Claim: Keith Goodman/Ivan Karelin.
Notas: Sirtuado en un Universo Semi-alterno, donde Ivan no es un héroe.
Rating: T.
Género: Romance/Angst.
Tabla de retos: Fantástica.
Tema: 13. Pero...


—Vamos, querido, no estás ayudando —son las primeras palabras que Nathan le dirige en su primera visita y tras el incidente de Keith. Tiene todo el tono de una madre enfadada y decepcionada y aunque le da un poco de risa el sólo pensarlo, Ivan consigue aguantársela y mantener su fachada de enojado (cosa que sí está), con los brazos cruzados y una mirada desafiante en sus ojos violetas—. Esto es por Keith, ¿verdad?

Nathan deposita con un dejo de cansacio su maletín sobre la mesa y tras recargar su mejilla contra su palma, le dedica una mirada de profunda compasión que sólo lo hace enojar más. ¿Cómo se atreve a juzgarlo también, cuando claramente se nota que sabía lo de Keith? ¿Y cómo no saberlo si él lo contrató? ¿Cuánto más podían burlarse?

—Escucha, puedo imaginar, más o menos lo que estás pensando —los párpados de Nathan tienen un ligero tono rosáceo y sus pestañas, largas y negras, se mueven a un compás casi hipnótico mientras lo observa—. Sabía que Keith debió decirte de su identidad secreta desde el principio, sabía que no debía involucrarse. Pero Keith es ingenuo, ¿sabes? Un tonto ingenuo y encantador —Nathan suelta un largo suspiro, mirándolo directamente a los ojos, como si quisiera transmitirle algo muy importante—. Ivan, supongo que no dejaste que te explicara por qué lo hizo, ¿verdad?

—¡No! —responde el rubio, aunque de alguna manera siente que Nathan desea hacerlo sentir culpable por ello—. ¡¿Para qué?! Seguramente sólo quiere seguir jugando al héroe, yo qué sé, no me importa.

—Pero a Keith sí le importa, mucho más de lo que tú crees —Nathan cambia el peso de una mano a otra durante un instante, antes de ponerse rígido y serio, dispuesto a contarlo todo tal y como es—. Escucha, Keith es un tonto ingenuo, ¿sabes por qué? Porque cree en la justicia ciegamente, cree en el bien y en todas aquellas cosas bonitas, como los finales felices y los cuentos de hadas. Hasta hace poco, hasta antes de capturarte, Keith creía ciegamente en el sistema de justicia, en que hacía un bien a Sternbild, que la justicia siempre triunfa. Sin embargo, te conoció. Un joven al que después supo que era inocente, el gran error de una carrera perfecta desde hace 6 años, un desbalance en todo aquello en lo que creía y era. Si existe la justicia, ¿por qué te han encarcelado? ¿Hace bien? ¿Hace mal? Keith se siente perdido sobre ello, ¿nunca te has sentido así?

Ivan se mantiene en silencio, con los labios fuertemente apretados, creando una línea. En su mente, sin embargo, no puede evitar comprenderlo y sentirse identificado, pues él también ahora duda de todo lo que conoció y lo que ahora es, de Edward, su supuesta amistad y el mundo en el que vive. No obstante, no lo expresa y tras un tiempo prudencial, en el que Nathan suelta otro suspiro al darse cuenta con qué tipo de terco está tratando, prosigue su historia.

—Así que ha decidido ayudarte, no sólo para redimirse a sí mismo, sino por ti, Ivan, ¿o crees que no ve lo que tú eres? ¿El muchacho inocente que tiene tantas cosas qué hacer en su vida? No, Ivan —su tono se vuelve súbitamente un poco más duro, digno del defensor de la ley que es, pero sobretodo digno del mejor amigo de Keith, tanto de sus fallas como de sus aciertos—. A Keith nunca le ha importado ser el mejor, pero sí hacer lo mejor para todos. Es el Rey de los Héroes, como bien debes saber y sin embargo, de lo único que se preocupa es de hacer sus turnos cada noche, de hacerlo bien, de buscar esa organización con la que te han involucrado, de redimirse. Puede que no te guste, puede que lo odies, estás en todo tu derecho, pero ayúdalo. Cualquier pista que tengas, cualquier cosa que sepas, dímela o dísela, para que así puedas salir de aquí y olvidarlo todo.

Ivan asiente, aunque aún se niega a proferir palabra alguna. Con un movimiento de la cabeza le indica que está dispuesto a pensarlo, antes de ponerse de pie para salir de la habitación y dirigirse a su celda, donde podrá cavilar en calma. Todavía no puede decidir si odiarlo o no, porque no lo entiende, no lo conoce salvo de dos encuentros fugaces y dos malentendidos, lo único que sabe es que quizás aceptará su ayuda, con todo y los "pero..." que plantea su orgullo y su corazón.