Los personajes pertenecen a la mente genial de Naoko Takeuchi, yo solo los utilizo para adaptar esta obra que se llama Trampa para solteros de la autora Kristin Gabriel

·.·´¯`·.·•Ƹ̴Ӂ̴Ʒ Atrapando Solteros Ƹ̴Ӂ̴Ʒ•·.·´¯`·.·•

Prólogo

—¿ya estás muerta?

Luna Chiba abrió un ojo y se encontró con el arrugado rostro de su mejor amiga, Zirconia Baker.

—¿Tengo pinta de muerta?

—Yo diría que sí.

—¡Estupendo! —exclamó Luna, sentándose en la cama. Las macabras notas de una marcha fúnebre daban un aire tétrico a la escena. El olor a incienso se mezclaba con el de la pomada para su artritis—. Pensé que me había pasado con el maquillaje.

—No, es muy realista —sonrió Zirconia —. Y la música ha quedado muy bien.

—Es un golpe de efecto —murmuró Luna.

—Por ahora, todo va bien. Nuestros "invitados" están en el salón, tomando mi manteca de cacahuete. Le he puesto mucha sal, por cierto.

—¿Y el café? No me digas que has olvidado el café.

—Claro que no —replicó Zirconia, haciendo un gesto de indignación—. He hecho café jamaicano, como me pediste.

Luna dejó escapar un suspiro de satisfacción.

—Estupendo. Eso es muy importante, no podemos servir café malo.

—Si estás preparada, les diré que pasen.

Luna volvió a tumbarse en la cama y cruzó los brazos sobre el pecho.

—Preparada —dijo, cerrando los ojos. Los días de Luna como pitonisa habían terminado, pero le gustaba hacer algún numerito de vez en cuando. Cuando oyó pasos en el corredor tuvo que esconder una sonrisa. Sus sobrinos. Aquello era demasiado fácil.

-¿Tía Luna?

Ella gimió suavemente, como una moribunda. Al abrir los ojos vio a los tres Chiba frente a la cama.

—Soy yo, Darien —dijo uno de ellos tomando su mano—. Nick y Andy también están aquí.

El mayor de sus sobrinos, Darien Chiba, de veintiocho años, seguía pareciendo más un boxeador que un hombre de negocios. Pero el dotado atleta había colgado los guantes una terrible noche cinco años atrás y jamás volvió a ponérselos.

—Deberías ir al hospital, tía Luna. Te lo digo en serio: si no vas por tu propio pie, te llevaré en brazos.

Nick Chiba, la oveja negra de la familia, dio un paso adelante. Llevaba una camisa de franela con las mangas cortadas que dejaban al descubierto un tatuaje y unos bíceps de escándalo. Había pasado de delincuente juvenil a contratista de obras... guiado por Luna, naturalmente.

—A lo mejor tienes una indigestión. ¿Zirconia ha vuelto a cocinar?

Andy se colocó a su lado.

—Su manteca de cacahuete pondría enfermo a cualquiera. Al menos ve al médico, tía Luna. O deja que contratemos una enfermera. Yo conozco un par de ellas muy buenas.

Luna no lo dudaba. El pequeño de sus sobrinos era un playboy que llevaba rompiendo corazones desde los quince años. Investigador de seguros, la especialidad de Andy era enamorar a las chicas y salir corriendo.

Entonces miró la mancha de salsa en el techo. Un recordatorio de la última fiesta que organizó para sus amigos de la feria. Pero había llegado la hora de ponerse manos a la obra:

—Yo, Madame Luna, he visto el futuro. Los tres hombres dejaron escapar un suspiro.

—Tía, estás enferma —dijo Darien—. No es momento para tonterías.

Como pitonisa, Luna estaba acostumbrada al escepticismo, de modo que no le hizo ni caso.

—Veo a mis tres sobrinos —siguió con voz profunda— que han sido como hijos para mí. Los tres son hombres de éxito, hombres poderosos, hombres solitarios…

—Ya empezamos —murmuró Nick.

—Si hubieran ido a mi café... Madame Luna ofrece un café extraordinario y te busca pareja en el Café Romeo.

Andy se inclinó hacia Darien.

—Eso parece un slogan promocional.

—Es que es un slogan. Lo he oído esta mañana en la radio.

Luna tosió suavemente para llamar su atención.

—Pero ya es demasiado tarde. Seguirán siendo unos solterones... para siempre.

—Será el destino —dijo Darien, aparentemente despreocupado.

Ella abrió los ojos y lo fulminó con la mirada.

—Es cabezonería, Darien Chiba. Si me dejaseis leeros los posos del café viviríais felices para siempre.

—Yo sólo seré feliz cuando te encuentres mejor, tía Luna. No quiero perderte —dijo él, inclinándose para darle un beso en la mejilla.

Desgraciadamente, en cuanto rozó su cara, Luna supo que el engaño había terminado.

—¿Pero qué demonios...? —empezó a decir Darien, pasándose una mano por los labios.

—¡Maquillaje! —exclamó Nick, pasando un dedo por la frente de su tía para mostrar la pasta blanca—. Este es otro de sus trucos.

Andy hizo una mueca.

—Muy bueno, tía Luna. Casi nos has engañado esta vez.

—No la animes.

Darien apretó los dientes, pero no dijo nada. No había mostrado un solo signo de su explosivo carácter en cinco años y tres meses.

Luna, por supuesto, levantó los ojos al cielo, preparándose para otra de sus charlas.

—Tía Luna, tienes otras preocupaciones además de nuestro futuro romántico —empezó a decir Darien—. El Café Romeo tiene serios problemas económicos.

Ella se sentó en la cama, suspirando.

—No cambies de tema, jovencito. Necesitas una mujer en tu vida... y no me refiero a una secretaria.

Andy soltó una carcajada, pero Darien le dio un codazo en las costillas.

—Tía Luna...

—Todos necesitáis una mujer.

—No te preocupes por eso —sonrió Andy—. Yo tengo todas las que quiero. Nick se cruzó de brazos.

—Yo también.

Su tía apretó los labios. No había querido discutir con ellos. Especialmente porque eran tan cabezotas como su padre. Y, como él, no sabían nada de mujeres. Si su hermano la hubiera escuchado treinta años atrás, no se habría casado con una mujer que lo abandonó, dejándolo con tres niños.

Pero Luna no tenía intención de dejar que esa historia se repitiera.

Como Madame Luna, leía el futuro romántico de sus clientes en los posos del café. Aunque sus predicciones no eran siempre acertadas porque el amor no es una regla matemática. Sus sobrinos podían reírse de ella, pero había tenido algunos éxitos en el Café Romeo, el único local de Saint Louis que, a la vez, servía para buscar pareja.

— Sé que podría encontrar la mujer perfecta para vosotros.

—Eso es lo que nos da miedo. Déjalo, Madame Luna, te conocemos demasiado bien como para caer en tus trampas —rió Darien—. Guárdate las sesiones de espiritismo para tus clientes.

—Las sesiones de espiritismo son para engañabobos. Yo leo los posos del café. Es un don.

—Pues yo prefiero una sierra radial —sonrió Nick, besando a su tía antes de acercarse a la puerta.

Andy le plantó un beso en la frente.

—Adiós, preciosa. Mejor suerte la próxima vez.

Luna suspiró. Su sobrino pequeño era tan juguetón como serio su hermano mayor. Demasiado juguetón. Ya era hora de que sentase la cabeza. Ya era hora de que todos sentasen la cabeza. Cuando encontrasen a la mujer adecuada, claro.

—Nos vemos en el café el lunes por la mañana. No podemos retrasar el pago de la hipoteca más tiempo, tía Luna —dijo Darien—. Este fin de semana me pondré con la contabilidad.

Ella levantó los ojos al cielo. Su guapísimo sobrino iba a pasarse el fin de semana trabajando. Si alguno de ellos necesitaba "urgentemente" una mujer, ese era Darien.

Afortunadamente para Darien, ella se encargaría de todo.

Unos minutos después, Zirconia asomó la cabeza en la habitación.

—No hay moros en la costa. Tus sobrinos se han ido.

—¿Y?

—¡Los hemos pillado! —gritó Zirconia. Luna saltó de la cama e hizo un bailecito de victoria. Después, cambió la marcha fúnebre por un CD de Van Halen.

—Este es el mejor día de mi vida.

Zirconia soltó una carcajada.

—Los chicos no sospechan nada. Se pusieron tan contentos al ver que no estabas muerta que no se han dado ni cuenta.

Luna se frotó las manos.

—Bueno, no me dejes en suspenso.

Zirconia salió de la habitación y volvió al cabo de un minuto con tres tazas de café.

Madame Luna sonrió al ver los posos depositados al fondo de cada taza. Eso les enseñaría a no subestimarla. Llevaban diez años lavando sus tazas para que ella no pudiera leer los posos. Hasta ese momento.

—¿De quién es esta? Zirconia dejó de sonreír.

—¿Cuál?

—¿De quién es cada taza? No puedo leer los posos si no sé a quién pertenece cada taza.

—Ay, madre —suspiró su amiga.

—No me digas que no lo sabes.

—No te asustes. Seguro que me acuerdo.

Luna se mordió los labios. Zirconia era una amiga estupenda y una buena ama de llaves, pero no tenía la mejor memoria del mundo. La semana anterior olvidó poner ajo a un pan de ajo.

—Déjame pensar... Darien tenía la taza roja. Nick la azul... y Andy la verde.

—¿Estás segura? Porque el rojo es el color favorito de Andy.

—Ahora que lo dices... sí, creo que Andy tenía la taza roja. O sea, que Darien tenía la azul y Nick la verde.

—¿No habías dicho que Nick tenía la azul?

—¿Ah, sí? Sí, sí, Nick tenía la azul.

—¿Y Darien tenía la verde?

—No, Darien tenía la amarilla. Luna se dejó caer sobre la cama.

—No hay ninguna taza amarilla, Zirconia.

—Ah, es verdad. La amarilla se rompió esta mañana.

—Piensa, Zirconia, piensa. Porque si mezclo las tazas... no sé lo que podría pasar. Las consecuencias podrían ser catastróficas.

Zirconia respiró profundamente.

—Andy tenía la taza roja. Nick, la azul y esta —dijo, tomando la verde— es la de Darien.

—¿Estás segura?

—Completamente —afirmó su amiga—. En serio, estoy segura.

Luna examinó los posos y, unos segundos después, una sonrisa de triunfo iluminó su rostro.

—Darien Chiba, veo romance en tu futuro.

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Hola chicas, aquí les dejo esta historia que no es mía pero que leí hace tiempo y que a mí me encanto y más para adaptarla a mi pareja favorita, así que espero que sea de su agrado y subiré otro capítulo muy pronto.

Sé que tengo historias pendientes amigas, pero bueno… acabo de entrar a trabajar y pues quizá no pueda escribir tanto como quisiera, aunque trataré pero por mientras quiero dejarles esta adaptación. Espero les guste!

Besitos

Ángel Negro