Claim: Keith Goodman/Ivan Karelin.
Notas: Sirtuado en un Universo Semi-alterno, donde Ivan no es un héroe.
Rating: T.
Género: Romance/Angst.
Tabla de retos: Fantástica.
Tema: 09. Brindis.


Nathan no puede evitar reír entre dientes, mientras finge estar muy ocupado revisando unos papeles bastante importantes. Por suerte, su maletín cubre su rostro sonriente, pues de otro modo quizás terminaría arruinando la "reunión" que tanta gracia le da. A Ivan le ha costado trabajo aceptarlo y aunque mantiene un rostro impasible, lo conoce demasiado bien y sabe que, bajo la protección de la mesa, sus manos se retuercen como dos víboras hambrientas. Mientras tanto, Keith, en frente de él, tiene toda la pinta de no saber qué decir y aunque sus manos no tiemblan, Nathan puede sentir los nervios que emanan de él, similares a un aura protectora.

—Vamos, chicos, ¿es que no piensan hablar? —tras un rato de estar observándolos, por fin el hombre se desespera y cierra su maletín de un golpe que los hace dar un salto, momento en el cual apartan su mirada el uno de otro, pues habían estado estudiándose sin siquiera darse cuenta de ello.

—Sí, lo siento —se disculpa Keith lanzándole una rápida mirada. Todavía no sabe cómo empezar a remediar el daño causado, pero piensa que Nathan tiene razón y que no solucionará nada quedándose sentado, por lo cual y tras un largo suspiro para ganar fuerzas, hace una profunda reverencia y se apresura a decir—. Lo siento mucho, perdóname, Ivan.

La disculpa toma a Ivan por sorpresa, aunque en principio estaba esperándola, como mero requisito para una reconciliación formal. Es tan extraño ver a ese héroe tan poderoso y tan popular inclinado ante él, con el cabello derramándose suavemente por su chaqueta azul y las manos convertidas en puños, que lo hace sentir incómodo.

—¡No, no! —se apresura a exclamar, también poniéndose de pie y exclamando de nuevo la risita en los labios de Nathan, que quiere buscar un buen champagne para ponerse a brindar por ese par de tontos—. ¡Yo también lo siento! ¡No debí decir lo que dije! ¡Sólo estaba haciendo su trabajo!

—Aún así, lo siento —tras hacer otra rápida reverencia, Keith se queda quieto, quizás esperando algún tipo de sentencia.

—No, está bien. Al menos ya estamos en ello, ¿verdad? —y sí, eso debería de ser suficiente, lo sabe y sabe que ha actuado de manera irracional, pero el estar encerrado día y noche en un lugar tan horrible, sin más compañía que su atribulado cerebro, no le ayuda a tener muchas ideas lógicas—. Por favor, ya es suficiente. Hay que sentarnos.

El mayor de los dos, el rubio de ojos azules como el cielo, asiente y sonríe, no sin antes extender una solícita mano, como señal de que cierran un pacto y aunque quizá no una amistad, al menos una tregua. Ivan mira incrédulo su mano antes de estrecharla, sintiéndose aún más extraño y doblemente incómodo cuando Nathan comienza a reír nuevamente.

—Muy bien, eso ha estado muy bien —dice el hombre y parece pensar en un chiste secreto, pues vuelve a reír antes de ponerse serio—. Ahora tenemos que ponernos a ello de verdad, ¿de acuerdo, queridos? Así que díganme, ¿qué han encontrado hasta ahora?

—Nada —comenta Ivan, sintiéndose de nuevo un poco tonto. Aunque ha tratado de observar con detalle a Edward, no ha encontrado un tatuaje, mucho menos el tiempo para buscarlo sin parecer sospechoso.

—Está bien, sabemos que no puede ser tan sencillo, no cuando puede que su abogado le haya dicho ya sobre el tatuaje, aunque no esperaría mucho del amateur que le ha tocado —Nathan se encoge de hombros, descartando la posibilidad con realismo, pues si fuera siempre tan fácil no sería abogado—. Sería mejor si pudiéramos conseguir una confesión de su parte, pero creo que es mucho pedir a estas alturas. Esperar algo de Edward, no, es imposible. Así que nos queda... —señala con una larga uña rosada al héroe, que se las arregla para parecer totalmente distraido pero aún así asentir a cada palabra, como si estuviera digiriendo el discurso a la perfección.

—Sí, he estado buscando. Encontré un bar que parece estar bajo el mando de las Mariposas Negras como base de operaciones, pero sin comprobación, sin una causa probable, no puedo entrar ahí —Ivan se sorprende al escuchar sus palabras, que hablan no sólo de su compromiso como héroe, sino también como persona. Ha estado buscando a pesar de que lo insultó la última vez que se vieron, ha estado buscando y, aunque sometido por la ley, nunca antes se ha sentido más cerca de la salida. Keith puede parecer distraido, pero se toma muy en serio su trabajo, su semblante cambia, del hombre distraido y calmado, a alguien calculador y justiciero, tan diferente... Ojalá él pudiera ser así, pero aún se siente desvalido ante el destino. Un poco más optimista, pero desvalido.

—Gracias, Keith-san —murmura Ivan cuando todos se sumen en sus propias cavilaciones, buscando sin duda la mejor manera de unir las pistas que tienen en una buena defensa, suficiente para arresto domiciliario o libertad condicional, al menos—. De verdad, gracias.

Sus palabras se encuentran anegadas de las lágrimas que no puede verter, no todavía y cuando ambos se sonríen, olvidados de pronto de Nathan y de la empresa que los mantiene unidos, Nathan piensa que lleva la partida ganada, aunque aún le falta mucho por recorrer.