Notas de traducción:

¡Oh, yeah! ¿Adivinen qué? He llegado a mi vigésima traducción… Sí, se siente bastante bien… Y, ¿qué mejor que darle este honor a una excelente historia de Cheryl Dyson?

Esta historia tiene un minúsculo detalle… Estoy 80% seguro de que no está traducida al español, y de que yo la leí, en su momento, en inglés… Si está traducida por alguien más, les agradecería que me lo informaran.

Bueno, es todo por el momento. Espero les agrade…


Parte Uno

Capítulo Uno

Harry se encontró con un nuevo y mejorado Draco Malfoy la tarde de un martes. Acababa de conseguir que Teddy se quedara sentado para el té, cuando un fuerte golpeteo sonó en la puerta. Harry lo ignoró hasta que Teddy preguntó:

—¿Vas a ir a ver, tío Harry, o quieres que vaya yo?

Harry reprimió un suspiro. A las dos de la tarde, solo podían ser abogados o reporteros, y no estaba de humor para lidiar con alguno de ellos, pero había estado intentando inculcarle a Teddy el concepto de ser cortés, algo que incluía abrir la puerta y regresar invitados indeseados por donde vinieron. Cortésmente.

—Quédate aquí y termínate tu jugo —dijo, y fue a la puerta, con la varita en mano, por si acaso. Nunca se esperó ver a Pansy Parkinson y Draco Malfoy, parados en su umbral.

—No te quedes ahí con la boca abierta, Potter, invítanos a pasar —exigió Parkinson.

Harry pensó que preferiría tener un par de desquiciados leones rondando por su casa, pero se hizo a un lado y los dejó pasar. Malfoy le sonrió de forma lánguida, haciendo que Harry lo mirara con sorpresa, parpadeando, preguntándose por qué la falta de animadversión.

—Siéntate, Draco —ordenó Pansy, cuando Harry cerró la puerta y los siguió a la sala. Malfoy se sentó obedientemente en el sillón de Harry y luego lo miró con expectación. Parkinson caminó cerca de la chimenea—. Muy bien, Potter, dado que a nadie más le importa un rábano, lo traje contigo. —Señaló a Malfoy con su dedo, con una uña afilada—. Arréglalo.

Harry arrugó la frente y negó con la cabeza.

—Yo no… estoy seguro de a qué te refieres.

Parkinson rodó los ojos.

—¿Has estado viviendo bajo una piedra? De seguro sabes lo que pasó…

Harry miró a Malfoy y frunció el ceño. Sabía un poco del asunto, claro. Todos lo sabían. Unos mortífagos solitarios habían invadido la mansión Malfoy, habían matado a Lucius y a Narcissa, y habían incendiado el lugar. Los elfos domésticos habían conseguido apagar las llamas antes de que hicieran demasiado daño. Draco no había estado en casa en ese momento.

—Sé del ataque, sí —admitió Harry, mirando a Malfoy con expresión casi simpática, pero el rostro de Malfoy seguía sin expresión, y el rubio miraba a Harry con una expresión enigmática.

—¿También sabías que Draco ha estado en San Mungo por casi un mes? —preguntó la mujer.

Harry negó con la cabeza.

—He estado de vacaciones —dijo. Se había tomado el verano para descansar, cuidar a Teddy, y también para revaluar su vida y decidir si quería continuar en el programa de aurores. Eso de lo que había estado tan seguro en un momento, ahora le parecía lleno de políticas, papeleo y una increíble falta de excitación.

—Eso me han dicho. Debiste de haberte perdido la parte en la que alguien regresaba a la mansión, para terminar el trabajo. Draco fue atacado y le lanzaron un Obliviate. Casi no recuerda nada. —Su voz sonó con amargura cuando añadió: —¡Apenas y me recuerda!

Malfoy frunció el ceño al verla y luego metió una mano en su túnica, para sacar un pequeño bloc de notas y una pluma auto recargable. Escribió un poco y luego le ofreció la nota a la mujer. Ella cerró los ojos, como para evitar decir algo, y luego se acercó para mirarla. Harry miró la interacción, extrañado. Parkinson se enderezó y le sonrió a Malfoy con cariño.

—Sé que me recuerdas del Baile de Navidad, Draco. Pero eso fue hace ocho años. —Suspiró y fulminó a Harry con la mirada—. A nadie en el ministerio le importa. Ni siquiera pueden encontrar a los responsables del asesinato de sus padres y, claramente, no les preocupa que él se haya convertido en… esto.

La expresión de Malfoy se hizo más familiar, volviéndose una mirada altiva. Escribió en el papel una vez más.

—¿Por qué…? —comenzó Harry.

—¡No puede hablar, Potter! ¿No es obvio? La mitad de su jodida memoria desapareció; no puede hablar y perdió su varita… ¡Joder, ahora es prácticamente un squib! Incluso con una varita, no puede hacer ningún hechizo. ¡Quiero que lo arregles!

Harry la miró con la boca abierta. ¿Draco Malfoy? ¿Mudo? ¿Incapaz de hacer insultos u observaciones aparentemente superiores, o escupir palabras de odio y malicia? ¡Parecía un regalo! Como justicia poética.

—Pero, si los de San Mungo no pudieron ayudarlo, ¿qué esperas que yo…?

—No me interesa, Potter. ¡Utiliza a tu molesta amiga astuta y al resto de tus estúpidos Gryffindors y resuelve esto! Según lo veo, se lo debes.

Malfoy dejó de escribir, fulminando a la mujer con la mirada, aparentemente decidiendo que Parkinson no tenía intención de leer sus palabras. Arrugó la página y luego recorrió el lugar con la mirada, tal vez tratando de decidir qué hacer con ella.

—¿En qué forma se lo debo? —preguntó Harry.

—Tenías con su madre una deuda de vida. Ahora que ella ya no está, la deuda debería transferirse a Draco.

Harry rodó los ojos.

—Él tiene una deuda de vida conmigo. Deberían cancelarse una a la otra.

—¿Tío Harry? Me acabé mi jugo.

Harry bajó la cabeza para encontrarse con Teddy, merodeando cerca. Posó su mano sobre el cabello de Teddy que, de momento, estaba café. En la escuela le habían enseñado que su cabello y sus facciones debían verse "normales" cuando conociera a gente nueva. Antes de que Harry le ordenara regresar a la cocina, Parkinson se acercó y se agachó, hasta estar a la altura de Teddy.

—Vaya, hola —dijo, en un tono alegre—. Qué jovencito tan guapo eres. Mi nombre es Pansy.

Teddy le sonrió.

—¡Yo soy Teddy Lupin! —anunció—. Éste es mi tío Harry.

—Lo sé. Somos muy viejos amigos. Y este es Draco Malfoy. Te saludaría, pero no puede hablar.

Teddy puso los ojos como platos y miró a Malfoy.

—¿No puedes?

Malfoy negó con la cabeza, solemnemente.

—Entonces, ¿cómo pides galletas?

Los labios de Malfoy formaron una sonrisa divertida y Harry se quedó mirándolo. Nunca había visto a Malfoy con una expresión parecida; diversión, sí, pero nunca sin el deje de malevolencia. Se veía muy abierto y amigable, mientras inclinaba la cabeza y escribía en su bloc. Teddy se acercó para ver.

—¡Oh, escribes notas! ¡Yo puedo leer! —anunció Teddy en voz alta. Se giró para ver a Harry, orgullosamente—. ¡Yo puedo leer sus notas!

Harry sonrió tolerantemente y se preguntó cómo iba a alejar a Teddy de Malfoy, para poder sacar a los dos ex Slytherins de su casa.

—Lo sé, Teddy, lees muy bien para tu edad. ¿Te importaría…?

Parkinson lo interrumpió.

—De hecho, me tengo que ir, Potter. Solo dejaré a Draco aquí contigo y regresaré el sábado. —Su voz se oyó con total naturalidad, mientras pasaba junto a él hacia la puerta principal.

—¿Qué? —preguntó Harry, volteando para mirar a la mujer—. ¡No puedes hacer eso!

—Bueno, no puede venir conmigo, Potter. Me voy a Suiza con mamá por el resto de la semana. Estoy segura de que serás capaz de ayudarlo. —Levantó la voz—. ¡Adiós, Draco! ¡Regresaré pronto para asegurarme de que Potter no te esté maltratando!

—¿Maltratando? ¡Espera! ¡No puede quedarse aquí!

Parkinson abrió la puerta.

—Claro que puede. Tienes mucho espacio, y él no es ninguna molesta. Ya lo verás. Hasta el sábado, Potter. —Con eso, la mujer descendió los escalones del frente, se despidió casi coquetamente y se desapareció. Harry miró el lugar donde se había desaparecido con los ojos entrecerrados y revisó ambos lados de la calle, buscando algún muggle mirón. Afortunadamente, parecía que no había ninguno.

—Maldita —dijo Harry entre dientes, y cerró la puerta. Regresó a la sala, solo para detenerse de golpe en la entrada. Malfoy estaba tumbado sobre el suelo, junto a Teddy. Por un horroroso momento, Harry pensó que había habido un accidente, pero entonces notó que cada uno tenía un par de dragones de juguete de Teddy en las manos.

—… y éste es un dragón bueno —estaba diciendo Teddy—. Entra y pisa a los dragones malos que se comen a la gente. ¡Así! —Teddy dejó caer su dragón sobre algunos de los otros, con un fuerte rugido. Su cabello era azul brillante. Harry suspiró, frotando sus sienes con los dedos, debido al repentino dolor de cabeza que sintió.

—Teddy, ¿qué te he dicho acerca de romper tus juguetes? —preguntó.

—Pero siempre los reparas para mí, tío Harry.

—Lo sé, pero comienzo a cansarme de hacerlo. Debes tratar de mantenerlos intactos por un tiempo, ¿de acuerdo?

—Está bien —dijo Teddy, con un tono triste—. Draco, no rompas los dragones. Harry dice que juguemos bien.

Malfoy asintió y le sonrió a Harry. El moreno no correspondió al gesto.

—Teddy, ¿podrías subir tus juguetes y guardarlos? Necesito hablar con Malfoy por un minuto.

—Pensé que su nombre era Draco.

—Sí, está bien. Necesito hablar con Draco. En privado.

Teddy suspiró con pesadez, pero juntó sus dragones y se los llevó.

—Adiós, Draco, gracias por jugar conmigo.

Malfoy sonrió y se despidió, mientras se ponía de pie. Teddy anduvo por el pasillo hacia las escaleras, rebotando como un canguro o un conejo. Harry negó con la cabeza y admitió:

—Ese niño da mucho trabajo. Lo cuido durante el verano, dado que Andrómeda se fue a Italia, para unas muy merecidas vacaciones.

Malfoy asintió cortésmente y Harry entendió que en verdad había perdido la memoria. No hubo ningún signo de que reconociera a su tía Andrómeda cuando Harry la mencionó.

—¿Me recuerdas? —preguntó Harry suavemente.

Malfoy asintió de una manera casi ansiosa. Sacó su bloc y escribió por un momento, antes de arrancar la hoja y ofrecérsela a Harry.

Te vi en una tienda de túnicas cuando éramos niños, y recuerdo que quería ser tu amigo.

Harry inhaló, sorprendido, y percibió una curiosa sensación de culpa. Había rechazado la amistad de Malfoy cuando niños. Seguramente también recordaba eso, ¿verdad? Alzó la cabeza y comenzó a hablar, pero Malfoy había estado escribiendo de nuevo. El rubio arrancó otra pieza de papel.

Y me salvaste de un fuego.

Harry lo miró, solo para encontrarse con unos ojos cándidos y grandes, que lo miraban con algo que parecía, extrañamente, admiración. Era casi perturbador, en especial cuando Harry notó, sin quererlo, que sin su familiar expresión petulante y enojada, Malfoy era bastante bien parecido.

—¿Recuerdas por qué? —preguntó Harry.

Malfoy negó con la cabeza y frunció el ceño. Si su comportamiento era fingido, entonces estaba haciendo un muy buen trabajo. A pesar de su molestia, Harry estaba curioso. No podía pensar en una razón lógica para que Malfoy pretendiera ser mudo, y era verdad que los padres de Malfoy habían sido asesinados. Harry señaló el sillón y esperó a que Malfoy se sentara, antes de sentarse en una silla frente al rubio.

—¿Recuerdas algo acerca de cómo… perdiste la memoria? ¿Fuiste atacado?

Malfoy sonrió sarcásticamente, metió una mano en su túnica de nuevo y sacó un pergamino doblado. Por un momento, escribió algo hasta arriba de él con su pluma, y luego se inclinó hacia adelante para dárselo al moreno.

Pansy me dijo que preguntarías, había escrito.

La página mostraba una caligrafía desordenada, que era completamente distinta a las elegantes líneas de Malfoy. Contenía un vago recuento de las observaciones y suposiciones de Pansy Parkinson. La mujer lo había encontrado recostado en el suelo de su dormitorio, en la mansión Malfoy, un poco después de que Malfoy se olvidara de una cita programada para almorzar. Al parecer, los elfos domésticos de Malfoy habían sido inútiles, pues se habían rehusado a hablar con Parkinson, y solo se habían dirigido a ella para exigirle que "arreglara al amo Draco". Malfoy no recordaba nada previo al incidente. La mujer había escrito: Draco casi no recuerda nada de su edad adulta. Solo tiene recuerdos aleatorios que no puede conectar, aunque parece recordar casi toda su niñez. Los sanadores dicen que no tienen idea de si su condición es permanente, aunque creo que solo estaban siendo evasivos y no me estaban diciendo la verdad. Quiero que vuelva mi antiguo Draco. Había subrayado la última línea dos veces.

Harry alzó la cabeza cuando Malfoy le ofreció otra página. La tomó y leyó. ¿He cambiado mucho? Harry sonrió irónicamente. El simple hecho de que Draco Malfoy estuviera en su casa y que no estuvieran gritándose o intercambiando maldiciones o golpes respondía a la pregunta.

—Supongo que aún está por verse. Vamos, si vas a quedarte aquí, supongo que debemos encontrarte un cuarto. —Harry se puso de pie, pero Malfoy se quedó sentado, escribiendo. Arrancó la hoja de papel y se la dio a Harry.

No quiero ser una molestia. Puedo irme a casa, o regresar al hospital.

Harry negó con la cabeza. La mansión Malfoy había sido incendiada. Harry había leído el reporte y sabía que estaba extensamente dañada. Y San Mungo… Bueno, odiaba cuando alguien pasaba tiempo ahí. Harry había estado en ese lugar lo suficiente como para querer evitarlo para siempre. Y, a decir verdad, Harry sentía curiosidad. No lastimaría soportar a Malfoy por unos cuantos días y tratar de descubrir qué recuerdos le faltaban. Seguramente, Hermione estaría intrigada.

—No es molestia. Parkinson… Pansy tenía razón. Tengo mucho espacio. De hecho, hasta puedes elegir un cuarto. Hay bastantes.

Llevó a Malfoy al piso de arriba, donde Teddy se les unió con rapidez. El niño rebotó de alegría al saber que Malfoy se iba a quedar. De inmediato, Teddy le dio un tour por la casa, mientras describía las características de cada cuarto.

—¡Y éste de aquí es el mejor! —anunció Teddy, mientras abría la última puerta—. Está junto al mío y cruzando el pasillo llegas al del Harry, para que estés cerca si tienes una pesadilla y necesitas meterte en la cama de Harry y acurrucarte con él. Conoce muchas formas de espantar a los monstruos.

Harry se atragantó y lo cubrió con una tos, mientras alzaba la cabeza para ver los grises ojos de Malfoy, brillando por la diversión. De repente, el aire se sintió más pesado y Harry se sintió extrañamente cálido, mientras entendía que la idea de que Malfoy se subiera a su cama era menos divertida de lo que debía haber sido.

Malfoy le dio una nota a Teddy y el niño la leyó en voz alta, luchando un poco con las palabras.

—Bueno, entonces tendré que tomar este cuarto. ¡Tío Harry! ¡Draco quiere este cuarto! —Teddy bailó en su lugar y Malfoy se rio. Una sonrisa amenazaba con cruzar el rostro de Harry.

—Muy bien. Haré que Kreacher prepare el cuarto. Puede... em… tomar prestado uno de mis pijamas esta noche. —Harry se sonrojó al pensar en Malfoy, usando su pijama y, mentalmente, maldijo para sí mismo. ¿Cuál era su problema?

Malfoy escribió otra nota. Mandaré una carta a San Mungo para recuperar mi ropa. Muchas de mis cosas siguen en la mansión, pero no puedo viajar por mi cuenta. Malfoy hizo una mueca cuando le dio la nota a Harry, quien entendió que estar mudo era una terrible desventaja en el mundo mágico. Malfoy no sería capaz de hacer hechizos o de siquiera viajar por la red flú. Probablemente podría aparecerse, pero no sin una varita.

—¿Aún puedes volar? Con escoba, me refiero —preguntó Harry.

Malfoy asintió y sus ojos parecieron iluminarse. Harry sintió algo parecido al alivio y entendió que se había estado sintiendo mal por él, pero se sintió un poco mejor al saber que Malfoy aún podía volar.

—¡Parque! ¡Parque! ¡Parque! —gritó Teddy de repente, tomando la mano de Harry y jalándolo. Para un niño pequeño, el enano era brusco.

—Teddy, no podré utilizar mi brazo si me lo desencajas —dijo Harry.

—¿Qué es desencajar?

Harry miró a Malfoy con dolor.

—Usualmente llevo a Teddy al parque en la tarde. ¿Te gustaría venir con nosotros? —Era más que una pregunta cortés: Harry no confiaba en dejar al Slytherin solo en su casa. No era como si Harry tuviese algo qué ocultar, a menos que uno contara la pornografía gay que estaba escondida, en un cofre cerrado, dentro del armario de Harry. En definitiva, Harry contaba eso como algo que prefería mantener escondido.

Teddy movió su atención, y su agarre, al brazo de Malfoy.

—¡Ven con nosotros, Draco! ¡Ven con nosotros! ¡Ven con nosotros! —El cabello de Teddy cambió de azul a rosa chillón. Harry no había entendido la forma en la que el color del cabello de Teddy cambiaba; en raras ocasiones, el tono de su piel también cambiaba.

Malfoy solo sonrió y asintió; al parecer, poco perturbado por el alboroto de Teddy. Harry mandó al niño a que fuera por un abrigo, a pesar de que el día estaba cálido. Teddy tenía el hábito de mojarse. Si el parque contenía agua, Teddy la iba a encontrar, normalmente cayendo en ella.

¿Cómo es que su cabello cambia de color?, escribió Malfoy.

Harry pasó los siguientes minutos explicando las habilidades de Teddy como metamorfomago, y cómo las había heredado de su madre. Harry apartó la oleada de tristeza por el recuerdo de Remus y Tonks, y añadió:

—Su abuela es la hermana de tu madre. Teddy es tu primo.

Malfoy puso los ojos como platos por la sorpresa y, cuando Teddy regresó, el rubio flexionó una rodilla y luego abrazó al niño con fuerza.

—¡Hey! ¿Qué hice? —preguntó Teddy, pero rio y apretó el cuello de Malfoy con sus pequeños brazos, tratando de no lastimarlo con el unicornio de madera que cargaba.

Cuando Malfoy se levantó, Harry se sorprendió al ver el brillo en sus ojos, que representaba lágrimas no derramadas. Contuvo el aliento cuando Malfoy comenzó a escribir. La opinión que Harry tenía del Slytherin cambiaba con velocidad, y eso era un poco alarmante.

Me dijeron que mis padres fueron asesinados, a pesar de que no lo recuerdo. Temía no tener más familia.

Harry sintió una punzada de culpa y pasó saliva, sintiendo su garganta extrañamente apretada.

—Vamos —dijo, y acercó a Teddy hacia él, poniendo la mano sobre su hombro—. Nos apareceré a los tres juntos. El parque no está lejos. —No estaba muy seguro de dónde tocar a Malfoy y, finalmente, decidió hacer como que era Ron, pasando un brazo por sus hombros. Malfoy se acercó dando un paso y Harry sintió el golpe del aroma de almizcle de la colonia del rubio. El moreno se preguntó si contenía alguna fórmula mágica para atraer, porque de repente sus sentidos se confundieron y le costó trabajo respirar—. Agárrate fuerte —dijo con aspereza, y se enfocó en concentrarse en su destino, en vez de en el calor de la presencia de Malfoy.

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Hyde Park (1) contenía una sección escondida, conocida solo por magos, lo que era fortuito para Harry. La falta de control de Teddy sobre sus habilidades hacía que mezclarse con muggles fuera una tarea difícil. Después de una corta caminata, Teddy corrió hacia una bandada de patos, y la mayoría de ellos remontó el vuelo, aunque algunos de los más densos solo se alejaron del alcance del niño.

—No tardará en caerse al lago —comentó Harry, viendo cómo Teddy perseguía, con tenacidad, a un ánade de cabeza verde, el cual remontó el vuelo, con un graznido, cuando el niño saltó.

—¡Casi capturé ése, tío Harry! ¿Viste?

—Sí, lo vi, Teddy —dijo Harry en voz alta. No estaba seguro de lo que Teddy planeaba hacer con un pato si llegaba a capturar uno, y se imaginó al ave, sentada en una jaula en la habitación de Teddy. No por primera vez, se preguntó si debía comprarle a Teddy una mascota; era solo que no estaba seguro de qué tipo de recibimiento tendría un animal cuando Andrómeda regresara. Suponía que podía mantenerlo en Grimmauld Place, en tanto no fuera un perro gigante o algo así…

Los pensamientos de Harry fueron interrumpidos por una nota que Malfoy le dio, para que la leyera.

No parece que yo te agrade.

Harry miró a Malfoy, se acomodó el fleco nerviosamente, y luego se encogió de hombros. Si Malfoy llegaba a recobrar su memoria, entonces lo recordaría lo suficientemente bien, él solo.

—Tenemos algo de historia —admitió Harry.

Malfoy jadeó y escribió: ¿Fuimos amantes?

La mandíbula de Harry tocó el suelo cuando leyó las palabras, y le tomó varios minutos procesar sonidos audibles.

—¡No! ¡Merlín, no!

Malfoy frunció el ceño y escribió. Harry miró a Teddy perseguir otro pato hasta que Malfoy arrojó un papel frente a él. Lo tomó.

¿Eres homofóbico? No quería causar ofensa.

—No, claro que no soy homofóbico —dijo Harry bruscamente—. De hecho, estoy bastante seguro de que soy… —Se ahogó con las palabras, entendiendo que no quería revelarle su identidad sexual a Draco Malfoy, de entre todas las personas—. No importa. Lo que quiero decir es que tú y yo… bueno, nunca nos llevamos bien. No desde que éramos niños. ¿En serio no recuerdas nada acerca de Hogwarts?

Malfoy se encogió de hombros y escribió. Tengo destellos, a veces. Te recuerdo jugando Quidditch, y creo que teníamos Pociones juntos. Siempre estabas fulminándome con la mirada, ahora que lo pienso. Y recuerdo que tenías dos amigos a los que envidiaba.

Esa era otra sorpresa. ¿Malfoy envidiaba a Ron y Hermione?

—¿Por qué?

Malfoy se encogió de hombros de nuevo, y sus blancos dientes mordieron su labio inferior por un momento, atrayendo la atención de Harry. Porque estaban contigo.

Harry se quedó sin aliento y miró a Malfoy fijamente; las pálidas mejillas del rubio se sonrojaron un poco, lo que agarró desprevenido a Harry. Merlín, no podía estar teniendo esa conversación con Malfoy, cuya horrible personalidad siempre había evitado que Harry pensara en él como remotamente atractivo. Se preguntó si la pérdida de memoria de Malfoy había erradicado su maldad, o si ese Draco había estado rondando bajo el otro todo el tiempo.

Afortunadamente, Teddy escogió ese momento para caer en el lago con un aullido, salpicando un poco, y Harry dejó de examinar las apuestas facciones de Malfoy para apresurarse a sacar al niño del agua.

~~X~~

Harry se arrodilló frente a la chimenea en la cocina y llamó por la red flú a Luna, que trabajaba en San Mungo, en el departamento de Daños Causados por Hechizos. No estaba bastante listo para llamar a Hermione y admitir que Malfoy estaba viviendo en su casa, aunque fuera temporalmente.

Luna no pareció sorprenderse al oír de él, aunque la mujer nunca parecía sorprenderse con nada. Harry explicó que Pansy había dejado a Malfoy en su entrada.

—Es una suerte que Draco recuerde algo, en realidad —dijo Luna—. ¿Recuerdas a Gilderoy Lockhart? Aún tiene problemas para recordar su propio nombre. Al menos Draco retuvo casi toda su personalidad, así como el inherente recuerdo de quién es. Parece como si bloques específicos de su memoria hubieran sido destruidos, mientras que el pobre profesor Lockhart tiene un daño extendido.

—¿Crees que los atacantes de Malfoy estaban intentando esconder algo específico? —preguntó Harry.

—Así parece.

—¿Y no se puede hacer nada?

—La memoria es algo delicado, Harry, y no hay mucha gente dispuesta a dedicarle tiempo para trabajar en ella. Tenemos otras enfermedades en nuestras manos, otras más apremiantes. Simplemente no hay suficientes sanadores.

Harry suspiró y asintió. La magia de la mente era un campo raro, y los especialistas preferían enfocarse en aberraciones mentales, como la psicosis, o en el estudio de por qué ciertos magos eran squibs.

—¿Y la inhabilidad de Malfoy para hablar?

Luna le sonrió.

—No es que no pueda, es solo que olvidó cómo hacerlo. Confío en que podrá volver a aprender esa habilidad en específico, aunque requerirá paciencia. Necesita que se le enseñe, como si se tratara de un niño, para poder crear nuevas conexiones neurales.

Harry dudaba ser capaz de enseñarle a Malfoy a hablar para el sábado, que era cuando tenía que regresar al rubio al cuidado de Parkinson, pero al menos eran noticias prometedoras.

—¿Quién está trabajando en el caso de Malfoy? —preguntó.

—¿En el ministerio? Deberías saberlo mejor que yo, Harry.

El hombre negó con la cabeza.

—Tomé un descanso para poder cuidar a Teddy durante el verano. No he ido al ministerio en un mes. —A decir verdad, Harry no estaba completamente seguro de querer regresar. El entrenamiento para auror no era lo que había esperado; parecía más una continuación de la escuela, con clases de Teoría Mágica Aplicada y horas de reuniones mundanas y absurdos niveles de papeleo, que incluían ensayos donde los alumnos debían regurgitar todo lo que habían aprendido. Muy poco parecía tener un uso práctico.

Harry podría haber contactado a Kingsley Shacklebolt, pero no ansiaba escuchar las preguntas acerca de cuándo planeaba regresar; además, dudaba que Kingsley estuviera dispuesto a divulgar información acerca de un caso existente.

Lo que lo dejaba con Ron y Hermione. Ron aún estaba en el entrenamiento de auror, y estaría más que dispuesto a investigar cualquier cosa que Harry necesitara, pero el pelirrojo era todo menos sutil, y cualquier mención del apellido Malfoy haría que se resistiera. Hermione era más confiable, pero mucho menos inclinada a hacer algo que ella veía como "romper las reglas", en especial desde que había comenzado a trabajar en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica.

Harry le agradeció a Luna y luego fue al ático a mandarle lechuzas a Ron y Hermione. Había encontrado que, usualmente, era mejor lidiar con los dos juntos. Para su sorpresa, una tercera lechuza se había posado en la percha, entre la suya y la de Teddy, Después de un tiempo, Harry se había rendido y había adquirido un reemplazo para Hedwig, aunque esta era una corpulenta lechuza autillo, a la que había llamado Attila. Teddy también tenía una lechuza: una bola de plumas beige que Teddy había llamado Olaf.

La lechuza águila de Malfoy era identificable de inmediato. Ululó de una manera desamparada y Harry le dio una chuchería de lechuza, antes de amarrar las notas en las patas de Attila y Olaf, y mandándolas a los destinatarios.

Casi chocó con Malfoy mientras bajaba, llegando a las recámaras justo cuando Malfoy estaba saliendo del cuarto de Teddy. Malfoy le sonrió y, con un gesto, le dio a entender que el niño estaba durmiendo. Harry miró dentro del cuarto para ver a Teddy, recostado en su cama, sonando dormido, cubierto con una manta ligera. Por un momento aterrorizante, Harry se preguntó si Malfoy le había hecho algo al niño, por lo que el niño ni siquiera estaba durmiendo, pero en ese momento Teddy se giró y apretó uno de sus juguetes de peluche contra su pecho, con un suspiro. El corazón de Harry volvió a latir y el moreno sintió una oleada de culpa por permitir que sus antiguos hábitos mancharan la imagen de Malfoy.

Se giró para ver al rubio, que había escrito otra nota y se la ofrecía, expectante.

Es encantador. Gracias por permitirme pasar tiempo con él. No creo que me gusten mucho los niños, pero él podría ser la única familia que me queda.

Harry resistió la urgencia de arrugar la nota, pues su culpa había crecido bastante.

—Bueno, también está su abuela, tu tía Andrómeda. —Cuando Malfoy lo miró sin entender, Harry añadió: —La hermana de tu madre.

No la recuerdo.

Harry asintió, pensando cuán triste debió haber sido para Andrómeda el que le negaran tener una relación con el hijo de su propia hermana, por el simple hecho de que había escogido casarse con un muggle. Por un momento, sintió una oleada de ira hacia Lucius y Narcissa, pero la enterró de inmediato, dado que ambos habían pagado el precio máximo por las decisiones que habían tomado.

—Por cierto, tu lechuza está en el ático.

Los ojos de Malfoy se encendieron, haciendo que se viera simplemente impresionante, y luego corrió hacia las escaleras, dejando a Harry, para que éste lo mirara con diversión. Que se jodiera todo, pero de hecho comenzaba a agradarle ese Malfoy.

Harry estaba en la cocina, preparando la cena, cuando Malfoy regresó. Harry se giró para sonreírle, pero su expresión cambió cuando vio que Malfoy se veía afligido.

—¿Cuál es el problema? —preguntó Harry.

Malfoy se sentó a la mesa y tomó su familiar pluma, junto con algo de pergamino. Recuerdo a la lechuza. Verla de nuevo me hizo pensar en otras cosas; como en mi madre, mandándome dulces a la escuela. Pansy me contó que mi madre fue asesinada. Desearía que no me lo hubiera dicho; porque entonces podría pretender que aún está viva.

—Pero… es mejor conocer la verdad, sin importar cuán difícil sea, ¿no lo crees? —preguntó Harry suavemente, sentándose frente al rubio.

Malfoy sonrió sin ganas. He encontrado que la verdad es más un estorbo que una ventaja.

Eso hizo que Harry sonriera.

—Vaya, eso suena más como el Draco Malfoy que conozco.

Malfoy se veía serio mientras escribía y empujaba otra nota por la mesa. ¿Por qué me odias?

El "odias" perturbó a Harry, a pesar de que hacía solo unas cuantas horas había odiado a Malfoy.

—No te odio. O sea, supongo que lo hacía, pero estábamos en la escuela y ambos estábamos bajo mucha presión por… las cosas. Circunstancias. Ya sabes. O, bueno, no sabes, si no puedes recordar, pero… —Harry notó que estaba balbuceando y, probablemente, no se estaba explicando.

Malfoy frunció el ceño y Harry se acomodó el cabello sobre su cicatriz, preguntándose cómo se suponía que iba a "arreglar" a Malfoy si el hombre no recordaba nada acerca de la última década de su vida. Se dio cuenta, con ironía, que probablemente era mejor olvidar algunas cosas; había muchas, muchas cosas que Harry querría dejar ir. Apartó ese pensamiento para concentrarse en Malfoy.

—Tal vez, si escribes tus recuerdos de Hogwarts, yo pueda ayudarte a llenar los espacios. También podría ser capaz de conseguir un pensadero. ¿Intentaron eso en San Mungo?

Malfoy negó con la cabeza. No creo que les haya importado lo suficiente.

Harry estaba a punto de protestar. Su experiencia con el personal del hospital siempre había sido positiva, pero cerró la boca abruptamente, reconociendo que tal vez él recibía un trato preferencial, que no podía ser extendido al hijo de dos mortífagos conocidos.

¿En serio quieres ayudarme, o debería irme?

Harry leyó las palabras y luego miró a Malfoy a los ojos, grises y calmados. Sabía que debía pedirle que se fuera. Después de todo, Harry tenía que pensar en Teddy, y Draco Malfoy nunca le había traído algo más que problemas. Sin embargo, Harry le debía a Narcissa Malfoy la vida, y ahora que la mujer ya no estaba, él no podría pagárselo. Harry sabía, sin duda alguna, que su ultimo deseo habría sido que Harry ayudara a su hijo.

Y Harry no creía que alguien más quisiera ayudar a Malfoy. Pansy lo había confirmado al llevarlo ahí. La mirada de Malfoy se ensombreció y Harry se dio cuenta que había esperado mucho para hablar. Estiró la mano para agarrar la tela de la manga de Malfoy, mientras el rubio se movía de un modo que sugería que quería empujar su silla hacia atrás e irse.

—¡No! Yo… quiero ayudar —dijo Harry, sin soltar la manga de Malfoy—. Por favor, no te vayas.

La presión contra sus dedos se incrementó por un momento, y luego se relajó. Malfoy lo estudió y luego asintió. Harry sintió alivio, algo que lo sorprendió intensamente, y descubrió que sí quería ayudar a Malfoy, a pesar de que luego pensó que Hermione lo atribuiría, al instante, a sus "ganas de salvar a la gente".

—Gracias —dijo—. Ahora, necesito preparar la cena, así que, si me haces el honor de escribir algo, te recompensaré con mi flojo intento de cocina. —Harry soltó la manga de Malfoy y luego, impulsivamente, rodeó la muñeca de Malfoy con los dedos y le dio un apretón. Para ser un gesto tan extraño, de un modo le pareció… correcto.

Malfoy miró la mano de Harry, pero no apartó la suya. Al final, asintió y se encogió de hombros. Ahí fue cuando Harry lo soltó, con una sensación de algo que era casi orgullo, al notar que había tocado a Malfoy en una forma amigable, y había sobrevivido. Tal vez era un nuevo comienzo.

Malfoy comenzó a escribir y Harry regresó a la cocina. Kreacher lo intentaba, pero su habilidad en la cocina era pésima, así que, desde hacía mucho, Harry se había hecho cargo de alimentar a todos. Gracias a sus años de casi esclavitud en la casa de los Dursley, Harry pensaba que no era un mal cocinero. Al menos, Teddy nunca se quejaba, excepto cuando Harry lo obligaba a comer algunos vegetables verdes, pero suponía que eso era de esperarse.

Harry había planeado hacer un simple platillo de pasta pero, con Malfoy de compañía, decidió preparar filetes rib eye, freídos en la sartén, y papas hervidas. El sonido de la pluma de Malfoy fue completamente silenciado por el sonido de la carne friéndose, así que Harry se aseguró de mirar de vez en cuando, para asegurarse de que Malfoy seguía trabajando. La cabeza rubia se inclinaba por encima del pergamino, mientras el hombre escribía diligentemente, llenando una página fácilmente. De vez en cuando, la boca de Malfoy se abría y sus dientes blancos mordían su labio inferior.

El olor de la comida debió haber despertado a Teddy de su siesta, porque apareció en el umbral, bostezando, y luego se dirigió hacia la mesa, donde se trepó al regazo de Malfoy. Malfoy apartó su pergamino y su pluma sin pensarlo, lo que impresionó a Harry, a pesar de que era más que obvio que Malfoy estaba encantado con el niño.

La cabeza de Teddy reposó sobre el hombro de Malfoy y el niño parpadeó con sueño, apretando su juguete favorito para la hora de dormir: un lobo de peluche.

—¿Qué hay para cenar, tío Harry?

—Filete —replicó Harry, y ensartó una pieza de carne con un tenedor antes de depositarla sobre un plato. Las otras dos piezas la siguieron con rapidez.

—¿En serio? ¿No habrá fideos?

—En serio. No habrá fideos —repitió Harry con una sonrisa. Escurrió la olla de papas con un hechizo y luego puso los tubérculos calientes en un tazón, antes de levitarlo hacia la mesa. Una ensalada, que había hecho antes, aún estaba en el refrigerador, así que se la llevó, junto con una barra de crujiente pan y algo de mantequilla.

—Debes ser especial —escuchó que Teddy le susurraba a Malfoy.

La cena fue un asunto relativamente callado, debido al hecho de que Malfoy no podía hablar y Harry estaba renuente a discutir algo de importancia frente a Teddy.

Teddy, claro está, se la pasó balbuceando casi continuamente, explicándole a Malfoy la complejidad de cómo sus juguetes interactuaban entre sí. Asumía el serio semblante de un profesor de Hogwarts, y solo se fue por la tangente una vez, para prevenir a Malfoy del terrible sabor de las coles de Bruselas, y cómo no debían ser usadas para consumo humano. Sugirió que Harry no debía hacerlas de nuevo, incluso si llegaban a gustarle a Malfoy. El rubio sonrió, asintió y pareció estar interesado durante todo el relato.

Harry tuvo que sonreír: solo había preparado las coles para Teddy en una ocasión, antes de añadirlas a la lista de comidas que el niño no tocaría.

Después de la cena y de un ligero postre de tarta de pera y natilla; comprada, dado que las habilidades culinarias no se extendían al postre, Teddy convenció a Malfoy de acompañarlo a su cuarto para un juego de naipes explosivos. Harry ayudó a Kreacher a limpiar después de la comida, y luego se puso al corriente con su correspondencia, pensando que era bastante lindo tener a otro adulto en la casa, para que lo ayudara en el cuidado del niño.

Finalmente, después de varios juegos, una historia de Harry y dos viajes a la cocina por agua, Teddy se fue a dormir, dejando a Harry para que éste revisara las notas que Malfoy había escrito.

Recuerdo que me disfracé de dementor para asustarte, pero no sé por qué.

Harry lo recordaba.

—Estabas siendo un imbécil —dijo Harry—. No creo que hayas tratado de matarme en realidad, aunque podría haber sido mi fin si Dumbledore no hubiera estado ahí. Claro, eso fue porque aparecieron dementores reales.

Por un rato, Harry explicó las políticas que envolvían a la ocasión, así como la participación de Umbridge.

Malfoy sonrió. Recuerdo a Umbridge.

Harry frunció el ceño, recordando a Malfoy y a sus subalternos en la Brigada Inquisitorial de Umbridge.

—Estabas un poco loco de poder, en ese entonces.

Malfoy bufó. Sus ojos brillaban con una luz plateada, mientras penetraban en los ojos de Harry desde el otro lado de la mesa de té. Sé que Umbridge era horrible, pero era mucho mejor estar de su lado bueno. Solo recuerdo eso.

Instintivamente, Harry se frotó la mano. Las palabras ya casi no se veían; solo parecían pequeñas líneas desvanecidas, visibles solo con cierta luz, pero el recuerdo jamás cedería.

—En eso tienes razón —dijo entre dientes.

Cuéntame acerca de la guerra.

Harry jadeó cuando leyó las palabras. Odiaba hablar acerca de la guerra, en especial porque los nada agradables recuerdos siempre le traían pesadillas. Supuso que no lastimaría discutir la participación de Malfoy en la guerra, en un sentido general.

—¿Recuerdas a Dumbledore? —preguntó Harry.

Malfoy asintió y escribió. Solo vagamente. Era como Papá Noel y siempre parecía estar demasiado alegre. Creo que tú eras su favorito. Pansy me dijo que estaba muerto. ¿Sucedió durante la guerra?

Harry asintió, sintiéndose repentinamente incapaz de exponer la parte de Malfoy en ese evento en especial. Recordaba cuán abatido había estado Malfoy cuando niño, dividido entre el deber y lo que sabía que era correcto. Harry podía verlo más claramente ahora; en ese entonces, simplemente había odiado a Malfoy. Ahora, sentado frente a él y mirando unos ojos que parecían mostrar solamente curiosidad, Harry sintió que los últimos vestigios de ira, que había sentido por ese evento, desaparecían. Dumbledore había sabido lo que estaba haciendo.

—¿En serio quieres saber acerca de la guerra? —preguntó Harry.

Malfoy negó con la cabeza. ¿Hay algún recuerdo agradable de nosotros?

Harry rio con la pregunta, sorprendido.

—¿Nosotros? ¿Algo así como tú y yo? —Malfoy asintió y Harry negó con la cabeza—. No había ningún "nosotros". Nunca fuimos amigos.

La expresión de Malfoy pareció cerrarse de golpe, haciendo que Harry se arrepintiera de haber hablado. Comenzó a buscar algo qué decir mientras Malfoy escribía, pero el rubio se puso de pie y le dio la hoja a Harry. Estoy muy cansado. Gracias por permitirme quedarme. Trataré de encontrar otro lugar mañana.

Harry se paró y estiró una mano, para calmarlo.

—No. Espera, eso no fue lo que quise decir. Vaya, no fuimos amigos entonces, y no es como si lo fuéramos ahora, pero dije que te iba a ayudar, y lo dije en serio. Es en serio. Quiero… Me gustaría que te quedaras.

Harry se pasó una mano por el cabello, sin poder creer que estaba prácticamente rogándole a Draco Malfoy que se quedara. Malfoy hizo una mueca, pero no escribió nada, por lo que Harry no pudo saber qué pensaba. Finalmente, Malfoy suspiró y asintió, antes de girar y dirigirse a la puerta, para después subir las escaleras. Harry escuchó la puerta de la habitación cerrarse, y se sentó de nuevo con un suspiro, preguntándose en qué se había metido y por qué parecía tan importante apegarse a lo dicho.

Continuará…


(1) Hyde Park es uno de los parques más grandes de Londres central, Inglaterra y es uno de los Parques Reales de Londres.


Hasta la próxima…

Adigium21