Respetando las tradiciones.

Primera parte

Las mañanas árticas eran extremadamente frías, así que Mako decidió aceptar las ropas que le habían ofrecido, como maestro fuego, podía mantener perfectamente el calor, pero Katara le había explicado muy bien de que no debía confiarse, porque podía debilitarse si le exigía demasiado a su cuerpo. No estaba muy convencido de que los tonos azules y celestes de la tribu agua del sur fueran con él, así que un poco inseguro de su imagen, salió de la cabaña circular para ir a desayunar a la cabaña de curación, donde se hospedaban Tenzin y su familia.

-¡Buenos días, joven Mako!- la anciana maestra-agua le sonrió cálidamente al verlo y no tardó en acercarle una taza de té de la que estuvo muy agradecido.

-Buenos días, maestra Katara.- contestó con la voz aún somnolienta y apuró un trago de la infusión caliente, atraído por el aroma suave.

En el pequeño comedor no había nadie más, todavía era temprano y los demás aún dormían, agotados por el viaje y los duros sucesos de las últimas semanas. Pero como maestro fuego, no era un gran esfuerzo para Mako levantarse al sentir los cálidos rayos del sol en las mañanas. Katara tomó asiento frente a él en la pequeña mesa de madera oscura y recia, lo miraba de una forma que no pudo entender, sonriendo levemente, con los ojos azules llenos de experiencia y sabiduría.

-Ha sido un alivio que Korra recuperara su control…- dijo el ojidorado, intentando iniciar una conversación casual. Se sentía un poco intimidado teniendo frente a él a una mujer que había ayudado a cambiar rotundamente la historia.

-Oh, sí, Korra está muy feliz y con ella todos nosotros.- asintió Katara pestañeando pausadamente.-He notado que te preocupas mucho por ella.

-Todos lo hacemos.- intentó defenderse rápidamente Mako, aunque sabía que el sonrojo en su rostro era imposible de evitar.

La maestra agua rió livianamente y dio un pequeño trago a su bebida antes de continuar.- Nadie más que tú se atrevió a seguirla. Por lo visto, eres un buen amigo.- acotó, y fue evidente que la última oración tenía otras intenciones.

-Ella me importa, mucho.- admitió Mako, entendiendo que era imposible ocultárselo. Ella había sido esposa de la reencarnación anterior de Korra, era la madre de los hijos del Avatar y una mujer admirable por sobre todas las cosas. Se preguntó si él podría llegar a serlo para la ojiazul.

-Sabes, hay una tradición en nuestra tribu…- comenzó Katara tranquilamente, mientras que los ojos del joven la miraban expectantes.-Cuando un muchacho quiere tener la mano de una muchacha, debe tallar para ella un collar de compromiso. Es una tradición bastante antigua, pero por lo general se respeta.

Mako sintió que su rostro ardía de la vergüenza, así que bebió de un solo trago lo que quedaba en su taza, intentando calmar los nervios. Aunque no tuvo ningún éxito…

-¿Cómo dice? ¿Korra y yo comprometidos? Es decir, estoy seguro de que quiero estar con ella por el resto de mi vida si es posible… es decir ¡Ella es genial! Pero… ¿Compromiso? ¡Tendría que hablar con su padre primero y…!- soltó estúpidamente ofuscado.

La risa de la anciana llegó a sus oídos como reacción automática. Entonces se dio cuenta, había caído… Había confesado todo él solo.

-Eso pensé.- dijo finalmente la mujer y extendió su mano para apoyarla maternalmente en la mejilla de Mako. –Tranquilo, nadie dice que deben comprometerse ahora, pero yo que tu, jovencito, no dejaría escapar la oportunidad de casarme con un Avatar. Lo digo por experiencia.- apuntó, todavía divertida por su reacción.

Mako asintió gravemente.-Será mejor que empiece a practicar la talla en madera.- suspiró, convencido de que debía hacer el esfuerzo.

Katara volvió a reír y fue entonces cuando el objeto de sus desvaríos apareció en escena.

-¡Bueno días!- saludó Korra todavía adormilada y sonrió enormemente al ver a dos de sus personas más queridas.- ¡Tengo mucha hambre! ¿Hay panecillos?- exclamó, tomando asiento al lado de Mako, que parecía un poco turbado y tenía las mejillas coloradas.

-Buenos días, Korra, enseguida te serviré el desayuno.- saludo Katara y se puso en pie, desapareciendo luego por el pasillo hacia la cocina.

-¿Sucede algo? Te ves como si hubiera aparecido Koh para robarte el rostro.- le dijo la Avatar con mofa y se inclinó hacia él, reduciendo casi todo el espacio que había entre ellos.

Mako adelantó el rostro y la besó, se le hacía inevitable el querer besarla cada vez que la veía, atraído como un imán.-Buenos días, todo está bien, mejor ahora, incluso.- contestó con la voz grave, perdido en la expresión feliz de ella.

Korra sonrió ampliamente, encantada por el beso que acababa de recibir, ella tenía los labios frescos, que contrastaban con la calidez natural del maestro fuego. El joven entrelazó su mano con la de ella y las dejó tranquilamente apoyadas en su pierna.

-¿Crees que deba hablar con tu padre?- le preguntó entonces y ella lo miró como si no entendiera.-Ya sabes, por lo nuestros, ahora que estamos juntos.- murmuró y Korra, con su habitual temperamento, lanzó una carcajada estrepitosa.

-Oh, las cosas se han vuelto realmente serias.- soltó, aunque Mako pudo notar que ella también se había puesto nerviosa con la cuestión.-Creo que, inevitablemente, eso sucederá… Si tu quieres y te parece importante, es decir, a mi me gustaría… Pero también debemos decírselo a tu hermano y a…- comenzó ella, pensativa.

-Sí, se lo diremos a todos cuando tengamos la oportunidad.- asintió él, sonriendo. Se sentía un tonto al lado de ella, pero se sentía bien, seguro, convencido de que era con esa terca Avatar con quien debía estar el resto de su vida.- ¿Crees en las tradiciones de tu tribu?

Ella lo miró, arqueando una de sus cejas.-Son tradiciones, creo que no hay mucho para decir, hay algunas que me gustaría cumplir, pero no tienes por qué preocuparte por eso.- admitió, comenzando a sentirse por demás extrañada del comportamiento de él.

Katara regresó de la cocina con una bandeja en la que traía una taza de té y varios panecillos recién horneados, fingió estupendamente no notar las manos entrelazadas de los dos jóvenes y comenzó una charla casual, por lo que el ambiente se distendió para el alivio de Mako, a quien la cabeza todavía le iba a mil kilómetros por hora.

El resto de la mañana se la pasó buscando alguna linda pieza de madera donde pudiera practicar y alguna cuña con la que tallar. Finalmente obtuvo ambas cosas y se refugió en su cabaña, ya que Bolin, Asami y Korra había salido a recorrer la zona, porque la Avatar quería mostrarle las maravillas naturales del paisaje helado. Mako consiguió quedarse con la excusa de que debía practicar su fuego control. No estaba seguro de haber sonado muy convincente, pero sus amigos no le hicieron mayores reclamos.

Aunque había memorizado perfectamente el puchero que Korra hizo. De todas formas, estaba seguro que encontrarían el momento para ir ellos dos solos, y entonces podría devorarla a besos con tranquilidad.

Consiguió algo parecido a un medallón circular, un poco imperfecto en los costados, más bien ovalado, pero se sentía bastante satisfecho con su primera prueba. Estaba bocetando posibles diseños cuando tres endemoniadas ráfagas hicieron aparición en su cabaña.

-¡Makoooo!- chilló Meelo con su habitual emoción y se le prendió del cuello, haciendo que perdiera el equilibrio.

-¡Oh! ¿Qué dibujas? ¿Te gusta dibujar? ¡A mí también! ¡Quiero ver!- exclamó apasionadamente Ikki y le arrebató el papel de las manos.- ¿Qué es esto?

Jinora se acercó a su hermana y se asomó por encima de su hombro para ver mejor, inútiles fueron los esfuerzos del maestro fuego de recobrar sus bocetos.

-Parecen diseños para un collar.- señaló acertadamente la niña con su habitual tono de sabelotodo.-En ambas tribus aguas, es habitual la talla como manifestación artística, es más, una de sus tradiciones dice que cuando un muchacho quiere comprometerse con una muchacha, debe tallarle un collar él mismo, en señal de aprecio y esfuerzo.

Sus dos hermanos menores abrieron exageradamente la boca y miraron a Mako que estaba completamente colorado.

-¡Más te vale que esto sea para Korra o sino…!- amenazó Ikki histérica, señalándolo con un dedo acusadoramente.

-Por favor, chicos… saben que Asami y yo ya no estamos juntos…- comenzó, intentando calmar los ánimos para recobrar sus bocetos antes de que a alguno se le ocurriera la brillante idea de mostrárselos a medio mundo.-Y lo que haga es asunto mío.- afirmó e intentó abalanzarse sobre Ikki para quitarle el bendito papel. No lo logró.

-¡Ooooooh! ¡Por fin!- chilló otra vez la pequeña maestra aire y dio un salto, Meelo la abrazó y ambos comenzaron a balancearse sobre sus pies, completamente emocionados.- ¡Ya era hora! Korra lleva tanto tiempo tras de ti y… has sido muy lento, maestro fuego.- le reclamó, haciendo que la vergüenza de Mako aumentara ilimitadamente.

-Bueno, cuando seas más grande entenderás que estos asuntos son difíciles de resolver.- le dijo, intentando controlarse lo mejor posible.- ¿Puedes devolverme mis bocetos?

-Sí, Ikki, devuélveselos, no debes interrumpir así su labor artístico, podría perder la inspiración.- objetó su hermana mayor y la aludida asintió teatralmente.

-Tienes razón, queremos que el collar de Korra sea lo más hermoso del mundo. Si necesita ayuda avísame, puedo ayudarte, tengo buenas ideas.- apuntó Ikki convencida de sus capacidades creativas y depositó sobre sus manos el papel, objeto de toda discusión.

Mako asintió pesadamente, sintiendo que podía respirar tranquilo otra vez.

-Lo tendré en cuenta. ¿Podrían no contárselo a nadie más?

Jinora lo miró con expresión pensativa, Ikki se rió histéricamente y Meelo hizo una especie de danza ridícula. Los dos menores salieron corriendo de la cabaña y todo se agitó por la ráfaga de viento.

-Haré lo posible. Ikki no sabe guardar secretos…- le confesó Jinora gravemente y el maestro fuego deseó con toda su alma que la tierra, o el hielo en su defecto, se lo tragara.

Estaba perdido.

Continuará…

¡Buenas! Después de ver el último capítulo de la temporada no me pude resistir a escribir algo sobre estos dos… van a ser solamente dos capítulos por esta vez Espero sus reviews con críticas, sugerencias, si les gustó o no, todo es bienvenido. Saludos!