.

-Por supuesto que usted.-dijo invitándome a sentarme sobre el pasto.

Me senté con cuidado debido a la falda que llevaba puesta y Diamante se sentó junto a mí.

-Pues… en realidad mi familia es muy simple y normal. Sammy y yo nos llevamos muy bien, a pesar de la diferencia de edades. Siempre trato de ayudarlo con su tarea o aconsejarlo cuando hace falta. Incluso pasamos tiempo juntos sin razón alguna, viendo películas o jugando videojuegos…-noté que el rey sonreía y me instaba a continuar.-Mi madre es muy linda, cocina delicioso y quiere mucho a mi padre, quien también es genial. No tengo nada de qué quejarme, en realidad. Algún día podrá probar uno de esos deliciosos pays que cocina mi madre.-sonreí.-Somos una familia unida, aunque humilde, pero unida.

-Todo suena de maravilla. Los extraña mucho, ¿cierto?, Soy una mala persona por retenerla aquí encerrada…

-Este es mi trabajo, mi señor, aunque amo a mi familia debo crecer profesionalmente, y a su lado estoy muy bien.-dije casi en un susurro.-Por supuesto que extraño estar en Tokio, con mis amigos y familia, pero estoy consciente de que debo ayudar a mis padres a salir adelante, y por eso estudié, ¿no?-sonreí.-No se preocupe, su majestad, porque estoy donde quiero estar.

Vi su mano balancearse sobre mí para luego posarse sobre el collar que me había regalado.

-Veo que le ha gustado su regalo.

-Mucho, mi señor, pero sigo creyendo que es demasiado y no…

-Sabía que iba usted a quejarse.-dijo alzando la mano.-Sé que le gustan las lunes y ésta en especial me agradó mucho para usted. No me equivocaba, se le ve maravilloso.

-Muchísimas gracias…

Charlamos bajo la luz de la luna y no pude dejar de observar cómo sus ojos violáceos brillaban en la penumbra y su cabello platinado se agitaba con el viento. Cuando sonreía parecía que millones de estrellas alumbraban el firmamento y un escalofrío me recorría la espalda. Me vi envuelta en una burbuja de serenidad y comodidad, temí que cualquier cosa pudiera romperla y temí que la noche acabara, porque entonces tendría que dejarlo ir. Lo miraba como embobada mientras hablaba y esperaba pacientemente a que me explicara todo. Yo por el rey Diamante sería capaz de esperar todo…


Zafiro y Luna se acercaron al enorme ventanal desde donde se podía observar gran parte del jardín. Zafiro llevaba una copa en la mano y Luna se dispuso a apreciar la vista. Mientras ajustaba sus ojos a la penumbra, divisó a su sobrina junto a Serena Tsukino sentados sobre el pasto y sonrió. Ambos charlaban como dos buenos amigos y era la primera vez que veía en su sobrino un semblante tranquilo y relajado, como si no tuviera preocupaciones. Pocas veces lo había visto sonreír y ahora no se cansaba de hacerlo con esa mujer que era su asistente. Ambos reían y no pudo evitar fijarse en las múltiples veces que Serena se sonrojaba y desviaba la mirada. Tampoco pudo evitar darse cuenta de la forma en que ella lo miraba, como si fuera alguna clase de deidad y como si no creyera que algo tan perfecto le estuviera hablando a ella. A Luna se le hizo un nudo en el estómago y supo que nada de eso terminaría bien. Se lamentó porque Serena Tsukino parecía tener algo muy especial y su sobrino parecía esconder algo en la mirada. Notó que Zafiro se paraba junto a ella y seguía la mirada hasta posarse sobre su hermano y Serena.

-¿Qué hacen ellos ahí?-preguntó en un tono particular de molestia.

-Parece que solo están charlando.

Luna miró a Zafiro y notó cierto rencor en sus ojos. Parecía no gustarle nada que su hermano estuviera con Serena, o al revés. Apretó su mano alrededor de la copa y apuró su vino de un solo trago. Luna supo que eso tampoco estaba bien. Dos hermanos enfrentados por la misma mujer se le antojó una batalla interminable y muchos heridos.

-¿Te agrada Serena Tsukino?

Sin apartar la vista de su hermano y la mujer que le gustaba asintió lentamente con la cabeza.

-Me parece una mujer estupenda, y llena de cualidades. Es diferente…

-Sé a lo que te refieres.-fue lo único que Luna pudo responder.

Todo aquello era inevitable. Luna sentía que muchos problemas estaban por aproximarse y tenía miedo por sus sobrinos y por aquella mujer. Como Zafiro decía, ella veía algo diferente en Serena, y no solo era su linda forma de ser y su dedicación al trabajo, sino que sus ojos eran diferentes, como si parecieran decirle algo. No podía dejar de mencionar su gran parecido a Serenity. Al compararlas supo de inmediato que eran parecidas no solo en el físico, sino en el carácter. La voz de Lily interrumpió sus pensamientos.

-La cena está servida.

-Vamos, Luna, vayamos a comer algo.

Zafiro salió del enorme salón y Lily se acercó hasta Luna.

-¿Sucede algo, mi niña?

-Problemas, Lily, como hace veinte años.

Lily observó la escena que se presentaba delante de sus ojos. Vio a Diamante sentado junto a Serena y ambos parecían sentirse muy bien juntos. Sintió que un nudo se le hacía en la garganta.

-Debemos averiguar lo que quedó intacto hace años, Lily, debemos encontrar la verdad.