El callejón era oscuro y silencioso, la luz diurna no llegaba a ese punto del lugar gracias a la altura de los edificios viejos y sucios. Sólo podían oírse sus pasos al caminar haciendo eco hasta el final del callejón.

Paró de caminar al ver a alguien a metros de él; los ruidos y ecos cesaron al parar. La vio, ella con su vestimenta negra y su mirada seria, segura de sí. Portaba una navaja que rodeaba con su puño.

Ella lo miraba desafiante, él sonrió malicioso. Después de todo, ella sólo era un juguete para él, en cualquier momento sabía que ella se revelaría así. ¿Ella creía que simplemente hiriéndolo con ese cuchillo dejaría de vivir? Ilusa. Él era un Inmortal, y el más fuerte que existía.

Ella dio un paso hacia atrás para impulsarse para correr rápidamente hasta él y cortarle el cuello, pero él fue más rápido y lanzó su brazo para agarrar con las manos desnudas la navaja, impidiéndole avanzar un paso más.

Por más que la navaja le cortaba la mano izquierda, él ya no sentía dolor. El aire de la brisa podría hacerle picar la mano ensangrentada, pero darle dolor ya no. Ya estaba acostumbrado a que su cuerpo fuese destrozado incontables veces.

La mujer intentó resistirse y alejarse para un nuevo ataque, así que hundió el cuchillo en la piel del hombre hasta partir la palma a la mitad. Ella intentó evitar un nuevo forcejeo, pero instantáneamente el chico la atrajo hacia él con fuerza.

Él la miró con sus ojos llenos de extrema autoconfianza, sadismo y maldad. Era su fin. Utilizó el método de alquimia para acabar con ella, puso su mano derecha sobre su cabeza y comenzó a absorberla. Ella no hizo nada en su defensa.

Al terminar de darle muerte, las ropas oscuras de ella se desparramaron por el suelo. Al ver cumplida su tarea de deshacerse de aquel homúnculo inservible, comenzó a reír festejando su victoria. Ilusa, ella había sido tan ilusa. Pero tanto que al querer explorar los recuerdos de ella, se encontró con algo que lo hizo temblar.

Yo te amaba…—Fueron sus palabras.

Abrió los ojos desesperadamente, no sabía qué hacer. Aquello le dio un escalofrío tremendo e hizo latir su corazón más de lo normal. Pero luego se dio cuenta que él ya no estaba en aquel callejón, vio el techo y recordó que estaba en la prisión, donde estuvo todo ese tiempo. Había sido un sueño… no, una pesadilla.

Comenzó a temblar con sólo pensar en lo que acababa de soñar. Sí, prácticamente era el Inmortal más fuerte, porque al matar a Szilard, toda la fuerza y poderes que poseía aquel hombre llegaron a él. Pero con todos los recuerdos malignos de aquel viejo
rondando por su cabeza, temía que tarde o temprano se volvería así como él, se convertiría en eso y acabaría con todos sus seres queridos, hasta con ella, la persona más preciada para él. Ese… era su inevitable destino.